Después de mucho tiempo lejos vuelvo una vez más. Lo siento por estar tanto tiempo sin actualizar, pero por problemas no pudo.
Por si acaso este capitulo va dedicado a robin-chuan ¡espero que te guste! Como querías a un Hiruma celoso... espero que me haya salido bien.
POSESIVO
¿Esos malditos renacuajos nunca habían escuchado hablar de él? Parecía que no, por la simple razón de que no quitaban la vista de algo que era suyo, ¿nunc a habían escuchado que un demonio no compartía? Tendría que enseñárselos a la fuerza. Y lo disfrutaría.
Minifalda, una pollera corta, zapatos con tacón… ¿y eso era maquillaje? Tck, quería matarlo de un disgusto… ¡maldita mamá gallina! ¿Desde cuándo utilizaba eso? Más le valía tener una buena explicación, pero eso no quitaba que en ese momento toda la maldita universidad se encontraba mirando unas piernas que solo le pertenecían a él, ¿Cuánto durarían antes de querer acercase a ella? Nada. Ya veía a un idiota que le había hablado y le sonreía haciéndose el amigable, definitivamente Cerberos ya tenía una presa.
Tck, sin esperar a que apareciera otro maldito crío, se acerco a ellos y le dedicó su mejor sonrisa, esa que les ponía la piel de gallina y provocaba pesadilla, a ese imbécil, pudo ver como se ponía pálido. Eso era lo que más le gustaba… como reaccionaban cuando veían su sonrisa. Y sería aun peor cuando se enterara a quien estaba haciendo enojar.
Ella aun no lo veía, así que se puso a su lado y le pasó un brazo por la cintura pegándola a su cuerpo, dedicándoles una mirada a todos los hombres que hasta ese momento se la estaban comiendo con la vista, su expresión era fácil de leer: "tóquenla y están muertos". La mejor forma en que se dieran cuenta de que lo queseaban pertenecía al demonio era dejar claro desde el principio quien mandaba ahí.
–Hiruma-kun… ¿Qué haces? –le pregunto con una mirada inocente.
Era de esperarse que ella ni cuenta se hubiese dado de lo que pasó hace unos instantes en sus mismas narices, era tan inocente.
–Tck.
La soltó y empezó a alejarse, no antes de volver a amenazar con la mirada a esos idiotas, que obviamente siguieron su camino. Sobre todo el que se había atrevido a parar a esa maldita manager, que le faltaban piernas para correr más rápido.
Pero aun así ya estaba en la lista del demonio.
Él se en cargaría para que ese mismo día todos los hombres que estaban en esa universidad se enteraran que tenían prohibido acercarse a más de dos metros de su maldita manager si tenían segundas intenciones, porque si lo hacían las consecuencias para ellos serían desastrosas.
En menos de dos horas, toda la universidad se enteraba que ese mismo día Hiruma Youichi, más conocido como demonio estaba en esa universidad. Ahora todos lo miraban con temor esperando no ganárselo como enemigo.
Kekeke… esos malditos idiotas eran listos, ya debían imaginarse que el que movería los hilos de ahora en adelante en la universidad sería él y solo por eso no querrían llamar su atención.
No podía creer lo que estaban viendo sus ojos, esperaba que fuera algún tipo de broma, pero estaba seguro que eso no era, no podía estarse equivocando tanto, sus ojos estaban viendo a esa misma mamá gallina que él consideraba de su propiedad, porque lo era (no importaba que ella aun no estuviese enterada, ese era un detalle menor, porque al menos el resto de personas, sobretodo hombres, estaba al corriente de la situación) se encontraba coqueteando, ¡coqueteando! Algo totalmente imposible para ella, ¿Dónde quedaba la mujer que era totalmente inocente en todos los sentidos? ¿Qué diablos era lo que estaba pasando ahí? Primero aparece con una vestimenta que nunca antes la había visto usar y ahora estaba coqueteando… algo que según su opinión se le daba de maravilla.
–Tck.
Si quería saber tendría que preguntarle y a ese bastardo le esperaba saber cómo de fuerte mordía su perro.
No le hablo, tan solo la sujetó de la muñeca y se la llevó, él no tenía porque darle explicaciones, sino que al contrario: era ella quien tenía que responder unas cuantas preguntas.
– ¿Se puede saber qué diablos te pasa? –le preguntó cuando ya estaban en un lugar sin miradas indiscretas.
–Nada.
¿Nada? ¿Y él era un maldito idiota? No.
–Esa no es la respuesta que quiero.
– ¿Entonces cual es Hiruma-kun?
– ¡Dímelo tú!
– ¿Yo? Si no se qué te molesta, no tengo forma de saber qué respuesta quieres.
–Saber perfectamente que es –nunca creyó que con respecto a ese tema iba a tener tan poca paciencia, pero así era. Y para evitar que no le contestara lo que quería fue directo al grano– ¿Qué te pasa hoy? ¿Por qué estas tan rara?
–Yo no estoy rara, estoy normal.
–Si claro, esa es tu vestimenta normal… ¡y un carajo! ¡Dame una maldita respuesta!
