Ladybug y Chat Noir acababan de pelear contra un poderoso villano. Éste akuma en particular, tenía el poder de clonar a los demás. Solo que el clon que aparecía era maligno, sacaba el peor lado de todos. Y esa oscuridad poco a poco iba acabando con el lado bueno, provocando que se quedará profundamente dormido. Ya que absorbía las energías positivas.
Había sido bastante difícil derrotar a ese villano, pero después de una larga batalla, ganaron.
Marinette iba caminando hacia su hogar, porque la transformación había terminado antes de lo previsto. Era de noche, pero no sentía miedo. Ya faltaba pronto.
De pronto, un ruido proveniente de unos arbustos cercanos captó su atención. Bajó su mirada y se encontró con unos ojitos amarillos mirándola.
—¿Qué es eso? —preguntó Tikki saliendo del bolso de su portadora. Ahora estaba flotando cerca de su hombro, como intentando esconderse.
—Creo que se trata de un animal, déjame ver bien.
Marinette se agachó y observó fijamente los arbustos. Los ojos desaparecieron. Ella con algo de inquietud acercó su mano, recibió un rasguño.
—No te preocupes, no te haré daño... —susurró y comenzó a mover sus dedos de modo que hicieran un sonidito llamativo. En ese momento, un salto se sintió en ese pequeño lugar.
Esta vez, Tikki sí se escondió en el bolso. Ella no esperaba eso.
Marinette por su parte no esperaba encontrarse con un pequeño gatito. Era definitivamente un bebé de unos dos o quizás tres meses. A pesar de la oscuridad se podía apreciar que su pelaje era tricolor, negro, blanco y naranja.
—¡Pero si eres un bebé! —al principio el gatito se negaba a que Marinette lo cargará, solo que al mostrarle una galleta se dejó tomar. La azabache no observó con curiosidad y vio que su rostro era muy llamativo.
Su lado izquierdo era negro, en el centro tenía algo de naranja y todo lo demás era de color blanco. Era un gatito muy llamativo, realmente era hermoso. Incluso, parecía tener un antifaz. Lo que la hizo reír un poco.
—Me recuerda un poco a Chat Noir, porque parece tener un antifaz —comentó Marinette.
Tikki salió del bolso y vio al felino, sonrió, aunque mantuvo su distancia.
—¿Y qué harás? No puedes dejarlo aquí, es de noche y...
—Pueden aparecer perros y acabar con él —instintivamente le dio un abrazo. Era pequeño y delgado, aparentemente lo habían tirado a su suerte —. No entiendo cómo pueden existir personas capaces de tirar a animalitos indefensos —suspiró —. El problema es que mis padres no me dejan tener gatos, o cualquier otro animal. Ya sabes, tenemos la panadería y pueden generar un desastre —explicó.
—¿Qué haremos? —Tikki también se veía preocupada.
—Lo llevaré a casa. Dormirá en mi habitación y mañana veré que haré con él. Ahora necesita cuidados.
Con suma delicadeza metió al felino entre su chaqueta, pudo sentir como el pequeño tiritaba un poco y sintió mucha tristeza. Quizás por cuánto tiempo estuvo ahí, solito.
Cuando llegó a casa sus padres ya estaban dormidos, era realmente tarde. Subió las escaleras y en su habitación colocó al pequeño en su cama. Al encender la luz, pudo ver que estaba un poco sucio.
Tomó una toallita húmeda y limpió lo más que pudo al pequeño. Poco a poco su pelaje comenzaba a verse un poco más limpio, solo que no brillaba. Mañana tendría que comprar algún shampoo anti pulgas o algo similar.
—Es hermoso —comentó admirándolo —. Le daré algo de comida.
Fue a la cocina y sirvió algo de leche en un plato, tuvo que subir con mucho cuidado de no derramar nada. Dejó la leche en el suelo y al instante el gatito ya estaba bebiendo con desesperación.
—Sí que tenía hambre —comentó Tikki algo preocupada. Tikki tenía una galletita entre sus manos, pero al ver la situación en la que se encontraba, le dio su galleta partida al gato. Él comió feliz —. Es por una buena causa —suspiró.
