A/N: Hey! Primero que nada, quiero agradecer por sus lindos reviews :) me feliz que les guste la historia! Y bueno, aquí los dejo con un nuevo capítulo. Aparte de este, solo falta un cap mas :( pero en fin, tenía planeado que sería una historia corta desde el principio. De hecho me sorprende un poco como me extendí con este cap, pero creo que quedó bien XD en fin, me gustaría saber sus opiniones. A leer! :D


capítulo 3.


"¿Realmente tienes que hacer esto ahora?"

"Oh, cállate, Jeanne," reprendió Erenia mientras se desvestía bajo el manto de la noche. "¿Después de lo de la navaja? Me urge un baño. Además, para eso te tengo a ti, ¿no? Si tanto te preocupa, asegúrate de que no venga nadie."

"Pff, si tanto quieres que te descubran..."

Erenia la ignoró y se metió al agua. Era una pequeña laguna en el campamento donde regularmente se aseaban y lavaban su ropa. Muy frecuentemente veía ahí al Capitán Levi, pero por suerte esa vez no había nadie.

"Ah..." suspiró Erenia, echando la cabeza para atrás y cerrando los ojos, completamente relajada. Frotó su cuerpo adolorido y se detuvo en sus senos, masajeándolos y soltando otro gemido.

Jeanne puso los ojos en blanco. "Urgida. ¿Qué no puedes tener algo de autocontrol?"

"¡N-no seas estúpida, no estaba haciendo eso!" replicó Erenia, abriendo los ojos de golpe y totalmente avergonzada. "Trata tú de andar con los senos vendados todo el día, cara de caballo. Llega un momento en el que duelen..." murmuró.

"Con que es eso, eh... Pensé que te estabas toqueteando, pervertida," se burló Jeanne desde la orilla, haciendo que su amiga se sonrojara más y le respondiera de mala forma, cuando escuchó pasos cerca. "Mierda," maldijo por lo bajo y se escabulló entre las hierbas cercanas lo más rápido que pudo.

"¿Jeanne? ¡Jeanne! ¿A dónde fue esa perra...?" siseó Erenia para sí, irritada, cuando de pronto...

"¡Hombre al agua!" resonó la voz de Hans y se lanzó a la laguna. Le siguieron Pedro y Auruo, salpicando a Erenia y generando unas cuantas olas.

"¡Maldita sea!" susurró Erenia entre dientes, acercándose a la orilla y tratando de evitar exponer sus encantos.

"¡Eren!" exclamó Hans.

...demasiado tarde. La habían visto.

"Oh, h-hola chicos... Tomé un baño rápido y ya estaba por irme, lo siento..."

"Oye, ¿no estabas con alguien? Creí ver a alguien salir corriendo..."

"¿Y-yo? N-no, claro que no, debiste haberte confundido, Hans..."

"Hey, Eren. Sé que te tratamos algo mal, así que queríamos hacer las paces. Lo sentimos," se disculpó Pedro dulcemente. Erenia se sentía halagada por aquel hecho, pero no podía quedarse ahí por mucho tiempo o acercárseles en demasía.

"Oh, gracias. Yo también lo siento. Pero de todas formas tengo que irme, necesito practicar con mi equipo..."

"Qué va, ¡si ya eres bastante bueno! Quédate a jugar con nosotros un rato, ¿sí? ¡Hasta Auruo quiere! ¿Verdad, Auruo?" insistió Hans, acercándose a la muchacha, quien se tapó con un lirio que se encontró cerca y retrocedió.

Auruo se encogió de hombros y se hizo el desinteresado. "Como sea..." respondió, pero ya era bastante qué decir de su parte dada la manera en que había tratado a Erenia al principio.

"¿Ya ves? ¡Quédate!"

"E-en verdad tengo que irme..."

"Hey, soldadito, ¿vas a dejarme esperando toda la noche?"

Los ojos de Erenia se abrieron como platos ante la impresión. Volteó hacia dónde provenía la voz para toparse con nada más ni nada menos que Jeanne, quien estaba recargada sugestivamente al lado de un árbol cercano. Había rasgado su falda y desabotonado su camisa, y colocaba una mano en su cintura. Hans, Pedro y Auruo miraron con impresión a la exuberante y guapa muchacha.

"¡¿Cómo rayos lograste que una prostituta se escabullera aquí?!" siseó Auruo, envidioso, mientras que Hans le hacía señas a Erenia de lo bien que estaba Jeanne y Pedro tan sólo la observaba, boquiabierto y ruborizado.

Jeanne caminó provocativamente hacia Erenia y colocó una toalla sobre sus hombros. Al inclinarse reveló más de su escote, atontando un poco más a los jóvenes. Les guiñó un ojo.

"Disculpen. Mi amigo y yo nos estábamos divirtiendo un poco antes de que ustedes llegaran, pero es tan tímido que no quiso presentarme," se excusó Jeanne, sonriendo coquetamente para después hacer un puchero. "Podemos contar con su discreción, ¿verdad?"

Auruo y Pedro asintieron como estúpidos, demasiado impactados como para decir algo. Hans sonrió y guiñó un ojo de vuelta. "¡Claro que sí! ¡Diviértanse, chicos!"

"Gracias," contestó Erenia secamente. Envolvió bien la toalla que Jeanne había traído y salió rápidamente, con la chica cubriéndolo por detrás.

"Soldadito... ¡¿no se te ocurrió nada mejor?!" le reclamó Erenia cuando ya estaban lo suficientemente lejos.

"Cállate. Me debes una."

"Sí, sí, lo que sea. Gracias, Jeanne," respondió Erenia con algo de amargura.

"De nada... Ahora vete a cambiar antes de que alguien más te vea," ordenó Jeanne. Erenia se adelantó unos cuantos pasos mientras Jeanne miraba hacia abajo. Su falda favorita ahora estaba rota y arruinada.

