Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen Stephenie Meyer y su Editorial. La historia que leerán a continuación me pertenece a mí.
Capítulo Beteado por: Shades
Capítulo 2: El Comienzo de La Venganza
Nena cuando te dije que eres la
Única que me gusta, quería
Decir: en realidad quiero follar esta noche.
Zorra por favor, no te voy a
Comprar una mierda nada…
Pero cuando te dije que tenías
Unos labios sexis, quería decir:
Apuesto a que chupas una buena polla.
Liar, Liar / 50Cent
Esa sonrisa no había pasada desapercibida para ella. La muy zorra había correspondido sorprendida.
Mi venganza había comenzado, pero tenia que hacerla caer más pronto que tarde. Pero debía de ser cuidadoso. Cuando Carlisle levanto la cabeza, quite mi sonrisa y volví a poner la misma cara que antes. Fría sin emoción alguna.
—Carlisle, no hace falta —dije controlando mi enfado. El cínico quería presentármela.
—Lo sé, solo… olvídalo ¿tienes hambre? —preguntó con un pobre intento de sonrisa. Hasta ahora no lo había visto, estaba un poco más delgado.
—No. —contesté desganado.
—Bien… entonces te llevó a que conozcas tu habitación —me hizo una seña para que lo siguiera y así lo hice. Carlisle comenzó a caminar y sin que me viera le di una última mirada a Carmen, sonriéndole de lado, dejándola mas sorprendida aun.
Sabía muy bien que yo no le era para nada indiferente al género femenino. Puede que haya sacado la elegancia que caracterizaba a todos los Cullen, pero mis rasgos físicos los había heredado de mi madre. Su cabello aunque el de ella era mas oscuro que el mío eran casi iguales, su piel, sus modales, todo. Alice solo había sacado los ojos de mi padre. Los de los tres eran de un verde profundo, pero los míos se distinguían por ser de un verde grisáceo.
Nunca fui muy atleta, pero sabia mantenerme en forma, en un tiempo me gustaba mucho nadar, por lo que eso hizo que tanto mis hombros como mis brazos crecieran un poco pero no tanto como para parecer un musculoso, solo tenia lo necesario para verme bien. Y bueno eso, junto a la caballerosidad podría hacer que ella cayera más rápido.
Aunque no tuviera mucha experiencia en la materia sexual, lo que sabia, lo utilizaba muy bien. Eso era lo que me habían dicho las chicas con las que estuve en el instituto.
A mujeres como Carmen, les gustaba las cosas claras, sin vueltas y esperaba no equivocarme, puesto que no quería andar de meloso y mucho menos con ella. La trataría como lo que era. Una maldita zorra barata. Con ella no seria para nada sutil y delicado, no tendría contemplaciones.
Carlisle me llevo hasta una puerta al final de un pasillo, la abrió y una gran habitación con todas las comodidades que un chico de mi edad pudiera querer las tenia a todas dentro de esa habitación. LCD 42', una Laptop, un equipo de sonido, una pared repleta de libros, a un costado de la mullida cama de dos plaza había estantes con música y películas, un escritorio, un sillón de un cuerpo y cosas que realmente no me interesaban.
¿Él estaba tratando de limpiar su conciencia?
—Esperó que te guste, no sabía que ibas a necesitar así que… si necesitas algo no dudes en pedírmelo, yo… —dijo inseguro mientras cerraba la puerta y se adentraba en la habitación.
—No necesito nada —dije dejando las maletas sobre la cama.
—Edward yo sé que aun sigues enojado… — ¿Qué demonios?
— ¿Enojado? Tú no tienes ni la más puta idea de lo que siento, así que hazme el favor de no querer limpiar tu conciencia con todo esto —dije más cabreado aun y apuntando a toda la habitación.
—Perdóname… yo también lo pase mal lejos de ustedes —me reí burlándome de él en su propia cara.
—Como siquiera tienes el descaro de decir eso ¡por Dios! —ni él se creía eso.
—Es verdad, yo… yo… no sé qué me paso por la cabeza cuando hice lo que hice, yo… —seguí riéndome, negando con la cabeza. Esta era la primera conversación más larga que tuvimos después de ese día. Y de eso ya había pasado un año.
—Eso no es lo que parecía cuando Alice te vio ¡maldita sea, Alice te vio! —le dije muy enojado. Él no tenía idea de lo que era sufrir.
— ¡Y no creas que no lo sé! No sabes cuan arrepentido estoy de las decisiones que tomé en el pasado, aun siento vergüenza por lo que tu hermana pudo haber visto. Con un demonio la extraño, ella es mi mundo y yo la rompí, la dañe y eso es algo que no me perdono —dijo llorando. Pues eso a mi ya no me conmovía.
— ¿Sabes? ella te siguió por dos días, porque realmente pensaba que se había equivocado, pero aun así al final supo que eras tú —él me miro sorprendido pero a la vez avergonzado y con los ojos abnegados en lagrimas.
—Lo siento, no sabes cuanto lamento el daño que les cause, sobre todo a tu madre, ella… —estaba muy equivocado si pensaba que el nombre de mi madre se iba a decir en esta casa.
