Capítulo 2

Santana dejó la maleta en su cama mientras que su madre salía de la habitación, con el fin de dejarla unos momentos a solas para que pudiese pensar detenidamente en sus cosas. Tenía la nota que le había dado la mujer tras unos minutos de estar en la entrada de la casa, saludando a su padre y después a la mujer, haciéndose a la idea de que había vuelto a casa con sus padres. Pero estos parecían alegres de volver a saber de su hija.

Había releído la nota varias veces. Y aunque no estaba segura, sabía que no perdía nada por intentarlo. Tenía que ir, y así podría tener la mente ocupada en otras cosas que no fuesen los hechos recientes que había vivido semanas atrás, dejando a la que era su novia, por alguien que no iba a volver a formar parte de su vida nunca más. Se mordió el labio tras pensarlo, y se dejó caer sobre la cama, tumbándose en esta.

Era extraño volver a su antigua habitación. Estaba igual que como la había dejado después de graduarse, y marcharse a la universidad. Su madre solo había entrado para limpiar el polvo. Se humedeció los labios tras mirar por toda su habitación con la mirada, y cerró los ojos, respirando profundamente.

― ¿Se puede? ―Logró escuchar la voz de su madre, que estaba en la entrada de la habitación, como si dudase en si entrar o no, sin querer importunar a su hija.

Era extraño. Antes no era así, aunque suponía que su madre ahora la veía más como una mujer adulta que como esa adolescente con carácter fuerte y rebelde que necesitaba un poco de mano dura para que no hiciese más tonterías de las que fuesen necesarias. Sabía que a Maribel le costaba darle ese espacio que necesitaba, pero también era cierto que su madre siempre procuraba hacer aquello que fuese lo correcto para ella, porque la quería. Y Santana quería a su madre también. La adoraba. La adoraba con todo lo que conllevaba.

―Se puede―respondió con tono tajante y serio, pero no por ello menos cariñoso.

Su relación con su madre era extraña. Su madre era de las pocas que era capaz de tomarse una contestación seria, e incluso un poco arisca, como si fuese un cálido abrazo por parte de ella. Y era confuso, porque Maribel era la persona más cariñosa que Santana había conocido, y a su vez, no era de las personas que reprochaban la falta de cariño por parte del resto de la gente. Sabía cómo era su hija, y no le iba a exigir ser diferente, aunque lo convencional sería hacerlo.

La latina admiraba esa forma de ser de su madre, aunque a veces le gustaría que esta le hubiese reprochado un poco más como era su forma de ser. Así se hubiese evitado un montón de situaciones peliagudas. Al menos, eso creía la morena. Pero estaba orgullosa también de poder ser quien era, y tener cierto cariño de la gente, así que en el fondo, internamente, no le importaba. Frunció el ceño ligeramente, incorporándose para quedarse mirando a su madre.

― ¿Qué es lo que ocurre? ―Quiso saber, suspirando.

―Me extraña tenerte en casa...Tu padre y yo te echábamos de menos―admitió la mujer, acercándose a su hija mientras se sentaba en la cama, observándola la otra con sus pupilas negras―. ¿Al final vas a ir?

―Creo que me puede venir bien...―murmuró Santana, dándole a entender que pensaba ir―. Al menos me apetece―añadió, esbozando una leve sonrisa que enseguida hizo que desapareciese―. Tampoco es que sea lo mejor pero, está bien a veces.

―Pero tienes que avanzar, Santana...―dijo en bajo su madre, recibiendo una especie de gesto por parte de su hija―. Está bien, está bien, ya lo sé―murmuró levantando las manos en señal de inocencia―. No voy a decir nada, porque es tu elección.

―Gracias―respondió irónica mientras rodaba los ojos, suspirando.

Maribel se levantó de la cama, evitando hacer comentario alguno mientras se iba de la habitación. La latina se quedó sentada en la cama, observando a su madre marcharse. Sabía que no se podía quedar anclada en el pasado, y que no podía permanecer en esa casa durante mucho tiempo. Sabía que necesitaba marcharse de allí, y olvidarse de muchas cosas. Pero también quería poder vivir un poco de aquello que ya no tenía. Esa parte de la adolescencia que tanto estaba extrañando.

