Declaimer: Los personajes de Haikyuu! no son propiedad mía sino de Haruichi Furudate. Esta historia tampoco es mía, pero tengo el permiso del autor para publicarla y dar continuación si en algún caso se encuentre incapacitado para hacerlo.


III

Hinata Shoyo, quince años, metas propuestas a largo plazo, convertirse en un gran jugador de voley. Metas a corto plazo, poder entrar al club de voley sin que el entrenador demoníaco lo mate en el intento.

—¡No hay manera en que lo logre en una semana!—dice jalando sus cabellos.

La euforia del momento lo llevó a cometer una gran locura, de esas que uno sólo es capaz de experimentar en sus días de juventud despreocupada, ahora tendrá jugarse la entrada al club con el entrenador del Karasuno.

Hinata había soñado con poder entrado justo en esa escuela cuando de niño vio un partido televisado, no era como todos los demás, en este había un chico cuya altura estaba muy por debajo de la promedio en los jugadores y aún así se elevaba, casi como un ave en el cielo y marcaba puntos contra cualquier bloqueador, no parecía haber murallas que contuvieran a dicho jugador. Él quería ser así, jugar sin importar su altura y ganar innumerables batallas.

Siguiendo los pasos de tan monumental chico, llegó a la escuela superior Karasuno. Sabía que sería difícil, pero no que sería echado desde el primer día.

Ciertamente apestaba en muchas cosas, en la mayoría en realidad, pero no era su culpa, al menos no totalmente. En la secundaria donde estudiaba no había club de voley masculino, por dos años se tuvo que conformarse con entrenar con los demás clubes, de cierta manera ayudó para que sus reflejos fueron pulidos, sin embargo los aspectos básicos no avanzaron hasta que en su último año cedió ante la idea de entrenar con el equipo femenino.

—No te desanimes—dijo Tanaka dando palmadas en su espalda—. Nosotros vamos a ayudarte ¿Cierto?

Todos sus sempais alzaron el pulgar, en verdad que eso le levantó el ánimo. Todos se turnan para practicar con él entre clase, principalmente Noya, quien es el maestro en las recepciones, aunque es más bajo que él, a Hinata le inspira un montón con aquella actitud tan confiada y habilidades que destacaban del resto. El capitán también se comprometió a ayudarlo, pero lo hará cuando acaben sus entrenamientos.

Asoma su cabeza en la entra del gimnasio, con cautela de que el entrenador no lo vea, no sabe porqué pero cuando sus ojos se encuentran, siente que su estómago sacara lo que tiene dentro.

—Puedes pasar, Hinata—le dice Sugawara con suavidad—. No te preocupes que el entrenador Kageyama se marchó hace un rato.

Asiente con ánimo y entra al lugar.

—¿No tendrán problemas?—pregunta aún dudoso de lo que hace, se sentiría mal si mete a sus superiores en problemas.

Ellos niegan diciendo que nada pasará mientras el mayor no se entere de lo que hacen.

Inician la práctica con lo básico de las recepciones, le corrigen la posición de los brazos y piernas, la altura de la cadera y todo lo demás que no está en orden. Le dan un montón de tiros pero ninguno logra atraparlo ni por suerte, parece una estatua de metal para esto de atrapar el balón.

En uno de los intentos el balón rebota en el pie y termina dándole de lleno en la cara. Sus superiores comienzan a preocuparse de que no lo logre cuando la sangre corre por su nariz.


Al final del tercer día de práctica con sus sempais, no pudo evitar preguntar algo que recorría su cabeza desde que llegó ahí.

—¿Qué clase de persona es el entrenador Kageyama?

A Hinata se le hacía intimidante, aunque todos eran altos en la cancha de voley, aquel hombre tenía un perfil de ser un tirano y sádico de primera. Por lo que había espiado, nunca lo había notado sonreír o hacer alguna clase de broma, era como una clase de robot programado para entrenar y nada más.

—Es… mmm… serio y dedicado con su trabajo—dice Enoshita con una media sonrisa.

—A veces nos invita algo de la tienda—dice el líbero del equipo con alegría—. Principalmente bollos de carne.

—¿Por qué lo preguntas, Hinata?—cuestiona Suga.

—Es que se me hace muy intimidante, como si fuera a golpearte si te equivocas—responde con un poco de vergüenza.

