Parte III


—Eso nos da un retraso de una semana más. —Kurt no podía creerlo. Su abogado le estaba pidiendo que pasara una semana más en Lima.

—Pero, ¿por qué? —El hombre volvió a mirar sus papeles.

—Lo siento, Kurt. Tu padre aún tenía asuntos pendientes en el Congreso y esos inventarios llevan su tiempo. Además, ¿ya has decido que harás con los talleres? Es primordial saber el destino de esos lugares. —Kurt se mordió el interior de la mejilla. No quería decidir sobre eso.

—Bien, entonces esperaré esa semana más.

Dos días después, Kurt estaba inquieto; no sabía qué hacer con su tiempo libre. Por las mañanas estaba escribiendo unas canciones y ayudando con algunas cosas de su padre pero las tardes se le hacían pesadas. Estaba aburrido, abrumado y quería olvidarse de esos sentimientos. Buscó las llaves del coche de su padre y salió de casa manejando sin rumbo. No le sorprendió mucho encontrarse de pronto frente a la casa de David Karofsky. La puerta estaba abierta. Kurt alcanzó a ver los dos perros de Dave corriendo por el jardín. Segundos después vio a Dave salir de la casa con dos enorme paquetes de lo que parecía ser comida. Kurt se mordió el labio inferior. Dave se veía caliente haciendo algo tan mundano. Cuando lo vio caminar hacia él casi arrancó el coche pero se contuvo; era una segura estrella de Broadway y no tenía por qué huir.

—¿Kurt? ¿Qué haces aquí? Pensé que ya estarías en Nueva York. —Kurt negó para luego bajar del coche.

—Las cosas se han complicado un poco. —La mirada afable de Dave cambió.

—¿Necesitas algún tipo de ayuda? —Kurt negó caminando hacia la casa de Dave.

—¿Vas de salida? —Los perros de Dave corrieron hacia ellos pero se detuvieron en el momento en que Dave les lanzó una orden.

—Tengo que ir al asilo a dejar comida. —Kurt sonrió. Sí, Dave era el G.I. Joe gay—. No sé si estás muy ocupado pero puedes acompañarme.

Kurt se colocó el cinturón de seguridad de la camioneta de Dave preguntándose vagamente por qué había aceptado acompañarle. Ya sabía la respuesta, sólo que no la quería escuchar. Dave arrancó y condujo en silencio. Kurt tenía verdadera curiosidad y decidió preguntar.

—Así que asilo… ¿Por qué? ¿Alguna penitencia que cumplir? —Para su sorpresa, Dave se puso serio de pronto pero luego le dio una leve sonrisa.

—Algo así. Conocí el asilo por mi madre. —Kurt tragó saliva—. Ella está allí. —Hummel abrió y cerró la boca. No sabía qué decir—. Enfermó hace unos meses y no quiso que yo me hiciera cargo; prefirió el asilo. —Vio las manos de Dave resbalar suavemente por el volante—. Nuestra relación nunca mejoró —le dijo Dave resignado—. Ella es lo único que me queda y, aunque ella no quiera, soy su hijo. Así que cada semana voy, dejó alguna ayuda y les llevó alguna comida distinta de la que tienen habitualmente. Mi madre nunca habla conmigo, ni siquiera se me acerca pero… Ella es el único pariente vivo que me queda.

Kurt cogió lentamente el antebrazo de Dave y le dio un fuerte apretón para reconfortarle un poco.

Kurt estaba intentado separar la idea del Dave que había visto en el centro comunitario, lleno de sonrisas condescendientes y ayudando en todo lo que le pidieran y un poco más, y ése Dave entregado, sudoroso, con la verga palpitando dentro de la boca de Kurt. Aunque sabía que no había mucha diferencia; Dave se entregaba al cien en todo lo que hacía. Y Kurt estaba disfrutando tanto de chuparle la polla… Dave gemía y dejaba que Kurt le explorara poco a poco. Separó la boca de la polla de Dave y subió lentamente por su cuerpo para empezar a frotarse en serio. Karofsky gruñía tanto que parecía estar en celo. Se corrieron juntos, jadeando tan fuerte como sus gargantas se lo permitieron.

