EL PASADO A VECES SE HACE PRESENTE EN LAS REUNIONES FAMILIARES

CAPÍTULO III: LAS REUNIONES FAMILIARES SUELEN TRAER MÁS PROBLEMAS QUE LA CAJA PANDORA


.


En la casa, que antiguamente fue conocida por ser la residencia Kudou, vivían el rejuvenecido detective junto a su familia.

—Maldito Kuroba —gritó después de azotar la puerta de su estudio, pero aun así su hija y mujer lo alcanzaron a escuchar.

Habían llegado de la reunión que hizo el novio de su hija y no le dejó un buen sabor de boca, debido a saber quiénes eran sus padres y quien se había atrevido a desposar a la mujer que fue su primer amor.

—¿Arato kun hizo algo? —cuestionó la joven a su madre, pues a pesar de que su padre procuró actuar normal frente a ellas, sabía que en el fondo él estaba mal.

—Tu novio no hizo nada malo querida —le dedicó la más tierna de las sonrisas a su hija para tranquilizarla.

Ambas mujeres se quedaron en el recibidor de la casa para darle el debido espacio al patriarca de la familia, era conocido que cuando se enojaba lo más fácil era dejarlo estar solo.

—¿Entonces fue su padre? —Al igual que su progenitor ella tenía buenos dotes de detective —. Y eso tiene que ver con Ran san —. Era la única deducción lógica que se le pudo ocurrir después de ver las últimas miradas que se dedicaban el detective del Este y la segunda generación de la reina de los tribunales

—Algo así —le afirmó —. Pero eso es historia para otra ocasión, tu padre ahorita necesita mi apoyo —dijo mientras caminaba hacia donde su esposo estaba, dejando a su hija libre de hacer lo que quisiera.

—Está bien mamá. Yo me iré a dormir. Hasta mañana —se despidió para luego empezar a subir las escaleras —. Ah y no era necesario inventar una excusa para dejar la casa de los Kuroba —dijo entre risas.

—Kanara chan, —dejó de reír cuando vio a su madre tan seria —. Por favor de lo que pase de aquí en adelante no odies a tus padres y mucho menos a los Kuroba —. Sospechaba que ese reencuentro no terminará en simple relación de suegros y consuegros.

—¿Eh? —cuestionó confundida, a veces su madre solía decir cosas que la confundían y esa era una de ellas; pero sabía que tal vez en un futuro podía entenderlas.

—Lo sabrás con el pasar del tiempo. —Eso se lo confirmó, así que esbozó una sonrisa.

—Buenas noches mamá. —Terminó por despedirse.

—Buenas noches —respondió y una vez que su hija ya había desaparecido de su campo de visión, emprendió nuevamente su andar.

En el estudio de la casa de los Kudou estaba el detective del Este sentado frente a su escritorio con la mirada perdida en la nada pero con su mente en los momentos vividos con la mujer de larga cabellera azabache y sus hermosos violetas.

—¿Podrías ser más disimulado? —Fue como su esposa logró sacarlo del trance.

—Haibara —dijo sorprendido, frente a la sociedad eran la pareja modelo, que se querían y tenían una bella hija; pero detrás de las máscaras estaban ellos que se habían utilizado para huir de la soledad y que mantenían un poco de los viejos hábitos con los que se trataban —. Lo siento —se disculpó después de recapacitar su actitud en la casa del novio de su hija —. Pero de todos los hombres en el mundo ambas escogieron un Kuroba. —Le dolía en el alma que sus preciadas mujeres fueran a parar a los brazos de ladrones.

—Kuroba desprende un aura parecida a la tuya además de que también son semejantes físicamente no es de sorprenderse que Mouri san se viera atraída por él. —Creyó entender el porqué de la mujer que se parecía a su difunta hermana había escogido al rival de su esposo.

—No ayudas Haibara —dijo molesto.

—No era mi intención hacerlo. Solo vine a una cosa.

