BERGINE
Un año y medio mas tarde…
No pude evitar soltar un resoplido al darme cuenta del largo camino que aun nos quedaba para llegar al mercado. Si alguien se hubiese dignado a enseñarme a volar, a estas alturas ya estaríamos de vuelta. Mi prima Kelery iba unos pasos por delante de mí, sin decir una sola palabra y suspiraba cada vez que escuchaba alguna de mis quejas.
- - ¡Con lo tranquila y sensata que es tu prima mayor! – me decía mi madre - ¡ya podrías parecerte un poco más a ella!
La ``dulce y santa Kelery´´, tan tímida, tan recta… tan aburrida ¡bah! Me ponían muy nerviosa las personas sin sangre en las venas, por muy buenas y dulces que fuesen, ese tipo de amistades le pegaban más bien a mi hermana Raina.
Además, yo también ``sabía" ser dulce… si me lo proponía por supuesto, siempre se puede fingir, y yo en eso era una maestra.
Para poder llegar al mercado desde la zona donde nosotras vivíamos, había que recorrer un largo camino de suelos polvorientos y normalmente lleno de gente humilde en carretas que se dirigían también a comprar allí. Sin embargo el mercado que se celebraba entre los muros de Palacio… ¡ese sí que era espectacular! (por lo que me habían dicho, yo por desgracia no había podido comprobarlo… de momento…)
Cuando por fin llegamos ya era casi de noche, si bien es cierto que había sido culpa mía el que nos hubiésemos retrasado. Salimos de casa bastante tarde porque yo en un principio me había negado en rotundo a venir al mercado, y menos si no iba perfectamente peinada y vestida, aunque no me quedó más remedio que ceder ya que mi hermana llevaba trabajando sin parar dos días enteros atendiendo a los heridos que habían llegado en la última misión. Además de eso, mi madre estaba aún peor del corazón, sobre todo después de la desaparición de mi padre en la conquista de un planeta, varios meses atrás. No se había encontrado su cuerpo, por lo que oficialmente en las listas de las bajas, constaba como "desaparecido" y no como "fallecido", pero debido a su bajo nivel de pelea, probablemente sería más bien lo último. Había sido duro, principalmente por mi madre, a la que nunca había visto tan afectada. Por eso yo nunca iba a enamorarme de nadie, no quería volverme débil, vulnerable, además, tampoco confiaba mucho en los hombres, seres que solo pensaban en su propio placer, egoístas y dominantes. ¡Jamás me sometería a ninguno de ellos!
De repente mi prima me tocó el hombro sacándome de mis pensamientos, para avisarme de que nos habíamos pasado el puesto al que queríamos ir. Hice mis compras bastante rápido, algo de fruta y tela para hacer vestidos. Con un poco de dinero que había sobrado me di el gusto de comprarme un anillo, bastante barato, pero bonito. A pesar de la hora que era, la ciudad estaba abarrotada de personas, niños que corrían de un lado a otro, vendedores ambulantes gritando descuentos para atraer a las gentes y mujeres de la mala vida ofreciéndose por unas pocas monedas.
Un grupo de hombres discutían cerca de nosotras por algo de unas propiedades y conté mentalmente los segundos que faltaban para que llegasen a las manos. La verdad es que era todo taaaan decadente… yo siempre había soñado con vivir en la Corte, llevar caros y bonitos vestidos, codearme con gente importante, asistir a bailes, combates… ¡eso sí que era la gran vida, y no venir al mercado a comprar comida por Dios! Por supuesto me negaba a seguir viviendo como hasta ahora, por lo que tendría que hacer algo para remediarlo, la cuestión era, ¿el qué?.
Con todo lo que habíamos andado para llegar hasta allí, tenía los pies destrozados, y solo el pensar en el camino de vuelta a casa me daban mareos. Le dije a mi prima que fuésemos por un atajo para no tener que atravesar de nuevo la ciudad pero ella no pareció muy convencida
- - No creo que sea buena idea Bergine… tendríamos que pasar por esa zona tan lúgubre de casas derruidas, ¿no será peligroso?
- - ¡Ay prima no seas así, me duelen los pies de tanto andar no puedo más! – me quejé haciendo una mueca - ¡si volvemos por donde hemos venido me moriré y tendrás que cargar con mi cuerpo!
