N/A: ¡Hola! ¡Y disculpas por la enorme tardanza! El semestre terminó por pasarme de la cuenta y no he podido sentarme a terminar el capítulo hasta ahora. Lamentablemente, tuve que reescribirlo como tres veces, ya que tuve un pequeño cambió argumental con un personaje. Después de definir nuevamente el orden de las historias de los personajes (o mejor dicho, de relegar una escena para el siguiente capítulo), he aquí la entrega número tres.
Ésta será la última entrega donde nos enfocaremos tanto en Rose, ya que sabiendo qué rayos le envió a McGonagall (creo la referencia a "Sex and the City" en el nombre del título es una evidente pista de qué tipo de escrito se trata, jeje), podremos asomarnos a revisar la vida de los demás personajes. A pesar de esto, en el capítulo se siembran varias semillas que dan cuenta de lo que ocurre con los demás amigos de Rose y sobre la vida de la misma chica.
No puedo olvidar agradecer a todos por sus geniales reviews. ¡Muchísimas gracias! Me ha encantado leer cuánto han adorado a los personajes y saber sus teorías de cómo el Scorpius/Rose podría desarrollarse.
Espero que el capítulo sea de su agrado y estoy ansiosa por leer sus impresiones ;)
¡Saludos!
PD: ¡Feliz año 2014! Sé que es tardísimo, pero no podía dejar de desearles un año lleno de salud, éxito y felicidad.
Número III:
"Stars and the City"
-¿Está bien?
-¿Lo estoy? –preguntó Rose, sintiendo que le faltaba aire en los pulmones. Dio una gran bocanada de aire, sintiéndose mareada-. Perdón. Estoy un poco… aborchonada.
Si no fuera por su ataque de nervios, probablemente se habría golpeado contra una pared por utilizar esa expresión tan anticuada. Odiaba cuando la abuela Molly la decía para justificar todos sus cambios de humor.
-No se preocupe –Minerva McGonagall curvó los labios. Algo en su sonrisa le hizo pensar a la pelirroja que sabía muy bien por qué estaba casi desmayándose. Como si secretamente se divirtiera por su sufrimiento-. Si quiere le pido a Irma que le traiga un vaso de agua o-
-No –la cortó con rapidez. Si no hubiera sido por la debilidad en su voz, la gran emperatriz de 'Glamour' sería capaz de denunciarla a la policía por utilizar una actitud agresiva y violenta contra su persona. Lo que menos deseaba era ver la horrenda señora Pince (o Irma, como la llamaba McGonagall). Era una de las mayores fabricadoras de rumores de la revista y en cuanto la viera, en menos de una hora todo el personal de la oficina sabría que lucía como uno de los zombis de la serie "The Walking Dead" (los nervios por estar despedida la habían hecho desvelarse las noches del sábado y domingo), y si iba a salir de aquella sala de reuniones como una desempleada, al menos quería tratar de hacerlo como una mujer segura, bella y digna (que no era en la realidad)-. No, gracias –añadió con un intento de sonrisa, tratando de ser lo más amable con su jefa.
Los ojos de los demás presentes estaban puestos sobre ella, observándola como si fuera un maldito accidente de tráfico del cual no se le podían quitar los ojos de encima. Sus nervios habían llegado a un plateau que le impedía desmayarse o salir huyendo de la sala. Con o sin sus miradas de desaprobación, tener a los jefes de las áreas de publicidad, negocios, mercadeo, y los editores de cada sección sentados alrededor de una larga mesa rectangular, con la editora en jefe al final, como cual reina en su trono, era intimidante y su sistema nervioso parecía haberse acostumbrado a vivir esta escena.
-Perfecto –la mujer se levantó de su asiento, atrayendo la atención de todos. Comenzó a rodear el sector donde estaban los jefes de área. Era sorprendente que pudiera caminar tan bien con unos tacos tan altos a su edad. Rose suspiró, sintiéndose patética por elegir aquel momento para encontrar algo que admirar de la vieja bruja-. Supongo que todos habrán leído el motivo de esta reunión en el e-mail que les envié ayer –se detuvo tras uno de los presentes, y extendió la mano. El hombre le tendió una carpeta abierta-. Estamos reunidos para discutir cómo manejaremos la inclusión de este artículo en 'Glamour'.
Dentro de la carpeta estaba impreso el escrito que le había enviado el sábado en la madrugada. El maldito título con letra Verdana 20, color fucsia y resaltado con amarillo (en su borrachera estaba convencida que era muy artístico colocar aquella combinación de colores) lo reconocería en cualquier lugar. Era su sentencia de muerte.
Una mano se alzó brevemente, haciendo que la sonrisa en el rostro de la mujer se borrara.
-Disculpa, Minerva –dijo Matthew Williams, el editor de la sección de Actualidad.
Era el único que se atrevía a llamar a la editora en jefe por su nombre de pila, ya que tenía un ego y autoestima por las nubes, por lo que nunca había considerado a ninguna de las personas de cargos superiores al suyo como mejor que él. Normalmente todos lo odiarían, pero gracias a él eran capaces de conseguir estrellas como Adele, Olivia Wilde, Alicia Keys, y Madonna para entrevistar y colocar en las portadas de la revista. El trabajo de los equipos de su sección e inclusive del de Moda estaba salvado debido a sus infinitas conexiones con celebridades y familias de la alta sociedad europea. Por lo mismo, todos lo odiaban secretamente. No podían escupir en la cara al hombre que les daba la portada de cada mes, ¿no?
-Estoy seguro que todos leímos tu correo y el artículo que… -miró un papel que tenía frente a él-, Rose… Que la talentosa Rose ha escrito –dijo en un tono demasiado condescendiente para ser tomado como un halago-; y aunque sea original y lleno de potencial, creo que la discusión debería ser si lo aprobamos o no. El miércoles debemos distribuir el ejemplar de mayo a toda la región. ¿Qué imprenta nos va a aceptar esto a última hora? –tomó el papel y lo agitó, visiblemente molesto. Era el escrito de Rose-. No podemos colocar en peligro la confianza de los lectores, el comercio y la revista por esto.
No sólo una, sino que dos veces la había insultado. Con el orgullo herido, la pelirroja le daría una buena patada en el culo cuando todo este circo terminara. ¿Qué tenía que perder si la despedirían de todos modos? Ya no tendría que aguantar sentirse examinada por personas que realmente creían que trabajan en una revista de calidad. Y partiría por Matthew Williams, ya que quizás podía insultarla a ella, pero no a su escrito. Sí, lo había escrito con rabia, decepción y mucho alcohol en el cuerpo, sin embargo, era mucho mejor que las porquerías que escribía él cuando entrevistaba a Adele. ¿Quién mierda podía gastar tres páginas en preguntarle de su nuevo disco? ¡Era Adele! De todos los tópicos, había elegido el tema más aburrido y simplón de todos.
Después de desquitarse con Matthew Williams, lo haría con los demás monstruos de este lugar y luego… quedaría libre. Libre y pobre.
Durante todo el fin de semana se había golpeado contra la pantalla de la laptop (y de las paredes del departamento), ya que se dio cuenta que ni siquiera la combinación del dinero en su cuenta corriente y de la de ahorros le alcanzaban para arrendar una propiedad en Londres por dos meses ("Preferiría tener que ver una maratón de "The Vampire Diaries" antes que vivir contigo, así que no pienses en mudarte a mi guarida" le advirtió Mark mientras la escuchaba echar improperios por teléfono a todos los que arrendaban a precios irrazonables sus viviendas). Finalmente en la noche del sábado supo que probablemente debería volver a Ottery St. Catchpole como una chica rural que había fracasado en la gran ciudad.
¿A quién engañaba? ¿Desquitarse de Matthew Williams? Él y todos los demás editores cumplían con creces lo exigido en sus contratos, así que tenían el derecho de dudar de su trabajo.
Vamos, incluso yo sé que no he escrito nada bueno desde que me gradué de la universidad.
-¿Sí? ¿Y me puedes explicar cómo no viniste a la reunión de ayer donde discutimos exactamente eso? –en breves instantes, el rostro del hombre dejó de rebozar en petulancia-. El escrito de Rose Weasley ha sido aprobado como columna de la sección de Reportajes y Cultura.
No quería imaginarse la cara de los abuelos o de sus tíos cuando supieran la noticia. Probablemente su papá sería capaz de matarla, como cuando en un ataque de rabia por un castigo que consideró injustificado, Rose le había cortado a tijeretazos su camiseta firmada de Steve Maddison, el delantero más prodigioso de los Chudley Cannons y el que había llevado al equipo a la victoria del torneo europeo durante tres años seguidos. Después de aquello, la joven vivió castigada permanentemente, por lo que cuando más adelante hacía otra estupidez o acto de rebeldía, sus padres ya no sabían qué medida disciplinaria podían tomar cuando no tenía permiso para salir a fiestas o casas de amigos, su celular permanecía requisado en la mesita de noche de su madre y sólo tenía acceso a Internet durante dos horas en casa para realizar debes de la escuela. A los diecisiete años su padre le levantó el castigo. Tal vez las caras de horror que tendría la familia serían por presenciar un parricidio, y no por su nuevo estado de desempleo. Su papá tenía la misma mentalidad que Kate, por lo que durante años le había repetido que debía esforzarse en hacer un buen trabajo, ya que la economía no estaba bien y blá, blá, blá. El flamante regreso de su hija a Ottery St. Catchpole despertaría sentimientos poco parentales en él.
Al menos eso era mucho mejor que regresar a Oxford, donde su muerte estaría bajo sus propias manos, no en las de alguien más. Era mejor que ella misma acabara con su vida que dejar a la bruja de Hermione Granger hacerlo.
