Disclaimer: Los personajes de Naruto NO me pertenecen ;)

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Capítulo III

La sentencia de Uchiha Sasuke

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Estaba de pie en una oscura calle, la cual no reconocía. Sintió un fuerte dolor en su brazo y llevó una mano allí para darse cuenta de que había una herida.

Bajó la mirada y con horror vio como dos cuerpos inertes, de los cuales no pudo distinguir sus rostros, yacían sin vida, sobre un charco de líquido escarlata que brillaba tenebrosamente bajo la luz de luna que se filtraba por algún lugar entre los edificios. Alzó la mirada un poco más y se echó hacia atrás cuando vio como uno a uno los cuerpos de las personas que quedaban de pie iban cayendo frente a sus ojos, hasta que sólo una quedó en pie, la persona que parecía haber eliminado a todos los que estaban en el suelo sin vida, y dos orbes inyectadas de sangre se enfocaron en su persona.

Más personas de las cuales tampoco distinguió el rostro se abalanzaron hacia el desconocido en pie, y al igual que las anteriores, una a una, fueron eliminadas sin la menor misericordia, todo frente a sus incrédulos ojos.

—¡Tío, tía! —quiso gritar cuando vio a dos personas a su lado, suplicando por su vida.

El terror la invadió y una punzada de dolor cruzó por su cabeza, abrigándola a sujetarla con ambas manos, gritando de dolor, suplicándole al extraño que se detuviera, pero la voz no salía de su garganta.

De pronto, apareció en una habitación. Nuevamente el extraño, pero ésta vez erguía su espada sobre dos personas arrodilladas sobre el suelo, abrazándose ante el inminente final que les aguardaba. La angustia volvió a invadirla. Quiso gritar y no pudo; quiso ayudar a esas personas y no podía moverse, lo único que pudo hacer fue ver como aquel hombre enarbolaba su espada y sin piedad mataba a esas personas que ni siquiera intentaron defenderse.

—¡Papá! ¡Mamá!

El pánico y el dolor la invadieron de pronto, mientras un desgarrador grito de dolor aún luchaba por salir de su interior…

Eres débil.

Para —. Rogó.

Durante las siguientes 24 hs…Vagarás desesperado…

¡Para! —insistió dejando caer su cuerpo al suelo, sujetándose la cabeza una vez más en un gesto desesperado, pero el extraño parecía no oírla.

Ni siquiera mereces que te mate…— dijo fríamente, derrochando odio en cada sílaba —Estúpido hermano pequeño. Si quieres matarme, ódiame, aborréceme, y sobrevive como puedas. Huye y aférrate a la vida…

Su corazón se detuvo por un instante y de nuevo perdió el habla.

El hombre comenzó a caminar lentamente mientras se ella intentaba correrse hacia atrás, para alejarse lo más posible del asesino.

De nuevo esos aterradores ojos rojos, cada vez más cerca, cada vez más aterradores…

—¡NO! —Ino despertó sobresaltada, con la respiración agitada y el sudor empapando su rostro. Una horrible sensación oprimía su pecho y al llevar una mano a su rostro sintió las lágrimas que caían sin control a través de sus mejillas. No entendía porque una vez más había tenido ese aterrador sueño.

¿Qué significaba? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué le dolía tanto ver esa escena cuando ya la había visto antes en los mismos sueños? Y lo más importante: ¿Qué tenían que ver esos sueños con ella?

Ninguna de sus preguntas tenía respuestas, y aquellos sueños se repetían cada vez más seguido, sin embargo, no sentía deseos de compartirlos con nadie, pues extrañamente sentía que era algo que sólo le competía a ella, y no a ninguno de sus amigos o familiares. Que aquel dolor era suyo, pero que también le pertenecía a alguien más.

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Un salto y el sonido de los cascos chocando lo hicieron despertar con brusquedad, separando su cabeza de la madera contra la cual se recargaba.

—¡Buenos días, Teme!

—¡Ohayo, Sasuke-kun!