- - Vaaale, está bien… ¡pero deja el dramatismo! – sonrió a pesar de todo
No sé como lo hacía pero siempre me salía con la mía. Caminamos a paso rápido entre los escombros de un antiguo templo. Un pájaro negro levantó el vuelo a nuestro lado y no pude evitar estremecerme.
Tropecé con una piedra y la bolsa que llevaba se me calló al suelo desparramándose la fruta que llevaba. Solté una maldición y mi prima me ayudó a recogerla.
Se escuchó una risa masculina a nuestras espaldas y vimos un grupo de hombres bastante sucios alrededor de una hoguera.
- - "¡Proscritos!" – pensé angustiada
Esos malnacidos eran gentes que vivían al margen de la ley, se vestían con pieles como antaño habían hecho los Saiyans, hasta que gracias a la alianza con Freeze, poco a poco la tecnología y los nuevos avances se habían ido introduciendo en nuestro planeta. Para algunos privilegiados por supuesto, mi familia y yo como muchas otras gentes vivíamos con lo más primitivo y precario.
A los proscritos no les importaba robar o matar, con tal de sobrevivir, puesto que no tenían nada que perder. Vivían huyendo continuamente al margen de la sociedad, y para nuestra raza suponían una lacra que todavía no había sido erradicada.
No tardaron en percibir nuestra presencia y levantaron la mirada hacia nosotras. Eran cuatro en total y el más alto de ellos, un gigante de casi dos metros y pelo muy largo atado en una coleta se nos acercó con una sonrisa altanera en el rostro.
- - ¡Pero que tenemos aquí muchachos jajaja, me parece a mí que esta noche tenemos cena… además de diversión! – les gritó a los otros a la vez que me sujetaba por el pelo y me echaba la cabeza hacia atrás.
Notaba su horrible aliento cerca de mi rostro y observé que le faltaban dos dientes.
Los demás le hicieron los coros riéndose estruendosamente y mirándonos con lujuria, como si no hubiesen visto una mujer desde hace mucho tiempo.
- - ¡Suéltame maldito cerdo asqueroso! – le arañé la cara con todas mis fuerzas y el hombre soltó un grito de dolor tapándose la mejilla con ambas manos.
Agarré a mi prima por el brazo que estaba medio petrificada por el miedo y echamos a correr. El hombre, furioso por lo que le había hecho bramó a los otros para que nos persiguieran. No dudaron en hacerlo y en pocos segundos nos alcanzaron. En una situación como esa maldecía en todo momento que mi padre no me hubiese enseñado a volar. Yo me debatí aullando como si estuviese poseída y gritándoles todos los insultos que se me pasaban por la mente.
El gigante sujetó a mi prima sometiéndola con su fuerza y se colocó a horcajadas encima de ella. Cuatro líneas verticales sangrantes surcaban su mejilla ahí donde yo le había arañado antes.
Uno de ellos, tuerto y con barba, me tumbó en el suelo con tanta fuerza que me dejó sin respiración. Pude escuchar los sollozos de Kelery mientras el hombre se reía y le desgarraba el vestido
- - ¡Luego te tocará a ti gata salvaje! – me gritó por encima del hombro - ¡no pienses que te vas a librar después de lo que me hiciste!
Mi prima se revolvía sin cesar debajo de él mientras yo gritaba su nombre. El maldito monstruo le dio una bofetada que le hizo sangrar por el labio y la dejó medio aturdida.
Grité, lloré e insulté al notar las asquerosas manos del tipo que me tenía sujeta intentando separarme las piernas a la vez que sus dedos recorrían la cara interna de mis muslos. Sentí ganas de vomitar y la cabeza me daba vueltas. Los gritos de mi prima habían cesado y solo se escuchaban las carcajadas y gemidos del desgraciado que la estaba martirizando.
En ese momento, se oyó el sonido de un golpe y el hombre que me estaba sujetando salió despedido unos metros más allá. Cuando me incorporé tenía la vista nublada por las lágrimas pero pude distinguir a dos Saiyans que al parecer nos estaban ayudando. Con una velocidad impresionante, unos de ellos se situó detrás del gigante, que sorprendido dejó de reírse. Le sujetó la cabeza con ambas manos y con un golpe seco y rápido le partió el cuello. Los demás, al ver a su líder muerto en el suelo, huyeron despavoridos.
