Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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ENGAÑOS

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*·º·*·º·*

*Justificando la categoría, hay escenas de contenido fuerte xD

*º*º*º

Una semana después, Hermione y Harry caminaban por una larga playa, sintiendo la arena mojada en sus pies, la brisa marina movió sus cabellos, logrando alborotarlos aún más.

—No puedo creer que mañana volvamos —dijo él deteniéndose a mirar el atardecer.

—Ni yo, estos días han sido maravillosos pero ya es hora de que regresemos, el trabajo nos espera y aún tenemos que arreglar la casa, dejamos todo desordenado —enunció, sentándose cerca del mar.

Él la secundo, dejó salir un suspiró largo. —Es verdad, sólo hicimos la mudanza. —Recordó la cantidad de cajas que habían trasladado del departamento de Hermione. —Pero la mayoría son tuyas, ¿qué tenían todas esas cajas?

—Libros —soltó con naturalidad—, tendremos una amplia biblioteca.

—Debí imaginármelo.

Ella le dio un pequeño golpe en su hombro. —Se trata de que tú también la uses.

—Le puedo encontrar muchos usos… cuando pongamos la estanteria —murmuró bajito robándole un pequeño beso.

—Harry —negó moviendo su cabeza, abochornada.

Él rió divertido, se acostó sobre la arena, cruzando sus brazos detrás de su cabeza. —En cuanto lleguemos a Londres me espera una misión en Escocia.

Ella giró su rostro con brusquedad, mirándolo con seriedad. Su corazón se oprimió como solía pasarle cada vez que él salía en busca de magos oscuros. — ¿Por qué no me lo habías dicho?

—Sabía que pondrías esa cara, no quería que te preocuparás innecesariamente en nuestra luna de miel —comunicó sereno.

—No es justo, debiste decírmelo —murmuró con desazón, abrazó sus piernas, mientras dejaba que su mentón descansara sobre sus rodillas.

—Te lo estoy diciendo ahora. —Se incorporó, mirándola con dulzura, apartó su cortina de rizos revueltos, dejando al descubierto su mejilla. —No es una misión de alto riesgo.

Ella dejó escapar un sonido de molestia, sabía que ese era su trabajo y que le gustaba lo que hacía, pero había momentos en que no quería sentir la sensación mortificante que la embargaba cada vez que se iba o que volvía con vendajes, heridas sangrantes o que tenía que visitarlo en St. Mungo.

—Estaré bien, tendré cuidado.

—Eso…

—Lo cumpliré, regresare a casa, contigo.

Ella apretó sus labios, sus ojos lo recorrieron. Se lanzó a abrazarlo logrando que él cayera de espaldas en la arena.

—No quiero perderte.

—Eso no pasara —mencionó apretándola contra él.

Hermione se fue relajando en sus brazos, aflojó un poco su agarre, para poder alzar su rostro y mirarlo.

—Confió en ti.

Sonrió con sus ojos brillantes detrás de sus gafas. —Tengo planeado vivir mucho tiempo contigo, no se deshará tan fácil de mí, señora Potter.

—No tenía planeado hacerlo.

—Eso es bueno porque nuestros hijos necesitaran a sus padres juntos —declaró tomándola por sorpresa.

—¿Hijos?

—Sí, quiero que tengamos al menos tres.

—¿Tres?

—¿Por qué te sorprendes? No es la primera vez que hablamos de esto —dijo con sus cejas unidas.

—Lo sé, pero creí que deseabas que esperáramos un poco —comentó ligeramente aturdida, aunque no podía negar que le encantaba la idea, no tanto el número pero en definitiva quería tener un hijo suyo.

La idea le calentó el corazón, su mente se llenó de la imagen de un pequeño niño de ojos esmeralda corriendo por su casa, llenándola de risas.

—Aún sigo creyendo eso, pero no me molestaría que hubieses quedado embarazada después de estos días.

—Harry —murmuró enternecida, besó sus labios una y otra vez.

Ella sabía que la posibilidad de que eso ocurriera era casi nula, ambos habían sido demasiado cuidadosos.

Él sonrió entre los besos, la rodeó con los brazos. Hermione buscó una posición más cómoda, recargó su cabeza en su hombro, mientras estiraba sus piernas. Continuaron hablando sobre trivialidades, mientras observaban el cielo oscurecerse lentamente y poblarse de pequeñas luces de distintas intensidades, el mar los alcanzó obligándolos a moverse.

Regresaron al hotel entre risas, una rica cena los esperaba ya en su cuarto, así como unas maletas que arreglar para su regreso.

*º*º*º

El Valle de Godric había sido el lugar donde habían decidido vivir, a pesar de todos los recuerdos dolorosos, no había sido una decisión fácil, pero tenían que reconocer que era un buen lugar para comenzar su familia, así como los Potter lo habían hecho hacía varios años atrás ya.

Su casa no era una mansión, era más bien un lugar con el espacio necesario para no sentirse estresados, ni tampoco solos aún estando juntos, su jardín era amplió con un par de árboles y flores.

Harry colocó las maletas en el hall, mientras Hermione avanzaba por el lugar corriendo las cortinas dejando que la luz bañara todos los rincones. A pesar de no haber estado ausentes tanto tiempo, una capa de polvo había cubierto el lugar.

—¡Por Gryffindor! Este lugar necesita con urgencia una limpieza —resopló admirando todo el trabajo que sería—. Iré a buscar un trapo y una escoba.

—Tómalo con calma —musitó Harry, deteniéndola.

—Harry debemos comenzar —dijo quejándose.

—Lo sé, sólo relájate un poco… tal vez deberíamos conseguir un elfo.

—Quizás, pero si lo hacemos le pagaremos lo justo por su trabajo.

—Lo que digas —contestó con una media sonrisa. Su esposa siempre pensando en los derechos de los elfos, como olvidar que durante el cuarto año los había atosigado con su organización, la P.E.D.D.O. Estaba sumamente orgulloso de ella por todo lo que estaba logrado siendo una progesista por todas las criaturas magicas.

—Vamos Harry, déjame ir… tengo que buscar una escoba.

—Eso puede esperar, me he dado cuenta de que no hemos entrado de forma adecuada.

Hermione lo miró desconcertada. —¿A qué te refieres?

Él no respondió simplemente la hizo acompañarlo de regreso a la entrada de la casa, manteniendo la puerta abierta para ellos. La cargó entre sus brazos con facilidad, sorprendiéndola, aunque segundos después comprendió lo que estaba haciendo.

—Bienvenida a su casa señora Potter —declaró entrando con ella.

—Esta loco señor Potter —declaró risueña, su forma de agradecerlo fue tomando sus labios en un beso profundo que los hizo sonrojarse por la intensidad—, debemos apurarnos.

—O podemos seguir haciendo esto —señaló, dejó clara sus intenciones rozando sus labios.

—No creo que tus brazos me aguanten por más tiempo… y la verdad es que estoy un poco adolorida —confesó tan colorada que podía haber competido con una manzana madura.

Él la miró con la vergüenza plasmada en su rostro, la dejó sobre sus pies con cuidado. —Pudiste mencionarlo anoche —murmuró, se pasó la mano por su cabello desordenándolo, ambos estaban un tanto incómodos con el tema.

—Sí, bueno...

Carraspeó un poco, tratando de romper con el ambiente que se había creado a su alrededor. —Deberías ir a descansar, yo me encargare de ordenar —sugirió.

—Eh… descansare después. —Rechazó agradecida. —Es mejor que pongamos manos a la obra, esto no se hará sólo. —Retomó su camino, deteniéndose en el marco que daba a la otra habitación.

Él exhaló con fuerza, dejando salir un poco de su tensión. Avanzó hacia la sala cuando la voz de su amiga lo hizo detenerse.

—Harry para que lo sepas, anoche la estaba pasando muy bien como para pedirte que te detuvieras.

La tranquilidad volvió a su consciencia, el alivió lo recorrió acompañado de alegría y satisfacción. Se miraron por un instante con una sonrisa cómplice, recordando la sesión de pasión desmedida que habían pasado en la suite del hotel.

—Debo ir a buscar… —No concluyó, simplemente se volvió despareciendo de la vista de Harry.

Él hizo lo mismo con el ánimo renovado.

*º*º*º

Horas después, se encontraban recostados en el largo sillón frente a su chimenea, completamente exhaustos, sudorosos y con el ropa llena de polvo. Las cajas de comida china casi vacías se encontraban en la mesa de centro junto con unas latas de refresco.

—Estoy muerta.

—Yo también, por hoy ha sido suficiente.

—Sí, aún nos falta la planta superior.

—Lo sé, pero lo haremos mañana.

—Estoy de acuerdo.

—Me alegro que nuestro cuarto este ordenado.

—No sería así, si no te hubiese insistido en que lo arregláramos antes de irnos.

—Lo sé, eres brillante.

Se quedaron recostados un rato más, antes de que Hermione se levantara por completo.

—¿A dónde vas?

—Necesito un buen baño —comunicó, mirando a su esposo aún recostando cavilando si debía o no decirle lo que estaba pensando, se mordió los labios indecisa por un par de segundos—, ¿vienes?

Harry no esperaba la invitación, sabía que si aceptaba, sería una gran tentación no terminar haciéndole el amor. La sola idea hacia que su cuerpo reaccionara y su mente comenzara a crear toda clase de fantasías.

«No, no… debo pensar en Hermione, no sólo en mi.»

Su deseo se extinguió casi por completo, deshaciendo los intentos de su entrepierna por despertar y tener un poco de acción.

—Bien.

*º*º*º

Hermione se encargó de preparar la gran bañera para los dos, la llenó casi hasta el tope, colocándole todo lo necesario. Era una ironía que la primera vez que la usarán no fuera precisamente para lo que habían pensado al verla, que había sido claro estar juntos ahí, amándose y no la de bañarse cada uno por separado, siendo esa la función principal.

Ligeramente avergonzada se encargó de prender un par de velas aromáticas que habían colocado antes, se quitó su ropa sucia, mandándola al cesto. La punta de su pie tocó el agua comprobando su temperatura, a pesar de que momentos antes lo hiciera con sus manos. Lentamente se sumergió por completo, disfrutando de la sensación relajante que llenó su cuerpo, calmando un poco músculos adoloridos, cerró sus ojos recargando su cabeza en el borde de la tina que se encontraba cubierto por una pequeña toalla para mayor comodidad.

Poco después el ruido de la puerta, hizo que abriera sus ojos, topándose con la imagen de Harry.

—¿Qué tal esta el agua? —preguntó, evitando dejar su mirada fijamente en ella.

—Perfecta.

Él comenzó a desnudarse de espaldas a ella, Hermione siguió cada uno de sus movimientos, disfrutando de cada prenda que él retiraba, su piel ligeramente bronceada contrastó con la parte en la que el sol no había tocado, su trasero.

«Recuerda Hermione, es sólo un baño… tu fuiste la que lo detuviste antes.» Se repitió, buscando no perder el control y lanzársele encima, pidiéndole que le hiciera el amor. Aunque era algo difícil siendo que todo el ambiente era propicio para el momento. Bajó la mirada antes de que él se girara, no quería ser atrapada en pleno escrutinio.

Potter caminó hasta la bañera notando que su esposa parecía estar más concentrada en las burbujas de jabón que en él, se sumergió en la bañera del lado opuesto al de ella. Hermione se apresuró a recoger sus piernas, dándole espacio para que se acomodara.

—Puedes estirar tus piernas, esto es sumamente grande para los dos.

Ella lo hizo, dejándolas entre las de él que se encontraban abiertas.

—Se siente bien —susurró. Se quitó sus lentes, dejándolos a un lado en el suelo, hizo hacia atrás su cabeza, recostándola sobre la toalla.

Estando así le sería más difícil ver la imagen de su esposa desnuda, aunque no ayudaba con su imaginación que podía recrearla con exactitud.

—Lo sé.

Se quedaron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos que tenían que ver el uno con el otro.

—Tengo que avisarles a mis padres que ya llegamos, seguro querrán visitarnos.

Harry agradeció que ella hablara, de un tema que lo distraía por completo de los pensamientos lujuriosos que se colaban en su mente.

—Es mejor que vayamos a verlos, así les evitamos el viaje. Es mejor que vengan cuando la casa esté completamente ordenada, así podrás mostrárselas a detalle.

—Estoy de acuerdo, también tenemos que decirles a Ron y sus padres, a Luna, Neville… aunque lo más probable es que Molly organice algo en la Madriguera —espetó, conociendo a la madre de los pelirrojos y el cariño tan grande que le tenía a Harry, al cual trataba como su octavo hijo.

—Sí, de cualquier forma mañana iré a ver a Ron.

—¿Podrías decirle que venga a comer con Luna?

—Se lo diré.

—¿Cuándo volverás al trabajo?

—En dos días y en tres iré a Escocia.

Hermione se tensó pero trató de no demostrárselo. —Te haré una maleta.

—Déjame encargarme de eso, además no llevare muchas cosas… a lo mucho una muda de ropa y cosas esenciales —explicó—, ¿y tu cuándo volverás?

—Mañana iré a revisar los pendientes temprano, volveré para arreglar las cosas que faltan y pasado mañana estaría trabajando en mi horario habitual —profirió realizando planes mentales, para una mejor organización de su tiempo.

—Vaya… se nos complicara vernos esta semana —soltó, al percatarse de que sus tiempos no eran los mismos.

Hermione no pudo evitar sonreír ante el tono de decepción de su amigo. —Siempre ha sido así, pero ahora vivimos juntos, nos veremos al final del día.

