Me disculpo por la demora, pero mi internet no ha funcionado de lo mejor y ahora recién he vuelto a tener conexión.
ÚLTIMA PARTE
"I HOPE HE SMELLS MY PERFUME"
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Ginny no pudo pegar un ojo en toda la noche. No importaba en qué posición se colocara ni tampoco lo mucho que se arropara, simplemente, no se podía quedar dormida. La escena de aquel beso entre Harry y Malfoy se venía a su cabeza una y otra vez.
¿Cómo habían llegado a aquello? ¿Desde cuándo es que hablaban? ¿Desde cuándo es que eran tan cercanos? ¡¿DESDE CUÁNDO TENÍAN ENCUENTROS?!
Soltó la taza con café y se sobresaltó con el ruido de la misma quebrándose.
Bueno, no es como si no conociera el hechizo indicado para arreglar algo que se rompe.
Lástima que no pueda usarlo para arreglar un corazón roto.
Estaba nerviosa, inquieta y parecía estar alerta ante cualquier movimiento que ocurriese en su casa, aun si no ocurría nada, estaba alerta, muy alerta. Miraba por la ventana, en busca y espera de alguna lechuza, sin embargo, no había rastro de ninguna lechuza volando por el nublado cielo de Gales.
Echó un vistazo a su red flu, pero tampoco había indicios de contacto.
En fin, ¿qué tipo de contacto estaba esperando? Se supone que Harry no sabía que lo había visto con… con…
Ginny llevó ambas manos a su rostro y suspiró profundamente unas tres veces. Echó su cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo de su sofá y miró el techo. Algunas preguntas se manifestaron en su mente y ninguna parecía tener alguna respuesta clara: ¿Desde cuándo Draco Malfoy y Harry Potter hablaban? ¿Desde cuándo es que Malfoy estaba interesado en los chicos? ¿Desde cuándo le interesa Harry? ¿No iba a casarse con Astoria Greengrass? ¿Sus padres sabían de sus encuentros con Potter?...
¿Ron y Hermione están al tanto de los encuentros de Harry con Malfoy?
–Necesito –dijo en voz alta antes de inclinarse sobre su chimenea.
Tomó un poco del polvo flu e hizo contacto con la red de su hermano Ron, en el apartamento que estaba rentando desde hace un par de meses.
–¿Ginny? –contestó Hermione, viéndola con una taza de alguna bebida caliente entre sus manos–. Espera, ¡Ron! –se alejó un poco y volteó su cabeza en dirección a la cocina–. ¡Es Ginny por la red flu!
Ron apareció, envuelto en una bata y con medio sándwich en su mano. Daba a entender que Hermione lo había visitado para desayunar, pero el chico ni se había despertado. Ambos se arrodillaron en la chimenea, para hablar con la pelirroja.
–Ginny, qué sorpresa –saludó su hermano, mientras Hermione rodaba los ojos ya que ni siquiera se había tomado la molestia de tragar la comida en su boca–. ¿Sucedió algo? Te veo un poco preocupada.
–¿Cuándo pensaban decirme que Harry estaba teniendo encuentros con Malfoy?
La pregunta de Ginny les cayó como un balde de agua fría. Había sido tan directa que les costó pensar en alguna reacción con la cual podían, al menos, disimular la incomodidad que les ocasionó el tema. Hermione apretó los labios y bajó la vista hacia su taza con bebida caliente, mientras que Ron se removió incómodo sobre la alfombra. Ante tales reacciones, Ginny suspiró para evitar romper a llorar y a armarle un escándalo a la pareja.
–El silencio otorga, ¿no?
–Ginny –dijo Hermione–, ¿cómo te enteraste?
–Entonces ya lo sabían –espetó Ginny–. ¿Por qué no me lo dijeron?
–Claro que lo sabíamos, pero no nos correspondía a nosotros decírtelo –dijo Ron, con una expresión completamente seria–. Lo sabemos desde hace ya poco más de medio año.
–¿Están saliendo? –seguía preguntando Ginny–. ¿Desde cuándo hablan? ¿Desde cuándo se encuentran?
–Malfoy le había enviado una carta a Harry –decía Ron–, un par de meses después de la guerra. Desde ahí empezaron a intercambiar cartas… ¿Nunca te lo dijo? –Ginny negó–. Qué extraño…
–Después de eso –siguió Hermione–, empezaron a juntarse, limaron muchas asperezas entre ellos, e increíblemente empezaron a llevarse bien. Malfoy empezó a visitarlo, ocasionalmente en su hogar, hasta que… –y guardó silencio, no estaba segura de si era correcto decir lo que quería decir.
