Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento, basada en el anime de Kyoto Misuki. Las situaciones y actitudes de los personajes son producto de mi imaginación y autoría.

Un Compromiso

Capítulo 3

Por Sofía Morrison

Eleanor pasó la noche en el cuarto de Terry, velando su sueño. Al entrar a verlo, después de Susana, sólo le dijo que todo saldría bien y permanecieron el silencio. Eleanor no encontraba las palabras para consolarlo y Terry de todos modos no se hubiera podido consolar con nada. Una chica rubia no se salía de sus pensamientos. "Candy… ¿qué haré ahora?" se preguntaba pensando en ella.

Después de que Terry despertara y desayunara en compañía de su madre, ésta tuvo que irse al teatro. Se sentía un poco culpable por dejarlo pero para ella siempre habían estado primeras sus obligaciones.

-Vendré más tarde, ¿de acuerdo?- le dijo, despidiéndose y dándole un beso en la frente.

-No es necesario Eleanor.- dijo Terry.

Estaba preocupado y de mal humor. Eleanor no dijo nada y se fue. Entendía el mal humor de su hijo. Terry tenía todo el derecho a estar enojado con el mundo. Pero Eleanor volvería. No podría dejar nunca a su hijo solo en una situación así.

Chicago

Candy saldría con sus amigos por la ciudad. Todos querían estar con ella antes de que partiera a Nueva York. Candy había invitado a Albert, pero él se había excusado, diciendo que iría al trabajo.

-Pero, podrías alcanzarnos más tarde.- dijo Candy, insistiendo.

-Tal vez. Si no termino muy cansado, iré.- dijo Albert, intentando sonar convincente. Candy no quería irse y dejar a Albert así de serio y triste con ella, así que lo abrazó fuertemente. Albert quería resistirse pero no pudo y respondió el abrazo.

-Significaría mucho para mí.- dijo con su cabeza en el corazón de Albert. Albert tembló ligeramente, pues temió que Candy notara su acelerado pulso. –Además, no me iré muchos días.- dijo Candy.

-¿Para cuándo es el boleto de regreso?- preguntó Albert. ¿Cómo no se lo había preguntado antes?

Candy, temerosa, deshizo el abrazo. ¿Se enojaría Albert al saber que Terry no le había mandado ese boleto? Se giró para no mirar a Albert a los ojos.

-Bueno…- empezó a hablar Candy. ¿Por qué se sentía tan insegura? –Es que, Terry olvidó mandarlo.- dijo, girando para ver la reacción de Albert.

Albert se quedó callado por unos segundos. Quizás Candy no entendía por qué Terry no mandaría boleto de regreso a Chicago, pero Albert entendía perfectamente. Terry no tenía intenciones de dejar que Candy regresa. La convencería para que se quedara con él. Trató de ocultar sus emociones.

-Seguramente lo olvidó. Pero será mejor que me apresure para ir al trabajo.- dijo Albert retirándose a su cuarto.

-Albert…- dijo Candy muy bajo. La reacción de Albert había sido negativa, justo como ella había esperado.

Candy pasó el día con sus amigos, pero pensando en su conversación con Albert. ¿Por qué se comportaba de esa manera?

-Candy, te pregunté si ya tienes vestido para el estreno.- dijo Annie, haciéndola reaccionar. Candy regresó al presente.

-Ya sabemos que estás emocionada pero hoy has estado muy… rara. Como si estuvieras pensando en otra cosa.- dijo Patty.

-Eso es cierto Candy. ¿Está todo bien?- preguntó Annie.

Candy se sintió avergonzada. En lugar de estar contenta porque finalmente vería a su… a su novio, seguía pensando en el comportamiento de Albert.

-Lo siento. Todo está muy bien, en serio.- dijo ella con una sonrisa.

"Seguro Albert está así porque me extrañará. Después de todo, nos hemos vuelto muy cercanos." pensó Candy, buscando una conclusión para poder concentrarse en otros asuntos.

El día transcurrió rápidamente. Albert nunca se les unió. Candy no se había hecho ilusiones al respecto pero sí se sintió triste cuando, tras esperarlo, nunca apareció. Los chicos se fueron al ver que Candy no tenía casi nada de entusiasmo y, por la ausencia de Albert, supusieron que ambos se habían disgustado.