De pronto, chocó con alguien que venía corriendo en la dirección opuesta y ambos cayeron al suelo.

"¡Ouch! Fíjate por donde vas, ¡idio...! ¡¿Armin?!"

"¡Jeanne! ¡Lo siento!" se disculpó el rubio, sonrojándose debido a la posición en la que estaban —él arriba de ella— y la cercanía de sus rostros. "Pero... ¡¿qué te pasó?!" inquirió, notando el estado de su ropa.

"Eh... No importa..." Jeanne desvió la mirada. Armin se ruborizó aún más profusamente al sentir los suaves y descubiertos senos de Jeanne contra su pecho.

"E-estás muy linda de todas formas," la elogió, poniéndose de pie rápidamente y ayudándola a levantarse.

"¿Tú crees?"

"¡Ajá!" asintió el rubio, causando que fuera ella la que se sonrojara ahora.

"Pues... gracias, Armin."

"Sólo digo lo que pienso," respondió él, encogiéndose de hombros. "Y... ¿qué haces?"

Jeanne tomó un mechón de su cabello y comenzó a juguetear con él, aún ruborizada. Armin era muy amable, y la verdad es que siempre le había atraído un poco.

"Acompañé a Erenia a que tomara un baño, y ahora espero a que termine de cambiarse."

"Oh, ya veo. ¿Puedo hacerte compañía entonces, mientras la esperas?"

La chica sonrió. "Claro que sí."

Armin le sonrió de vuelta y tomó su mano.

"Es una bonita noche, ¿no?"


Erenia salió de su cabaña con su uniforme de cadete puesto de nuevo. Desafortunadamente, no tenía otra ropa, así que tenía que conformarse con eso. Se sorprendió un poco cuando se encontró a Jeanne y Armin platicando y riendo juntos, esperándola cerca.

"¿Chicos?" preguntó. Ambos dieron un pequeño respingo y voltearon a verla. La castaña ojeó sus manos unidas y enarcó una ceja en cuestión de pregunta, a lo que ambos sólo se pusieron nerviosos y se soltaron de inmediato.

"Jódanse," escupió Erenia por lo bajo. Ellos la ignoraron y comenzaron a caminar juntos a la cabaña donde cenaban todos. Jeanne se transformó, en caso de que pasara alguien por ahí.

Pasaron también por la cabaña del consejero Verman, y desde la ventana de éste último se podían observar su silueta y la del Capitán Levi... Y no parecían muy felices, a juzgar por lo que decían.

"Debe estar bromeando si piensa que ese montón de tontos está calificado para ir a la guerra, Capitán."

"Completaron su entrenamiento y han demostrado no ser una bola de basura como lo pensaba. Además, el jodido plan de Erwin necesita llevarse a cabo pronto, señor Kitts. Debemos partir a Trost en unos días."

"Cuando el Comandante lea el informe que planeo enviarle, comprenderá por qué su ejército obviamente no está listo y reconsiderará haberlo subido de rango. Así que le recomiendo que mejor disfrute sus últimos días como Capitán."

Eso pareció terminar con la paciencia del soldado. Se escuchó el sonido de una silla arrastrándose y un gemido de parte de Kitts. Levi lo había jalado hacia sí para amenazarlo.

"Escúchame, pedazo de mierda..."

"Oh-oh, Capitán Levi. Podrá ser amigo del Comandante y un soldado reconocido, pero le recuerdo que yo soy el consejero del Rey. Así que, a menos que quiera empeorar su reporte aún más, le recomiendo que salga de mi cabaña. ¿Entendido?"

Levi sólo refunfuñó y lo arrojó lejos. Se escuchó algo romperse y la puerta azotarse.

Armin, Erenia y Jeanne —en su forma de caballo— intercambiaron miradas. Estaban a punto de aumentar el paso y retirarse cuando Levi salió de la cabaña —azotando la puerta, de nuevo— y los rebasó, obviamente molesto. Armin y Jeanne se hicieron los desentendidos, aunque obviamente estaban afectados e incómodos por la discusión que habían escuchado accidentalmente. Erenia, sin embargo, sintió la necesidad de hacer algún comentario.

"Kitts Verman es sólo un idiota con mucho poder. Podríamos darle una lección, ¿no, Capitán Levi?" inquirió con una risita nerviosa al final. Levi únicamente volteó a verle por un segundo y siguió su camino. Erenia suspiró, observándolo alejarse.

"No puedo creerlo," murmuró Armin. Jeanne relinchó, si no fuera un caballo, Erenia juraría que se estaba burlando.

"¿Eh? ¿Qué pasa?"

"¡Te gusta!" replicó Armin, hablando lo suficientemente quedo para que Levi no lo escuchara a lo lejos. Jeanne relinchó una vez más.

"¡Claro que no! ¡Eso no es cierto!" se defendió Erenia, mas la sonrisita de Armin la hizo sonrojarse un poco. Maldita sea, nunca podía mentirle a Armin.

"Sí, claro," respondió el rubio sarcásticamente. Erenia abrió la boca para responder cuando Levi se dio la media vuelta y dijo desde lejos:

"¿Eren?"

Erenia se volteó para verle de inmediato, nerviosa. ¿Habría escuchado algo?

"¿S-sí, Capitán Levi?"

Levi hizo una seña con la cabeza, como invitándola a que se le uniera. A Erenia se le iluminó el rostro y corrió para alcanzarlo, dejando a sus amigos detrás. Jeanne y Armin se miraron y decidieron regresar a su cabaña.


"¡Chicos! ¿Por qué esas caras largas?" preguntó Sasho cuando los vio llegar. Jeanne se transformó en una muchacha de nuevo.

"Hola, Sasho. Te vez feliz hoy," señaló Armin, sonriendo levemente, aunque todavía se veía triste por lo que había escuchado recientemente.