—Pero después de estos días juntos, cambiar la rutina no me satisface, no tengo suficientes horas contigo —interpeló descontento, realizando un puchero.

—Lo sé —respondió divertida y alegre al saber que él también la extrañaría, tanto como ella a él—, pero haremos tiempo.

Hermione sacó su mano del agua y le aventó una esponja.

—¿Quieres qué te ayude a lavarte? —le preguntó sugerente, curvando sus labios en una sonrisa coqueta.

—Es para ti —repuso sonrojada, aunque no podía negar que hubiese querido decir que sí.

—Oh… ¿no me ayudarás?

Ella negó con su cabeza con una sonrisa. —No me lo pones fácil Harry.

—No me culpes por querer intentar.

—No lo hago porque no quiera —comentó apenada.

—Lo sé.

—Pero puedo hacer otras cosas por ti…—insinuó, se movió de su lugar en el extremo de la bañera con una clara intensión, un hormigueó recorrió el cuerpo de Hermione al saber lo que estaba por ocurrir.

*º*º*º

Rato después Hermione se encontraba sentada en el banquillo frente a su tocador, colocando crema en las piernas, mientras Harry terminaba de colocarse su pijama. La televisión muggle se encontraba en el canal de noticias, en volumen moderado. Ambos pusieron atención cuando los presentadores mencionaron: «Escocia».

siguen apareciendo cadáveres cerca de las terminales de transporte, la lista de nombres de las victimas siguen sin darse a conocer, se desconoce la cusa de su muerte ya que no presentan heridas físicas, hasta ahora la policía no ha dicho nada sobre si tienen algún sospechoso de estos espantosos crímenes.

La mirada preocupada de Hermione se posó en Harry, él de inmediato captó su pregunta aunque ella se mantuviera en silencio.

Sus rasgos se endurecieron mientras su mirada se oscurecía. —Sí, la misión a la que iré tiene que ver con esos crímenes.

—¿Sabes quiénes son? —preguntó acercándose a él.

—Sí, un grupo de magos oscuros.

—¿Ex-mortifagos? —cuestionó titubeante.

—No —contestó adusto, tomó el control de la televisión apagándola.

Hermione comprendió que él no diría más, no al menos hasta que los hubieran atrapado y puesto en Azkaban, hasta que se presentaran por sus crímenes ante el Ministro y el Wizengamot. El corazón se le oprimió, respiró profundamente buscando aliviar un poco la sensación.

Se dirigió a su cama, acomodó sus cobertores. Se quitó su bata y se acostó siendo secundada por Harry, en otros momentos se hubiese puesto a leer antes de apagar las luces, pero en ese momento no creía que pudiera en pensar en otra cosa que no fuera la noticia que habían escuchado y la misión de su esposo.

Él también apagó su lámpara, se quitó sus lentes dejándolos en su mesa de noche junto con su varita. Se giró buscando el cuerpo cálido de su amiga, abrazándola por detrás, hundiendo su rostro en su cuello donde depositó un beso.

—¿Estas bien?

—Sí —murmuró, acurrucándose contra él, relajándose.

—Te amo —le susurró al oído.

Suspiró con una sonrisa en sus labios. —Yo también.

*º*º*º

En otra parte del mundo mágico, horas antes.

Ginevra se miró nuevamente en el espejo de cuerpo completo, alisó la suave tela de su vestido en la parte de su abdomen, no quería que ningún detalle se le escapara, pues nuevamente estaría en la mira de las cotillas de la alta sociedad mágica.

Pasó sus ojos minuciosamente, desde su cabello rojo como la sangre hasta sus zapatos de tacón alto, respiró profundamente rogando a Merlín que todo saliera bien esa noche, se colocó un poco más de perfume, tomó su bolso y salió de su habitación.

Draco miraba con impaciencia su rolex, movió el cuello de su camisa impecable, buscando darle un respiro a su garganta. Su pie comenzó a golpear el suelo alfombrado, le dio otro tragó a su vaso de whiskey, cansado de esperar se dirigió a la escalinata con intenciones de ir por su esposa, pero eso no fue necesario.

Ginny se alzó un poco el vestido para poder bajar la escalera, levantando su mirada encontrándose con Draco envestido en un elegante frac, estaba dolorosamente atractivo, podría haberse quedado hipnotizada con su imagen de no ser porque la expresión de su rostro desentonaba, lo había dejado boquiabierto y eso no pasaba todos los días y menos con lo difícil de complacer que era, su boca se acurrucó en una sonrisa de satisfacción.

Entonces supo que había hecho la elección correcta con su vestimenta y su arreglo, había pasado la primera prueba de la noche.

Malfoy delineó su cuerpo con los ojos, sin perderse ningún rincón, se veía hermosa en ese vestido verde oscuro —en corte de sirena con un escote strapless en forma de corazón—, que bastaba decir que era su color favorito y verlo en su esposa, hacia que la sangre se le calentara y se dirigiera al sur de su anatomía. No todos los días se veía a un orgulloso Gryffindor traicionar los colores de su Casa para usar los colores de Slytherin y que resultara airosa.

—¿Cómo me veo?

Él se aclaró la garganta, buscando recobrar la compostura. —Aceptable.

Ginny se descolocó, su sonrisa se desvaneció. —¿Aceptable? —cuestionó indignada, no era el halago que esperaba de él. Terminó de bajar la escalinata colocándose frente a él, con las manos en su cintura.

Él le sonrió con suficiencia sabiendo lo que vendría, se lo ahorró se inclinó sobre ella, aspiró el aroma de su perfume de la piel expuesta de su cuello dejándola totalmente enmudecida, besó las pecas de su garganta. Ginny cerró sus ojos disfrutando de la sensación.

—Perfecta… —Fue lo que le dijo al enderezarse y notar su sonrojo.

—Tú no estas nada mal.

Él se rió y sus ojos brillaron. —Soy un dios.

—Oh no, por favor no me atormentes con eso, en la cena estarán esas tipas faltas de moral —voceó con desdén «zorras»—, que seguro te ayudaran a alimentar tu ego.

Su risa se volvió una carcajada. —No me complace escucharlo de ellas.

—Pues de mí no obtendrás nada.

—Ya veremos… —enunció con descaro.

—Oh, mira que tarde es —comentó tomando su muñeca, mirando su rolex—, tus padres se pondrán de mal humor si llegamos tarde.

—Esta bien, pero antes de que termine la noche lograre que lo digas —comunicó con seguridad, tomó su mentón y le robó un beso ardiente, sellando así sus palabras.

*º*º*º

Ginny inhaló lentamente buscando tranquilizar sus nervios, esto era totalmente distinto a los juegos de Quidditch donde podía estar frente a miles de personas, que veían segundo a segundo sus movimientos, pero aquí no era una cazadora realizando sus mejores jugadas, era la esposa de un Malfoy, y se esperaba mucho de ella.

Draco le ofreció su brazo, ella lo tomó y juntos caminaron al interior del lujoso salón adornado en colores claros contrastados con el plateado, los espejos en las paredes hacían reflejar las luces. Una orquesta numerosa tocaba con animosidad en el fondo, con algunas parejas bailando su música en la gran pista.

Varias mesas circulares se encontraban repartidas en el lugar, desde luego la suya se encontraría posicionada en buen lugar con vista a la pista.

Ginevra no se sorprendió de que se encontraran en medio de una fiesta que distaba mucho de ser sólo una cena entre familiares y amigos. De inmediato sintió que los vellos de su nuca se erizaban, las miradas de esas personas eran como filosas agujas clavándose en ella.

—Relájate estás cerca de parecer una persona petrificada.

—Me odian.

—Claro que lo hacen—profirió con cierta obviedad logrando que Ginny le lanzara una dura mirada—. Te ves hermosa y estás conmigo —explicó orgulloso.

Ginny rodó sus ojos, aunque su comentario había logrado sacarle una sincera sonrisa. Avanzaron por el lugar saludando a algunas parejas, mientras él le murmuraba algunos detalles curiosos o escandalosos sobre las personas que saludaban, buscando que se relajara.

La presentó con algunos otros que desconocían quién era su esposa. Ella hizo honor a todo lo que su madre y por supuesto Narcissa le habían enseñado. Al ver sus expresiones podía deducir lo que la mayoría pensaban: «¿Weasley? Su apellido no me suena entre nuestro círculo», «¿Weasley? Seguro que esta emparentada con el chico que ayudó a Harry Potter a derrocar al Señor Tenebroso», «¿Weasley? ¿No era una jugadora de las Arpías de Hollyhead?», «No esta a su altura», «No es de su tipo usual».

Entre otras muchas cosas.

Trató de pensar en cosas agradables, mientras les sonreía a estas personas, mucho más a las cuales ya conocía y no le simpatizaban o a las que sabía que en su momento tuvieron que ver con Voldemort pero su colaboración con él, no había sido comprobada. A esos era a los que detestaba más, aunque Draco jamás la había obligado a saludarlos, de hecho él jamás había dejado que le besaran el dorso de la mano. Tampoco era una situación fácil para él.

Finalmente se toparon con quién Ginny hubiera deseado no ver, aunque de antemano sabía que estaría: Astoria Grengrass rodeada de su pomposa familia. En esos días él había seguido viéndose en su oficina con ella y aunque Draco le había dicho lo que ocurría, no dejaba de sentirse incomoda en su presencia, más después de que le hubiese sonsacado a Blaise que Draco si había sentido algo con esa rubia despampanante, pero él también le había aclarado que eso había sido hacía muchos años durante el Colegio, que no era más que pasado y así debía tomarlo.

Malfoy saludó personalmente a cada uno de los miembros de la familia, sin apartarse de Ginny, su mano descansaba posesivamente en su cintura, había sido así durante desde hacia un tiempo, cuando notaba las miradas lascivas que algunos hombres le dirigían a su mujer.

—…seguramente recuerdan a mi esposa Ginevra.

—Por supuesto —respondió su casi suegra, recorriendo con la mirada a la pelirroja, para después sonreír forzadamente.

— ¿Íbamos en el mismo curso, no? —comentó Astoria con una amabilidad que se notaba era sincera y Ginny no pudo más que sentirse mal y extraña ante su actitud. Todos esos días había estado celosa pero al estar frente a ella, podía notar que ella no estaba coqueteándole a su esposo, de hecho no había nada que le indicara que algo más que negocios hubiera ocurrido con él. Su trato era amistoso, pero no sobrepasaba las líneas del respeto.

—Así es.

—Sí, te recuerdo, supe que fuiste jugadora, llegue a ir a algunos de tus partidos.

—Ah… sí gracias.

—Eras buena, no entiendo ¿por qué te retiraste? —preguntó curiosa—. Draco no te lo habrá pedido ¿o si? —Dirigió sus pupilas aceitunadas hacia el ex Slytherin.

—No hice tal cosa.

—No, aunque extraño jugar, también disfruto de lo que hago ahora, soy corresponsal de El Profeta, escribo las columnas sobre Quidditch.

—Oh vaya, no lo sabía.

—No pensé que la señora Malfoy tuviera esa clase de oficio —soltó con desdén Heder Greengrass.

—Mi esposa puede dedicarse a lo que ella quiera, tiene mi entero respaldo —contestó de forma diplomática—. Ahora si nos disculpan tenemos que ir a nuestra mesa.

Ginny lo miró sorprendida por su reacción, más no tanto por sus palabras. Sabía que contaba con él, aunque no siempre estuviese de acuerdo en sus decisiones. Llegaron a su mesa donde se encontraban ya Lucius y Narcissa.

—Madre —saludó Draco besando sus pálidas mejillas—, padre —realizó una leve inclinación.

—Narcissa, se ve estupenda.

—Tú también querida, ese color te sienta de maravilla —reconoció con una sonrisa moderada.

—Señor Malfoy —saludó sin acercarse al hombre, ni realizar ninguna reverencia.

Su esposo abrió la silla para ella de forma educada, ayudándola a tomar asiento bajo la fija mirada de sus suegros. —Gracias.

Esta iba a ser una larga noche.

*º*º*º

Las parejas habían comenzado a adornar la pista con sus sutiles movimientos que iban al ritmo de la música.

—Estás muy callada —dijo mientras bailaban.

—No es nada.

—¿Sigues celosa?

—No —negó con un suspiró, apenada por desconfiar de él.

—¿Si yo volviera a jugar te molestaría? —preguntó después de un rato.

El silencio se prolongó entre ellos, Ginny se mordió el labio inferior expectante de su respuesta.

—No te voy a prohibir nada, si es lo que quieres, lo harás.

—Pero…

—Se que han sido muchos cambios para ti, mi madre ha sido bastante estricta contigo.

—No estaría de acuerdo.

—Probablemente no, pero tendrás mi apoyo —afirmó serio, realizando una pausa—. Sabes que eso complicara nuestro matrimonio, no podré viajar para estar contigo en la mayoría de tus partidos y tú no podrás estar conmigo en los viajes que yo haga y sobre tener un hijo…

—Tendría que esperar.

—Si.

—No lo haré.

El frunció su ceño acentuando su expresión de confusión. Se separó de ella para poder ver su rostro. —Entonces…

—Sólo quería saber lo que pensabas.

—¿Pensaste qué por ser mi esposa no te dejaría jugar?

—Sí —admitió pesarosa.

—Ginevra… —Su tonó de voz delataba cierta molestia.

—Lo siento, pero tenía mis razones para pensarlo.

—Has querido hacerme esa pregunta desde hace tiempo, ¿no? —dedujo serio. Sus labios se tensaron en una fina línea, apartó su mirada de ella, enfurruñado.