—Ahora le pondré una camita.
Marinette extendió una manta de polar en los pies de su cama, en ella colocó un muñeco. Así el felino no se sentiría tan solo.
Esperaron pacientemente a que comiera. Luego, Marinette lo acostó. Ella se puso su pijama y también se acostó.
Pensó que sería una noche tranquila, pero estaba equivocada.
El pequeño travieso se bajó de la cama y empezó a tirar pertenencias de Marinette. Su maniquí favorito terminó en el suelo. Eso despertó a ambas chicas.
—¡No! ¡Eso no está bien! —recogió el maniquí y después se volvió a acostar. No tardó en dormirse.
Luego, el pequeño felino había arañado la silla fucsia de Marinette. No conforme con eso, intentó salir por la ventana, pero no pudo. Se pegó un gran cabezazo por travieso.
A eso de las dos de la mañana comenzó a maullar pidiendo comida. Tikki se despertó, le dio otra galleta. Pero más tarde, tiró los libros de colegio de Marinette. Ella cansada se despertó para recogerlos, no se dio cuenta de que el libro de Matemáticas había sido mordisqueado.
Cuando la gata no dejaba de llorar, Marinette pensó que era porque quería dormir. Así que decidió dejarla en su cama. Grave error.
—¡No puede ser! ¡orina de gato! —la azabache salto de la cama. Sentía sus piernas húmedas.
—¡Es un torbellino!
—Mañana cambiaré todo —vio que ya eran las cinco de la mañana —. Durmamos una hora más. Aún tengo sueño.
—¿Cómo no? Es un pequeño revoltoso, no se ha quedado quieto en toda la noche.
Cuando se volvieron a acostar, el pequeño felino encontró las telas y los estambres de Marinette. Así que empezó a jugar con ellos. Como aquello se muy silencioso, nadie escuchó nada.
Poco a poco todo comenzó a enredarse entre los muebles de la azabache. Parecía un espectáculo digno de un circo y el gatito estaba feliz.
Cuando Marinette finalmente despertó, lo primero que hizo fue caerse de la cama. Y no por torpeza, sino que se enredó con algo.
—¡¿Qué es esto?!
Observó su habitación llena de telas, parecía todo un enredo difícil de reparar. Quiso gritar, pero se contuvo.
Cuando vio al responsable de aquél desastre, se percató de que estaba durmiendo en su silla. Se veía tan pacífico.
—Hasta que te quedas dormido, pequeño —estaba considerando nombrarlo como Simón, en caso de que fuese un niño, y de ser niña, Luna era un buen nombre.
Su puerta se abrió y el rostro de su madre se puso transparente. Era idéntica al cuadro "El Grito" en ese momento. Ella también se puso pálida.
—¡Marinette! —gritó su madre.
Pero antes de que alguna pudiera decir algo más, un fuerte olor a pan tostado inundó la habitación. Eso fue suficiente para que Simón/Luna se despertase y bajará corriendo la escalera. Quería comida.
Al escuchar el grito de Tom, Sabine bajó corriendo las escaleras. Marinette lo intentó, pero no pudo, porque volvió a caer.
—¡Esto es malo, es muy, muy malo! —gritó mientras desataba sus pies para poder salir corriendo a ver lo qué sucedía abajo.
Ella bajo sin concentrarse en el desastre que era su habitación. Abajo de encontró con su padre con rostro de pocos amigos.
—¡Me quitó mi sándwich! —sollozo su padre —. Un mal día para comer atún.
—¡Marinette! ¿Cómo se te ocurre haber traído un gato? —su madre no ocultó su enojo ni por un segundo. Su rostro estaba rojo debido a la ira —. ¡Te hemos dicho cientos de veces que tenemos una panadería! ¡no puedes traer animales aquí! Además, no contamos con el espacio suficiente.
Su madre seguía discutiendo, ella se sentía muy apenada. A pesar de tener al animalito por poco tiempo, ya se había encariñado bastante con el. No quería que se fuera.
