Disclaimer: Ni Kingdom Hearts ni Fairy Tail me pertenecen, ambos pertenecen a sus respectivos creadores.

Capitulo 2: Bienvenido

Riku se acomodó lo mejor que pudo en el asiento del tren, intentando no llamar mucho la atención. No tenía ni idea de adonde demonios se dirigía, pero no había tenido más remedio que subirse al tren.

Cuando despertó en el callejón pensó que, antes que nada, debía encargarse de sus heridas, así que, recorrió la ciudad buscando a algún moguri, unas simpáticas criaturillas que estaban dispersadas por todos los mundos y que se dedicaban al comercio.

En su día, les compró muchos objetos curativos, desde pociones a elixires, que le ayudaron mucho.

Desgraciadamente no encontró a ninguno, pero sí que encontró una tienda de pociones, donde entró y preguntó por cualquier objeto que fuera capaz de sanarle.

A pesar de que el vendedor intento convencerle para que comprara pociones que podían darle desde "vida eterna" a "la mejor de las suertes con las mujeres", Riku no se tragó tal estafa y, después de mucho insistir, al fin le ofreció lo que estaba buscando.

Riku, complacido, saco los platines que le quedaban para pagar... ahí fue cuando la cosa empezó a torcerse.

El vendedor, al ver los platines de Riku y su intención de pagar con ellos empezó a gritarle que su dinero era falso, que si era un falsificador, que le echaría una maldición y demás tonterías. Eso no tendría que haber sido tan malo si en ese momento no hubieran estado pasando por ahí unos agentes del gobierno, de la ley o lo que demonios fueran, que seguramente estaban ahí para detener al tipo de anoche que tenía esa extraña flauta.

Estos, al escuchar los gritos, entraron para ver que ocurría y cuando el bastardo del vendedor les dijo (gritó) que había intentado pagar con dinero falso empezaron a perseguirlo.

Y si, perseguirlo, porque Riku no tenía intención de dejarse capturar, así que salió corriendo.

El joven de cabellos plateados, sabiendo que con sus heridas no podría escapar durante mucho tiempo, intentó perderlos lo antes posible.

Después de unos minutos de huida, encontró por casualidad la estación, y, sin que nadie se diera cuenta, se coló en el primer tren que pudo.

Afortunadamente, el tren no tardó mucho en ponerse en movimiento, y, aunque no tenía ni idea de donde iba, era mejor que quedarse en una ciudad donde le perseguían por falsificación.

No es que no le importara que lo tacharan de criminal, él respetaba la ley y todo eso y que pensaran que era un falsificador no le gustaba nada. No obstante, no podía dejarse capturar.

No podía responder a preguntas como, de donde era o como había conseguido ese "dinero falso".

Hablar de la existencia de otros mundos estaba prohibido, aunque, cuando Mickey se lo conto le pareció absurdo, es decir, Sora, Kairi y él siempre habían sabido que habían mas mundos aparte del suyo. No obstante, habrían razones para que se prohibiera hablar de ello, así que la mejor forma de no quebrantar esa ley no escrita era no dejarse capturar.

Además, en el caso que lo atraparan, ¿que iba a decir? — No es mi problema que de donde yo venga el dinero sea diferente al vuestro. ¿De donde vengo? De otro mundo, ¿acaso no es obvio? — Se reirían o creerían que estaba loco, ambas en el peor de los casos, y lo encerrarían y eso no era una opción viable.

Hoy no es un buen día...— Pensó mientras intentaba no pensar en el dolor o la fiebre, así que, buscando algo con lo que distraerse, se encontró a sí mismo pensando en las palabras del aquel anciano, pero sabio, hombre que se había encontrado la noche anterior.

Al principio, el ser humano era un ser débil. La soledad le inquietaba...

Cuanto más recordaba esas palabras más se sentía identificado con ellas.

Al sentir que el tren se detenía, miró por la ventana y vio que había llegado a la estación, así que, con esfuerzo, se levantó y salió del tren, esperando que en este lugar su suerte cambiara.

Nada más bajar, observó un cartel -Estación Oshibana- ponía.

Mientras Riku salía de la estación, las palabras del pequeño hombre volvían a resonar en su mente.

Yo fui débil...y esa debilidad permitió a la oscuridad entrar en mi corazón — Empezó a razonar. —. Después de eso, Maléfica me hizo creer que Sora se había olvidado de Kairi y de mi. Finalmente encontré a Kairi y descubrí que había perdido su corazón. En ese momento me sentí más solo que nunca, así que me sumergí en la oscuridad.