Las chillonas voces de Sakura y Naruto aturdieron momentáneamente sus oídos, antes de que pudiera enfocar sus siluetas, sentadas en el asiento frente al suyo.

—¿Qué hora es? —preguntó ignorando los saludos, refregándose los ojos con las manos, provocando que los grilletes alrededor de sus muñecas chocaran entre sí en un molesto chirrido.

—No tengo idea —sonrió el joven de cabello rubio —Pero no hace mucho que amaneció.

Sasuke gruñó y sacó la cabeza por la ventanilla, recibiendo los cálidos rayos del sol sobre su pálido rostro por primera vez después de casi tres años de estar encerrado en aquella celda subterránea, encadenado las 24 hs a una mohosa pared. Cerró los ojos por la molestia de la luz, sintiendo el suave tacto de la brisa sobre su piel. Nunca creyó que algún día extrañaría algo tan tonto como la calidez del sol o una simple brisa primaveral, pero ahí estaba ahora…

—Sasuke-kun, ¿estás bien? —preguntó la Kunoichi de cabello rosa, adelantándose levemente sobre su asiento, llevando una mano hacia él.

—Sí—. Gruñó otra vez, separando su rostro antes de que la mano de su compañera cumpliera con su cometido— Solo quiero deshacerme de estas ridículas cosas —ladró, señalando las esposas con hastío.

—Lo siento, teme— Naruto bostezó abriendo la boca como un hipopótamo y estirándose sobre su asiento —, pero el trato fue no liberarte hasta que los guardias nos dejen en las puertas de…—otro exagerado bostezo —Konoha —culminó, abriendo y cerrando la boca mientras chasqueaba la lengua y se rascaba la barriga con pereza —Tengo hambre.

—Hnmp. Los años pasan y sigues siendo el mismo idiota de siempre.

—¡Bah! Pero éste idiota fue quien casi te ganó la última vez, teme.

Un tic invadió el ojo derecho del último Uchiha, pero cuando estaba a punto de asesinar al que fuera su compañero de equipo Sakura lo interrumpió.

—¿No estás contento, Sasuke-kun? ¡Verás a todos nuestros amigos de nuevo!

Sasuke giró el rostro hacia ella, con un gesto de molestia.

—Sí, claro. Estoy seguro de que se alegraran de volver a verme— contestó mordaz y sarcástico.

—¡No seas así, teme! ¡Claro que todos se alegraran de verte! Incluso Kakashi-sensei hará una fiesta en tu honor en su departamento…

—¿Ah sí? ¿Y quienes asistirán? —frunció los labios en un falso gesto pensativo —Déjame adivinar, estarán él, tú, ella (señaló a Sakura) y yo —sentenció en un gruñido, echándose hacia atrás sobre su asiento —Será una juerga de lo más épica —Sasuke volteó el rostro y volvió a dirigir la mirada hacia el exterior.

Naruto y Sakura intercambiaron miradas confusas y ambos se encogieron de hombros. Sasuke se veía molesto, contrariado y confundido.

Ellos entendían, tal vez mejor que nadie, lo extraño que él debería sentirse por regresar a la aldea de la que huyó, y a la cual intentó destruir. Aunque se hubiera arrepentido al final, posiblemente sentía vergüenza o hasta miedo por tener que enfrentar a todo aquello de lo que había huido, en especial, después de todo lo que había pasado en esos años…pero si así era, no podrían saberlo con certeza, ya que Sasuke, pese a todo, intentaba permanecer impasible y tan frío como siempre. La prisión sólo parecía haber "endurecido" aún más su adusta personalidad.

La joven Haruno bufó con cansancio, apoyando el antebrazo sobre la ventanilla y recargando su rosada cabeza sobre él, observando hacia el exterior sin interés por unos minutos, para luego girar sus llamativos ojos verdes hacia el dueño de su corazón. Sonrió con alegría cuando sus orbes se enfocaron en él; habían pasado muchos años, pero al fin podía decirse que las cosas estaban regresando a su lugar.