Los normales pensamientos sobre su propia muerte (podía imaginar a Kate bebiendo dos litros de té para tranquilizarse si supiera que estaba imaginándose escenarios de sus últimos instantes en el mundo), se desvanecieron cuando recordó que estaba en una reunión con la crème de la crème de 'Glamour' y ella debía lucir como una idiota sin prestar atención.
En una pequeña recapitulación de los hechos, McGonagall explicó que el día anterior llamó a una reunión urgente a los editores para discutir la aprobación de una nueva columna mensual en la revista. Además, se tuvieron que pedir varios favores a amigos de los diferentes editores para conseguir que el gerente de la imprenta aceptara recibir una nueva versión de la revista cuando ya tenía la mitad de los ejemplares impresos, sin que tuvieran que pagar una multa muy alta por no cumplir con el punto de los plazos de envío que se estipulaba en el contrato de servicios.
-Los detalles sobre el mismo escrito, están allí –sus ojos se posaron en la carpeta que Rose tenía en las manos-. Hay notas y comentarios de todos los presentes aquí… excepto de Matthew –el hombre carraspeó, tratando de mantener la imagen de niño perfecto-. Mientras el artículo se debe mejorar, es una excelente pieza para añadirla a nuestro contenido y estamos reunidos para discutir el propósito de la columna, y el plan de operaciones para incluirla en 'Glamour'.
Esto debía ser una mentira. Su frustración con el trabajo, sus (quizás no tan buenas) decisiones y forma de vida habían terminado por causarle un corto circuito en las neuronas, provocando que tuviera alucinaciones. Tal vez en otra ocasión reclamaría cuán patético era el mundo de ficción creado por su mente (vamos, que sería mejor que mágicamente trabajara en el 'The Independent' o en una de las estaciones de la BBC), pero ahora sólo podía sentirse incrédula. ¿Tan preocupada estaba por quedarse desempleada que su cabeza le estaba haciendo creer que había podido mantener su trabajo? ¿O acaso había visto demasiadas veces la película "Inception" que ahora deseaba ser protagonista de una historia así?
La pelirroja inspiró y espiró hondamente, esperando que la oxigenación de su cerebro la ayudara a volver a la realidad.
No podía ser posible, plausible ni real el hecho que su escrito se convirtiera en una columna de carácter mensual. Eso querría decir que tenía trabajo asegurado por una buena cantidad de meses.
-Eso lo podemos discutir en las reuniones de nuestro equipo – la voz de Katherine, la editora de la sección de Cultura y Reportajes, se alzó por encima de los murmullos de los presentes-. Lo importante es definir cómo aprovecharemos esta nueva oportunidad. Estoy de acuerdo con los del grupo de mercadeo en cuanto al uso de las redes sociales y la página web para generar mayor alcance a nuestras lectoras. Si bien la revista física, en formato de papel…
¿Por qué mierda su mente seguía con este juego? Era definitivo: había enloquecido por completo.
Vale, si esto es un ataque de demencia por "Inception", exijo que Joseph Gordon-Levitt tenga un papel en esta alucinación. Quizás un nuevo periodista de la revista y que se enamore perdidamente de mí a primera vista.
-¿Algo que quiera aportar, señorita Weasley?
Rose parpadeó, casi atragantándose al ver que McGonagall, y la decena de editores y jefes de áreas la observaban con una expresión parecida a la de cuando se había encontrado con la editora en jefe en el baño de mujeres la semana pasado luego del incidente de la Coca-Cola.
¿Por qué rayos tenía cara de haber hablado de un tema serio cuando ella estaba rogándole a su distorsionada consciencia aprovechar de mejor manera su alucinación? ¡No quería a McGonagall, quería los adorables hoyuelos de Joseph Gordon-Levitt ahora!
Movió negativamente la cabeza de manera automática, presintiendo que estaba ignorando una información de alta importancia y que, si esto no fuera un sueño, le saldría muy caro no haber seguido los temas de conversación.
Después de unos breves minutos, la reunión había llegado a su fin y McGonagall la acompañó hasta la puerta de la oficina para una cordial despedida, lo cual dejó aún más perpleja a la pelirroja. ¿Acaso los robots sabían modales? ¿Sabían sonreír como si de verdad tuvieran sentimientos positivos y no como muestra de perversa diversión? Disfrutando del trasplante de personalidad que su cerebro le había hecho a la mujer (la señora Pince parecía estar ahogándose de la rabia desde el escritorio de la recepción), Rose le agradeció y comenzó a caminar sintiéndose nuevamente mareada.
¿Cuándo vas a venir Joseph Gordon-Levitt a salvarme de esta mala broma de mi mente?
-Felicidades –dijo la secretaria de McGonagall con el rostro casi azul, mientras se despedía de los demás asistentes de la reunión.
-Gra… cias –se detuvo, sabiendo que había sido suficiente con el no ser despedida y el agradable trato de la editora en jefe. No era necesario recibir las felicitaciones de la mujer que disfrutaba con encontrarla jugando Buscaminas en vez de haciendo su trabajo-. Una duda –se aproximó al escritorio de Pince, recibiendo una mirada que no le daba la bienvenida para nada-. ¿Es verdad?
-¿Qué cosa? ¿El que bloquearon los juegos, Facebook y otras páginas para jugar? –sus ojos se iluminaron-. Por supuesto. Le pagan para escribir, no para jugar.
-No –susurró casi con desesperación. Rose apoyó ambas manos en la mesa y se inclinó, haciendo saltar de sorpresa a la secretaria-. ¿Esto? ¿No estoy despedida?
Días más tarde, cuando recordara este momento, seguramente se daría cuenta que no podría culpar a la señora Pince por creer que fuera una drogadicta, o alcohólica, o loca, o las tres, y por tener como meta personal lograr que la despidieran, ya que tenía comportamientos inapropiados en la oficina.
-¡Dios mío, niña! –hizo un gesto con la mano para obligarla a dejar de ocupar su espacio personal-. ¿Es que acaso además de floja, eres loca? No puedo creer que hayan permitido a alguien así seguir estando con nosotros.
Es real. Todo esto es verdad.
-OH, DIOS MÍO –chilló, prácticamente cayéndose al suelo. Estiró los brazos y tomó con las manos el rostro de la mujer-. ¡Irma, no tendré que irme de Londres! –gritó extasiada, y le dio un beso en la mejilla a la señora Pince-. ¡No estoy desempleada!
Ignorando sus ojos como platos, Rose se alejó de la secretaria dando saltos y soltando pequeños chillidos de felicidad.
¡Tengo trabajo!
Ni cuando los Chudley Cannons ganaban un partido o leía un buen cómic de Marvel se sentía tan bien. Es decir, aquellos eran muy buenos momentos, pero no podían compararse al alivio de saber que podría pagar la renta del departamento, seguir viviendo en Londres, tener dinero para comer, y lo más importante, mantener su pequeño orgullo intacto. Se sentía tan bien que deseaba llamar a sus amigos para contarles que no tendría que aprovecharse de ellos como un parásito para vivir con ellos mientras buscaba otro trabajo (aunque Kate y Scorpius debían tenerla en sus listas negras); también quería llamar a su papá para prometerle que lo llevaría al siguiente partido de los Chudley Cannons, y compraría las malditas entradas de primera fila, porque no importaba si quedaba en la ruina con tal de compartir un hermoso momento de padre e hija, y hasta sería capaz de disminuir sus horas de Candy Crush y ver sin quejarse una película de Superman… Vale, las últimas dos cosas no eran posibles, pero su felicidad alcanzaba para al menos tener las intenciones.
¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡NO TENGO RAZÓN ALGUNA PARA IR A OXFORD!
Cuando el elevador se abrió, Rose entró prácticamente bailando. Incluso saludó a la cámara instalada en una de las esquinas sobre la puerta, importándole un pimiento si los guardias de seguridad se reían por el repentino espectáculo.
-¿Puedo entrar o me vas a sacar un ojo?
Los impetuosos movimientos de brazos de la pelirroja se detuvieron y lo que eran chillidos de felicidad se transformaron en leves gemidos de humillación, vergüenza y disculpas.
-Claro –se pegó hacia un lado del lugar, haciéndole un gesto casi ceremonioso para que Katherine entrara-. ¿Vas a tu oficina? –la mujer asintió-. Eh, vale –presionó el número quince y cerró los ojos, maldiciéndose mentalmente por ser tan idiota.
Ni un tierno y adorable personaje interpretado por Joseph Gordon-Levitt sería capaz de interesarse en una loca que bailaba sola en un ascensor.
-No sé si deberías estar tan contenta -Rose casi se atragantó con su respiración (aparentemente eso era posible).
Abrió los ojos y se volteó hacia la mujer, encontrándose con la fría sonrisa de Katherine.
Tenía apenas tres años más que ella y ya había ascendido a ser editora. Era una de las personas más respetadas de 'Glamour', ya que fue la primera en creer en la locura de Slughorn de poder añadir contenido de interés social y cultural a la revista, y aceptó de inmediato el cargo de editora de la sección de Cultura y Reportajes. Las expectativas de la sección no fueron cumplidas, si bien tenían buena evaluación por parte de las lectoras, era la peor evaluada cuando se le comparaba con las demás secciones. No había ningún reportaje o artículo que atrajera la atención del público, o como decía Matthew Williams en cada reunión donde se hacía hincapié en los problemas de Cultura y Reportajes: "No hay ningún plato principal que sea suculento y llamativo". Todos los meses peleaba para que mejorara, teniendo discusiones semanales con los periodistas de la sección y supervisando todos los trabajos que se llevaban a cabo. Sin embargo, la sección seguía estando en el culo de aprobación de 'Glamour'. Todos sabían que con el cambio de dueños de la revista, la sección podría desaparecer y ser un medio dedicado exclusivamente a tener contenido de moda, belleza y actualidad; por lo que para el número de este mes, Katherine se había esforzado el doble por tener un buen alineamiento de reportajes… Excepto con Rose. Había perdido la fe en ella desde hacía mucho tiempo y sólo contaba con conseguir que la chica cumpliera el plazo límite, no con entregar un escrito bueno. Debido a todo esto, la mujer contaba con el respeto de todos en la revista (menos de Williams).
