Cuando el comandante Carlo Eyzaguirre miró por la ventana la ciudad que se encontraba bajo él mientras viajaba en ese carro volador, terminó de convencerse de que efectivamente se encontraba en el año 2084.
Si bien había carreteras y carros que viajaban por estas, algunos "carros" volaban por donde quisieran dirigiéndose directamente a su destino. No vio tierra por ningún lado, porque todo era césped y árboles donde no había edificios. Estos edificios, todos de un estilo futurista, se encontraban separados entre sí y rodeados sin excepción de autopista, de modo que no existían cuadras. Además de la entrada para autos, cada edificio contaba con una serie de huecos circulares cerca por donde, ahora sabía, ingresaban y salían los autos voladores.
Le sorprendió no ver gente en las calles. Es más, le sorprendió no ver calles, ya que las pistas eran sólo eso: pistas sin veredas a los lados. Luego Galindo Ferrero le explicó que la gente se movilizaba por los tubos y se los señaló. Por todos lados vio unas pequeñas torres interconectadas por lo que parecían unos túneles transparentes. Dentro de ellos distinguió gente, la cual viajaba parada y flotando a la velocidad de un carro. Se lo repitió una vez más un poco incrédulo: "la gente viaja flotando... la gente viaja flotando".
Maravillado ante esta civilización y lo que estaba viviendo, se le vino a la cabeza la primera revelación de lo que podía hacer en el 2084 y gritó emocionado.
- Dentro de unos años... probablemente seré la única persona en presenciar el centenario... ¡y el bicentenario de mi Alianza!
- ¿Su alianza? ¿Con quién está aliado? Comandante, usted no tenía más de 100 años cuando fue puesto en animación suspendida. Es más, ni tenía 50. Perdone que sea tan directo pero es matemáticamente imposible que tenga una alianza de dos siglos.
- Ferrero... no me vengas con tonterías. Alianza Lima, fútbol, Copa Cablemágico. ¿De verdad no sabes de lo que estoy hablando?
- ¡Ah! Fútbol, el deporte más popular en sus tiempos. Asumo entonces que este Alianza Lima fue su equipo de fútbol favorito. Vaya... un equipo de fútbol que en su época ya tenía más de un siglo. Debió haber sido un gran equipo sin lugar a dudas. Comandante, lamento informarle que el fútbol ya no se practica y el deporte más popular de nuestros tiempos se llama gravball.
El comandante, un poco decepcionado, estuvo el resto del viaje callado. Tal vez uno de esos días iría a verse un partidito de gravball. Solo esperaba que por lo menos algún equipo tuviese el uniforme blanquiazul.
El carro volador se detuvo encima de uno de esos huecos circulares y comenzó a descender. Al costado se encontraba un pequeño edificio rectangular, de pocos pisos de alto y con un techo que parecía el de una fábrica o un almacén. Pequeño, simple, poco llamativo, perfecto, pensó el comandante. Mientras descendían Galindo le anunció lo que sospechaba: habían llegado a Base 1.
El comandante ya se estaba cansando de sentirse un completo cavernícola. El "ascensor" era un área donde el aire era púrpura y Galindo pudo avisarle que, una vez dentro de esa zona, iba a flotar hacia arriba; pero el correcto hombre del gobierno parecía tener su lado bromista.
Una vez arriba, Galindo Ferrero le mostró las instalaciones de Base 1: su cuartel general.
Primero visitaron el laboratorio de física cuántica donde el comandante conoció al equipo de 5 científicos liderados por la jefa del mismo: Tatiana Shadrin. Ella le explicó acerca de las pirámides por donde habían aparecido los ovnis y le dijo que se encontraban investigándolas para saber más de ellas. El comandante estuvo conforme por lo que pasaron a ver el laboratorio de bioquímica.