Mi prima estaba en el suelo con los ojos muy abiertos mirando al cielo y respirando dificultosamente. Uno de los hombres que nos había salvado, el más alto de los dos, la cubrió con la tela que yo misma había comprado antes en el marcado y la levantó en brazos.
El otro Saiyan, que tenía un cabello negro bastante peculiar y una cicatriz en forma de "equis" en la mejilla, me ayudó a incorporarme.
Levanté la miraba tímidamente mientras intentaba recomponerme el vestido que se me había roto por uno de los hombros con toda la dignidad que me fue posible y murmuré un "gracias" apenas audible
- - ¿Estás bien? – me preguntó preocupado – ¡malditos desgraciados! ¡que rabia que se nos hayan escapado los demás! – gruñó apretando los puños
Me volteé a mirar a mi prima que había resultado mucho peor parada que yo. El otro hombre la tenía apretada y acurrucada contra su pecho y ella tenia la mirada perdida, como si de un momento a otro hubiese perdido la razón. Lo que le habían echo no tenía perdón, y probablemente sería una losa con la que tendría que cargar toda su vida.
- - ¿Estás bien?, ¡como siento no haber podido llegar antes! ¡os acompañaremos a vuestra casa, no vamos a dejar que esos malnacidos regresen y os vuelvan a hacer algo! – a mí ni siquiera me salían las palabras de la boca, sin poder asimilar todavía la bondad de aquellos dos desconocidos en contraste con la brutalidad que nos acababa de ocurrir -
- Por cierto, que maleducado, no nos hemos presentado – me dijo el hombre de la cicatriz tendiéndome la mano – él se llama Toma… y yo soy Bardock – dijo con una sonrisa
Nappa
- - ¡Maldita sea, es que en este palacio nadie hace nada bien! – rugió el rey Vegeta tirando al suelo unos documentos que tenia sobre su mesa - ¡le he prometido a Freezer que esos dos planetas que quería serían conquistados en menos de cinco días! ¡y los escuadrones partieron con retraso y encima están tardando más de una semana! ¡una semana! ¿te parece normal Nappa?
- - Si me permite Su Majestad… - comencé no muy seguro de mismo – los guerreros están teniendo dificultades con los habitantes rebeldes, que pidieron refuerzos a otros planetas y…
- - ¡Eso no es excusa! – me interrumpió poniéndose de pie con rabia y tirando la silla en el proceso - ¡les dije claramente que quería para esa misión en concreto a los escuadrones nueve, quince y veinte! ¡y resulta que el tercero de ellos estaba formado por unos inútiles soldados de clase baja! – se masajeó las sienes intentando calmarse y me hizo una señal con la cabeza para que me acercase.
No lo dudé ni un instante, si alguien llegara a contradecir al rey cuando estaba furioso lo más seguro es que terminase muerto. Recogí los papeles del suelo y los volví a ordenar sin decir una palabra.
- - Escucha Nappa – dijo ya más tranquilo - yo estoy muy ocupado últimamente y como tú eres de las pocas personas en las que confío, quiero que te encargues personalmente de enviar otro escuadrón a la misión
- - Por supuesto Señor, no se preocupe, déjelo en mis manos… - le miré de reojo y al final me atreví a preguntar - ¿le ocurre algo…más… Majestad?
El rey resopló y bajó la mirada. ¡Por supuesto que le preocupaba ``algo más!´´. El problema que principalmente le quitaba el sueño y que había intentado solucionar desde hace años sin conseguirlo.
- - Un hijo varón Nappa… algo tan sencillo como eso… si no hay un niño que me suceda, el planeta se quedará sin monarca que gobierne, se desatará una guerra, y probablemente ese desgraciado de Freezer se haga con el control de todo
- - ¿Freezer, Majestad? ¡pero él es nuestro aliado! ¡conquistamos infinidad de planetas solo y exclusivamente para él! – dije sorprendido - ¿por qué iba él a interesarse por el nuestro si ya domina casi la mitad del Universo?
- - ¡No seas ingenuo Nappa! Freezer nos proporciona a cambio tecnología, naves, uniformes de combate, científicos que investiguen nuevas curas… pero llegará un día en el que no le seamos útiles y ¿quién sabe?... solo espero estar equivocado.