—¿Cuál? —cuestionó sorprendido.

—Ahora que te has reencontrado con ella, ¿qué planeas hacer? —Esa pregunta lo tomó desprevenido nunca había pensado en eso, en su mente pensó vivir su vida rodeada de ellas, de sus padres y del profesor. Vivir en su mundo de mentira. Nunca estuvo en sus planes volverla a ver, pues tampoco había considerado buscarla. A pesar de vivir en la misma ciudad se había alejado de las personas de su pasado.

—No lo sé —respondió con sinceridad.

—Lo que sea que quieras hacer cuentas conmigo. Ir corriendo a sus brazos o quedarte conmigo, lo tomaré bien. Mereces ser feliz, yo ya lo he sido gracias a ti, ahora es tu turno. —Le depositó un beso en su mejilla en señal de apoyo.

(…)

En la casa de los Kuroba todos se encargaban de la limpieza después de la visita de la novia de su hijo con sus padres. Padre e hijo se encontraban en la cocina el mayor lavando los trastes y el menor secándolos para después guardarlos.

—¿Por qué el papá de Kanara chan te odia? —cuestionó su hijo a su padre que se encontraba a su lado. Se había percatado de eso por la forma de hablar de su suegro, porque aunque había convivido con él poco tiempo sabía identificar la indiferencia de su voz a cuando estaba enojado —eran los únicos tonos que lo había tenido la oportunidad de oírlos— y el segundo lo había utilizado varias veces con su padre.

—Por cosas del pasado, pero me imagino que por una maldad que le hice —respondió con burla.

—¿Maldad? —Estaba más confundido que al principio.

—Sí, pero no te preocupes por eso, tú y Kana chan no tienen nada que ver aquí —le dedicó la más sincera de sus sonrisas —. Lo que nos atormentan a todos son fantasmas del pasado —explicó con notoria seriedad algo poco usual en él.

—¿A todos?—cuestionó y su padre le respondió moviendo la cabeza en señal a la mujer que se encargaba de limpiar la mesa, que desde hace más de diez minutos se encontraba tallando el mismo lugar.

—Pase lo que pase de aquí en adelante no tengas sentimientos de rencor hacia nadie. —Supo que el detective le odiaría por desposar a la mujer más importante para él, pero él tenía sus motivos para hacerlo. Aunque si ellos dos empiezan a interactuar más él no se interpondría.

—¿Qué va a pasar papá? —No entendía a donde quería llegar.

—Tal vez tu cena familiar abrió la caja Pandora.

—¿La caja Pandora? —sabía que esa caja significaba todos los males del mundo no veía porque una comida con fines de presentación abriría eso.

—Si.

—Lo más sorprendente es que ustedes se conocieran —desvío el tema al ver que su progenitor no iba a decir nada más.

—En si quienes más se conocen son el padre de ella y tu mamá —explicó —. Yo sólo conozco al pequeño detective de unos casos en el pasado que le ayude a resolver.

—¿Ayudaste al famoso detective del Este en unos casos? —Estaba sorprendido del pasado de su papá con su suegro.

—Cuando yo lo ayude no era tan famoso o mejor dicho lo era bajo otro nombre —comentó al recordar la vida pasada del pequeño detective—. Tu mamá y él vivieron bajo el mismo techo.

—Espera, no me digas que él es el hermanito de quien mamá siempre habla. —Las sorpresas no dejaban de llegarle como si de un balde de agua fría se tratase.

—Sí, así es.

—Siempre tuve curiosidad en conocer a ese tío.

—Pues ya lo haces y le quitaste su más preciado tesoro, bueno creo que todos los Kuroba le robamos algo a ese pequeño detective —concluyó al ver la situación, pues él le había robado a su novia, su hijo a su hija y ella su corazón.

—¿Robar? —No entendía la referencia que su padre hizo.