–¿Hermione? –insistió Ginny.
–Mándale una lechuza a Harry –dijo Ron, sin apartar la mirada de su novia, pasando un brazo por la espalda de ella–. Dile lo que viste y que exiges explicaciones.
–¿Crees que sea lo necesario? –preguntó la pelirroja.
–Lo es –Ron asentía lentamente–, créeme, lo es.
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"Querido Harry:
No sé cómo estoy siendo capaz de escribirte eso, ya que la pluma me tiembla por lo nerviosa que me encuentro en este momento.
El día en que celebramos el cumpleaños de Ron y te dije que iba al hogar de Gwenog, mentí. Te seguí, y te vi con Malfoy.
No creo que sea necesario explicar en qué los vi.
Necesitamos hablar, para finalizar lo nuestro oficialmente, además de zanjar todas nuestras dudas de una vez. Hazme saber cuando tengas tiempo, no quiero interferir en tus labores como auror.
Saludos,
Gin."
Quiso firmar por el nombre con el que Harry solía llamarla.
Había decidido no extenderse demasiado con la carta, mientras más clara, mejor.
Tomó a su lechuza y le dio la carta.
Solo le quedaba esperar la respuesta, pero ya estaba por irse a entrenar, así que mientras se mantenga ocupada, la espera no iba a ser tan larga ni agobiante.
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"Gin:
No quería que te enteraras de esa forma, y la verdad es que siento mucha vergüenza en este momento, por no haber sido sincero desde el momento en que nos dimos el tiempo en nuestra relación.
Tienes todo el derecho de hacerme las preguntas que quieras, voy a contestarlas todas y cada una de ellas.
Tengo libre el sábado, vayamos a almorzar, tienes libre, ¿no? Avísame.
Puedes contactarte conmigo por la red flu.
Saludos,
Harry."
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Amortentia muggle, amortentia muggle, armortentia muggle.
Si antes solo le bastaba con dos rociadas de su perfume, esta vez, aplicó seis: tres en el cuello, dos directamente –aunque tomando un poco de distancia– sobre su pecho y una rociada que lanzó al aire para luego posicionarse bajo la misma, así le caería en el cabello sin hacerle daño al mismo.
Estaba usando un vestido rosa y una pañoleta con la que envolvía su cuello. El tiempo estaba siendo más agradable –con las temperaturas levemente cálidas–, pero eso no significaba que podía darse el lujo de estar completamente desabrigada.
–¡Gin! –se volteó y saludó a Harry, con un gesto con la mano.
Harry trotó hasta ella, y a diferencia de Ginny, él estaba sonriendo.
–¿Tarde mucho? –negó con la cabeza–. Qué bueno que no te hice esperar.
Sin decir palabra alguna, entraron a la cafetería.
Si bien Harry había sugerido ir a almorzar, Ginny le respondió que prefería algo más tranquilo, como un café. De ese modo no sentiría un innecesario sabor amargo en su comida, ya que el café de por sí ya le parecía lo suficientemente amargo; además, podía endulzarlo tanto como fuese necesario… Tanto como la conversación lo requiriera.
Tomaron asiento en una de las mesas más alejadas del sector se sillones, tampoco querían estar afuera a la vista de todo el mundo. La camarera llegó a atenderlos y, mientras Harry pedía un mochaccino, Ginny pidió lo mismo, pero muy amargo. Harry evitó reír ante ese comentario.
–¿Bien? ¿Quieres empezar a hablar ahora? –preguntó Harry, acomodando sus gafas, al momento en que la camarera se iba de su lado–. Prometo ser demasiado sincero, y no ocultarte nada.
–Cuando me pediste darnos un tiempo –la tensión se hizo presente en Harry, Ginny fue capaz de verlo por la forma en la que sus hombros se encorvaban–, ¿ya estabas teniendo algo con Malfoy?
–No –respondió inmediatamente–, no teníamos nada, solo… podría decirse que era una especie de amistad. Lo que sí es cierto, es que yo empezaba a dudar, de a poco, de los sentimientos hacia a ti y los que tenía hacia él.
–¿Desde hace cuánto que ustedes…, ya sabes…, se besan? –y aunque quería evitarlo, podía adivinar que el color rojizo se hacía presente bajo las pecas de sus mejillas.
–Medio año, más o menos –masajeó su nuca–. Aunque no le hemos puesto nombre, aún, a lo que tenemos.
–¿Cómo se ha tomado la familia Malfoy –utilizó un tono un poco irónico cuando mencionó a la familia– tu relación con él?