- - ¿Y qué tiene pensado hacer al respecto, Señor?... me refiero a lo de su hijo… - apunté con cautela
De repente alguien llamó a la puerta, y a los dos segundos, entró en la habitación acompañada de dos damas, la reina Shargot, haciendo una reverencia. Vegeta le respondió al saludo y la invitó a sentarse
- - Muy amable Majestad, pero solo he venido para preguntarle si esta noche cenará conmigo… en mis aposentos
Cuando el rey declinó la oferta con bastante educación, casi había jurado ver una sombra de alivio en el rostro de la mujer, que tras una leve inclinación de cabeza se fue seguida de sus damas.
En cierto modo me daba lástima por la reina, siempre había sabido salir airosa de cualquier situación, pero nunca le negaba nada al rey, nunca se oponía a lo que él decía… lo cual era bastante entendible teniendo en cuenta el carácter tan cambiante del monarca. Ni una sola queja había salido de sus labios cuando el rey buscaba a otras mujeres, simplemente miraba hacia otro lado como si no se enterase de nada. Aceptó con resignación el dormir en habitaciones separadas, y parecía verse más feliz cuanto menor tiempo pasaba el rey dentro de palacio.
Quizás lo mejor que hacían juntos era manejar las funciones de Estado, y aun cuando ella no estuviese de acuerdo con algo, bien se cuidaba de hacérselo saber. Las veces que "coincidían" se trataban con respeto y cortesía… con una gélida cortesía que era tan surrealista, que parecía mentira que estuviesen casados desde hace algunos años. La reina tenia un carácter demasiado frágil, demasiado complaciente y eso la convertía en una mujer muy moldeable para alguien como Vegeta. Con frecuencia se encontraba desganada, sin fuerzas, y si algo poco podía soportar el rey, eran las personas con espíritu débil.
- - Esto no puede seguir así… - sentenció el monarca sentándose en una mullida butaca de piel al lado de la chimenea. Se sirvió un poco de vino y agitó la copa que brilló con el resplandor de las llamas – no hay heredero, tengo cuarenta años y mi mujer tampoco es que sea una jovencita…
- - Majestad, no se preocupe, quizás la reina todavía pueda concebir un hijo… vivo – la verdad es mis palabras sonaron muy poco convincentes, ni yo mismo me las creí cuando salieron de mi boca
- - ¡Por favor no seas estúpido! – replicó Vegeta con fastidio arrellanándose en la butaca – eso es imposible ¡esa mujer no provoca nada en mi! ¿no sé si me entiendes?
- - Sí, sí, Majestad, le entiendo – me puse colorado y bajé la vista incómodo, hablar de "esos temas" con el rey no era lo que más me emocionaba.
- - No seas mojigato Nappa, ya sabes que tú eres mi mano derecha y que puedo contarte esas cosas… ¡ja! Como si aquí existiese la privacidad – dijo con ironía - hasta lo que ocurre en la alcoba del rey es asunto de Estado. No es un secreto para nadie que desde hace tiempo la reina y yo no dormimos juntos, por decirlo de una manera más… decorosa…
- - Pero, piénselo Majestad… ¿qué va a hacer al respecto? La reina es bastante popular entre las gentes - la verdad es que Shargot era una buena mujer, ¿y qué podría ocurrirle si no lograba lo que el rey más ansiaba? - quizá con un poco de tiempo.. ¿y si le da una última oportunidad?
- - ¡No, no y no maldita sea! ¡ya estoy cansado de esperar! – arrojó la copa al fuego que ardía en la chimenea y se escuchó un fuerte estallido al romperse el vidrio – está decidido – dijo entrecerrando los ojos – ya va siendo hora de buscar una nueva esposa.
Zira3000: quiero hacer una aclaración respecto a la historia. Lo cierto es que se me hace muy difícil introducir los escenarios en una época más o menos concreta. Según algunos episodios tanto del anime en Z como de GT, los SAIYANS salen a veces vestidos con pieles, incluido el rey Vegeta, sin embargo en pocos años parece ser que con la alianza de Freezer empezaron a intriducirse nuevas tecnologías, sin embargo en la película de El ultimo combate en bar o taberna en el que aparece Bardock parece más bien de la edad media, con vasos como de madera con pinchos y barriles de bebidas...
Entonces voy a hacer como una mezcla de ambas cosas... voy a mantener todo lo "nuevo" con otros aspectos típicos de la Corte de épocas pasadas. Bailes, banquetes, y en vez de justas como no hay caballos, habrá torneos y combates entre Saiyans
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