Cuando Kurt regresó a su casa a la mañana siguiente, pensó en que no volvería a ver a Dave, que se tendría que marchar, pero cuando recibió la llamada de su abogado aumentando el plazo de su estancia Kurt tuvo que admitir no le importaba el retraso y que quería pasar todo ese tiempo al lado de Dave. Se descubrió yendo a su casa cada tarde y pasando las horas en su cama, en su sofá, en su cocina y un cualquier rincón posible para follar sin importar que hubiese algo para apoyarse o no; bastaban los fuertes brazos de Dave sosteniéndole. Y ése era uno de los deleites de Kurt.


—Creo que deberíamos salir a cenar. —Dave le besaba lentamente el cuello. Habían estado en su cama durante toda la tarde.

—No quiero salir de la cama. —Estiró el cuerpo frotándose a propósito con Dave y haciendo que gruñera.

—Tenemos que hacerlo; no he ido a comprar y no hay nada. —Kurt suspiró satisfecho cuando Dave le mordió el lóbulo de la oreja.

—¿A Breadstix? Es el único lugar decente aquí, ¿no?

—No, hay un lugar nuevo y conozco al dueño. —Kurt no pudo evitar ronronear cuando Dave pellizco sus pezones.

—¿Antiguo amante? —Dave rió profundamente.

—No, para nada. —Le dio a Kurt una palmada en las nalgas y luego bajó de la cama—. Anda, vamos. —Kurt rodó los ojos y a regañadientes salió de la cama.

Kurt estaba genuinamente sorprendido de encontrar un lugar tan bonito en Lima. Era un restaurante bastante lujoso pero también tenía una calidez que Kurt agradecía. Dave lo había llevado del brazo por el lugar y él había sonreído cuando alguien lo había reconocido y le había pedido un autógrafo. Cuando por fin pudieron sentarse, Kurt apreció el excelente trato que tenían los meseros del lugar.

—Las ensaladas son geniales —le mencionó Dave mientras pedía un buen corte de carne y Kurt hacia un mohín de disgusto.

—Es un gran lugar, David. —La gran mano de Karofsky cubrió la suya. Kurt se estremeció y casi pudo notar que se sonrojaba, pero se mantuvo a raya.

—Espero que la comida te agrade.

Unos minutos después la comida llegó a su mesa. Empezaron a hablar de los nuevos chismes de Lima, de las relaciones de los chicos, del nuevo club Glee y sus mismos problemas de siempre… Kurt seguía encantado por la facilidad que tenía Dave para contarle todo tipo de historias y también para escucharle atento cuando hablaba de sus obras y sus compañeros de escena. Estaban riendo cuando una voz familiar llamó a Dave por su nombre.

—¿Dave? —Kurt tenía una excelente memoria y podía recordar a la perfección a Trent Nixon, su antiguo compañero de Dalton.

—Trent. —Dave le sonrió—. Ustedes se conocen, ¿cierto? —Trent asintió mientras miraba a Kurt como si fuera un espectro.

—Sí, ustedes… —Trent no podía articular palabra—. Yo… —Miró hacia su mesa; sus acompañantes parecían inquietos—. Tengo que irme. Me dio mucho gusto verte, Dave. Y Kurt. —La voz de Trent se volvió más apretada—. Siento lo de tu padre.

Kurt miró a Trent yendo a su mesa. Dos de las chicas que le acompañaban no dejaban de mirar hacia ellos.

—Eso ha sido extraño. ¿De dónde se conocen Trent y tú? —Dave masticó lentamente el pedazo de carne que tenía en la boca.

—Bueno, nos conocemos porque fuimos pareja. Terminamos hace algunos meses. —Kurt abrió la boca cómicamente. No se lo podía creer.

—¿Trent y tú? —Dave asintió.