— ¡No! de ella no hables, no te lo permito, no tienes derecho siquiera a pensarla —él ya no era nada en su vida. Así lo había decidido él mismo
—Lo sé —dijo cerrando sus ojos fuertemente.
—No, no lo sabes. Sí le guardaras el más mínimo respeto, algo que dudo, no tendrías a esta zorra aquí —él me miro e intento decir algo pero no lo hizo. Respiro y al fin hablo.
—Edward, deja fuera a Carmen de toda conversación, ella… —le sonreí de la manera mas burlona que tenia. Eso más me convencía de lo que yo había venido a hacer aquí.
—Qué dirás ¿Qué estás enamorado? ¿Qué la amas? eso ni tú mismo te la crees, admítelo, solo la quieres para calentar tu cama —frunció su seño.
—Edward por favor, yo ni tu madre te enseñamos esa forma de hablar ¿Qué es lo que te pasa? —y encima lo preguntaba. Menudo descarado era.
—Eres un descarado ¿qué, que es lo que me pasa? Pues yo te diré… pasa que el niño bueno que conocías hace una año, el Edward que dejaste en casa hace un maldito año, murió, tú lo mataste cuando decidiste irte detrás de esa puta —él me miraba con los ojos desencajados y nublados de lágrimas, hasta que dejo salir una.
—Puedo asegurarte que no la amo, nunca lo hice, pero si llegue a quererla, pasó a ser alguien importante en mi vida —él no debió decir eso. Esa había sido la gota que terminó por llenarme la cabeza de basura y sobre todo odio, en contra de él.
Caminé hacia la puerta y la abrí.
— Veté Carlisle, ya no necesito que sigas agregando mas motivos para odiarte "más" de lo que ya lo hago —asintió soltando un suspiro y caminó hacia la puerta. Pero antes de salir se dio la vuelta y me pregunto…
— ¿Alguna vez… podrás perdonarme? —centré mi mirada en sus ojos y bien claro se lo dije.
— No. —le aseguré, cerrándole la puerta en la cara.
¡Maldito sea!
No podía ser que me preguntará eso. Ni en esta vida ni en la que sigue, si es que hay una, le perdonaría tal cosa.
Volví a mirara mí alrededor y solté todo el aire que tenía retenido. Miré las maletas sobre la cama y decidí acomodar la ropa.
Cuando termine de acomodar toda mi ropa, zapatos, libros y cosas que había llevado, me tendí en la cama. Fije mi vista en la pared de libros que estaba frente a mi cama y me sorprendí de la variedad que había; Carlisle sabía muy bien mis gustos en lo que refiere música y libros, así que había elegido muy bien que comprar. Odiaba que me conociera tanto.
Iba a dormirme cuando me acordé de la caja de Alice. Me incorporé un poco sobre mis brazos y vi que la había dejado sobre el escritorio, me levanté y la tomé. Volví a la cama y me senté en el centro de está.
La caja era del tamaño de una de zapato; era de cuero negro con las puntas en acabados de metal color bronce. La agité un poco por mera curiosidad de saber su contenido. Estaba cerrada y se abría con una llave, intente abrirla a la fuerza y no pude. Comencé a darla vuelta y bingo, la llave estaba adherida con cinta adhesiva en la parte de abajo de la caja ¿por qué Alice iba a poner la llave allí? ¿Y porque me iba a dar una caja cerrada con llave? me parecía muy raro que Alice me regalará algo que requiera estar guardado bajo llave. No le di importancia, ella siempre era así de misteriosa.
Al abrirla pude ver el porque de la llave y eso.
Dentro había recuerdos de mi familia, esos que solo compartíamos con nuestra madre.
Había un centenar de fotos mías y de Alice de cuando éramos pequeños, junto a un libro de bolsillo de esos que me gustaban donde para cada día del año había una enseñanza y otras cosas que sabia que a mi me gustaban. Debajo de las fotos había un sobre, suponía que era una carta pero en el dorso decía que la abriera dentro de cuatro meses.
¡Alice y sus cosas!
Me quedé mirando un tiempo las fotos, me encantaba ver esos recuerdos donde mi madre estaba presenté, sabía porque la había puesto bajo llaves, Alice era muy celosa de estas cosas, ella era de mezquinar las pequeñas cosas que nos hacían feliz como la familia que éramos con mamá, y comprendí que el estar aquí, cualquiera podía encontrarse con esto, en especial Carlisle… él no se merecía ver estos momentos felices.
La sola mención de él me hizo recordar porque yo estaba aquí. Debía comenzar a poner en marcha mi venganza.
Tomé todas las fotos que estaba regadas por mi cama y las guardé dentro de la caja, le eché llave y la puse sobre la parte de arriba de mi escritorio. La pequeña llave la guarde en el cajón donde tenía mi ropa interior.
Acomode mi ropa y me coloque solo unas gotas de perfume en mi cuello. Salí despacio tratando de escuchar si alguien estaba en la casa y al parecer no. ¿Por qué al parecer? porque cuando llegue a la cocina, Carmen estaba ojeando una revista desganada… era mi oportunidad.