Quería volver a sentir que no todo lo que hacía tenía repercusiones en su vida de verdad. Que solo importaba el instituto, y nada más. Estaba segura que era la época en la que ella se había sentido más feliz que nunca. Había disfrutado de muchos momentos que había vivido en ese lugar que tanto le desagradaba en sus tiempos más jóvenes. Y aunque no era muy mayor, estaba empezando a apreciar el cariño que sentía por aquel lugar.

Soltó un suspiro, levantándose, y tomando su móvil y sus llaves, mientras se mordía el labio, aunque luego, decidió que tenía que mostrar seguridad. Por eso no tardó en salir de la habitación, y tras bajar con rapidez las escaleras de su casa, ponerse rumbo hacia el instituto.

Debía hacer una pequeña visita a un antiguo conocido.

Marley abrió la taquilla con una leve sonrisa. La semana no estaba empezando tan mal después de todo. El viernes había quedado con Ryder para cenar fuera, y si era sincera, se lo había pasado bastante bien. El chico había sido atento y caballeroso, además de divertido. No le costaba nada pasarlo bien con Ryder. Siempre sabía qué decir para que ella se sintiese a gusto, y procuraba no decir nada que le pudiese sentar mal. Era su amigo, y no estaba segura de si podría llegar a ser algo más, pero sí que no perdía nada por vivir momentos como aquellos, en los que no se tenía que preocupar por nada. Podía ser ella misma, sentirse a gusto.

Cuando fue a cerrar, se encontró con que Ryder se había detenido justo al lado suyo, asustándola. Llevaba una camisa naranja que le quedaba bastante bien, y se mordía el labio inferior de manera ansiosa, y a su vez, con un aire como si hubiese realizado una travesura, y estuviese a punto de ser descubierto. En parte le divertía esa forma suya de comportarse, pero también la desconcertaba y en cierta manera, le incomodaba. Se sentía presionada, como si por cualquier acción fuese a hacerle sentir mal.

―Mira instagram―pidió el chico mientras sujetaba su mochila por una de las tiras, esperando con ilusión.

―A ver...―dijo, dejando los libros que estaba a punto de guardar.

Sacó el móvil y se metió en instagram, viendo que estaba mencionada en una foto. Cuando la vio, se quedó callada. Era una foto de ellos dos que se habían hecho el viernes. Él era más alto que ella, y casi su barbilla quedaba a la altura de la frente de ella. Estaban tan juntos en la foto que cualquiera que no les conociese, pensaría que son pareja. Y eso hizo que ella se pusiese un poco tensa. Apreciaba a Ryder, y le quería bastante, pero no estaba segura de que fuese buena idea intentar una relación cuando recientemente, había roto con su anterior pareja. No lo había superado, y tenía la extraña sensación de que Ryder se estaba apresurando demasiado.

―Vaya...―solo fue capaz de decir, cerrando la taquilla mientras esbozaba una sonrisa, en parte sincera, y en parte algo forzada.

―Ha quedado bien, ¿verdad? Me pareció un bonito detalle―habló, mientras ella empezaba a caminar por el pasillo―. Oye, estaba pensando en si el viernes te apetecía quedar de nuevo conmigo. Podemos ir al cine, o algo...

Marley sonrió un poco más forzada. Le había gustado salir con Ryder una vez, pero no estaba lista para sumergirse en una relación. Le había venido bien tomarse un respiro, y el castaño había sido buena compañía. Y no sabía cómo decirle exactamente que no quería nada con él. Una vez ya le había dicho eso, y le había roto el corazón. No quería que se hiciese esperanzas, y luego saliese herido. Pero tampoco sabía como decirle que no a esa cita, si Ryder lo estaba haciendo con sus buenas intenciones. Sabía que en parte era por interés de él, porque estaba enamorado de ella; pero era consciente de que el chico también quería que fuese feliz, y que no sufriese más por lo que le había hecho su anterior novio, Jake.

Pensó en Jake y se formó una especie de nudo en el estómago, entrecerrando los ojos. ¿Cuánto tiempo seguiría sintiendo esa sensación de malestar? Sabía que era doloroso, pero no se imaginaba que iba a sentir varias veces la sensación de que no podía más con su vida. Le extrañaba mucho, y aunque le añoraba, y sabía que él en parte estaba intentando ponerla celosa, cosa que estaba consiguiendo, no podía volver con él. No podía volver a confiar en él, y justamente, haciéndola sentir celosa, lograba lo que no quería; que se apartase cada vez más de él, y se diese cuenta de la clase de chico con la que había estado saliendo.

