Lo escrito en cursiva son flashbacks, recuerdos de sucesos pasados.

Advertencias: lenguaje

Perdonad las posibles erratas.


Capítulo 3

Daryl pellizcaba su labio inferior, despegando una mínima porción de piel creando una pequeña herida. Se humedeció los labios antes de llevarse el cigarrillo de nuevo a la boca. Ignoró el cartel que prohibía fumar en la sala y golpeó el cigarro hasta que la ceniza cayó sobre la mesa.

- Beth y tú…— La repentina voz de Andrea le sacó de su ensimismamiento, atrayendo su atención.— ¿Os… hicisteis amigos, entonces?

Amigos.

¿Había tenido alguna vez un amigo? Probablemente cuando era un crío, y jugaba con el resto en el patio del colegio. Años después… Merle. No, Merle era su hermano, no su amigo. Su sangre. Su familia.

Amigos.

- ¿Daryl?

Su sonrisa iluminó serena iluminó su cara mientras mantenía la palma abierta de su mano derecha, el cordel verde y azul acunado contra su piel.

- ¿Qué se supone que es?— Le preguntó removiéndose en el viejo banco del cementerio, cuya existencia todos parecían haber olvidado. Excepto ellos dos.

- Una pulsera.— Negó con la cabeza soltando una solitaria risa.— Bueno, lo era.— Dijo con énfasis sujetando uno de los extremos, el que estaba unido a una anilla parecida a la de un llavero. Un diminuto mosquetón colgaba del extremo contrario.— Sé que no eres de llevar nada en las muñecas…— Comentó ella observando la pieza en su mano.— Pero, pensé que podrías usarlo para el candado del cobertizo.— Comentó encogiéndose de hombros, un suave rubor en sus mejillas acentuando el limpio azul de sus ojos.— Sólo si quieres claro, no tienes por qué…

Antes de que terminara de hablar, Daryl cogió su nuevo llavero, rebuscando la diminuta llave del candado que mantenía el cobertizo cerrado. Coló la llave en la anilla, girándolo con cuidado entre sus dedos. Miró a Beth a través de la cortina de su propio flequillo.

- Gracias.— Dijo en un carraspeo.

Jamás nadie le había regalado algo así. Bueno, realmente nada. Quizá cuando era un crío, pero ya no lo recordaba.

Beth chocó su hombro con el de él entrecruzando sus piernas a la altura del tobillo. Cuando finalmente él se atrevió a mirarla sin tapujos, la joven estiró su muñeca llena de pulseras.

- Tienes una igual.— Observó él comparándolas de un rápido vistazo.

- Aham.— Asintió ella mirándole, pronto desvió su mirada hacia el prado contiguo al cementerio.— La mujer a la que se las compré me dijo que eran pulseras de la amistad.— Comentó alzando sus ojos al cielo.— En ese momento me pareció buena idea tenerlas pero… Creo que es una tontería.— Daryl guardó silencio, aplacando el vuelco que le había dado al estómago.— No necesito que tengas una para saber que eres mi amigo.— Exhaló un suspiro contenido, relajado. Parpadeó y le miró.— ¿No te parece?

- Supongo que no…— Respondió sin saber muy bien qué decir.

La respuesta pareció ser la idónea pues no tardó en ver una amplia sonrisa en su mirada.

- Ella me consideraba… me considera su amigo.— Corrigió, bordeando la comisura de sus labios con su lengua.— Ella es… Es esa clase de personas que ven lo bueno en el resto, ¿sabes?— Cuando vio asentir a Andrea, continuó hablando.— Cualquier persona en este pueblo si les mencionas mi nombre…— Soltó un bufido irónico apartando la mirada de la abogada.— No soy un ciudadano modelo pero,— se mordió el interior de la mejilla— jamás me he metido en ningún problema serio.— Soltó aire pellizcando el filtro del cigarrillo.— Sé que no soy el tipo de persona que nadie imaginaría cerca de ella.— Se miró las manos, la tierra adherida bajo sus uñas que parecía nunca desaparecer bajo el chorro de agua helada de la ducha.— Sólo soy el enterrador.— Se encogió de hombros murmurando sus palabras. – Pero ella… me hizo creer que…

Daryl se aventuró a mirar a la mujer sentada frente a él incapaz de poner en palabras lo que pasaba por su cabeza, deseando que pudiera leer en sus ojos lo que su voz era incapaz de decir. (Tal y como ella había hecho más de una vez).