—Trent es decano en Dalton. Nos conocimos, nos tratamos y luego empezamos a salir. —Kurt no sabía qué decir—. No creas que esto es de rebote o algo así, Trent y yo terminamos hace como nueve meses y ya está más que superado.

—¿Nueve meses? Un momento. ¿Terminaron tres meses después de que tu padre murió? —Dave se lo pensó un poco y luego asintió.

—Sí, él me puso el cuerno justo por esas fechas. —Kurt casi escupió el vino cuando Dave le dijo la razón de la ruptura.

—¿Trent te engañó? —No pudo evitar mirar hacia la mesa de su ex compañero de Dalton.

—Sí, con un maestro de la academia. Me lo confesó y yo lo terminé. Evidentemente no podía estar con él después de eso. No nos habíamos visto desde ese entonces y creo que le ha sorprendido mucho que estuviera aquí contigo. —Dave colocó los cubiertos sobre su plato y cogió las manos de Kurt—. ¿Te incomoda? Podemos marcharnos…

Kurt negó. A Dave le habían puesto los cuernos y resultaba que se preocupaba más por los sentimientos de incomodidad que él pudiese tener. Kurt se inclinó un poco para besarlo dulcemente. Estaba decidió a que el resto de la cena fuera aún más espectacular.


El mes pasó demasiado rápido para Kurt. Sabía que había tomado cualquier pretexto para quedarse en Lima y, por ende, con Dave, pero se estaba quedando sin excusas y pronto tendría que regresar a Nueva York. Lo único que faltaba era decidir qué hacía con los dos talleres de su padre. El dinero para las liquidaciones estaba en su cuenta y ya sólo tenía que firmar los cheques, sin embargo, no terminaba de aceptar la idea de deshacerse de la obra de su padre. Decidió darse una semana más de plazo para decidirlo y también para pasarla al lado de Dave y cerrar para siempre ese capítulo en la vida de ambos.

El jueves por la mañana Kurt salió de la cama de Dave con una idea en mente. Por lo regular ese día de la semana era el más complicado para David y llegaba muy tarde y cansado. Los tres jueves que había estado a su lado habían sido noches de sexo dulce y mimoso. Para agradecérselo Kurt pensó en darle una sorpresa. Se dio un baño y se vistió con sus mejores vaqueros y una camiseta que le quedaba a la perfección. Sabía que se veía de maravilla y ahora quería que Dave se lo confirmara. Manejó hacia McKinley y se paseó por los pasillos como si fuera un alumno más. Como siempre, en la escuela había poca vigilancia. Logró llegar a la oficina del consejero. Ni siquiera eso había cambiado; era la misma oficina que había ocupado la señorita Pillsbury solo que ahora, por suerte, las paredes no eran de vidrio. Golpeó la puerta y sonrió para sus adentros cuando escuchó la voz de Dave.

—Pase. —Dave miraba unos papeles, tenía el nudo de la corbata un poco suelto y estaba en mangas de camisa, sin embargo, se veía muy bien.

—Buenos días, señor Karofsky —dijo Kurt con su mejor voz inocente—. La señora Hagberg me ha enviado para que hable con usted. Dice que mi comportamiento en clase es sumamente inadecuado. —Vio Dave tragar saliva y mirarle hambriento de deseo.

—Señor Hummel —tartamudeó un poco—, ¿qué clase de comportamiento? —Dave lo miró de arriba a abajo y se humedeció los labios.

—No lo sé, señor. Simplemente no puedo concentrarme en clase. —La mano de Kurt fue lentamente hacia la de Dave—. Es que no puedo dejar de pensar en usted. —Dave gimió suavemente.

—¿Piensa en mí? ¿Cómo? —Las pupilas de Dave se dilataron.

—Pienso en… tocarle, en que me toque, pienso en sus manos sobre mi cuerpo…, pienso en usted, seduciéndome, follándome…

—Eso es muy inapropiado, señor Hummel —jadeó Dave. Kurt caminó hasta él, se colocó entre sus piernas y apoyó las manos sobre los amplios hombros del consejero.

—No puedo evitarlo, señor. Lo necesito.