—Draco…

—Mmmm.

—Eres un dios griego y te ves perfecto con este frac.

La comisura izquierda de sus labios se elevó, en una media sonrisa. —Te escucho… ¿qué más?

—Eres un egocéntrico.

Él regresó su mirada a ella, encontrándola con una hermosa sonrisa floreciendo en sus labios.

—Sabía que lo dirías.

—Sí, bien… tú ganas.

Ella elevó su rostro mientras él se inclinaba con una sonrisa petulante. Sus bocas se encontraron durante un instante, mientras las últimas notas de la canción sonaban por el lugar.

*º*º*º

Ginny estaba en el tocador, refrescándose un poco. Draco se encontraba bailando con su madre y ella no se le antojaba nada esperarlo en la mesa con su suegro, no es que le tuviese miedo, pero debía admitir que tenía una presencia que imponía. Además con él las cosas eran un poco más tensas, no quería recordarlo pero de alguna forma el hombre había sido el culpable de su nada grata experiencia con Tom Ryddle y la Cámara de los secretos.

Había tenido una platica sobre eso con Draco, pero ella le había dicho que no le guardaba rencor alguno y era así, pero mientras él no la aceptara del todo, su relación seguiría siendo difícil. Estaba segura que cuando todo eso pasara, encontrarían algún tema del cual hablar sin sacar sus varitas.

Abrió su bolso con la intención de retocar su maquillaje, cuando por el espejo observó a varias espiriflaúticas, niñitas mimadas entrar al tocador, intercambiando chismes de la velada.

Bajó la mirada sin intención de ponerles atención a sus tonterías, siguió en lo suyo. Sacó su labial y mientras delineaba sus labios con el color carmesí, una de las chicas ocupó el lavabo de al lado. Sintió su mirada taladrándola, pero aún así siguió en lo suyo.

—Ese color te sienta muy bien...

—Gracias —respondió seca.

—…es para zorras.

«No voy a enojarme con estas niñas de papi.» Se dijo así misma, cerró su bolso, alisó su vestido y se dirigió a la puerta, con el mentón en alto, sabiendo que eso las enfurecería más.

—Así es como les dicen a las de tu clase, ¿cómo conseguiste a Draco? Oh sí, robándoselo a la sangre-sucia de tu amiga.

Ginny se detuvo en la puerta, contó hasta diez mentalmente mientras respiraba a fondo. — ¿Quisieras habérselo robado tú? —respondió con una sonrisa descarada—, para que lo sepas él jamás se hubiese fijado en ti porque te hace falta algo, que no creo que tu hayas usado en toda tu patética vida —pausó observando como los colores se le subían al rostro—, cerebro.

Con eso salió del tocador, no era la primera vez que era molestada por chicas que se habían quedado con las ganas de comerse a su esposo o que lo habían hecho alguna vez, a estas alturas del partido le había tocado de todo, sin duda poniendo aprueba su limite de tolerancia.

Sabía que también esto venía a ser consecuencia de sus actos, de haber sido la amante de Draco, aunque eso casi nadie lo supiera. Sabía como se veía la situación desde afuera, él había estado comprometido con Hermione y sin embargo se había casado con ella.

Avanzó por el pasillo sobándose ligeramente la sien, cuando de pronto una mano se cerró con fuerza en su brazo, causándole un dolor agudo, mientras la arrastraba al extremo más oscuro.

Soltó una exclamación de dolor, se giró para ver de quién se trataba con el ceño fruncido, encontrándose con un hombre del Ministerio que siempre le había causado líos cuando era jugadora pues pertenecía al Departamento de Juegos y Deportes Mágicos y para su desgracia era muy amigo de su querido suegro y otros hombres influyentes.

—Suélteme —expresó sin delicadeza. No era la primera vez que la molestaba, no sabía cómo es que aún no había entendido el mensaje de que no se le acercara más.

—Muñeca, ¿acaso te has olvidado de los viejos amigos?

—Usted no es mi amigo es un cerdo, despreciable. —Se jaloneó, buscando zafarse.

El hombre enfurecido la arrojó contra la pared, Ginny cerró los ojos ante el impacto, buscó su varita pero al estar dentro de la bolsa, le dificultó el poder acceder a ella con rapidez.

—Ahora veras perra…

Ginny no era una mujer que no se supiera defender sin varita, le había bastado crecer con seis hombres como para pasar por ser el séptimo. Sin pensarlo dos veces pateó al hombre en la espinilla de su pierna, para después estrellar su puño en su rostro.

Ganando tiempo que ocupó para obtener su varita, las cosas de su bolso se regaron por el suelo, el hombre le gritó toda clase de improperios, sacó su varita apuntándole con el labio roto, pero ni siquiera logró decir más, la punta de una varita tocó su cabeza casi calva.

—Suelte su varita en este instante.

Ginny reconoció aquella impasible voz, cuando el hombre se acercó más pudo observar la figura impecable de Theodore Nott.

El hombre tembló haciendo lo que le pedían, Theo pateó la varita en cuanto esta tocó el suelo.

—¿Estás bien? —indagó, la miró de reojo, sin dejar de apuntarle al hombre.

—Sí —le contestó con cierta vacilación.

—Draco te esta buscando, ve con él.

Ella ni siquiera lo dudo, tomó su bolso del suelo sin recoger todo lo que se había esparcido, en realidad la mayoría eran cosméticos y cosas sin importancia. Los minutos que tardó en llegar con él le sirvieron para tranquilizarse.

Malfoy se disculpó con las personas con las que se encontraba hablando, en cuanto la vio cruzar la pista.

—¿Dónde estabas?

—En el tocador —respondió tratando de mantener una sonrisa no sin cierta dificultad.

Él pasó su mirada por ella, como si se tratara de un detector de mentiras.

—Estoy cansada, ¿podemos irnos?

—Eso es lo que quería decirte —comentó después de un momento, ya tendría tiempo para hablar con ella en su casa.

—¿Y tus padres?

—También se retiran.

Ginny se aferró al brazo de su esposo, sintiéndose nuevamente protegida. No sabía qué es lo que Nott tenía planeado hacerle a ese hombre, pero si ella no le contaba lo ocurrido a Draco, seguramente él lo haría y de cualquier manera se molestaría. Con cierta incertidumbre llegaron a la mesa, donde los esperaban Lucius y Narcissa.

*º*º*º

Un tiempo después, Ginny se encontraba en el cuarto de baño ya cambiada con un suave camisón blanco frente al espejo, observando como su piel cremosa se tornaba ligeramente verdosa justo en el lugar que ese hombre la había jaloneado y ni hablar de su mano que estaba ligeramente adolorida con los nudillos ligeramente rojos, pero no se arrepentía de haberle dado aquel golpe.

Y lo peor era que aún no se animaba a decirle a Draco. Buscaría un ungüento en el botiquín con el que desaparecería su moretón, evitando que él lo viera y su irá se desatara. Metió su mano bajo el chorro de agua tibia, estaba por cerrar la llave cuando la voz de Draco la hizo respingar del susto.

—¿Qué te pasó? —cuestionó desde el marco de la puerta.

Ginny alzó sus ojos alarmada, encontrando su mirada por el reflejo del espejo. El avanzó hasta llegar a su lado tomando con suavidad su brazo, para después mirar la mano que tenía bajo las llaves del lavabo.

—Fue en la fiesta, cuando fuiste al tocador. —Dedujo al recordar su extraña actitud, pues ella no tenía ese moretón cuando habían salido de su casa. —¿Quién te lo hizo?

La voz tan fría y llena de enojo rezumbó en los oídos de Ginny. Con un largo suspiro, lo miró a la cara, notando sus facciones endurecidas.

—Tuve un incidente al salir del tocador, fue Bartlett, un trabajador…

—Se quién es —rugió—, ¿qué fue lo que te hizo?

—Sólo me estaba molestando, pero lo puse en su lugar, segundos después, tu amigo Theodore apareció y me fui a buscarte.

—¿Qué fue lo que te hizo? —repitió brusco.

—Ya te lo dije, sólo me molestó y me jaló del brazo es todo.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No quería que te pusieras así —indicó apesadumbrada.

—Ese malnacido pagará por esto —aseguró sombrío.

—Draco —llamó, buscando calmarlo.

—Nadie se mete con mi esposa y sale sin daño alguno —mencionó con un brillo peligroso en su mirada y Ginny supo que hablaba enserio, después de todo Draco tenía tanto conocimiento sobre magia oscura que temía por lo que le ocurriría a ese hombre, sabía que su esposo no sería capaz de matarlo, él no cruzaría esa línea pero lo mejor sería hacerlo entrar en razón y decirle que había otras formas más civilizadas y de acuerdo con la ley mágica.

—No salió sin daño alguno —agregó mostrándole su mano.

La comisura de sus labios se torció hacia un lado, la abrazó, tensando sus brazos alrededor de su figura. —Eres una fierecilla salvaje.

—No lo soy —reprochó, pero se dejó abrazar.

—Vamos a que te cures eso.

*º*º*º

Esos días los Potter habían estado bastante ocupados terminado de colocar todo en su lugar, como habían predicho Molly les había preparado una comida por su regreso, donde habían asistido todos los Weasley con sus respectivas parejas, excepto Ginevra y su esposo, lo cuales se habían excusado.

Molly se había molestado bastante con ellos, pero Hermione y Harry sabían que a pesar del tiempo que había pasado su relación seguía siendo complicada, aún cuando ellos ya los habían perdonado y seguido con su vida.

Tal parece que necesitaban más que eso, para hacer que las reuniones en la Madriguera fueran amenas para todos y que sin duda Ginny se sintiera cómoda, porque sabían que para Malfoy no era del todo de su agrado asistir a esos eventos, de cualquier forma.

*º*º*º

Hermione salió de la ducha envuelta en un albornoz, ese sería el día que Harry se iría a esa misión.

—Bueno días —habló Harry entre bostezos, se acercó a ella y le plantó un beso sencillo.

—Buenos días…—le respondió con una sonrisa.

Él le devolvió el gesto mientras avanzaba perezoso al baño donde se encerró. Hermione se dirigió a su closet en busca de ropa, tomó su conjunto de ropa interior y escogió algo casual para ir a su trabajo. Dejó las prendas en el sillón, mientras regresaba al tocador, se sentó y tomando la loción de cuerpo, colocándosela mientras escuchaba las noticias, esperando alguna que fuera sobre Escocia.

Sintió un ligero alivio cuando eso no sucedió, eso quería decir que las cosas no habían empeorado, ya había suficientes victimas como para que siguieran por ese camino. En definitiva sabía que Harry tenía que ir para ponerle fin a ese horror, pero era difícil simplemente dejarlo, sin saber si volvería, su única certeza era su promesa.

—¿Pasa algo? —preguntó al salir de la ducha, encontrándola ausente y aún sin cambiarse.

—No, nada… —musitó, esbozó un fantasma de sonrisa que no convencía a nadie. Se levantó en dirección al sillón donde había dejado su ropa, pero él la detuvo.

—¿Es por mi misión?

—Sí —asintió, girándose para abrazarlo con fuerza.

Él le devolvió el abrazo, acariciando su espalda sobre el albornoz, susurrándole palabras conciliadoras.

Hermione se separó con un nudo de congoja en su pecho, lo miró detenidamente como si quisiera grabarse su imagen en la mente. Su cabello azabache húmedo y desarreglado cayendo por su frente. Sus hermosos ojos verdes brillando como dos esmeraldas detrás de sus gafas. Su mandíbula recién afeitada, su cuerpo húmedo por la ducha, aún con pequeñas gotas esparcidas por su piel, el ligero vello de su abdomen que se perdía más allá de la toalla que cubría sus caderas.

Acarició las cicatrices de su pecho, pero la mano de Harry la detuvo al ver lo que estaba haciendo.

—No me mires, ni me toques como si fuera la última vez que lo vas a hacer —le dijo de forma severa.

—No lo hago de esa forma.

Él soltó su mano, le sonrió con una calidez que le llegó hasta el corazón a Hermione, acarició su mejilla, restó el espacio entre ellos y la besó largamente, provocándole una deliciosa oleada de sensaciones por todo el cuerpo. Su brazo libre rodeó su cintura, pegándola a su cuerpo. Ella hundió sus dedos en los mechones húmedos, mientras su beso se volvía cada vez más profundo, más demandante.

Hermione se separó un poco de sus labios para conseguir que el oxígeno llegará a sus vacíos pulmones. Los ojos verdes de Harry se tornaron oscuros llenos de deseo, abrasándole la piel, su corazón comenzó a palpitar como loco.

—Voy a hacerte el amor, aquí y ahora.

Ella contuvo el aliento, su cuerpo vibró completamente en respuesta y aunque sabía que tenían el reloj en su contra —ambos tenían compromisos a los que debían llegar a tiempo—, encontró que no deseaba otra cosa que él la hiciera suya en ese instante, haciéndole olvidar todas sus dudas, sus preocupaciones…

—Hazlo.

Él no esperó más cubrió su boca con un apasionado beso. Cerró los ojos y se dejó llevar por el placer que le proporcionaba aquellos labios, deshaciendo su racionalidad, dejándola a merced de su deseo. Él avanzó con ella hasta que Hermione tropezó con el tocador de madera antigua, las botellas de distintas fragancias, cremas y pociones chocaron provocando un sonido peculiar.

Harry palpó su cuerpo por encima del albornoz desesperándose por no poder sentir su piel, aferró sus manos a su cintura, rompió su beso a pesar de escuchar la protesta de su esposa. La cargó con facilidad dejándola sentada sobre el tocador, Hermione separó sus piernas ofreciéndole un lugar entre ellas, su albornoz se abrió por la acción mostrando buena parte de sus muslos.