- Me hizo creer que podía ser quien yo quisiera ser.— Clavó sus ojos en sus manos, sus dedos entretenidos rascando un trozo de piel levantada bajo su dedo corazón.— Me hizo creer que… mi pasado no era mi presente o mi futuro.

- ¿La querías?

- Quieres.— Le corrigió él sin pensárselo.— No está muerta.— Negó con la cabeza, los labios prietos.— No lo está.

- De acuerdo, perdona.— Se excusó Andrea rascando con la uña del pulgar el bolígrafo en su mano derecha.— ¿La quieres?

Querer. Amar. ¿Cómo saber si lo que sentía por ella era amor? ¿Cómo saber si se ama a alguien cuando es algo casi desconocido para uno? Amar… Antes de morir su madre, cuando la nube del alcohol mermaba sus sentidos, ella solía decirle que le amaba. "Su pequeño angelito". Pero no siempre lo decía, no cuando sus ojos carecían de ese reflejo brillante fruto de la borrachera.

Su padre jamás le había dicho que le quería, sino más bien todo lo contrario. Con insultos, golpes, cortes… Lo que fuera. Había sido un estorbo para él. Siempre. Y Merle…

"Nadie te va a querer como yo, hermanito".

No, él no quería a Beth como su hermano le quería. Pero… ella y él no eran familia. Era diferente.

- Daryl, ¿querías estar con ella?— Insistió Andrea mirándole con atención.

Tragó grueso, y asintió en un gesto seco.

- Siempre.

La verdad.

Las campanas habían sonado por última vez hacía varios minutos cuando escuchó sus pasos acercándose por su espalda. Su olor, ese inconfundible olor que aún no lograba descifrar pero que era sólo de ella, le alcanzó a la par que el sonido de su voz.

- Buenos días, Daryl.

Apartó el pincel de la lápida frente a la que se encontraba colocado en cuclillas, y le miró por encima de su hombro. El sol a su espalda, encendía su cabello rubio hasta palidecerlo por completo.

- Buenos días, Greene.— Le vio arrugar su nariz levemente ante el sobrenombre, pero así era más sencillo. Menos personal, menos él y ella, con ella.

- Voy a saludar a mamá y Shawn.— Le dijo indicando con su pulgar la dirección donde se encontraban las tumbas de sus familiares.— Luego te veo.

Daryl asintió con un gruñido y continuó repasando con pintura negra la fecha de nacimiento de Irma Hovarth. Se centró en la tarea que tenía entre manos, intentando no escuchar la conversación que Beth mantenía con su familia.

La primera vez que le había escuchado hablar, no había podido evitar aguantar el aliento y pensar para sí en la persona que yacía junto aquel rosal blanco. En todo el tiempo que llevaba allí trabajando, jamás se había detenido frente a ella con el expreso sentido de saludarla. Un simple hola. Nada más. No tenía por qué contarle cómo había ido su día porque ella ya no estaba viva. No podía escucharle. No podía hacer nada por él pero…

Miró a Beth de rodillas entre ambas tumbas, sus labios moviéndose mientras hablaba, sus ojos ligeramente brillantes por momentos.

A veces pensaba, ¿y si pudiera hacerlo? Pero los días pasaban, y él seguía trabajando en silencio excepto cuando conversaba con la joven Greene.

- ¿Estabas aquí?

El rabillo del 9 quedó algo torcido. Daryl se apuró en limpiarlo con alcohol evitando que la pintura se secara teniendo que dar explicaciones al viudo cuando fuera a visitarla.

- ¿Cómo dices?

Vio a Beth sentarse en una pequeña porción de hierba a su lado.

- Si estabas aquí cuando ella llegó.

- No, todavía no.— Dijo revisando la fecha de fallecimiento.

- Estoy segura de que agradece lo que haces por ella.— Daryl dejó de pintar pero no le miró.— Yo agradezco lo que haces por mamá y Shawn.— Murmuró bajando la mirada hacia su muñeca llena de brazaletes.— Y sé que es tu trabajo,— continuó mirándole con fijeza— pero… Gracias.

Se encogió de hombros y hundió el pincel de nuevo en el bote de pintura.

- Algún día…

Daryl le vio apretar con más fuerza su muñeca, trazando la cicatriz que ella misma se había hecho. Esa de la que le había hablado semanas atrás, un miércoles tras no haber aparecido por allí el domingo. El alivio que sintió al verla reaparecer debió de ser más que evidente en su cara, pues tras compartir con él unos sándwiches que había preparado (con la misma receta que usaba su madre pero que no habían quedado igual de buenos); le contó lo ocurrido tras la muerte de su hermano y de Annette.