Ella levantó la vista y sus ojos me miraron dudosos, y con un brillo lujurioso ¡Perra!
Ellaestaba sentada a la cabeza de la mesa, había dejado de pasar las hojas y su respiración se había alterado levemente. Me acerqué y me acomodé en la otra punta de la mesa, mirándola, pasando mi vista por su cuerpo, ella se removió incomoda y miró hacia otro lado. Solo un poco mas y caía.
— ¿Dónde está Carlisle? —usé mi voz más ronca y hasta podría decirse que sensual.
—Emm…esto… —se aclaró la garganta, estaba nerviosa— salió si, tuvo una emergencia —comenzó a estrujarse los dedos de la mano—. Si necesitas algo y si yo puedo ayudarte no dudes en avisarme —dijo mirándome los ojos.
Sabía lo que pensaba, estaba desconcertada. Estaba esperando que le reclamara, que le dijera mil y una malas palabras, pero no en este momento. Le dejaría bien en claro que era una puta y aun así rogaría por que yo la follara. Oh sí, la usaría a mi manera y como a mi me plazca.
—Sabes… sí. Necesitó algo, a lo mejor tú puedes dármelo —expectación y asombro había en su mirada.
— Dime —dijo medio dudosa.
— Necesitó una buena puta… necesito sacarme la calentura que tengo en este momento ¿Tú puedes ayudarme con eso? —sus ojos se llamearon y se abrieron como plato, tanto por la sorpresa como por la lujuria que esta zorra tenia y que al parecer ni Carlisle saciaba.
Me levanté de la mesa muy lentamente, era el momento perfecto, no había nadie en el departamento y en el lugar donde estábamos yo podía hacer lo que quisiese. Llegue hasta ponerme detrás de ella y con mi dedo índice toque su hombro. Un leve temblor recorrió su cuerpo.
—Cre-creo que te e-equivocas co-conmigo —oh, si no fuera porque me importaba un rábano, me hubiera creído algo de lo que quiso decir… ¿Yo equivocarme con ella? No, es más, esto le gustaba.
—No, no me equivoco… vi como me mirabas cuando llegue, lo vi, tú estas tan o más caliente que yo —tuve que hacer un esfuerzo para decir las palabras que estaba por decir—. Ya veo porque Carlisle perdió la cabeza, contigo cualquiera puede perder la cabeza —giró su rostro y me miró. Quise reírme en su cara, ya la tenía.
Quite cualquier pensamiento bueno y feliz de mi cabeza, Alice y mi madre desaparecieron instantáneamente. Si seguía pensando en ellas no iba a poder hacerlo.
— ¿Estas bromeando? ¿Sabes que podría decirle a tu padre? —le sonreí de lado y se levantó de la silla para hacerme frente. Bien, aquí comenzaba el juego.
Me acerque a ella hasta dejarla acorralada contra la mesa. Apoyo sus manos en el borde de la madera pulida y exhalo el aire que al parecer tenia contenido.
—Dime una cosa Carmen… ¿A ti te gusta duro? Por que a mi si —la vi tragar grueso. Bien Edward. No termine de decir esas palabras cuando pase la palma de mi mano derecha por entre sus piernas presionando su centro. Ella jadeo y cerró los ojos. Al abrirlo, supe que ya no había vuelta atrás.
¡Que Dios, mi madre y Alice me perdonaran!
No le di tiempo de nada y la bese con toda la fuerza e ira que tenia. Aplaste mis labios sobre los de ella y sin pedir permiso metí mi legua dentro de su boca. Simplemente bloquee mi mente en ese momento. No pensaba nada. Solo que tenia que follarla a como de lugar.
Mis manos sin piedad y con fuerza se apoderaron de sus pechos, haciéndola jadear como loca, mientras que las suyas acariciaban mi espalda y bajaban hasta posarla en mi trasero, presionando y atrayéndome hacia ella. Tome sus manos he hice que me tocara mi miembro por encima de mi pantalón, clara señal para que desabrochara mi pantalón y lo sacará. Como toda zorra, entendió y lo hizo. Desabotono mi pantalón y bajo el cierre. Apenas baje mi pantalón y bóxer, lo justo y necesario para poder sacar mi pene que ya comenzaba a levantarse por la fricción que la mano de la perra esta me estaba dando. Apretó la punta de mi miembro y la desgraciada me hizo jadear. Me separé levemente de ella y la miré a lo ojos, la tenia a punto, jadeando y necesitada.
—Chúpamelo —dije de forma brusca—, anda yo se que a ti te gusta, chúpamelo —volví a decir.
Y juro que sentí regocijo cuando lentamente comenzó a agacharse hasta que cayó arrodillada frente a mí. De arriba la miraba con una sonrisa ella me sonrió y cerré los ojos cuando sentí la primera lamida. Todo lo hacia lento pero me había prometido que a ella no la iba a tratar con delicadeza, no. La iba a tratar como lo que era. Una puta barata. Una maldita zorra de cuarta.
La tome del pelo he hice que metiera todo mi pene en su boca, hizo una arcada y lo saque, embestí su boca una y otra vez, ella se agarraba de mis caderas, lo chupaba, lamia y succionaba. Vi como llevaba una de sus mano dentro de su pantalón, miré al cielo con una sonrisa malvada, así la quería tener.