"¡Sí!" exclamó Sasho. "Tu amigo Mikaso me guardó algo de pan y carne de la cena. Y una patata. ¡Fue muy bueno!"

"Ya sabes lo que dicen, barriga llena, corazón contento..." farfulló Jeanne. Armin la ignoró.

"¿Y Mikaso?" preguntó.

"Oh, fue a prepararse para dormir hace un momento. Pero, ¿por qué se ven tan tristes? Les ofrecería comida, pero ya me acabé todo..."

"Gracias, pero no es eso, Sasho..."

"Ese maldito idiota de Verman no quiere dejarles participar en la guerra. Así que básicamente hemos perdido nuestro tiempo aquí," explicó Jeanne finalmente, cruzándose de brazos.

"¡¿Qué?! ¡Pero eso no es justo!" replicó Sasho, angustiado de pronto. "Entonces... ¡¿Quieres decir que nos quedaremos así para siempre?!"

Armin frunció el ceño. "¿Huh? ¿De qué hablas, Sasho?"

Jeanne colocó una mano sobre el hombro de Armin, atrayendo su atención. "Es que..." comenzó a explicarle; "Sasho y yo estábamos diciendo el otro día mientras ustedes entrenaban, que quizá si hacíamos un buen trabajo acompañándolos y ayudándolos tú podrías convencer a los espíritus de la casa Jaeger a que nos quiten nuestras maldiciones y ser sólo humanos. Pero después de esto, dudo que sea posible," finalizó entristecida.

Armin le sonrió. "Jeanne, ¿por qué no me lo habías dicho antes? Claro que podría ayudarlos."

"¿En serio lo harías?" inquirió Jeanne, atónita. No pensaba que Armin lo aceptaría tan fácil.

"Claro que sí. Ustedes son mis amigos."

La muchacha suspiró. "De todas formas ya no tiene sentido si no pueden ir a la guerra."

"¿Quién dijo que no?" retó Armin. "Vamos, no pienso desperdiciar este maldito entrenamiento. Iremos a esa guerra y ganaremos pase lo que pase."

"Armin, ¿qué piensas hacer?" inquirió Sasho, perplejo. Armin se adentró en la cabaña y buscó por papel y tinta para escribir.

"Voy a escribir una carta del Comandante Smith solicitando ayuda urgente en el distrito Trost, y ustedes se la entregarán a Kitts Verman. Les apuesto a que mañana ya estaremos en camino a la muralla Rose."

Jeanne y Sasho se miraron y asintieron. "Está bien."

Cuando Armin terminó con la carta, la colocó en un sobre y apuntó los datos correctos. Sasho tomó prestado uno de los uniformes de Mikaso y la capa vieja del papá de Erenia, para parecer un soldado ya graduado y entrenado. Entonces salieron y Jeanne se transformó en caballo y permitió que Sasho la montara. Fueron a la cabaña de Kitts, pero él ya no estaba ahí, así que supusieron que debía estar cenando o tomando un baño. Decidieron ir a la laguna primero, y en efecto ahí estaba, aunque acababa de salir.

"Malditos niños insolentes..." refunfuñó, todas sus cosas estaban empapadas. De seguro le habían jugado alguna broma. Sasho se aproximó entonces.

"Noticias urgentes del Comandante," dijo firmemente y le entregó la carta. Verman la miró con sospecha antes de tomarla.

"¿Quién es usted?" inquirió, escudriñándolo con la mirada.

"Sasho Braus, Escuadrón 104."

Verman frunció el ceño. "Pero si éste es el Escuadrón 104..."

"Blah, blah, blah. Números, números, números... ¡¿Acaso eso importa?!" reprochó Sasho, en un impulso por ocultar su error. "¡Esto es una guerra! ¡No debería desperdiciar valioso tiempo en el que personas podrían estar muriendo! Sólo lea la maldita carta, ¡¿de acuerdo?! Pff, como si tuviera tiempo de estas tonterías..." masculló y se marchó con Jeanne antes de que el consejero tuviera más tiempo de interrogarlo.

"¿Cómo estuve?" le preguntó a Armin, quien había observado la escena oculto a lo lejos.

"Perfecto. Toma, conseguí más comida para ti."

"Whoa... ¡Gracias, Armin!" contestó Sasho, desmontando y aceptando las golosinas que el rubio le ofrecía. "¿Y ahora qué?"

Armin sonrió con suficiencia. "Ahora esperamos."


Erenia siguió al Capitán Levi hasta su cabaña, la cual no estaba tan alejada de la de Kitts. Levi la invitó a entrar. Era pequeña, pero bastante acogedora e increíblemente limpia y ordenada.

Levi se dirigió a la reducida cocina y buscó algo en las alacenas. Sacó varias botellas.

"¿Quieres algo de tomar?" ofreció. "Tengo whisky y vino barato, no es la gran cosa pero..."

"Oh... No, gracias," rechazó Erenia con una sonrisa amable. Levi le sostuvo la mirada.

"¿No tomas?"

Erenia negó con la cabeza. No era muy bien visto que una mujer, y menos de su edad, tomara.

"No realmente. No estoy acostumbrado."

Levi suspiró y le sirvió whisky de todas formas. "Vamos. No seas marica."

"Pues... gracias, Capitán Levi," aceptó Erenia por cortesía. Levi asintió y levantó su propio vaso —ya que no había copas— para brindar. Después, ambos dieron un trago.

"Ah..." exhaló Levi. Erenia hizo una mueca, el alcohol le quemaba la garganta y la verdad es que no le encontraba la gracia a eso de beber. Ni siquiera le había dejado un buen sabor.

"Eren, ¿tú qué opinas de lo que dijo ese idiota de Kitts?" preguntó Levi después de un rato. "Y sé honesto."