Él gruñó ante la seductora visión. —Por Gryffindor… Hermione.

Ella no lo dejó hablar más, atrapó sus labios con desesperación, acallando cualquier sonido que saliera de su boca. Sus manos recorrieron sus brazos hasta llegar a sus hombros, sintiendo sus músculos bajó por su espalda dejando marcas de media luna proveniente de sus uñas.

Harry se vio envuelto por el fuego de la pasión, que parecía quemar cada parte de su piel, sus manos buscaron abrirse paso por aquella gruesa tela. Encontró las cintas deshaciendo su nudo con un rápido jalón.

Abrió el albornoz dejando al descubierto el cuerpo de su esposa, abandonó su boca jadeante, se hizo hacia atrás un poco para poder admirarla. Descubriendo para su satisfacción ella no llevaba nada, sus senos redondos eran los mismos que el había estado amando en los últimos días, ahí estaban todos sus lunares esparcidos por sus costillas y su abdomen. Sus redondeadas caderas lo llamaban al igual que las largas piernas que deseaba sentir a su alrededor cuando estuviera dentro de ella.

—Sigue —suplicó ansiosa.

—Hermione… —exhaló con la respiración pesada, con las palabras escapándosele, en ese momento sólo tenía cabeza para una sola cosa.

Volvió a besarla pero esta vez se tomó su tiempo, con roces lentos y pausados, su lengua se abrió pasó entre su boca, acariciándola en una danza conocida que los envolvía en con una mezcla de turbulentas emociones.

Ella bajó las yemas de sus dedos por su espalda, acariciando su columna sintiéndolo arquearse ante el desplante de sensaciones eléctricas, sus músculos se tensaron a su paso, pero no se detuvo ahí, sus manos alcanzaron el final de su espalda cubierta por un sólo pedazo de tela, del cual no tardó en deshacerse dejándola caer a los pies de Harry.

Él murmuraba sobre su garganta, sus mejillas y oídos cuanto la amaba, cubriendo su piel con besos que la hicieron echar su cabeza hacia atrás, tembló al sentirse al borde de un abismo de gozo que se abría para ella, mientras él cubría con sus dedos y caricias cuidadas el valle de sus pechos.

—Harry…

Sintió que la cabeza empezaba a darle vueltas, cuando los dedos de él fueron sustituidos por su boca, miles de corrientes eléctricas recorrieron su cuerpo.

El fuego del deseo lo recorrió, aquel sentimiento poderoso se apodero de él, la amaba con el corazón, el alma y el cuerpo. —Herms… me vuelves loco.

Ella retomó sus caricias, abriéndose paso entre sus cuerpos, sus dedos acariciaron su torso, entreteniéndose en su abdomen dudando entre seguir, pero finalmente lo hizo, su mano se cerró alrededor de su miembro.

Harry murmuró un improperio y la besó con avidez, su cuerpo comenzó a moverse al son de las atrevidas caricias de Hermione, sus manos recorrieron la silueta de su esposa hasta llegar a su estrecha cadera, donde sus dedos se hundieron, ella en verdad lo estaba volviendo loco poniéndolo al borde del placer, abandonó su boca exhalando con fuerza y pareció contener la respiración durante unos segundos.

Unió sus frentes y abrió sus ojos encontrándose con los cafés de ella brillantes. —Um… Her… —Calló extasiado, tragó con fuerza—. Detente —pidió en un gruñido, logrando que ella lo mirara con las cejas ligeramente alzadas, apartó sus manos colocándolas en el borde del mueble.

Hermione enrojecida completamente, mordiendo su labio inferior lo observó minuciosamente esperando por él, lista y necesita por seguir.

Harry alzó su mirada sonriéndole con una mezcla de deseo y satisfacción, su sonrisa creció conforme la recorría con la mirada, casi era como si le estuviera acariciando con sus manos.

Él paseó sus dedos por su cadera subiendo delicadamente por su esbelta figura haciéndola suspirar y cerrar sus ojos. La volvió a besar con suavidad, disfrutando de cada roce, acarició su cabello, su nuca, sus hombros aún cubiertos por el albornoz, se separó y Hermione entendió el mensaje sacó sus brazos de la prenda que cayó en el tocador.

Él soltó un sonido ronco cuando sus manos se pasearon por su espalda mientras devoraba su cuello dilatándose en la zona en donde ella era más sensible, susurrándole su amor con dedicación, llevó sus manos a su trasero, acariciándolo logrando que ella volviera a perderse en un mar de sensaciones y palabras entre cortadas.

Harry empujó su cadera contra la suya haciendo que se encontraran robándoles un par de jadeos, continuó haciéndolo con movimientos delirantes que lograron hacer que el mueble rechinara.

—Harry… por favor —pidió al borde del placer, desesperada por sentirlo completamente.

Él cedió ante sus suplicas, sin perder más tiempo tomó su miembro y lo dirigió a su centro, llenándola por completo con un sólo movimiento, haciéndola jadear profundamente su nombre.

Sus cuerpos comenzaron a moverse en un vaivén acompasado, sus envestidas eran cuidadas pero profundas, saboreó cada expresión de placer que cubrió el rostro de su esposa. Hermione lo besó envuelta en otra oleada de profusas sensaciones, enredó sus piernas alrededor de su cuerpo, uniéndolos aún más, Harry gimió contra su boca el placer le abrasaba los sentidos.

El aliento de Hermione se fundió con el de él, las manos de Harry se aferraron a su cadera, ella atrapó sus labios mientras su cuerpo comenzaba a temblar presa de las sensaciones placenteras que comenzaban a burbujear en su interior. Sus movimientos se volvieron más intensos, más rápidos llevándolos al limite. Todo a su alrededor se volvió difuso, Hermione arqueó su espalda, un placer incontrolable la recorrió, él siguió moviéndose entrando en ella sin piedad clavándose en su interior un par de veces más, antes de que la espiral de sensaciones lo alcanzará. Se liberó en medio de los espasmos de su cuerpo y jadeos guturales.

Hundió su rostro en el cuello de Hermione, su agitada y rápida respiración devastaba sus pulmones imposibilitándolo para decir cualquier cosa. Su corazón tronaba dentro de su pecho, sus manos soltaron el cuerpo de su esposa, las colocó a su lado sobre el tocador, sintiendo un líquido y un fuerte aroma a jazmín rodearlos. Levantó su rostro intrigado miró hacia donde se encontraba su mano, notando varios frascos fuera de lugar y algunos rotos, el espejo tenía pequeñas fisuras.

—Lo arreglaré…

—Lo haré yo, se te hará tarde —murmuró Hermione despejando su frente de los mechones húmedos un tanto por la ducha y otro poco por el sudor.

Él le sonrió apenado. —Te comprare otro perfume.

—Y yo otra loción.

Se sonrieron cómplices, Harry besó su nariz y su frente. —Necesito otra ducha.

—Yo también.

Él no lo pensó dos veces, la sostuvo nuevamente y caminó con ella hasta el baño, escuchando su suave risa.

*º*º*º

Veinte minutos después, ambos se encontraban listos para salir.

—Quisiera que aún tuvieras el giratiempos, así podríamos haber repetido y no hecho una competencia por quién se arregla más rápido.

Ella le sonrió con dulzura. —Ese no sería un buen uso.

—Tal vez no para el Ministerio pero si para nosotros, sólo piensa en las posibilidades.

—Harry. —Le dio un pequeño golpe, ligeramente sonrojada. —Se supone que tendrías que estar pensando en tu misión.

—¿Crees qué tengo mente para eso ahora, después de haber estado contigo? —bromeó, logrando que ella lo mirara con seriedad.

—Tienes que hacerlo.

—Lo haré, sólo déjame disfrutar del momento —musitó seguro. Se besaron suavemente.

Harry se separó sin realmente desear hacerlo, tomó su bolso y la miró con amor. —Volveré pronto.

—Te estaré esperando —mencionó con amor, uniendo sus manos.

—Me alegra que no estés sola y que Luna te acompañe.

—Y no te olvides de Crookshanks —indicó, al ver pasar al animal maullando por su atención.

—No lo olvido —mencionó mostrándole los pequeños rasguños en su mano.

—Te dije que no lo molestaras.

—Sólo estaba jugando con él —se justificó.

—Se que le pediste a Ron que estuviera pendiente de mi, pero estaré bien.

—En realidad él se ofreció a hacerlo y a mi me pareció bien.

—A este paso jamás estaré sola, tendré a todos los Weasley visitándome.

—Y yo estaré más tranquilo así —aseveró, dejando escapar un largo suspiro—, te amo.

—Yo te amo más, cuídate y vuelve pronto.

Él depositó un beso en su mano y en su frente. —Eso haré.

Hermione lo vio desaparecer, se llevó una mano al corazón. Miró su foto de boda que se encontraba en la sala, orando en silencio por él.

*º*º*º

Harry llegó a Escocia junto con un escuadrón de aurores, al cuartel provisional que había instalado el Ministerio, un hombre en edad madura, robusto con una prominente melena y barba, lo recibió estrechando su mano. —David Scholler, usted debe ser Harry Potter.

—Así es y ellos son mis hombres, Roeper, Adams, Dutton, Richardson, Seyfried y Johnson.

El hombre asintió con su cabeza, realizó una señal guiándolos al fondo del lugar donde una mesa los esperaba con un mapa extendido y varios pergaminos. El hombre les hizo llegar uno a todos, mientras explicaba lo que realizarían y los lugares que tendrían cada uno.

*º*º*º

En Glasgow, el plan comenzó a desarrollarse, aurores encubiertos se encontraban cerca de las zonas de transporte, mientras otros vigilaban los posibles escondites de los magos oscuros. El primer día no obtuvieron nada, aunque la vigilancia no seso, las veinticuatro horas del día había hombres resguardando el orden esperando algún ataque, pero nada ocurrió.

Harry se desesperó de no obtener resultados, le estaba llevando más tiempo del que creía y él no deseaba seguir en aquel lugar, le había enviado mensajes a Hermione, pero sabía que no era suficiente para hacer que se tranquilizara.

No fue sino hasta el quinto día que un nuevo cadáver apareció, dándoles así las pistas necesarias para atrapar a esos magos oscuros, mostrándoles que se encontraban cerca de un río. Registraron lugar por lugar que tuviera las características que buscaban queriendo encontrarlos, incluso si fuese necesario buscarlos bajo tierra, lo harían.

Hasta que sólo les quedó una gran casa que parecía abandona cerca del río Clyde, Harry tuvo un mal presentimiento, se quitó su argolla de matrimonio guardándola en el bolsillo interno de su túnica donde tenía una foto de su mejor amiga.

Y pensando en ella y en su hogar, tomó su posición aguardando el momento indicado. Apretó el mango de su varita, sabiendo que en gran parte de ella dependía su vida, así como de sus reflejos y habilidad.

El corazón le martilló en las sienes, sentía la boca tan seca a pesar de haber bebido agua suficiente.

Con el cielo tronando, la orden se dio, el agua comenzó a caer con grandes gotas mientras ellos irrumpían en la casa, tirando la puerta con ayuda de un Bombarda. Los hechizos volaban de un lado a otro, recorrieron el patio frontal cubriéndose con ayuda de los árboles.

Habían creído erróneamente que se trataba de una banda pequeña, pero ahora era cuando se estaban revelando, probablemente los superaban en número y no era algo que lo asustara él sabía lo que era enfrentarse a un número mayor, pero sabía que tenía posibilidades de salir victorioso, sus hombres sabían luchar y estaban preparados al igual que los de Scholler.

Con la lluvia sobre sus cabezas, el lodo comenzaba a dificultarles el movimiento. Detrás de un árbol, observó el panorama con la respiración ligeramente afectada. Sin detenerse a cavilar por más tiempo, comenzó a atacar.

Confundus. —Lanzó apuntando a uno de los hombres encapuchados, un rayo iluminó el lugar al tiempo que el hombre evadía su hechizo.

Depulso

¡Protego! —El hechizo reboto causando distracción, avanzó sin darle tiempo a atacar—. Desmaius.

El hombre logró evadirlo, mostrándole su sucia sonrisa. —Everte Statum.

Harry fue lanzado por un par de metros atrás, arrastrándose por el lodo. Tosió un par de veces, recuperó su varita que había caído cerca de él, agradeciendo que Seyfriend le estuviera cubriendo el trasero.

Se incorporó para seguir en la lucha, la mayoría de los magos oscuros se habían replegado al interior de la casona.

—¿Estás bien? —le preguntó Adams—. Vi cuando volaste —chifló realizando los sonidos.

—Sí, vamos por ellos.

—Vaya ese es el Harry que conozco, comenzaba a creer que el matrimonio había desparecido al auror.

—Imbécil, te golpearía de no estar a mitad de la misión.

—Lo sé, pero tendrás que esperar —manifestó divertido.

La casa era inmensa hechizos salían de los lugares menos esperados, al menos la lluvia no era un problema más. En parejas fueron abarcando los lugares, Harry y Seyfried subieron por las recién despejadas escaleras.

¡Crucio!

¡Salvio Hexia! —respondió Harry defendiendo a su amigo—. Expelliarmus.

Expulso —exclamó Seyfriend aventado una vieja mesa que se encontraba en el segundo piso contra el mago oscuro.

Flipendo —espetó otro mago oscuro logrando que la mesa fuera contra ellos.

