Querido diario:
Hace un par de días en que no he escrito nada en ti, por la simple razón de que con el torbellino de emociones que significo cambiar de estado civil, te deje tirado.
Ahora ya no soy solo Hitomi Kansaki, ahora soy Hitomi de Fanel, como la mayoría de la gente y la corte me llama, también a Van le encanta llamarme así, pero siempre le corrijo y le digo que soy Hitomi Kanzaki "de Fanel", él no entiende lo importante que es para mi seguir siendo Hitomi, pero eso es algo que le haré entender con el tiempo. Tengo toda una vida para hacerlo entrar en razón, cosa difícil si se habla de Van, todo es un reto multiplicado por 1000, es como tratar de emprender el sueño mas utópico que tengas, es tan testarudo y cabezota, que a veces me desespera.
Al día siguiente de mi noche de bodas, por la mañana participe de una reunión con todos lo consejeros, donde tenia que firmar una especie de contrato donde se me cedían los tesoros reales correspondientes a la reina de Fanelia, en un principio no entendí porque tantos tramites para recibir algo, por lo que según Van, me correspondía por derecho propio. Coronas, diademas de diferentes tipos y colores, gargantillas, anillos, collares, prendedores, me vi abrumada con tantas joyas, pensé que llevaría una vida mas asceta; me dejaron en claro que podías usarlas cuando quisiera, y que era obligación usarlas en actos públicos. Ante mi colocaron el papel que debía firmar, primero lo firmo Van y después me lo cedió para que lo firmara, tome la pluma con un ligero malestar y aprensión como si todos estuvieran pendientes de mi, dude, pedí un momento para leer lo que iba a firmar. Mis ojos siguieron cada línea cursiva trazada en aquel pergamino, hasta que toparon con un párrafo que me hizo levantar de mi asiento sostener temblando de ira el maldito papel:
... en honor a su virtud y pureza se le otorgan estas joyas como símbolo de solificacion de su unión marital con el Rey Van Slanzar de Fanel a través de la consumación de su matrimonio, de su lealtad y subyugación a este....
- ¿Qué significa esto?
- Es el contrato que toda Reina firma después de su noche de Bodas Mi Señora.
- Eso ya lo se, ¿pero que es eso de virtud y pureza?, ¿es que acaso compran mi virginidad con esto? – dije casi gritando, mientras algunos de los consejeros se miraban, como no creyendo lo que escuchaban.
- No lo tomes así Hitomi – respondió Van antes que nadie, tomándome del brazo, acariciándome con el dedo pulgar – es el regalo que "yo" te hago, nadie quiere ofenderte con esto, es una tradición que se ha hecho siempre, mi madre, mi abuela y mi bisabuela antes que tu las recibieron.
- ¿Y porque el contrato?, ¿por qué tanta ceremonia?, yo se cuales son mis deberes de esposa.
- Se que los sabes, espérame un momento – me dijo colocando una de sus manos en mi mejilla, yo estaba a punto de llorar y lo noto – quiero que salgan todos sin excepción y esperen en la sala adjunta por favor.
Todos obedecieron y vaciaron la sala, murmullos y miradas de soslayo, de seguro todas para mi, dirían lo infantil o desbocada que es la nueva Reina, hablarían de sus berrinches e histeria. El rechinar de las sillas en el piso ceso, las puertas se cerraron y solo podía escuchar mi corazón retumbar en mi pecho, mis ojos a punto de llorar, me ardían, decidí acercarme al ventanal mas cercano, tras de mi avanzo Van.
- Estas a punto de llorar
- ¿Y que esperabas?, ante tan magno acontecimiento, me hace sentir como si fuera una mercancía de cambio; OH, por lo visto se entrego pura y casta a nuestro señor, premiémosla.
- No digas eso, tu sabes que no es así, todos te respetan y no se atreverían en ningún momento de dudar de ti, ni antes ni ahora; y si lo hicieran estarían fuera de palacio para no entrar mas.
- Lo se, lo se, es que todo esto, todo es tan ceremonioso, ¿es que acaso todos los acontecimientos de nuestra vida privada e intima estarán bajo el escrutinio de ellos? – dije apuntando hacia la dirección en que se habían ido los consejeros.
- No, y jamás se lo permitiría, ellos saben que es mi vida y saben que desde ayer tu pasaste a formar parte de ella, solo escuchare lo que me dicen, pero eso no quiere decir que los obedeceré, soy el Rey y ellos mis súbditos y los tuyos – después de eso me atrajo hacia el y me abrazo fuerte, depositando un beso en mi sien, para después besarme en los labios, primero tierno, después apasionado.