Erenia discretamente puso el vaso algo lejos de ella. "Yo creo que estamos listos. Capitán, hemos entrenado muy duro para esto, y podemos vencerlos... Yo lo sé, ¡podemos acabar con todos ellos...!" exclamó acaloradamente, como era habitual de ella cuando se emocionaba. "Además," añadió en un tono más calmado; "creo que usted es un gran Capitán."

Levi sólo se recargó en el asiento de su silla y la miró con una expresión levemente divertida.

"Eren, ¿eres gay?"

"¡¿Q-qué?!" exclamó ella, completamente sonrojada. "¡No, por supuesto que no!"

"Hm. Lo siento. Es que eres un poco raro, y pensaba que tú y ese chico Mikaso..."

"¡N-no, nada que ver!" Erenia sacudió sus manos frenéticamente, negando todo con desesperación. "Mikaso y yo no..."

"Está bien, entiendo," la interrumpió el Capitán, pero Erenia sentía la necesidad de explicarse. Suspiró.

"Mikaso es como parte de nuestra familia, por eso es tan sobreprotector con mi hermana y conmigo."

"Ah, claro. La famosísima Erenia Jaeger," señaló Levi.

"¿La conoces?" inquirió ella, sorprendida, mas pronto recordó que el día del reclutamiento Levi había mencionado que había escuchado de ella. "No, ¿qué has oído sobre ella?"

El soldado pelinegro se encogió de hombros. "Tú sabes mejor que yo, lo habitual. Aunque... Erwin me contó unas cuantas cosillas más," y con eso sonrió, si bien casi imperceptiblemente, mas fue suficiente para capturar a Erenia. "Tu hermana es increíble," añadió.

"¡¿El Comandante Erwin Smith?! Dios, no. ¡Lo siento tanto!" Erenia se cubrió la cara con sus manos por la vergüenza, recordando todo lo que había pasado aquél día con la casamentera. Dios, ¡¿qué tanto sabría Levi al respecto?!

"¿Sabes lo que pasó?" preguntó él.

"Claro. Erenia y yo somos muy cercanos," dijo la castaña tímidamente, soltando una risita nerviosa. "Ella me cuenta todo."

Levi asintió. "Ya veo. Me gustaría conocerla."

"¡¿En verdad?!" exclamó, quitándose las manos del rostro y sorprendida.

"¿Por qué no? Suena como una chica interesante. Eso, claro, si no te molesta," señaló Levi educada y casualmente.

"Yo..." Erenia meditó sobre el asunto. Estaba segura que aquella era la primera vez que un hombre que no fuera alguno de sus amigos decía que quería verla, ¡y era el Capitán Levi! Sin embargo… Aquello jamás podría funcionar, porque significaría revelar su identidad y ser ejecutada. Aunque… Quizá, sólo si lograba sobrevivir a la guerra y hacer un buen papel, podría ganarse la amistad del Capitán y arreglarle una cita "con su hermana". Entonces podría ser como normalmente era y si las cosas funcionaban, eventualmente confesarle la verdad. Sí, de seguro Levi se enojaría en un principio, pero tal vez para ese entonces podría haber logrado acercarse lo suficiente a él como para que le perdonara y aceptara una relación con ella. El plan era descabellado, pero podía funcionar. Y hasta ahora, Erenia había tenido un buen desempeño. ¡Sí! Las cosas iban pintando bien para ella. Por el momento tenía que concentrarse en ganarse la amistad del Capitán como "Eren".

"No, ¡claro que no!" respondió Erenia por fin. "Yo puedo presentarlos después de esta guerra, ¡estoy seguro que a Erenia le encantaría! Aunque..." miró hacia abajo; "Capitán Levi, ¿de verdad no le importa lo que dicen sobre ella? Lo de la maldición y esas cosas..."

Levi hizo un ademán de completa indiferencia. "Pendejadas que la gente dice. Además, me gustan las chicas con carácter, y Erenia suena como alguien así. Con todo respeto, Jaeger."

Erenia soltó otra risita nerviosa y se sobó la nuca. "No se preocupe. Es de familia."

"Sí, puedo darme cuenta de eso," dijo Levi sarcásticamente, enarcando una ceja. La sonrisa de Erenia se ensanchó.

"Y... ¿Usted y el Comandante Erwin son buenos amigos?" preguntó después de un pequeño silencio en el que Levi dio otro trago a su bebida.

"Bastante, diría yo," respondió. "Conozco a la familia Smith desde hace mucho tiempo. Incluso estuve saliendo con Erwina por un tiempo, pero no funcionó."

"Oh... Lo siento," dijo Erenia. El Capitán Levi era una persona solitaria, y le daba un poco de tristeza que le contara aquellas cosas. Aunque, con alguien tan difícil como Erwina —al menos desde el punto de vista de Erenia—, era comprensible que su relación hubiera fracasado. Levi, al contrario, parecía bastante indiferente al respecto, pero quién sabría qué tanta emoción se ocultaba detrás de su seriedad habitual.

"Esa clase de mierda pasa. De todas formas, el bastardo de Erwin y yo nos llevamos muy bien. Está más loco que una maldita cabra con sus estrategias, pero siempre funcionan." Y entonces, levantó la mirada para observar a Erenia. Sus ojos eran profundos y penetrantes, tanto que la castaña no podía dejar de mirarle de vuelta. "Y él confía en mí, de la misma manera en que yo confío en ti. Así que Eren, por favor no la cagues," dijo.

"No..." respondió Erenia instintivamente, antes de meditar mejor en esas últimas palabras. " Espere… ¡¿Usted en verdad confía en mí?!" preguntó, incrédula. Levi le había dado otro sorbo a su vaso.

"Ajá," confirmó cortante.

"¿Por qué?" preguntó Erenia instintivamente. "No me malinterprete, en verdad lo aprecio, pero... ¿Qué hice? ¿Qué tengo de especial?"

Levi exhaló y colocó su vaso sobre la mesa algo abruptamente.

