III

"Katniss estás bien", pensaba Prim, "Sabía que no romperías tus promesas".

No podía imaginar una respuesta de Katniss al comentario que hizo Prim, sólo se imaginaba un abrazo y una sonrisa de su parte. Extrañaba a su hermana, la extrañaba más que a nada. Pero sorpresivamente, no sentía tanto ese espacio vacío en medio del corazón que pensaba iba a sentir con la ausencia de su hermana mayor, seguro porque su madre estaba a su lado, por primera vez, apoyándola en los malos momentos.

Ambas estaban acurrucadas en la cama, esperando el amanecer de un nuevo día.

—¿Mamá? —le llama Prim.

—¿Qué sucede? —responde ella como si estuviera alerta desde hace mucho tiempo.

—¿Estabas despierta?

—No logré dormir en toda la noche. —le confiesa despejando sus ojos del sueño.

—¿Por qué?

—Estoy algo preocupada.

—¿Por qué? ¿Por Katniss? —indaga. — Mamá, ella estuvo genial en la presentación de los tributos. —le anima.

—Prim, ya lo sé.

—¿Entonces?

Su madre hace una pausa y suspira.

—Los juegos todavía no han empezado. —le encierra todos sus pensamientos en una sola frase.

"Los juegos todavía no han comenzado." Prim interpretó esa frase en mil y un formas: No te esperances, lo peor no ha pasado; Katniss todavía está en peligro y no dejará de estarlo hasta que esté a nuestro lado; No importa la presentación ni las entrevistas sino la batalla en la arena; Katniss todavía puede morir…

Ese día tampoco había clases. Prim se bañó y desayunó poco, ya que la leche que estaba destinada para el desayuno ya se había usado. Tomó un paseo hacia la plaza y se sentó sobre unas cajas usadas desde donde podía ver toda la plaza con bastante claridad.

En su mente recrea el escenario de la cosecha. Podía ver a Effie Trinket sacar el papelito que tenía su nombre escrito, podía oír su nombre retumbar como si los micrófonos y amplificadores siguieran allí, se imaginaba a Katniss correr hacia a ella y en su mente retumbaban las palabras que le dijo en ese momento.

—Lo siento, Prim. —se disculpaba. —Lo siento.

—¡No! ¡No! —gritaba Prim. — ¡No!

—¡Prim! —le gritaban. — ¡Prim!

Era una voz conocida. Sentía unas manos sobre sus hombros que la agitaban como si estuviera trataran de despertarla pero ella sólo gritaba.

—¡No!

Las manos insistían y su voz seguía llamándola.

—¡Prim! ¡Prim! —de repente reconoció esa voz.

Estaba tan concentrada en recordar la cosecha que no veía a Jace en frente de ella. ¿Cuánto tiempo llevaba en su mundo? ¿Desde hace cuánto tiempo él estaba frente a ella?

—¿Jace?

—Prim, ¿qué sucede? —pregunta preocupado.

—Jace. —repite Prim, en su rostro sin expresión empiezan a salir algunas lágrimas. — ¿Y si ella está sufriendo?

Jace la acerca contra su pecho.

—No lo está.

—¿Cómo lo sabes? —pregunta entre lágrimas inconsolables. — ¿Cómo sabes que no está sufriendo en estos momentos?

—No lo sé. —le confiesa. —Sólo tengo fe.

Prim llora en su pecho un momento. Se da cuenta de que Jace es demasiado alto para su edad. Después de haber llorado todo lo que tenía que llorar, Prim no quería separarse de Jace. Se aferró a él en un abrazo que no tenía fin. Su cuerpo desprendía un calor agradable en medio de una temporada tan fría.

—¿Prim? —le llama para confirmar que no se ha dormido.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

—Creo que sí. —suspira. — Es sólo que tengo miedo.

—¿A qué le tienes miedo? ¿A no volver a ver a tu hermana?

—No. —hace una pausa. — Yo sé que Katniss volverá, ella me lo prometió.