- Cuando llegue el día, que será dentro de mucho tiempo seguro,— añadió con rapidez y una media sonrisa mirándole de reojo,— espero que alguien cuide de mí igual que tú lo haces con ellos.

Una vez más, las palabras eran incapaces de abandonar su boca. Una vez más ella le miraba, y le sonreía como si supiera lo que pasaba por su cabeza en ese instante.

Daryl bajó la mirada hacia su mano salpicada de pintura negra.

- ¿Por qué no cantas algo?

No sabía muy bien de dónde venía esa pregunta, esa petición. Le había escuchado hacerlo en el pasado pero jamás se lo había pedido.

- Pensaba que te molestaba…— Comentó ella arrugando los labios, apartando la mirada de él.

- La radio se quedó sin pilas…— Concedió curvando de forma mínima sus labios en una sonrisa, pero lo suficiente para que ella pudiera verlo.

- De acuerdo, ¿alguna petición?— Se limitó a negar hundiendo el pincel de nuevo en la pintura.— Uhmmm… Lo que yo quiera entonces.

Terminó de trazar la H cuando la escuchó comenzar a cantar. Quizá no tenía la voz de una de esas grandes artistas de Broadway, pero había algo en ella; en la expresión de su cara al cantar, en su mirada, que lo compensaba con creces. Pero por encima de todo, lo que prevalecía en su cabeza era que lo hacía para él.

Daryl pronto terminó de repasar todas las letras acompañado en todo momento por la voz de Beth, sin flaquear ni un solo instante.

Tal vez podría acostumbrarse a eso.

- ¿Ér… Sois pareja?

Daryl rehuyó su mirada.

- Pasamos tiempo juntos. Al principio sólo nos veíamos cuando iba a visitar a su madre y su hermano, pero luego…— Se encogió de hombros ligeramente.

- Os veíais fuera de él.— Daryl asintió llevándose el pulgar de su mano derecha a la boca.— Pero… ¿Nadie os ha visto, no?— Preguntó Andrea con el ceño fruncido.

- Nadie a quien le interesáramos al menos no. Y menos en este pueblo.— Comentó saboreando el metal de la herida que acababa de abrir en su pulgar.— ¿Cómo crees que nos habrían mirado de…?— Negó con la cabeza, reacomodó su trasero en la silla.— Habrían pensado que le estaba obligando o…

- ¿Lo hacías?— Daryl levantó la mirada de la mesa hacia la abogada como un resorte.

- Jamás le he hecho daño.— Siseó entre dientes.— ¿Crees que sería capaz de hacerle algo?

- En el informe que me han facilitado antes de venir aquí pone que, cuando el Agente Walsh te encontró, dijiste que había sido culpa tuya.

Daryl resopló contra las palmas de sus manos que ocultaron su rostro.

- Debía asegurarme de que no le pasara nada.— Su voz se escurría entre sus dedos de forma amortiguada.— Debía cuidar de ella aunque…— Soltó una risa irónica, carente de felicidad.— Ella sabe cuidarse muy bien.— Asintió para sí deslizando las manos lejos de su cara hasta rodear con ellas su cuello.— Pero la perdí de vista unos minutos o… Ya no estaba. Solo esa luz y… — Apretó los dedos contra su piel creando un ejército de medias lunas en ella.— Intenté seguirla entre los árboles pero… —Soltó un suspiro.— Y entonces di de bruces con el coche patrulla y, tenía su mochila y…

- Viste una luz.

Daryl asintió removiéndose incómodo en la silla. Sabía cómo sonaba eso, lo sabía perfectamente.

- ¿Qué clase de luz era? ¿Los faros de un coche… una linterna…?

- No… No lo sé.— Murmuró cerrando los ojos, intentando recordar con claridad. Pero era una locura o quizá aún estaba borracho (pero no habían bebido tanto) o…— No lo recuerdo bien.


Ayer iba a subir este capítulo y se me olvidó por completo. Un millón de perdones por ello.
Mil gracias por quienes añadís la historia a vuestros favoritos, por vuestros mensajes que siempre me alegran el día y a quienes continuáis leyendo el fic desde la sombra.

Un abrazo y nos vemos el próximo domingo con otro capítulo de este crossover!