Lo sacó de su boca y lo masajeó de arriba hacia abajo, presionando la punta, para volver a meterlo y engullirlo casi hasta la base.
Los jadeos, mis jadeos se escuchaban por toda la cocina, y estaba seguro que en la sala también. Estaba por llegar, ya no me faltaba mucho.
— ¡Más rápido! —gruñí, embistiendo su boca siendo un poco mas brusco. Me agache un poco y le presione los pezones por encima de su camisa. Apoye mis manos en el borde de la mesa y clave mis uñas cuando el orgasmo estuvo a punto de golpearme y casi me hace olvidarme de lo que tenia planeado. Inmediatamente saque mi pene de su boca y lo masajee con mi mano y rápidamente me corrí en su mentón y boca. Hasta la ultima gota de mi semen.
Ella pasó su lengua por sus labios y se fue incorporando hasta que quedo a mi altura y la desilusión y el enojo se apoderaron de sus facciones cuando vio como guardaba mi miembro dentro de mi bóxer y acomodaba mi pantalón.
Me aleje un paso de ella para rebajarla con la mirada como la fulana que era. Le sonreí pero ella no lo hizo.
—No pasara más nada ¿Verdad? —preguntó con la voz pintada de ira.
Negué con mi cabeza y se acercó a mí hasta quedar frente a mí. Me soltó una bofetada, pero yo reaccione rápido y le ataje la mano justo antes de que tocara mi mejilla. La tomé por los hombros he hice que se diera la vueltas de forma brusca y la incline sobre la mesa dejando su mejilla y sus manos sobre la superficie plana. Me froté contra su trasero hasta excitarla a más no poder. Sentí como jadeaba y se removía.
— ¡Por favor Edward! —ronroneo como gata en celo.
Le baje los pantalones hasta las rodillas junto con sus bragas de encaje y apoye una de mis manos sobre su espalda para mantenerla en esa posición. De manera dura y fuerte le di una nalgada tras otra. Al principio dio un grito de sorpresa pero después de un rato los jadeos y gemidos no se hicieron esperar. Y solo para tenerla como yo quería, me abrí paso entre su trasero con mi mano y al tocar su centro, este estaba tan mojado que su humedad se escurría por sus muslos. Con mi mano por detrás, esparcí la humedad por toda su hendidura hasta que metí dos dedos dentro suyo, haciéndola gemir muy alto.
Bombee un par de veces calentándola, prendiéndola fuego para luego quitar mis dedos. Soltó un jadeo de frustración y muy suavemente frote sus labios vaginales, me incline sobre ella dejando un poco de mi peso sobre su cuerpo y con mi boca cerca de su oído le susurre…
—Por ahora solo será esto… veremos que tan caliente estoy hoy en la noche —y sin más me levante, dándole una ultima nalgada y yéndome hacia mi habitación. Dejándola con una calentura que la sobrepasaba. Pobre de Carlisle cuándo llegará.
A penas entre en mi habitación, me dirigí hacia mi baño y me encerré en el quitándome toda la ropa y metiéndome en la bañera. Encendí los dos grifos de agua, poniéndome debajo de la regadera, dejando que el agua se llevará toda la suciedad que tenia y principalmente el olor de esa perra. Tomé la esponja vegetal que había en una punta y la cargue con jabónlíquido, me la pasé por mi cuerpo, restregando la esponja hasta hacerme quedar la piel colorada al igual que mis manos y principalmente mis dedos. Me enjuague y por ultimo me coloque un poco de Shampoo en el cabello, lo masaje un poco hasta formar la espuma y luego lo enjuague dejándolo limpio.
Me quedé un rato más debajo del agua, disfrutando de esa sensación tibia que me relajaba y me hacia olvidar del momento en la cocina.
Debía de admitir que Carmen sabia complacer a un hombre, no por nada Carlisle había caído, yo lo había comprobado. A la hora de dar mamadas era toda una joyita mi "madrastra".
Sabia que le había gustado que la tratara duro, la expresión de su rostro al sentir las nalgadas fue de puro placer.
La seguiría tratando de esa forma, no cambiaria nada a como lo tenia planeado. Tendría que aclararle algunos puntos, y para eso debía de hablar con ella. Hoy. Hoy en la noche la volvería a seducir y le haría prometer que esto seria un secreto entre los dos. Por supuesto que hasta que yo quisiera. Luego de eso la desecharía, pero antes me aseguraría de que Carlisle sufriera como lo había hecho mi madre y mi hermana.
Tenia que hacer que se volviera loca por mí, que me deseara, que solo tuviera ojos para mí, que su lujuria solo la quisiera saciar conmigo y con ningún otro hombre. Ni siquiera con el mismo Carlisle.
Salí de la ducha y envolví una toalla en mi cintura. Me fui a mi habitación y busque mi pantalón de pijama, para dejarlo sobre la cama mientras me secaba el cuerpo y mi cabello; me puse el pantalón y me deje caer en medio de los acolchados, cansado mentalmente.