Me cubrí de sombras para evitar ver la realidad, pero eso no cambiaba nada... y cada vez que pensaba en eso me sumergía un poco más en la oscuridad.— Mientras intentaba ignorar los recuerdos de su pasado, Riku observó la ciudad.

Los edificios le recordaban bastante a los de Vergel Radiante.

Siguió avanzando por las calles notando que había muchas personas que llevaban el mismo traje que los que le habían perseguido hacía un rato.

Por un segundo, Riku se asustó, pensando que estaban ahí para detenerle a él, pero deshecho esa idea al ver el gran número de personas que había. Nadie enviaría a tanta gente solo para detener a un falsificador de dinero, además de que era imposible que supieran a donde se dirigía o en que estación se bajaría... ¡no lo sabía ni él mismo!

Ese era otro problema... No tenía ni idea de donde estaba. Necesitaba información y no tenía ni idea de cómo conseguirla.

Durante el año que trabajo con DiZ, este siempre era el que se encargaba de la información, desde un mapa de la zona que necesitaba explorar hasta la cantidad de gente de dicho mundo.

¿Como conseguía DiZ esa información? Quien sabe... Pero si tenía los recursos para construir un superordenador en el sótano de una mansión abandonada, también los tendría para reunir esa información, ¿verdad?.

Dejando eso de lado... el punto era que necesitaba información y, la mejor forma de conseguirla era actuando como lo haría Sora... preguntando al primer desconocido que pareciera agradable...

Nadie dijo que fuera un gran método.

Recorriendo las calles acabó llegando a una plaza donde se encontraba una gran fuente de agua que estaba rodeada por bancos.

Como en el resto de la ciudad, habían bastantes personas uniformadas.

Riku pasó su vista por toda la gente que se encontraba en la plaza hasta que se detuvo en un anciano que se encontraba sentado en un banco, observando a un niño que, probablemente, sería su nieto.

Riku empezó a caminar hacía el anciano mientras se preparaba mentalmente.

Él no era Sora, no podía simplemente acercarse a un desconocido y hablarle como si lo conociese. Por no decir que su contacto con otra gente se vio muy reducido en todo el año anterior.

Aun así, se acercó y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dirigió a él lo mas respetuosamente que pudo.

— Disculpe. — El anciano posó su vista en Riku.

— Hola muchacho. — Dijo mientras formaba una amable sonrisa. — He acertado. — Pensó el de cabellos plateados. — ¿Puedo hacer algo por ti?

— Bueno... — Riku apuntó con el pulgar hacia un grupo de tres personas con misma ropa que sus perseguidores. — ¿Quienes son ellos? ¿Porque hay tantos? ¿Es que ha ocurrido algo?

El hombre dirigió su mirada a donde Riku señaló. — ¿Te refieres a ellos? Son agentes mandados por el consejo mágico.

— ¿Consejo mágico? ¿Qué es eso? — Pensó el portador de la llave espada, no obstante, el anciano, que no había notado la perplejidad de Riku, siguió hablando.

— ¿No te has enterado? — El anciano no esperó a que Riku respondiera. — Ayer un gremio oscuro hizo un atentado en la estación. Descarrilaron un tren y, por lo que he oído, querían matar a la gente con una magia extraña usando los megáfonos que se encuentran afuera de la estación, afortunadamente, consiguieron pararlos antes de mataran a nadie. Los agentes del consejo mágico han venido a detenerlos pero parece que algunos han escapado y están registrando la ciudad antes de que escapen.

Había algo que no encajaba... ¿como demonios iban a matar a la gente usando los megáfonos?

Espera un momento...— Riku empezó a recordar los eventos de la noche anterior. — ¿Estaría esa extraña flauta involucrada con todo esto?¿Eso significa que si escuchas esa flauta, mueres? — Antes de seguir divagando, una última pregunta pasó por la cabeza de Riku.

— ¿Que es un gremio oscuro? — Ante tal pregunta, el anciano levanto una ceja.

— ¿Qué? — Preguntó el anciano extrañado. — ¿No sabes que es un gremio oscuro? — Riku únicamente negó con la cabeza. — Eso es bastante extraño... ¿De dónde eres? — Ahí estaba, la última pregunta que Riku quería escuchar.

— Bueno... — Riku empezó a rascarse la mejilla. — De un sitio bastante lejano... — Técnicamente era cierto.

—Ya veo.— Respondió el anciano, no muy convencido con esa pobre respuesta.— Básicamente, un gremio oscuro son gremios que, a pesar de que el consejo mágico les ha dado una orden de disolución, siguen activos.