―Ryder, yo...

―Pero si es mi pareja favorita―escuchó justo a su lado, notando como un brazo rodeaba su hombro.

Giró un poco el rostro, y entonces, le vio.

Jake les estaba abrazando por los hombros a los dos, poniéndose en medio a posta. Esbozaba una sonrisa algo tensa, pero falsa, que intentaba mostrar una alegría que ni él mismo se creía. Y en verdad, no creía que el comentario fuese con buenas intenciones. Sabía que Jake en verdad estaba detestando un poco a Ryder por acercarse a ella, y lo entendía. Entendía que se pudiese sentir celoso de que su mejor amigo fuese tras su ex novia, pero ella misma creía que se lo merecía. No le gustaba ser mala persona, ni desear el mal a nadie, pero en ese instante, se alegraba.

Ryder se apartó de él, haciendo que Marley también se alejase del moreno, y la atrajo con el brazo por los hombros, como si la abrazase de manera protectora, como si fuese de él. Eso no le gustó mucho, pero en verdad no quería tampoco quedarse con Jake. Si pudiese, ella desaparecería de esa escena. No le había gustado nunca la disputa que surgía entre ellos dos por ella, y ahora era mucho más tenso, porque pese a todo, ella amaba a Jake. Y pese a lo que sentía, le gustaba Ryder y quería estar con él, pero poco a poco, sin prisas ni presiones.

―Estamos bien, gracias―respondió Ryder firme, mientras apretaba el hombro de Marley con la mano. Jake les miró a ambos.

―Así que estáis juntos...Mis felicitaciones―murmuró el moreno con tono sarcástico, aunque disimulando un poco, observando de soslayo a Marley.

Esta se quedó un poco incómoda, aunque rodó los ojos al sentir como Ryder se ponía más al lado de ella, como dejando claro que estaba con él, y no con Jake. Le ponía nerviosa tan solo la idea de que estuviese marcando territorio. Le desagradaba por el sencillo hecho de que ella no era su pareja siquiera. ¿Por qué se estaba comportando de esa manera tan controladora y posesiva?

―Gracias, aunque en verdad, ya no es tu asunto―dijo con tono autoritario, dejando claro que era él el que estaba ahora con Marley.

―Bueno...―se limitó a responder Jake, chocando las palmas de las manos―. Me voy...Espero que os vaya bien.

Tras esto, se giró, caminando por el pasillo, rodeando el hombro de una chica que pasaba por allí, dedicándole una sonrisa coqueta. En cuanto se giró por la esquina, asegurándose de que Marley hubiese visto ese acto por parte suya, se apartó de la otra muchacha, siguiendo por su camino hasta llegar a su taquilla. En ese instante, notó la presencia de alguien cerca suyo, frunciendo el ceño cuando esa persona le cerró la puerta del casillero, arqueando él una ceja como respuesta. En cuanto vio que era nada más ni nada menos que Kitty, esbozó una sonrisa divertida.

―Kitty...

― ¿Sigues detrás de Rose, Puckerman? Creía que te habías dado por vencido...―murmuró la animadora, apoyándose en la taquilla. Jake la observó de soslayo, percatándose de que, aunque el tono era irónico, su mirada era de preocupación. Eran buenos amigos, y apreciaba el gesto de la rubia.

―Con Marley nunca me doy por vencido, aunque lo estropee―susurró el moreno, dejando escapar un suspiro mientras volvía a abrir la taquilla.

― ¿No te das cuentas de que está con Ryder? Déjala marchar...O vas a acabar mal―le avisó la rubia, separándose de la fría taquilla, descruzando los brazos que anteriormente tenía en posición de jarras.

― ¿Y a ti por qué te preocupa tanto? Cuida a tu novio, que te va a interesar más―se burló el muchacho, viendo como ella rodaba los ojos como respuesta.

Se quedó mirando como la animadora seguía su camino, sin tan siquiera contestarle, y después se quedó pensativo. Era cierto que le sería más fácil hacer caso a Kitty y dejar que Marley se marchase. Se había equivocado, había hecho daño a la persona que más amaba, y la había perdido. Pero también tenía claro que no iba dejar marchar al amor de su vida. Había cometido un error, pero eso no significaba que no la amase, o que fuese una mala persona. Iba a recuperar a Marley, costase lo que le costase.