—Cariño, el gato acaba de dejar sus necesidades... —gracias a su padre, Marinette se percató de que el felino acababa de defecar en el suelo de la cocina, cerca del pie de su padre. Ahora sí que su madre se veía enfurecida.
—¡Tienes que encontrar un nuevo hogar para el gato ahora! —ordenó Sabine. Marinette tomó al felino y comenzó a correr —. ¡Pero primero limpia esto!
*
Después de haber limpiado lo que hizo el felino, Marinette tomó su mochila escolar. Dentro metió al gato, y después salió de casa cabizbaja. Su habitación quedaría así, después de clases tendría toda la tarde para ordenar.
En el camino a clases se sorprendió un poco al toparse con Adrien.
—¿Marinette? ¿recién iras a clases? —preguntó Adrien con una sonrisa. Esas sonrisas que son capaces de derretir a la azabache —. Es que ya son casi las diez —el rostro de la muchacha se transformó en una expresión de horror.
—¡Es que tuve muchos problemas en casa! —respondió casi gritando —, encontré un gato o una gata, aún no tengo bien claro eso. Creí que podría esconderla durante una noche, pero no pude. Las cosas se complicaron y ahora mis padres quieren que se la dé a alguien. El problema es que no sé a quién —todo eso fue dicho a una velocidad impresionante. A Adrien le costó un poco entender del todo a su amiga.
—¿Dices que tienes que regalar un gato? —ella asintió —. Vaya... qué lío. Tus padres deben estar muy molestos al tener que cuidarlo mientras tú éstas en clase.
—Pues... —antes de que ella tuviese la oportunidad de decir aunque sea una palabra, fueron interrumpidos por un maullido proveniente de la mochila de la chica. Adrien abrió los ojos con completa sorpresa.
Se acercó lo suficiente como para abrir la mochila de su amiga y al hacerlo fue sorprendido por un gato tricolor. Su rostro era simplemente adorable.
—¡Marinette! ¡no puedes llevar un gato al colegio!
—Lo sé... —respondió ella apenada —, pero tampoco podía dejarlo con mis padres. Sino, ellos se enojarían muchísimo más. ¡Entre en pánico!
Adrien sabía que lo que iba a proponer lo pondría en muchos problemas a él, pero no tenía otra opción. Si podía ayudar a su amiga, lo haría sin importar las consecuencias.
—Yo no tengo que ir a clases, porque tuve una sesión fotográfica en la mañana y él director me permitió faltar a clases por hoy —informó —. Y como tengo el día libre, puedo cuidar al gato. Lo mantendré escondido.
—Te lo agradezco mucho, pero, ¡no puedo permitirlo! ¡te meterás en muchos problemas!
Él sonrió. Sabía de antemano aquello, pero era tierno que ella también se preocupara por él.
—Tranquila, sé lo que hago.
*
Adrien subió a su habitación y dejó salir al pequeño felino de su bolso. El gatito salió y comenzó a olfatear todo a su alrededor.
—¿Qué es eso? —preguntó Plagg —. ¿Por qué se te ocurrió cuidar a un gato?
—Porque...
Adrien no pudo responder aquello porque sintió un gruñido. Al bajar la vista pudo notar que se trataba del felino. Su pelaje estaba erizado y estaba en posición de ataque mientras observaba a Plagg.
—¡Otra vez no! —Plagg se alejó flotando.
En la habitación de Adrien comenzó una verdadera persecución. El gato perseguía al kwami por todas partes. Tiraron ropa, sillas y otras pertenencias. Adrien corría detrás de ambos intentando sostener al felino.
—¡Adrien, protege mi camembert!
Gracias a aquél grito, Adrien bajo a buscar algo de comida. Encontró un poco de atún, del modo más rápido posible lo colocó en un plato y subió corriendo. Lo dejó en el suelo y el gatito se calmó, empezó a comer enseguida.
—¡Gracias! —Plagg se dejó caer en el hombro de Adrien.
—Ahora tenemos que comenzar a ofrecer a este pequeño huracán. Aunque... primero tenemos que averiguar su género.