— Entiendo.— Riku resistió el impulso de preguntar sobre que era un gremio, aunque tenía bastante curiosidad.— ¿Sabe dónde puedo obtener información sobre los gremios?

— Eso depende... si quieres saber sobre los miembros de un gremio, lo mejor es comprar una revista mágica, pero si quieres encargar una misión puedes enviarles una carta.

— Muchas gracias. — La información no había sido demasiado útil, pero era mejor que nada.

Riku se dio media vuelta dispuesto a irse, pero antes de que se alejara el anciano le habló.

— Un momento joven... ¿por casualidad sabes utilizar magia?

— Sí... se usar magia.

— En ese caso... si quieres entrar en un gremio deberías coger un tren hacía magnolia, allí hay un gremio llamado Fairy tail.

Así que los gremios están formados por gente que sabe utilizar magia... — Riku únicamente asintió como respuesta, mientras su mano izquierda se posaba en sus costillas, en un vano intentó por aguantar mejor el creciente dolor y, sin perder más tiempo, se marchó

No estaba en el mejor de los casos, el dolor y la fiebre iban en aumento, estaba hambriento, no podía usas su dinero y en su estado actual no se veía capaz de colarse otra vez en un tren.

Estaba jodido.

Sin nada más que hacer, empezó a vagar por la ciudad.

Al llegar a una calle donde apenas había gente se paró abruptamente al sentir una presencia oscura, no, eran varias.

Giró su cabeza hacía la derecha, posando su mirada en un edificio de unos dos pisos, de color granate, tenía dos ventanas en cada piso, y todas tenían echadas las cortinas, por lo que era imposible ver que ocurría dentro.

Riku chasqueó la lengua, sí solo había sentido esas presencias cuando éstas se encontraban a tan poca distancia, significaba que estaba peor de lo que creía.

El joven de cabellos plateados, meditó acerca de la situación. Había dos opciones, o en esa casa se encontraban algunos o todos los criminales que se habían escapado o simplemente allí vivían personas no muy agradables.

En cualquiera de los dos casos, no iba a quedarse con los brazos cruzados.

Se acercó hasta la puerta y observó a su alrededor.

No había nadie en la calle, ahora era el mejor momento para hacer algo.

A unos dos metros de la puerta, la llave espada apareció en su mano y la apuntó hacia la cerradura. Un pequeño rayo de luz salió de su arma y entró en la cerradura.

Después de brillar y un casi insonoro "clock", la puerta se abrió.

Lentamente, entró en la casa. Escuchaba murmullos de la planta de arriba, aunque no entendía nada de lo que decían.

Con cuidado, cerró la puerta y avanzó por el pasillo, buscando las escaleras para llegar a la planta superior.

En circunstancias normales, podría encargarse de la situación sin problemas, pero en su estado actual, el elemento sorpresa era lo mejor que tenía.

Afortunadamente, al final del pasillo, a la derecha, encontró las escaleras, pero cuando estaba a punto de subirlas, se recargó en la pared, intentando recobrar el aliento. Su visión empezó a tornarse borrosa, el dolor era cada vez más insoportable y cada vez que respiraba era como si le clavaran un puñal. Ni siquiera podía concentrarse lo suficiente para saber el número exacto de enemigos que tenía.

Aspiró todo lo el aire que pudo y, haciendo un último esfuerzo, subió las escaleras.

Nada más llegar arriba, vio una puerta, a unos 5 metros de distancia. De allí salían las voces.

Seguía sin entender que murmuraban, pero ya no se debía a la distancia. Necesitaba acabar con esto pronto.

Estando a apenas 2 metros de la puerta, su pierna izquierda flaqueó y calló, no obstante, antes de caer al suelo se agarró a un pequeño mueble de madera, tirando un jarrón que, al tocar el suelo, se rompió en pedazos.

Riku, al escuchar como los murmullos del otro lado de la puerta aumentaron de intensidad hasta que casi se convirtieron en gritos, supo que había perdido el factor sorpresa.

Ahora todo dependía de su suerte.

Definitivamente estaba jodido.

La puerta se abrió bruscamente y de ella salieron dos personas.

Ambas llevaban ropas holgadas y tenían sus caras tapadas, por lo que Riku no pudo saber cómo eran.

— ¡¿Había otro?! — Preguntó el primero, se notaba nervioso y enfadado, además su voz era masculina.

— ¡No puede ser! — Respondió el otro, también era un hombre. — Hemos registrado la casa de arriba a abajo, no había nadie más.

