She's so cold
I'm so hot for her, I'm so hot for her,
I'm so hot for her and she's so cold.
I'm so hot for her, I'm on fire for her,
I'm so hot for her and she's so cold.
The Rolling Stones
Apreté la ruedita del encendedor y ella giró, produciendo una chispa. La atraje hasta mí y dejé que encendiera el cigarrillo que sostenía entre los labios. Caía una nieve que calaba hasta los huesos y los dedos apenas me respondían.
Dejé que el humo penetrara en mí y lo retuve antes de volver a soltarlo. Le di un sorbo a una botella de whisky de fuego que había llevado para calentarme. Eran las vacaciones de Navidad de séptimo curso y yo había decidido quedarme en Hogwarts. Desde luego, no iba a volver a la casa de mis padres y no quería importunar a los Potter. Ayer había acompañado a Remus, James y Peter hasta la reja de los cerdos alados y después retorné, a paso tranquilo, a la torre de Gryffindor. No tenía ni idea de lo que iba a hacer durante las vacaciones. Qué más daba, quizás hasta aprovechaba y me preparaba para los Extasis.
Era 24 de diciembre y la medianoche estaba cerca. No me molesté en bajar a cenar al Gran Comedor. Agarré dos botellas de whisky de fuego que teníamos en nuestra habitación, el encendedor, dos atados de cigarrillos muggles y subí a la torre de Astronomía a disfrutar mi Navidad.
Quería tomar alcohol hasta olvidarme de mi existencia. Quería olvidarme de la existencia de mi familia. Quería olvidarme de la existencia del hecho de que, en seis meses, Lily se casaría con James.
Como no podía enamorarme libremente de ella, tomaría alcohol para ver si en una de esas podía olvidarme hasta de ella.
Pero no era lo que quería. Lily no sólo me gustaba por sí misma, también me gustaba por lo que generaba en mí. Yo no quería que ella me jurara amor eterno, yo sólo quería estar en su vida acompañándola. No podía ponerle condiciones a Lily, ni siquiera podía pedirle que sintiera lo mismo que yo. Lo único más doloroso que verla casada con James sería no volver a verla, perderme de su vida. No podía amarla libremente, pero la amaba. Y amar a Lily me volvía una mejor persona.
- Yo sabía que te gustaba llamar la atención, Black, pero esta vez te superaste.
Volví la vista hacia la voz y reconocí a Evans. Se acercó hasta recostarse por el barandal en el que yo estaba apoyado y me miró, inquisidora.
- Hoy no, Evans.
Casi pude escuchar el sonido de su sonrisa al romperse.
- McGonagall me dijo que te quedaste. Me resultó raro. Cuando no te vi en la cena, subí a buscarte.
Me llevé el cigarro a la boca y dejé salir el aire por la nariz.
- Bien, ¿qué tantas ganas tenés de que te pregunte cómo te las ingeniaste para encontrarme?
Evans me miró y, si pretendía entablar una conversación en broma, ahí murió su último intento.
- No, ninguna, me pareció que... nada.
Se alejó del barandal y estaba por volverse por dónde vino.
- Evans, no dije que te vayas. Podés quedarte acá si nos quedamos en silencio.
No esperé que fuera a aceptar, Lily tenía cierta facilidad para la conversación y, si bien siempre me resultaba encantadora, no era lo que necesitaba en esos momentos. Sin embargo, ella regresó a mi lado y disfrutó el mirar la nieve caer, como estaba haciendo yo.
Aunque quise, no pude evitar mirarla. Sus ojos se habían perdido por los terrenos de Hogwarts y parecía haber entrado en algún tipo de trance. Le alargué la mano en la que tenía el cigarro encendido y ella lo tomó sin saber muy bien qué hacer. Le hice la mímica sobre cómo fumar y ella titubeó.
- Yo... yo...
- Ya. No tenés que hacerlo si no querés.
Extendí mi mano y tomé el cigarro de entre sus dedos. Lo terminé en seguida y lo apagué contra el barandal. Encendí otro, me relajaba el movimiento pendular que mi brazo hacía al subir y bajar.
Nos quedamos en silencio un largo rato y fue ella la que lo rompió.
- ¿Black?
Por toda respuesta, la miré.
- ¿Puedo decir algo?
Asiento.
Se da media vuelta y se aleja. Me agarra, entonces, un miedo irracional de haberla cagado, de haberla ofendido con mis comentarios secos.