Ahí, los 5 bioquímicos se encontraban liderados por Arlie Zegarra, una de las grandes mentes del mundo de la bioquímica según le explicó Ferrero. Se trataba también de uno de los hombres más altos que el comandante había visto. Este equipo se encontraba ideando un compartimiento especial para transportar alienígenas vivos y muertos, el cual pensaban instalar en los vehículos para así llevar a los extraterrestres a la base con el fin de estudiarlos. Incluso ya habían bautizado el compartimiento como el módulo de bio-transporte. El comandante les dio el visto bueno para que prosigan y siguió su tour.
Finalmente llegó al taller de ingeniería donde para su sorpresa no había nadie. Ferrero le comentó que por el momento los ingenieros no tenían nada que construir, que estaban esperando el desarrollo del módulo de bio-transporte para comenzar a trabajar. El comandante entendió que hasta en el futuro hay vagos y siguió su tour.
El lugar contaba además con dos depósitos donde había motores, armas, municiones y comida, entre otras cosas; un centro médico sin actividad (por el momento); un taller de reparaciones para los vehículos (también desierto por ahora); tres cuarteles con instalaciones para vivir; un "psi-gym" - según lo llamó Ferrero - para agentes con habilidades psíquicas excepcionales y un espacio acondicionado para contener alienígenas. El comandante creyó haberlo visto todo cuando finalmente Ferrero lo guió a la última parada del tour: el gimnasio.
El lugar tenía todo lo necesario para entrenar, máquinas para fortalecer músculos, blancos para practicar puntería y unas máquinas que mejoraban tus reflejos. Además, todas estaban ocupadas. En el lugar se encontraban uno, dos, diez agentes según pudo contar el comandante; todos vestidos con un uniforme para entrenar, concentrados en sus tareas y – según le contó Ferrero - escogidos cuidadosamente por él mismo para ser los pioneros en la organización.
- ¡Atención! Agentes, deseo presentarles al que manejará todo el proyecto X-COM: el comandante Carlo Eyzaguirre.
Los 10 agentes dejaron cada uno lo que estaba haciendo y se acercaron, con rigurosidad militar, para formar una línea a la derecha de la entrada donde se encontraban ambos, de tal manera que conforme el comandante y Ferrero fuesen caminando y girasen estarían frente a frente con cada uno de ellos. El comandante miró a sus 10 agentes (7 hombres y 3 mujeres según pudo ver) y recordó cuando él se encontraba en esa misma posición, entusiasmado ante la idea de matar hombrecitos verdes sin tener realmente idea en lo que se había metido. Ahora le tocaba ser a él el viejo lobo.
Se olvidó de Angélica, de su desaparecido Alianza y de las vergüenzas que pasó con Ferrero y puso su cara militar de revisar tropas. Con semblante serio y caminar autoritario, avanzó unos pasos y miró de frente a la primera de la línea. La chica no tenía ni 30 años, era trigueña, algo alta y el pelo largo le pasaba los hombros. Su cara, aunque seria en ese momento, era bastante bonita.
- Nombre.
- ¡Agente Azucena Flores, señor!
- ¿Por qué ha ingresado a X-COM, agente Flores?
- He servido 10 años exitosamente en Megapol, señor, pero ahí no podré enfrentar la amenaza alienígena.
- ¿Esta segura que eso es lo que quiere? ¿Está consciente que es probable que muera en combate?
- ¡Si, señor! Pero si antes puedo llevarme conmigo a algunos de esos malditos extraterrestres habrá valido la pena.
10 años en Megapol y una actitud temeraria: la agente Flores iba en serio.
El comandante siguió avanzando satisfecho con la primera agente y se acercó al siguiente agente. Este era negro y un poco más viejo, alrededor de 40 años. Tenía una pequeña barba que se fundía con su bigote.
- Nombre
- ¡Agente Beto Di Laura, señor!
- ¿Cree que tiene lo necesario para poder ser un agente de X-COM?
- Con todo respeto, señor, de no creerlo no me hubiese enrolado, señor.
El comandante Eyzaguirre se sonrió. Le había tocado uno un poco rebelde. Y no era para menos, ya que el agente Di Laura aparentaba ser incluso un poco más viejo que él mismo.