-Tu contrato no es como columnista. No olvides que estás contratada para hacer reportajes –el globo de la felicidad se empezó a desinflar, mientras la pelirroja asimilaba las palabras-. El hecho que entregaras un escrito que funcione como una pieza de una columna de opinión, o algo parecido, no significa que cumplieras con lo que Minerva te exigió la semana pasada.
¿Acaso ella sabía sobre el nuevo reportaje que debería haber entregado hoy?
-Aportaste con algo nuevo y, sorprendentemente, divertido para la revista –admitió, sonriendo educadamente. Su mirada y tono de voz no eran precisamente el significado de la alegría-. No obstante, no entregaste un reportaje mejor para la edición de este mes -las puertas del elevador se abrieron y Katherine salió-. ¿No vas a venir?
-Ah, sí –torpemente la siguió, casi tropezándose con sus propios pies.
-¿Sabes que tu contrato termina en dos meses más?
Rose apretó la boca, reprimiendo gritar un improperio.
Claramente todo había sido demasiado bueno para ser verdad. Si no entregaba mejor material para la sección, la revista podía decidir en no renovar el contrato. Esta vez no estaría Slughorn intercediendo por ella. Podría seguir trabajando como columnista, pero aquel cargo no solía pagarse como un trabajador con contrato, sino que sólo era con boleta a honorarios. Es decir, no salario decente, ni seguro de salud o dental… Por cada columna le pagarían doscientas libras, lo cual era muchísimo menos que su sueldo. Equivalía a ser desempleada.
Oh, mierda.
Ignorando los murmullos y miradas de sus compañeros (la melena fucsia de Zoe no estaba visible por sobre los cubículos), siguió a su jefa hasta llegar a su oficina.
-Mira, antes de discutir tu columna, quiero que tengas claro que necesito que mejores tu siguiente escrito –dijo después de cerrar la puerta-. Esta vez las renovaciones de contratos son hechas a base de la satisfacción de tu jefe de área, y de la evaluación de tus pares.
-Y claramente no lo renovarán –afirmó la pelirroja, con una voz más aguda de la que hubiera deseado utilizar.
-Quiero que nuestra sección brille y que nuestro equipo por fin pueda sentirse orgulloso frente a los demás –nunca la había escuchado tan emocionada.
Y yo soy el peso muerto del grupo.
No podía decir que sus razones eran injustificadas… pero aún tenía ganas de insultar a alguien (o a la vida, mejor dicho) para sentirse mejor.
-Sólo deseo que lo tengas claro. No porque ahora seas la nueva revelación de 'Glamour' significa que tienes tu lugar asegurado –luego que la pelirroja asintiera, la mujer caminó hasta su escritorio y movió el ratón del computador-. Muy bien… A las tres tendremos la reunión con Williams para comentar la versión mejorada de tu artículo. La idea es que lo corrijas durante la mañana según las sugerencias y comentarios que quieras considerar de los que se encuentran dentro de tu carpeta, para que así nosotros hagamos una revisión final y terminemos de discutir el concepto –alzó la mirada desde el monitor y al ver la expresión de la chica, añadió:-. Necesitamos saber el concepto para el título de la columna, y el tono del narrador… Aunque creo que eso último ya está definido en cómo le hablas a los lectores.
-No… O sea, sí –se corrigió rápidamente-. Es sólo que… ¿Williams? ¿Matthew Williams?
-Claro. Tu columna no es exactamente cultural ni con un tema de contingencia. En teoría, yo debo revisarlo porque eres de nuestro equipo y Williams no vino a la reunión de ayer, pero el contenido es apropiado para ser de Actualidad.
-Entonces, para la columna no tengo sólo una editora, sino que es una co-dirección… con Actualidad.
La falta de un gesto o una respuesta a su tentativa afirmación, fue la confirmación que Rose necesitaba para volver a pensar en buscar otro lugar para vivir.
De repente, el artículo… se había hecho real. Con contenido, planes de implementación, título, esquemas de trabajo, la revisión de dos editores, y con la inseguridad de tener un trabajo permanente en la revista. Ser columnista no era lo mismo que ser una periodista bajo contrato.
Mientras Katherine hablaba sobre nuevas reuniones y la urgencia de completar la columna lo más pronto posible, en la mente de la pelirroja sólo podía haber espacio para una preocupación (para el problema de verdad): su contrato expiraba en dos meses más y no podía asegurar que a finales de julio pudiera vivir en su cómodo departamento de Fitzrovia.
No soy desempleada… por ahora.
Después de repetidos intentos de conseguir que le cediera el asiento, el hombre se dio media vuelta y (accidentalmente, como dijo cuando se disculpó de mala gana) le pisó uno de los pies como si quisiera dejarlo inválido. Si no fuera porque el tren iba explotando de personas, Mark le daría un pequeño discurso de modales al caballero, ya que aparentemente no había aprendido en la escuela que ya fueran niños, jóvenes o adultos, todos vienen cansados del trabajo o escuela y no era necesario aprovecharse de la edad o género para exigir un asiento en el transporte público. Vamos, si se trataba de una mujer embarazada, o personas de la tercera edad, o gente notoriamente enferma (como los que andaban con mascarillas, anunciando a todo el mundo que eran un peligroso foco de infección), estaba bien ceder el asiento. Sus cuerpos lo necesitaban más que él, pero cuando veía a idiotas como el hombre de antes, que vestía un simple traje de dos piezas y traía un maletín, le daba rabia que se sintieran con el derecho de pedir el asiento a personas más jóvenes que él. Seguramente el maldito había estado nueve horas sentado frente a un computador en su maldita labor de oficinista, cuando él había tenido que correr desde la oficina hasta el laboratorio durante toda la mañana, y en la tarde estuvo de pie haciendo experimentos. Su maletín se veía delgado y debía estar ligero, a juzgar por la facilidad con que lo tomaba, mientras que dentro de la condenada mochila de Mark iba su laptop y una carpeta llena de fotocopias de antiquísimas publicaciones científicas que debía leer para su tesis. Y para peor, el aire acondicionado del laboratorio estaba malo, así que había tenido que trabajar a temperatura ambiente. Es decir, en el mismísimo calor que derretía automóviles en las calles ("¡Qué horror! ¡Esto debe ser culpa del primer ministro!" escuchó a una señora comentar mientras señalaba el titular del periódico, que anunciaba que un carro en Londres se había derretido debido al calor).
Mark sonrió, aceptando la falsa disculpa del hombre, y lo siguió con la mirada hasta que llegó hasta un sector cercano a la puerta del vagón.
Este asiento es mío.
Su pequeña satisfacción quedó reducida a añicos cuando vio que el idiota se acercaba a un grupo de chicos, que parecían ser estudiantes universitarios a juzgar por sus mochilas, listo para intimidarlos silenciosamente. El muy maldito había conseguido a sus nuevas víctimas, unos pobres chicos que tenían cuadernos abiertos e intercambiaban apuntes, deseosos de aprobar los exámenes para tener las ansiadas vacaciones de verano (quizás lo último era parte de su imaginación, pero quería creer que sus ojeras y ojos rojos eran por las noches que se desvelaban estudiando, y no por salir de juerga).
"Clint Eastwood" de Gorillaz comenzó a sonar y con cuidado de no golpear a la mujer sentada a su lado, sacó su teléfono móvil del bolsillo de sus vaqueros.
-Hola, Kate –saludó a su amiga, aún mirando con disgusto al imbécil que ahora murmuraba frases clichés de cuán cansado estaba, cuán caluroso había sido el día, etc., para tratar de llamar la atención de los universitarios-. Bien, bien. Llegando a Londres –respondió, sonriendo al ver que su campo de visión hacia el oficinista odioso era bloqueado por dos largas, tonificadas y bronceadas piernas. Oh, amo a quienes inventaron los shorts-. Ah, ¿eso? No la despidieron.
-¿En serio? ¿Es una broma? –preguntó la joven al otro lado de la línea.
Mark subió lentamente la mirada, quedando maravillado con las proporciones de la chica. Se parecía a Alicia Keys, cuando ocupaba el cabello en un hermoso peinado afro. Ciertamente llamaba la atención con su pelo, sus diminutos shorts y polera con una tela transparente en el vientre.
Rayos, tengo que contestarle algo a Kate.
-Hey, ¿querías tener a Rosie viviendo en tu departamento? –dijo, tratando de recordar cómo armar oraciones coherentes-. Créelo. Todavía tiene trabajo.
-¿Y qué hizo? ¿Le pagó a alguien para escribir un buen artículo? –inquirió, notablemente incrédula.
-No… Aparentemente la borrachera la ayudó a hacer una obra maestra –una suave campana sonó por los altavoces y la grabación del tren les informaba que llegarían a London Paddington en menos de cinco minutos-. Sólo supe que le envió a su jefa algo que escribió antes de quedar inconsciente. No me dejó leerlo, pero asumí que era algo vergonzoso, ya que prácticamente estaba preparando sus maletas para volver a Oxford.