Diffindo —gruñó Potter a tiempo logrando que la mesa se partiera antes de estrellarse contra ellos.

Immobilus —gritó el líder de los magos oscuros Karl Werth.

Impedimenta. —Defendió Harry rechazando su ataque.

—Pero qué tenemos aquí —habló, observando la cicatriz en forma de rayo en su frente—, ¿deberíamos recibirte con alfombra roja, Harry Potter? —Arrastró su nombre con desprecio, soltando una risita sarcástica. —¿Así qué el Ministro ha enviado a su perro más fiel?

Harry lo fulminó con su mirada. —Ve por el otro, yo me encargó de él—le dijo a su compañero, sin apartar su varita de aquel fúnebre hombre con vestiduras góticas.

Seyfiend se fue tras el otro obedeciendo el mandato de su jefe, Werth lo dejó ir comenzó a caminar como si esperara que Harry tomara la iniciativa. Harry no cambió su postura, apretó su mandíbula, sus dientes chocar violentamente.

Su corazón palpitaba con fuerza, la tensión en su cuerpo era notoria y aquel hombre simplemente lo miraba como si estuviera jugando con un niño de cuatro años.

Expelliarmus.

Rechazó el ataque con facilidad, sin quiera moverse de su lugar aunque hubiera querido hacerlo.

—Tienes reflejos —reconoció, pasó su lengua por sus labios de forma asquerosa, como si acabara de comer algo delicioso, sus ojos resplandecieron—, veamos qué tan bueno eres. ¡Mimblewimble!

¡Protego! ¡Desmaius!

Sus hechizos fueron rechazados con una facilidad que lo sorprendió, soltó una maldición, ese hombre se estaba burlando de él. Hechizos aturdidores volaron a través del pasillo, estrellándose en las viejas paredes, rompiendo vidrios.

¡Crucio!

Harry no fue tan rápido como hubiera querido el dolor lo hizo retorcerse de forma violenta y casi chillar en agonía, intentando respirar entre jadeos. Se enderezó con una mano en su estómago, el hombre le lanzó una nueva maldición que él logró rechazar milagrosamente.

Una risa malévola llenó el lugar. —¿Duele Potter?

¡Confringo! —atacó, un rayo rojo se impacto contra el escudo del hombre, logrando traspasarlo.

La explosión causó una nube de fuego y polvo, el piso se estremeció y Harry apenas pudo escuchar el grito de Werth entre aquel caos. Se recargó en la pared casi sin aliento, había sido un duelo duro, se enderezó con intenciones de ir a revisar el estado del mago oscuro y lanzarle el encantamiento de cadenas mágicas.

Pero se quedó de una pieza al ver al hombre herido salir de la nube de escombros y polvo, aún apuntándole.

¡Ava…!

Su boca soltó el hechizo de protección, preparándose para el impacto y después nada, la oscuridad lo cubrió.

*º*º*º

En el Valle de Godric, Hermione sintió una fuerte punzada en su pecho, el aliento escapó de su boca. Soltó la bandeja de té que llevaba, causando un ruido estrepitoso que alarmó a sus visitantes. Se encogió agarrándose del mueble, buscando un soporte.

—¡Hermione!

Luna llegó a su lado preocupada, seguida de Ronald.

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

Se apoyó en su pelirrojo amigo, recargando su peso en él. Llevándose una mano cerca de su corazón, sintiendo una terrible angustia. De inmediato pensó en su esposo, pero se obligó a serenarse y no crear terribles escenarios, él seguro se encontraba bien y no tardaría en llegarle un mensaje suyo.

—Sí, debe ser el cansancio…

—Te dije que deberías comer bien y ni hablar de dormir —comentó Luna—. Ron llévala al sillón, yo le traeré un vaso de agua.

Él así lo hizo, la pesadez que sentía fue desapareciendo. —¿Crees qué Harry este bien?

—¿Bromeas, no? —preguntó con una mueca—. Es Harry… es el hombre con más suerte que conozco y con más vidas que un gato, si alguien puede estar bien peleando con magos oscuros ese es él.

Hermione le sonrió débilmente, Luna llegó en ese momento con el vaso de agua, que ella no rechazó.

—¿Te sientes mejor?

—Sí.

—Prepararé algo para cenar y después de que comas, irás a dormir —indicó su amiga—. No nos des esos sustos, si Harry vuelve y no te encuentra bien se molestara.

—Estoy bien, incluso te ayudare a preparar esa cena —intentó, levantarse pero tanto con Ron como Luna se lo impidieron.

—No, tu quédate aquí tranquila, que tu elfo me ayudara.

*º*º*º

En Escocia en la ciudad de Glasgow, la misión había concluido.

—Harry…Harry…

El parpadeó acostumbrándose a la luz frente a sus ojos, aturdido se quejó al intentar moverse.

—Espera puedes estar herido.

—¿Q-qué pasó? —inquirió desconcertado, imágenes confusas se aglomeraron en su mente, al intentar recordar—. ¿Y Werth? —preguntó apresurado, sentándose de golpe soltando un gemido de dolor.

—Ya todo acabo, tranquilo. Acabaste con él...

—¿Qué?

—Estabas peleando con él y parte del piso se derrumbó, trayéndolos a la primera planta. Tú corriste con suerte, porque él pasara una buena temporada en el hospital —explicó, haciéndose a un lado para que observara al hombre en mal estado rodeado por otros aurores—. ¿Crees poder levantarte?

—Sí. —Lo intentó sintiendo dolor en sus costillas, pero al parecer no tenía nada roto lo cual era ganancia. Sólo estaba un poco maltratado, nada que unas pociones y ungüentos no resolvieran.

Adams lo ayudó a levantarse, pasando su brazo por sus hombros, mientras rodeaba su cintura, caminando con él hasta la salida, el lugar era peligroso, después de tantas explosiones estaba a punto de desmoronarse sobre ellos y debían desalojarlo.

Los trabajadores del Ministerio llegaron, junto con los desmemorizantes que se encargarían de los muggles que habían pasado cerca del lugar en el momento más inapropiado, además que alguna explicación debían dar para que una casa de aquel tamaño terminara casi en ruinas.

Un grupo de sanadores se encargaban de los heridos sin importar el bando al que pertenecieran, trasladando a los más graves al hospital mágico.

Scholler se acercó a Harry que se encontraba siendo revisado por un sanador. —Debe acompañarnos.

—¿Todo bien?

—No, les digo que sólo necesito unas pociones pero insisten en que debo ir.

—¿Cuál es la prisa?

Harry se pasó la mano por su sucio cabello, ligeramente abochornado. —Alguien me espera.

El hombre lo miró con picardía, palmeó su hombro haciendo que Harry realizara una mueca de dolor. —Había olvidado que estás recién casado.

Él asintió con esa estúpida sonrisa de enamorado con a mano cerca de su corazón, donde se encontraban sus tesoros.

—Largo, no te quiero ver por aquí. Me encargare de todo, hablare con el Ministro y haré todo el papeleo, yo mismo escoltare a estas escorias a Azkaban.

—Gracias.

—Lo hiciste bien, deberías festejar con tus hombres.

—Les invitare una ronda de cervezas cuando estén en Londres, también a su escuadrón y a usted.

—Que generoso Potter, no empezarás con sentimentalismos ahora, ¿o si? —declaró burlón, curvando su ceja divertido.

—No.

—Bien eso déjalo para cuando vuelvas a tu casa —le sugirió con una sonrisa burlona—. Nos veremos pronto —estrecharon sus manos como dos viejos amigos.

—Así será Scholler.

*º*º*º

Harry llegó a su casa a unas horas del amanecer, lo habían tenido demasiado tiempo para su gusto en el hospital, diciéndole que tenía que estar en observación debido al golpe que se había dado en la cabeza y al daño que habían sufrido sus costillas, que si bien no estaban rotas, estaría adolorido unos días en lo que las pociones hacían efecto, junto con un buen merecido descanso.

Después de que saliera aún en contra de los deseos de los sanadores, había ido a recoger sus cosas. Se había dado un baño rápido, no podía llegar a su casa en aquel estado de suciedad y con las ropas destrozadas. Afortunadamente viajar con traslador hacia todo más rápido.

Abrió con cuidado la cerradura, observó todo en silencio. Se tomó su tiempo para respirar el aroma del lugar y para asimilar que por fin estaba ahí, deseaba subir corriendo para despertar a Hermione, pero con Luna en su casa, no estaría bien armar un escándalo. Y siendo realistas, estaba realmente cansado como para forzar aún más su cuerpo.

Se quitó los zapatos, para realizar el menor ruido posible al subir la escalera. Su corazón latía frenéticamente, con cada paso que lo acercaba a ella, a la mujer que lo amaba incondicionalmente.

Realmente estaba emocionado por regresar, sabía que en cuanto la tuviera entre sus brazos volvería a sentirse completo.

Un ronquido familiar proveniente de una de las habitaciones de invitados, llamó su atención. « ¿Ron? Debí imaginarme que no dejaría a Luna sola». Sonrió para sí, sus amigos llevaban saliendo incluso más tiempo que ellos y aún no se decidían a casarse o a irse a vivir juntos, aunque Molly lo desaprobaría totalmente. También estaba el hecho de que su amiga no deseaba dejar a su padre solo y por si fuera poco su profesión de bióloga era demasiado demandante.

Su amigo solía ponerse celoso de un tal Rolf Scamander, que trabajaba con Luna en sus investigaciones, verlo así solía arrancarle bastantes carcajadas, porque su amiga no tenía más ojos que no fuera para él y las criaturas mágicas.

*º*º*º

Hermione solía tener el sueño ligero, el crujir del piso de madera afuera de su habitación llamó su atención, pero bajó su guardia al recordar que estaban en la casa Luna y Ron, probablemente alguno había ido a comprobar que estuviera dormida. Ambos se habían preocupado mucho por su pequeña baja de salud pero ella los había tranquilizado, sabía que era consecuencia del estrés que había juntado a lo largo de la semana y por supuesto la preocupación por Harry que no la dejaba ni a sol ni sombra.

La puerta de su cuarto se abrió suavemente, ella ni siquiera se movió esperando a que volvieran a cerrarla, lo cual sucedió segundos después, pero estaba segura que había alguien con ella, buscó su varita bajo su almohada, temiendo que no se tratara de sus amigos.

Harry sonrió ampliamente al verla, agradeció a Merlín y a todos los magos, él poder volver con ella una vez más. Dejó sus zapatos con cuidado, se comenzó a desvestir con movimientos mecánicos, atentó a su esposa por si acaso despertaba.

Hermione contuvo el aliento, agudizando su oído a los sonidos que estaba realizando aquella persona, pero no necesito girarse para saber de quién se trataba con el corazón lleno de emoción agradeció que su esposo volviera a su lado. Ahora sabía que el mal presentimiento que había tenido horas antes había sido infundado.

Él no fue a buscar un pijama que ponerse, se quedó en bóxers y abrió las mantas, acomodándose dentro de la cama, hasta que sus brazos rodearon el cuerpo tibio de su esposa.

—Volví.

Ella se estremeció al sentir el aliento cálido de Harry chocar contra la piel sensible de su cuello.

—Harry —pronunció aliviada, sonrió llena de alegría. Se giró entre el circulo de brazos, logrando que él se quejara un poco. Ella abrió sus ojos al ver su vendaje.

—¿Estás bien?

—Sí, nada roto…

Hermione lo abrazó causándole más dolor pero no le importó, la estrechó contra él, hundiendo su nariz en sus rizos alborotados, respirando su aroma, sintiendo su cuerpo contra el suyo.

—Te extrañe.

—Yo más, no hay día en que no pidiera por ti —reveló, se separó ligeramente, acarició su rostro notando algunos rasguños y ahí estaban esos ojos verdes llenos de amor que tanto había echado de menos.

Él le sonrió al ver su escudriñó. —Soy yo.

—Lo sé —afirmó, se acercó y unió sus labios, fundiéndose en un beso lento, recorriendo cada rincón de su boca como si fuese la primera vez, un cosquilleo rondó por todo su cuerpo despertando agradables sensaciones a su paso.

Hundiendo sus dedos en sus mechones, llegando hasta su nuca, atrayéndola más hacia ella, mientras sus bocas se encontraban una y otra vez de distintas formas pero encajando a la perfección.

El beso prosiguió entre caricias suaves, ninguno de ellos quiso tomar un descanso hasta que fue inevitable. Hermione se separó lo suficiente para que los dos tomaran un respiro que buena falta les hacia después de aquella demostración de cariño.

—Bienvenido a casa.

Sonrió tontamente rozando nuevamente sus labios en un corto beso.

—¿Qué fue lo que pasó? ¿Los atrapaste?

—Sí, te lo contare todo por la mañana.

Ella asintió notando su cansancio y las manchas cafés bajo sus ojos, lo dejó acomodarse en una postura que evitara un poco la molestia en su costado.

—Descansa —dijo, esparció pequeños besos en su rostro.

—Si continúas haciendo eso, me será imposible dormir…

Hermione soltó una risita. —Lo siento.

—Créeme que no es porque me moleste, si no estuviera tan molido te estaría haciendo el amor en este instante —comentó con los ojos cerrados, curvando su boca en una sonrisa, tal vez por lo que se estaba imaginando.

—Harry…

—Es la verdad.

Ella sólo sonrió, lo abrazó teniendo cuidado de donde ponía sus manos. —Te amo.

Él se fue quedando dormido con una sonrisa en sus labios, respirando el perfume de su esposa, por fin a su lado, dejando atrás lo ocurrido en Escocia.