Dave lo atrajo de golpe hacia su pecho y lo besó descuidadamente y gimiendo de forma lasciva. Las grandes manos de Dave le masajearon las nalgas. Kurt se separó de él para hincarse de rodillas y bajarle el pantalón dejando al descubierto su polla dura y goteante. Kurt se puso de pie. Lentamente, se sacó sus costosísimos pantalones y se mostró desnudo de la cintura para abajo. Se giró para mostrarle a Dave la espalda y movió las manos lentamente por sus nalgas para separarlas; se aseguró de que Dave viera la base del plug. Se acercó lentamente a Dave, se montó en sus piernas y le masturbó, dándose cuenta de que estaba imposiblemente duro. Muy despacio, llevó la mano de Dave hasta la base del juguete.

—Me preparé para usted, señor Karofsky. Podía imaginar lo grande que era. —Dave se relamió los labios mientras jugaba un poco con el plug—. ¿Puedo montar su polla, señor Karofsky?

—Sí, puede hacerlo. —Karofsky le sacó el juguete

Dave le ayudó un poco mientras Kurt empezaba a cabalgarle. No debían gemir muy alto porque podrían ser descubiertos en cualquier momento. Estaban bastante excitados por todo el juego previo. Kurt sólo quería montarle hasta que ambos se derramaran. Con las manos temblorosas, desabrochó la camisa de Dave y con las palmas recorrió todo ese pecho lleno de músculos y sedoso vello. Sintió las caricias de David sobre su polla. Kurt se corrió primero bañando todo el pecho de Dave del blanco de su leche. Tuvo que tragarse un gemido cuando sintió a Dave corriéndose profundamente en su interior. Después se desplomó jadeante sobre el pecho de Dave.

—Kurt… —hablaba Dave sin aliento—, ¿cómo se te ha ocurrido esto? Mierda, casi me matas. —Hummel sonrió besándole el cuello y luego los labios.

—Quería que tuvieras un buen recuerdo de este jueves. —Dave sonrió cansado mientras Kurt se incorporaba poco a poco, recuperando el juguete del escritorio de Dave y colocándoselo de nuevo—. Más tarde voy a querer que lo quites con la boca. —Vio como la polla de Dave regresaba un poco a la vida—. Dije más tarde, Karofsky. —Lo vio sonreír mientras se vestía de nuevo.

—Eres demasiado excitante, Kurt. —Hummel terminó de vestirse y rodeó el cuello de Dave con los brazos.

—Lo sé. —Se besaron hasta que escucharon el timbre del cambio de hora—. Tengo que irme; sé que tienes el día demasiado pesado. —Dave no lo liberó.

—No podré pensar en nada que no seas tú y ese bendito culo tuyo. —Dave le cogió las nalgas entre las manos.

—Lo siento pero tendrás que esperar hasta llegar a casa.

Se separaron a regañadientes. Dave se detuvo justo antes de abrir la puerta y besó de nuevo a Kurt mientras lo hacía.

—Oh…, lo siento. —Kurt se separó de Dave al escuchar la voz de Trent—. Pensé que… Ustedes… Yo… Necesito hablar contigo, Dave.

—Me voy, David. —Kurt estaba pasando el umbral cuando Dave lo detuvo por la muñeca y le besó en la mejilla.

—Intentaré llegar más temprano a casa.

Kurt se sintió extraño, como si estuviese celoso, y es que… lo estaba. No quería imaginar a David a solas con Trent en su despacho, en el despacho en el que acababan de follar. Cerró los ojos sintiéndose más ridículo que nunca. David era un hombre libre y Kurt no era más que su amante de turno. No podía perder de vista que se iría muy pronto.


—Pasa, Trent, y siéntate, por favor. —Dave caminó como si estuviera flotando en una nube. Haber follado con Kurt lo había dejado así y no era para menos. Debía de tener cara de pervertido porque Trent lo miraba con el ceño fruncido—. Lo siento. ¿Teníamos una cita? Lo olvidé completamente. —Se sentó al lado de Trent y giró la silla para verlo mejor.