Nueva York

Susana Marlowe pasó casi todo el día en los ensayos con Henry, el nuevo Romeo. Todos comentaban que él lo hacía muy bien, pero no se comparaba a Terry, además de que Susana, por estar enamorada de Terry, actuaba mejor con el inglés que con Henry.

Al terminar el ensayo Susana se dirigía al hospital a visitar a Terry cuando vio a su madre, la señora Marlowe.

-Susana, no pensarás ir a ver a Terruce, ¿o sí?- le preguntó. Susana se quedó desconcertada.

-Por supuesto que sí. ¿Por qué lo preguntas?

-Susana, hija, suena triste decirlo, pero aunque ames a ese muchacho él ya no tiene futuro. ¿Qué clase de vida te espera a lado de un…- Susana la interrumpió muy molesta.

-No digas lo que sea que ibas a decir. Terry me salvó la vida. Siempre le estaré agradecida por eso. ¿Que qué clase de vida me espera a su lado? Ni te preocupes madre. Terry no me ama. Yo sé que él nunca se casaría conmigo. Pero no lo dejaré, ¿entiendes? El que él haya perdido una pierna sólo es muestra de su gran valor y del sacrificio que hizo por mí y que yo nunca podré pagarle.- dijo Susana. Su madre estaba atónita.

-¡Susana Marlowe! ¿Cómo te atreves a hablarme así? Además, tú misma acabas de decirlo. ¿Qué haces con él si él no te ama?

-No me importa que él no me ame. Me conformo con tener su amistad y con brindarle toda mi ayuda. Yo no lo amo por ser correspondida. Lo amo por ser como es, sin importar que él quiera a alguien más.- dijo Susana y hasta ese momento una chica rubia se apareció en sus pensamientos. –Candy… Lo siento madre, iré a verlo.- dijo Susana retomando el camino hacia el hospital, pidiendo un coche.

-¡Susana! ¡Entiende Susana! ¡Él no te conviene!- le gritó su madre en vano.

Susana pensaba en Candy. Ella iría al estreno de la obra. "Seguro Candy te tiene muy preocupado, Terry." pensó. El coche llegó rápidamente al hospital y Susana corrió a la habitación de Terry. Llamó a la puerta y entró.

-¿Terry?- preguntó parada en el marco de la entrada. Terry se incorporó en su cama al verla y dejó de leer un libro que tenía en sus manos.

-Pasa Susana.- le dijo y Susana sonrió. Ver a Terry realmente iluminaba su mundo.

-¿Cómo estás? ¿Cómo te has sentido?- le preguntó ella ya más de cerca.

-Bien. Aún me siento cansado pero mejor, supongo.- dijo Terry. Él se notaba nervioso y Susana sabía la razón.

-Estás nervioso, ¿cierto? Estás nervioso porque Candy vendrá.- le dijo Susana.

Por supuesto que le dolía que Terry pensara en Candy, pero ella sabía lo mucho que Terry amaba a Candy. Terry se sintió descubierto. Su humor empeoró.

-¿Acaso me lo estás reprochando?- le preguntó molesto.

-¡No! ¡Claro que no! Yo no tengo ningún derecho a reprocharte nada Terry, lo siento.- dijo Susana disculpándose y tocando la mano de Terry. Pero el daño ya estaba hecho.

-De todos modos, lo que Candy haga no es de tu incumbencia.- le dijo, tomando el libro dispuesto a seguir leyendo e ignorar a Susana.

Susana se sintió un poco herida y enojada. Se acababa de pelear con su madre por él, estaba dispuesta a ayudarle con Candy y él la trataba así.

-Terry… Entonces me imagino que tú irás, así como estás, a recogerla a la estación, ¿cierto?- le dijo ella enojada.

Terry estaba callado, ignorándola, pero por dentro molesto y confundido. ¿Acaso Susana, la joven con cara de no romper ni un plato, acababa de tratarlo con sarcasmo? ¿Era esa la misma Susana frágil que no lo contradecía nunca?