Mis ojos se cerraron y el sueño me atrapo.
.
Un pequeño zarandeo en mi brazo me despertó, para ver a Carlisle con una sonrisa bien plantada en su rostro. Idiota ¿Y que mierda hacia en mi habitación?
— ¿Qué haces aquí? ¿Quién te dio permiso a entrar? —le pregunté con mi ceño fruncido.
— Yo… lo siento, golpeé pero no se escuchó nada y entré, no pensé… —dijo apresurado y avergonzado a la vez.
—Se muy bien que no piensas Carlisle —me levanté de un salto y fui a abrir la puerta para que saliera—, dime que quieres y vete —hable de forma tosca.
—Solo quería saber si tenías hambre, he traído comida hecha y la mesa ya esta servida, solo tienes que… —no lo deje terminar y le hice seña para que saliera de una puta vez.
—Enseguida voy —asintió y salió. Lo llamé antes de que se fuera del todo —. Carlisle… no vuelvas a entrar a esta habitación —este suspiro y asintió, yendo por el pasillo que llevaba hacia la sala y la cocina.
Cerré la puerta y me encaminé hasta mi guardarropa, busque una playera banca y un jeans oscuro, me los puse y descalzo como estaba salí hacia la cocina, a jugar un rato con la puta que mi padre tenia como pareja.
Caminé en silencio por el pasillo y antes de entrar a la cocina me detuve al escuchar como Carlisle y Carmen hablaban de él.
— ¿Entonces Edward no salió desde que me fui? —preguntó Carlisle y este era el momento de saber sia Carmen yo le atraía algo.
—Esto… no, él no salió para nada, es más no se que estuvo haciendo en su habitación — ¡Puta desvergonzada!
—Carmen por favor hazme el favor de no entrar en su habitación, él no quiere eso —dijo suspirando, lo conocía tan bien que estaba seguro que se estaba tomando de los cabellos. Un gesto suyo de total frustración.
—Claro cariño —ambos me lo iban a pagar.
Me refregué mi rostro lleno de ira y cuando me aseguré de estar calmado entré, con aires de superioridad.
Carlisle se removió en su asiento al verme entrar y Carmen me miró con ese brillo perverso que había visto hoy en la mañana. Me senté en el otro extremo de la mesa y sin mirar a nadie ni decir nada, comencé a servirme en un plato la comida casera que Carlisle había comprado, él había comprado lasaña, sabia que a mi me gustaba esa comida, sin embargo ni siquiera di las gracias.
Sin decir nada comencé a comer. Ninguno dijo nada.
El aire estaba tan denso que se podía cortar con una tijera, mas a mi no me importaba, no cuando yo no tenia porque preocuparme. Se escucho como sonaba un teléfono y Carlisle se disculpo, diciendo que era el suyo y que lo iba a apagar, se levantó y salió de la cocina hacia la sala. Levante mi mirada y Carmen me miraba con una media sonrisa, tuve que quitar mi vista o vomitaría lo que había ingerido hasta ese momento.
—Sabes que lo que has hecho hoy estuvo mal ¿verdad? eso no puede volver a repetirse —levanté mi mirada y me la quede viendo por un unos segundos.
—Lo he gozado tanto como tú lo has hecho, es una lastima yo pensé que esta noche a lo mejor lo podíamos repetir —dije inocente, como si fuera estuviéramos hablando del clima.
—Estas consiente que tu padre nos puede descubrir —justo donde la quería.
—Sí, por eso lo mantendremos en silencio… ¿Quieres o te acobardas? —la tente, sabía que terminaría aceptando.
En su mirada solo había deseo y lujuria, y algo que no pude distinguir, pero tampoco me preocupe. Solo quería que aceptara.
—Vamos… sé que tú lo quieres tanto como yo. Hoy estabas tan mojada, tan necesitada, ¿desde cuando que no tienes sexo con Carlisle? —ella suspiro y tenso su mandíbula.
—De acuerdo, pero solo con una condición…
—No cariño, claro que no. Aquí las reglas las dicto yo —me levanté de la mesa y me acerqué a ella, la tomé por el cabello sin ejercer demasiada fuerza y eche su cabeza hacia atrás. Pase mi lengua por sus labios y le susurre—, así me gustas más, calladita y sin protestar… te esperó dentro de dos horas aquí mismo —y con eso me di la vuelta y salí, dejándola sola.
Me metí en mi habitación, no sin antes ponerle traba. Tome mi almohada y grite, grite hasta que sentí mi garganta arder.
Quería llorar, llorar como un niño abandonado pero no podía, la sed de venganza era mucho más fuerte que yo y verla de esa forma tan descarada y suelta a ella, la mujer por la que mi madre sufría y a él de esa forma tan cariñosa con ella, me hacia hervir la sangre.
Traté de calmarme y me fui al baño, me miré en el espejo y vi el crecimiento de mi barba, algo que me hacia ver unos años mayor. A pesar de tener siempre el mismo rostro, sabía que algo había cambiado. Ya no tenia esa expresión tierna y dulce que mi madre y hermana decían, no, ahora mi rostro era de facciones macabras, sin emociones ni sentimientos algunos, con rasgos duros y contraídos y si para conseguir lo que yo quería tenia que seguir de esta forma lo haría, sin remordimiento alguno.