—Sólo para ponernos de acuerdo sobre la sede del concurso de canto. Schuester dijo que tú te encargarías mientras él estaba fuera. —Dave asintió.

—Sí, y creo que Dalton será una gran sede para el concurso.

Trent cogió su Ipad para tomar nota. Dave pensó que la visita terminaría de inmediato pero Trent se tomó unos segundos más, después se aclaró la garganta y tomó tímidamente las manos de Dave entre las suyas.

—La verdad es que no he venido hasta acá sólo para hablar de eso… —Lo vio tragar saliva y acercarse más a él—. Quiero que hablemos de nosotros… —Dave sonrió débilmente y apartó suavemente sus manos de las Trent.

—No hay un nosotros, Trent. Hace mucho que dejó de haberlo. —Trent boqueó.

—No podemos dejarlo así, Dave. —Le cogió de nuevo las manos—. Quiero regresar contigo…

—Yo no. Lo siento, Trent. —Pudo ver el color subiendo al rostro de Trent. Dave quiso apartar las manos de nuevo pero Trent las sujetó con más fuerza—. Trent…

—Es por él, ¿cierto? —Trent negó—. No tienes ningún futuro con él. —La voz de Trent era algo más tirante de lo normal. Dave sabía que estaba molesto, tal vez demasiado molesto—. ¡Se irá y te romperá el corazón! —Dave fue más firme apartando sus manos de las de Trent y sonrió de nuevo.

—Tú me rompiste el corazón. —Trent bajó el rostro avergonzado—. Me pusiste los cuernos cuando hacía apenas unos meses que mi padre había muerto. Cuando yo te había pedido que te vinieras a vivir conmigo, cuando pensé en formalizar lo nuestro. —Trent quiso hablar pero Dave lo detuvo—. Hoy te digo que no por mí, por nuestra historia y por lo que pasó. Kurt no tiene nada que ver. Ahora mismo tengo una relación con él y soy feliz con lo que tengo, con lo que sé que puedo tener. Por favor, no pretendas hacerte pasar por la victima ni pienses en Kurt como el cruel villano que te robó mi corazón. Eso es muy romántico y muy novelesco pero no es la verdad. Lo nuestro se terminó por tu culpa hace mucho.

Los labios de Trent dibujaron una apretada línea y asintió. Dave tenía toda la razón del mundo, él lo había dejado solo cuando más lo necesitaba. Lo había dejado libre para estar con cualquiera, incluso con la estrella más rutilante de Broadway. Salió del despacho de Dave sin decir nada más.


Dos días después, Kurt tenía las maletas hechas y había firmado un poder a su abogado para que se hiciera cargo de la liquidación de los empleados de los talleres. Se marcharía de Lima a la mañana siguiente, por eso había decidido pasar su último día con David. Justo en ése momento estaban en la cama de Dave mientras éste le besaba con pasión. Kurt tenía algo guardado en el pecho, algo que no le dejaba disfrutar de todas las atenciones que recibía.

—Me iré —le recordó estremeciéndose cuando Dave le mordió en la manzana de Adán.

—Lo sé. Mañana a primera hora. —La voz de David amortiguada en su piel hizo que Kurt explotara.

—¿Por qué te conformas con esto? ¿No lo entiendes? Me voy. No regresaré jamás. —Dave se separó de él parar mirarle.

—No me conformo, Kurt. ¿Qué te hace pensar eso? —Hummel se levantó violentamente de la cama. Las piernas le fallaron un poco pero se mantuvo erguido.

—¡Tú! ¡Mírate! Viviendo en Lima, siendo consejero escolar… ¿Quién quiere ser un perdedor de Lima? No le debes nada a este pueblo. Y luego, aceptando las migajas que te doy, aceptando esto… ¿Por qué? ¡¿Por qué?! —Dave se levantó de la cama y encaró a Kurt.