Ambos se acercaron al joven de cabellos plateados y lo agarraron por los hombros para empezar a arrastrarlo hasta la habitación. Riku, indefenso, no tuvo más remedio que dejarse arrastrar.

Una vez dentro, tiraron de forma violenta al héroe de la oscuridad al suelo, lo cual solo ayudo a que el dolor fuera más intenso.

Riku, aun en el suelo, abrió levemente el ojo derecho, que se abrió de forma desmesurada, al ver a dos personas, un hombre y una mujer, sentadas en el suelo, ambos estaban atados de pies y manos y amordazados.

Al lado de los dos rehenes, se encontraba una tercera persona, cuyo rostro también tenía tapado.

— ¿De donde ha salido? — Su voz también era masculina, y no parecía contento.

— ¿Y yo que sé? — Uno de los otros respondió mientras el tercero, se dirigía hacia una ventana que se encontraba al fondo de la habitación y, moviendo levemente la cortina, empezó a observar el exterior.

— Se supone que habíais registrado la casa.

— Y eso hemos hecho.

— Oh, si, por lo que veo, lo habéis hecho muy bien.

— Púdrete, ¿Quien te ha nombrado líder? — Se acercaron hasta que se quedaron a unos escasos centímetros. Iban a pelear en cualquier momento.

— Vosotros dos, parad de una vez. — Habló el tipo que seguía observando el exterior. — No hay nadie fuera, así que no creo que nos hayan descubierto, seguramente es un ladrón que creía que no había nadie en la casa y se ha colado para robar.

— ¿Colarse? — El que estaba más cerca de los rehenes preguntó con tono burlón.— ¿Acaso estas ciego? Esta moribundo, es imposible que haya podido forzar la puerta o las ventas.— Dirigió una mirada a Riku, el cual había conseguido sentarse apoyando su espalda en la puerta.

— ¿Como crees entonces que ha entrado? — Preguntó, dejando de mirar afuera y girándose para mirar a su compañero.

— Es obvio... Se ha escondido en algún lugar de la casa y...

— Y como no lo hemos encontrado, ha subido para a decírnoslo y fardar de ello, ¿verdad? — Ahora era él el que usaba un tono burlón.

Aprovechando la discusión, Riku se puso de pie, aun apoyado en la puerta.

— ¡Eh, tú! — El tipo que se encontraba más cerca de Riku, que había ignorado la discusión de sus compañeros, dirigió su vista hacía Riku y empezó a acercarse. — ¿Quien te ha dado permiso para levantarte? — Se acercó y cogió a Riku por el cuello del chaleco

Era ahora o nunca, sin contarse a él mismo, habían cinco personas en la habitación. A unos tres metros, se encontraban los dos rehenes sentados, a su lado, uno de los criminales. El segundo criminal, se encontraba justo delante de él, y, el tercero y último, se encontraba delante de la ventana, unos 4 metros a su derecha .

Cerró los ojos, concentrándose, intentando dejar el dolor en un segundo plano.

—¡Te estoy hablando!— Gritó el criminal, mientras acercaba su rostro al de Riku hasta quedarse a solo unos centímetros de distancia.

Riku abrió los ojos mientras agarraba con su mano izquierda el hombro derecho del hombre y asestarle un cabezazo que provocó que la nariz del hombre quedase destrozada, mientras este soltaba a Riku, no obstante, el joven de cabellos plateados no aflojo su agarre y, utilizándolo como apoyo, golpeó el estomago del hombre con su rodilla derecha. El hombre, que ya había perdido la consciencia, fue empujado a un lado, mientras Riku extendía su mano derecha y la apuntaba hacía el criminal que estaba al lado de los rehenes. De su palma abierta salió una esfera de energía, de un color blanco azulado, más conocida como raíz tenebrosa, que se estrelló en la cara de su objetivo, dejándolo fuera de juego, aunque Riku chocó contra la puerta de su espalda debido al retroceso de su técnica, simplemente apretó los dientes, soportando el dolor y rápidamente apuntó una vez más con mano derecha hacía el último criminal, y disparó otra raíz tenebrosa. Este último, solo llego a cubrirse con sus brazos antes de que la técnica le impactara y lo elevara en el aire, destrozando la ventana que estaba a su espalda, cayendo desde el primer piso.

Todo ocurrió en no más de 5 segundos.

Riku, suspiró aliviado, mientras invocaba su llave espada y se acercaba a la pareja, aun amordazada, que, al ver la espada, empezaron a forcejear e intentar gritar.

En cuanto estuvo bastante cerca, cortó las cuerdas de ambos, que, al verse liberados, se quitaron las mordazas y se abrazaron.