Mi cuerpo correspondió a sus besos y caricias, sus manos acariciaron mi espalda de arriba y abajo, liberando la tensión para depositarlas finalmente en mis caderas y acércame posesivamente a su cuerpo, no pude evitar sonrojarme y recordar nuestra noche de bodas, tan reciente y anhelada.
- No me cansare nunca de besarte, nunca, mi mujer de la luna fantasma – susurro en mi oído, su boca acariciaba mi cuello.
- ¿Como anoche...? – pregunte sonriendo.
- Como anoche y como todas las demás noches que vendrán y que espero ansioso, muero por que ya sea de noche
Reí fuertemente.
- Muero por que seas mía de nuevo – esta vez sus palabras recorrieron mi cuerpo por completo, haciéndome temblar – cuando corríamos por el bosque, tantas veces desee poseerte, pero me contuve, mi honor y la auto promesa que me hice de no tocarte hasta la noche bodas me lo impedía.
Me quede en silencio, pensando en la cantidad de veces que desee hacer el amor con Van, pensando que esas sensaciones solo las sentía yo y que no eran correspondidas.
- Yo pensaba que no sentías lo mismo que yo...
- No hubiera sido capaz de tocarte, mi honor de samurai era mas fuerte, Vargas una vez me dijo que el que fuerza a una mujer es el mas vil de los hombres, un canalla, sin moral.
- Pero yo te deseaba, no te habría juzgado así si nos hubiéramos amado...
- Pero eso ya no importa, ya eres mía, eres mi mujer y juraste seguir siéndolo hasta que la muerte nos separara
- Lo se, lo se, debo jurarte lealtad y como era...
- Subyugarte
- Si, eso, subyugarme a ti.
- así es – dijo el esbozando una sonrisa
- Aunque no creas que me tragare todo ese cuento eh, antes que ser tu esposa, reina y madre de tus hijos soy mujer, y si lo anteriormente nombrado vulnera mis derechos como tal...
- ¿Que harás? – pregunto desafiante sin dejar de sonreír
- modificare las leyes de Fanelia y de toda Gaea si es preciso, tu sabes que amo mi libertad.
- ¿Las modificaras?
- Si
- ¿Con el permiso de quien?
- El tuyo
- ¿Y si no te lo doy?
- Me lo darás, créeme.
- ¿Estas tan segura de eso?
- Si, tengo mis métodos, mas bien los privilegios de tener una casa amplia con varias habitaciones – insinué dándole la espalda y sonriendo, mientras estiraba mis brazos para abarcar imaginariamente el castillo del Samurai.
- ¿No te atreverías a dejarme afuera de nuestra alcoba? – dijo tratando de disimular un gesto de incredulidad y disgusto.
- Puedo – le afirme mientras el se acercaba y me tomaba de los brazos
- Si lo haces, votare la maldita puerta y...
- ...y después
No termino de hablarme, solo supe que me levanto en brazos y cruzo la mitad del castillo para llevarme a nuestra habitación, dos chicas encargadas del aseo se asustaron ya que el de una patada abrió la puerta entreabierta, les dejo en claro solo con verlas que las quería afuera, yo ardía de rabia y coraje, un par guardias nos quedaron mirando al venir hacia acá, que vergüenza.
Nos gritamos, le grite que era un bruto, un animal, que como podía hacerme algo así, que solo era una broma; en cambio me grito que no me atreviera nunca a calar que tan lejos podía llegar, que nos atreviera jamás a echarlo de sus aposentos y de mi compañía; ahí íbamos de nuevo con lo de antes; tu eres mi mujer y debes obedecerme, eres mi esposo pero no mi dueño, yo no soy de nadie y bla bla bla bla...
Intente salir de la habitación, pero me lo impidió, nos seguimos gritando hasta que lo vi que se desvestía, lo demás es historia...
Aquella mañana no se firmo el dichoso contrato, los consejeros estuvieron durante 3 horas esperando en la sala hasta que Van les envió un mensaje con un soldado diciéndoles que se postergaba hasta nuevo aviso, Millerna me esperaría en la terraza para salir a caminar y la deje plantada, salimos de la habitación pasada las 3:30 de la tarde y almorzamos tardisimo.