Pero todos esos pensamientos desaparecen cuando la veo dirigirse al telescopio. Busca y rebusca algo y, cuando lo encuentra, me hace seña de que me acerque.
- Esa estrella que estás viendo se llama Sirius. Lo aprendimos el otro día en clase de Astronomía. Te lo digo porque vos no estás tomando el Extasis y...
Sus mejillas se sonrojan. Algo en su forma de pararse, algo en su comentario me genera una ternura que me cuesta reprimir y me siento capaz de derretir toda esa nieve con sólo tocarla.
- Es tradición en la familia Black nombrar a su descendencia según las constelaciones. Sabía que en algún lugar de todo eso -señalé al cielo- tenía que haber algo con mi mismo nombre, pero nunca me había molestado en buscarlo. Gracias, Evans.
Nos miramos a los ojos y me sonríe. Su bufanda de Gryffindor, su cabello suelto, las pecas sobre su nariz. Ella es roja, como el fuego, y siento cómo me voy derritiendo con su presencia. Teniéndola al lado, podría enfrentar las tormentas de nieve más crudas.
Desde abajo nos sube un estallido de risas y, en el horizonte, fuegos artificiales iluminan la noche. Es nuevamente ella la que rompe nuestro pacto de silencio. No me quejo.
- Feliz Navidad, Sirius.
- Feliz Navidad, Lily.
Intercambiamos fugaces besos en la mejilla y la siento helada. Destapo el whisky de fuego y, después de darle un trago, se lo ofrezco.
- Tomá un trago, te va a devolver el calor. Creéme.
Acepta cuando le digo esta última palabra. Le corro la mirada porque no puedo sostenérsela más. Ella cree en mí, confía en mí. Ella estuvo de acuerdo con que yo fuese uno de sus padrinos, ¿para qué? ¿Para que yo me terminase enamorando de ella?
Clavo uno de mis codos en el estúpido barandal y entierro mi cara en la palma de mi mano. Puedo sentir, a pesar de las capas de abrigo, a un par de brazos pequeños rodeándome. Acepta mi propuesta del principio y sólo se queda a mi lado, sin decir una palabra.
La rodeo con mis brazos y, aun abrazados, comienza a estremecerse. Intento decirle algo y noto mi voz ronca. Aclaro mi garganta y me agacho a recoger una botella.
- Devuelve el calor. Lo juro.
Nos apoyamos en la baranda y empezamos a pasarnos la botella, tomando su contenido de a sorbos. Después de un par de idas y vueltas, me hace una pregunta.
- Black, ¿vos sabés que ese día que fuimos a Hogsmeade, James me besó?
Por supuesto que lo sé, James no paró de decirlo por tres meses.
- Ahora que lo decís, sí, creo que lo comentó.
- ¿Sabés qué es lo curioso?
Tomo un trago especialmente largo para evitar responderle.
- Lo curioso es que... no me acuerdo de ese beso.
- Bueno, tiene sentido, considerando que se han besado mucho desde que eso-
- No, no es por eso. Lo que quiero decir es que no me acuerdo de ese beso de James.
No entiendo a dónde quiere llegar y prefiero llamarme a silencio. Cuando terminamos una botella, enciendo un cigarrillo y vuelvo a fumar.
La veo extender una de sus manos hasta mí y esperar que se lo pase.
- Sabés, Evans, lo pensé mejor y creo que esto no es lo tuyo. Quiero decir, el alcohol es útil para olvidarse de algunas cosas, pero el cigarro es completamente inútil. Apenas si sirve para quitarte los nervios...
- Black, no juzgues qué es lo mejor para mí -dijo, mientras me lo quitaba de entre los dedos.
Se lo llevó a los labios y, para mi sorpresa, no estaba tan desorientada como yo creía. Fumó tres veces y me lo pasó.
- Tosé, Evans, tosé.
Me hace caso y al rato se acostumbra. Nos vamos turnando el cigarro y nos lo acabamos en un par de minutos.
- Encendé otro - ordena.
Obedezco. Nos fumamos dos cigarrillos más y volvimos al whisky de fuego. Cuando Evans termina con el último trago, le pregunto si quiere volver a la Sala Común. Por toda respuesta, ella levanta las botellas y las colillas de los cigarros y se dirige a la escalera que nos devuelve al interior del castillo. Rodeo una de las botellas con mi brazo, para que no cargara todo ella, y nos deshacemos de la basura a la primera oportunidad.