Ambos tendrían entre 30 y 35 años. El hombre tenía un cabello castaño y largo, atado en una coleta, llevaba unas gafas redondas y sus ojos eran de color negro. Su vestimenta consistía en una chaqueta marrón, debajo de esta una camiseta blanca, unos pantalones negros y zapatos también marrones.

La mujer, también tenía el cabello castaño y le llegaba hasta la mitad de la espalda, sus ojos eran de un color verde y llevaba un vestido purpura, además de una pulsera en su mano derecha.

Ambos llevaban el mismo anillo en la mano izquierda.

— Muchas gracias joven, nos has salvado. — El hombre le dirigió una mirada agradecida a Riku, mientras reforzaba el abrazo con su pareja.

— No le des importancia — Jadeó mientras se daba media vuelta, dispuesto a irse. —. Deberíais llamar a los agentes del consejo mágico mientras podáis.

— ¡Espera! — La mujer se desprendió del abrazo para agarrar del brazo al de cabellos plateados. — Déjanos compensarte por tu ayuda.

— No será necesario. — Respondió sin girarse .— Solo pasaba por aquí, he notado una presencia oscura y me he encargado de ella... cualquiera abría hecho lo mismo. Lo siento, pero tengo prisa. — Sentenció.

No quería ser grosero, pero estaba al límite y seguía estando en un callejón sin salida, no sabía qué hacer o adonde ir.

—¿Estas de paso?— Preguntó el hombre mientras se agarraba el mentón de forma pensativa.— En ese caso... déjanos pagarte el viaje de vuelta, es lo mínimo que podemos hacer.

— Yo... no puedo volver a casa... primero tengo que encontrar a un amigo.

— Si estas buscando a alguien...— La mujer se puso a su lado mientras le sonreía.— quizás deberías pedir ayuda a un gremio de magos.

— No necesito ayuda, ademas no tengo dinero. — Aunque era más correcto decir que su dinero no valía.

— Nosotros pagaremos todo.— Dijo el hombre decidido mientras, la que seguramente era su mujer, asentía conforme.

— No puedo aceptar eso.

— Entonces...— La mujer volvió a hablar.— deberías hablar con ellos, no solo aceptan dinero, quizás si les explicas tu situación podáis llegar a un acuerdo.

— Por favor — El hombre se situó a su lado. —. Hay un gremio en Magnolia, llegaras enseguida cogiendo un tren, al menos déjanos pagarte el viaje.— Mas que pedírselo parecía que le estaba suplicando.

Riku no era estúpido, sabía que si no aceptaba su ayuda estaría en grandes problemas, lo mejor que podía hacer ahora mismo era buscar a Sora y si en un gremio podían ayudarle debía, por lo menos, preguntar, sin embargo, tampoco quería aprovecharse de estas personas.

Es decir, dudaba que fueran a matarlos, seguramente ese trío de malhechores los habrían mantenido como rehenes hasta que las cosas se calmaran y se irían de la ciudad, dejándolos atados en su casa. Como mucho, habrían pasado una mala semana y, aun así, se mostraban demasiado agradecidos, como si les hubiera salvado la vida.

—Está bien — Finalmente cedió, pero ,en cuanto consiguiera algo de dinero, les devolvería hasta la última moneda. No pensaba aprovecharse.—. Pero antes, deberíais aseguraros de que detienen a estos tres.— Ahora que lo pensaba, no se había asegurado si el criminal que se había caído por la ventana había perdido el conocimiento como sus compañeros.

Afortunadamente así fue.

Mientras que la pareja iba a avisar a los guardias, Riku se dirigió a la estación — Hay preguntas... que prefiero no responder —. Es lo que les dijo cuando les pidió que mintieran a los guardias diciendo que no sabían dónde se encontraba.

Durante poco más de una hora, Riku espero a que aparecieran, sentado en las escaleras de la estación, intentando recuperar el aliento.

Si hubiera aprendido magia de curación en su momento, ahora no estaría en esta situación. A diferencia de Sora o Mickey, él se especializó en el ataque y aprendió algo de defensa, nunca se imaginó en una situación como esta.

Finalmente, la pareja llegó a la estación a un paso apresurado.

— Lo siento — El hombre habló por los dos. —. Pero necesitaban que respondiéramos a unas preguntas.

— No os preocupéis. — El de cabellos plateados se levantó con esfuerzo, cosa que no pasó desapercibida para el matrimonio.

— ¿Estas bien? — Pregunto la mujer.

—Si...— Mintió. — Solo estoy un poco cansado.