- Agente Di Laura, si le pregunto esto es porque yo mismo me enrolé en X-COM y fue peor de lo que imaginé. No es simplemente una guerra u operativos antiterroristas, esos malditos alienígenas pueden ser unos verdaderos desgraciados.
- ¡Disculpe, señor! He participado en muchas guerras y visto muchas muertes y sí, si creo tener lo necesario, señor.
- Bien.
Un hombre experimentado que piensa que lo ha visto todo: el agente Di Laura podría confiarse demasiado durante el combate contra los extraterrestres y eso no era bueno. Tendría que explicarle luego que contra un enemigo no humano no puedes asumir nada.
Avanzó unos pasos más para encontrarse cara a cara nuevamente con otra agente. Esta tenía la tez blanca, un pelo rubio que le rozaba los hombros y una cara que aparentaba 30 años.
- Nombre.
- ¡Agente Iris Vásquez, señor!
- Agente Vásquez ¿Qué la trae aquí?
- Mi hijo... murió en la primera excursión alienígena, señor. Quiero venganza.
El comandante decidió mejor no preguntar más y dejar a la mujer tranquila, que sus ojos ya se enrojecían. Asintió en silencio y siguió la revisión.
Ante sí se encontraba ahora un soldado alto de tez oscura que usaba lentes oscuros y una boina militar. No podía decirse donde comenzaban sus patillas, su barba o su bigote ya que todo era lo mismo. Al comandante este agente le pareció una versión más delgada de Mario Baracus.
- Nombre
- ¡Agente Edwin Jay Crow, señor!
Y con ese nombre al comandante este agente le pareció aun más una versión delgada de Mario Baracus.
- Agente Crow ¿Qué tanto cree que le servirá la fuerza bruta durante el combate?
- Creo que definitivamente será un factor, señor.
- Agente Crow, la fuerza sólo le servirá para llevar mas armas al combate, pero de nada le servirán si no tiene la destreza para utilizarlas.
Dejó de mirar al agente Crow para pasear por los otros agentes.
- Esto va para todos ustedes. El enemigo, señores, nos supera en tecnología, y por lo tanto cuenta con mejores armas. No esperen romperle la cara a los extraterrestres porque estarán muertos antes de acercarse. Ténganlo muy en cuenta.
El comandante se acercó al siguiente soldado de la fila. Este era el más chato del grupo (aunque 1.75mts. no es exactamente chato), lo cual le llamó bastante la atención. Llevaba lentes y el pelo peinado de lado.
- Nombre.
- ¡Agente Mauricio Rodríguez, señor!
- Agente Rodríguez ¿No es usted muy chato?
- Usted acaba de decir que la fuerza no importa, señor. Y déjeme decirle que soy chato pero eso no es ninguna desventaja. Soy muy molestoso para el enemigo y efectivo en combate, señor. Mis compañeros en Marsec me apodaban "El Grillo" precisamente por ser pequeño, pero jodido.
- ¿Marsec? ¿Qué es eso, agente Rodríguez?
El agente Rodríguez miró al comandante extrañado por la pregunta.
- Señor, Marsec es...
Pero antes de responder Ferrero se acercó al comandante para decirle algo al oído.
- La corporación Marsec es la Mars Security, comandante. Es la organización encargada de la seguridad de las colonias en Marte, y déjeme agregar que hacen muy bien su trabajo. Se trata de una organización parecida a X-COM, comandante.
El comandante escuchó la explicación y asintió. Aprobó con la mirada a "El Grillo" y avanzó hacia el siguiente agente. Sin embargo, a ninguno de los soldados se les pasó el despiste del comandante. Era imposible que nunca haya escuchado de Marsec. Algo pasaba ahí.
El comandante se acercó a la tercera y última mujer. Era trigueña y menudita. Su pelo lacio negro le cubría un poco la nuca, ya que no lo llevaba suelto sino con una cola de caballo.
- Nombre.
- ¡Agente Liz Herrera, señor!
Luego de mirarla frente a frente y detenidamente el comandante Eyzaguirre llegó a una conclusión: con la agente Flores y la agente Herrera en las filas de X-COM los demás agentes seguro se desconcentrarán mas de una vez.