–Es que, oficialmente, no es una relación –recalcó Harry, quien aguardó un momento, ya que la camarera venía a dejar el pedido–. En fin, ellos saben que nos vemos frecuentemente… Incluso, aunque parezca increíble, Narcissa y yo nos estamos entendiendo mejor que antes, Lucius es el problema mayor.
Ginny no reaccionaba, y sin importarle lo caliente que estuviera, bebió un sorbo de su muy amargo mochaccino.
–Malfoy –le costó hablar, debido a lo delicada que le quedó la garganta luego de beber aquel café tan caliente– ¿no iba a casarse con Astoria Greengrass?
Harry apretó los labios, y a diferencia de las preguntas anteriores, se tomó su tiempo para responder. Tomó la taza y dio un corto sorbo, relamiendo sus labios. Suspiró y miró a Ginny directo a los ojos.
–Rompió su relación con ella. Cuando le confesé mis sentimientos… Cuando nos confesamos… –sonrió de medio lado–. Fue tan complicado, ¿sabes? No había manera en que pudiésemos dejar de llorar, porque no sabíamos a quién recurrir. Yo sabía que no habría problema con salir con un chico o una chica, digo, el amor es amor, ¿no? –Ginny asintió, se estaba preocupando por el tono de la voz de Harry, que parecía quebrarse a medida que hablaba–. Para él, fue más complicado. Tenía un compromiso, con una chica de verdad, fenomenal. Astoria es una chica fenomenal, en su momento, en lugar de hacerle una escena a Draco –le sorprendió que lo llamase por su nombre–, lo escuchó atentamente y nos brindó todo el apoyo que fuese necesario. No podía creer lo amable que fue en ese momento, a pesar de todas las circunstancias, de no poder casarte con el hombre que querías… Ella nos ayudó a afrontar lo que nos estaba pasando, y fue ella quien habló con Lucius y Narcissa.
La pelirroja tragó saliva, y al igual que él, bebió un poco del café.
–Ginny –volvió a hablar Harry–, tienes todo el derecho a estar enojada, y con razones de sobra. No te pido que me apoyes ni que me entiendas, porque eso no solucionaría nada. Solo quiero que sepas que, si te pedí el tiempo, fue para aclarar mis sentimientos, y cuando lo hice ya no había vuelta atrás. Sé que debí haber sido más claro y decirte, apenas supe que estaba siendo correspondido, y la verdad es que…
–Cállate –dijo Ginny, desviando la mirada–, no quiero escuchar otra palabra más, Harry.
–¿Por qué?
–Estuve todo este tiempo viviendo en una ilusión, ¿sabes? Creyendo firmemente que volverías a mí. Lo que más me llama la atención, es que así como tú nunca me buscaste para darle un final a nuestra relación, pasando los años, yo tampoco te busqué para pedir explicaciones. Sí, tienes culpa por haber iniciado algo, o intentado iniciar algo con otra persona, pero en parte yo también tengo que asumir responsabilidad en el asunto, por no haberte pedido alguna respuesta o alguna explicación por la demora en finalizar la relación. A mi alrededor, todos me decían que mejor debíamos distanciarnos, antes de que tú y yo decidiéramos darnos un tiempo. Debía hacerme a un lado, que debía hablar contigo, entre otras cosas –pasó una mano sobre su rostro–. Dejemos todo como está, ¿sí? Creo que lo mejor es determinar nuestras vidas a nuestra manera –Harry, quien tenía la taza en su mano, inclinó un poco la cabeza–. Yo voy a seguir como jugadora de Quidditch y seguiré adelante, tal vez encuentre a alguien por ahí, no lo sé; tú, en tanto, debes seguir como auror y, si Malfoy, en verdad, te hace feliz… Pues, genial, sigue adelante con ello. No voy a negar que esto me duele, pero siento que, a la misma vez, me alivia. Creo que con esto me he quitado un gran peso de encima.
–Lo siento mucho, Gin. No quería que las cosas terminaran así.
–No sacas nada lamentándote, las cosas son como son ahora. Gracias por haberme contado esto, gracias por haber sido sincero.
–¿No tienes más dudas?
–Oh, sí que las tengo, sin embargo, prefiero no decirlas… Al menos no ahora.
Harry asintió, un tanto dudoso.
–Entonces… ¿No hay problemas entre tú y yo?
–No –le sonrió Ginny–, no hay problemas, Harry. Solo quiero pedirte que seas más sincero conmigo, ¿vale?
–Lo seré –sonrió Harry, asintiendo con la cabeza–. Es una promesa.
La amortentia de muggles… ya no funcionará con él, pensó una desilusionada y dolida Ginny.
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–¿Y qué decidiste hacer?