Aunque ninguno de los dos se creyó eso, simplemente se miraron y entraron los tres a la estación.

Estando al fin a las puertas del tren, Riku se giró para despedirse de la pareja.

— En cuanto pueda les devolveré el dinero, lo prometo.

No se esperaban esa declaración, no obstante ambos sonrieron.

— No es necesario — El hombre habló —. No te imaginas lo mucho que nos has ayudado, no sé qué habría pasado si no hubieras llegado.

— No es para tanto. — Riku insistió. — Yo solo... — Antes de que pudiera continuar, la mujer le interrumpió.

— No, te equivocas. — La mujer tenía una amplia sonrisa, cogió con ambas manos la mano derecha de Riku, por alguna razón, sus ojos estaban vidriosos. —Te debemos mucho, nos has salvado.— Dicho esto coloco la mano de Riku en su estomago.

El joven de cabellos plateados, estuvo mirando el estomago de la mujer unos segundos, confuso, hasta que finalmente lo comprendió.

Cerró los ojos, mientras una sonrisa aparecía en su rostro, además de una cálida sensación en el pecho.

— Entiendo. — Fue lo único que dijo. Subió al tren y, antes de que las puertas se cerraran, el hombre le habló.

— Espera, ¿cómo te llamas?

— ...Riku.

— Bien, Riku, si alguna vez vuelves, no olvides visitarnos, ¿vale?

— Siempre serás bienvenido. — Añadió la mujer, justo antes de que se cerraran las puertas.

Riku asintió y el tren se puso en marcha.

La pareja se quedo en la estación, observando como el tren se perdía en la lejanía y cuando lo perdieron de vista, el hombre habló.

— ¿Sabes? — Preguntó, mientras agarraba la mano de su mujer. — Riku es un buen nombre.

— Si... — La mujer, con su mano libre, se acaricio el estomago. — Si que lo es.


Entre el mar de dolor que azotaba su mente y cuerpo, un pensamiento que le molestaba desde que llegó a ese mundo afloró.

Todos los mundo estaban rodeado de pura oscuridad. Con el conocimiento y control adecuado sobre la oscuridad, una persona podía conectar con la oscuridad que rodeaban a los mundos y abrir portales para viajar de uno a otro. Aunque la única forma de conectar con esa oscuridad era utilizando la oscuridad de uno mismo, seres llenos de luz, como las princesas del corazón, nunca podrían hacerlo.

Esa oscuridad era casi tan inmensa y profunda como el propio reino de la oscuridad. Con su poder, para Riku, sentirla era tan fácil como respirar, aunque eso no era precisamente bueno.

¿Que es la oscuridad sino ira y odio? Sentir aquello día y noche, durante cada hora, cada minuto, cada segundo era una tortura, afortunadamente, nadie tenía la capacidad de sentir la oscuridad con tanta facilidad, ni siquiera los incorpóreos, nadie, excepto Riku. A pesar de ello, jamás se quejo o pronunció palabra sobre ello, era lo que se merecía por sucumbir ante ella, al menos eso era lo que siempre se decía a sí mismo.

El "problema", por muy contradictorio que sonara, era que no podía sentir esa oscuridad. Por lo tanto le era imposible abrir un portal. Estaba atrapado en aquel mundo y, aun así, se sentía más libre que nunca.

Era como si toda esa oscuridad se hubiera desvanecido o cambiado de lugar, lo cual era simplemente absurdo, la única explicación lógica era que en su estado actual no fuera capaz de sentirla.


Al llegar a Magnolia, se movía únicamente por inercia.

El dolor era inaguantable, la cabeza le daba vueltas y su respiración era muy prolongada.

Era el fin, su cuerpo había sobrepasado todos los limites.

Cuando Riku tomo conciencia de sus acciones, estaba parado en mitad de la calle, tambaleándose, parecía que se encontraba en el mercado de la ciudad, y, según sus cálculos, a este ritmo caería inconsciente en ... diez segundos.

— ¿Disculpa, te encuentras bien? — Escuchó una voz femenina a su espalda, ¿le hablaría a él? Se giro para averiguarlo, pero antes de girarse completamente cayó al suelo.

Se había equivocado... fueron cinco segundos.


Abre tu corazón a la oscuridad. Abandona las dudas que acechan tu corazón y déjate arrastrar hasta las tenebrosas profundidades. Deja que tu corazón sea absorbido por esa oscuridad que todo lo engulle.

Abrió los ojos. Se encontraba cómodo, muy cómodo. Estaba en una cama, una mucho más cómoda que la que una vez tuvo en Villa Crepúsculo.