*º*º*º

Una semana después, Hermione caminaba con un varios fólderes en sus manos, tratando de llegar a su oficina. Cuando uno de los magos que pasó a su lado, chocó contra ella logrando que dejara caer buena parte de su cargar.

—Oiga…—reclamó, se giró ceñuda, esperando una disculpa pero eso no ocurrió—. Argggh.

Se hincó para recoger sus fólderes, cuando notó que alguien más la ayudaba, no necesitó alzar su rostro para averiguar quién era, sus manos pálidas y cuidadas lo delataban. Se incorporó sintiéndose ligeramente incomoda.

—¿Mal día Granger? —le preguntó con su clásica sonrisa de lado.

—Gracias, algo así —dijo acomodando los fólderes que él le había dado. Comenzó a avanzar creyendo que su conversación había terminado.

—Por qué no te tomas un descanso y hablamos.

Hermione se detuvo totalmente estupefacta por la propuesta, ladeó su rostro buscando la fría mirada plateada, como si buscara corroborar lo que creía haber escuchado.

—¿Qué dices?

—Tengo mucho trabajo.

—No te haré nada, sólo quiero platicar contigo.

Ella respiró y cabeceó. —Vamos a mi oficina, puedo ofrecerte un té.

—Bien.

Caminaron juntos sin hablar, hasta la oficina de Hermione. Ella agradeció que su secretaria saliera para su almuerzo, entre menos gente los viera juntos mejor, así evitarían rumores innecesarios.

—Pasa.

Draco entró, cerrando la puesta tras él, observando todo con curiosidad como si nunca antes hubiera estado ahí, aunque claro había muchas cosas distintas desde su última visita.

—Puedes sentarte.

Hermione dejó los fólderes y se movió por la habitación para preparar su té, colocó unas galletas en un plato y lo puso en su escritorio frente a Draco.

—Pareces desconcertada.

—No lo estarías tú, si después de tanto tiempo apareciera y te dijera que quiero hablar contigo.

Él esbozó un amago de sonrisa. —No necesitas estar a la defensiva, se que no soy tu persona favorita, pero ahora que somos casi familia debemos poder hablar civilizadamente.

—No me digas… —musitó con cargado sarcasmo, dándole una pequeña taza—. Tiene una de azúcar, ¿aún te gusta así?

—Está bien.

—¿Qué es lo que quieres?

—Te ves radiante —comentó posando su fría mirada en ella, que sin duda ya no tenía el mismo efecto que en el pasado.

—Vamos Draco, no creo que hayas venido a hacerme halagos.

—Te sienta bien el matrimonio, aunque si tienes ese mal humor…

—Mi matrimonio no te interesa —declaró seca.

El sonido de su risa masculina llenó el lugar. —Bien, bien… al grano entonces —murmuró, dejó su taza en el escritorio, su semblante se volvió aún más indescifrable.

—Se trata de Ginevra…

La respuesta la pilló por sorpresa. —¿Ella esta bien?

—Sí, veras ambos sentimos lo que sucedió en el pasado…

—Ya los hemos perdonado. —Se adelantó a decirle, al deducir de lo que se trataba.

—Entonces retoma tu amistad con ella, extraña la relación que tenían.

—Si eso es verdad ella debería estar aquí y no tú.

—Ella no me mando, si eso es lo que estas insinuando —repuso molesto. Se incorporó colocándose detrás de la silla.

—Se que ella lo haría, pero cree que tu la rechazarás —pausó, como si le costara trabajo como seguir—. Aunque no lo creas, ambos hubiéramos querido que las cosas fueran distintas.

Hermione bajó su barrera de defensa, miró su taza de té y después al hombre en su oficina. Viéndole frente a ella, pidiéndole eso se dio cuenta que él jamás la habría amado como amaba a Ginevra. Malfoy era un hombre que no dejaba ver sus sentimientos a menudo, pero sus acciones solían hablar por él.

—Hablare con ella cuando tenga la oportunidad.

Él asintió levemente, sus labios se curvaron hacia arriba mostrando una sonrisa que cualquier modelo muggle envidiaría por su perfección. —Debo irme, aún tengo varios compromisos con los cuales cumplir —avisó, se dirigió a la puerta, acomodando su túnica.

Ella no esperaba que de repente el comenzara a darle las gracias, al fin al cabo seguía siendo Malfoy, un sinvergüenza, arrogante.

—Espera…

Él se detuvo, se giró expectante. Sus rubias cejas se encontraron al ver la expresión que ella tenía en el rostro, sabía que lo que se que dijera no le agradaría mucho.

—A cambio quiero que dejes de evitar ir a las reuniones en la casa de tus suegros.

Sí, ahí estaba lo que presentía no le gustaría y en efecto no lo hacia. —Te equivocas, yo no evado esas reuniones, he tenido mucho trabajo.

Ella se cruzó de brazos, mirándolo con los ojos entrecerrados.

—Haré lo posible —respondió finalmente. Abrió la puerta y cuando estaba por salir escuchó unas palabras que lo dejaron con una extraña sensación.

—Draco tenías razón, agradezco el no haberme casado contigo.

*º*º*º

Más tarde, Harry llegaba a su casa, se quitó su abrigo y fue en busca de su esposa, no necesitó más que seguir el aroma de comida. Se recargó en la puerta observando como cocinaba con ayuda del elfo.

—Hola.

Hermione giró su rostro, sonriéndole. —Falta poco para que este lista la cena —anunció, dejó la estufa y se dirigió a él, recibiendo un buen beso.

—¿Cómo te fue hoy? —preguntó cuando se separaron.

—Bien, fue un día tranquilo en realidad —comentó tomando una manzana—, ¿y a ti?

—Mucho trabajo, pero tuve una visita.

Él la miró interesado, mientras mordía su manzana.

—Draco.

Harry escupió lo que se encontraba masticando. El reflejo de los lentes casi logró ocultar la molestia que refulgió en los ojos verdes.

—¿Qué es lo que quería? —cuestionó de mala talante.

—Quieres escuchar antes de ponerte así —pidió seria, entregándole una servilleta.

—Bien.

—Fue a pedirme que retome mi amistad con Ginny.

Las cejas de Harry se elevaron, su enojo se esfumó dejando sólo una expresión de estupefacción.

—¿Quieres hacerlo?

—Todo este tiempo, he sentido que debo hablar con ella y creo que sería bueno hacerlo. Después de todo debemos vernos en la Madriguera en cada reunión y no podemos seguir así.

—Es verdad, entonces lo harás.

—Sí, hablare con ella, pero nuestra amistad tardara en recuperarse y necesitara más que una platica.

Él se acercó, la rodeó con sus brazos y dejó caer sus labios en su frente. —Eres admirable.

*º*º*º

Un par de días después, Ginevra se encontraba comprando ropa, específicamente viendo un camisón bastante provocativo cuando reconoció el cabello alborotado de su ex novio. —¿Harry?

Lo observó por un par de minutos, notando que se encontraba viendo vestidos. «Quizás este buscando algo para regalarle a Hermione.» Lo miró por un rato más, notando lo perdido que estaba, así que finalmente decidió acercarse.

—¿Necesitas ayuda?

En un primer momento él pensó que se trataba de las trabajadoras de la tienda, pero al girarse comprobó que no era así.

—Ginny.

—Hola… ¿quieres qué te ayude?

—Estoy buscando un vestido para Hermione, pero hay tantos que no se cuál.

—A ver… te ayudare —profirió, la pelirroja se movió por la tienda como si la conociera de años, colgando y descolgando varios modelos, hasta que encontró uno que sabía sería el indicado. Volvió con Harry, que se encontraba viéndola anonadado por su habilidad—. ¿Qué te parece este?

—Perfecto —aseguró, sus ojos brillaron al imaginarse a su esposa en él.

—Es de su talla, estoy segura de que le vendrá bien —añadió, entregándoselo, sonriéndole.

—Gracias.

—Bueno debo irme, tengo que pasar a las oficinas de El Profeta —exclamó, caminó con él hasta donde se encontraba la persona encargada de cobrar.

—Escuche que corrieron a Bartlett, el trabajador del Departamento…

—Se de quién hablas —murmuró Ginny con desagrado.

—Entonces ¿es verdad lo qué dicen…?

—No se lo que dicen, pero el hombre era un cerdo —añadió colocando una mueca.

Entonces él comprendió todo lo que había ocurrido, sólo necesito un poco de imaginación para rellenar los espacios. —Pudiste decírmelo cuando salíamos.

—Lo sé, me ocupe del asunto, pero esta vez sobrepaso el límite.

—Malfoy hizo bien, aunque eso no quiere decir que apruebe sus métodos.

—El día que eso suceda probablemente el mundo mágico este a punto de acabarse —bromeó y fue entonces que Ginny notó que Harry había escogido algo más que el vestido, trató de no fijarse mucho para no apenarlo, ya era suficiente con la mirada que le había lanzado la anciana mujer.

—Le pedí ayuda a una de las encargadas —soltó cuando se encontraban afuera.

—No he dicho nada —le dijo con travesura—, pero seguro la pasaran en grade.

Él no pudo evitar sonreírle sonrojado, ya era sumamente extraño que se la hubiera encontrado ahí y era más incomodo que se diera cuenta de sus intenciones.

—No se lo cuentes a Ron o no parara de molestar.

—Te prometo que no lo haré —aseguró, se quitó su cabello rojo de rostro, colocándoselo detrás de su oreja—. Adiós y diviértete.

—Ginny...

—¿Si? —preguntó antes de cruzar la calle.

—Deberías hablar con ella.

Su sonrisa creció. —Lo haré, gracias.

*º*º*º

Horas después, Ginny llegaba a su casa con todas las bolsas de sus compras, subió a su cuarto para colocar en su lugar la ropa y prepararse para recibir a Draco en la cena. Una sonrisa traviesa cubrió sus labios, al imaginarse la cara de su hurón al verla.

Estaba sacando lo que usaría, cuando la puerta de su cuarto se abrió estrepitosamente. Ella se giró encontrando a Draco con un aura bastante oscura, algo debía haber pasado para que el hombre pareciera un demonio, aunque su aire de maldad le daba un plus de sex appeal, que atraería a cualquier chica.

Atractivo, peligroso y sexy.

—¿Quieres explicarme esto? —expresó frío, no alzó su tono de voz pero fue lo suficientemente amenazante para que ella se preocupara. Dirigió sus ojos a lo que le estaba mostrando, el ejemplar de la semana de «Corazón de Bruja» arrugado.

Lo tomó notando uno de los encabezados:

«¿Amantes? Harry Potter, el salvador del mundo mágico y la ex jugadora de las Arpías de Holyhead, retoman su romance…».

Fue a la página que indicaba encontrándose con las imágenes en movimiento de su tarde de compras, todo había sido manipulado. «Yo no estaba comprando ese babydoll para revolcarme con Harry.»

—¿Y bien? —demandó con frialdad.

Ginny bullía de ira e indignación. —No puedes creer esto… es una basura —expuso, tirando la revista al suelo.

—Entonces explícame, ¿qué hacías con el Cara-rajada comprando eso? —cuestionó, sus ojos relampaguearon furiosos.

—Yo no estaba comprando eso para tener sexo con él, lo compraba para ti —divulgó, regresando sobre sus pasos y sacó la lencería, los camisones y los babydolls, aventándoselos de forma rabiosa.

Él respiraba hondo, como si fuera a explotar en cualquier momento. —Explícame.

Ella estaba roja hasta las orejas por el enojo que crecía en su interior. —Él estaba ahí comprando ropa para Hermione, yo únicamente lo ayude a escoger un vestido para ella y si no puedes entender eso, vete al infierno y púdrete en él.

Corrió al baño con lágrimas rabiosas escurriendo de sus ojos, deshaciendo su delineador, dejando una fea mancha.

Draco se quedó sin palabras, después de la confesión de su esposa. Aturdido por los pensamientos encontrados que pasaban por su mente se quedó ahí como una estatua. La desconfianza que había sembrado esa revista había crecido con gran rapidez alimentando al monstruo de los celos que se apoderaba de él de vez en cuando, pero jamás faltaba cuando se trataba de Harry Potter.

Rabió furioso, miró el cuarto de baño y después el reguero en el suelo. Tomó la revista y salió de la habitación.

*º*º*º

Ginny había estado llorando por un rato, pero finalmente se había convencido que no tenía sentido. Hablaría con él con más calma, seguramente para ese momento él también estaría más tranquilo.

Entendía que las cosas se hubieran malinterpretado, pero él no debía haber desconfiado de ella, aunque claro estaba de antecedente que ambos habían sido infieles en relaciones serias y para colmo que el hombre con el que salía en las fotos era Harry, por el cual su esposo había sentido una gran aversión en el pasado y que por si fuera poco había sido su primer amor y su ex novio, con el cual pensaba casarse en algún punto.

Se incorporó del suelo del baño, se miró en el amplió espejo se veía terrible, ahora tenía los ojos hinchados y rojos. Sin duda su noche se había arruinado y todo por la estúpida revista con sus notas amarillistas.

Se quitó su ropa y se metió a la ducha, esperando que al salir se sintiera mejor.

*º*º*º

Al salir se había cepillado los dientes, desenredado su cabello y colocado las pociones necesarias para desinflamar sus ojos. Ahora se veía normal, pero aún seguía teniendo esa expresión de desazón que opacaba su belleza. Se arrebujó en su albornoz y salió del baño, la habitación seguía tenuemente iluminada, a primera vista no notó nada distinto, se dirigió al closet, que prácticamente era un cuarto ahora, con su vestidor propio.