Cuando me desperté, estaba desnuda a su lado, las sabanas y cobertores estaban lejos a los pies de la cama y por caerse; mi vestido hecho jirones por las manos de Van, recuerdo haberle dado una bofetada que el esquivo, me abrazo fuertemente y capturo mi boca besándome a la fuerza mientras yo me negaba... solo para rendirme a la pasión salvaje que se desato con la discusión: jadeos, gritos, protestas por tanto placer, nuestros cuerpos sudorosos reclamando poseerse, las Palabras de Van taladrando mi cabeza: "serás mía por siempre, porque el destino lo quiso así, serás mía porque yo lo quiero así, y porque se que tu lo quieres así...", y mi respuesta: "eres un maldito, pero te amo, te amo, te deseo Van". Nuestras manos y bocas hicieron lo suyo hasta que el estar separados no fue suficiente, nos entregamos a la danza elemental mas temprano que tarde, salvaje, poderosa, frenética, una y otra vez, grite de placer y grite su nombre mientras el susurraba el mío en mi oído, de seguro todo el palacio se entero, no nos importo en ese momento, solo éramos un solo ser, cóncavo y convexo, macho y hembra apareándose en una maraña de brazos, piernas y piel.
El seguía aferrado a mi cintura, se despertó, me miro y sonrió.
- ¿Aun sigues enojada conmigo?
- ¿Y tu que crees?, ¡¡eres un bruto!!
- Lo se
- ¡¡¡Un animal!!!
- Creo que lo descubriste recién – sonriendo tan descarada y sensualmente que no pude mas que sonrojarme
- ¡¡¡¡¡¡¡¿Donde se quedaron las clases de moral que te dio Vargas?!!!!!!
- En el salón me temo – me respondió rascándose la cabeza , muy típico de el – además es tu culpa, eso te pasa por provocarme – me dijo encarándome y pasando un dedo sobre mi nariz.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Como te atreves!!!!!!!!!!!!!!!! – le empuje con mi puño pero el se aferró aun mas a mi y enterró su rostro en mi cuello
- Si quieres seguir peleando por mi encantado Reina mía – murmuro riendo contra la piel de mi hombro causando que se me colocara la piel de gallina, chille de rabia y trate pegarle pero el se aferró aun mas, de nada servia ocultar lo obvio – por lo que escuche de sus propios labios mientras los míos recorrían vuestro cuerpo es que me odiaba pero también me amaba, ¿que sentimientos oculta tu corazón hacia mi Hitomi? – esto ultimo me lo dije tomando mi barbilla y desviándola hacia su mirada.
- Ninguno, tu los conoces todos y sabes que no seria capaz de odiarte.
- Lo se y se que nuestros caracteres son tan explosivos que terminamos diciendo cosas que en realidad no sentimos, perdóname por lo que te hice pasar.
- No tienes porque pedir perdón, yo te respondí, solo nos...
- Pero fue de una manera brusca, no me gustaría que...
- Son nuestras naturalezas, no lo podemos evitar, además, me gusto mucho después de todo – no pude evitar sonreírle – a excepción de los gritos y de que todo el mundo nos viera, será que todas nuestras peleas terminaran así.
- Los dioses te oigan
- ¡¡¡Van!!!
- Estas yendo en contra de tu propia naturaleza – me dijo tomando las palabras de mi boca – negar lo que es obvio, es como negar que el sol sale de día y la luna de noche.
- Muy poético, pero la luna esta durante las 24 horas en el cielo, ambas, es solo el sol el que se esconde.
- Me rindo, a ti se te dan mas esos temas
- Jajajajajajjajajaj no te enojes, solo decía "lo obvio", tendrás que pulirte un poco mas, no solo tienes que saber pelear...
- Creo que escucho a Folken hablar...
- No te enojes pero es verdad lo que te digo
- Si es cierto, tu me ayudaras a instruirme, ¿no es verdad?
- Si, yo te domesticare, alguien tiene que hacerlo no, prometo no ser dura contigo – le dije coquetamente, guiñándole un ojo.
- ¿Domesticarme?, ¿tu?
- Si, seré como un Dios, con una mano golpeare y con la otra haré cariño.
- Pues yo quiero solo la parte de los cariños si es que aun tienes "deseos" de domesticarme – me dijo poniéndome sobre el a horcajadas...
De aquel día ya hacen 6 días y ya llevo casada una semana con Van, en estos momentos nos dirigimos a visitar a las aldeas y tribus que se ubican mas allá de la capital del reino, en la frontera sur, por lo que Van me dijo, ahí viven la tribu de los hombres lobos, aquellos que nos recibieron cuando yo pise Gaea por primera vez. Esta es una de las tantas ceremonias que debe hacer el Rey, llevar a su recién estrenada esposa a visitar los 4 puntos cardinales de su reino, para que sus súbditos sepan quien es y que deben obedecerle como si fuera el. Aunque la idea me resulta un tanto déspota, me entusiasma el ir y conocer nuevos rincones de Fanelia y compartir con su gente; por lo que se la tribu de los hombres lobos a sido una de las aldeas y reductos mas fieles a la Casa Fanel, siempre han ayudado a los Reyes de todas las generaciones, el jefe de la aldea, aquel que conocí por primera vez cuando llegue le tiene gran estima a Van y le es muy fiel, así como lo fue con Folken.
