Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, yo solo deje fluir mi imaginación creando una historia un tanto diferente.
—2—
"A veces prefieres dejarte llevar"
Emmett caminó con tranquilidad por la avenida, con la muchacha más hermosa del pueblo colgada del brazo.
Rosalie no se sentía como un trofeo, más bien, tenía ansias de terminar con todo aquel episodio y regresar a su casa, beber una taza caliente de chocolate espumoso, y dormir. Dormir tanto como el cuerpo le permitiese. Aquella conversación con Emmett parecía haber durado siglos, y aún faltaba la parte más importante y larga. La explicación que él se inventaría para tratar de convencerla de que, la amaba más que a su propia vida, y quería estar con ella a pesar de las circunstancias.
Ella bufó cuando llegaron al hotel. La gente la miraba como si tuviera monos en el cabello, y pelo en la nariz. Pero no le importó. Ascendió las escaleras del brazo de Emmett, con el vestido completamente empapado y las manos engarrotadas del frío. Al llegar al dormitorio, cerró los ojos antes de permitir que toda aquella hermosa y objetante habitación la envolviera, como hace algunos meses.
—Abre los ojos, hermosa. La habitación no piensa morderte. —Emmett habló con tranquilidad natural, como si estuviera preparado para la avalancha que se le venía encima. Y ella, con la expresión confusa, se acercó a un sofá mullido, y después de deshacerse de la chaqueta de él, se acomodó sin mirar mucho a las caras lámparas de las esquinas. O las preciosas cortinas de color malva que oscurecían la habitación más de lo normal.
—Escucha Rose, sé que no quieres hablar conmigo de esto. Pero es realmente, importante. —Emmett suspiró, y con cuidado, se acercó a ella y le atrapó las manos con fuerza, mientras sus ojos refulgían por la claridad del rayo de luna que atravesaba el recibidor del dormitorio—¿Recuerdas cuando teníamos nuestra décima cita? Llevabas aquel vestido tan bonito, color palo de rosa. Y tus ojos estaban delineados de manera tan profunda, que llegué a pensar, que al final de la velada me hundiría en ellos.
Ella sonrió, emocionada por la declaración. De manera inconsciente, siempre había deseado que Emmett recordara el tiempo que llevaron juntos de enamorados.
Recordaba todos los detalles de esa cena tal como él, pero le resultaba increíble que él lo hiciera.
—Bueno, esa noche, cuando te vi tan hermosa. Decidí que te quería a mi lado para siempre. Y voy a cumplirlo. Serás mi esposa, Rose. La madre de los niños más bonitos de Chicago, y la mujer más bien atendida del mundo.
La rubia negó con la cabeza, mientras una lágrima triste buscaba derramarse de su ojo derecho. Llevaba una sonrisa tan triste en sus labios, que Emmett pensó cualquier otra cosa, distinta a la real.
—No, Emmett. No es tan simple. Así, como tú dices. Las cosas no pasan así. No pasarán así.
— ¿Por qué? —le preguntó él, haciendo un esfuerzo por no sentarse a llorar en aquel mismo instante.
—Porque soy solo una niña, tengo dieciocho años, y tan pronto te aburras de mí, correrás a los brazos de tu odalisca particular. Y yo no soy de esas—murmuró clavándole los ojos con seguridad—Si me casó, no será precisamente por un embarazo, así como tampoco, pienso soportar tus engaños, mentiras, y amantes. Puedo quedarme sola Emmett, pero no seré igual que el resto.
Emmett se hundió en la silla, desesperado por la perspectiva de que ella no le escuchará con claridad.
—Yo no estoy diciendo eso—susurró buscando demostrarle con una mirada, todo lo que sentía.
