-Entonces, ¿a donde dices que vas?.- Batair le pregunto a Merida mientras el se ponia la camisa y sus pantalones.
-Un pueblo, uno lejos de aqui.- Merida respondio sin prestarle mucha atencion ya que hacia sus maletas cuidadosamente.
Batair levanto una ceja sin estar seguro de lo que ella estaba diciendo. El tomo su camisa y en un movimiento se la puso, pero regreso a su conversacion, dirigiendole una mirada divertida a su novia.
-Entonces, ¿como se llama ese ''pueblo''?.- Dijo entre comillas.
Ella tomo su rostro entre sus manos y miro fijamente a esos ojos marrones claros. Clavo su mirada un rato con una sonrisa y planto un beso en sus labios. –Un pueblo.- Sonrio orgullosa.
Batair rodo sus ojos, ella siempre le contaba todo, bueno, antes le contaba todo. Ahora, el tenia que sacarle informacion y ahora, ¿ella queria largarse asi nada mas?.
-Batair, enserio, necesito que cuides bien del castillo. No tienes que hacer mucho, solo vigilar.- Merida tomo sus maletas y se dirigio al muchacho quien estaba cruzado de brazos asintiendo a lo que decia.
-No hay problema.- Sonrio mostrando sus dientes. –Pero dime algo, ¿por que no quieres que vaya contigo?.- El puso sus manos alrededor de su cintura.
Ella torcio su cabeza de lado. –No necesito que me cuides.- Nego con su cabeza. –Soy una chica grande.-.
El solo torcio su boca y tomo una de las maletas de Merida para llevarlas afuera donde un barco no muy grande la estaba esperando. Ambos salieron mientras que algunas mujeres que trabajan en el castillo empezaron a subir sus cosas mientras que ella le aclaraba a Batair y a sus hermanos lo que tenian que hacer en el periodo de tiempo que estaria fuera.
-No lo olviden, pueden enviarme una carta si me necesitan.- Merida se agacho un poco y tomo las manos de uno de sus hermanos quienes le prestaban su total atencion. –No molesten al pobre.- Miro a Batair con una sonrisa. Sus hermanos asintieron y se alejaron para que Merida pudiera subir al barco, que ya la estaba esperando.
Ella subio y pudo ver como los muchachos se despedian agitando sus manos en el aire, ella les correspondio con el mismo movimiento. Suspiro al saber que ellos estarian solos, no era la primera vez, pero nunca sabia lo que podia pasar. Le agradecia a los Dioses que Batair sabia controlarlos. Entro a su habitacion del barco y dormito un poco para estar preparada para lo que sea que se pudiera enfrentar. Digamos que los vikingos no eran de su confianza, pero si queria lo mejor para su pueblo, tendria que arriesgarse.
-.-.-
Valka, la madre de Hipo estaba en la casa de su hijo. Hipo estaba trabajando en los detalles de la reunion con el rey de Escocia, mientras que su muy amable madre acepto cuidar a Eyra en lo que el trabaja en estos pequeños detalles.
Sinceramente, el no sabia que esperar de este rey de esas tierras. ¿Seria amable?, ¿le cortaria la cabeza?, pero su mayor miedo no era ese, sino que alguien de sus amigos hiciera alguna tonteria que pudiera provocar la furia del hombre y arruinar todo. Lo unico bueno de esto, era que si los escoceces los aceptaban como aliados, ya no se tendria que preocupar por los invasores del sur, de hecho, tal vez nisiquiera por los de sus propias tierras, de los cuales ya estaba harto.
Hipo estaba terminando sus notas y ya estaban acomodadas en perfecto orden, hasta que Chimuelo en un accidente, choco con la mesa donde estaba todo ordenado.
-¡MALDICION!.- Se maldijo a si mismo jalando sus cabellos.
Valka escucho la maldicion de Hipo, por lo que bajo rapidamente para verificar que su hijo estaba bien.
-¡Hipo!.- Valka llamo a su hijo desde la mitad de las escaleras, hasta que vio el desastre en el piso y a su hijo arrodillado. –Hijo, ¿que sucedio?.- Entrecerro sus ojos, acercandose a su hijo.
