Capítulo 3
Esa noche, Yugi y Mana regresaron al edificio donde vivían en la parte más alta de este, Yugi se asomó por la ventana, desde ella se veía el palacio, sintió nuevamente esa nostalgia
-Como quisiera vivir en ese lugar.
-Yugi, no desees algo imposible. Creo que es mucho para nosotros desear una vida así.
-Mana, dicen que si deseas algo de todo corazón se cumple. Así que espero que pronto logremos vivir en ese palacio y nuestra vida cambiará totalmente
Mana negó con la cabeza, los sueños de Yugi eran demasiado altos para realizarse, pero Yugi no perdía la esperanza y continuo mirando el palacio deseando con todo su corazón que pudiera estar en el lugar del faraón.
Al mismo tiempo, Atem se asomó por el balcón del palacio y miro el pueblo.
-Espero volver allí algún día. Como cuando Teana y yo éramos niños.
Ni Atem ni Yugi se conocían pero su deseo pronto se haría realidad de una forma que nadie se imaginaba.
Al siguiente día de esto, Yugi y Mana recorrían el pueblo buscando nuevamente un empleo, pero el resultado era el mismo que el día anterior, nada.
-Empiezo a creer que ya es tiempo de rendirse con esto.-dijo Yugi una vez terminó de recorrer la mitad del pueblo
-Pero si nos rendimos terminaremos como los otros chicos-dijo Mana
-Tienes razón, eso sería peor que morir de hambre
En Egipto, muchos jóvenes se convertían en rateros para escapar del hambre, Yugi y Mana eran de los pocos que trataban de hacer lo correcto pero las condiciones parecían indicar que pronto terminaran robando para comer.
-De verdad espero que no lleguemos a ese extremo-dijo Mana
-Eso deseo yo también
Unos ruidos los distrajeron, al mirar hacia donde suponían provenía el ruido, vieron a unos chicos vagabundos y mendigos como ellos corriendo a toda velocidad.
-¿Qué habrá pasado?-preguntó Mana
Los chicos pasaron corriendo a toda velocidad al lado de Yugi y Mana tirando en el suelo varias frutas distintas, detrás de ellos venían un grupo de aldeanos gritando maldiciones a los vagabundos. Yugi y Mana cometieron el error de levantar del piso dos manzanas
-Ustedes también están con ellos.-dijo uno de los hombres señalando a Yugi y Mana
-Hablando de los reyes de Roma-dijo Yugi y él y Mana se echaron a correr
Los pueblerinos los persiguieron junto con los verdaderos ladrones
-Pero si nosotros nos hicimos nada.-dijo Mana huyendo
-Sí, pero parece que nos confunden por nuestro aspecto-dijo Yugi
-Eso no es justo
Uno de los ladrones reconoció a Yugi y Mana
-¿¡Yugi!? ¿¡Mana!? ¿Qué están haciendo aquí? Ustedes no están con nosotros
-¿¡Bakura!?-preguntó Yugi sorprendido
-No puedo creerlo. ¡Eres tú!-dijo Mana sorprendida
-Tiene tiempo que no los veo-dijo Bakura mientras huía
-Bakura, mira en lo que nos has metido-dijo Mana
-Lo siento, no era mi intención
Los chicos corrieron mientras los perseguían los dueños de locales de venta de comida, atravesaron muchas calles a toda la velocidad que les permitían sus piernas, en ocasione ni se fijaban por donde corrían.
-¡Sepárense todos!-gritó Bakura
Todos se fueron por diferentes direcciones haciendo que Mana y Yugi se confundieran.
-¿Qué hacemos?
-Separemos también. Nos veremos en nuestra casa.-dijo Yugi
Tanto Yugi como Mana se separaron por diferentes direcciones, la gente también se dividió para ir tras ellos, pero Yugi se apresuró y entró en una calle muy cerrada donde casi no pasaba gente. Se detuvo finalmente, respirando con dificultad, se sentó en el piso tratando de llenar de aire sus pulmones, estaba demasiado agotado. De pronto, notó algo que le llamo la atención, había un agujero en el fondo de la calle, muy escondido de tal forma que era casi imposible notarlo a primera vista. Estaba cubierto por tierra y piedras, no era algo muy común. Yugi se acercó con curiosidad y al pasar la mano por la superficie de la capa de arena que cubría el agujero, supo que se trataba de alguna especie de túnel que había sigo tapado años atrás pero afortunadamente no estaba sellado completamente. Comenzó a desenterrar y quitar la tierra lo más rápido que podía hasta que descubrió que efectivamente, se trataba de un túnel que no había sido sellado completamente. La curiosidad lo invadió, entró por el túnel. No había notado que ese túnel y esa calle estaban pegados al palacio real.
Continuara...