-¡Terry! Estaba intentando ayudarte. Estaba dispuesta a ir por… Candy a la estación. Pero si crees que tienes una mejor opción, adelante. Haz lo que quieras.- dijo Susana y se marchó.

Terry nunca había estado tan sorprendido. ¿Esa había sido Susana o su imaginación? Pero no tuvo mucho tiempo a solas para meditarlo pues su madre acababa de entrar.

-¿Era esa Susana?- le preguntó señalando hacia afuera.

Terry asintió fingiendo desinterés, con el libro entre sus manos.

-Parecía muy molesta.- dijo Eleanor, tratando de hacer que su hijo le dijera algo.

-Quién sabe.- dijo Terry. Entonces dejó de pensar en Susana y recordó a Candy.- Eleanor… Quisiera pedirte un enorme favor.- le pidió Terry. Las cosas que tenía que hacer por su pecosa. Eleanor lo miró extrañada. ¿Terry pidiendo favores?

-Claro Terry. Dime.- lo animó a seguir hablando. Terry tragó saliva y su orgullo.

-Mañana… Mañana llegará Candy a Nueva York. Yo la había invitado al estreno de la obra pero comprenderás que en vista de las circunstancias no podré ir por ella.- dijo Terry apenado. ¿Qué pensaría Candy cuando supiera del accidente? Eleanor se sintió triste por su hijo. ¿Qué haría Candy al verlo?

-Por supuesto hijo. Entiendo. Tú estate tranquilo.- dijo Eleanor levantándose. –Ahora descansa porque mañana verás a Candy.- le recordó en un vago intento por animarlo. Terry le sonrió, actuando.

-Gracias. Llega temprano, pues viene en el primer tren de Chicago.- le dijo Terry. Eleanor asintió y se marchó.

-Pecosa… Tal vez sería mejor que no vinieras…- dijo Terry.

Chicago

Candy se sentó en la sala, a leer el periódico mientras esperaba a Albert. Hasta que se hizo de noche, llegó Albert, caminando sigiloso para no hacer ruido, pues no había visto que Candy seguía en la sala. El departamento estaba oscuro así que él sólo vio una sombra. Al acercarse descubrió que era Candy, profundamente dormida con el periódico encima. Albert se acercó y le tocó la cara.

-Candy…- dijo con una sonrisa.

Le recogió un rizo, poniéndolo detrás de su oreja y la tomó entre sus brazos para cargarla. En cuanto la alzó, cargándola como a un bebé, Candy se pegó a su pecho. Albert la llevó hasta su recámara, donde le quitó los zapatos y la arropó. Le dio un beso en la frente.

-Al menos, me quedo con un muy hermoso recuerdo, pequeña.- le dijo y se fue a su habitación.

Se recostó en su cama, y a pesar de que se sentía cansado no podía dormir. Pensaba en Candy y en Terry.

-Las intenciones de Terry son tan obvias. No planea que Candy regrese. Le propondrá matrimonio y cuando Candy vuelva aquí ellos ya estarán comprometidos o tal vez hasta casados. De todos modos yo no podía hacer nada. He tratado de mostrarme alegre con ella pero sólo de recordar que mañana se va… Candy, pecosa, haría lo que fuera por verte feliz y si Terry te hará feliz, adelante.- pensó Albert, tratando de dormir.

A la mañana siguiente Candy se levantó muy temprano. Se dio un baño y se vistió, lista para ir a la estación. Al salir de su cuarto vio a Albert, también arreglado para salir. A ella le pareció extraño verlo listo tan temprano.

-Albert, ¿qué haces despierto?- le preguntó Candy.

Albert le sonrió. Se había sentido culpable por haber sido seco con Candy y había decidido enmendar su comportamiento. Además el pensamiento de que no sabía por cuánto tiempo dejaría de ver a Candy lo atormentó demasiado.

-Quiero acompañarte a la estación.- le dijo. Candy sonrió.

-¡Por supuesto! Me gusta mucho tu compañía; vamos.- dijo Candy abriendo la puerta.

Albert tomó la maleta para cargarla él y emprendieron la caminata rumbo a la estación.