Nunca había dejado de amar a Sasuke, y, pese a que en algún momento había llegado a perder las esperanzas, se alegraba profundamente de que sus ruegos hubieran sido escuchados. Ahora todo podría volver a comenzar, y esta vez se aseguraría de formar parte de su vida.

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— ¡Shika!

—Hey —exclamó el joven Shinobi, sin mucha emoción, alzando una mano a modo de saludo en cuanto la vio llegar a su lado, vistiendo de civil, con un vestido de tirantes de color lila ceñido a la cintura. Shikamaru no se sorprendió, ya no era extraño no verla con su tradicional uniforme de jounin.

—Gracias por acompañarme hoy… y todas las otras veces para acondicionar la casa. Sé lo mucho que odias lo trabajos domésticos, pero sobre todo sé lo mucho que detestas que él regrese…—sonrió; el moreno sólo suspiró cansino.

—No fue nada problemática. Aunque sabes que nunca estuve de acuerdo con tu decisión.

—Sí, lo sé —ambos guardaron silencio, caminando a la par, durante unos cuantos minutos.

— ¿Y cómo van los preparativos?— preguntó de pronto el joven Nara, sin ningún interés aparente, escondiendo las manos en las bolsas de sus pantalones azules.

—Bien, bien. Ésta semana llegará a la aldea la organizadora que Temari contrató, "para que todo salga perfecto". ¡Y en un par de días estará listo el primer modelo del vestido! Ah, y tú debes ir a probarte el traje. ¡Kyyaaaa! Todo está saliendo muy bien.

—Sí…—suspiró sin detener la marcha, esperando otro par de minutos antes de volver a hablar, para que la exaltación de Ino disminuyera un poco —Aún no puedo creer que vas a casarte.

—¡Ni yo! Es extraño, ¿no crees? —sonrió —Y pensar que él me aterraba jaja, ¿Alguna vez imaginaste que acabaríamos casándonos?

—Nunca —confesó en un susurró. Ino se sujetó de su brazo.

—Tampoco yo. Aunque, tal vez, si tú me lo hubiese pedido antes ya nos hubiéramos casado sin tanta burocracia —rió de su propia broma, pero su amigo no la acompañó —Ay Shika, ¡sólo fue una broma! ¡Ni que fuera tan terrible imaginarte casado conmigo! —volvió a reír.

—Tsk…mujer problemática—el manipulador de sombras de sonrojo levemente, pero su acompañante pareció no notarlo.

—Imagínate lo felices que hubieran sido nuestros padres — comentó despistadamente —Es una lástima que yo no te gustara, ¡porque me habría casado contigo sin pensarlo!

Shikamaru se tensó al oír tal confesión, quedándose petrificado en su lugar.

—¿Q-Qué dices? No hablas en serio…

—Sí. Yo habría aceptado porque eres mi mejor amigo, y hubiéramos sido my felices juntos, ¿no crees? —Ino no se daba cuenta de la intensidad de sus palabras, y Shikamaru simplemente se ruborizó hasta las orejas casi sin poder creer lo que su compañera decía.

—¡Maldición Ino! Si Gaara llegara a oírte me mataría—. Comentó, olvidándose de la tensa situación, recuperando se semblante habitual de flojera.

—Tienes razón… ¡lo siento! —ella rió como una niña pequeña, aferrándose más fuerte al brazo de su amigo —. Pero sabes que amo a Gaara… aún así, ¡sólo quería que supieras que si él no me lo hubiera pedido te habría llevado al altar a rastras si hubiera sido necesario! —rió musicalmente, sacándole una tímida sonrisa fingida a su compañero.

—Estás loca…

—Puede ser…pero aún así hay alguien a quien le gusto loca y todo —le enseñó la lengua en un gesto infantil, y Shikamaru bufó —. Y ahora que lo pienso… tú también deberías pensar en ir buscando una novia… estás envejeciendo Shika, y MUY rápido…

—Tsk, ¡déjame en paz!