—Estás pensando que me casaré contigo, solo por causa de una mirada. O de tus palabras bonitas. O de promesas que no cumpliste una vez, y mucho menos lo harás a la segunda. — Ella suspiró, cerrando los ojos por un instante, mientras las ideas furiosas se agolpaban en su cabeza. Entonces, él se acercó a ella con ferocidad absoluta —No vas a utilizarme, para tener a tus hijos a tu lado. Yo no…
— ¡Yo nada! —exclamó él, atrayéndola a su cuerpo con fuerza. —..Amo—le murmuró al oído, con una desesperación palpable en el ambiente. —No es por causa de nuestro hijo, o de salvar una reputación. O de nada. —La movió de nuevo, obligándola a mirarle de forma directa, a los ojos. —Antes de saber que estabas embarazada, yo había vuelto. ¡Y lo había hecho por ti! ¡Por qué te lo había prometido! Porque quería estar contigo. Rose, trata de escuchar lo que te digo. Te amo, desde el primer instante en que te vi en la plaza, caminando del brazo de tu padre. Por favor, trata de comprender lo que te estoy diciendo. No te bifurques del camino principal. Piensa en las razones que tengo para estar contigo. Un hombre que no te ama, no estaría dispuesto a echarse al hombro toda una familia de mujeres desprotegidas. Un hombre que no te ama, dudaría del origen de sus hijos. Y haría mil cosas más, tan aborrecibles, todas y cada una de ellas, que no pienso repetirlas ni por un solo instante.
El labio inferior de Rosalie tembló por unos segundos. Y antes de lo que Emmett pudo predecir, la tuvo encima de sus hombros, golpeándolo con fuerza y empujando su cuerpo sobre el sofá. La tenía sobre él, con cada pierna al lado de su cintura.
—¡Yo no quiero que te hagas cargo de nadie! —le gritó, mientras sus ojos salpicaban saladas lágrimas, tan profundas para Emmett, como hirientes para Rosalie. —¡Ni que te cases conmigo por los niños! ¡Yo solo quiero que me ames! ¡Qué nunca te hayas ido de aquí! ¡Y que si lo hacías. Me llevarás contigo! ¡Carajo, Emmett! ¡Me iría hasta el fin del mundo si fuese necesario! ¡Me hubiese casado en una de esas horribles capillas baratas con tal de que me hicieses tu mujer! ¡Tú no lo entiendes!
Y muy al contrario. Emmett comprendió todo.
—Rose—le murmuró, con una sonrisa en los labios. Mientras sus ojos se centraban en la hermosa mujer que estaba sobre sus hombros, sacudiendo la prominente cabellera rubia que poseía—cariño, por favor. Escúchame.
— ¡Deberías cerrar tu maldita boca! —Exclamó mientras las lágrimas que se agolpaban en sus ojos caían sin césar— ¡Ni pienses en hablarme! ¡Cómo puedes hacerme esto!
—Cariño—susurró Emmett, juntando las delicadas manos de su novia con una sola de las suyas. Con cuidado, y mientras ella seguía moviéndose, las colocó debajo de su mandíbula.
Rosalie jadeaba por falta de aire. Su pecho se movía por impulso propio, y las palabras no podían salir de su boca sin secar más su tracto respiratorio. Abrió y cerró los ojos un par de veces, comprendiendo la situación en la que estaba, con las piernas completamente abiertas para Emmett. Y él, por supuesto, la observaba con una sonrisa de emoción en los carnosos labios.
—Deja de sonreír—jadeó, moviendo sus muñecas con el firme propósito de liberarse. Emmett soltó una gran carcajada, en cuanto ella le clavó la punta del tacón en el muslo. Para hacerlo, tuvo que remover su falda, dejando ver sus fantásticas y bien formadas piernas.
—¡Qué te calles! —le exigió, con el rostro descompuesto por la necesidad de respirar a un ritmo normal.
—Rose, solo cierra tu suave boca un momento—le pidió él, levantando sus manos y colocándolas detrás de su nuca. De tal manera que, Rosalie terminaba con el rostro a varios centímetros del suyo.
—No vas a convencerme con tus trucos—susurró ella, mirándole con claridad y determinación—Esta vez…
—Si en algo tienes razón—comenzó él, utilizando su otra mano para dibujar círculos concéntricos en la espalda baja de la rubia—es en toda mi pérdida de tiempo. Sin embargo, me parece que eso tiene solución.
—Aleja tus manos de mí—murmuró ella, tratando de aparentar indiferencia. Aún cuando, dentro de su cuerpo, las manos de Emmett y las sensaciones que estas producían, estaban enloqueciendo cada partícula de su ser.