—¿Entonces, a qué le tienes miedo?

Prim hace una pausa y lo piensa un poco.

—A que le hagan daño. —confiesa. — Katniss siempre me decía que el Capitolio es peligroso y no son de fiar. —parecía que iba a volver a llorar.

—Entonces debes de encontrar a alguien que si lo sea. —le sugiere Jace.

Prim se separa de su pecho y lo contempla.

—¿Cómo tú? —pregunta ella mirándole a los ojos.

—¿Estás preguntándome si soy una persona de fiar? —bromea Jace.

—Te estoy preguntando si puedo confiar en ti. —aclara Prim.

Jace al mirar el fuerte color azul de sus ojos, entra en un trance inexplicable. Siente que nadie más los puede ver.

—Sí. —sólo esas palabras salen de su boca.

Ya en casa, Jace revisa lo que ha estado ahorrando en los últimos días. Desde que vio a Katniss ofrecerse por Prim en la cosecha, supo que tendrían problemas con todo. Empezó a ahorrar un poco de dinero y, al enterarse de que su madre era curandera de la Veta y que los medicamentos le empezaban a escasear, empezó a robar poco a poco medicamentos de su madre. Todo lo que iba recolectando, lo iba guardando en una caja de madera debajo de su cama.

Revisó la caja y tenía suficientes medicamentos para un mes, y el dinero era más de lo que pensaba. El día anterior, al entrar a su habitación, Jace había sorprendido a su madre ordenando su cuarto. Estaba levantando las cosas para remover el polvo y se estaba acercando demasiado a la caja de madera. Se ofreció para terminar de limpiar su habitación y su madre acepto sin poner peros.

—Esto corre peligro aquí. —dice Jace en voz baja.

Para su suerte, Prim le había comentado los problemas de los medicamentos de su madre, y que lo salvara de las manos de un agente de la paz, era la excusa perfecta para darle el dinero. Toma la caja que pesa un poco y sale de la casa con prisa.

Mientras recorre la plaza con la caja en manos un agente de la paz lo detiene.

—¿Qué hay en la caja? —le dice en un tono seco.

Jace no responde.

—¿Qué hay en la caja? —insiste el hombre.

Jace no sabe que responderle. Si le dice que hay medicamente, lo que no es del todo falso, y decide revisar la caja y encuentra el dinero, lo tachara por ladrón.

—Lo preguntaré por última vez, ¿Qué hay en la caja?

Alex toma el valor suficiente y sale corriendo. Corre entre la gente con la caja que no es nada liviana, se escabulle al Quemador y logra perder al agente de la paz por unos segundos. Sabe que lo encontrara muy pronto, así que piensa rápido.

Examina su alrededor en busca de un escondite, pero no lo encuentra. Mira un a caja igual a la que lleva en manos, se acerca a ella y la abre. Está vacía, ¡Perfecto! Esconde entre papel y basura la caja original y toma la caja vacía que había llenado de periódicos. Justo después de que termina el agente lo toma por la espalda.

—Dame la caja niño. —le ordena.

Jace, finge enojo e indignación y le entrega la caja. El hombre la abre y, por su mirada, luce decepcionado, seguro esperaba encontrar algo con que incriminar al chico ante el jefe de los agentes.

—¿Feliz? —le bromea Jace.

—Camina con cuidado, —le sugiere. —Hijo. —el tono con el que lo dice es más que suficiente, lo tendrá en la mira.

Jace toma la caja falsa y espera a que el hombre se distraiga y la cambia por la que tiene medicinas. Sale del Quemador y le dirige una pícara sonrisa al hombre que lo miraba con desprecio. Corre a la casa de Prim como si el agente de la paz todavía lo persiguiera, como si lo persiguiera una tropa entera de agentes de la paz lo persiguieran. Cuando se encuentra en frente de la casa de Prim, toca la puerta jadeante.