Al escuchar la grabación, un pequeño revuelo despertó entre los pasajeros, quienes alistaban sus bolsos, maletas y cosas para poder salir lo más rápido del vehículo.
Alicia Keys (normalmente llamaba por nombres de celebridades o de personas que él conocía a las chicas guapas con las que nunca conseguiría entablar conversación, a menos de comportarse como un acosador sexual) se arregló los enormes audífonos que colgaban en su cuello y se dio media vuelta, mirando hacia la puerta.
Tiene un trasero divino.
-¿Oxford? ¿Tú crees que iría a vivir con su madre?
Maldito suertudo o maldita suertuda que podía estar con ella y tocárselo.
-No, cierto. Incluso ser vagabunda sería mejor que vivir con ella…
-¿Te ocurre algo? Se te escucha extraño.
-Ah, no, nada. Es sólo que estoy cansado –mintió, sonriendo. Sí, estaba cansado, pero se encontraba más distraído que agotado. Alicia Keys le impedía poder darle el cien por ciento de atención a su amiga. El tren comenzó a disminuir la velocidad, anunciando su inminente llegada a la terminal de Londres-. Querida princesa Kate –escuchó un sonido de desaprobación de su amiga, y rió. Como era fanática de Disney y la esposa del príncipe William se llamaba Kate, solía molestarla llamándola así y haciendo reverencias cuando la veía-, ¿puedo afirmar que todavía no hablas con tu mejor amiga del mundo, verdad?
-Estoy esperando ver qué hará esta vez para pedir disculpas.
Si lo había llamado para saber sobre Rose, entonces era porque todavía no hablaban. O más bien, porque la pelirroja todavía no se atrevía a hablarle. A la que más le afectaba cualquier problema de los amigos o seres cercanos era Kate, y por lo mismo, era a la que usualmente todos acudían para pedir consejos, ya que sabían de su preocupación genuina. Como siempre Rose solía meter la pata y Kate sufría de ataques de nervios debido a esto, era casi una costumbre que una vez al mes la primera tuviera que hacer algún acto de disculpas a la segunda. Lo que habían sido cartas y dulces de jóvenes, se habían transformado en ofrendas de paz más costosas, como las películas remasterizadas de las princesas de Disney. Kate siempre la disculpaba, inocentemente creyendo que su amiga aprendía de sus errores, sin aceptar que Rose solía dar dos pasos hacia adelante y tres hacia atrás.
El tren comenzó a detenerse y la voz por los altoparlantes anunció la llegada a London Paddington mientras las puertas se abrían. Para su superhéroe personal fue un agrado ver que el hombre no había conseguido que le cedieran un asiento.
Los asientos y el pasillo se empezaron a vaciar, e hizo un puchero al ver que Alicia Keys, sus piernas y trasero descendían del vagón.
-Tan sólo espero que esto le sirva para tomar un nuevo rumbo en su vida. No siempre va a poder vivir de golpes de suerte –se puso de pie, y se colgó la mochila a la espalda. Mientras caminaba por el andén, colocó los audífonos al iPhone para hablar con manos libres y guardó el móvil en el bolsillo delantero de los vaqueros-. Hey, ¿y cómo va todo?
-Bien –esquivó a una chica que corrió a su lado-. Siento que la maldita tesis no la terminaré nunca.
-¿No te quedaba sólo un experimento?
La condenada maldición de toda tesis era el último experimento. Siempre debía salir mal, y lo que era algo que se demoraba un mes, terminaba prologándose por tres o cuatro, gracias a las repeticiones y los cambios de protocolo. Durante las últimas semanas (especialmente hoy cuando supo que el aire acondicionado se había averiado) estaba harto de estar en el laboratorio. Le estresaba pensar que necesitaba entregar la tesis antes que iniciara el siguiente semestre, de lo contrario no podría postular a la nueva posición de ayudante investigación en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Oxford. Siempre había querido trabajar en donde estudió su bachillerato de ciencias, y ésta era la oportunidad que tenía. El pensamiento de ser un maldito post-doctor lo carcomía cuando se iba a dormir… eso y sus conquistas de turno.
Siempre hay chicas muy guapas que me ayudan a conciliar el sueño.
Sin deseos de aburrir a su amiga, le dijo que dependía de la suerte que el experimento resultara bien. En general no le gustaba hablar sobre cosas relacionada a su trabajo con gente que no fuera del ámbito científico, ya que no le agradaba tener que explicar todo. Ellos no tenían idea de microscopios, centrifugadoras, espectrofotómetros y termocicladores. Era otro idioma y nunca le había apetecido explicarlo. Prefería remitirse a cosas generales y comentar sus resultados finales, ya que eso era más fácil. Finalmente, ¿qué les importaba a ellos el tedioso proceso de obtención de resultados?
Salió de la estación y caminó por London Street. Algo que le gustaba del verano era ver que todavía habían niños paseando mascotas o jugando, y personas caminando tranquilamente por la calle. Cuando llegaba a casa durante invierno era de noche, por lo que sentía que el día se había acabado, y sólo llegaría a cenar, leer algunas publicaciones y dormir. Ahora al menos al ver movimiento en la vía pública, su ánimo no decaía hasta llegar a las vías del subterráneo.
-¿Y tú, princesa Kate? ¿Cómo vas con la pastelería? –preguntó, recordando que durante el último tiempo, el negocio de la chica no había estado muy bien-. ¿Has tenido tiempo de pensar en los preparativos de la boda?
-Pues, mientras la dama de honor esté recuperándose de causar escándalos en el bar de Scorpius, no he podido hacer casi nada –su voz sonaba excesivamente despreocupada. Por lo que Albus le había contado, una de las chef había renunciado y la demanda de pedidos estaba exigiendo que los demás empleados, Kate incluida, tuvieran que trabajar más de lo habitual-. Todavía no he podido conseguir a nadie para reemplazar a Gladys –Mark arqueó las cejas. ¿Acaso la repostera no le había dado su renuncia con un mes de anticipación para que pudiera encontrar su reemplazo sin ningún problema? Al llegar a Clifton Place, giró a la derecha y se descolgó la mochila-. Sí, pero todos cocinan pésimo –explicó cuando le preguntó la razón-. Hasta Rose podría hacer algo comestible.
-¿En serio? –encontrar el paso perfecto en el que podía caminar y buscar las llaves en la mochila sin caerse era un proceso difícil-. Vamos, no puede ser tan grave.
Casi todas las construcciones de la calle eran iguales: edificios de varios pisos y de ladrillos cafés, tratando de tener cierto parecido con las casas antiguas londinenses. Vivía en un departamento pequeño, y asumía que todos debían ser así, ya que siempre veía a personas solas o familias con un solo hijo transitar por el lugar. A pesar de estar tan cerca de la estación de trenes y de dos avenidas importantes de la ciudad, el lugar era particularmente silencioso gracias a que se encontraba cerca del Sussex Garden. La plaza le restaba espacio a los ruidosos vehículos para que se aparcaran por los alrededores.
Al mismo tiempo que atravesaba el vestíbulo de la entrada del edificio, encontró el llavero (¿por qué rayos siempre debía esconderse en el fondo de la mochila?).
-No te miento -torció los ojos mientras subía por las escaleras. Al llegar al cuarto piso, se dirigió hacia el fondo del pasillo-. Rose cocinaría mejor.
-Rose no sabe cocinar ni un pan tostado –dijo, girando la llave en la chapa y abriendo la puerta del departamento. Adoraba a su amiga, pero siempre solía exagerar (aunque nadie exageraba más que la pelirroja)-. Si mientes te convertirás en Pinocho, querida princesa –dejó la mochila en el sofá de la sala principal y caminó hacia el baño. Necesitaba lavarse la cara con agua heladísima para olvidar por un momento el calor-, y dudo que al señor Potter le guste tener una señora Potter con la nariz… Oh, mierda.
-¿Eso fue por la situación de la pastelería o por algo más?
-Oh, Dios. ¡Qué horror! –se volteó hacia el pasillo, rezando por primera vez desde hacía años a Dios para que su visión estuviera fallada. Volvió a mirar el lavabo, maldiciendo a la religión por darle falsas esperanzas-. ¡Es el fin del mundo, Kate!
-¿Qué ocurrió? –preguntó la joven, obviamente asumiendo que el escándalo no se debía al reemplazante de Gladys.
En el vaso que tenía en el lavabo, en el maldito vaso que ocupaba para enjuagarse la boca y dejar el cepillo de dientes después de lavárselos, en el aquel maldito vaso…
-Kate dejó su cepillo de dientes en mi baño –dijo, casi sin aliento.
-Soy una mujer comprometida –replicó su amiga-. Nunca dejaría algo tan personal en tu-
-No tú, Kate –la cortó rápidamente, retrocediendo hasta el pasillo. Dejó la mochila en el suelo y se dobló las mangas de la camisa-. Sino otra Kate… La Kate con la de repente nos acostamos –nunca había pensado que esto ocurriría. Su departamento era un lugar sagrado-. Es a la que llamo cuando… Ya sabes… Desde hace varios años ha sido así… No, no sabes –chistó con la lengua-. Has estado con Albus toda tu condenada vida.
-Sé a lo que te refieres –la podía imaginar rodando los ojos-. ¿Y?