La Dama Gorda no estaba en su retrato. Todos los cuadros permanecían vacíos. Lily aventura que estarían en una fiesta. Me encojo de hombros.
- Black, hay un... hay un muérdago sobre nosotros.
Levanto la vista y veo que no miente. Instintivamente, me alejo un paso de ella. Lily baja la mirada y parece estar... ¿decepcionada?
- Qué bueno que avisaste a tiempo, Evans.
Escuchamos una voz que surgía de la nada: la Dama gorda había vuelto. Le dijimos la contraseña y entramos a la Sala Común.
Nos quedamos en silencio, cada uno atendiendo a lo suyo. Luego de un rato, fue evidente que nadie más iba a venir.
- ¿Sólo somos vos y yo, Evans?
- Sí.
- Evans, ¿yo...- me regaló una mirada. Sus ojos color esmeralda aparecían ahora oscurecidos - ¿te enojaste conmigo?
No modula bien lo que quiere decir y no la entiendo. Sin embargo, una palabra me llega fuerte y clara: tradición. Mientras la miro recoger sus cosas, creo entender el sentido de lo que había querido decirme.
- Evans, ¿querías que nos besemos para cumplir con una estúpida tradición?
Ella baja la vista y encara para la escalera que da al dormitorio de las chicas.
- No se me da bien eso de cumplir tradiciones, creí que ya lo sabías.
La veo detenerse, de espaldas a mí, a la mitad de la escalera. Me escuchó, estoy seguro, pero prefirió seguir su camino.
Más tarde, esa misma noche, se levantó una tormenta de los diez mil demonios. Me volvieron a la mente unas palabras de James en las que decía que a Lily no le gustaba dormir sola. A decir verdad, a mí no me agradaban mucho las tormentas.
Di vueltas en la cama pensando qué hacer. De pronto, se me ocurrió algo. ¿Y si... quizás? Había muchas chances de que no funcionara, pero tenía que probarlo.
- ¿Quién esta ahí? Puedo escucharlo. ¿Quién...? Oh, hola. ¿Qué hacés acá? No, no llores. Vení, subí, subí. Muy bien. Qué lindos ojos que tenés, me recuerdan a los de alguien... ¿me dejás abrazarte? ¿Sí? Sí, ya vi tu cola, es muy linda.
Esa fue la primera noche que dormí con Lily Evans. Se abrazó a mi cuerpo cuadrúpedo y durmió de corrido toda la noche. Volveríamos a dormir juntos todas las noches de esas vacaciones.
El último día, bajé de la cama de Lily antes de que pudiera seguirme. Subí a mi dormitorio y me puse la túnica de la escuela. Eran las ocho de la mañana, dentro de una hora ya empezarían a llegar los estudiantes. Cuando Lily bajó de su dormitorio, me acerqué hasta quedar parado frente a ella.
- Evans.
- ¿Black?
Incliné mi rostro hacia delante, dejando mi boca peligrosamente cerca de sus labios.
- Evans.
- Black...
Separé lentamente mis labios hasta rozarlos, apenas, con los suyos.
- Lily - le dije, en un susurro.
Al escuchar su nombre, reaccionó devolviéndome el beso que todavía no le había dado. La tomé por la cintura y la besé intensamente, con necesidad. Ella me correspondió y me dejé llevar completamente por la vorágine de sus labios.
Cuando, al cabo de largos segundos, nos separamos, ella tenía las pupilas dilatadas y la boca curvada en una sonrisa.
- ¿Por qué ahora? - me dice, algo sorprendida.
- Para que no creas que lo hago por una estúpida tradición.
- Sirius - dijo, saboreando cada letra. Eso era demasiado, tenía que ponerle un freno o...
- Gracias por darme material para el brindis de tu boda -dije mientras hacía una exagerada reverencia.
Y, otra vez, como la otra noche, la mirada se le ensombreció.
- Evans... - tanteé - ¿sabés que no tenés que casarte si no querés, no?
Asintió. Creo que quiso decirme algo pero sus labios estaban entumecidos. Al cabo de un rato, preguntó por otro tema.
- Black, ¿no viste por casualidad un perro negro de ojos grises por acá? No sé de dónde habrá salido pero, en realidad, me había encariñado con él.
Negué con la cabeza.