Llevamos dos días de viaje y aun nos falta otros dos, hemos dormido en el carruaje que nos lleva, los guardias le sugirieron a Van que fuera así, ya que en carpas estábamos mas expuesto a ser asaltados, Van acepto a regañadientes, yo le dije que el jefe de los guardias tenia razón, además así era mas fácil huir por cualquier eventualidad; y de paso así moderaríamos nuestros momentos de intimidad, que después de mi primer día de casada se habían vuelto mas desenvueltos y apasionados.
Por Dios, nunca pensé que después de haberme entregado a Van en mi noche de bodas deseara tanto ser suya, y yo que pensaba que solo a los hombres se le acrecentaba ese apetito sexual, pues me equivoque, cada vez que hacíamos el amor, solo sabia que anhelaba mas que nada hacer el amor otra vez. Aun recuerdo la picaresca y divertida conversación que tuve con la cocinera en jefe del palacio, una señora que tenia setenta años y estaba al servicio de la Familia real desde que era una adolescente, había visto nacer al padre de Van, a Folken y a el mismo. Todos los días al desayunar me contaba anécdotas de la infancia de Van y de Folken, pero aquel día era la primera vez que me servia el almuerzo, antes lo había hecho con el desayuno pero todo en un contexto ceremonioso que a estas alturas odio mas que nada. Van y yo salimos de la habitación para dirigirnos al comedor, ahí nos esperaban dos sirvientas y la anciana llamada Catriona, esta demás decirte que hice todo el trayecto con la mirada baja y un sonrojo que amenazaba con aumentar, en mi mente solo estaba el desastre de la habitación, los comentarios de la gente y de cómo nos recibirían en el comedor la servidumbre.
Entramos al comedor y las dos jóvenes sirvientas hicieron una reverencia, cosa que no hizo Catriona que seguía erguida y con una cara de disgusto tal que solo me atreví a mirarla de reojo, Van siempre con la cara en alto sin un atisbo de vergüenza la saludo, ella solo le movió la cabeza, nos sentamos y sirvieron la comida, ella dio la orden a las muchachas de retirarse y lo hicieron, cerrando las puertas tras de si.
- ¡¡¡Nunca en mi 58 años de servicio a la Familia Real había servido el Almuerzo a las cuatro de la tarde!!!
- Cálmate Catriona - dijo amablemente Van y con una calma que me alarmaba.
- Que me calme, tu no tienes derecho a decirme que me calle, es que acaso la urgencia que tienes por hacerle un hijo a la muchacha es tan grande – me dijo moviendo la cabeza hacia mi.
- Discutimos en nuestros aposentos, solo es eso
- Discutir, ja, en mis tiempos se llamaba dejarse llevar por la calentura, a quien quieres engañar o crees que nací ayer, todo el mundo lo supo y los que no lo saben pronto lo sabrán.
- No trato de engañarte Catriona, no te alteres así, no estas en edad para pasar rabias, quiero que estés viva mucho tiempo mas, sabes que eres importante para mi.
- Siempre sales con lo mismo, crees que me convences con esas palabras – decía mientras tomaba una silla y se sentaba a la mesa con nosotros – te conozco desde que tu madre te parió, se cada una de tus mañas, si tu santa madre te viera...
- Si me viera no me diría nada porque es mi vida, además es que acaso mis padres nunca discutían.
- Si, lo hacían, pero como la gente decente y no se dejaban llevar por sus instintos, eso lo dejaban para la noche, como el común de los mortales – dijo aun enojada, tomando un pedazo de pan y untándolo en la crema de color anaranjada que nos estábamos sirviendo y que acompañábamos con pan y espárragos. La vi tan alterada que decidí intervenir.
- Perdónanos Catriona, no era nuestra intención hacerte pasar un mal rato, tenlo por seguro, jamás te haría una cosa así, se que eres importante para Van y que cumples horarios rigurosamente, trataremos de que esto no vuelva a pasar, esta muy buena la crema que preparaste ¿de que es?
- Crema de calabaza, era una receta que mi Señora Varie me enseño, es conocida como la crema de la reconciliación, dicen que es especial para servirla cuando una pareja se ha enfadado, en cuanto supe lo de su pelea la prepare, dicen que el aroma de las calabazas es afrodisíaco – termino por decir mientras me asombraba y Van rompía en risas.