Conocía a Kate (no a Kate su amiga del instituto y conocida como la Princesa Kate, sino a Kate su amiga con derechos) desde que había ido a una de esas locas fiestas de Oxford, donde los estudiantes de todas las universidades del lugar se reunían para bailar, beber, drogarse y conocer personas (con las cuales tener sexo, por supuesto). Él estaba terminando el bachillerato en ciencias y ella estaba iniciando su bachillerato en historia. Varios vasos de ron y vodka los convirtieron en excelentes amigos, y luego de más vasos de vodka, se transformaron en perfectos compañeros de sexo casual. Habían transcurrido mucho tiempo y aunque apenas sabían del otro durante semanas (solían enviarse memes estúpidos por el chat de Facebook), siempre contestaban al llamado del otro para tener una pijamada.
Y después de casi nueve haciendo pijamadas, Mark se encontraba por primera vez con un objeto ajeno y de categoría personal en su casa.
Entró lentamente al baño, como cuando trabaja con radioactividad en el laboratorio, y abrió la tapa del pequeño estante sobre el inodoro donde guardaba cosas como el desodorante, la crema de afeitar o el botiquín de emergencia para ver si su compañera de pijamadas había olvidado algo más.
-Y ahora dejó su cepillo de dientes en mi baño. Y una caja de pañuelos y… Oh, no –respiró profundamente, tratando de tranquilizarse-. ¡Una maldita caja de toallas higiénicas!
-Te felicito, efectivamente te has estado acostando con una mujer –escuchó a su amiga reír al otro lado de la línea.
-¡No estoy para bromas! -tomó la caja de pañuelos y la lanzó al suelo. Se dispuso a hacer lo mismo con las toallas higiénicas, pero se detuvo. ¿Por qué mierda él tenía que estar tocando cosas femeninas que no eran de su madre, hermanas o amigas?-. Esto es trasgredir propiedad privada.
-Vamos, se han estado viendo durante años. Creo que hace mucho tiempo tu propiedad dejó de ser privada para ella.
Eran amigos con derechos, nada más. ¿Con qué finalidad había dejado sus cosas personales? ¿Necesitaba marcar territorio o qué?
-Pero… No, no discutiré esto contigo –se dirigió a la cocina, a buscar una bolsa de basura. Kate solía buscar cada momento (apropiado e inapropiado) para desaprobar su estilo de vida. La quería mucho, y generalmente soportaba sus monólogos de cuentos de hadas, amor perfecto y esas idioteces, pero en este momento no tenía ganas de tolerar sus predicas-. Si quisiera tener un cepillo de dientes ajeno y toallas higiénicas en mi baño, me conseguiría una novia –sentenció mientras regresaba al baño con la bolsa en las manos-. ¿Necesitas algo más, magnánima princesa Kate?
-Si puedes grabar cómo Kate te va a matar cuando sepa que le lanzaste sus cosas a la basura, sería genial -¿Cómo sabe que estoy haciendo precisamente eso?-. Me encantaría tener algo para animarme mañana.
Se despidió enviándole saludos al príncipe Potter y deseándole ánimos con la búsqueda del nuevo pastelero.
Después de deshacerse de los asquerosos objetos de higiene femenina (obviamente los había lanzado al dispensador de basura del edificio, no dejaría aquellas cosas contaminando la basura de la casa), Mark se lavó la cara con agua helada y luego sacó una lata de cerveza fría del refrigerador para luego sentarse en el sofá del salón.
Había tenido un día normal. No podía catalogarlo de bueno gracias al aire acondicionado del laboratorio o al idiota acaparador de asientos del tren, pero almorzó su plato favorito, había dado una buena presentación de avance de tesis a su director de proyecto, y Alicia Keys animó de sobremanera el viaje. Ah, y Rose todavía tenía trabajo. Tampoco había sido un día malo… hasta ahora.
Nueve años se habían ido al caño gracias a la estúpida forma de Kate de insinuar (por no decir imponer) que la relación cambiara a algo más formal.
Sacó su celular del bolsillo del pantalón y lo desbloqueó para buscar el número de Kate (amiga con derechos, no la futura señora Potter… Nota mental: no tengo que involucrarme con chicas que se llamen Kate o Rose para evitar confusiones). En su foto de contacto se veía muy bien. Estaba en la playa, con la parte de arriba del bikini… ¡¿FOTO DE CONTACTO?! ¿Desde cuándo tenía foto de contacto? Ni sus hermanas o amigos tenían fotos.
Este es su plan. Está tratando de cambiar nuestro estatus desde hace tiempo.
Borró la foto y lanzó el celular hacia el otro lado del sillón, mirándolo como si él fuera el culpable de todo.
¿Y qué hacía ahora? Nunca había estado en esta situación y no sabía cómo expresarle de manera respetuosa que no quería tener una relación formal, que odiaba que se metieran en su móvil y baño, y que si en nueve años no se había enamorado de ella, menos lo haría ahora.
Suspirando, se llevó la lata a la boca.
Q.E.P.D. Pijamadas. Las extrañaré mucho.
-Entonces, ¿falta algo más por añadir?
Un "no" automático salió de sus labios, mientras en su mente sólo se preguntaba cómo rayos era legal este tipo de trabajo.
El concepto de la columna había sido una decisión unánime entre Katherine y Matthew Williams al saber que estaba soltera y no tenía ninguna amistad con derechos que arruinara su disponibilidad para conocer gente: estrenarían una especie de diario de citas, donde la irónica escritora describía cómo era tener una relación con los doce signos del zodiaco. A pesar que no fueran estrictamente relaciones largas y se tratara de citas, cada mes la escritora daría su opinión sobre cómo era cada hombre y qué debía esperarse cada chica que quisiera estar con alguien de cada signo zodiacal.
Me siento como una prostituta encubierta.
Las miles de alarmas que se encendieron en su cabeza fueron ignoradas ("¿Y si conozco a un psicópata que le gusta violar y matar mujeres?" preguntó, impactada ante lo que acordaban los editores y Williams dijo: "Bueno, conocer a alguien así le añadiría drama y popularidad a la columna"), y solamente pudo concluir que el mundo estaba loco. ¿Le iban a pagar por conocer hombres y escribir artículos llenos de comentarios hirientes? Quizás eran graciosos, pero eran estupideces de una borracha despechada.
Esto… no tiene sentido.
-Tan sólo espero que Carrie Bradshaw no nos decepcione –comentó Williams con voz socarrona.
El muy maldito había llegado a la reunión llamándola como la protagonista de "Sex and The City", creyendo que era una idea demasiado original y divertida.
Katherine y Rose sólo intercambiaron una silenciosa mirada, y por un momento la pelirroja pensó en que su editora lo empujaría afuera de la oficina.
-No lo hará –replicó cordialmente, levantándose de su asiento y caminando hacia la puerta. Era evidente que no lo empujaría, pero sí quería dar por terminada la reunión-. Nuestro equipo nunca falla en lo que se propone.
-Vamos, Kathy… Tu sección ha sido un cadáver desde que se creó, y tu muchacha aquí presente, era conocida como la peor jugadora –Rose tembló, sintiéndose incómoda ante una referencia deportiva de su parte-. ¿Crees que puedes llenar los zapatos de Carrie Bradshaw, querida? –le preguntó a la pelirroja en un tono malicioso.
-¿A… qué se refiere?
Sonriendo ante su pregunta, el hombre se despidió y salió rápidamente de la oficina en cuanto la editora hubiera abierto la puerta.
-Idiota –escuchó murmurar a Katherine, pero podía tratarse de su imaginación-. En fin. Enviaré un correo electrónico a Minerva con las conclusiones de esta reunión –se dirigió a su escritorio y tomó el cuaderno donde había estado tomando apuntes para hojearlo-. Mañana quiero la versión revisada del título del artículo, del párrafo de introducción a la temática de la columna, y el título oficial de la columna.
-S-sí.
-Nos vemos, Weasley –le hizo un corto movimiento de cabeza a modo de despedida-. Ah, informa a los de ilustración. Necesitamos el diseño para mañana.
Asintiendo, Rose salió del lugar y caminó hacia su cubículo.
Eran las siete de la tarde, por lo que la gran mayoría de personas se habían ido. Los únicos locos que todavía estaban en 'Glamour' eran los de Moda y Tendencias (el sector de sus cubículos se encontraba lleno de cabezas), Williams, Katherine, ella y Zoe, quien la esperaba para que le informara cuál era el concepto de la columna y así empezar a trabajar en lo que sería la ilustración y diseño que acompañaría el artículo. Probablemente había sido la única que había aceptado trabajar con ella, ya que a pesar que era la nueva revelación de la revista, su fama de desorganizada, gruñona e irresponsable era conocida entre los ilustradores.
Al sentarse en su asiento, apoyó la frente en el escritorio, emitiendo un pequeño llanto de cansancio:
-Ah, estoy agotada.
-Bienvenida al mundo del trabajo –sintió la mano de Zoe en la espalda, dándole palmaditas-. Pero, vamos, no estás despedida. Deberías estar contenta.
-Sí, debería… -movió la cabeza, sintiéndose repentinamente angustiada-. Tan sólo desearía que no fuera así.
¿Qué les diría a sus amigos? ¿Que gracias al golpe de inspiración en la madrugada del sábado, consiguió retener su trabajo y ganar una columna de relaciones amorosas, sin embargo, su contrato todavía estaba en peligro? ¿Que necesitaba entregar un reportaje bueno dentro de las siguientes tres semanas, o la despedirían? Ya podía imaginarse a Kate desmayándose ante la noticia… Aunque no sería peor que la reacción de su padre.
Oh, Dios. ¡Papá!
No había contado con la gran bocota de Albus. Si el idiota de su primo le había dicho a Ron Weasley sobre sus problemas laborales, estaría en grandes aprietos. Su papá era realmente capaz de hacer un escándalo mil veces peor que los que ella realizaba (y de matarla, y revivirla para matarla de nuevo).