"No me gusta admitirlo, pero siento que una parte de mí se refleja en ti, Eren. Rebelde, decidido," confesó. "Claro, yo nunca fui tan torpe como tú pero... Tu determinación te ha hecho fuerte, y admiro eso. Y si le dices a alguien más, juro que te sacaré los ojos y te arrancaré las piernas," finalizó, serio y amenazador, aunque Erenia podía jurar que de seguro se sentía algo avergonzado. En su caso, la revelación la había hecho tremendamente feliz.

"Prometo no hacerlo. Gracias, Capitán Levi," dijo, sonriendo de oreja a oreja. De pronto, la puerta se abrió de golpe y un muy alterado Kitts Verman irrumpió en la cabaña.

"¡Capitán! ¡Llegó una carta urgente del Comandante Smith! ¡Dice que nos necesita en Trost lo más rápido posible!" vociferó, sacudiendo la carta en sus manos frenéticamente.

Los ojos de Levi se abrieron más debido a la sorpresa. "¿Qué...?" espetó sin aire. Los planes de Erwin nunca salían mal. Nunca. Negó con la cabeza. "No puede ser... Corran la voz a los soldados," ordenó firmemente, recuperando su templanza. "Díganles que empaquen sus cosas y se preparen para la guerra, porque nos marchamos mañana a primera hora."

Erenia lo miró. Sabía que en el fondo estaba alterado, y no le gustaba.

"Sí, Capitán Levi."


Esa noche, Erenia no pudo dormir. En lo único que pensaba era en el Capitán Levi, tan atractivo como siempre, invitándola a su cabaña y diciéndole que tenía su confianza y que quería conocerla… en la vida real. Su corazón latía más rápido de sólo pensarlo, no podía permitirse arruinar esa oportunidad. Ahora tenía otra razón para regresar de esa guerra con vida además de volver a ver a su padre y a su madre, o demostrarles a todos que una mujer no sólo valía por el hombre con el que estuviera casada. Debía sobrevivir, y debía asegurarse que Levi también sobreviviera si quería una oportunidad para su propia felicidad. Porque, y como Erenia se dio cuenta esa noche, por fin había conocido un hombre con el que le gustaría pasar toda su vida si eso era posible. Un hombre con el que quería compartir todas sus experiencias y del que quería conocer todo lo que pudiera. Por fin había descubierto el amor, una extraña mezcla de pasión, deseo y cariño; y eso la asustaba y la entusiasmaba de una manera que era a la vez hermosa y atemorizante.

Esa noche, mientras Erenia se daba vueltas en la cama agradeció por conocer aquél sentimiento. Y también agradeció por la oscuridad y por el sueño pesado de sus amigos, porque así no podían oír sus suspiros u observar el rubor en sus mejillas mientras se tocaba y recordaba lo guapo que se veía Levi mientras conversaban esa noche.


La tropa salió en la madrugada, incluso antes de que amaneciera; todos listos con sus equipos, sus caballos y sus capas verdes con las Alas de la Libertad en la espalda, porque ahora eran soldados oficialmente. El camino hacia Trost era largo, pero se entretuvieron cantando y conversando y diciendo tonterías de hombres.

"No, tú no entiendes. Mi chica ideal tiene que ser perfecta y dulce, si va a estar con alguien como yo," decía Auruo con suficiencia. Después de agotar otros temas de conversación y sabiendo que ya no faltaba mucho para llegar al distrito; ahora jugaban a describir cómo sería su chica ideal, cortesía de Hans.

"Por Dios, Auruo," lo reprendió Pedro. "Con razón no consigues a nadie. ¿Y debe morderse la lengua, también?"

"¡Oye! ¡Yo no me muerdo la leng... ¡ah!" exclamó Auruo, adolorido después de haberlo hecho sin querer. Pedro y Hans intercambiaron miradas y rieron.

"Pues mi chica ideal debe amar hacer experimentos y aprender tanto como yo," afirmó Hans, ya sereno. Auruo puso los ojos en blanco.

"Dios, de seguro te gustaría una loca..."

"Cállate. Hey, Pedro, ¿cómo sería tu chica ideal?" preguntó Hans, sonriendo.

"¿M-mi chica ideal?" reafirmó Pedro con timidez. Bajó la mirada y sonrió un poco. "En realidad no importa mientras sea una buena persona... Y que sea algo linda, con eso me conformo."

"Awww, Pedro, ¡eres tan dulce!" dijo Hans, emocionado. "Y hablando de chicos dulces... ¿Armin?"

"¿Huh?" Armin levantó las cejas y se sonrojó un poco. Miró hacia el frente, donde iba Erenia justo atrás del Capitán Levi, y se fijó en su caballo. No podía esperar a que todo terminara para poder estar todo el día con Jeanne.

"Yo ya tengo una chica, y es la más bella de todas," sonrió.

"Awww... ¡Tienes que presentárnosla!" exclamó Hans, conmovido. Armin sólo dejó escapar una risita y se sonrojó un poco más cuando escuchó a Jeanne relinchar.

"Je, sí... Algún día, quizás."

Pedro se adelantó un poco con su caballo, alcanzando a Erenia. "¿Qué hay de ti, Eren?" cuestionó amablemente. Erenia se ruborizó, y, sin querer, echó un vistazo a la espalda del Capitán Levi, quien se veía tan impasible y majestuoso con su uniforme completo y montando su caballo diestramente.

"¿Y-yo? En realidad no lo he pensado, aunque... Me gustaría que fuera pequeña. Pequeña y fuerte," tragó, nerviosa. Sus ojos nunca se despegaron de la espalda de su superior.

Sus compañeros se miraron entre sí como si Erenia estuviera loca, pero es que vaya que esa había sido una definición bastante particular.

"Oh, claro..." dijo Pedro, tratando de sonar lo más amable posible. Auruo estalló en risas.