—Usa lo que está en la cama.

La voz de Draco había sido tan sedosa y tan peligrosa que la hizo temblar. Se giró encontrándolo sentado en el sillón junto al gran ventanal de su habitación con una copa de whiskey en la mano, seguía teniendo ese aire de maldad que le provocaba cierto temor.

Con el corazón corriendo a mil en su pecho, caminó hasta la cama. Observando que el reguero que había hecho de ropa ya no estaba, ni tampoco las bolsas de sus compras. Sobre la cama sólo estaba un camisón corto con un escote generoso, en color verde Slytherin, era uno de los que comprara esa tarde y lo había hecho pensando en él, en que lo excitaría verla con los colores de su Casa.

Lo tomó notando que el único complemento que había era una fina tanga en color negro y comprendió el mensaje, pero ella no quería estar con él mientras siguiesen enojados.

Lo buscó con su mirada, notando que él ni siquiera la estaba mirando. Si a eso quería jugar, por ella estaba bien, agarró todo y al pasar por el tocador, tomó un perfume, el desodorante y la crema.

Se metió al vestidor y se arregló con esmero, poniendo atención al mínimo detalle, se veía realmente sexy. El camisón le abrazaba sus curvas sinuosamente y el escote con encaje era sumamente revelador, más ahora que no llevaba un sostén debajo.

Abrió la puerta con cautela, quedándose frente a esta, sin saber realmente qué esperar o hacer.

—Ven.

En cuanto sus ojos se posaron en ella, Ginny sintió que se derretiría por la intensidad con la que la recorría. Se detuvo a un paso de él, con el corazón casi brincando de su pecho, sintiéndose totalmente vulnerable.

Él dejó su copa a un lado, la tomó de la cadera obligándola a sentarse sobre él de horcajadas.

—¿Qué…?

—Sin hablar —ordenó.

Ella frunció su ceño molesta, dejando atrás la sorpresa.

—Lo siento —murmuró, mientras dejaba que la punta de su nariz acariciara su mejilla, bajando lentamente hacia su cuello.

Ginny abrió su boca asombrada, esas dos palabras causaron una revolución en su interior, aún más que las caricias que él le estaba haciendo.

—Draco.

Él se enderezó mirándola a los ojos, apartando su cabello de su cara pecosa, que se encontraba tenuemente pintada de rojo. Colocó un dedo en sus labios carnosos, impidiéndole seguir.

—Me vuelve loco la idea de que puedas volver con ese como lo hacías en el pasado, a pesar de saber que yo era mejor en todo.

Ginny retiró la mano de Draco que le impedía hablar. —Yo no te engañaría, lo que hice en el pasado fue un error del que aprendí, que no pienso repetir y a pesar de eso, agradezco que eso nos haya unido. Te amo…

—Dije sin hablar.

La besó con pasión, con fuerza y ella se rindió a él, tampoco es como si quisiera rechazarlo. Sonrió sin apartar los labios, satisfecho con su respuesta, subió sus manos por su costado al tiempo que profundizaba su caricia, apremiándola a que abriera los labios. Cuando ella cedió, su lengua se deslizó en el interior para saborearla más profundamente, logrando que ella se derritiera entre sus brazos.

Ginny irremediablemente se dejó llevar al mundo abismal de sensaciones oscuras, que él le provocaba, enlazó sus manos detrás de su nuca y Draco aumentó la intensidad del beso, hasta la necesidad de aire los forzó a que se alejaran, jadeantes se miraron con lujuria en sus ojos.

Un fuego intenso se apoderó de él con una fuerza arrolladora, los músculos del estómago se le contrajeron y todo su cuerpo se puso rígido, incluso más que cuando la había visto salir del vestidor.

—El verde te sienta tan bien —halagó, sus ojos bajaron por su cuerpo junto con sus manos—, debiste estar en Slytherin, lo que nos hubiéramos divertido.

—Te recuerdo que me odiabas en ese tiempo.

—Podría haberlo pasado por alto, de saber lo bien que lucías con los colores de mi Casa —contestó, atrapando sus labios en un beso mucho más apasionado e intenso que el anterior. Ginny se estaba derritiendo, lentamente como un chocolate bajo el sol, un cúmulo de sensaciones ardientes le recorrían todo su cuerpo, se aferró a él, uniendo sus cuerpos, sintiendo una deliciosa presión entre sus muslos proveniente de los pantalones de Draco.

Sus bocas se unieron una y otra vez en un vals embriagador, que parecía no tener fin. Él acarició sus piernas llegando hasta la tela del camisón, que recorrió con sus manos hasta que llegó a su trasero, notando que ella lo había desobedecido, pues no estaba la pequeña prenda que debía cubrirla.

Por un momento olvido lo rebelde que era, debió imaginarse que no seguiría sus órdenes al pie de la letra. Gruñó dentro del beso, todo su cuerpo estalló en llamas, poniéndolo aún más duro.

Movió sus manos antes de que terminara de perder la razón, no quería que terminaran tan rápido. No dejó de besarla mientras la abrasaba en su fuego, haciéndola estremecerse de placer bajo las caricias de sus manos.

Su cuerpo le palpitaba de necesidad, dejó sus labios buscando un poco de oxigeno, la miró con detenimiento, un rubor delicioso se extendía por sus pómulos, los ojos cerrados y la respiración alterada en cortos jadeos. Estaba pérdida por él, por el mismo deseo que él estaba experimentando, y apenas habían sido un par de caricias y una sesión de besos calientes, sonrió petulante por saber que no había perdido sus habilidades como sex symbol.

Ella deslizó sus parpados mostrando sus ojos brillantes. —No te detengas.

—¿Ansiosa?

—¿Y aún lo preguntas? —resopló con frustración, moviendo sus caderas contra las de él, logrando que él soltara una maldición entre dientes y aferrara su cuerpo para evitar que se moviera.

—Te he dañado.

—No te creas tanto Malfoy, y pon esas manos a trabajar.

El rió socarrón, para después retirar las manos del cuerpo de la pelirroja, recargándose completamente en el respaldo del sillón, mirándola provocativo.

—Desnúdame.

—Sucio Slytherin —murmuró con sus ojos en forma de rendijas, aunque sus labios la traicionaron formando una sonrisita que transmitía sus perversas intenciones.

—No hables —mandó nuevamente, su voz insinuante le causó calosfrío.

Entornó sus ojos con diversión, vaya manía de ordenar. —Lo que tú digas, amo.

En lugar de acceder a su petición de forma inmediata ella, se dedicó a provocarlo. Mordió su boca antes de dejar que sus labios revolotearan por la línea de su mandíbula, bajando lentamente por su cuello, llevó sus manos al nudo de la corbata, deshaciéndola lentamente.

Dejando que sus dedos lo tocaran lo menos posible, abrió los botones de su impecable camisa negra, quitándosela por completo, descubriendo sus pectorales y su abdomen marcado. Se mordió su labio inferior debatiéndose en como debía continuar, la respiración de Draco se agitó al ver su gesto, tal parecía que estuviera leyendo su mente, echando una mirada a sus fantasías.

Él no podía estar quieto por mucho tiempo aunque lo quisiera, sus manos volvieron a su cintura subiendo lentamente por sus costillas, estaba por llegar a sus pechos aún cubiertos por la tela del camisón cuando ella lo detuvo, retirando las manos de su cuerpo.

—Sin tocar.

Él colocó una mueca desaprobación, sus ojos centellaron. — ¿Qué…?

—Aún no terminó contigo —profirió las yemas de sus dedos se deslizaron por su torso, bajando lentamente dejando a su paso un mar de sensación, él echó su cabeza hacia atrás resoplando con fuerza.

Ginny se movió ligeramente en su regazo para poder abrir el cinturón y seguir con el pantalón, abrió la bragueta tocándolo concienzudamente, logrando que él se deshiciera en sonidos roncos, retorciéndose bajo su caricia. Ver como su rostro cambiaba de su frialdad característica por una expresión de placer, era algo que disfrutaba mucho, más porque pocas habían tenido el privilegió de tener así al príncipe de Slytherin. Él podía haber tenido infinidad de conquistas pero sabía que sólo les había dejado ver una parte de él, jamás más allá y sin duda jamás las hubiera dejado tener el dominio de la situación y menos de su cuerpo.

Retiró sus manos haciendo que él se quejara en respuesta, mirándola con reproche. Ginny se levantó y lo obligó a hacer lo mismo, sólo para poder deshacerse de los pantalones y los bóxers de una sola vez, aunque él se encargó también de deshacerse de sus zapatos y los calcetines.

Ahora se encontraba desnudo frente a ella, era una visión sin duda hipnotizante. El era injustamente atractivo, parecía que se encontraba frente a un ángel caído aunque su carácter fuera más parecido al de un demonio. Y ahí en parado de aquella forma le recordaba a las estatuas griegas, sólo que el era de carne y hueso, no de piedra, ni mármol.

—¿Te gusta lo qué ves?

Ella negó con su cabeza. —Siempre queriendo que te suban el ego.

—Limítate a una respuesta corta, Weasley.

Ginny pudo haber respondido con cualquier comentario hábil y venoso que cruzara su mente, pero optó por otra respuesta. Mirándolo seductoramente, se llevó las manos a sus hombros y dejó que las tiras que sostenían su camisón se deslizaran por sus hombros, dejando caer el camisón a sus pies.

Sonrió triunfante al ver la expresión de deseo que cubrió las facciones aristocráticas de su esposo. Él la acarició con su mirada, ardiendo en deseo, con su erección a punto de explotar.

—¿Y a ti te gusta lo que ves?

Una sonrisa cargada de malicia se escurrió en sus labios. Caminó hacia ella, cerrando el espacio entre ellos, dejó caer sus labios sobre los suyos, besándola con premura, su lengua salió y le acarició cada rincón de su boca. Las vibraciones bajo su piel crecieron aún más y más, pasó sus dedos por los cabellos rojos que caían sobre su espalda, hasta que sintió la piel de su espalda, ella era tan suave como los pétalos de una flor.

Deslizó sus manos por su figura hasta llegar a la curva de sus caderas, se frotó contra ella, haciéndolos estremecerse ante el contacto y suspirar pidiendo más. Ella lo agarró por los hombros y lentamente bajó sus manos sintiendo sus músculos, su calor a través de su piel.

Él dejó su boca, sus labios cayeron sobre la curva de su cuello haciéndola temblar y murmurar su nombre en una desesperada suplica porque siguiera, él avanzó con ella hasta que chocaron con el ventanal descubierto, las gruesas y elegantes cortinas, seguían amarradas a los lados.

Ginny se onduló contra él, al sentir el frío de los vidrios.

—Draco… nos pueden ver.

—Pues demos un buen espectáculo —respondió sin apartarse, ella sólo atinó a gemir ante su descaro, cerró sus ojos dejándose llevar al mundo del placer.

Los labios de Malfoy no dejaron ni un sólo centímetro de piel por besar, sus manos se deslizaban por su figura regalándole caricias sedosas. Susurrándole palabras a su oído, mientras ella respondía con un ronroneo bajo, sintiendo su excitación acariciándola, tocándola en el lugar correcto.

Su respiración salía rápidamente de sus pulmones, acompañada de una dulce melodía de suspiros. —Por Gryffindor… Draco… —exhaló, atrapó su rostro besándolo ávidamente, sedienta de él, deseando sentirlo dentro de ella, no comprendía cómo era que él podía hacerla perder la razón de la realidad.

Su jugueteo de besos ardientes subió de intensidad y la posición en la que se encontraban no era precisamente la más cómoda. Él pareció comprenderlo, ya que caviló todas posibilidades de tomarla ahí en ese lugar, pero seguramente el ventanal cedería rompiéndose en algún momento, por sus movimientos contra él o por su peso.

La arrastró hasta el sillón, dejándola caer en él, para después cernirse sobre ella, no le tomó más de unos segundos estar dentro de ella, estirándola, sintiendo su calidez rodearlo.

—Ah… Ginevra…

Se apoyó en sus brazos, moviendo sus caderas saliendo, deslizándose, encontrándose en cada embestida arriba y abajo, ondulando sus cuerpos ante el despliegue de sensaciones electrizantes que los recorrían, el latido frenético de sus corazones se combinó con la cadencia de sus respiraciones. Sus cuerpos se movieron juntos en un ritmo perfecto de pasión y amor, expresando sin palabras lo que sentían el uno por el otro.

Él empujó profundamente y ella se arqueó suspirando su nombre, derritiéndose debajo de él, sintiendo un placer profundo, intenso e infinito. Draco siguió penetrándola, al sentir la liberación cerca echó su cabeza hacia atrás, en el momento que el placer lo sacudía haciéndolo estallar.

Cuando él se quedó quieto recuperando el aliento, los movió quedando de lado. Ginny lo abrazó sintiendo los fuertes latidos de su corazón.

—¿Alguna vez me dirás Ginny?

—No me habías dicho que te llamará así cuando…

—No sólo cuando estamos en eso —le dijo abochornada.

Él soltó una carcajada fresca. —No te diré así.

—Mmmm…

—Pero puedo decirte de otras formas, gatita…

—No te atrevas a usar conmigo los apelativos que utilizabas con tus…

—¿Cómo sabes qué les decía así?

—Me lo puedo imaginar —contestó con fastidió, alejándose de él—, has arruinado un buen momento.

—No, eso lo has hecho tú.

Ella se separó de él, se sentó en la orilla del sillón abrazándose así misma, buscando entre la ropa desperdigada su camisón. Malfoy se sentó, movió el cabello rojo aún lado y depositó un beso en su nuca, haciendo que ella cerrara los ojos al sentir un cosquilleo agradable.