- Agente Herrera ¿Qué le hace creer que debe estar aquí?
- Mis numerosas condecoraciones y experiencia en combate armado, señor. Fui la primera en ascender a oficial dentro de toda mi promoción.
El comandante asintió asombrado. Se trataba de soldados efectivamente. Ya estaba mas tranquilo. Por un momento había pensado que a Ferrero se le habían colado los nombres de dos modelos dentro de la lista de posibles agentes de X-COM.
El comandante pasó al siguiente recluta, un hombre viejo y de tez oscura. Usaba unos anteojos y traía el pelo cortado al ras y teñido de rubio.
- Nombre.
- ¡Agente Koki Foley, señor!
Ese apellido le sonaba de algún lado al comandante. Finalmente se acordó.
- Agente Foley... de casualidad... ¿Alguno de sus antepasados no habrá estado en el negocio de la lucha libre?
- Mi tatarabuelo, señor. Se llamaba Michael Francis pero le decían de cariño Mick, señor.
El comandante se quedó pasmado. Tenía en sus filas nada más y nada menos que al tataranieto de Mick Foley. ¡El tataranieto de Mankind, Cactus Jack y Dude Love! Como el comandante se había quedado callado, el agente Koki Foley buscó romper el silencio.
- Señor, sobre mis medallas quería decirle que cuento con...
- No es necesario, agente Foley. Así fuera usted un barrendero igual lo aceptaría en las filas de X-COM. Usted lleva el coraje en la sangre.
- ¿Qué es un barrendero, señor?
- Olvídelo
El cavernícola actuó como si no hubieses pasado nada, ignorando las miradas extrañadas de todos los soldados y se acercó al siguiente agente.
Era calvo, tendría unos 30 años, de tez oscura y su cara tenía una apariencia extraña. El comandante Eyzaguirre miraba con curiosidad la cara del agente, tratando de encontrar ese algo que le parecía raro, mientras el soldado que tenía delante trataba en vano de actuar normalmente.
- Mi ojo izquierdo es biónico, señor.
- ¡¿Le he dado permiso para hablar, soldado?!
Nada como un poco de rudeza para que los agentes se olviden de lo del barrendero.
- ¡Señor, no, señor!
- ¡¿Entonces por qué demonios me habla?! ¡Nombre!
- ¡Agente Ignacio Schwalb, señor!
- ¿Qué le pasó en el ojo, agente Schwalb?
- Una misión en una colonia marginal de Marte, señor. Un francotirador me tenía en la mira pero afortunadamente solo me vació el ojo. La pequeña colonia no tenía un centro médico adecuado para reconstruirme el ojo y sólo pudieron ponerme este implante.
¿Implante? ¿A eso le llamaban implante? El implante era tan real que el comandante solo había podido percibir que su cara tenía algo raro. No fue hasta que el mismo agente le explicó cuando se dio cuenta donde estaba eso raro que había percibido. Estaba a punto de hablar cuando Ferrero se le acercó nuevamente.
- Déjeme aclararle que el implante no es sólo estético, señor. El agente Schwalb tiene dos ojos totalmente funcionales.
Galindo Ferrero le había leído la mente, ya que estaba a punto de preguntarle al agente Schwalb exactamente eso. Contar con un soldado tuerto era una ventaja que no pensaba concederle a los extraterrestres.
El comandante se dio cuenta de algo curioso: si bien todos los agentes tenían varios operativos a cuestas y experiencia en combate, ninguno tenía aparentemente heridas de guerra. El agente Schwalb era el único con una "cicatriz" - la cual era casi imperceptible - y al parecer fue sólo porque a la mano no había el equipo necesario para... ¿reconstruirle el ojo? Decidió dejar esos pensamientos para luego y proseguir con la inspección.
Luego de avanzar un poco se encontró frente a un soldado bastante joven de pelo castaño peinado hacia un lado. Su cara afeitada lo hacía parecer mas joven aún, aunque probablemente rondaría los 24 años.