—No lo hare—habló él, decidido. Y con seguridad, bajo la mano a la pierna derecha de ella, donde comenzó a realizar figuras sin sentido con su dedo índice. Rosalie sintió escalofríos, y buscó aferrarse al cuello de él, hundiendo sus largas uñas perfectamente manicuradas en su nívea carne.
—Me gusta cuando te pones ruda—ronroneó él, con cierta diversión en la voz. La sonrisa en el rostro no se le borraba por nada del mundo.
—¿Por qué me haces esto? —le preguntó la rubia, en un tono de voz desesperado. Bufó, haciendo berrinches una y otra vez, como si con ello consiguiera al menos una respuesta que eliminara la frustración de su cabeza.
—Por qué te amo—le susurró él, antes de atrapar los dulces labios de ella en un fuerte beso, rudo, apasionado, y lleno de todos los sentimientos que él profesaba por ella.
Rosalie sintió las dulces caricias que Emmett le propinaba a sus labios, buscando demostrarle que en realidad la quería, pero sin perder su toque posesivo. Algo que ella adoraba en su hombre. Ese estilo tan peculiar de Emmett para hacerla sentir la mujer más deseada del planeta entero, solo con su ardiente toque.
No quería responder al beso, y Dios sabe que no mentía en ello. Pero tenerlo así, con sus cuerpos juntos, sintiendo cada parte de la anatomía masculina de su novio, y las manos de este en su pierna y espalda baja, realmente la estaba enloqueciendo. Emmett, en un impulso descontrolado, por unirla más a él, le soltó las muñecas, y contrario a lo que pensaba, Rosalie hundió sus uñas en los fuertes bíceps de él, buscando sentir la fuerte contextura de sus músculos.
El cuerpo de Emmett hacía que sus ideas flotaran por la corteza terrenal, más allá de las nubes y la magia de la mitología griega. Él tenía todo bien puesto, en el lugar preciso. Y sobre todo, las manos más talentosas que nadie puede tener.
Él decidió que era hora de separarse, cuando Rosalie comenzó a jadear en medio del beso, aunque no sabía si era por la falta de aire, o por las ganas de producir ruiditos extraños en respuesta a sus capacitadas caricias. Sin embargo, jamás abandonó su piel. Ja. Como si pudiera hacerlo, después de meses sin verla. Sin tenerla.
—Te amo—le murmuró, con sus labios hundidos en la yugular de su novia. —Y no importa si no piensas creerme, serás mi esposa, y tendremos nuestro hijo. Y cada noche, antes de dormir, te voy a proponer mil formas diferentes de demostrarnos de la manera física más hermosa que conozca, cuanto te amo. Te haré mía tantas veces, que la vida se nos va a terminar, y no alcanzará. Y luego, al final del camino, tendré fuerzas suficientes para susurrarte lo mucho que te quiero, hasta el último suspiro de mi cansada vejez.
Rosalie se derritió por unos segundos, en los brazos de Emmett. Sintiendo como los labios del hombre le recorrían el cuello de inicio a fin, chupándolo, mordiéndolo, y besándolo una y otra vez. Mientras, sus manos se quedaron estáticas en los hombros de él. Sintiendo la textura de su piel bajo la camisa húmeda.
—Emmett—se atrevió a llamarle con voz ronca.
— ¿Hum? —respondió él, deteniendo su tarea en el hueco del hombro de la rubia, y aspirando el maravilloso perfume a lilas y lavanda fresca que ella emitía.
— ¿En realidad me amas?
— ¿Qué me impulsaría a hacer todo esto si no fuera por ello?
—Contéstame. —Le pidió ella, con voz suplicante, sin notar que sus dedos se fundían en uno solo con la carne de él.
Emmett suspiró, y con amor en los ojos, le miró fijamente, sin abandonar el fuerte sostén en la cintura de ella.
—Te amo más que a mi vida misma, Rosalie Lilian Hale. No soy bueno con las cosas románticas—un atisbo de sonrisa apareció en los labios de ella—como sabes, voy siempre al campo físico. Pero esa es mi forma de amarte, y no cambiaría lo que siento por ti, por nada en el mundo. Eres parte de mí, te necesito…no sé cómo decirte esto. Pero las palabras me alcanzan, al menos, para demostrarte que quiero construir mi vida contigo. Quiero verte a ti, cada mañana de mi vida, y escuchar tus berridos y tus gritos cuando meta la pata.