—Nada. —A veces aún mantenía mañas del pasado —. Mejor súbete, iré a arreglar a tu madre.

—Bueno. —No dudo ni dos veces, sabía que era señal de que sus padres se iban a poner cariñosos y les daba su privacidad.

La adulta de largo cabello azabache y ojos amatistas estaba muy concentrada en sus pensamientos que no se había dado cuenta que estuvo limpiando el mismo lugar por más de diez minutos ni de que su esposo se aproximaba a ella.

—Ran. —Por la espalda la tomó de la cintura.

—Kaito kun me sorprendiste. —Estuvo a nada de lanzarle un golpe de karate.

—¿Qué tienes? —cuestionó aunque ya sabía la respuesta. Verlo había hecho que lo recordará y que eso era doloroso para ella.

—Nada, sólo estaba pensando. —No mentía pero tampoco quería contarle todo.

—Ya veo. —Supuso que ella no le iba a decir nada, así que le daría un empujón —. Deja que este mago adivine tus pensamientos —exclamó mientras la volteaba frente a él y le ponía la mano en la cabeza —. Te sorprendió ver a tu pequeño hermano frente a tu puerta y que este ya estuviera casado y con una bella hija —habló en voz alta como si estuviera en medio de un trance mientras hacía cara de estar pensando y en realidad no era magia lo que hacía, era más bien conocerla lo suficiente y entender sus confusos sentimientos. — "Lo que una mentira puede llegar a hacer, pequeño detective" —pensó al ver a su esposa asombrada por sus "poderes mágicos" —. ¿Qué dices? ¿He acertado?

—Bravo Kaito kun, siempre me sorprendes —dijo con una sonrisa, mientras aplaudía, pues lo que su esposo dijo era justo lo que estaba pensando.

—Pero también te sientes confundida, porque al verlo lo recordaste a él y te lo imaginaste con una familia —dijo aún no salido de su trance lo último dicho hizo que el semblante de su mujer se entristeciera.

—Como siempre nunca puedo ocultarte nada Kaito kun. —Sabía que estaba a nada de llorar, pero había estado con ella desde que supo que el detective la abandonó para protegerla y para en cierta forma funcionarle de consuelo, aunque el también buscaba eso en ella.

—Pero no pienses mucho en ello si son a costa de tus lágrimas. O si quieres llorar sabes que aquí tienes un hombro. —Eso hizo que ella le sonriera de la manera más sincera.

—Gracias Kaito kun, pero me alegra que él tenga una familia que lo quiera. —Sabía que se querían pues se lo demostraba la escena que vio mientras se marchaban.

—Siempre tan buena Ran chan —le correspondió la sonrisa —. Pero ya debes irte a dormir para conservar tu belleza.

—No soy una niña chiquita para que me manden a la cama —dijo en puchero.

—Bueno, entonces yo me iré a dormir y tú terminarás la limpieza. —Se solían dividir los trabajos domésticos, pero sabía que ella no era muy fan de ellos, pues desde que era joven se dedicaba a hacerlos.

—Hasta mañana Kaito kun. De repente me acaba de dar bastante sueño. —Bostezo, pero se veía claramente fingido, y después alzo sus manos como si se estuviera estirando —. Buenas noches descansa. —Depositó un casto beso en sus labios.

—Descansa. —Le dio un beso en la mejilla y con eso ella se subió.

Salió por el ventanal a su jardín una vez que su esposa abandonó el primer piso. Dirigió su mirada al cielo y observó las estrellas, hacía años que abandonó la vida del ladrón pero lo que definitivamente extrañaba era sentir el aire en su rostro cuando volaba con su ala delta.

—Ellos se volvieron a encontrar con su primer amor, ¿será que algún día nos volvamos a encontrar Aoko? —Ella lo abandonó después de enterarse de la verdad y desde ese entonces nunca más la había visto, pues ella se fue de su vida y él nunca hizo nada por buscarla.