Capitulo 3
Llegaron al lujoso edificio. Era un gran complejo con departamentos del tamaño de una casa. Regina levantó la vista al cielo sin alcanzar a ver bien el final de la gran torre. No era prejuiciosa, pero jamás imaginó que la dueña de aquel desastroso mustang viviera en un sitio como este. Emma bajó intentando cubrirse con las manos el trasero apurando el paso inútilmente, agradeció que la puerta de ingreso estuviera abierta. Regina dejó el auto estacionado como pudo y se apuró a seguirla lo más rápido que sus tacones le permitieron.
Al ingresar al departamento, Emma corrió hacia una de las habitaciones. Regina al no ser invitada ni siquiera a pasar se quedó de pie en la entrada y cerró la puerta detrás de ella. Observó el hall. Estaba ordenado y muy decorado. Apenas podía creer que ella viviera aquí. ¿Cómo era su nombre? Ahora que reflexionaba no se lo había preguntado. De hecho no le había interesado hasta el momento. Todo el interior estaba en la gama del blanco y el dorado. Había muy poco color. Salvo en determinados adornos. Caminó discretamente hacia una mesita que estaba a un lado de la puerta principal. Pudo ver unos retratos en ella. Una mujer cachetona de bonitos ojos y un hombre rubio bastante guapo. En el medio y con una sonrisa adorable estaba la que seguramente era "ella". Se veía realmente tierna y feliz. Volvió a dirigir su vista a la gran sala y decidió comenzar a buscar a la rubia. Al fin y al cabo parecía no haber nadie en el lugar. Subió lentamente por la escalera y comenzó a caminar por el pasillo. Sólo había una puerta abierta de la que salía luz. Seguramente allí estaba. Se acercó al umbral y cuando iba a hacerse notar se quedó en silencio. La rubia estaba con la parte inferior de la ropa interior puesta y encima no traía nada. Estaba de espaldas a la puerta por lo que Regina pudo observar detenidamente su espalda. Sus mejillas comenzaron a encenderse. Quería voltear pero por una extraña razón su cuerpo se mantenía inmóvil. La rubia se colocó un pantalón de mezclilla que estaba tirado en el piso y una blusa negra sin nada debajo. Ella se dio la vuelta sin percatarse hasta el momento de la presencia de la doctora. Al verla se sorprendió, pero rápidamente cambió su semblante a uno divertido.
-Es de mala educación no anunciarse cuando se entra a algún sitio. - Regina nerviosamente miró hacia los lados. -
-Lo siento. Es que yo. No sabía. - Ella le sonrió tranquilizándola. Tomo una prenda del amplio closet y se lo entregó. Regina la miraba confundida. -
-No haremos fiesta de pijamas. Sólo necesito que te quites el vestido para poder arreglarlo. - La paleontóloga sonrió aliviada. Tomó la prenda que resultó ser un camisón bastante pequeño para su gusto y se quedó viéndola. -
-No me cambiaré descaradamente delante tuyo como has hecho tu. - dijo con el entrecejo fruncido.
-Yo no me cambié delante de ti, estaba en mi cuarto y viniste a espiarme. -
-¡No vine a eso! te estaba buscando, me dejaste sola allí abajo. -
-Eres muy bonita, pero nadie te secuestrará estando aquí dentro. - se burló. Al ver que estaba nuevamente perdiendo la paciencia decidió hablarle. - cámbiate en mi baño. - le señaló la puerta que estaba detrás de ella. Regina camino un tanto desconfiada hasta que ingresó al cuarto. - Ponle seguro a la puerta si no quieres que te asalte. - Le guiñó un ojo haciendo que la morena se sobresaltara. Ya le había parecido anteriormente que la rubia había coqueteado con ella, pero lo había atribuido a su imaginación. Aunque ahora no había dudas. ¿O sí? Comenzó a quitarse el vestido un tanto desconfiada. Antes de bajarse la parte superior miró por el hoyo de la cerradura que la psicópata estuviera del otro lado. Para su tranquilidad no estaba, así que procedió a quitarse el vestido y colocarse el camisón de raso blanco con puntillas. Se miró al espejo y, a pesar de ser una preciosa prenda, se puso nerviosa al tener que salir con esas ropas. "lo ha hecho a propósito" pensó mientras medía el largo. Suspiró resignada y se decidió a salir. Después de todo, se había cambiado muchas veces en la universidad frente a otras mujeres, había visto a muchas con poca ropa y varias la habían visto de la misma forma, entonces. ¿Por qué ahora sería diferente? No. No debía serlo. Tomó aire y salió. La rubia estaba buscando algo en uno de los cajones de la cómoda. - ¿Ya estás lista? - preguntó sin voltear a verla.