—Cállate—se rió ella, con una sonrisa clara y brillante, dibujándose a trazo lento en sus labios.
—Yo sé que cometí errores al irme, pero estoy dispuesto a responder cada una de las preguntas que me hagas. Quiero que sepas todo de mí, y quiero saber todo de ti. Y si entiendes mis razones, nuestro matrimonio será mucho más fácil.
—¿Mucho más fácil? —le preguntó ella, con la excusa implícita en la voz. No dejo de sonreír, tenía las mejillas sonrojadas por la falta de aire, y los labios brillantes, por las dulces caricias que él había impartido en esa zona.
—Si no quieres escucharme—susurró él, besando despacio el labio inferior de ella—entonces te rapto, y luego, me casó contigo.
Ella se rió, y le devolvió el beso con pasión, con ansias de más.
—Creo que puedo escucharte Emmett, ya sabes, para hacer las cosas más fáciles—le besó con tan solo un roce, y luego se separó de él para mirarle a los ojos—y en cuanto al bebé…
— ¡Tenemos que hacernos una prueba! —exclamó él, feliz. Con una mano sobre el vientre de su novia, de manera inconsciente.
—No aquí—susurró ella, en voz avergonzada—la gente de este pueblo, ha hablado tanto de mí…
Emmett suspiró.
—No aquí—prometió mirándola con dulzura—pero…supongo que en otro lugar.
—Está bien—murmuró ella, agradeciéndole con una sonrisa en los labios.
— ¿Eso significa que puedo volver a estar contigo? —Emmett le preguntó con un toque de desesperación y esperanza en la voz. Sus ojos brillaban como los de Calvin y Hobes en las caricaturas del periódico matutino. Pensó ella.
Rosalie rió.
—Eso significa—susurró atrayendo el rostro de él hacia el suyo, para luego depositar un corto beso en sus labios—que te quiero—besándole de nuevo—y que puedes volver conmigo cuando quieras.
Emmett la abrazó tan fuerte, que las piernas de ella le fallaron, y se ató a sus hombros.
A fin de cuentas, solamente estaban en un sofá.
—Aún tienes que responder un par de cosas—le murmuró ella al oído, después de otra larga sesión de besos, donde Emmett había detenido su ímpetu lujurioso por respeto a la reciente disputa que habían vivido.
—Lo sé—respondió él, trazando con el dedo índice, las flores de la falda de Rosalie—y te lo voy a contar todo.
— ¿Cuándo?
—Hoy—suspiró él, besándola con delicadeza, sin abandonar un suave masaje en el vientre ligeramente abultado, de su novia.
—Comienza—le pidió ella, mirándola con ojos alucinantes.
Él suspiró, y con fuerza en los pulmones, comenzó a relatar la historia más larga e importante de su relación con Rosalie. Lo que había marcado un antes y un después en su corta vida.
Hola!
Agradecimientos especiales a: Denisse-Pattinson-Cullen. DCullenLove. ShArIcE-94. Tania XD.
Chicas, espero que les este gustando el fic. Actualice pronto porque se lo merecen. Son mis súperheroínas favoritas XD. Les avisó que el lunes en la noche se cierra el poll, aunque tengo la intención de acabar en mis días de vacación este mini-fic, y continuar con Cry, que también está muy bueno ¿Se han pasado por él? ;D Les invito a que lo hagan, estoy poniendo bastantes ganas en ambos fics. En mi perfil, encuentran la portada de la historia, y fotos de los vestidos y zapatos de Rosalie, pásense por allí.
*No olviden dejar sus hermosos comentarios, y también votar en el poll. Muchísimas gracias por dejarlos, y ayudar a que la historia siga adelante. ¡Esta vez si los conteste todos!
*Tengo formspring! Si tienen alguna duda, pregunten lo que sea, y bueno ¿Quién quiere saber porque la historia es M? Averiguénlo el próximo capítulo! XD
Besos
Valhe
