1. Di no a las apariencias
A medida que los edificios adosados de la ciudad desaparecían, una vegetación verdosa y abundante los sustituía. Era el tipo de ambiente que solía definirse como inhóspito, distanciado y pueblerino, sin nada que ver con los grandes lujos.
"Perfectos ilusos…"
Bella esbozó una sonrisa irónica. De vez en cuando, despegarse de la perspectiva de la mayoría de personas ayudaba a descubrir las " familiares verdades engañosas". Esas verdades que todos conocemos pero sobre las que, dado a que no solemos pensar mucho en ellas, nos volvemos susceptibles a ser engañados con facilidad. ¿O no es cierto que de toda la vida ese tipo de localizaciones habían sido las idóneas para la construcción de las fábricas de famosas marcas y también de esplendorosas casas?
Las viviendas de allí no solo contaban con un extenso y hermoso jardín, sino que además eran tres veces más agraciadas que todas las que se ubicaban en el centro de la ciudad.
Y por si fuera poco, en un punto cercano a todo lo anterior y con árboles gigantes que lo encubrían, se encontraba lo que parecía ser nada más y nada menos que un antiguo palacio. Tal vez su verdadera función no tenía nada que ver, pero sí podía mantener casi el mismo prestigio al tratarse del segundo centro con mayor admisión a las universidades top del Reino Unido.
Al menos ese fue el ranking que mantuvo durante los últimos años, suficiente como para convertirse en algo fiable a pesar de su ubicación.
"En algún momento de tu vida siempre descubres algo que te enseña a no fiarte de las apariencias."
Le hizo gracia cuando el pequeño dicho volvió a manifestarse en su cabeza. Lo solía hacer a menudo, ya que no faltaban ocasiones cotidianas que la hicieran recordarlo.
…Y el escenario ante sus ojos le servía para demostrarlo.
nnn
—¡Sentaos, por favor! —les indicó la mujer mientras se disponía a hacer lo mismo.
Bella contuvo las ganas de reír por el tuteo con el que se dirigió a ellos, así sin más.
De todos modos, tanto ella como su padre contestaron con un bajo "gracias" de cortesía mientras guardaban la misma postura neutral.
En ambos el negro predominaba esa mañana: en él por su traje y en su hija por su gran gabardina, que cubría una melena castaña, lisa y bien peinada. A pesar de que era un color asociado a la muerte, a Bella le habían enseñado cuan eficaz también era para intimidar.
—Por fin tengo el placer de conoceros en persona, después de tanto tiempo solo hablando por teléfono. —Soltó una risa que resonó en las paredes de la pequeña sala—. Me llamo Claire Marshall.
La eufórica morena ofreció la mano a Charlie, quien la tomó algo incómodo.
—Si no es molestia, prefiero que seamos directos y rápidos con esto —se apresuró a añadir—; porque como se imaginará, el trabajo me llama.
—Oh, claro que sí, Señor Swan. Lo entiendo.
—Bien. —Él acomodó sus codos sobre la mesa del escritorio—. Mi asistente me informó que hizo llegar aquí los documentos que pidieron para el expediente de Isabella. Ahí constata que ha estudiado en sitios cercanos y algo más lejos. Concretamente en Birmingham, Londres, Ginebra, Galway y ahora aquí. —Entrecerró los ojos—. Ante todo, quiero que quede claro que nuestras expectativas son las más altas. Siendo específico, pues hablamos de Oxford o Cambridge y Princeton o Harvard en el plano internacional, probablemente para un futuro máster.
La alegre Claire alzó las cejas con un aire de superioridad.
—Supongo que estará al tanto de que solo nuestros mejores alumnos…
—El expediente académico de Isabella es brillante —la interrumpió él—. Todos los centros educativos a los que hemos asistido han sido conocedores de nuestras metas, y por lo tanto, han colaborado con nosotros para pulirlo y mantenerlo a la par con los requisitos que todas esas universidades en concreto van exigiendo. Las notas de mi hija, sus habilidades y sus actividades extracurriculares, tanto dentro como fuera del ámbito escolar, están hasta el momento a la altura de superar con creces la admisión a cualquiera de las universidades que acabo de nombrar.
Ella evaluó con la vista a la susodicha.
—Entiendo.
—Y no espero menos de este colegio.
Se notaba que la dureza de Charlie surtía efecto en ella, como pasaba con la mayoría que no estaban acostumbrados a tratarlo en temas serios.
"Sobre todo siendo tan joven…" —remarcó Bella para sus adentros.
—No tenga la menor duda de que aquí le ayudaremos cuanto podamos. Claro que ella también debe dar de su parte.
Charlie no quedó nada contento con la insinuación dejó escapar por lo bajo.
—¿Cree que habría tenido la cara de presentarme aquí si supiera que mi hija no alcanza todos sus méritos por sí misma? —Su tono la hizo estremecerse—. Deseo inscribir a Isabella en este colegio por la calidad de su enseñanza, no por esperar recibir otro tipo de favores.