También tenía vendajes alrededor de su torso, aunque estos no estaban demasiado apretados, y el dolor ahora era una pequeña molestia.

Se levantó de la cama mientras pensaba con gracia que en los últimos días había dormido más que en todo el año anterior, aunque su cabeza desechó esos pensamientos mientras se llenaba de preguntas.

¿Donde estaba? ¿Cuanto llevaba inconsciente? ¿Quien le había traído aquí?

— Bueno, no lo descubriré mientras siga aquí.

Miró a su alrededor. Parecía estar en una habitación hecha especialmente para los heridos. Unas cuantas camas, con cortinas blancas entre cada una.

Solo había una puerta, así que fue hasta ella y la abrió, llevaba a una gran sala, en la que había una gran cantidad de mesas de madera, como un restaurante.

Siguió explorando la sala con la vista, hasta que llego a un mostrador donde se encontraban tres personas que lo observaban. Dos de ellas ya las había visto. Se trataban de el anciano y la chica pelirroja que se encontró al poco tiempo de llegar a ese mundo.

La tercera persona, se trataba de una chica de edad similar a la pelirroja. Tiene el pelo largo, liso y blanco, ligeramente ondulado en las puntas que le caen desde los lados de cara hasta el pecho enmarcando su cara. Sus ojos son azules y su vestimenta consiste en vestido largo de tono rojizo que le llega a los tobillos y sin mangas. El pecho está adornado por un gran lazo rosa que contiene adornos de colores similares. Usa zapatos de tacón alto y además lleva un collar de cadena pequeña con una joya ovalada azul y una pulsera de flores blancas en su muñeca derecha.

Encima del mostrador había un cartel -Fairy tail- ponía.

Había llegado, al fin un golpe de suerte.

— Al fin despiertas. — Habló el anciano sentado en el mostrador antes de beber de una jarra que, probablemente contenía alcohol.

— ¿Cuando tiempo he estado dormido? — Era lo primero que quería saber.

— Un día y medio más o menos, tuviste suerte de que Mirajane te encontrara al momento de desmayarte. Aun así, deberías cuidarte mejor. Cuando llegaste a Clover hace tres días ya estabas herido, ¿Como se te ocurre ir por ahí en tu estado? Deberías haber ido a un medico — Bueno, estaba claro que se acordaba de él.

— La verdad es que no sé donde estoy o adonde ir y tampoco tengo dinero así que no pude curar mis heridas. — Estaba en problemas. No tardarían en soltar la gran pregunta.

— ¿Que quieres decir? ¿De donde eres? — Sí, a eso se refería.

— De unas islas perdidas en mitad de ninguna parte. — Respondió mientras desviaba levemente la mirada. Visto de forma subjetiva, aquello no era una mentira.

— ¿Y puede saberse que haces tan lejos de tus islas?

— Bueno, unos amigos y yo construimos una balsa para salir de la isla y ver los mund... es decir, el mundo, pero una tormenta destrozó la balsa, al caer al agua creo que me golpee con algo y perdí la consciencia, lo primero que recuerdo después de eso es despertarme...— Antes de que pudiera seguir, el anciano lo interrumpió.

— Un momento — Su voz se había adoptado un tono más serio —. Si lo que dices es cierto, ¿como demonios llegaste hasta Clover? Esta bastante lejos del mar.

— Sí, la verdad... — Riku hizo una pausa, lo mejor que podía hacer era contar una verdad a medias. — Cuando desperté, estaba solo y en medio de un bosque, cerca de donde nos encontramos. A mí también me sorprendió. — Aclaró al ver la caras de desconcierto de sus oyentes.

— ¿Estabas en mitad del mar y despertaste en el bosque cerca de Clover? — La pelirroja habló mientras su mano se posaba en su mentón en una posición pensativa.— ¿Magia de tele-transportación?

— Eso tendría sentido — Habló el anciano dejando confusos a los tres jóvenes por sus palabras.—, el día antes de que Lullaby apareciera, sentí un gran poder mágico durante apenas unos segundos que provenía del bosque cerca de donde nos encontrábamos. — Aclaró — Supongo que fue en ese momento cuando llegaste.

— Pero maestro — La chica albina habló— ¿Porque no fue a inspeccionar la zona?

— Pues porque estamos todos ebri...— Empezó a toser mientras su cara empezaba a enrojecer debido a la vergüenza —Es decir, como fueron apenas unos segundos y estábamos todos tan concentrados en la reunión creí que fue una alucinación.— Dijo esperando que creyeran esa excusa... no lo hicieron.— Pero dejando eso de lado, ¿donde están esos amigos tuyos?