—El entrenador puede parecer malvado, y tan vez lo sea cuando pone sus ejercicios—añade Asahi—o cuando te pones nervioso en los partidos o…

Suga le pega en las costillas antes de que el grandote pueda continuar contando sus traumas y asuste a Hinata.

—No es que sea malvado, es que le cuesta comunicarse—continúa el peligris—pero lo apreciamos mucho.

—Sus entrenamientos han llegado a evitar que nos levantemos el fin de semana—dice Daichi—. Pero él más que nadie creyó que podíamos ser campeones, aún cuando caímos y nadie nos reconocía, él no se rindió.

Todos asienten.

Hinata piensa que tal vez ha pensado mal de él.


Hinata no ha pensado mal de él.

—¿Qué haces tú aquí?—pregunta el hombre con hosquedad.

Los chicos corren queriendo tapar a Hinata, cosa tonta ya que Kageyama ya vio que el chico está ahí. Esperan que su entrenador les de un sermón de los buenos, por meter a alguien que no es del club "oficialmente" al gimnasio y usar el material de práctica. Incluso sienten ya el dolor del castigo que les pondrá a hacer.

—Sólo he dejado mi tabla, Sawamura—responde y pasa sin hacer mucha alarma—. La tomo y me marcho.

Su estoico rostro, los asusta más que los regaños.

—Entrenador—responde el capitán por todo el equipo.

Como líder que es, Daichi piensa asumir la responsabilidad.

—Lo que hagan en su tiempo libre no es asunto mío—dice Kageyama—. Pero si algo hay que decir es que pierden su tiempo en ese chico.

Todos vuelven a sentir las piernas cuando su entrenador se va. Shoyo apuesta a que Kageyama Tobio tiene algo contra él específicamente, sin embargo sus sempais le dicen que está exagerando un poco.

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Ella lo mira, sonríe con gentileza, al igual que lo hacía en el instituto. Tiene tanto tiempo que no se han visto, pero pareciera que no ha envejecido ni un solo día, sólo el corte le ha cambiado pero sigue siendo igual.

Se levanta abruptamente, dos minutos antes de que suene la alarma. Ese sueño lo ha estado teniendo durante la última semana, sueña con la misma persona pero de manera incompleta y sin saber quien es, casi como si su cabeza lo suprimiera a propósito. Decide que no es importante y lo deja pasar.

Estira los brazos muy fuerte y se levanta de la cama.

Hoy será el día en el que Hinata Shoyo por fin acepte su destino. Se siente mal por su equipo que ha dedicado todo su esfuerzo esta semana para ayudar al chico, sabe que le tomaron cariño y ya lo quieren como un cuervo más en la parvada pero así deben ser las cosas.

El golpeteo en el tejado le indica que llueve, el tiempo parece perfecto para el suceso del día, un oscuro y lluvioso ambiente para las malas noticias.

"Yo creo que Hinata tiene la madera para convertirse en campeón"

Quiere creer en las palabras del joven Sugawara, pero no puede... o tal vez no quiere.

Mientras bebe su café, pide que algún día Hinata entienda que hace esto por su bien.

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Dan las cuatro en punto, ni un minuto más ni un minuto menos y el pelirrojo entra a la duela. Con la mirada férrea pero con un ligero rubor en las mejillas, desde que amaneció no se sintió como siempre, el cuerpo está un poco entumecido y la garganta lo molesta cuando traga, ni siquiera pudo comer algo porque no tuvo hambre en el almuerzo. Para terminar la cosa, el día es húmedo porque ha llovido desde el amanecer. Vaya suerte.

Inmediatamente los chicos del club notan que el pelirrojo está fuera de ritmo cuando empieza a calentar, pero nada se puede hacer más que alentarlo y brindarle su buena vibra para que el entrenador lo apruebe.

Cuando llega Tobio, echa todos del gimnasio, la prueba va a ser muy diferente a la que tienen todos prevista. Él y sólo él será quien realice los servicios que debe recibir Hinata, a diferencia de la vez pasada, no habrá límite de tiempo y un sólo servicio recibido limpiamente será el que decida si el pelirrojo entrará o no en el club.