-Si. - respondió ella vestido en mano. -
-Que bien. Aquí encontré el costu... re...ro... - terminó de decir antes de quedarse viéndola con la boca abierta. Regina sintió como la sangre comenzaba a agolparse nuevamente en sus mejillas. Rápidamente se acercó a la cama y tomó con su mano libre un almohadón.-
-¡Deja de mirarme así! - Le dijo arrojándolo directamente a la cara embobada de la rubia. El objeto le dio de lleno. Tanto que el impacto hizo que el pequeño potecito que sostenía en sus manos cayera al suelo desparramando agujas, alfileres e hilos por encima de la alfombra. Emma se llevó las manos a la nariz y la miró con el ceño fruncido. -¡Lo siento! Lo siento de verdad no quise golpearte... tan fuerte.
-No era para tanto. - se quejó agachándose a buscar las cosas. - Siempre me tratas mal y yo no he hecho nada malo. - Regina no pudo evitar sentirse culpable. Luego de unos segundos de pensar, arrojó el vestido encima de la cama y se acercó a ella para ayudarle a recoger las cosas. -
-Lo siento. - volvió a decir ya más calmada. - No sé por qué me puse nerviosa. - Emma levantó la vista hacia ella y le sonrió. Se merecía el almohadonazo por quedarse viéndola como tonta. Nunca había sido buena disimulando. Y no pudo evitar pensar que esa mujer se veía adorablemente sexy en su camisón. Volvió a recorrerla inconscientemente con la mirada sin poder evitar quedarse viendo el escote. Sus pechos estaban libres debajo de aquella suave tela. Y prácticamente podía verlos con libertad desde el ángulo en el que estaba. Regina levantó la mirada y volvió a dirigirle una mirada voraz. - Realmente no se puede contigo. - Emma sonrió y volvió a concentrarse en levantar hasta el último alfiler de su alfombra. - Soy Regina. - se presentó sin mirarla para seguir levantando alfileres. La rubia se volvió a verla sin disimular su felicidad. -
-Emma. - dijo volviendo su vista al suelo.
Terminaron de colocar la última aguja en el costurero. Emma se levantó y caminó hacia la pequeña mesa que estaba junto a los sitiales. Dejó el potecito encima y busco algo nuevo en su armario. Sacó una fina bata de noche blanca y se la entregó a Regina. Ella le sonrió agradecida. Se sentiría mucho más cómoda con un poco más de tela sobre su cuerpo. Emma tomó su vestido de encima de la cama y se sentó. Ella hizo lo mismo en el sitial de enfrente y se quedó observándola enhebrar la aguja en silencio.
-Disculpa si he sido grosera contigo. - dijo Regina para romper con aquel silencio que, extrañamente no le parecía incomodo. - Es que realmente me has hecho pasar un día muy complicado.
-Si, sé que puedo ser insoportable.- sonrió ella dando las primeras puntadas. - Pero no fue mi intención interferir en tus planes. Si hice algo que te perjudicara lo siento mucho. - Regina se cruzó de piernas y apoyó un codo en la rodilla para poder colocar su mano debajo del mentón.
-La verdad no sólo me has complicado a mí. Sino a todo mi equipo. - Emma la miró con atención. - Soy paleontóloga, y ésta tarde tenía una cita con una señora que intercedería por una importante donación a la asociación del museo. Tenía que hablar con ella para explicarle lo ocurrido. Pero luego de plantarla en el partido de golf y nuevamente ésta noche en el restaurant, estoy segura que no donará ni un centavo.-
-Bueno, puedes explicarle que te entretuvieron. -
-No es tan simple. - suspiró. - ¿Como le explico a la señora Green la forma en que salimos del club? -
-¿Realmente ibas a encontrarte con Zelly? - Regina sonrió. -
-No, no Zelly, Zelena Green es una de las... - respondió con ternura como si le explicara a un niño. -
-¡Por supuesto! ¡Zelly! Es la abogada de mi madre. Haría cualquier cosa que yo le pidiera. Yo iba a cenar con ella ésta noche. - Emma saltó emocionada de la silla. - Póngase el vestido. - dijo pasándoselo. - Iremos al club nuevamente y si no la hallamos allí, iremos a Riverdale.