— Por eso estoy aquí — Habló el joven de ojos verdes —. Me han dicho que podríais ayudarme a encontrar a mi amigo, necesito vuestra ayuda.— Dicho esto, el elegido de la llave espada hizo una reverencia. Nunca pensó que pediría ayuda a unos completos desconocidos, pero no tenía más remedio. Quería encontrar a Sora y enviarlo de vuelta a las islas, Riku había sido mudo testigo de todo lo que el joven de cabellos castaños luchó para volver a su hogar, para volver a ver a la persona que más le importaba, por eso no se rendiría, ayudaría a su amigo costara lo que costara.

— Así que quieres encargar una misión...— El maestro saltó de la barra y se acercó a Riku — Dejando de lado el hecho de que no tienes dinero. — Le miró a los ojos — ¿Que tienes pensado hacer cuando encuentres a tu amigo?

— Tenemos que volver a las islas — Riku no se sorprendió al ver el rostro confuso de sus oyentes, sabía que, contando esa verdad, acababa de contradecirse, así que procedió a explicarse. —. Sora y yo construimos una balsa para salir de las islas, pero alguien más nos ayudó. Los tres queríamos ver el mundo, juntos — Una sonrisa nostálgica apareció en el rostro de Riku al recordar sus últimos días junto a sus amigos en las islas.—, pero el día antes de zarpar, Sora y yo decidimos probar la balsa, asegurarnos que era lo suficientemente robusta, desgraciadamente, la corriente nos arrastró y, antes de que pudiéramos volver, una tormenta arrasó con nuestra embarcación, el resto ya lo sabéis.

El maestro, que se encontraba de brazos cruzados, asintió —¿Y que hay de tu amigo, Sora? ¿Crees que esta...?— Su voz perdió fuerza antes de que pudiera acabar.

— Está bien.— La voz del joven de ojos verdes no tenía la más mínima duda.— Hace falta más que eso para acabar con él, pero necesito encontrarlo para volver a las islas y reunirnos los tres otra vez, entonces y solo entonces, podremos ver el mundo.

— Joven — el maestro sonrió — ¿Te interesaría unirte a nuestro gremio?

— ¿Qué? — Riku no pudo evitar mostrar su sorpresa, dirigió su mirada a las jóvenes que se encontraban en la sala, la pelirroja tenía una pequeña sonrisa en el rostro mientras que la de cabellos blancos mostraba una amplia sonrisa.— Pero... yo...

— Es perfecto — afirmó el maestro. —. Como ya sabrás, los magos de un gremio nos dedicamos a cumplir encargos de otra gente, — explicó — si te unes al gremio, podrías hacer misiones lejos de aquí y te pagaran por ellas. Es como si te pagaran por buscar a tu amigo. — A pesar de la tentadora oferta, Riku iba a replicar pero el maestro habló antes que él — No te preocupes, cuando encuentres a Sora podrás irte si así lo deseas.

Riku se quedó sin palabras. Necesitaba ayuda, de eso no había duda, pero, como portador de la llave, sabía que no podía interferir en los asuntos de otro mundo, técnicamente ni si quiera debería estar hablando con esta gente. Estaba en una encrucijada. Mientras pensaba que hacer la pelirroja se acercó y le cogió de ambas manos.

— Tu historia es digna de inspiración. Está llena de lealtad, amistad, sangre, sudor y lagrimas. — Habló sin percatarse del desconcierto de Riku.¿Sangre y lagrimas?¿De donde había sacado eso? Es verdad que golpeó a Sora un par de veces por escaquearse en la construcción de la balsa, ¡pero había omitido esa parte! — No te preocupes, si hace falta todo el gremio buscara a Sora, lo encontraremos, te doy mi palabra.— Juró mientras miraba a los ojos de Riku que, aunque no lo mostró, se conmovió ante esas palabras.

— ¿Y bien? — El maestro preguntó — ¿Cual es tu respuesta?

Riku desvió su mirada hacía el suelo unos segundos. Sonrió y miró al maestro — Esta bien.

— Excelente, por cierto, yo soy Makarov, el maestro de Fairy Tail — Se presentó —. Ellas son Erza — Señalo a la pelirroja — y Mirajane — Señaló a la chica de cabello blanco.

—Soy Riku, encantado.

—Muy bien, Riku — Makrov le extendió la mano — Bienvenido a nuestra familia. Bienvenido a Fairy Tail.

Fin del capítulo.

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Nos vemos.