Después de que terminó de comer, levantó del suelo al pequeño animal y sintiéndose completamente incómodo revisó su trasero. El problema fue que no comprendió nada. Nunca había tenido un gato antes.
—¿Tú dices que es un niño o una niña? —pidió la ayuda de Plagg.
—¿En serio crees que sé de esto?
—¡Eres un gato! ¡deberías conocer mejor a los de tú especie!
—Soy un kwami, no un gato. ¡No me compares con esa máquina asesina!
Sin perder más tiempo, Adrien buscó en Internet cómo diferenciar a los gatos y a las gatas. La verdad es que no entendió mucho, pero aún así revisó distintas páginas y vio algunas imágenes.
—Según lo que entendí, es un niño —determinó. Tomó su celular, para poder sacarle una foto al felino, al cual decidió nombrar Simba.
¡Fue todo un desafío! Simba se movía mucho. Intentó saltar por la ventana, se trepó al piano, arañó las cortinas y finalmente, hizo pis en el suelo. Pero luego de muchos intentos, consiguió tomar una foto decente del felino.
Durante el transcurso de la tarde, cuidó lo más que pudo al felino. Era muy inquieto y bastante llorón, aunque también tierno. En un momento se había acostado en las piernas de Adrien acurrucado como una bolita. El corazón de Adrien se derritió.
Decidió juntarse con Marinette en el parque. Tenía que contarle que ya tenía a una persona interesada en Simba. Y era alguien de confianza.
*
Ambos adolescentes estaban sentados en una banca. Simba estaba acostado en las piernas de Marinette. Ella estaba derretida al escuchar como un gato tan pequeño ya ronroneaba. Se sintió feliz al pensar que él la recordaba.
—¡Muchas gracias por cuidarlo! —agradeció como por quinta vez la azabache. Adrien rió.
—¡Es que no te imaginas todo lo que hizo!
Adrien le relató todo de modo detallado. Ella escuchaba y no podía evitar reír, tenía razón al decir que era un torbellino. Cuando el finalizó, ella le contó lo que hizo en su habitación.
—Tardé horas en terminar de limpiar —admitió.
Repentinamente la azabache comenzó a llorar y Adrien no pudo evitar sentirse incómodo. Estaban conversando tan bien, no comprendía que le había afectado tanto.
—Lo siento, es solo que me encantan los animales y siempre he querido tener una mascota —admitió —. Y aunque estuve poco tiempo con él, me parece un amor de gatito. Le tengo mucho cariño y me cuesta dejarlo ir —lo abrazó.
Adrien estaba enternecido. —. Te entiendo. A mí tampoco me dejan tener mascota, es una lástima —dio un suspiro de decepción. En ese momento sus ojos se centraron en la recién llegada —. Pero estará bien, eso te lo aseguró.
—Claro que estará bien. Mi padre me dejó porque ama a los animales y yo vigilaré bien que mis hermanas no lo vuelvan loco —aseguró Alya. El rostro de Marinette se iluminó al ver a su mejor amiga. ¡Era la persona ideal!
Instintivamente volvió a abrazar al pequeño Simba.
—Cada vez que vengas a casa podrás verlo. Te mandaré fotos, vídeos y lo que quieras —prometió —. Y ten por seguro que cuando tenga la edad suficiente, éste pequeño será castrado.
—No podría confiar más en alguien —con algo de tristeza Marinette soltó al felino. Ambas amigas se abrazaron y luego la azabache volvió a sentarse al lado de Adrien, que la abrazó por los hombros.
—Estará bien... —le dijo a modo de consuelo. Ella asintió en agradecimiento.
—Amigos, hay solo una cosa que quiero aclarar —la morena aguantaba sus carcajadas —. Es una niña, no un niño —ambas chicas comenzaron a reír debido a la confusión y el rostro de Adrien se puso rojo de la vergüenza. Definitivamente, no entendía a los gatos.
*
La tristeza que se siente cuando tienes que regalar a una mascota es horrible u.u
En este one shot mi gata Luna tiene su propia aparición. Y eso de no saber el sexo del gato realmente me pasó. Siempre pensé que Luna era un niño, hasta que una señora me confirmó que es una niña xD