—¡Ah! Sólo me preocupo por ti, vago desconsiderado —exclamó fingiendo ofensa —¿Sabes? Deberías invitar a salir a Temari… ustedes parecen llevarse muy bien.

—Estás loca.

—¿Por qué? Si se ven tan bien juntos…

—Y de remate…— sentenció Shikamaru, alzando la mirada hacia el cielo con gesto de hastío; Ino abrió la boca para protestar, pero su amigo la interrumpió antes de que siguiera con sus locuras y terminara por volverlo loco a él también —Ya te había dicho que cuando decida casarme no será con alguien tan aterradora como mi madre. Y la hermana del Kazekage es diez veces peor que ella. Es decir, me agrada, después de todo fuimos compañeros durante mucho tiempo, pero no me gustaría seguir los pasos de mi padre y casarme con una problemática, chillona y mandona mujer como ella —dejó escapar un lento bufido, escondiendo las manos dentro de las bolsas de sus pantalones —Además, ella no es mi tipo.

—Ah…—Ino rodó los ojos y sin quererlo su mirada se enfocó en la silueta de Hinata, quien estaba comprando en una tienda, y una idea cruzó por su cabeza —Oye, ¿Y qué me dices de Hinata? —inquirió sin malicia alguna, con auténtica curiosidad.

Shikamaru alzó la mirada, encontrando a la joven Hyūga que en esos momentos le sonreía al vendedor.

—¿Qué con ella?

—Nada… es sólo que es una chica muy dulce y serena; no es "chillona ni mandona" como tú dices. Además es muy bonita —el muchacho arqueó las cejas, adivinando las intensiones de Ino, suspirando con resignación —Y es muy parecida a ti, aunque no es una perezosa.

—No está mal, supongo —. Shikamaru se encogió de hombros, intentando dar por finalizado el tema —Pero creí que estaba enamorada de Naruto, digo, después de todo, hace años arriesgó su vida por él y todos en la aldea decían eso…

Ino abrió los ojos con sorpresa, deteniendo a ambos.

—¿Qué, no lo sabes?

—¿Saber qué, problemática? —inquirió él, enarcando una ceja.

—¡Hombres! —suspiró su acompañante —Ella le confesó sus sentimientos, pero al acabar la guerra Naruto le dijo que la quería, pero que amaba a Sakura, y que nunca dejaría de hacerlo… Ah… Naruto es muy sincero, pero el pobre no tiene tacto para decir la verdad. Y aún espera a que la frente de marquesina le haga caso, pobrecito. Pero ella se lo pierde.

El joven Nara frunció el ceño. A él no le interesaban esos chismes.

—¿Y a mí qué? Ella me agrada, pero no me interesa salir con nadie ahora.

Ino infló los mofletes.

—¡Al menos invítala a salir! ¡O a alguien!

—Tsk. Yo no me meto en tu vida, así que no te metas en la mía, Ino —. Dijo seriamente, dando por terminado el tema, y su amiga lo aceptó, resoplando con resignación.

Pasaron junto a Hinata, quien les dedicó una tímida sonrisita. Shikamaru no pudo evitar observarla atentamente durante unos segundos, intentando encontrar en ella algo que se pareciera a él, como había dicho Ino, y al darse cuenta, la chica se sonrojó furiosamente, acelerando el paso. Él enarcó una ceja e Ino rió con ganas, ganándose otra mirada de reproche. Era la última vez que siquiera consideraba algún consejo de su problemática ex compañera de equipo.

Caminaron unas cuantas calles más, con Ino siempre sujeta a su brazo mientras comentaba el tipo de flores que usaría para decorar el salón de su boda y lo mucho que le disgustaba tener que mudarse a Suna después de la ceremonia en Konoha; y él la oía siempre respetuosamente, aunque no le interesara para nada lo que le decía.