Ante la pregunta de Luna, se volteó, dándole la espalda para que pudiera ayudarla a subir el cierre de su vestido, lo cual hizo con gusto.
–¿Qué podía decidir, Luna? Solo tenía que dejarlo ir, ¿no? Es lo más lógico, de esa forma también me dejé ir yo.
–¿A qué te refieres? –Ginny tomó asiento y dejó que Luna la peinara, con una trenza a la cual pensaba colocarle flores, así como a la de ella.
–Ya no estaré amarrada al recuerdo de Harry o a la esperanza de volver a ser la novia de Harry. Al dar por terminara esa relación, y luego de la conversación que tuvimos, siento que soy libre de decidir qué hacer con mi vida, sin pensar en que pueda afectar a mi relación, bueno, pasada relación con él.
–¿Seguirás jugando Quidditch?
–Planeo hacerlo por dos años más.
–¿La lesión de tu muñeca está empeorando? ¿No hay alguna magia…?
–El golpe de la bludger y luego haber chocado contra los aros… Se necesitaría mucha magia, ¿no crees? Preferí dejar que el hueso sanara, aunque no significa un impedimento, no quiero seguir jugando más al Quidditch… ya que me ofrecieron un puesto de trabajo en la sección deportiva de "El Profeta".
–Listo.
Ante lo dicho por Luna, se puso de pie y miró su reflejo en el espejo.
–Eres bastante rápida –sonrió–. Muchas gracias, Luna.
–Ahora que terminé contigo, iré a ver a Hermione. Es la festejada, quiero ver si puedo ayudarla con su cabello.
–De acuerdo, iré a recibir a las visitas y… a hacer que los futuros suegros de mi hermano se sientan cómodos entre tanta magia a su alrededor.
Salieron de la habitación y Ginny se apresuró para salir al patio de la Madriguera.
Estaban de celebración, claro que sí, debido a la propuesta de matrimonio de Ron. Hoy, era la fiesta compromiso. El señor y la señora Granger estaban muy animados, compartiendo una bebida junto a sus padres, así que pensó que si se les acercaba solo estorbaría, o bien, no la tomarían mucho en cuenta. Tomó un respiro y se giró para ver si encontraba a alguien con quien hablar.
Tres semanas habían pasado desde la última vez que habló con Harry, desde esa conversación, y ahora tenía que verlo, tratando de ayudar a Ron con su traje… junto a Malfoy, quien también había sido invitado.
No pudo contener su sorpresa cuando su madre, Molly Weasley, le dijo que Harry asistiría con Draco. Sí, "Draco". Arthur se había mostrado un poco molesto, pero Ron defendió a su mejor amigo… Recuerda muy bien las palabras que dijo:
"–Harry encontró en él algo que nosotros no. Yo tampoco soporto mucho a Malfoy, la verdad es que no, pero es la pareja de mi mejor amigo. Si van a venir juntos, deberíamos recibirlos como siempre lo hacemos en esta casa: con los brazos abiertos. Es de mal gusto no hacerlo… De todos modos, papá, él no es Lucius. También nos mandó una carta, a Mione y a mí… El pasado es pasado."
Nunca pensó que Ron pudiese hablar de esa manera.
–No, Weasley, deja de moverte –decía Draco, mientras trataba de acomodar el corbatín rojo.
–Me estás estrangulando –reclamaba el pelirrojo–. Harry, dile a tu novio que la idea no es matarme.
–Mantén la respiración un momento –decía Harry–. Y deja de moverte.
–Muévanse, inútiles –dijo Ginny, y tanto Harry como Draco se alejaron un poco de Ron–. Ahora tú, mantente quieto un momento.
–Ah, no, no quiero ser estrangulado por mi hermana menor.
–Nadie va a estrangularte. Hermione ya va a estar lista y tú aquí, perdiendo el tiempo con el corbatín.
Ron se quedó quieto y dejó que su hermana colocara el corbatín y lo apretara un poco, para asegurarse de que no se saliera. Arregló el cuello de la camisa, así como la chaqueta que estaba usando.
–Listo, ahora solo te queda esperar a Hermione.
Ron le dio las gracias, pero tuvo que alejarse en ese momento, ya que la chica estaba haciendo aparición en un vestido amarillo y el cabello amarrado con blancas flores incrustadas, al más estilo de Luna. En opinión de Ron, jamás existiría mujer más bella que su futura esposa.
Ginny quedó mirando la escena con suma alegría y dicha interior. No dejó de sonreír hasta que vio a Harry haciendo aparición en su campo visual, con la camisa celeste saliéndosele del pantalón azul de su traje. Miró de reojo a Draco cuando lo escuchó bufar, y se dio cuenta de que, con la mano libre –ya que con la otra se apoyaba en ese bastón de cabecilla plateada–, apretaba su entrecejo.