"¡A Eren le gustan las machorras!" se burló.

Erenia se puso más roja que una amapola y se percató de la estupidez que había dicho sin pensarlo. "¡N-no! ¡No me refería a eso, chicos!"

"Déjenlo en paz," dijo Mikaso con frialdad desde atrás.

"¡Mikaso!" vociferó Hans, rompiendo la tensión. "¡Es tu turno entonces!"

"¿Eh?" inquirió el chico.

"Tu chica ideal. Descríbela," explicó Pedro. Mikaso se encogió de hombros.

"Me gustan rubias," dijo.

"¡Wow, buena elección!" aprobó Hans.

"Tienes buen gusto..." acordó Auruo.

"¿…En serio?" preguntó Armin, levantando una ceja. "Pensé que te gustaban morenas."

Mikaso captó la indirecta. "¡No! Dios, pensé que tú lo sabías bien, Armin. Ella es sólo como mi hermana. Mi familia," aclaró.

"Me pregunto cómo sería la chica ideal del Capitán Levi," murmuró Pedro con curiosidad e ignorando su pequeña conversación, ya que no entendía a qué se referían.

"Sí, yo también," coincidió Hans. "Eren, ¿por qué no le preguntas?"

"¡¿Eh?! ¡¿Y por qué yo?!" exclamó Erenia. Hans sólo se encogió de hombros, sonriendo. Erenia suspiró, ellos bien habían notado la extraña cercanía que había surgido entre los dos soldados, y no dejarían de molestar con eso.

"¿Capitán?" inquirió.

Levi volteó ligeramente. "Eren," asintió, reconociéndole.

Erenia se armó de valentía. El viaje había sido largo y cansado, pero por suerte ya habían llegado a la muralla y la puerta de la ciudad se abría ante sus ojos lentamente. Era ahora o nunca.

"¿Q-qué clase de chicas le gustan?" finalmente soltó. En ese momento la puerta se levantó en su totalidad y les permitió ver el estado de la ciudad. Levi ni siquiera tuvo tiempo de meditar su pregunta, porque en ese instante se detuvo en seco, y su tropa también.

"No puede ser..." susurró Erenia en voz baja.

La ciudad estaba desierta. Las casas y la muralla de más afuera estaban completamente destruidas. No había ruido, ni siquiera algún llanto, alguna señal de vida. Se podían apreciar algunos cadáveres en las calles, las cuales estaban manchadas con sangre.

"¿Qué pasó aquí?" dijo Levi sin respiración, y entonces salió en su caballo a la máxima velocidad, tratando de buscar algún sobreviviente, alguna señal del enemigo, del ejército, cualquier cosa…

Su tropa lo siguió al mismo paso veloz, detrás de él. Nadie hablaba, todos sólo miraban a los lados tratando de encontrar algo, pero no había más que escombros y cadáveres. Después de un rato de desesperación, Levi le indicó a su caballo que se detuviera en seco, y el animal se alteró tanto que casi lo tira. Pero el Capitán supo controlarlo.

"¡¿Qué mierda?!" exclamó agitado, perdiendo su usual calma y mirando para todos lados. "¡¿Qué diablos pasó aquí?! ¡¿Y dónde putas está el ejército de Erwin?!"

"Capitán..." habló Verman, detrás de él, y apuntó hacia uno de tantos callejones. De tal sombrío lugar, sobresalía el cadáver de Erwin, apenas reconocible por su capa verde y la constitución de su cuerpo ensangrentado.

Levi desmontó y se acercó a revisar el cadáver. "No..." murmuró una vez que había confirmado sus sospechas, y levantó la vista y se percató de que varios soldados de sus tropas también estaban muertos alrededor. Alguien los había emboscado.

"Erwin, ¡maldita sea! ¡Tus jodidos planes siempre funcionan, no me vengas con esta putada ahora!" gritó Levi fuera de sí, arrancándole el escudo de su chaqueta y las espadas de sus manos ensangrentadas, y poniéndose de pie. Pateó el peluquín rubio que yacía al lado del cuerpo de su amigo, el cual también estaba lleno de sangre. Y una vez que hubo descargado parte de su furia, guardó las espadas y se incorporó a sus tropas de nuevo, que ya también habían desmontado y esperaban órdenes sin decir una palabra, aunque el terror era legible en sus rostros.

"Mierda..." masculló Levi, apretando los puños y mirando al suelo mancillado. Erenia se le acercó de inmediato, pero lo pensó dos veces antes de tratar de tocarlo o algo parecido. No era el momento.

"Capitán Levi, lo siento mucho," fue lo único que se atrevió a decir.

Levi levantó la mirada. Su ceño estaba fruncido, pero no como siempre. Esta vez, había verdadera furia en sus ojos, un deseo de matar muy claro que asustó a Erenia un poco.

"¿Sentirlo? ¡Por favor! Encontraremos a esos malditos titanes y los exterminaremos de una buena vez, lenta y dolorosamente... Les haré pagar por todo el daño que han causado a la humanidad y por obligarnos a vivir dentro de estas podridas murallas... ¡Lo juro!" dijo pesada y orgullosamente, levantando uno de sus puños en un gesto de lucha.

Erenia parpadeó y se percató que lo que le había dicho Levi la noche anterior era cierto. Ambos se parecían un poco.

"Yo... yo lo ayudaré, Capitán," dijo con firmeza, posando su puño sobre su pecho en una señal de lealtad.

"No esperaba menos de ti, Eren," respondió Levi. Mikaso echó un vistazo a ambos, notando su determinación, y dio un paso al frente con su puño en el pecho.

"Yo también ayudaré."

Armin repitió el gesto. "Y yo."

"Y nosotros," agregaron Pedro, Hans y Auruo.

"Nosotros también," dijo otro grupo de soldados, haciendo lo mismo: Connie, Christopher, Thomas, Franz, Mino.