-No aguarda un momento. - El terror volvió a invadir a la morena. Sabía que nada bueno podía salir de la rubia.- Ya es tarde. No tiene sentido. - Emma empujó suavemente a Regina hacia el cuarto de baño nuevamente. - tú vístete y déjame el resto a mí.
-Mmm...-
-¡Anda! ¡Anda! - Cerró la puerta y buscó una cómoda chaqueta en su closet. Espero a que Regina saliera. - estamos listas. Bien, no creo que Zelly aun este en el restaurant así que mejor vamos a su casa. -
-Aguarda son casi las diez. No puedo ir hasta Riverdale es más de media hora de viaje. -
-Claro que puedes yo misma te llevo. - dijo Emma entusiasmada. -
-Tengo que estar con Robin a las diez treinta en el Carnegie Hall. -
-¿Robin? ¿Qué Robin? - preguntó cambiando el tono de su voz a uno más apagado. -
-Robin. Mi prometido. - respondió con naturalidad.
-Prometido para... ¿Casarse? - la decepción se hizo dueña del rostro de Emma. -
-Claro que si. - respondió Regina sonriendo. - Para eso se compromete la gente. -
-Que lindo. - una sonrisa falsa se enmarcó en sus labios. - Entonces no le importará esperar. - Emma se adelantó a salir sin decir nada. Regina la siguió intentando no quedarse atrás. -
-Por lo menos me gustaría avisarle. -
-No te preocupes. Si yo fuera tu prometida te esperaría toda una vida si fuera necesario. - La rubia se adelantó hacia la salida. En parte para no hablar más del tema y por otro lado para ganarle el puesto de conductor a la doctora.
Emma manejó mucho más lento que de costumbre. Agotando la poca paciencia que Regina había estado acumulando en el rato que habían estado juntas. Al punto en que se demoraron cincuenta y cinco minutos en llegar a Riverdale. La doctora miraba atenta por la ventanilla. Se estaba dando cuenta de algo además de querer matar nuevamente a la rubia que tenía al lado.
-¡Mira! Al fin la he encontrado. - Ingreso al estacionamiento bruscamente haciendo que Regina se sujetara del interior del vehículo, bajó del auto y se dirigió al pórtico de entrada. Seguida atentamente por de la doctora.
-Emma. - la hizo voltear llamando su atención. - ¿Acaso todas las casas aquí son iguales? -
-No, no lo creo, ¿Por qué? - preguntó haciéndose la desentendida. -
-¡Porque hemos pasado seis veces por ésta en la última hora! - se exasperó. Emma sonrió divertida. -
-No sé de qué te quejas, es una hermosa noche para pasear. - se dio la vuelta y corrió hacia la puerta. Regina iba a replicar pero mejor la siguió. Después de todo. La razón y la coherencia no funcionaban con ella. Estaba furiosa. Robin de seguro aún la estaba esperando. Mal día para salir con su teléfono móvil descargado. -
-No hay ninguna luz prendida. Debe estar durmiendo. - comentó al ver hacia las ventanas.
-¡Tonterías! Es demasiado temprano para que este acostada. -
-Es probable que si te esperaba, se haya tapado hasta la cabeza. - bromeó
-Regina, si no me dejas de molestar no te ayudaré. -
-Quizás eso sea lo mejor. - murmuró al ver como la rubia tocaba desesperadamente el timbre de la casa. Lanzaba miradas hacia la planta de arriba e intentaba inútilmente ver a través del vidrio superior de la puerta. - Bien, no está bien despertarla a altas horas de la noche. - Emma seguía tocando insistentemente el timbre. -
-Bueno, no hay problema si no despierta porque yo sé dónde queda su cuarto. - emprendió camino hacia la parte trasera de la casa.
-Por favor Emma, no puedes entrar a la casa de alguien por la ventana. - intentó hacerla razonar.