- ¿Crema de la reconciliación? – pregunto Van - ¿y aun así esperas que me contenga?, sabias que lo que estas haciendo es fomentar el desenfreno de nuestros instintos, como eres Catriona.
Solo reí al igual que Van, mientras la anciana seguía sirviéndose la supuesta poción de amor y se sonrojaba lentamente para después reír con buena gana junto a nosotros. Por las atribuciones que se tomaba pensé de inmediato que era una persona cercana a Van, si era cierto lo que decía era una persona valiosa para él, ya que en su memoria se guardaban las anécdotas y sucesos mas importantes de la que ahora es mi familia política.
- Tu padre era igual de pícaro que tu, es pura verdad cuando dicen que tu eres su retrato, de seguro se esmero en hacerte por eso te le pareces tanto – dijo picaramente mientras terminábamos de servirnos y nos servia el siguiente plato.
- Debe ser por eso – supuso Van.
- Y mi niño Folken era de carácter reposado, callado como tu madre, lastima que no este con nosotros.
- Todos lo extrañamos Catriona.
- Si, pero en todo caso, los que nos dejan siempre están mejor que uno.
- Ellos ya no sufren, solo nos queda rezar por su alma, así lo hacíamos en mi lugar de procedencia – dije. Note que ambos entristecieron, así que decidí desviar el tema – dime Catriona, ¿como era Van de pequeño?
- Tal cual es ahora: testarudo, orgulloso, mañoso para comer...
- Jajajajajajaja, ¿en verdad eras así?
- En parte
- Eras y eres así todavía, me acuerdo que era imposible meterlo en la tina de baño para bañarlo, se escapaba, odiaba bañarse.
- Eso era antes, ahora si me baño eh, no blasfemes contra tu señor – respondió Van riendo.
- No me consta, le consta a usted majestad – me pregunto picaramente, yo no pude mas que sonrojarme y contestar que si – eso pense
- Puedes llamarme Hitomi, Catriona, odio los formalismos.
- De eso ya me di cuenta, ustedes son tal para cual, si fuera por el – dijo apuntando hacia Van – todo estaría patas para arriba, sin ningún orden.
- No es verdad y lo sabes, salvo ahora que estamos comiendo mas tarde de lo habitual y hemos hecho que te demores en servirnos, no soporto la Anarquía
- Lo mismo decía tu abuelo el Rey Phineas, era terrible, cuando yo entre a esta casa a servir era menor que vos – me dijo apuntándome con el dedo – cada vez que el se enfurecía era mejor no estar ni un milímetro cerca de él, lo que no me explico es como la Reina Esmeralda lo soportaba.
- Cuéntame mas Catriona, ¿que mas hacia Van cuando pequeño, como dejo de escaparse de los baños y todo eso?
- La solución fue muy simple: a la tercera vez, avise al General Vargas para que viniera y se colocara a la entrada, cuando Van se arranco nuevamente y abrió la puerta choco de frente con él y no pudo huir.
- Jajajajajajajajaj pobrecito – reí y acaricie a Van en la mejilla mientras este sonreía avergonzado mirando su plato.
- Me acuerdo que aquella vez Vargas me tomo de la cintura y me llevo nuevamente a la tina, todos reían y yo lo único que podía hacer era patalear y maldecir a Vargas, le decía que si no me soltaba lo castigaría, el solo reía y las muchachas del servicio también
- Ese fue el método que tuvimos que emplear con él para todo, hasta que se acostumbro a obedecer, era testarudo, como bien nos dijo que seria el sumo sacerdote del templo de Escaflowne, nació en la luna blanca y todos los nacidos en esa fecha son niños difícil de disciplinar, les gusta hacer su ley y que nadie les diga lo que tiene que hacer, le sobraba energía para todo, ojala que no te engendre uno igual a él, estarás perdida.
- Pero que dices Catriona – me sonroje entera nuevamente y nos seguimos riendo de todos lo recuerdos de Van, pero un sentimiento nuevo se apodero de mi: el anhelo de ser madre, ¿como se sentiría?, ¿como reaccionaria cuando supiera que estaba en cinta? ...
Mi mente divago con esos pensamientos solo por un momento, se que si eso pasa, pasara mas adelante, de eso estoy segura, pero solo imaginar a un pequeño Van o a una pequeña Hitomi dando sus primeros pasos me encoge el corazón de felicidad.
Se hace tarde, ya son las diez de la noche, confió en que dentro de unos días mas pueda volver a desahogarme contigo, ahora debo ir a dormir para estar fresca mañana ya que aun me queda la mitad del trayecto para llegar a la aldea.
Hitomi Kanzaki de Fanel