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Me encontraba en la cocina con un baso de agua en mi mano, mirando aquel liquido transparente con ganas tomarlo, y cuando estuve a punto de hacerlo, ella entro por la puerta de la cocina que estaba a media luz en puntitas de pie y sin hacer ruido.
Deje el vaso con sumo cuidado en la encimera y me acerqué a ella sin esperar que se diera cuenta de mi presencia, tomándola por la espalda y flotando mi miembro sobre su trasero. La muy perra solo tenia puesto un camisón que apenas y cubría lo necesario. Así como estábamos toque sus senos con mis dos manos, eso hizo que jadeara y llevara sus manos a mi cabeza y acariciara mi cabello, una de mis manos se fui hacia el sur de su cuerpo y levante su camisón metiendo mi mano dentro de sus bragas, abriéndome paso con mis dedos entre sus labios vaginales frotando su punto sensible, eso la enloqueció tanto que sus piernas temblaron. La di vuelta bruscamente y la bese con furia al igual que ella a mí.
Quería acabar con esto de una vez. Ya lo había dicho, yo no pensaba ser delicado con ella, así la tomaría y así mismo me pediría ella que la follara.
La tome por los brazos he hice que se sentara en la mesa, hice que se acostara y literalmente arranque sus bragas haciéndola añicos, ella gimió audible.
—Cierra la boca o paramos aquí —le dije tomándola de la mandíbula para que me mirara; ella asintió y trato de buscar mis labios, cosa que no logró, ya que cuando lo intentó yo rompí los tirantes de su camisón dejando al descubierto sus senos, ella inmediatamente llevo una de sus manos a su boca acallando el gran gemido que quiso soltar.
Con mis dedos delinee toda su hendidura; la muy perra estaba sumamente mojada. Metí dos dedos dentro de ella y comencé a bombear rosando aquel punto que sabía que la haría enloquecer, pellizque su pezón derecho y ella misma se tomo del cabello jalándolo…
¡Oh si, estaba enloqueciendo!
—Por favor Edward… —susurro para que pudiera escucharla.
— ¿Por favor qué?
—Te quiero dentro mío, quiero saber si eres tan bueno como tu padre —eso me hizo ver todo rojo, maldita hija de mil puta.
La tomé de las rodillas e hice que las plantas de sus pies los apoyaran en mi pecho y me incline hacia adelante para tomarla de sus hombros. Con una mano baje mis pantalones de chándal junto a mi bóxer, solo para poder liberar mi miembro. Tomé mi miembro y lo introduje en ella duro y de un solo embate. Carmen cerro lo ojos fuertemente y su respiración se aceleró. Tapé su boca con mi mano y comencé a meterme dentro de ella con embestidas cortas y profundas…
—Eres una maldita zorra Carmen… ¿Te gusta así o más fuerte? —ella asintió y solo retire mi mano para que me contestara
—Mmm si, definitivamente eres mejor que tu padre… más… más fuerte cariño — ¡Puta!
—No me llames de esa forma, me repugna que uses conmigo ese apelativo que usas con mi padre —ella jadeo cuando comencé a darle más fuerte, penetrándola con odio y enojo.
—Quiero… estar arriba… de ti —dijo con dificultad.
Quité mi miembro de ella y de manera brusca la quite de la mesa, y tendiéndome en ella, quedando boca arriba, hice que se subiera y se sentara a horcajadas sobre mi pene.
Ella lo tomo con una de sus manos y froto mi punta por su raja esparciendo toda su humedad, jugando, excitándome.
—No juegues conmigo Carmen —dije enojado mientras le apretaba un pezón con mis dedos.
Se dejó caer quedando bien empotrada y comenzó a montarme. Arriba y abajo, arriba y abajo. Su respiración era cada vez más pesada, sabia que estaba por terminar, por lo que la tome del cabello y la atraje hacia mi, la bese y mordí su labio inferior haciendo que sangrara, ella quiso quejarse pero mis penetradas rápidas la hicieron olvidar del dolor. Mordí, chupe y succiones sus pezones. La sentí tensarse y tensar todo su interior alrededor de mi miembro.
No podía verla a la cara mientras me corría, no quería.
La quite de encima y me baje de la mesa rápido, la acomodé de forma que la pude penetrar por detrás, de una sola estocada estuve completamente dentro de ella. Deje caer mi cuerpo sobre el suyo cuando me apretó y fue todo para mí. Me retire apresurado dejándome ir sobre su nalga. Mierda eso había sido una buena sesión de sexo, lastima que había sido con ella.
Me incorporé y acomodé mi miembro dentro de mi bóxer y subí mi pantalón. Carmen aun seguía tendida boca abajo sobre la mesa. Ese orgasmo la había dejado fuera de juego.
Cuando se incorporó de manera dificultosa y se dio la vuelta, giró su cuerpo para poder ver el desastre que le había dejado sobre su nalga, me miro y yo le sonreí de lado, le di un fuerte nalgada, sin importarme el sonido que eso produjo comencé a caminar hacia la puerta de la cocina.