No, Kate no habría dejado que Albus publicitara mi vida privada.
-¿Así cómo? –preguntó Zoe, confundida.
Como respuesta, le tendió las hojas donde había impreso la introducción a la columna.
"¡Nueva columna!: "HAY QUE INSERTAR UN TÍTULO AQUÍ"
Querida extraña:
No te conozco para nada. No sé si en el desayuno comes cereal, o tostadas con algo, o leche, o té, o ambas, o corres a comprarte un Starbucks para llenarte de cafeína y ayudar a llenar el cupo de tu tarjeta de crédito. Tampoco sé si vistes ropa de diseñador, o de una casa de modas de un centro comercial, o si compras ropa de segunda mano o la del supermercado, o simplemente no tienes idea cómo siempre acabas con las mismas ropas desde que eras adolescente para andar en casa los fines de semana (no hay nada más cómodo que aquel viejo pijama, ¿verdad?). Obviamente no tengo idea sobre tu situación familiar, laboral, o social… aunque si eres una de mis amigas de Facebook, créeme que ya lo sé. Todos tus cambios de estado, fotos, videos, y de ánimo les he seguido gracias a esta red social (Oh, gracias por justificar como algo normal mi lado psicópata, Mark Zuckerberg).
Sin embargo, te conozco. Sé que deseas llegar a ese maldito estado que solamente hemos sentido de manera efímera y breve durante nuestras vidas: quieres ser feliz. Lamentablemente, entre la felicidad y nosotras, se interpone algo muy grande: la realidad.
En realidad no tenemos tiempo para dedicarnos a ser felices. Siempre debemos andar corriendo de un lado a otro, dándole el gusto a nuestra pareja de turno (o novio/a de años, o esposo/a), complaciendo a nuestro jefe o profesor, trabajando como una idiota para ganar una miseria a final de mes y estudiar hasta convertirnos en zombis para aprobar los exámenes. Bien, he aquí mi consejo: seamos como Bill Gates o Steve Jobs, y renunciemos a todo para ser felices (Jajaja, ¡cómo si pudiéramos crear Microsoft o Apple!). Vale, no… Continuando con la idea: si nos preocupamos de las necesidades de los demás, ¿entonces qué ocurre de nuestras necesidades? Hey, si no podemos ser felices, por lo menos debemos cubrir nuestras necesidades (y no me refiero a las materiales, ya que esas sirven de material para otra columna).
Por eso, estoy aquí. Quiero que te tomes algunos minutos para relajarte, para dejar de pensar en cosas triviales como si vas a beber Coca-Cola Light o normal durante el almuerzo, y para que simplemente te entretengas con este viaje que quiero compartir. Y de paso, también para ayudarte con tu vida amorosa.
Un abrazo,
Nombre en proceso de construcción (estamos trabajando para usted)."
Varias frases estaban tachadas y tenían correcciones sobre las metáforas, ya que en el transcurso de la reunión se decidió el concepto y debía adaptar el párrafo introductorio a uno más zodiacal y "estelar" (cuando Williams utilizó aquel adjetivo, podría haber jurado que escuchó sus neuronas pidiendo auxilio). Además, había algunos post-it con ideas que Katherine tenía para hacer más corta la introducción y el que más destacaba era el verde que decía: "¿Por qué eres tan simpática? La voz de la narradora es sarcástica y seca en el artículo, se concisa y elige tu estilo… Además, mañana necesitas tener un pseudónimo".
Escuchó movimiento de papeles y supuso que estaba leyendo el artículo.
-"Algo peor que aquellos días femeninos, son aquellos días masculinos. Y se trata de una pesadilla constante si tienes que lidiar con un engreído y multipolar Géminis" –recitó Zoe, con una vocecilla tan musical que Rose pensó que estaba cantando. A medida que leía, tenía que detenerse para recobrar el aliento de tanto reír-. "Cuando te das cuenta que estás viviendo en "Hot N' Cold" de Kary Perry, debes correr… y correr lejos. A excepción que te gusten los juegos de azar. Espero que esta vez los planetas se alineen, su equipo de fútbol favorito avance en el torneo, y todavía le queden cigarros de su marca favorita para que así te toque el Géminis ganador." –al sentir silencio y algo muy pesado encima de ella, Rose levantó la cabeza y vio que la chica se había apoyado en ella mientras se ahogaba en carcajadas-. Oh –suspiró, sin dejar de sonreír-. Pues, felicidades. Creo que eres la primera persona en 'Glamour' que podrá tener tiempo para tener otra relación que no sea con el computador y la taza de café.
-No sé en qué estaba pensando cuando escribí algo relacionado con los signos del zodiaco –golpeó la frente contra el escritorio suavemente-. Claramente esto iba a significar que tengo que escribir de cada uno.
-Me encantaría escuchar tu gran tragedia griega, pero es tarde y preferiría trabajar en casa que quedarme toda la noche aquí –Zoe se irguió y le dio un golpecito en el centro de la espalda-. Vamos. ¿Cuál es el concepto y cómo piensas que debería ser el diseño de tu columna? –dijo, en un tono serio.
-Sí, sí –la imitó y acomodó la espalda en el asiento-. Disculpa.
Lo que menos deseaba era estar hasta las nueve de la noche en la oficina. El sólo hecho de pensar que ya llevaba casi doce horas en el lugar, le provocaba alergia.
Como ya conocía el estilo de trabajo de Zoe, procuró de explicar rápidamente lo discutido en la reunión con Katherine y Williams. La chica odiaba cuando no iban al grano, ya que se confundía y solía entender algo completamente distinto de la idea inicial. Estuvieron haciendo bosquejos durante un rato, notando que necesitaban ocupar muy bien el espacio, ya que sólo tenían una plana asignada para la columna. Por suerte, ambas estaban de acuerdo en que los dibujos de estrellas, planetas y constelaciones debían ser casi inexistentes. Sería un diseño predecible y de mal gusto. Zoe pensó en darle protagonismo a la columnista, dibujándola a ella (a una escritora ficticia, no a Rose) en colores llamativos.
-¿Vas a estar bien? –inquirió después que acordaran que Zoe trabajaría durante la noche en el dibujo y le mandaría un borrador a su e-mail personal.
-Mi mejor amiga me odia, debo estar en la lista negra de mi bar favorito, me van a pagar doscientas libras para escribir una columna de relaciones amorosas, y mi renovación de contrato se ve peor que "La noche más oscura" –guardó la impresión del artículo con comentarios y post-its dentro de una carpeta-. Estoy genial.
-Estás comparando tu futuro laboral con la captura de un terrorista –la joven cerró la croquera y la guardó en su bolso-. Anda a casa ahora.
-¿Crees que me quiero quedar a dormir aquí? –preguntó, horrorizada.
Zoe la esperó y salieron juntas del edificio, deteniéndose en la entrada de la estación del metro Monument.
-¿Ya pensaste en un título?
-Algo así –suspiró, disfrutando de la caída de la noche. Lo único positivo de irse de la oficina tarde era que no debía enfrentarse al asqueroso sol veraniego-. Todo lo que se me ocurre suena extremadamente cliché o burdo.
-Bueno, tienes que colocarle un título a tu cacería de hombres –dijo entre risas mientras la pelirroja torcía los ojos-. Eso no puede sonar original y refinado.
-Ja –le sonrió con falsa diversión-. Gracias por los ánimos.
Luego de advertirle que debía tratar de dormir lo más pronto posible ("Desvelarse por la cacería no vale la pena"), se despidieron y Rose bajó hacia el tren subterráneo mientras Zoe caminaba hacia la parada de buses.
Mientras bebía un vaso de gaseosa, revisó el celular y vio que tenía cinco llamadas perdidas. Con todo el ajetreo de la noche ni siquiera se había percatado que lo habían llamado. Su madre lo había llamado dos veces alrededor de las nueve de la noche del día anterior y tenía tres llamadas de hoy.
De repente, el aparato comenzó a vibrar y el mismo nombre de las últimas llamadas perdidas apareció en la pantalla.
-Hey, tienes visitas –la cabeza de Zach se asomó a través de la puerta de la oficina-. Y no son de las buenas.
-Apuesto a que son tus padres –bromeó Mike, desde la cocina-. O Rose.
Dejó el móvil en la mesa, pensando que quizás con la cuarta llamada sin respuesta los Malfoy y sus secuaces entenderían que no quería saber de ellos.
Salió de la oficina y atravesó la cocina para ir a ver quién lo buscaba, y escuchó a Zach decir antes de llegar a la barra:
-Es cuestión que grites y llamamos a la policía.
Si alguien le hubiera dicho que Rose Weasley era capaz de estar despierta a las siete de la mañana y lucir como un ser humano normal (no estaba bañada en Coca-Cola), apostaría toda la colección de bebidas caras, como la colección de Reyna Vodka, a que era una broma. En ese caso, se quedaría sin nada bueno y sería un bar de mala muerte, que apenas tendría cerveza nacional barata.
Carraspeó, llamando la atención de la chica que estaba observando el estado del lugar, y cuando sus ojos se encontraron, recordó la rabia y desesperación del viernes. Rose había causado el momento más crítico de su negocio, y eso era prácticamente imperdonable.
-Eh, hola –la pelirroja movió lentamente la mano y al ver que su saludo no era respondido, la bajó-. ¿Cómo estás?
-Trabajando.
Scorpius suspiró, pensando que odiaba ésa pregunta. ¿Qué le iba a decir? ¿Que estaba fantástico? Pues, no. Estaba exhausto y deseaba ir a dormir. De manera excepcional, habían recibido un lunes al Club de Estudiantes de una universidad para que celebraran el comienzo de los exámenes (sí, hacían una fiesta por el comienzo y el fin de los exámenes), por lo que había tenido una jornada agotadora y muy larga.
