Amigos con Derechos
Por Dayanni
Capítulo III
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El rubio no le creyó, sabía que algo le pasaba. Sin pensarlo dos veces tomó entre sus manos el rostro de su amiga, con los dedos pulgares limpió las lágrimas de sus mejillas. En un momento de debilidad Haruno lo abrazó fuertemente, necesitaba hacerlo. Hundió su cara en el cuello del jinchuriki, seguía llorando con desconsuelo.
—Entiendo que no me quieras decir que te sucede. Pero sea lo que sea, yo siempre estaré contigo. Siempre podrás contar conmigo. —dijo estrechándola entre sus brazos.
Así permanecieron un rato, conforme pasaban los minutos ella dejó de hipar. Aún tenía lágrimas corriendo por sus mejillas, pero extrañamente no quería zafarse de aquel abrazo que tanto la reconfortaba. Cuando el rubio sintió que estaba más calmada se separó un poco de ella para tomar su rostro entre sus manos.
—¿Estas mejor? —preguntó.
—Un poco, siento vergüenza de que me veas así. —respondió apenada.
—¿Es por Sasuke que estás así?
Ella volvió a romper en llanto, el solo escuchar su nombre le dolía en lo más profundo de su corazón. Naruto se arrepintió de haber hecho esa pregunta, había empeorado las cosas. Se acercó y colocó su frente pegada a la de ella.
—Perdóname, no debí preguntar.
Ella seguía llorando sin poder controlarse.
—Por favor no llores, me duele verte así. —confesó en un vano intento de calmarla.
Los dos cerraron los ojos, el llanto se estaba volviendo más leve. Seguían con las frentes unidas. Sin siquiera darse cuenta poco a poco se iban acercando, sintiendo la respiración uno del otro. La pelirrosa no resistió más las ganas que tenía y dejándose llevar tomó entre su boca el labio inferior del jinchuriki. Él respondiendo al beso, comenzó a mover los labios. Ella colocó una mano en la espalda de él y la otra en una de las mejillas. El beso estaba pasando de ser inocente a uno apasionado. Ella con la punta de su lengua rozó el labio de su amigo, él entendió la señal y lentamente abrió la boca. La pelirrosa empujó suavemente su lengua dentro de la boca de Naruto, quería más de él.
El beso se volvió intenso, apasionado y ardiente. La pelirrosa había perdido el control de la situación, no quería ni podía terminar el beso con su amigo. Colocó ambas manos en la espalda del joven y empezó a subir la playera que tenía.
—N-no, no debemos Sakura-chan. —dijo con la voz entrecortada. El ósculo lo había excitado mucho, pero aún estaba consciente de lo que hacía.
—Yo quiero. —respondió, estaba tanto o más encendida que él.
Luego de estas palabras volvió a besarlo profundamente, pero esta vez le mordió el labio inferior sin reparo.
—P-por favor… si sigues no podré detenerme. —suplicó el rubio, creyendo que ella detendría la situación.
—Hazme el amor Naruto, no te detengas.
El no aguantó más y le dio un beso ardiente. La pelirrosa le subió la playera, el levantándose se la quitó. Ella se acomodó en la cama y observó el cuerpo del rubio; torso firme y atlético. Tenía el pecho y abdomen marcados debido al ejercicio que hacía para los entrenamientos.
—Ven. —pidió devorándolo con la mirada.
Él se recostó encima de ella y se volvieron a besar profundamente en la boca, fue bajando poco a poco hasta su cuello. Pasó su lengua y lo mordió. Ella suspiró, el calor invadía cada rincón de su cuerpo, lo abrazó con fuerza, y él sin pedir permiso bajó hasta su pecho y besó en medio de sus senos. Le desabotonó la blusa sin dejar de saborear su piel. Ella con sus manos le alborotaba el cabello. Cuando soltó el último botón de la blusa, besó sus pechos con delicadeza. Tomó entre sus labios el pezón de la pelirrosa, ella abrió los ojos ampliamente sintiendo la succión.
Luego de probar sus senos bajó a su abdomen, besó cada parte de su piel.
—Ah. —Sakura gimió.
La besó intensamente en la boca, ella respondió de la misma manera. Al parecer querían robarse el aliento. Aún no comprendía porque no podía ni quería detenerse. Haruno giró para cambiar de posición, quedó encima de él. Ella besó desde su boca hasta su abdomen, mordía el torso del rubio. Las caricias se volvieron cada vez más ardientes, los besos más intensos, y las ganas aumentaban. Cuando ella colocó sus manos en el pantalón de él para quitárselo una voz afuera de su casa la interrumpió.
—¡Sakura! ¡Sakura, ábreme!
…