-Estoy bien, estoy bien…- Susurro mientras se levantaba y tomaba todos sus papeles en orden.
Derrepente, se abrio la puerta bruscamente haciendo que los papeles volaran de nuevo.
-¡BOCON!.- Hipo grito mientras que Valka ponia sus manos sobre los hombros de su hijo para calmarlo.
-¿Que? solo venia a avisarte que el rey no tarda en llegar.- Bocon subio sus hombros mientras lanzaba sus manos en el aire sin entender nada de lo que estaba pasando.
-Si, lo se, ¿todo esta preparado alli afuera?.- Hipo pregunto mientras se frotaba la frente con los ojos cerrados.
-Por supuesto, ¿por que dudas?.- Bocon pregunto mientras reia con gracia. Hipo le hacia mucho reir por la forma en que actuaba.
Hipo rodo sus ojos mientras abria ligeramente su boca. –Bien, entonces, necesito que le digas a mi papa que el tendra que recibir al rey.- El camino de un lado a otro con la cabeza gacha. Bocon solo levanto su ceja como respuesta.
-Se que es mi trabajo, pero enserio, necesito prepararme. Esto es…delicado.- Hipo solto sus manos a sus lados relajandose.
-No te preocupes, todos te apoyamos.- Valka le dio un abrazo a su hijo lo que hizo que sus musculos se sintiera aliviados. Enserio, su madre desde que llego, nunca se habia sentido tan amado y tan apoyado, su madre era una parte que era esencial en su vida, y mas porque era la persona que mas se ofrecia a ayudarle hasta en el mas minimo detalle.
-Estoy seguro de que si.- Hipo tomo las manos de su madre, un gesto que Valka amaba de su hijo. –Y asegurate de que Eyra este tranquila, por favor.- Puso una mano en la mejilla de su madre quien asentia con una sonrisa.
-Seguro.- Ella le dio un beso en la frente a su hijo y subio las escaleras donde su nieta ya estaba desesperada por jugar.
Hipo respiro hondo varias veces, enrealidad, su preocupacion mas grande ahora era el comportamiento de Eyra hacia el, a veces, ella interrumpia sus reuniones, no solo reuniones, reuniones importantes, y las interrumpia solo para hacer un show frente a todos, que lo dejaba con mala cara. El no hacia nada para evitarlo, pues frente a ella se sentia debil, digo, la pobre perdio a su madre y el la criaba solo, aunque tuviera ayuda de sus abuelos. Esperaba que solo por un momento, Odin le permitiera a Eyra que magicamente se portara como una niña normal.
Flashback.
Algunos jefes de otras aldeas estaban reunidos por discutir algunos problemas acerca de ataques entre ellos mismo, cuando todos deberian estar unidos para atacar. Hipo estaba concentrado en las palabras de los hombres, hasta que puerta del Salon de abria ligeramente, empujada por una niña. Los jefes se percataron de esto, pero siguieron su conversacion como si ella no estuviera alli.
-Papi.- Eyra se acerco a su padre, jalandolo del brazo para que le prestara atencion, pero Hipo solo no le prestaba su atencion. –Papi, ven conmigo, quiero mostrarte algo.- Siguio jalando el brazo del hombre quien solo trataba de estar serio; mientras tanto, los hombres observaban a la niña con rareza. ¿Su padre le permitia hacer esto? Pensaron.
-¡PAPI!.- Lloro Eyra ante su padre.
Hipo solo nego con su cabeza ante la sopresa de hacer llorar a su hija. Este la tomo y la sento en su regazo y empezo a agitarla levemente mientras la calmaba. –Shh, tranquila.- Susurro mientras los jefes estaban sorprendidos por la escena que estaba transcurriendo frente a sus ojos.
-Sabe, creo que sera en otra ocasion.- Uno de ellos hablo con una sonrisa orgullosa. Esto era una falta de respeto hacia ellos, este señor los habia hecho perder su tiempo.
-¡No!¡Espere!.- Hipo les grito a los hombres que ya estaban cruzando la puerta, pero el no se levanto porque su niña estaba formando una sonrisa mientras recostaba su cabeza en el pecho de su padre.