–¿Qué ocurre? –le preguntó, aunque estaba segura de que estuvo arrastrando un poco sus palabras.
–No importa lo que trate –respondía, sin apartar la mirada de Harry–, no puede mantenerse ordenado ni un minuto.
–Para Harry –decía Ginny, mirándolo de a poco– el orden, a la hora de vestirse, no existe.
–Lo sé –alzó ambas cejas–. Me costó demasiado pedirle que eligiera un traje para usar en esta ocasión, es decir, es el compromiso de sus dos mejores amigos, ¿me lo explico? Un poco de decencia y buena presentación personal no le cae mal a nadie.
–Harry es como es, no es posible cambiarlo.
No obtuvo respuesta, solo un suspiro que terminó con Draco cubriendo la sonrisa de su rostro con su mano, mientras mantenía la mirada fija en Harry, quien no dejaba de abrazar a sus dos amigos ni de felicitarlos.
–Quiero decirte algo, Malfoy.
Ante el tono que estaba usando Ginny, se giró hacia ella, inclinando un poco su cabeza y con ambas manos sobre la cabecilla del bastón.
–¿Qué cosa?
–Harry es una persona muy especial, no solo para mí, sino que para muchos. Es desordenado, apuesto que aún no se le quita lo travieso y arrogante que puede llegar a ser. Me contó parte de cómo ambos empezaron su historia y, la verdad, es que pueden contar con mi apoyo. No quiero que Harry vuelva a estar afligido, por algún miedo a un tipo de rechazo. Simplemente, quiero pedirte que, al menos por ahora, mantengan los besos al mínimo, al menos en frente de mí. No me considero homofóbica, solo que…
–Entiendo a la perfección lo que quieres decir –la interrumpió Draco–. Por eso mismo le dije a Potter que quizás no era una buena idea que yo viniera, no quería hacer sentir a nadie incómodo, menos en un evento tan importante como este. Sé que no soy bienvenido, a Granger y a Weasley tampoco les caigo bien…
–Eso es cierto –dijo Ginny–, no eres muy bienvenido por estos lugares, pero ahora eres la pareja de Harry, y por eso mismo, es que las puertas de esta casa estarán siempre abiertas para ti… Además, eres familiar de Teddy. De todas maneras, nunca es tarde para remediar malos entendidos del pasado, ahora somos personas adultas.
–Entonces…
–Entonces no molestas, Malfoy. Fuiste invitado, por Ron y Hermione, disfruta la fiesta.
–No me refiero a eso –agachó un poco la cabeza, frunciendo levemente el ceño.
–¿Entre tú y yo? No hay problema alguno. Lo mismo que le dije a Harry, las cosas son como son ahora. No podemos cambiar nada, ¿vale? Tengamos ahora una…
–¿Una tregua?
–No, mejor un acuerdo –Draco arqueó una ceja–. No me mires así. Escucha, está bien, prometes mantener los besos al mínimo con Harry, al menos frente a mí por ahora, entiende que el tema no está cerrado por completo, y yo prometo ser siempre un apoyo en lo que necesiten.
No me queda nada más por hacer.
–De acuerdo –dijo Draco, extendiéndole la mano–. Lo prometo, Ginevra.
Al menos no fue Weasel.
Y estrechó la mano con el rubio, pudo notar lo frío que era su contacto al principio, pero que el centro de la mano del chico estaba extrañamente cálido.
La velada siguió, los novios hicieron la presentación de anillos, los padres hablaron, incluso Harry lo hizo, sacando risas de más de alguno. Ginny, en tanto, pasó el resto de la noche junto a Luna, aunque le fue a ofrecer a Draco un poco de bebida burbujeante, la cual aceptó. Le dolió, sí, cuando vio que ambos –Draco y Harry– hacían una especie de brindis, mientras se susurraban algo que, prefería, no saber.
Ginny volvió su vista a su brebaje, hizo cierta mueca y bebió todo el contenido de un solo sorbo.
A veces se gana, a veces se pierde… Y él no pensaba solo en mí, pensaba en alguien más… Y ese alguien lo tiene ahora.
–Solo me queda seguir –se susurró a sí misma, ignorando que Luna la alcanzó a oír.
Luna solo reaccionó a ver a los chicos y sonreír por ellos, antes de estrechar la mano de su amiga.
–No estás sola en esto, ¿sí?
Ginny asintió y correspondió aquel apretón tan fraternal.
FIN