Prim abre la puerta. Lo mira con una mirada de sorpresa y extrañeza. Tiene un aspecto extraño, cansado y enrojecido. Pareciera que pasó corriendo toda la mañana.

—Hola. —le saluda como si fuera el mismo Jace de siempre.

—Hola. —le saluda entre jadeos incontrolables. — Tengo algo para ti. —le informa enseñando la caja. — ¿Puedo pasar?

Prim asiente.

Jace coloca la caja sobre el comedor y la abre.

—Échale un vistazo. —dice Jace entre risas y jadeos.

Prim se acerca temerosa hasta la caja. Mira el interior y abre la quijada de emoción.

—¿De dónde sacaste todo esto, Jace? —pregunta sin poder creérselo.

—Eso no importa.

—No lo robaste, ¿o sí? —se preocupa Prim.

—No exactamente. —admite. — Hipotéticamente, ya eran míos.

—Jace, yo no puedo aceptar esto.

—Claro que puedes. —insiste. —Dijiste que tu madre ya no tenía medicamentos. —se acerca a la caja. —Aquí está todo lo básico.

Prim lo mira asombrada.

—Prim esto es ayuda. —continúa Jace. — Un poco de ayuda no le cae mal a nadie.

—Esto no es poco, Jace. —se excusa Prim.

—Entones tómalo como un agradecimiento. —insiste. — Por haberme salvado el pellejo.

—Jace…

—Por favor, Prim. —dice con una cara muy sincera.

Prim lo mira detenidamente. De verdad quería que ella se quedara con todo eso, no era ninguna broma. Pero…

—¿Por qué? —pregunta Prim. — ¿Por qué quieres darme todo esto?

—Porque lo necesitas. —esas palabras eran sinceras. — Porque lo necesitas y yo quiero ayudar. —se le acerca un poco.

—No lo necesito de ti. —insiste ella.

—Recuerda que es esa la razón por la cual de deberías de agradecerme.

Jace es muy inteligente. Usó lo que Prim había usado contra él. Jace casi nunca hacía cosas así, y era porque sentía que nadie lo merecía realmente. Sólo organizaba unas cuantas recaudaciones para la gente de la Veta, pero no tenía ningún significado parecido al que tenía ahora.

—Tú ganas, Jace. —suspira Prim. — Pero te lo voy a pagar.

—No, no lo harás. —deja en claro Jace. — Esto es un regalo.

Esa noche, eran las entrevistas de los tributos. Unos pocos minutos antes, Jace invita a Prim a tomar un paseo. Dan una vuelta por la plaza mientras Prim le relata a Jace sus pesadillas y malos sueños que ha tenido desde la ida de Katniss.

—¿Por qué no le dices a tu madre?

—Porque ella también lo está.

—¿Y qué te hace pensar que sufrir sola es mejor que sufrir acompañada?

—Es lo que Katniss ha estado haciendo todo este tiempo.

—Katniss tenía a Gale. —le rectifica. — Ella no sufría sola, tú tampoco.

¿Cómo sabe lo de Gale? ¿Qué más sabrá?, pensaba Prim.

—Mi madre huye cada vez que trato de comunicarme con ella. —explica Prim. — Aunque está más presente que ahora. —admite.

—Te entiendo. —concuerda Jace. — Mi madre le pone más atención a sus medicamentos y pacientes que a mí. He aprendido a vivir con eso.

Prim se da cuenta de algo. El padre de Jace murió en manos de un rudo agente de la paz que una vez hubo en el distrito 12, Prim perdió a su padre en la explosión de la mina, ambos tienen madres desatentos. Son cosas muy significativas las que tienen en común.

—Wow. —dice Prim.

—¿Qué?

—Jace… —continúa. — Creo que sin darnos cuenta, ya somos el soporte del otro.

Prim se retira a su casa para mirar a Katniss en su entrevista. La chica en llamas, deslumbra otra vez. Se lució con su vestido y es el foco de atención en los juegos.