Fin del Flashback.
El suspiro fuertemente mientras agachaba su cabeza. Ojala esto no pase, no justo ahora.
-.-.-
Merida dormitaba en su habitacion cuando sus ojos se abrieron derrepente, ella solo arrugo su nariz y miro hacia todos lados. Ella salio de su cama despues de un reconfortante sueño, tomo una ducha refrescante y empezo a peinar su cabello. Su madre le habia permitido que cuando fueran dias normales, ella pudiera usar lo que quisiera, pero cuando fueran eventos especiales, hiciera el esfuerzo por verse mejor que otros dias. Aunque pasaran años y aun tenia algunas de sus mismas actitudes cuando era mas joven, ella tomo los consejos de su madre, enrealidad servian, la dejaban en paz mas seguido y hacia feliz a todos mientras se hacia feliz a si misma, y no podia mentirse, obedecer a veces, hacia mas sencillas las cosas.
-.-.-
Estoico estaba parado en los puertos esperando la llegada de este misterioso rey. El no se sentia comodo con la idea de su hijo, pero Hipo era inteligente y de hecho le dijo que los viera como dragones, aceptarlos mediante los fueran conociendo.
El ya estaba preparado. Su experiencia ya habia dado frutos, pues no estaba nervioso como su hijo. En un momento a otro, un barco con las velas del clan Dunbroch se estacionaban en el puerto. Estoico conocia a este rey, Fergus de nombre, era un hombre grande, alto y fuerte como el. Ambos tenian rivalidad ya que uno no era menos fuerte que otro.
Se quedo pensando en eso por unos momentos, hasta que miro hacia enfrente y una figura de una dama bajaba unos pequeños escalones. La mujer tenia cabellos rojizos y ojos azules impresionantes.
Sin darse cuenta, la mujer estaba frente a el con una sonrisa en su rostro.
-¿Fergus?.- Estoico pregunto sin tener la idea de que su boca se movia sin su consentimiento.
Ella enarco su ceja y entrecerro sus ojos por la extrañeza del hombre. –Su hija, en realidad. –Ella tomo su gran mano y saludo. –Princesa Merida.- Se presento estirando su cuello.
-Lo lamento.- Agacho Estoico su cabeza en reverencia. –Estoico el Vasto.- Se presento.
Hipo les habia advertido a todos que debian comportarse normal, tomar sus tareas diarias y hacer como si nada estuviera pasando. Mientras ellos caminaban cruzando el pueblo, todos miraron extraño a la chica, ¿quien era ella?.
Estoico acompañaba a la señorita recorriendo la aldea mientras ella admiraba el lugar en el recorrido. –En realidad, mi hijo es el jefe, solo que, el tiene una agenda un poco apretada.- Rio nervioso. –Pero, le aseguro su majestad que estara atento a todas sus necesidades. Todos a decir verdad.- Estoico dijo con una total confianza que hizo sentir bien a Merida, quien le prestaba una minima atencion.
-Seguro.- Sonrio simpaticamente. –¿Y cuando podre verlo?.- Pregunto.
-En unos momentos princesa.- Asintio Estoico.
-.-.-
El cielo ya estaba pintado de color naranja con un leve rosado que resaltaba con el sol, pero la pelirroja ya estaba cansada de actuar tan recatada y aun no habia visto a este supuesto ''jefe''. Ella queria explorar un poco, y aunque el pueblo era colorido e impresionante, queria estar sola, descubrir por si misma, pues esa chispa en ella jamas se apagaria.
Estoico la llevo al Gran Salon, donde el le dijo que esperara alrededor de una mesa larga y redonda con una chimenea en el centro. Ella suspiro por la soledad que sentia en ese momento, por lo que empezo a admirar su alrededor. Los vikingos saben hacer cosas hermosas penso. -¿Donde esta este idiota?.- Se susurro a si misma apoyando su cara en su mano.
-.-.-
Hipo corria por las escaleras inmensas del Gran Salon. Llego a la gran puerta y suspiro una vez mas. –Tranquilo.- Se susurro mientras abria las puertas enderezandose a si mismo.