Hinata piensa que es más sencillo de lo que imaginó, él estaba mentalizado para tener que recibir cien disparos pero sólo uno parece pan comido. Sus superiores, que han escuchado desde la puerta cerrada están muy preocupados, nadie, además del capitán ha sido capaz de recibir limpiamente alguno de los saques, del entrenador, porque esas cosas no son simples servicios, parecen cañones asesinos. Empiezan a ver que realmente el entrenador no desea que Shoyo se quede en el club.

—Espero que estés listo—murmura Kageyama apuntando a Hinata con el balón—después de que falles no te quiero lloriquiando cerca de mis jugadores.

—Cuando entre al club, quiero mi playera con el número diez en ella—Hinata se posiciona más que listo para recibir.

Todos miran desde la ventana del gimnasio, temerosos del resultado.

—Ahí va el primero—anuncia Kageyama.

Lanza el balón y salta con destreza, el cuero se amolda al instante con su mano para estrellarlo contra el muchacho.

Hinata apenas y pestañea del asombro, ni siquiera a podido ver cuando el balón pasó a su lado, sólo sintió la pequeña ráfaga jugar con su cabello y el sonido estruendoso de la madera sufriendo por el impacto pero hasta ahí. Abre muchos los ojos cuando ve la cara de superioridad del entrenador, él todo lo tenía planeado.

Se enoja.

Kageyama espera que con esto, Shoyo se rinda y acepte su derrota con dignidad pero la mirada que debería estás baja, arde en llamas.

—¡Uno más!—pide con altanería.

Estúpido mocoso, si quiere guerra, guerra tendrá.

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Ya llevan dos horas así, Tobio sirviendo con rudeza y Hinata fallando miserablemente. Las manos del menor están rojas de todos los intentos que ha hecho, le duelen mucho y siente que su cabeza le da vueltas, sabe que está llegando a su límite pero no piensa rendirse, se lo prometió a sí mismo, a sus amigos y a sus superiores. No va a traicionar el esfuerzo que dieron por él, va a recibir un maldito balón y entrará al club de voley de la escuela Karasuno, va a demostrarle a ese tirano de cabello azul que está hecho para jugar.

En vez de menguar en cada saque, incrementa su fuerza por el enojo de que Hinata no cede. Quiere que ese chico acepte que no es su destino jugar al voley, ahora que sus sueños no han llegado tan alto y que el golpe será ligero, debe de rendirse antes de que la cruel vida le escupa directo en la cara, es mejor para él.

—¡Sólo ríndete!—inicia nuevamente el ritual del servicio.

—¡No lo voy a hacer!—aprieta los dientes—. ¡Sólo yo puedo determinar mis límites y mientras no me rinda, no he perdido!

Al parecer las palabras tienen efecto sobre aquel necio hombre, porque su disparo no viene con la misma fuerza que los demás balones, ni con la misma precisión. Lo ve, como si fuera en cámara lenta, la dirección del balón, pero su cuerpo elige el peor momento para fallar. Los pies parecen que se han clavado al piso y su visión se pone borrosa.

—¡Vamos Shoyo/Hinata!—la voz de sus superiores animando hacen que espabile.

Arriba, vamos piernas!" dice internamente.

Arranca los pies y corre cargando todo lo que tiene hasta esa bola. Debe que recibir esto, no con los puños, con los antebrazos como le dijeron Noya y Suga, cadera hasta abajo guardando el centro de gravedad al igual que el capitán le enseñó, con valentía y sin miedo de lo que pasará después. Y lo atrapa, no le duele, no sabe si es porque lo hizo correctamente o porque de tanto golpe ha perdido la sensibilidad en los brazos ¿A quién le interesa eso ahora? la bola ha regresado exactamente al mismo lugar de donde ha salido.

—Lo hice—murmura.

Ve los orbes azules, incrédulos de lo que acaba de ocurrir, piensa que aunque muchas veces se han enfrentado con los ojos ese hombre y él, esta es la primera vez que admira la profundidad de ese azul marino. Debería odiarlo un poco más, pero le agrada que "él" lo mire de esa manera, como si fuera lo único en el mundo ¿Está mal? sí, lo está y mucho.


Hola!

Puntual, vaya que se siente cumplir con las fechas de entrega, gracias por apoyarnos. No duden en dejarnos un review ya que nos alienta a seguir en racha.

Besos~