—Has sido buena… muy buena puta hoy —dije sonriéndole, pero lo que me sorprendió fue que ella también lo hizo, su sonrisa fue de haber recibido un lindo cumplido. Idiota.
Me fui a mi habitación y camine directamente a mi baño, me quite la ropa y enseguida prendí el agua de la ducha, metiéndome dentro de ella, enjabonando con gran efusión mi cuerpo, quitándome cualquier rastro de ella, perfume, sudor, saliva… mierda, me repugna pensar en eso.
Volví a repetir lo de esta tarde. Deje que el agua cayera y borrara todo rastro y se llevará cualquier suciedad creada por mí. De pronto sentí que un gran hueco se habría paso en mi pecho, dejándome con la sensación de vacio e insuficiencia. Pero no iba a parar, no lo iba a hacer. No dejaría que estos dos sinvergüenzas siguieran humillando lo que alguna vez fue mi familia, mi madre, mi hermana; las únicas personas que estaba en mi corazón. Y jure jamás dejar que un tercero entre en él. Congelaría mi corazón en este momento, no me permitiría sentir nada más que odio hasta lograr mi cometido.
Cuando salí de la ducha me encontraba mucho mas relajado, busque un pijama nueva y una playera para dormir; me seque el cabello y me metí en la cama. Ya acostado, cerré mis ojos y deje de pensar, quería olvidar, sobre todo lo vivido este maldito día, de lo que había hecho y de lo que vendría en un fututo, por eso debía de ir haciéndome la cabeza, de ahora en más nada seria simple, todo seria complicado.
Solo suspire dejando que el mas profundo de los sueños me llevara, por hoy era suficiente.
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Había pasado una semana, desde que había estado por primera vez con Carmen. Casi todos los días me la follaba; por las mañanas, tardes y noches. Siempre que no estuviera Carlisle lo hacíamos, en las noches en la cocina, en el baño, en la sala, por todo el departamento.
Carmen era toda una puta en la cama. Jamás habíamos estado en mi cama, ni siquiera en mi habitación, pero si en la de ella y Carlisle. Le encantaba que la tratara duro, que fuera brusco, que le hablara sucio, que la tomara del cabello, simplemente era así como le gustaba que la jodieran. Siempre me lo pedía, aunque ella no quisiera de igual forma así la trataría.
Siempre le deje bien en claro que yo solo la quería para follar y nada más. Así lo acepto y sin replicar. Hacia lo que yo quería; si le decía que se pusiera en cuatro y ladrara como una perra, ella lo hacia.
Todas las noches, hacia el mismo ritual. Ducharme por un buen rato, dejando que el agua se llevará toda la suciedad que tuviera encima. Siempre lo hacia, era necesario si quería dormir un poco más tranquilo, porque sentir el perfume de Carmen en mi cuerpo, era realmente espantoso, no lo toleraba y eso me enojaba mucho.
Como también me enojaba y preocupaba, mucho, eran los llamados constantes de mi madre. Solo dos veces pude atender yo y hablar por un largo tiempo sin que ella tuviera que cortar. Las veces que llamaba y atendía Carmen o Carlisle era otra cosa, siempre tenia que cortar antes la llamada porque simplemente no podía hablar por los sollozos que se le atoraban en su garganta. Me enfurecía, me llenaba de odio. Miraba a Carlisle con gran resentimiento. Carlisle. Él era el peor de ellos dos, él tenia la culpa de todo, de caer en la tentación, de que su amor por mi madre fuese tan falso. Me daba cuenta que cada vez que Esme llamaba y atendía él, siempre intentaba hablar un poco más de lo normal, pero ella siempre se negaba y él con los ojos húmedos me pasaba el teléfono. Obtenía lo que se merecía.
Necesitaba despejarme un poco, salir de aquí, de estar casi todos los días encerrado, y por suerte mañana comenzaba la universidad, mi segundo año. Estaba un poco asustado; desde que había comenzado con todo esto, no había tomado ningún libro, ni cuaderno, ni apunte, ni nada.
Ayer me había encontrado con Alice y ella me había comprado algunas cosas, que de seguro me hacían falta, ni siquiera de eso me había percatado, también me regalo un bonito bolso de hombre, muy antiguo estilo Indiana Jones pero con detalles modernos. Si… también lo había comprado en una feria de baúl. Típico de ella.
Estaba tan sumido en terminar de arreglar las cosas que llevaría mañana a mi primer día, que cuando sentí como alguien me pasaba una mano mi espalda di un respingo dándome la vuelta, topándome de lleno con el rostro de Carmen.
— ¿Qué demonios haces aquí? ¿Quién te dio permiso para entrar? —ella sonrió y quiso acercarse hasta donde yo estaba pero no se lo permití y camine hasta la puerta abriéndola.
—Pensé que tal vez podíamos… aquí nunca lo hemos hecho —susurro caminando hasta pararse delante de mi.
—Y tampoco lo haremos ¡Aquí no! metete eso en la cabeza ¡En mi habitación no! sal de aquí —ella me miro con los ojos entrecerrados y con su ceño fruncido. Maldita ramera de mierda.