—Mis disculpas si lo he ofendido, señor.
—Lo ha hecho —aseguró él acribillándola con los ojos.
La mujer se esperó un segundo antes de continuar, con una sonrisa forzada.
—Era necesario dejarlo claro, por si acaso —reiteró en un susurro rápido—. Ahora, si es como usted me dice, le aseguro que está en buenas manos. —Y entonces dirigió su atención a la chica—. Isabella, ¿Sabes ya algo del Carter's School o has buscado información?
—He leído todo lo que hay en la página web.
—¿Ah, sí? —Lucía sorprendida— ¡Perfecto! Entonces, repasaremos algunos puntos sobre el Bachillerato internacional, luego harás una entrevista con el tutor del programa y al final pasarás a las pruebas de admisión.
—De acuerdo —dijo sin más—. También venía con la intención de poder aclarar un par de dudas antes de pasar a la entrevista.
Ella sonrió volviendo a su faceta alegre.
—Espera un momento, que saco los folletos que tenía preparados y comenzamos a hablar.
Cabe destacar que durante todo lo que prosiguió, evitó entablar cualquier contacto con el padre.
nnn
Una vez ingresaron de nuevo al coche, guardaron silencio hasta que comenzaron a moverse y Charlie tuvo que atender a una llamada.
Bella, por su parte, estaba entretenida rememorando la imagen de la mujer del departamento de Recursos Humanos, a la cual había estado analizando detenidamente mientras los atendía.
En efecto, algo no encajaba.
Según su aspecto, su manera de hablar y, sobre todo, su actitud, podría pertenecer perfectamente a la misma clase elevada de los estudiantes inscritos en ese centro. Casi que ni necesitaba confirmar que en su momento fue alumna de allí también, y de ser así… ¿Cómo es posible que hubiese acabado trabajado como secretaria de admisiones?
Las familias que matriculaban allí a sus hijos lo hacían con la intención de que acabasen siendo abogados, médicos, ingenieros, empresarios de éxito… o similares. Y por más trabajos innovadores que también estuviesen dispuestos a considerar, dudaba mucho que se imaginasen algo como eso. ¡Ni en sus peores pesadillas! Simplemente, era un pensamiento remoto. Acto seguido, pensó en los casos contrarios, como los de millonarios que nacieron y se criaron en la calle y aun así, fueron capaces de alcanzar un gran poder económico al crecer. A todo eso, solo pudo elaborar una simple teoría.
"Es cierto que un estudiante con una educación básica, pero aplicado y dispuesto a aprender supera con creces a cualquier otro que aun teniendo la mejor calidad de enseñanza, desperdicia sus oportunidades.
No obstante, si un estudiante tiene todos los recursos a su alcance y los sabe aprovechar, ¿Qué meta que se proponga no puede llegar a alcanzar?"
—¿Qué te ha parecido?
La voz de su padre la distrajo de su intento por unir cabos sueltos.
Se detuvo un momento para estudiarlo. Su postura y rasgos ya se habían suavizado para volver a dirigirse a ella de un modo paternal.
—Bastante convincente, la verdad —admitió—. Pero todavía no lo sé con seguridad. No lo haré hasta que ingrese.
Sus orbes marrones conectaron con las suyas, idénticas y suspicaces.
—El día de mañana te servirá demasiado tener esa visión en mente. Hay muchos hijos de compañeros míos que, a pesar de tener a hombres exitosos como padres… lastimosamente, no parecen estar preparados. Y el pensamiento es un factor crucial en este tipo de trabajos.
—No todos están a la altura.
—No, no todos lo están —concordó con una sonrisa franca—. Es por eso me siento orgulloso de que ese no sea tu caso.
Esas palabras hicieron que el corazón de Isabella palpitara con fuerza. Fue como si un rayo de luz alimentara a su promesa oculta.
—Yo conseguiré lo que muchos adolescentes no pueden, papá —aseguró—. Ya lo verás.
¿Y bien? ¿Creéeis que lo conseguirá? Je, je, en fin, falta mucho por ver todavía...
¡COMENTARIOS!
Como no contestáis a los privados, pondré una respuesta a modo general aquí mismo:
Debo reconocer algunas de las teorías que habéis escrito son interesantes, sí, peeero... no desvelaré nada hasta que sea el momento de hacerlo je, je :P Gracias, a todas aquellas que me están apoyando tanto en Facebook como en esta página con reviews, followers y favoritos. Tienen razón en las frases que ponen en los martes de adelantos en referencia al trabajo de las escritoras: ese es nuestro único pago y ponemos nuestro corazón en ello.
Y contestando a la pregunta clave, hoy he hecho una excepción pero, en principio, actualizaré todos los viernes. Así que hasta la próxima.
Kisses!