Sin esperar que le hiciera otra estúpida pregunta, se dirigió al sector de las mesas. Tenía la costumbre de asegurarse que el aseo había sido bien hecho. Los chicos solían hacer un buen trabajo, pero no se quedaba tranquilo hasta ver que todo el suelo y las mesas estuvieran impecables. De ese modo, cuando llegaran a abrir el local en la tarde, no tendrían que preocuparse más que de arreglar la parte del bar y cocina.
-Perdón, Scorpius –todo estaba en orden en el primer piso, así que se dispuso a ir al segundo nivel del local-. ¿Me escuchaste, verdad?
Se detuvo en medio de la escalera. ¿Por qué rayos la prima de Albus era tan insistente?
Nuevamente suspirando, volteó el rostro para encontrarse con la pelirroja unos escalones más abajo. Aparentemente estaba esperando alguna señal o respuesta de su parte que la invitara a acercarse, puesto que balanceaba su peso entre la punta y los talones de los pies, mirándolo con una expresión que no sabía cómo descifrar. ¿Nerviosismo? ¿Pesar? ¿Rose Weasley era capaz de tener otro tipo de emoción que no fuera rabia, frustración y alegría por ver alcohol o hablar de tiras cómicas? El movimiento de sus pies sugería que estaba nerviosa.
Tomando el silencio como una señal positiva, la joven colocó un pie en el primer escalón.
-Quiero disculparme. En serio –añadió con rapidez, sabiendo muy bien que en varias ocasiones había tenido que pedir disculpas por sus acciones. La mayoría de veces solía ser con Mark y Kate, ya que con sus borracheras terminaba causándoles problemas (como exigirles que le pagaran un pasaje de avión desde Irlanda a Londres), y sus discursos de vergüenza y tristeza por su comportamiento eran algo clásico. Rose solía meter la pata y luego pedir disculpas, usualmente con buenos resultados. Sin embargo, ésta era la primera vez que hacía algo contra alguien que no fueran sus mejores amigos. Además, no debía de ser un secreto para la chica lo que él pensaba de ella. Estaba loca y el doscientos por ciento de lo que salía de su boca eran estupideces-. Sé que mi actitud en el bar no fue la más civilizada y te trajo problemas –había subido hasta quedar un poco más cerca de él, pero se quedó de pie a una distancia relativamente prudente-. ¿Llamaron a la policía? ¿La clientela te exigió devolver dinero?
Para una persona que la mayoría del tiempo hablaba de ella y sus problemas, era algo sorprendente que pudiera mostrar preocupación por alguien más.
De repente, la chica llevó las manos al interior de su bolso y comenzó a buscar algo.
-¿Qué estás haciendo?
-Lo mínimo que puedo hacer es pagarte –respondió mientras sacaba una pequeña y alargada cartera azul-. Mis palabras no van a ser suficientes para reparar el daño que le hice a tu negocio –dijo en un tono sumamente serio y afligido-. Dime, ¿cuánto es?
-Nada –bajó un escalón para poder extender el brazo y tomarle la mano sobre la cartera, evitando que pudiera abrirla-. No ocurrió nada.
No era una mentira. A pesar de la conmoción que había causado con su escena de gritos, el número de clientela y las ventas siguieron tan bien como siempre. Tal vez había sido demasiado corta, ya que casi inmediatamente el espectáculo se trasladó al sector de los baños, por lo que sólo fue una interrupción corta al ambiente de conversación que había en el bar. O quizás la mayoría de la clientela estaba borracha y no se había ofendido por tener que presenciar tal muestra de la decadencia humana.
Y aunque fuera el caso contrario, ¿cómo iba a aceptar que Rose pagara los daños monetarios? Era su negocio, no el de ella. Podría pedir compensaciones económicas por verdaderos daños contra el local, como un ataque de vandalismo que destruyera toda la mercancía o inmuebles, o el añadir una sustancia a las bebidas que pudiera enfermar a la clientela. Esos eran daños reales y concisos. Una escena de dos personas que habían terminado un encuentro de muy mala forma era simplemente una potencial amenaza que podría tener como consecuencia la reserva de la entrada de sus protagonistas a 'La Estación de King Cross'.
Además, dudaba que la joven tuviera el dinero necesario para pagar la pérdida en ventas de aquella noche. Aceptar sus ahorros lo haría sentir sucio, como si le estuviera robando a una persona ciega.
-No necesitas pagarme nada –insistió, al ver que en sus ojos habían ganas de seguir discutiendo el tema. Con firmeza, empujó levemente su mano hasta que consiguió que su fuerza desapareciera y la cartera volviera al interior del bolso-. Está todo bien, Rose.
Cuando había ido al departamento de Albus y Kate el día anterior en la tarde, la chica se estaba quejando de lo desesperante que era Rose por haberse aislado del mundo. Todo tipo de red social o modo de comunicación había sido cortado, por lo que nadie sabía si estaba viva. Evidentemente, por su inexistente conexión con el mundo exterior no sabía que aquella noche el bar realmente no perdió nada en ganancias. Kate quería llamarla no sólo para preguntarle cómo estaba y qué había ocurrido en el trabajo, sino que además para informarle que su (infantil) acto no fue tan grave como habían pensado en un inicio.
-¿Sí? –frunció levemente el ceño e hizo una mueca-. ¿Es decir que puedo volver a venir acá sin que quieras matarme?
Más que matarla a ella, sus instintos asesinos probablemente se dirigirían a Albus por presentarle su (desagradable) prima, pero por el momento no. Al menos no cuando había presenciado que Rose Weasley podía tener actitudes de un adulto normal.
Al ver que asentía, el rostro de la pelirroja se iluminó:
-¡Muchas gracias! –dio unos pequeños saltitos en el lugar y rió-. Te juro que me has hecho empezar el día de la mejor manera posible –Scorpius sonrió, divertido por su sincera felicidad. Bueno, no te quito más tiempo –se alzó de hombros, desviando la mirada hacia el segundo piso, donde la inspección del lugar lo esperaba-. Que tengas un buen día… ¿o noche? Eh, que duermas bien –se corrigió, antes darle la espalda y comenzar a descender las escaleras.
Al ver su figura alejarse, nuevamente notó que vestía su usual ropa para ir a la oficina y no andaba con la pinta de vagabunda que Kate suponía que tenía para hacerle honor a su época de desempleo.
-¿Adónde vas? –preguntó cediendo finalmente ante la curiosidad. La joven se detuvo y dio un paso hacia atrás, volviendo a aparecer en su campo visual. Por primera vez se sintió cohibido por Rose, sabiendo que mostrar una mínima actitud de cordialidad significaba reconocer que pertenecían al mismo grupo de amigos y, por lo tanto, quizás eran algo más que conocidos. O al menos eso creía al recibir la incrédula mirada de la joven-. ¿No te despidieron? –agregó a modo de contextualizar su inesperada curiosidad.
-No –negó con la cabeza mientras dejaba caer la cinta del bolso desde uno de sus hombros hasta las manos-. Tengo suerte, supongo.
-Qué bueno –sonrió, sintiéndose de repente demasiado incómodo por mantener una conversación a más de cinco metros de distancia, pero de todos modos se no movió ni un centímetro de su lugar-. ¿Escribiste un nuevo artículo que le gustó a la editora en jefe?
-Algo así –dijo con una sonrisa misteriosa. De repente, la chica chasqueó los dedos de la mano derecha; y lo miró como si fuera Robert Downey Jr. con una cinta en sobre la cabeza, listo para ser su regalo de navidad adelantada-. ¡Scorpius, tú sabes francés! ¿Me podrías hacer un pequeño favor?
Después de abandonar el segundo año de Economía en el University College London, Scorpius había viajado a París para escapar de la decepción de sus padres y poder pensar qué quería hacer con su vida. Gran parte de la familia de su madre vivía en la ciudad o en otras regiones de Francia, y había cursado francés desde que tenía diez años en el colegio, por lo tanto, no le fue difícil habituarse a su nuevo hogar. Como su padre le había congelado la tarjeta de crédito y todas sus cuentas bancarias, tuvo que trabajar de garzón o ayudante de cocina en restaurantes, donde aprendió de manera informal arte culinario y a preparar variados tragos en los bares de los locales. Gracias a aquellos años, supo que no quería dedicarse a trabajar en una oficina a seguir manejando los negocios familiares, sino que deseaba encargarse de sus propios negocios. Y como tenía experiencia en el área de bebestibles y comida, quizás un restobar o bar sería la mejor opción.
Scorpius arqueó una ceja, preocupándose ante la idea de hacerle un favor a Rose.
-No involucra nada ilegal o un loco plan para humillar a alguien -le aseguró como si le hubiera podido leer la mente. Dudoso, el rubio asintió y en menos de dos segundos tenía a la joven frente a él, mostrándole algo en su celular-. ¿Cómo traducirías esto al francés? ¿Es así, verdad? ¿El traductor de Google no me engañó?
-Mon année avec douze étoiles –dijo, leyendo la traducción y la frase original en inglés. Al no obtener un gesto de desaprobación, la chica le agradeció y guardo el aparato dentro del bolso-. ¿Mi año con doce estrellas? ¿Qué es eso?
-Es algo para la revista –explicó como si no fuera nada importante-. Pensé que sería mejor usar algo en otro idioma, para no ser tan… directa. En fin –suspiró y le dio unas palmaditas en el hombro-. Espero que pronto vayas a casa y puedas dormir –bajó y antes de desparecer, se giró-. Nos vemos.