–Oh… así que te había dado cuenta de mi ropa, y porque no dijiste nada, Hiruma-kun… ¿verdad que me veo linda?
¿Linda? Se veía preciosa, pero eso no se lo iba a decir.
–Te ves ridícula.
Lo miro ofendida y si no se equivocaba sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas…
–Todos han dicho que me veo bien –prácticamente se lo susurro pero él pudo escuchar perfectamente.
–Te aseguro que mienten, ¿y qué es lo que estabas haciendo ahora? ¿Coqueteando? –tuvo el placer de ver que se estaba ruborizando, pero lo miro a la cara, después de todo podía ver que seguía ofendida– déjame decirte que se te da fatal. Nunca había visto a una mujer que hiciera tanto el ridículo como tú.
Ahora sí que estaba enfadada, lo podía ver en su rostro. Se preparó mentalmente para los gritos que llegarían de su parte, quería que gritara, que su atención estuviera puesta en él, en nadie más. Solo que esos gritos no llegaron, miró sin creerlo que suspiraba y movía la cabeza para luego dar media vuelta y alejarse.
–Esto no tiene sentido, Hiruma-kun –le dijo antes de empezar a caminar.
Y él se quedó ahí parado como un idiota y solo. Lo único que podía agradecer era que nadie se encontraba en los alrededores para que viera que al demonio lo había derrotado una simple mujer. El respeto que ya se había ganado hubiese quedado por los suelos.
A cada minuto que pasaba y él seguía en el mismo lugar más se enfadaba. ¿Ella aun no se daba cuenta que tenía dueño? ¿Qué ese dueño era él?
–Maldita mamá gallina inocente.
Porque eso era lo que era, preocupada por todos y cada uno de los que conocía, nunca se daba cuenta de lo que provocaba en los hombres y era él el que tenía que estar correteándolos con la ayuda de Cerberos, agradecía que ese perro fuera un maldito celoso con ella que no dejara que nadie más que él se le acercara. Eso sí que le convenía, no podía estar siempre vigilando que algún bastardo no estuviese tratando de aprovecharse de la inocencia de esa maldita mujer.
Y ahora parecía que tendría el doble… el triple de trabajo vigilando su espalda para que esos malditos imbéciles no se propasaran con ella.
No entendía y eso que todos lo consideraban un maldito genio y no podía entender que era lo que le estaba pasando en esos momentos por la cabeza a esa mamá gallina. Nunca se había gastado tanto la cabeza tratando de entender a alguien y ahora que quería hacerlo le era imposible.
A lo mejor solo era él que le estaba dando muchas vueltas y al otro día volvería a ser la misma, Anezaki Mamori, come pastelillos que conocía. Eso no le podía durar.
No esperó que ese mismo día volvería a topársela y sería a solo minutos de su conversación, mejor dicho para que pudiera seguir con su camino tendría que pasar por su lado y eso no quería hacerlo. No se encontraba en su mejor forma para soportarlo, sobre todo porque vio que en esa ocasión estaba hablando con dos… ¡dos!, bastardos. Los miro a ambos para recordar sus rostros y luego buscar información o para que Cerberos se encargara, y luego la miro a ella. Parecía relajada y feliz; y no entendió porque eso lo enojo. Pero algo dentro de él le decía que ella solo podía estas así en su presencia. Y por ese día ya no soportaba más esa nueva actitud que estaba tomando esa come pastelitos.
–Ven conmigo –sin esperar respuesta se la volvió a llegar, pero esta vez no iba a aceptar otra cosa que no fuera una buena explicación.
– ¿Qué pasa ahora?
– ¿No te parece que el único que puede hacer preguntas aquí soy yo?
– ¿Porqué?
– ¿Qué está pasando contigo? –le respondió con otra pregunta.
–Eso ya me lo preguntaste y te dije que nada.
–Y yo te dije que no te creo. Y esta vez no te vas a ir sin contestarme.
Suspiro y pareció que se dio por vencida porque al fin respondió.
–Solo quise cambiar un poco… por eso la ropa.
–No tienes para que cambiar, estabas bien.
–Tienes razón… y tú parecías celoso.
–Tck., que idioteces dices maldita manager.
– ¡No son idioteces! ¡Y no me digas así!
–Te digo como se me da la gana. Y más te vale que mañana vuelvas a tu antigua ropa.
¿Así que lo había hecho a propósito? Maldita mujer inteligente y él como un idiota se había dejado manipular por ella.
–Está bien, total ya averigüe lo que quería saber.
Sabía que se iba a arrepentir con esa pregunta, pero quería saber la respuesta aunque tenía una ligera idea de cuál iba a ser.
– ¿Y que querías saber?
–Si te podías poner celoso cuando otros hombres se me acercaran.
Y él que había creído que ese día cuando la vio por primera vez no se había dado cuenta de la mirada que le había dirigido a todos esos críos que se encontraban prácticamente babeando por ella.
–Descubrí que eres muy, muy celoso.
La única forma en que tengo para saber lo que les pareció el capitulo es en sus comentarios... así que... ¿me regalan algunos?
Por si acaso, cree un blog (en mi perfil esta la pagina) sobre libros románticos, hay muchos que me gustan y quería recomendárselos.