-Por supuesto que no puedo, está en el segundo piso. - Regina la miró suplicante. Sabía que algún desastre se avecinaba. -
-¡Zelly! - empezó a gritar hacia la segunda planta.- ¡Zelly soy yo! ¡Emma!. -
-Por favor, mejor vámonos, ya es muy tarde. - trató de tomarla del brazo pero la rubia se soltó. -
-¡Zelly! ¡Soy Emma! - continuó mientras Regina se cubría el rostro con las manos avergonzada. Al ver que no obtenía respuesta la rubia se dio media vuelta dirigiéndose a un árbol cercano.
-¿Qué estás haciendo ahora? - Emma recogió unas piedrecitas de la tierra y las agrupó en sus manos.
-Golpearé suavemente la ventana. Así pensara que es granizo y saldrá a cerrar. Genial ¿Eh? - Regina se quedó con la boca abierta.
-¿Genial? No seas ridícula no funcionará. Sólo lograrás molestar. Por favor vámonos. - Emma no hizo caso. Las piedras golpearon el vidrio fuertemente. Simulando una suave lluvia. Ambas mujeres se quedaron observando la ventana que daba al balcón expectantes. Emma arrugó la nariz y dio media vuelta.
-Quizás no fueron lo suficientemente grandes. - La paleontóloga continuó observando. La puerta del balcón se abrió y una adormilada Zelena se asomó por el barandal extrañándose al verla de pie en su jardín. La saludó con la mano volteando rápidamente hacia Emma que bruscamente se levantó y lanzó una pierda aún más grande llegando a darle a la pelirroja en el medio de la frente. -
-¡Idiota!- gritó Regina al ver como la mujer caía tumbada en el piso. -
-¡Corre! - la tomó de la mano guiándola por el jardín hacia el escarabajo amarillo. - ¡Mamá me regañará por esto! - comentó encendiendo el motor del auto con una sonrisa.
-¿Cómo puedes ser capaz de alegrarte? - no podía creer la falta de consciencia de aquella mujer. Era tan peligrosa como un simio con una navaja. -
-Debes admitir que fue divertido. Mañana la llamaré para ver como está. -Regina se cruzó de brazos. Ya había sido suficiente de la rubia por el día de hoy. No quería volver a verse arrastrada a ninguna de sus locuras nuevamente.
-Llévame hasta el restaurant por favor. - no dijo una palabra más hasta bajarse del vehículo. -
-¿Qué harás aquí? Está todo cerrado. - Regina se dio media vuelta y apoyó sus codos en la ventanilla que Emma había bajado.
-En primer lugar buscaré mi auto. Porque por tu causa he pasado el día más estresante y humillante de mi vida. -
-No te preocupes por Zelena, mañana hablaremos con ella y todo estará bien. -
-Emma, te lo agradezco pero... -
-Oh no ha sido nada. - otra vez aquella sonrisa tonta que la dejaba pensando.
-Pero todo tiene un límite. Además mañana por la tarde me caso y esa es toda mi preocupación. - la rubia comenzó a reír ante una desconcertada Regina que la veía sin entender bien. -
-¿Por qué te casas? - ella abrió grandes los ojos. -
-Pues... Porque sí. No me interrumpas. - las carcajadas de Emma se hicieron aún más sonoras. - Eres la persona más irritante que he conocido en mi vida. Mi futuro esposo siempre me ha creído una mujer digna. Admito que por una milésima de segundo me has caído bien. Pero nuestra relación ha sido un verdadero desastre de principio a fin. Así que veré a la Señora Zelena sola y completamente desarmada. Emma dejó de reír y fijó sus ojos en los de Regina.
-¿Sin mi?- preguntó lastimosamente.
-Por supuesto. Sin usted. - respondió con frialdad.
-Ahora me tratas de usted. - Emma hizo pucheros sin dejar de mirarla. -
-Buenas noches Emma, y espero no volver a verla nunca. - Dio media vuelta y se alejó de ella. Dando un pequeño tropezón antes de llegar a la entrada del estacionamiento. La rubia sonrió al verla voltearse un tanto avergonzada. Totalmente regia continuó como si nada y se perdió detrás de una pared. Emma sonrió. No le importaba nada de lo que ella le hubiera dicho. Si Regina tenía sus planes para el día siguiente muy bien, pero ella tenía los suyos.
¡Hola chicas! muchas gracias por el apoyo.
espero les haya gustado este capitulo. A mi en lo
particular Emma me parece adorable jejeje
Veremos luego que se trae la rubia entre manos.
Dejenme sus reviews, así me animo a seguir escribiendo.