Movió la cabeza a modo de despedida y se quedó unos momentos observando el punto donde su cabellera rizada había estado segundos atrás.
Si bien éste había sido un final interesante para su jornada, sería un muy buen comienzo para el día de sus amigos. Mark o Albus ya no tendrían que preocuparse por buscar otro lugar para reunirse en caso que Rose no tuviera la entrada permitida a 'La Estación King Cross'.
En tan sólo 48 horas desde que la revista en formato impreso y digital estuviera disponible para el público, los retweets y seguidores de la cuenta de Twitter habían aumentado al doble, la página de Facebook tenía 5.000 seguidores más, las visitas al sitio web se habían triplicado, y las menciones y citas de la revista en las redes sociales tenían un número nunca antes visto. Todas las mujeres de Gran Britania hablaban de la nueva columna de 'Glamour'. Entre ellas, importantes bloggers y vlogeras de Youtube, lo que se traducía en que la revista volvía a estar en boca de los conductores de programas de televisión y radiales.
Desde editores, encargados de área, y periodistas a publicistas, técnicos de computación, y personal de aseo fueron citados al último piso del edificio, donde se encontraba un salón de fiestas y reuniones habilitado para todas las empresas del lugar.
Zoe tuvo que pedirle a Linda que le pellizcara el brazo alrededor de cinco veces para asumir como real la imagen de festividad. McGonagall había abierto una champaña, habían mesas con comida y… Había champaña. En el trabajo. Champaña en la endemoniada oficina.
-¡Hemos tenido casi veinte minutos en el canal Lifestyle de la BBC! –celebró Irma Pince, mostrándose por primera vez como un ser humano capaz de sentir emociones positivas.
-Oh, Rose. Te amo –escuchó decir a la ilustradora antes que se perdiera en el mar de gente para conseguir algunos bocadillos.
La pelirroja se quedó de pie, observando todo a su alrededor y sintiéndose repentinamente incómoda. Pensó que quizás así debían sentirse las personas sobrias cuando se detenían a mirar a la gente borracha, bailando, bebiendo, gritando y haciendo cosas sin sentido.
¿Cómo rayos una columna que se basaba en colocar simbolismo del horóscopo a su encuentro cercano e indeseado con Phil Smith había llegado a transformarse en la nueva Tierra Prometida de 'Glamour'? No podía entenderlo. Por primera vez la felicitaban sus colegas, personas a las que nunca había visto la saludaban en los pasillos y el elevador, su bandeja del correo electrónico estaba llena de e-mails que las lectoras enviaban a la revista para fangirlear por la nueva sección. Y ahora los habían citado una hora antes que la jornada laboral terminara para una pequeña celebración por el éxito obtenido.
Los editores e incluso McGonagall se le acercaron durante el transcurso de la velada para felicitarla y darle más detalles de la popularidad de la columna ("¡Nos han llamado del canal E4!", "Van a leer la columna en dos de las radios de la BBC", "Llamaron de 'The Tyra Banks' Show' en Estados Unidos para hablar sobre 'Mon année avec douze étoiles'", etc.).
Oh, y no se podía olvidar mencionar que todos la llamaban Carrie. Carrie Bradshaw por su nueva faceta de columnista de relaciones amorosas.
-Vaya, debes estar contenta que hasta en el Vaticano tu columna es lectura obligatoria antes que la biblia –comentó Matthew Zyner, la estrella de la revista, luego de tenderle su copa de champaña para que hicieran un corto brindis. Rose no sabía si reír o enojarse por sus palabras. Irónicamente, los dos Matthew que conocía en la oficina eran los seres más detestables del universo, seguidos de la señora Pince. Ambos pertenecían a las secciones pobladas de personajes odiables: Moda y Tendencias, y Actualidad-. Espero que sigas teniendo el mismo éxito el siguiente mes.
-Claro –Rose casi se mordió la lengua para evitar añadir uno o dos insultos a su escueta respuesta-. No podemos dejar que la popularidad muera.
-Oh, Carrie, eso va a ser difícil para ti.
-¿Sí? –vio por el rabillo del ojo una mancha fucsia, y supo que Zoe y Linda habían regresado de atacar la mesa de bocadillos-. ¿Y por qué lo dices? ¿Huelo un poco de celos?
Era posible. Desde que todo el tema de "Mon année avec douze étoiles" había explotado, el clima en los cubículos donde estaban los periodistas no era exactamente pacífico como era antes. Las demás secciones hacían comentarios sobre cualquier cosa relacionada a la columna, atacando el hecho que Reportajes y Cultura por fin tenía buen material cuando se trataba de un contenido que no debía estar en el área. Criticaban la veracidad de los hechos, la manera irónica en que estaba escrito el artículo, que se trataba de una popularidad exagerada y que sería el último intento de la sección antes de hundirse para siempre como el Titanic. Y obviamente, los de Modas y Tendencias eran los más agresivos, ya que por primera vez se hablaba más de una simple columna de citas que de la nueva colección de otoño-invierno que presentaban los diseñadores españoles.
El niño perfecto, el que se decía ser heredero de Coco Channel por su gran gusto, está celoso de mí. ¡Ja!
-No, querida. Por supuesto que no –se rió, pasando una de sus manos entre sus tinturados cabellos rubios-. A lo que me refiero es que Carrie Bradshaw tenía el estilo, personalidad, ropa, y zapatos ideales para conocer a los hombres de Nueva York –tras él, Zoe se asomó y movió la mano, fingiendo que le pegaba. La pelirroja sonrió levemente, agradeciendo el gesto de su compañera para aminorar las enormes ganas que tenía de patearle el culo-. ¿Ya encontraste a tu siguiente musa?
-Por supuesto –bebió de su copa, tratando de mostrarse confiada-. Ya elegí al Libra perfecto.
La risa del rubio oxigenado casi la hizo atragantarse.
-¡Oh, Carrie! –le puso una mano en el hombro, dándole cortas palmaditas, para ayudarla a recobrar el aliento. Idiota, es en la espalda, no en el hombro-. ¡No me hagas reír! –dijo dándose la media vuelta y caminando hacia su equipo de trabajo.
-¿Qué…? –Rose respiró profundamente, prácticamente lanzando fuegos por los ojos-. ¿Qué se cree ese imbécil?
-Cáncer –al ver la mirada descolocada de la pelirroja, Linda explicó:-. Luego de Géminis le sigue Cáncer. Libra comienza en septiembre.
Oh, mierda.
Aceptó la servilleta de Zoe y se limpió la boca, sintiendo que volvería a atragantarse, aunque esta vez sería con su propia vergüenza.
-¿Ya estás trabajando en tu siguiente reportaje, verdad? –le preguntó la chica, observándola casi como si fuera una mentirosa compulsiva.
-He pensado ideas –admitió, sabiendo perfectamente que las ideas necesitaban materializarse en algo bueno.
Con el ajetreo de la columna no había tenido tiempo de preocuparse del reportaje de la edición de junio, pero sabía que este mes debía repuntar. Necesitaba volver a ser la estúpida y responsable graduada de universidad que quería escribir cosas que inspiraran, que hicieran reflexionar a la sociedad y que tuvieran alto contenido de información. Sería difícil hacer algo así, especialmente si se consideraba la línea editorial de la revista. Sin embargo, debía hacerlo si no quería ser despedida.
-Vale –asintió, tomando como cierta su respuesta-. ¿Y ya elegiste a alguien para la columna del siguiente número, verdad?
Por otro lado, lo que realmente no había pensado era el siguiente artículo de la columna. Es decir, sabía que mágicamente no iba a escribirse, pero los últimos días habían estado llenos de reuniones, celebraciones, y momentos de ajustarse a esta nueva faceta laboral. Además, no era la mujer más popular del mundo.
-¿De dónde mierda voy a conocer a hombres de cada signo, eh? –suspiró, entrando casi en pánico. En menos de tres semanas eran la fecha límite para entregar el contenido que iría en el número de junio-. No soy precisamente Miss Simpatía.
-¿No conoces a nadie de cumpleaños a finales de junio o principios de julio? –se aventuró Linda, con una actitud tan serena que despertó la envidia de Rose.
Las únicas personas a las que conocía de cumpleaños en esa época eran Hugo Weasley y Albus Potter. Y aunque estuviera desesperada, no escribiría de su hermano o primo. Eso era aún más deprimente que ser despedida por floja.
-No lo sé.
Al notar su decaída actitud, las chicas decidieron dar por terminado el tema de conversación. El fin del mundo todavía no llegaba y quedaban suficientes días para poder molestarla respecto al tema. Al menos, ése era el consuelo de Rose. Todavía tenía tiempo para poner en marcha un plan de acción urgente. No obstante, ahora era tiempo de disfrutar de la rara ocasión de tener una fiesta en la oficina… y de silenciosamente preocuparse por su oscuro futuro laboral.
Un mesero les ofreció renovar sus copas, y Rose tomó esta vez una de jugo de frutilla al ver la mirada amenazadora de Zoe. Era evidente que quería evitar cualquier tipo de conducta poco pacífica (como patearle el culo a Matthew Zyner y Matthew Williams) que acabara con la agradable velada.
-Bueno… Ya se te ocurrirá algo –dijo Linda, un poco incómoda por el silencio que se había cernido entre ellas.
Zoe sonrió, y levantó su copa:
-Propongo un brindis por Rose, por su no desempleo, y por su año con doce estrellas inexistentes.
Claramente tenía a su siempre fiel y responsable ilustradora para recordarle su poco glamurosa vida de Carrie Bradshaw.
-¡Salud! –dijeron las tres, chocando las copas.