Finalmente la mansión Uchiha se dejó divisar a lo lejos. Shikamaru nunca había entendido por qué demonios Naruto había insistido tanto en reconstruir aquel lugar cuando reconstruyeron la aldea, tal y como Sasuke la había dejado; incluso, supo que él mismo había buscado entre los escombros las pertenencias que pudiera rescatar del clan Uchiha. Pero ahora lo entendía; era como si Naruto siempre hubiera sabido que su amigo algún día regresaría.

La casa de Sasuke seguía ubicada en el que alguna vez había sido el majestuoso distrito Uchiha. Había sido lo único que se había reconstruido, por lo que el resto del terreno que solían ocupar las casa de otros miembros del clan ahora había pasado a ser una gran extensión de jardín, seco y sin vida, pero Naruto se había encargado de mandar a construir un tradicional estanque con un pequeño puente para llegar a la casa, y un dōjo en la parte trasera, impidiendo que otras personas construyeran en propiedad Uchiha, aunque nadie había tenido esa intención con el correr de los años, ya que la mayoría de los aldeanos consideraban al ex distrito Uchiha como una especie de "tierra maldita", lo cual le causaba cierta gracia.

—Justo allí es donde quiero plantar unos manzanos… o ciruelos —comentó su amiga señalando al costado del camino de piedras incrustadas en la tierra.

—Ino… ésta no es tu casa —suspiró el, cansino —No tienes porque arreglar su jardín. Ya has hecho suficiente con acondicionar la casa para que ese id… para que Sasuke vuelva a ocuparla —le recriminó con suavidad.

—Pero quiero, Shika… no soporto ver un jardín muerto —Ino hizo un mohín infantil —¡Es por cortesía profesional! —aseveró alzando un puño. Shikamaru sonrió, recordando algo.

—Oye problemática… ¿ya le contaste a tu prometido que serás tú quien vigilará a Uchiha Sasuke?

Su pregunta pareció dar en el clavo, porque Ino se tensó al instante.

—Bueno… él ha estado ocupado atendiendo asuntos de estado… además se encuentra de viaje, y para cuando regrese de seguro todo este asunto habrá terminado, no olvides que sólo es temporal, así que no veo la necesidad de molestarlo con algo tan tonto —sonrió con nerviosismo mientras le restaba importancia al asunto con un gesto —¿Pasamos? Quiero mover algunos muebles antes de que lleguen.

—Hnmp.

Comenzó a seguir a la mentalista, aunque no muy convencido con su respuesta. El Kazekage nunca demostraba emociones, pero Shikamaru había descubierto lo celoso que podía llegar a ser el pacifico príncipe de la arena, como solían llamarlo los aldeanos, sobre todo cuando su princesa estaba involucrada. Suspiró una vez más. Él no diría nada, pero esas cosas tarde o temprano salían a la luz, y cuando el asunto estallara él, sin dudas, no quería estar en medio.

—¡Qué problemático! —exclamó antes de perderse por el umbral hacia el interior del oscuro recinto Uchiha.

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—¡Abuela Tsunade! —Naruto ingresó sin ninguna delicadeza, haciendo su habitualmente deschavetado saludo, golpeando la puerta del despacho de la Hokage con fuerza al abrirla mientras era seguido por sus dos acompañantes.

—¡QUE NO ME DIGAS ASÍ! —exclamó la Godaime con una vena amenazando con estallarle en la frente —. Y otra cosa chiquillo idiota, ¿Cuántas veces tengo que decirte que…? ¿huh?— reparó en los acompañantes del kitsune, especialmente, en Sasuke— Veo que el infierno ha arribado… Pasa, Uchiha. Naruto, Sakura, salgan.

—¡¿QUÉ?! —el joven rubio iba a protestar pero fue detenido por un certero golpe en la nuca de su amiga.

—Vamos, Naruto — forzó una aterradora y amenazante sonrisa, comenzando a arrastrar a su semi-inconsciente amigo fuera del despacho de su maestra, despidiéndose con una reverencia.