—Pero… —intento hablar, pero enseguida la corte.
—Pero nada Carmen, no quiero que vuelvas a entrar aquí sin mi permiso ¿Has entendido? —dije de manera fría y con enojo. De ahora en más tendría que cerrar la puerta con llave si quería resguardar por lo menos este lugar en esta casa.
Carmen salió de la habitación no sin antes asegurarme que esta noche no tendría sexo conmigo. Por lo que me importaba. Tomó la puerta y la cerro de un portazo.
—¡Maldita puta de mierda! —le grité, sabiendo que Carlisle no estaba.
Ya era tarde, y la verdad es que no tenia ganas de cenar, por lo que cerré la puerta con llave y me di un baño de inmersión para estar bien relajado para mañana. Estuve media hora en el agua tibia, pero era una sensación exquisita, el cítrico del jabón liquido me había dejado un olor bastante bueno en mi piel, nunca me había percatado de eso ya que nunca me tomaba tanto tiempo para darme un baño.
Cuando salí me busque unos bóxer negro y un pantalón de franela, seque mi cabello y me metí bajo las mantas, deje que el sueño me llegara y así fue. Había caído rendido bajo los brazos de morfeo.
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La noche había sido una completa mierda. Los gritos de la puta de Carmen habían sido la peor de las torturas, varias veces me vi tentado a ir hasta la habitación que compartía con mi padre y aporrearle la puerta, para que ambos dejaran de gritar. Sabia que la jodida de Carme lo hacia a propósito, por lo que yo le había hecho, pero lejos estaba de darle el gusto, por lo que hoy en la mañana con mi mochila al hombro y el mismo semblante de siempre salí, sin dirigirles la palabra. Carlisle me preguntó si no pensaba desayunar por lo que me limite a decirle que luego pararía en algún lugar, y que como hoy era mi primer día en la universidad debía salir temprano para tomarme el bus para llegar, él se ofreció a llevarme pero decline diciéndole que no hacia falta y sin decirle más me fui.
Como había llegado veinte minutos antes de la primera hora decidí tomarme un café en el Starbucks que estaba frente a la universidad. Era muy concurrido por universitarios por lo que asumí que estaría medio lleno, pero como tenia tiempo me arriesgue a ir igual.
Cuando entre al lugar había gente pero no como había pensado, por lo que no me tomo tiempo pedir mi mocca y un brownie. Cuando lo pague salí del lugar y cruce la calle para entrar a las instalaciones, llevé el vaso de mocca hacia mi boca cuando sentí un fuerte golpe en mi estomago, haciendo que todo el mocca se derramara en mi playera.
Esto era lo único que me faltaba. Miré mi playera mientras trataba estúpidamente de secarme con una servilleta, mientras le hablaba a quien había sido el idiota que iba corriendo por medio del campus lleno de alumnos.
—Porque mierda no te fijas por donde caminas —dije sin mirarlo. Mi voz había sonado con gran enojo y desprecio.
—L-lo s-siento yo… perdón —inmediatamente levante mi cabeza al oír esa voz suave y delicada, pero asustada. Y quise patearme la cabeza por haber sido tan brusco.
Era una chica menudita, de tés blanca pero con un precioso sonrojo en sus mejillas ¿había dicho precioso? su cabello era de un color castaño oscuro y podía distinguir unos reflejos medios caobas ahora que el sol daba sobre su costado, sus ojos… mierda eran de raro pero bonito color verde. Había quedado prendado de su hermosura, nunca había visto a un chica tan hermosa como hasta ahora, era simplemente preciosa y… un momento. ¿Qué estaba diciendo? de pronto mi cabeza empezó a formular la palabra detente.
Volví a mirarla y su semblante preocupado se podía distinguir a leguas, decidí que tenía que irme de ahí enseguida, si no quería flaquear. No me seria difícil con una chica tan linda como ella. ¡Detente Edward!
— Enserio, no fue mi intención yo podría… —hablo ella, y juro que sentí que mis piernas se ablandaban.
¿Qué me pasa? Ya no tenia que seguir preguntándome nada, si no quería descubrir cosas que en este momento no me beneficiarían para nada.
—No importa, quítate —dije mas brusco de lo que me hubiera gustado. Pero cuando quise decir lo siento ya había comenzado a caminar lejos de ella. Me sentí mal por haberle hablado así, al fin y al cabo había sido un accidente que a cualquiera le podía pasar.
Si tenia la oportunidad de volver a verla le pediría disculpas, y terminaría con esto, no me volvería a plantear nada más, yo tenia una meta fija en mi cabeza y no tenia márgenes para cosas como estas, no me podía fijar en nadie, si quería llevar a cabo mi venganza. Le pediría disculpas y ya. Ninguna chica podía entrar en mi vida en este momento y ella no iba a ser la excepción. Por mas hermosa que sea.
Espero que les haya gustado y perdón por el retraso... Bueno, como ya ven Edward ha comenzado con su venganza y también ya se ha cruzado con "cierta chica de ojos verdes" jajaja
Ok no tengo nada más que decir y cualquier cosa ya saben...
se las quiere mucho
***Gis Cullen***