La castaña, en cuanto vio que su ex novio se marchaba con una chica, se giró hacia Ryder, el que parecía satisfecho de que su amigo se hubiese marchado sin hacer nada al respecto, o intentar incomodarles más de lo que ya había hecho. Le miró un poco molesta, aunque procuró intentar ser suave. Sabía que el chico era simpático, pero tenía claro que no podía consentir que se tomase todo como quisiese. Era su vida, y nadie podía mandar en ella. Ya no.

―No vuelvas a hacer eso, por favor―pidió en tono bajo y delicado, haciendo que Ryder entreabriese los labios, sonrojándose un poco.

―Yo...Lo siento, creía que estarías de acuerdo―solo fue capaz de responder, desorientado.

―Ryder...Mira, me agradas, pero ahora mismo no estoy lista para hacer que lo que ha sucedido lo del viernes sea algo de continuo...―aclaró con una leve sonrisa, intentando que pareciese algo sencillo, y que no causase mayor problema del que podría estar causándole―. Es mejor que por ahora lo dejemos estar.

Tras decir esto, empezó a caminar, dejándole a él tras de ella, caminando por el pasillo. El muchacho se quedó con el rostro endurecido, algo serio por haber sido rechazado de nuevo por la misma chica, que además era de quien estaba enamorado. No comprendía porque le estaba rechazando cuando él estaba procurando gustarle, y creía que el viernes se lo habían pasado bien.

Kitty se quedó observando desde la esquina, cuando había hablado con Jake recientemente. Podía observar el rostro del castaño, contraído por el dolor de lo que le había dicho Marley, y aunque no había logrado a escuchar nada, solo por la expresión, se imaginaba que ella le había vuelto a decir que no, como siempre. Sintió algo de celos hacia Marley. Ella siempre era la que se llevaba la atención de todos los chicos. Y aunque le gustaba su novio, era cierto que siempre le había molestado de alguna manera el interés que sentía Ryder hacia Marley. Siempre era Marley. Siempre era esa chica de ojos azules, cabello castaño y apariencia de ángel, la que lograba que el muchacho estuviese embobado, prestándole solamente atención a ella.

La rubia también se consideraba una chica atractiva, y no solo eso, sino alguien que atraía por su cuerpo, y que su carácter hacía que se sintiese cualquier chico atraído por ella. Maldijo por lo bajo a la castaña, apretando los labios, y prosiguió su camino, sin volver a mirar hacia Ryder. Ahora le tocaba buscar a Artie entre las demás personas.

Marley no podía dejar de pensar en todo lo que acababa de suceder con Ryder y Jake. Le había desagradado ser tan sincera con el chico, que solo había mostrado un interés sincero en apoyarla, y estar a su lado, pero también tenía que cortar todo por lo sano, antes de que avanzase en algo más la relación entre ellos. Se mordió el labio inferior, sujetando mejor las tiras de la mochila, mientras se dirigía a su siguiente clase.

Y justamente, sucedió.

Cruzando por uno de los pasillos, se encontró con su silueta. Le pareció un espejismo, y tuvo que detenerse, pues no se esperaba verla allí. Contempló su espesa melena oscura sobre una cazadora blanca que llevaba puesta. Sus vaqueros resaltaban sus caderas, pues eran pantalones ajustados, y su camisa negra llamaba la atención.

Pero la imagen solo duró un instante, porque tan rápido como la vio, al fondo, observó que entraba en el despacho del señor Schuester. Se quedó quieta, al fondo, dejando caer las manos, mientras respiraba profundamente. Una especie de sonrisa se apoderó de su rostro, mientras tornaba este hacia el frente, volviendo a emprender su camino, sin poder contener la felicidad que en ese momento estaba sintiendo.

Acababa de ver a su mentora, a una buena amiga del pasado. A alguien que no estaba segura de que fuese a volver a ver, no en el Glee club. A alguien a quien en parte había extrañado, puesto que la mujer era una buena compañía, aunque tuviese un carácter difícil. Le agradaba. Le gustaba. Se sentía feliz de haberla visto, aunque fuese a lo lejos.

Marley acababa de ver a Santana, y no podía evitar sentirse un poco mejor.