—Siéntate, por favor —le indicó el asiento frente a su escritorio. Sasuke tardó unos segundos en obedecer, hasta que finalmente se acercó al asiento, refregándose las muñecas con las manos, sobre las heridas que los grilletes habían dejado en su piel. Tsunade suspiró, dejando de lado los papeles que leía antes de ser interrumpida.

—Aquí estoy. —gruñó, dejándose caer pesadamente sobre la silla, dejando un brazo colgar sobre el respaldo.

—Aquí estas…—suspiró la mujer, frunciendo el ceño ante la irreverente actitud del muchacho —Pero, como sabrás, el hecho de que estés sentado ahí no es más que una imposición para la gente de ésta aldea. Así que podemos dejar la falsa educación de lado.

—Claro —contestó Sasuke, indiferente, arrastrando cada sílaba.

—Bien…—Tsunade lo observó entornando la mirada un segundo antes de continuar —Mi trabajo ahora es informarte cómo cumplirás el resto de tu condena aquí, y...

—Ahórrese el trabajo —la interrumpió el último Uchiha, sin ninguna educación —El jefe de la prisión me puso al tanto de todo… curioso sujeto; creía que era una bendición para mí que me recibieran aquí —frunció las cejas con molestia —Es un idiota.

Ella frunció el entrecejo.

—Eres insoportable, mocoso.

—Lo sé.

La Hokage dejó escapar un suspiro de hastío, respirando hondamente para calmar sus deseos homicidas.

—Está bien… entonces también estás al tanto de que se te será asignado un guardia de libertad condicional, según nuestras leyes, que vea que cumplas al pie de la letra con cada una de las disposiciones del consejo, ¿verdad?

—Efectivamente —contestó entre dientes, con un tono de falsa condescendencia casi irritante, mientras observaba distraídamente hacia el exterior por el ventanal —. Aunque no me dijeron de quien se tratará, pero supongo que de seguro será uno de los tarados.

—¿Quiénes?

—La molestia de Sakura, el dobe o el pervertido de Kakashi.

La Hokage alzó las cejas con molestia, para luego curvar los labios en una discreta sonrisa.

—Pues te equivocas… ¡y muestra algo de respeto hacia tus pares!

Sasuke no pudo evitar demostrar sorpresa, ni abrir los ojos con intriga mal disimulada.

—¿Ah, sí? ¿Entonces cual de los idiotas a su servicio aceptó esa misión suicida?

Tsunade una vez más frunció el entrecejo, resoplando un mechón rebelde de cabello. Ése chico sí que lograba sacarla de quicio, por lo que decidió jugar su juego.

—Ya lo averiguarás —contestó cortante e indiferente, provocando que ahora fuera Sasuke quien frunciera el ceño.

—¿No se supone que debe informármelo? Hnmp, ya ni siquiera hace su trabajo; aunque, pensándolo bien… ¿Cuándo sí lo hizo?

—¡Cierra la boca niño! Y ya puedes retirarte.

—¿Qué?

—¡Que te largues! Tengo trabajo que hacer.

—Sí, como no…—Sasuke rodó los ojos, terminando con la paciencia de Tsunade.

—¡Naruto!

La puerta volvió a abrirse con un golpe seco.

—¡Dime, abuela!

— ¡QUE NO ME DIGAS ABUELA, ESTÚPIDO! ¡Argh! Como sea, puedes llevarte a tu "condena perpetua" de mi despacho.

—¡¿Cómo demonios me…?!

—¡CLARO QUE SÍ! ¡Vamos teme!

Naruto sacó a Sasuke del lugar prácticamente arrastrándolo por un brazo.

—¡Espérenme! —la muchacha de cabellos rosados salió detrás de sus amigos, sonriendo ante la escena de unos momentos antes.

—Ufff…— suspiró la líder de la aldea, masajeándose la sien mientras observaba el lugar por donde los tres jóvenes habían salido segundos antes —Que tengan suerte.