-¿Cómo te fue ayer con los chicos?- le preguntó Albert. Candy se sentía radiante. Albert era el mismo de siempre.

-Muy bien, aunque nos hiciste falta.- Candy recordó algo. –Un momento… Tú ayer me llevaste a mi cama.

Albert involuntariamente se sonrojó.

-Pues… sí. ¿Qué hacías dormida en el sofá?

-Era obvio: te estaba esperando. Pero no llegabas y me quedé dormida. Bueno, gracias. ¿Llegaste muy tarde anoche?

-No hay de qué y llegué como a media noche.

-¿Puedo saber a dónde fuiste?- le preguntó Candy.

-Puedes. Fui a dar un paseo. He tenido dolores de cabeza.- confesó Albert. Candy se asustó.

-¡Albert! ¿Por qué no me lo habías dicho? No debiste venir si te sientes mal; tal vez yo debería quedarme a cuidarte. Posiblemente te duele porque falta poco para que recuperes la memoria.- Candy estaba alarmada. El ego de Albert creció al notar la preocupación de Candy.

-No te preocupes tanto, pequeña enfermera. Ojalá la recupere pronto.- ya casi llegaban a la estación.

-Albert…

-¿Sí?

-Cuando recuperes la memoria prométeme que no te irás. No quiero que te vayas y me dejes.- le pidió Candy dejando de caminar.

Albert, al escucharla, también se detuvo. Tomó a Candy por los hombros y la atrajo hacia él. La abrazó. Se separó de ella, tocó su rostro y le dio un beso en su frente.

-Nunca Candy. Nunca te dejaré. Pase lo que pase siempre estaré ahí para ti, ¿de acuerdo? No estés triste. Eres más bonita cuando ríes que cuando lloras.- le dijo tocándole la barbilla. Candy se quedó muda al oír la última frase.

-¿Qué dijiste?

-Eres más bonita cuando ríes que cuando lloras.- le repitió Albert un poco confundido. -¿Por qué?- Candy pensó que seguramente ella ya le había contado de su príncipe de la colina y de esa frase.

-Por nada…- dijo quedándose callada. Albert pensó que Candy se había sentido incómoda por el beso en la frente, así que vio su reloj.

-Hay que seguir si quieres llegar a tiempo.- dijo Albert retomando el paso. Candy lo siguió en silencio, pensando en las cosas tan bonitas que Albert le acababa de decir.

Al llegar a la estación vieron a un joven de lentes y cabello oscuro.

-¿Stear? ¿Qué haces aquí?- preguntó Candy. Stear no sabía que Albert fuera a ir, así que se sintió un poco incómodo.

-Yo… quería venir a despedirte. No sabía que vendrías, Albert.- dijo Stear sonriendo y ocultando su nerviosismo.

-Bueno, gracias por venir a despedirme Stear.- dijo Candy. Vio el reloj y supo que ya era hora de subir al tren.

-Creo ya es tiempo.- dijo Candy. Abrazó a Stear y a Albert. –Hasta pronto.

-Ten buen viaje Candy.- le deseó Stear.

-Suerte.- le dijo Albert y se despidieron con la mano.

"La dejaste ir. La has perdido." pensó Albert. Quería distraerse.

-Stear, ¿tienes algo qué hacer hoy?- le preguntó. Stear lo miró extrañado.

-Pues… sí. ¿Por qué?

-¿Qué harás hoy?- Stear no supo si confiar en Albert o no pero se arriesgó.

-Iré a enlistarme en la guerra.- dijo decidido. Albert comprendió por qué había querido ir a despedir a Candy; temía no volver a verla.

-Stear… Vamos a dar un paseo.- le dijo.

Albert sabía lo mucho que Candy sufriría si Stear se iba a la guerra. No lo permitiría. Lo haría que cambiara de parecer.

Continuará…

¿Qué tal? La pecas ya va rumbo a NY y se encontrará con una muy mala noticia. ¿Cómo reaccionará al ver a Terry? ¿Cómo reaccionará Terry? SUGERENCIAS Y COMENTARIOS EN REVIEWS. Ya saben que sus comentarios me animan mucho a seguir con ésta historia loca.