—No me conformo, Kurt. Esto es lo que he elegido para mí: vivir en Lima y ser consejero. Te lo dije, Lima es tan buen lugar para vivir como cualquier otro. No le debo nada a este lugar, ni este lugar me debe nada a mí, sólo elegí regresar, quise regresar, y no me arrepiento. —Dave estaba firme y con los ojos resplandecientes—. Mi padre por fin pudo montar su propio restaurante, yo ayudo a los chicos de mi escuela y soy feliz, Kurt. —Dave se humedeció los labios antes de continuar—. Fuiste el primer chico del que me enamoré. —A Kurt le sorprendió el tono tan contundente de Dave—. Pero no has sido el único y te aseguro que no serás el último. Éste será un momento feliz más en mi vida; lo recordare siempre pero no me detendrá para seguir adelante. —Se miraron fijamente por unos segundos hasta que Kurt rompió el silencio.

—No…

—¿No qué? ¿No me crees? —Sorpresivamente, Kurt rodeó el cuerpo de Dave con los brazos.

—No vas a enamorarte de otro. No vas a traer a nadie a mi casa. No vas a revolverte con nadie en mi cama, en mis sábanas. Y tampoco vas a ser de nadie. Tú. Eres. Mío.

Kurt lo empujó hasta que regresaron a la cama donde acabaron besándose sin sentido. Kurt acariciaba cada parte del cuerpo de Dave. Esa noche, como todas las últimas noches pasadas, David se le entregó en cuerpo y alma. Estar en el interior de David le hizo ver estrellas y hacerlo llegar logró que Kurt se sintiera maravillado por tanta pasión. Esa era una entrega que nunca había sentido. Terminaron abrazados con Kurt enredado en el cuerpo de Dave.

—No me iré de Lima, Kurt —le habló Dave en algún punto de la madrugada.

—Lo sé. —Kurt se reacomodó entre sus brazos y frotó el rostro en el pecho de su amante.

—Tampoco quiero que dejes tu carrera. Eres una criatura de Broadway. —Kurt sonrió al escuchar eso.

—No voy a dejar mi carrera, sólo que moveré mis horarios y seré más selectivo. Haré una obra por año. ¿Te imaginas todo lo que los productores tendrán que pelear para trabajar conmigo?

—Kurt…

—No, David. Esta vez no me dejarás colgado. Esta vez tendrás que esperar por mí, porque sé que podemos hacerlo. Podemos estar juntos. Sólo tengo que encontrar la precisión y el orden que necesito. Esto va a funcionar, David, porque lo quiero y lo haré posible.

Dave le sonrió besándole profundamente. Aun después de tantos años, de tantos amantes, de tantos amores, aun después de toda una vida negándose la posibilidad, no podía dejar de sentirse feliz por haber cruzado su vida con la de Kurt Hummel. Había sido un beso, sólo un beso… que lo cambió todo.


Aquí tienen el final, de nuevo la satisfacción de una historia terminada. Le agradezco mucho a Winter porque ella es la otra mano de esta historia. Lo que hace es metódico, silencioso y maravilloso. Ella me dice aduladora, yo le digo sinceridad. Winter es LA beta, no puedo decir menos porque ella corrige mis desastres y eso, de verdad, es un trabajo arduo. Y no le pago ni un euro, no le doy más que mis historias y es genial que ella las abrace y las quiera.

A ustedes, agradecerles sus comentarios que han sido pocos pero buenos. Aquí tienen algo nuevo, Trent Nixon hace su pequeño papel de ex de Dave.

Le escribí a una amiga algo con esta pareja Dave/Trent y se metió la idea en mi cabeza de usarla más adelante para algo. Me parece interesante como muchas personas con ver dos segundos a los Warblers les crean una historia, una vida, un canon o herdcanon o lo que ustedes digan y eso tome para esto. No sabes si Trent es gay o no, pero me gusto para que lo fuese, es guapo, creo que Dave bien podría tener un amorío con un chico lindo, dulce y bueno como se muestra Trent en los tres segundos que Ryan y sus mortífagos lo han dejado salir. ¿Qué les digo?

Les encargo el final, espero que me digan que les pareció. Un abrazote.