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—Shika… ¿puedes mover ésa cómoda hacia allá?— pidió Ino, señalando con una mano hacia el otro extremo de la habitación.

—Tsk. Ya moví esta ridícula cómoda como diez veces, mujer problemática…

— ¿Qué dijiste?

—Nada, nada—. Suspiró —Maldición.

Movió el mueble hasta colocarlo contra la pared, junto a la cama que ocuparía el "dueño de casa".

—¿Así está bien? —preguntó tan amablemente como pudo mientras Ino colocaba sábanas limpias sobre el futón, alzando la mirada y sonriendo a modo de aprobación—. Al fin…—suspiró con desgana, chasqueando la lengua. No entendía porque Ino ponía tanto ímpetu en asegurar la comodidad del desertor Uchiha, principalmente porque sabía que ella había dejado de lado su tonta obsesión infantil por él desde hacía mucho tiempo, por lo que no había una explicación lógica para tal reacción. Ino había madurado mucho más que cualquier Kunoichi de su edad, pero esas reacciones, combinadas con sus cambiantes estados de ánimo la convertían en todo un misterio, aún para él…

—Shika, ¿Puedes fijarte que hay en ése armario?— preguntó esponjando una almohada, señalando con la cabeza el armario de tres cuerpos que estaba frente a la cama matrimonial.

—Sí, claro—. Contestó con voz aburrida, dirigiéndose hacia el mueble, abriendo sus puertas de par en par para observar su interior —Hay ropa vieja…creo que es de Sasuke…

—¿Podrías sacarla? Supongo que Naruto comprará ropa nueva para él.

—Tsk…cómo digas—Shikamaru tomó el bulto de ropas para sacarlo, y al hacerlo una fotografía cayó de entre las prendas —. ¿Qué es eso? —inquirió en voz baja, doblando las rodillas para levantar el retrato y observarla con más atención.

—¿Qué es eso? —dijo ahora su acompañante, acercándose a él por detrás y poniéndose en punta de pies para ver mejor.

—Creo que es una fotografía de la familia de Sasuke… mira, esté niño debe ser él —señaló a un niño pequeño.

—¿Sí? ¡Oh! ¡Qué niño tan lindo!

—Ajá —el controlador de sombras le dio la razón como a los locos —Esta mujer debe ser su madre —señaló a la sonriente mujer morena —, y este, por el ceño fruncido, su padre.

— Y él debe ser su…— las palabras murieron en sus labios mientras señalaba al muchacho serio y de marcas en el rostro, abriendo desmesuradamente los ojos por la impresión, sintiendo una extraña sensación de familiaridad en su interior.

Ese rostro… ya lo había visto alguna vez…

—¿Ino? —su amigo comenzó a preocuparse al ver la peculiar reacción de su amiga. Ino nunca había sido la clase de chica que se quedaba sin palabras.

—Shika…no me siento muy bien…— Ino se desvaneció, pero no se desmayó; el manipulador de sombras la sujetó a tiempo para evitar que cayera al suelo.

—¡Ino! ¡¿Estás bien?!

La fotografía cayó al suelo y el cristal se rompió en cientos de pedazos, pero no le importó.

—Abrázame, abrázame por favor…— pidió aferrándose con fuerza al pecho del moreno.

—Ino…— Shikamaru se veía confundido, pero aún así abrazó con fuerza el frágil cuerpo de su compañera, cerrando los ojos, recargando su cabeza sobre la de ella.

Ino cerró los ojos abrazándose con fuerza a su amigo. De pronto se sintió vulnerable y triste, y por un momento perdió toda noción de tiempo y espacio.

Los recuerdos de sus sueños regresaron a ella, oprimiéndole el pecho una vez más, provocándole una incontrolable necesidad de afecto.

—Abrázame…— repitió mientras finas lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas, pero su voz fue casi inaudible, tanto que Shikamaru no alcanzó a oírla —Abrázame… Hermano…

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Continúa...en el capítulo 4!

¡Gracias por leer!