—¿A dónde vas?

—Hace frío y…

—Aún no hemos terminado —murmuró con una suave malicia, depositando un beso en su hombro—, aún quiero tomarte en la cama, en la ducha… y se me ocurren otros lugares y formas.

Ella se estremeció ante la promesa de placer que le esperaba. Él hizo que se recostara de nuevo a su lado.

—La razón por la que no te digo «Ginny». —Arrastró su apelativo cariñoso con desprecio. —No es sólo porque no me guste, es porque él te decía así… y no quiero que pienses en él cuando estas conmigo —confesó, su cara había perdido la chispa de placer y seducción, ahora se encontraba tensa y oscura.

—Draco… yo jamás pensé en él cuando estaba contigo, pero al parecer es otro él que necesita olvidarlo o comenzare a ponerme celosa —manifestó, restándole seriedad al asunto.

—Yo no pienso en ese cuatro ojos —gruñó mordiendo las palabras.

—Ya, ya… ¿qué decías que pensabas hacerme?

*º*º*º

Horas antes en el Valle de Godric, Harry arribaba a su hogar, pensando en la sorpresa que le daría a su esposa, ese fin de semana la llevaría a cenar a un restaurante que estaba seguro le encantaría. Dejó las llaves, sacó el paquete y las demás bolsas de su saco, lo regresó a su tamaño y buscó a Herms, encontrándola en la sala con un libro entre sus manos.

—Hola…

Ella se giró mirándolo con seriedad, él de inmediato intuyo que algo no andaba bien. Se quedó parado frente ella. No se atrevía a acercarse a darle un beso.

—¿Qué pasa?

Ella cerró su libro y tomó una revista que yacía a su lado, entregándosela. Harry tuvo que dejar todo lo que había comprado en la mesa de centro mientras veía con los ojos desorbitados la revista. La molestia y el enojo se mezclaron en su cuerpo, haciendo que toda muestra de alegría se borrara.

—Es mentira —ladró aventando la revista al fuego.

Ella dejó escapar el aire que había en sus pulmones y se cruzó de brazos. —No lo dudo, pero quiero entender ¿de dónde salió todo eso?

Harry se hizo aún lado, mostrándole las bolsas y el paquete. —De esto, quería darte una sorpresa —explicó, odiaba que todo su plan se viniera abajo—. Fui a comprar esto para ti y fue donde me encontré a Ginny.

La mirada de Hermione se suavizó, más al ver la actitud de su esposo. No es que creyera que él pudiera engañarla, él no era esa clase de hombre. Lo único que deseaba era una explicación de cómo habían sucedido las cosas y más cómo es que la pelirroja había terminado involucrada, porque de ella no sabia qué pensar, mucho menos después de todo lo que había ocurrido en el pasado.

—Ella sólo me dio la opinión de un vestido y lo demás me ayudaron las trabajadoras de la tienda.

Hermione se levantó abrazándolo. —Esa revista debería encontrar un nuevo flanco de ataques.

Él le respondió sonriendo, relajándose poco a poco. —¿Me crees?

—Sí, sé que no me mentirías.

El respiró aliviado, besó sus labios un par de veces antes de separarse de ella.

—Aunque no creo que Malfoy lo tome muy bien —opinó, pensando en la pelirroja y lo mal que podría estar pasándola. Aún recordaba lo posesivo y celoso que podía ser.

—No creo que esto cause su divorcio, aunque Ron estaría feliz de que eso ocurriera, con tal de no ver más a Malfoy.

—Lo sé, pero dudo que sea para tanto —emitió con una media sonrisa—, después de todo ya llevan juntos un largo tiempo contra todos los pronósticos.

—Lo cual agradece Molly, porque no soportaría ver a su hija divorciada con lo tradicionalista que es.

—Cierto… por eso yo no te daré el divorcio.

—Y yo jamás te lo pediría —repuso besando su mejilla—, antes te pediría de nuevo matrimonio.

Ella rió melodiosamente. —Y yo te diría que sí de nuevo —le siguió el juego—, y entonces ¿qué es todo esto?

Potter se pasó la mano por su melena hasta su nuca que sobó. —Pensaba invitarte a cenar mañana y quería que usaras este vestido —reveló, entregándole la caja rectangular.

Hermione lo tomó sonriente, Harry siempre lograba sorprenderla con sus detalles inesperados. Se sentó y dejó que sus manos se encargaran de retirar el papel, lo miró antes de abrir el paquete notando su nerviosismo.

—Seguro me gustara.

—Primero velo —pidió impaciente.

Quitó la tapa y sacó el vestido, alzándolo frente a ella era un hermoso vestido de cóctel en color crema. —Es hermoso y espero que aún este en pie esa cena, tengo que usar este vestido antes de que no entre en él.

—¿A qué te refieres? —preguntó perturbado, sus ojos se llenaron de una duda hermosa.

—A que tal vez estoy... embarazada —admitió con un ligero rubor.

Tardó en procesar aquello, antes de explotar de emoción e hincarse frente a ella, para abrazarla, logrando que ella se pusiera nerviosa y mordisqueara su labio inferior.

—Harry aún no es seguro, debo ir a ver a un sanador para confirmarlo —añadió, sus dedos jugaron con los mechones de su nuca.

—Estoy seguro de que lo estás, tú nunca te equivocas. —Le recordó con la alegría brillando en sus ojos.

—Sí lo hago, además nos estábamos cuidando y es por eso que debemos estar seguros.

—Te acompañaré a St. Mungo.

—Está bien —aseveró, un remolino de emociones se desató en su interior, en verdad esperaba que no fuera una falsa alarma.

Harry la levantó y la tomó por su cintura, elevándola un par de centímetros del suelo, girando con ella, totalmente preso de su felicidad, escuchando la hermosa risa de su esposa.

*º*º*º

Una semana después en la Madriguera. Draco arribaba con su atuendo casual en colores claros—extraño en él, pero no pensaba tostarse bajo el sol usando algún conjunto negro—, con unos lentes oscuros para cubrirse del sol, a su lado Ginevra con un vestido color turquesa vaporoso, sonreía al ver a su familia.

—No me dejes solo con los energúmenos de tus hermanos…

Puso sus ojos en blanco, aunque no pudo evitar reír ante la cobardía de su esposo. —Draco…

—Bien, me las arreglare —respondió malhumorado.

—Estarás bien, si no te han matado en tanto tiempo, no lo harán ahora.

—Eso no quiere decir que no lo estén intentando —se quejó de forma dramática.

—No seas paranoico, sólo te han hecho un par de bromas.

A lo lejos Fleur y Luna se encontraban poniendo la mesa, mientras que Angelina y Audrey se encontraban ayudando en la cocina.

*º*º*º

Harry se encontraba cerca del lugar cargando al pequeño Teddy Lupin, de cabello verdoso y ojos color ámbar como los de su padre.

—Déjame tomarles una foto —pidió Hermione colocándose delante de ellos—, necesitamos una para la sala.

—Ya tenemos una.

—Pero él era un bebé en ese entonces, ahora ya ha crecido y tiene su cabello verde.

—Bien, tómala…

—Teddy voltea hacia acá.

Tomó las fotos, mientras observaba a los Malfoy llegar, entonces recordó que tenía una plática pendiente con Ginny, ya no podía posponerla más.

—¿Pasa algo?

—No, nada. —Le sonrió y volvió a su lado. —Al parecer Teddy quiere ir a jugar con Victorie y Freddie.

—Esperaba pasar más tiempo con él, pero su viejo padrino lo aburre.

—Claro que no, pero es lógico que le llame la atención estar con otros pequeños —explicó con su tono de sabelotodo—. Iré adentro por sus juguetes, ahora vuelvo.

—Bien.

Ingresó a la casa, buscando la bolsa del bebé metamorfago, topándose con Ginny dejando sus cosas.

—Hermione…—dijo con cierto atisbó de sorpresa e incomodidad.

—Hola Ginny —respondió con amabilidad.

—Hola… bueno yo…

—Espera no te vayas, me gustaría que habláramos —expuso finalmente.

La pelirroja la miró con asombro reflejado en su gesto. —A mi también.

Hermione se sentó y Ginevra la imitó, se miraron por un instante sin saber qué decirse.

—Lo siento —profirió con sinceridad, dejando de jugar con las costuras de su vestido por los nervios—, por todo, por lo que pasó con Draco y lo de la revista.

—Está bien, eso ya quedó en el pasado y lo de la revista es una tontería sin sentido —aseveró, agradeciendo que ella tomara la iniciativa para sacar el tema.

—Gracias, se que no merezco que me vuelvas a hablar. —Reconoció avergonzada.

—En realidad, esperaba que pudiéramos retomar nuestra amistad, después de todo somos prácticamente familia.

Ginny abrió sus ojos desmesuradamente, su boca se mantuvo en forma de «o» por un buen rato. —¿Enserio? —titubeó aún sin poder creerlo.

—Sí, tal vez nos lleve un tiempo pero estoy segura que volveremos a ser amigas.

Ella cabeceó de forma afirmativa, sin poder hablar por el nudo en su garganta. Sus ojos se habían anegado de lágrimas.

—Gracias Hermione.

—No hay nada que agradecer, todos merecemos una segunda oportunidad —mencionó sonriéndole, sacó un pañuelo de la maleta de Ted y se lo ofreció—. Te arruinaras el maquillaje.

Se abrazaron como hace tiempo no lo hacían, llenas de una renovada armonía y paz, quizás con el tiempo en verdad recuperaran la confianza perdida.

*º*º*º

Más tranquilas ayudaron a llevar la comida a las mesas que se encontraban en el jardín.

—¿Dónde está Draco? —preguntó al no verlo por los alrededores, preocupada de que sus hermanos lo tuvieran amarrado, torturándolo en algún lugar.

—Ahí —señaló Luna hacia el cielo, donde los hombres se encontraban jugando un partido improvisado de Quidditch.

—Te ganaré Potter.

—En tus sueños Malfoy.

—Te patearé el trasero si dejas ganar al hurón rebotador, Harry —gritó Ron desde los aros.

—Ronald Weasley, ¿qué te he dicho? —regañó su madre, mirándolo con severidad y las manos en las caderas en forma de jarrón.

Había cosas que nunca cambiarían. Las tres chicas se miraron entre sí, compartiendo sonrisas cómplices. La vida en pareja tenía sus altas y sus bajas, pero al final del día prevalecía el amor, el motor de todas las relaciones.

*º*º*º

*Parte sacada del diccionario. org

¡Gracias por leer!

¿Reviews? ¿Si? ¿No? ¿Bien? ¿Mal? ¿Algo? ¿Avadas?

*º*º*

Ahora el momento de los agradecimientos:

DeniGranger: Hola ¿cómo estás? Mil gracias por leer y dejarnos tu opinión. Si sabemos que hubiesen preferido más Harmony pero en esta historia hubo cuatro involucrados para que se pudiera dar el romance, así que quisimos dejar ver el otro lado no sólo los que sufrieron por el engaño, si no los engañadores, infieles y demás. Esperamos que no te moleste que esta tercer parte también los incluya, ojala te guste. Saludos.

Minnie: Hola ¿cómo estás? Gracias por comentar y tomarte el tiempo de leer, si te gusto la segunda parte espera a leer esta tercera habrá de todo de nuevo. Esperamos que te guste. Saludos.

Lilialh: Hola ¿cómo estás? Muchas muchas gracias por leer y dejarnos un review. Que bien que te gusto las partes Drinnys y el fic en el general, aquí estamos dando lata de nuevo con este capítulo, esperamos que te guste.

Niobe Malfoy: Hola ¿cómo estás? Te queremos agradecer todo el apoyo que nos has brindado a través de FB, nos alegra que te haya gustado la historia y el baile de Hermione y Harry, lo que pusimos del discurso de Ron y Luna fue corto pero significativo y sobre Draco y Ginny, nos alegra que ahora veas otra perspectiva de esta pareja que puede ser interesante en su contexto de hot/cold. Nos alivia saber que no quedó tan mal la noche de bodas y que fue entendible y linda, fue todo un reto escribir lemmon como tal. Esperamos que esta tercera parte te guste y nos comentes. Saludos.

Maribel-chan: Hola ¿cómo estás? Millones de gracias por escribirnos y tomarte el tiempo de leer nuestras locuras. Nos alegra que te haya gustado la boda y los demás, esperamos que suceda lo mismo con esta tercera parte y nos dejes tu opinión. Saludos.

Luz: Hola ¿cómo estás? Mil gracias por comentar y leer, si bueno sabemos que todas querrían más Harmony y en esta tercera parte lo habrá, pero también habrá mucho Drinny, pero esperamos que aún así te guste. Saludos.

Amely Potter: Hola ¿cómo estás? Muchas gracias por todo el apoyo que bien que te gusto la historia, esperamos que te guste esta parte. Saludos.

Karen: Hola ¿cómo estás? Mil gracias por leer si bueno esta parte también será Harmony tanto como la segunda, ojala te guste aún cuando haya un poco de Drinny. Saludos.

Belmi: Hola ¿cómo te va? Sabes que agradecemos mucho que leas nuestras historias, ya te respondimos en un MP y muy largo =S esperamos no te haya molestado. Aquí esta la continuación por si gustas leerla, aunque no les vaya tan mal a los infieles xD. Saludos.

Muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer la historia y nos tienen en favoritos y alertas esperamos que se animen a comentar.

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(´¸.·*´¯`*»— — The darkness princess & Lady Muerte.