III

Campamento Yosemite

—¿Te quedarás aquí?

Nebula se volvió. Había una niña junto a ella. Más específicamente, la hija de Stark. La cría humana la contemplaba desde su escasa altura con los ojos algo enrojecidos por el llanto. Su voz era frágil, pero su aspecto demostraba una cierta fortaleza que le hacía pensar en la madre.

Lidio con la urgencia de apartar la mirada, pero la niña la observaba con una extraña fijeza y, tras unos segundos, cayó en la cuenta de que ella no le temía. Y recordó: la primera y la única persona que le había dedicado gestos de interés genuino fue Gamora.

—No —decidió responder, colocando su atención de vuelta en el riachuelo que escurría lentamente a escasos centímetros de sus pies. Los árboles eran inmensos. La Tierra no era un lugar tan horrible mientras estaba allí parada—. Me iré muy pronto.

Al escuchar a la niña suspirar, Nebula echó un vistazo a su expresión. Estaba frunciendo el ceño profundamente. Primero, pensó que quizá estuviera molesta. Luego, tras estudiarla un poco mejor, se dio cuenta de que había algo que se asemejaba a preocupación en el fondo.

—¿Qué te pasa? —preguntó con algo de brusquedad.

—¿La Tierra es un lugar muy feo? ¿Te lo parece? —Inquirió, evadiendo su pregunta—. ¿Cómo era tu hogar? ¿Era muy diferente?

Puso un gesto en blanco mientras se acuclillaba frente a la niña. Estaría mintiendo si negara sentirse curiosa por la extraña reacción de la hija de Anthony Stark.

¿Hogar? Para ella, el concepto era del todo ajeno. Un montón de abstracciones que, si se dedicaba a sentirlas antes que a pensarlas, la llevaban de vuelta a su hermana. Nebula apretó los labios y miró más allá de la cría. Ella no tenía un hogar.

—¿No te gusta aquí? —agregó, sacándola de sus pensamientos al tiempo que asentía hacia el bosque—. Está bien, ¿no?

—Está bien —coincidió con cierta reticencia, registrando los gestos de… ¿Su nombre no era Morgan? —. Es mejor que sus ciudades.

Había dicho algo que le agradó, porque el asomo de una sonrisa apareció en la esquina de su boca. Un guiño que volvía a delatar a su padre, una especie de sonrisilla de triunfo, un poco arrogante justo donde los labios se curvaban. Nebula no quería admitirlo, pero había algo reconfortante en ello. Nunca le había prestado atención, pero este parecía un tácito beneficio de la procreación. No perderás completamente a quienes te importan, si ellos viven, de un modo u otro, en su familia.

Nebula se preguntó si Gamora hallaría la manera de vivir en el presente, a través de ella.

Trató de que la respuesta no fuera demasiado desalentadora.

—Entonces, ¿por qué no te quedas?

La pregunta le pilló con la guardia baja. Nebula abrió mucho los ojos.

La sonrisa de Morgan medró en sus facciones infantiles.

—No encajo aquí —evadió.

—Todos encajamos aquí —aseguró con seriedad—. ¿Has visto al hombre con un brazo de metal? Hay un niño que tiene los poderes de las arañas. Eso es muy loco.

—Hablando de mi a mis espaldas, eso está muy mal, ¿sabes? —Lo había sentido acercarse demasiado tarde, lo cual era raro y la hizo pensar en lo que Morgan acababa de decir sobre el poder de las arañas.

—¡Araña! —Morgan celebró la aparición del muchacho humano.

—Tu mamá te ha estado buscando, Oruga.

Nebula se incorporó ante la fija mirada de Peter Parker.

—Oh, ¿hola? —saludó nerviosamente—. Aquí estás. A ti también te buscan. Los …otros chicos espaciales. —Al no obtener respuesta, carraspeó y regresó su atención a Morgan—. Andando, pronto va a oscurecer y no tienes un abrigo.

—Espera un segundo… —pidió la niña, volviéndose hacia Nebula cuando ya había avanzado un par de pasos—. Puedes quedarte —insistió.

—No lo creo —replicó secamente. Luego, le dedicó un gesto suspicaz—. ¿Por qué insistes tanto?

Morgan parpadeó lentamente.

—Creo que papá se preocupaba por ti. —La pequeña humana desarmó a Nebula con aquella oración mejor que ningún enemigo hizo jamás—. Este también puede ser tu hogar. Di que sí…


Nebula sabía que no podía decir que sí.

—¡Corre!

Su mano era pequeña y cálida. Mientras tironeaba de ella fuera de la tienda de campaña, Nebula pensó en Gamora.

Tener algo como esto habría estado bien. Juegos infantiles, comportarse como hermanas porque, bueno, eran hermanas. Todo esto. Persiguiéndose la una a la otra entre risas, en lugar de cazarse, compitiendo por la aprobación de un ser demente.

Nebula sabía que no podía quedarse.

—¡Araña, es tu turno de atraparnos!

No para siempre, al menos.

Debía ser una vista peculiar la de aquellos dos niños corriendo por el bosque de la mano de una alienígena de piel azul. Pero Nebula sí sentía que encajaba, después de todo.


N/A: A las prisas, como siempre. Este quedó en una hora, es un récord. No está editado para nada, así que me disculparán los horrores y la simplicidad (?). But amé escribir sobre Nebula :3