"¡También nosotros!" Eld, Gunther, Farlan, Isabelo, Nanaba.

"¡Cuenten con nosotros!" Rico, Ian, Gustav, Anko, Ilso.

"¡Todos ayudaremos!" exclamó Erenia, animada por la respuesta tan entusiasta de sus compañeros mientras ellos vitoreaban. "¡Hay que derrotar a esos jodidos titanes de una buena vez!"

Una flecha pasó veloz y peligrosamente por el pequeño espacio entre Erenia y Levi. Se hizo el silencio y todos voltearon en dirección de donde había venido la flecha, que era desde arriba. Algunos soldados hicieron exclamaciones o jadearon de sorpresa al notar a dos de los titanes encima del techo de una cabaña. Eran su líder, Reiner Braun, rubio y fornido; y otra chica, también de cabellos rubios y que sostenía un arco, preparada para lanzar otra flecha.

"Quiero verlos tratar," dijo Reiner con voz siniestra.

Poco a poco, los titanes comenzaron a aparecer con sus armas. Estaban por todos lados, bien escondidos entre callejones, casas y escombros para no ser descubiertos. Los soldados dieron unos cuantos pasos hacia atrás, acorralados y en guardia. Los titanes superaban en número a su pequeña tropa.

¿Cómo no los habían notado antes?

"Soldados, ¡ésta es nuestra hora de luchar!" exclamó Levi fervientemente y se dirigió con su equipo de maniobras hacia donde estaban Reiner y la rubia.

"¡Capitán!" gritó Erenia, horrorizada, mas no pudo seguirlo ya que pronto se vieron rodeados de titanes. Casi la atacan, pero Mikaso la defendió. Desenvainó sus espadas y degolló la cabeza de dos titanes en un instante.

"¡Concéntrate!" le dijo. Erenia frunció el ceño y asintió, sacando sus espadas también y tratando de esquivar los ataques de los titanes e hiriendo a los que podía. Sus armas no eran la gran cosa ni se comparaban a las espadas que los soldados poseían, mas eran expertos en moverse rápido y trabajar en equipo. Además, debido a lo mismo y a su mecanismo de curación rápida, era difícil herirlos lo suficiente como para que murieran. Tenías que dar un golpe certero y mortal.

"¡Mierda!" exclamó ella mientras la lucha se hacía más reñida. Guerreros de ambas tropas caían al suelo, algunos se volvían a levantar, otros no. Había unos, como Mikaso, Pedro, Auruo y Hans, que muy fácilmente hacían rodar cabezas de titanes. Había otros que no eran tan hábiles, pero lograban herirlos lo suficiente como para que alguien más llegara en su auxilio a tiempo. No obstante, eso no significaba que no hubiera bajas en el equipo. Entre ataques e intentos de herir a muerte, Erenia alcanzó a presenciar a lo lejos unos cuantos asesinatos.

Dos titanes que habían intentado atacarla cayeron, una degollada y el otro atravesado en el corazón. Otra cosa que había llamado la atención de Erenia era que había mujeres en su ejército, y también eran grandiosas guerreras. Erenia sacó la espada ensangrentada del cuerpo del titán recientemente asesinado, jadeando de cansancio. Durante un pequeño momento de paz para ella observó horrorizada el cuerpo de Thomas, ya muerto. Mikaso y los que quedaban seguían luchando. Armin no estaba.

El corazón de Erenia dio un vuelco. ¡Armin no estaba!

Algunos titanes comenzaron a acercársele al verla libre. Erenia los esquivó, ¡tenía que encontrar a su amigo! Disparó el gancho de su equipo para librarse de los que la perseguían por el suelo y subió hasta el techo de lo que restaba de las casas, quizá desde arriba lograría verlo.

Saltó por varias casas y pasó por una chimenea cuando alguien la atrapó y tapó su boca para que no gritara. Entró en pánico, pero pronto se dio cuenta que eran Armin, Jeanne y Sasho, y pudo calmarse.

"¡Armin! ¡Estaba preocupada por ti!" siseó.

"Pues gracias," recriminó Jeanne sarcásticamente cuando Erenia los ignoró.

"Shhh," indicó Armin. Los tres estaban alrededor de un cañón. "No deben descubrirnos. Erenia, vigila si alguien viene."

Erenia suspiró con alivio. Tal vez Armin no era el mejor con el equipo de maniobras, pero podía contar con su astucia y puntería. Disparó varias veces, ayudando a algunos de sus compañeros; además de que el humo podía ser usado a su ventaja para ocultarse o atacar.

De pronto, Erenia recordó al Capitán Levi. Desde que había empezado la pelea no lo había visto. Volteó hacia el techo donde había empezado todo, pero ya no estaban ahí. Se percató entonces que habían llevado la pelea abajo. Reiner y Levi peleaban con sus espadas. La chica del arco ahora luchaba cuerpo a cuerpo contra Mikaso, e increíblemente, parecía que ella sí era un desafío para él, porque esquivaba todos sus ataques con mucha facilidad.

"Mierda..." siseó Erenia mientras Armin disparaba de nuevo a donde estaban la mayoría de los soldados con los titanes. Claro que era riesgoso para sus propios compañeros, pero era todo o nada.

De pronto se percató que dos titanes más —Bertolt e Ymir— hicieron acto de presencia donde estaban Levi y Reiner. Prácticamente habían salido de la nada, y estaban dispuestos a ayudar a su líder. Fue cuando Erenia se dio cuenta que ambos llevaban un equipo de maniobras.

"¡¿Cómo diablos?!" exclamó. Si ya de por sí eran rápidos, con el equipo lo eran más. Levi podía ser el más fuerte y hábil de su ejército, pero con eso llevaba las de perder. Erenia se angustió.

"Armin, ¡necesito que dispares allá!" vociferó desesperada, apuntando al lugar. Armin hizo una pausa y volteó a verlo.