El abrio las puertas y en eso Merida se paro por el leve crujido que provocaban las puertas. Hipo poso sus ojos verdes en la joven que estaba frente a el. El rey era ¿una chica?, penso. Se podia ver que era joven, mas que el obviamente, pero tenia que admitir que era atractiva. Las curvas que ella tenia eran nulas en las mujeres de Berk, de hecho, en ninguna mujer habia visto tal belleza, y menos un rostro como ese.
Hipo se acerco formando una sonrisa de lado a lado, pero manteniendo un semblante serio –Disculpe la tardanza su majestad.- Hipo bajo su cabeza para luego tomar la mano de la joven, la cual estaba sonrojada levemente.
-No hay problema…¿señor?.- Merida sonrio mostrando todos sus dientes mientras sus ojos azules lo miraban de una manera comprensiva.
-Hipo.- Mostro una sonrisa leve –Hipo Abadejo, pero puede decirme Hipo.- El volvio a tomar la mano de la joven para que ella se presentara.
-Princesa Merida.- Agito la mano amablemente mientras se mostraba un poco seria. Ella se encerro un poco en sus pensamientos. El era apuesto, sin duda, pero era obvio que por su edad, que no era muy mayor, ya estaba casado o comprometido. La decepciono un poco, pero que se le podia hacer, esa mujer debio de tener mucha suerte, aunque bueno, estaba abierta a muchas cosas.
-Y bien, Hipo, dime, ¿por que estoy aqui?.- Merida se sento junto a el, quien la miraba fijamente pero con ojos perdidos.
-Bien, reina Merida, yo espera..-Hipo empezo a hablar de forma segura hasta que una interrupcion leve surgio de la boca de la mujer.
-Solo Merida.- Cerro sus ojos mientras formaba una sonrisa. –Por favor.- Los abrio para encontrarse con los ojos verdes que la miraban con compresion.
-Merida. Me gustaria que arreglaramos nuestras diferencias.- Bajo su mirada con tristeza. –Aunque no lo crea, Berk es una isla pacifica, y por desgracia, hemos sufrido perdidas considerables, a pesar de que no estamos en guerra con ningun pueblo.- Hipo subio la mirada para mirarla, ella parecia prestarle atencion por la expresion en su rostro.
-Comprendo.- Asintio ella. –Entonces, si nos volvemos aliados, ¿que pasaria?.- Fruncio el ceño.
-Simple, estoy dispuesto a unirnos a ustedes, si ustedes acceden a unirse a nosotros.- Sonrio torciendo un poco su cabeza mientras hablaba con la chica. –No creo que seria necesario hacerlo todo tan formal, pero, si necesitamos de su ayuda.-.
Ella asentia a todo lo que decia mientras bajaba la mirada, pero finalmente formo una sonrisa ligera en su rostro. –Buena idea.-.
La pareja formo una sonrisa en sus rostros mientras seguian discutiendo el tema. Hipo era fascinante, su forma de hablar tan amable y su rostro la atraia como cuervo. Merida sin duda, era hermosa y se podria apreciar su inteligencia facilmente.
Ella sonreia a todo lo que decia, se podria decir que no estaba prestando mucha atencion a sus palabras porque sus ojos, en un momento de la conversacion, recorrian el pecho del hombre. El tenia puesto una armadura negra que se ajustaba a su cuerpo a la perfeccion, por lo que podia imaginarse que pudiera tener alli abajo.
Hipo no era muy diferente, ya que cuando Merida hablaba sus ojos se posaban en los labios de la princesa, ¿por que sus labios eran diferentes?, penso. Inflados, gruesos, y por lo que se veia, eran de textura suave, lo que provocaba en el a veces tener que morderse un dedo con tal de atacar la tentacion.
Tenia que ser sincero. Habia pasado un lapso de tiempo largo desde el momento en que habia tocado una mujer. El habia buscado a veces la consolacion de una mujer, aunque solo fuera por una noche, pero, nadie satisfacia sus necesidades, por lo que en un momento dado dejo de buscar, para concentrarse en todo lo demas, menos en el.
