Capítulo 3: Un final... Un inicio
-Dijo mi nombre! Puedes creer eso Claudia? Después de besarme… bah de besar a Ayxa, o sea de besarme a mí como Ayxa él dijo mi nombre! Me reconoció a través de Ayxa, se conectó conmigo a través de Ayxa, me besó, me deseó… Claudia! No puedo con esto, de verdad esto es más grande de lo que puedo manejar… - lloraba, lo único que podía hacer era abrazarme y llorar desconsoladamente, sin poder calmarme por que lo había sentido, había sido real, él la deseaba, la amaba, la necesitaba… una muda Claudia solo podía abrazarla, no había palabras que pudieran consolarla, solo unos brazos amigos, solo escucharla, solo acompañarla… aunque también podría haber ido por una taza de té, pensamiento que rápidamente descartó, lo último que necesitaba Lisa era que ella la dejara para ir en búsqueda de una taza de té… - Claudia! Por qué? Creo que no me dolería tanto no saber lo que ahora sé… me duele demasiado, es como si me arrancaran un pedazo de mi. Dios! Y mañana… mañana voy a tener que estar parada ahí con él y con ella, con mi mejor sonrisa, haciendo de cuenta que nada de esto ha pasado… tengo que estar ahí con mi mejor cara de buena amiga, sabiendo con certeza que se equivoca… y peor aún sabiendo que él sabe que la tremenda equivocación que va a cometer… Claudia, él se dio cuenta, lo sintió, vibró como yo lo hice… él lo vio como yo lo ví… él sabe como yo lo sé lo que podría ser nuestra vida juntos… - y no pude seguir hablando, las lágrimas ahogaron mis palabras, me abracé a Claudia, agradeciendo que no me recordara todas las veces que me dijo que hablara, que le dijera a Rick de mis sentimientos, que abriera mi corazón y tuviera el coraje de luchar de verdad por ese amor y no entregárselo en bandeja a Minmay.
- Lisa, cariño, debemos irnos antes que la fiesta termine… no queremos salir junto a los muchachos, no? Muy borrachos estarán pero estoy convencida que aún en su estado van a ser capaces de reconocernos- tomándome de los hombre me hizo incorporar, comencé a cambiarme mientras Claudia preparaba los bolsos.
Mientras me desmaquillaba no podía evitar llorar recordando esos labios tomando mis labios, recorriendo mi cuello, mi pecho, reclamándome, exigiéndome total rendición… de fondo Claudia puso mis lentos favoritos en su intento de hacer algo para calmarme, si supiera que eso solo me lleva a sus recuerdos, a las charlas compartidas, a las complicidades.
La relativa calma fue interrumpida por unos gritos en el pasillo seguido de fuertes golpes en la puerta y gritos con golpes.
- Abre la puerta! Abre la maldita puerta o la golpearé hasta tirarla abajo… Abre la maldita puerta o comenzaré a gritar tu maldito nombre para que todos se enteren quien es la gata detrás del antifaz… ABRE LA PUERTA AHORA! – Furia era poco para describir lo que Rick sentía, furia, enojo, frustración… y un cuerpo en llamas que reclamaba por ella – ABRE YA!- Volvió a gritar pero mientras seguía golpeando la puerta.
Claudia me mira con mucha preocupación en sus ojos, no es necesario que digamos nada, el momento de la verdad ha llegado y ambas lo sabemos, con mi mirada le digo que sí, que abra la puerta y que me deje a solas con Rick… había desencadenado la tormenta y es necesario que la enfrente. Con cautela Claudia abre la puerta ve a Rick, solo y un poco más allá en el pasillo un par de guardias fuera de combate. Los ojos azules de Rick tenían el color de una tormenta invernal, casi negro, rictus fruncido y sus puños crispados… solo la miró y esa mirada le congeló el alma, frente a ella no estaba Rick Hunter el hermanito menor de Roy… no! Frente a ella estaba Richard Hunter, un hombre de temer, un hombre que había encontrado su fuego interno forjado en mil batallas… un hombre que hoy había despertado… a una pesadilla?
-Claudia – ladró él como si fuera una orden – toma tus cosas y lárgate de aquí – de un empujón abrió la puerta y pasó por ella asustando a Claudia. Ante su inmovilidad, él la volvió a mirar con una furia helada y volvió a hablarle de una manera nunca antes vista – No me has escuchado? VETE! Has desencadenado una tormenta… VETE DE AQUÍ! Que ella y yo tenemos cuentas que arreglar… sinceramente no pensé que podías ser tan mala amiga… eres consciente de lo que has provocado alentándola a hacer esto? No? Verdad que no? Lárgate de aquí ahora!
Tomando su cartera y unos bolsos se abrió camino temblando por cómo Rick le había hablado, y teniendo la certeza de que Lisa iba a pasar un momento bien complicado. Se acercó, me abrazó y se fue cerrando la puerta tras ella. No alcanzó a estar fuera cuando escuchó el seguro y rezó a todos los dioses que por una vez esas dos almas pudieran hablar.
Lisa no podía levantar la mirada, el tono de voz había sido tan duro, tan fuerte… solo podía mirarse las manos y temblar… temblar sin control… y las lágrimas habían vuelto. Rick se paró frente a ella, podía sentirlo, podía ver sus fuertes piernas…
- Mírame- le ordenó él – Lisa Hayes te he dicho que me mires! – ella apretó sus puños, no, no podía mirarlo, no después de lo que había pasado – Oh! Perdón, lo había olvidado, acá la señorita se llama Ayxa, la Diosa del pole… verdad? – ironía, sarcasmo… enojo, mucho enojo – Mírame! Como Lisa como Ayxa, como quieras pero mírame! Mírame y explícame porque lo hiciste, merezco una explicación, no lo crees? Mírame! – lentamente Lisa levantó su mirada y la tormenta azul se encontró con la triste esmeralda… y toda su furia se transmutó… se convirtió en deseo puro, líquido, puro… no, no tenía tiempo para ser gentil.. no! Ahora no… la tomó de los hombros sin romper el vínculo de la mirada, la paró y comenzó a besarla, sin delicadeza, sin suavidad… un gemido de ella fue lo último que tuvo real conciencia, la última barrera se había destruido. Eran pura energía vibrando como tensas cuerdas de guitarra rápidamente se deshizo de su polera, de sostén y de su propia camisa… la piel de Lisa ardía, gemido tras gemido liberaban más y más aquello que durante tanto tiempo habían reprimido…. "Purple Rain" comenzó a sonar y no pudo evitar sonreir mientras jugueteaba el rosado y turgente pezón de Lisa, saboreándolo como si fuera una rica fruta… una fruta largamente prohibida.
-Se hará realidad tu fantasía comadreja – pensó mientras succionó más fuerte haciendo que Lisa se estremeciera entre sus brazos y tirara de sus cabellos… y esto es tan solo el comienzo. Agradeció que solo estuviera llevando una falda y no jeans, así podía acceder más fácilmente, se deshizo de ella con premura besándole el ombligo y sintiendo como temblaba ante sus besos y sus manos recorriéndola completamente… y ahí la tenía, la bella reina del hielo siendo puro fuego, vistiendo solo una pequeña tanga roja transparente… quién lo hubiera imaginado! Definitivamente él no… sorpresa tras sorpresa le estaba regalando esta Lisa, una Lisa sensual, majestuosa y sexual… una Lisa que lo atraía y lo envolvía. Arrancó la tanga de un tirón y su más secreto sueño se hizo realidad.