"¡¿Estás loca?! ¡Ahí está el Capitán!"

"¡Precisamente!" respondió ella. "Sólo confía en mí, ¿sí?"

Armin meditó la petición por un momento.

"Está bien," cedió finalmente, ante la expresión descorazonada de su amiga.

"Perfecto. Iré por él y tu dispararás de inmediato, ¿de acuerdo?"

"Bien. Ten cuidado, Erenia," advirtió Armin. No quería perder a su mejor amiga.

Ella asintió y se lanzó con su equipo hasta donde estaba el Capitán. Lo tomó entre sus brazos de repente, apartándolo sorpresivamente de sus enemigos. Dios, qué bueno que había estado entrenando, porque vaya que el soldadito pesaba.

"Eren... ¡¿qué mierda?!" le recriminó Levi, atónito y retorciéndose entre sus brazos. "¡Estaba luchando con esos malditos!"

"Dijo que confiaba en mí ¡¿no?!" exclamó la castaña cuando escuchó el estallido del cañón detrás de ellos. Entonces aterrizó en un callejón lleno de escombros para que no los vieran. Ambos cayeron violentamente y rodaron en el piso, pero al menos estaban a salvo.

"Lo siento," se disculpó Erenia entre jadeos, incorporándose. "No podía dejarlo morir."

Levi jadeaba de cansancio también. "Está bien. Estás loco, pero gracias," resolló, posando una mano sobre el hombro de Erenia.

"¿Está bien?" preguntó ella, preocupada. El uniforme del Capitán estaba rasgado y manchado de sangre y polvo en algunas partes. Levi soltó su hombro y se sostuvo en pie.

"Sólo algunas heridas menores, pero puedo seguir," dijo. "Vamos, tenemos que salir de aquí antes de que el humo se esfume y nos descubran."

"Sí, Capitán."

Levi se dirigía fuera del callejón. Erenia se disponía a seguirlo cuando de pronto, una flecha atravesó el aire y se enterró en uno de los tobillos de Levi.

"¡Agh!"

"¡Capitán!" vociferó Erenia, horrorizada cuando lo vio caer. Annie cayó en dos pies desde el techo de una cabaña, con su arco. Erenia la reconoció como la chica que estaba luchando con Mikaso hacía un momento.

"Tú..." siseó con odio. ¿Y dónde estaría Mikaso? Erenia esperaba que estuviera con vida. Mientras tanto, no iba a permitir que nadie, absolutamente nadie tocara a su Capitán. Sacó sus espadas para atacar, pero la rubia fue más veloz y se agachó, clavándole una flecha en el estómago.

Todo pasó tan rápido.

Erenia miró a la muchacha, paralizada por un momento. Escuchó la voz de Levi gritar su nombre de soldado detrás de ella y lo único que pudo pensar fue en cómo le había fallado y cómo tenía que protegerlo hasta su último momento, cuando de repente hubo una gran explosión y en cuestión de segundos, Erenia había desaparecido y en su lugar había un enorme monstruo de catorce metros de altura.

"¿...Eren?"

Reiner cayó detrás de Annie, quien se había quedado congelada de la sorpresa.

"¿Qué pasa?" preguntó Reiner, igualmente sorprendido.

"Es... Un titán... ¡Reiner, es un titán de verdad!"

Erenia rugió, fuera de sí. Su anatomía, aunque bastante musculosa, era evidentemente la de una mujer, aunque no poseía órganos reproductores. Su cabello ahora era negro y desordenado, más largo de lo normal, y no tenía mejillas ni labios, exponiendo toda mandíbula. Sus orejas eran alargadas. El único rastro que quedaba de "Eren" eran sus grandes y expresivos ojos verdes.

"No puedo creerlo," musitó Reiner. Sonrió un poco. "Annie, ¿crees que nos entienda? Ella es como nuestra madre o algo así, ¿no?"

La lucha había cesado. Todos se habían quedado pasmados ante semejante criatura de la cual no quedaban vestigios mas que en las leyendas del pueblo de los titanes, o al menos eso creían. Pero ahí estaba, un verdadero titán, y era imposible saber cómo vencerlo o de parte de quién estaba.

Erenia rugió de nuevo y entonces golpeó los restos de una casa, destruyéndola por completo. Se salió de control, y lanzó un puñetazo en dirección a Annie y Reiner. El chico lo esquivó, mas Annie no tuvo tanta suerte y cayó inconsciente —y probablemente muerta. Luego, Erenia se dirigió a donde estaban los demás titanes y ante la mirada atónita de todos y sus intentos de escapar, comenzó a devorarlos sin piedad.

No obstante, algunos lograron huir. Ymir y Bertolt trataron de acercarse a la nuca de Erenia con los equipos robados. Muy poca gente sabía que, según las leyendas, ahí se encontraba el punto débil de los titanes. Mas, al percatarse de que aquel monstruo los estaba ayudando, las tropas de Levi hacían todo lo posible para evitar que aquellos temerarios titanes se acercaran en demasía a Erenia. Mikaso logró hacer una profunda cortada en el estómago de Ymir, haciéndola caer; y Pedro y Auruo se encargaron de Bertolt. Ya en el suelo, Hans los degolló y les quitó los equipos.

Erenia soltó otro rugido. Devoró a unos cuantos más que se encontró mientras sus amigos se enfocaban en mantenerla a salvo. Cuando ya no hubo más titanes a la vista, Erenia buscó por más, haciendo pedazos aún más pequeños algunas construcciones de la ciudad. Pero los titanes o ya estaban totalmente exterminados o habían huido, porque no pudo encontrar más. Y entonces el gran monstruo en el que se había transformado cayó, exhausto y expulsando grandes cantidades de vapor, y de su nuca pronto emergió el cuerpo de Erenia, inconsciente y para el asombro de todos a su alrededor.