- Nombre
- ¡Agente Gines Frayssinet, señor!
- ¿Cuáles son sus experiencias de combate, agente Frayssinet?
- He participado en muchas guerras, señor. Para ser sinceros, en prácticamente todas las guerras en las que ha combatido el agente Di Laura. Somos muy buenos amigos, señor. Permiso para hacerle una solicitud, señor.
- Adelante.
- Yo y el agente Di Laura hemos luchado siempre juntos y nos comprendemos bastante bien. Hacemos un gran equipo. Quisiera que considere eso a la hora de asignar los escuadrones para que podamos estar en el mismo.
-Lo tendré en cuenta, agente Frayssinet.
Definitivamente iban a necesitar trabajo en equipo, y se alegró de tener agentes que ya hayan combatido juntos. Se acercó finalmente al último agente de la fila. Era un agente de casi 30 años, de tez clara y pelo negro corto, ojos negros y una barba del mismo color que se fundía con su bigote.
- Nombre
- ¡Agente Gustavo Cerati, señor!
- ¿Cómo?
- Esteee... ¡Agente Gustavo Cerati, señor!
Por un segundo el comandante pensó que se le iba a acercar una cámara y los diez agentes con Ferrero le iban a decir que todo era una joda de Tinelli. Como no pasó nada de eso, el comandante siguió en lo suyo.
- Hmmm... ¿Su nombre tiene alguna razón de ser, agente Cerati?
- ¡Señor, no, señor!
- ¿Por qué se ha enrolado en X-COM, agente Cerati?
- Soy un soldado, señor, mi profesión es acabar con el enemigo. Prefiero que el enemigo no sea humano.
- Muy bien... muy bien...
Este Cerati no se parecía al que él conocía, pero por lo visto había caído en la organización ideal.
El comandante dio media vuelta y miró a todos nuevamente. Esos eran los diez primeros agentes del reactivado X-COM. Sin duda Ferrero había hecho un buen trabajo.
- Rompan filas, señores, y sigan con los ejercicios que estaban haciendo.
Mientras los agentes volvían a su entrenamiento Ferrero y el comandante Eyzaguirre se quedaron observando a los agentes, sacando algunas conclusiones con respecto a las habilidades de cada recluta. Miró al agente Schwalb disparándole a un blanco y una idea volvió a su mente.
- Ferrero ¿Pueden reconstruir ojos?
- Naturalmente, comandante. Actualmente ningún accidente deja cicatrices.
El comandante se quedó un momento pensando y llegó a la conclusión de que no iba a deshacerse de sus cicatrices. Pensó en lo aburrido que debe ser contar una historia y no poder cerrarla mostrando orgulloso la huella que te dejó en el cuerpo. Se encontraba así divagando hasta que su mirada se detuvo un momento en el agente Cerati. De pronto se puso a silbar una tonada.
- ¿Podría decirme qué canción es esa, comandante?
- De Música Ligera. ¿No la conoces no Ferrero?
Tarareó y luego cantó la canción esperando que Ferrero le diga que sí la conocía, pero naturalmente eso no pasó. Hasta dijo "gracias totales" pero para Ferrero esas palabras no significaban nada.
- Comandante, más bien me gustaría guiarlo nuevamente al depósito para explicarle los detalles de todo el armamento con el que contamos.
Aceptó, así que salieron del gimnasio y dejaron a los agentes seguir en lo suyo. Durante todo el camino al almacén el comandante se la pasó silbando "Persiana Americana".
En el almacén Ferrero le mostró el arsenal disponible. Se demoraron unas dos horas hasta que el comandante se familiarizó con todas las armas, así como con las características de cada una. Con esto en mente el comandante ya tenía una idea de cómo equipar a cada agente, ya que ya conocía las habilidades de cada uno luego de verlos entrenar. Fue en ese momento en que un ruido estridente se escuchó por los parlantes que había en toda la base. El comandante se tapó los oídos incómodo y le pregunto a Ferrero qué era eso.
- La alerta, comandante. Se ha detectado presencia alienígena en alguna parte de la ciudad.
