Cucharita

Tras el suicidio de Sherlock Holmes la relación entre el detective inspector Lestrade y Mycroft Holmes no había vuelto a ser igual y no era por falta de amor o de apoyo durante esa época por parte de Greg.

No, era porque Mycroft sabía algo que él no, un secreto muy grande que tenía que proteger constantemente, una verdad incómoda difícil de ocultar y más a su compañero.

Había comenzado la gran mentira, el acto final, su debut como actor engañando a la persona que más se preocupaba por él y aquello le destrozaba, por eso, cuando la noche caía y su novio se acostaba con él, abrazándolo por la espalda como queriendo protegerlo de la atroz muerte de su hermano, Mycroft necesitaba respirar profundo.

Cuando Lestrade le preguntaba él siempre decía que las cosas estaban siendo difíciles, y no mentía, pero tampoco era una verdad absoluta.

Cada vez que inspiraba profundamente a pesar de los brazos fuertes que le sostenían no pensaba en el dolor por su hermano, sino por su pareja. Engañarlo a él era lo más duro que había hecho en mucho tiempo y solo podía sentirse mal al recompensar ese amor incondicional recibido con falsedad, pero no podía decírselo.

Sherlock había tomado ya una decisión por mucho que ésta estuviera acabando con los pocos conocedores de la verdad.

Por eso, esas noches frías cuando el cuerpo de Greg le arropaba y le protegía, deseaba como nunca no ser la persona que era, quizás una vida más simple, un hermano menos dramático y kamikaze, una capacidad mayor de lidiar con los sentimientos y sobretodo menos temor a ser sincero, menos terror a ser rechazado tras el gran engaño que estaba respaldando.

Por supuesto la vida era un poco más difícil que dejar atrás los remordimientos y cuando el detective se enteró de lo que había estado oculto tanto tiempo, explotó.

No contra Sherlock, no contra el horrible Moriarty, ni tan siquiera fue contra Mycroft.

Lestrade solo pudo culparse a sí mismo, por haber tomado la estúpida decisión de salir con un hombre tan frío y manipulador, de no haber visto venir todo el plan tras el suicidio, de no haber podido ayudar en ello ni haberse ganado la confianza necesaria para ser conocedor de la verdad por ninguno de los Holmes.

Las sábanas volvieron a ser el frío manto de recuerdos de errores del pasado. Los únicos brazos que lo sostenían eran los suyos cuando no aguantaba más y quería llorar. Los ojos que veía ahora eran los suyos, en el espejo, tan gélidos como siempre, tan muertos y faltos de sentimientos y de vida desde que creció.

Mycroft era un hombre poderoso, podía arrodillar a un país entero, podía manipular cada cerebro y destrozar cada insignificante vida del planeta y todo ese poder le había hecho la vida imposible a él mismo.

Por ello se convirtió en la persona débil que encerraba en sí, tragó con fuerza y dejó de luchar por lo que no merecía pero sí necesitaba.

Sabía de sobra que Greg no perdonaría algo así, era un hombre de honor, con la verdad por delante y de los que no soportar mentiras de ningún tipo y a pesar de conocerlo tan bien le había hecho eso y ahora pagaba las consecuencias.

Su espalda ya no estaría protegida nunca más por ese calor que quemaba sus recuerdos, abrasaba sus murallas y lo inundaba todo de calidez.

Solo esperaba acabar con toda la conspiración tras su hermano, quizás asegurarle un buen modo de vida a sus familiares y con suerte, pudiera perderse como siempre había deseado en sus memorias, aquellas en las que solo aparecía él, el hombre que le abrazaba y borraba cualquier temor.

Cortavenas totaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal. Pero no todo puede ser así y ya os digo que cada capítulo no esta relacionado con otros, este solo necesitaba drama.