No tengo mucho en esta vida, pero tengo lo esencial. Mi gente, mi familia, las personas que amo, mi privacidad.
Creo que si hay algo que valoro, es mi privacidad, puesto que me permite hacer cuanto necesito y cuanto quiero sin responder ante nadie y sin temer a nada. Nadie lastimará a quienes amo, porque nadie sabrá quiénes son esos a los que amo.
Y si me preguntan, respondo vagamente, y si me condenan, será sólo a mí y no a ellos, y si mi vida se termina al menos sabré que están bien y que, aunque exista una telaraña de mentiras a mi alrededor, todo sirve para un propósito.
No deben salir de su caja de cristal y yo debo mentir para mantenerles fuera del peligroso juego. No los comparto con nadie porque no hay nadie con quién compartir. Mis secretos, mi pasado, mi familia, mis habilidades, todos son míos.
No vale la pena compartirlos con nadie ni mezclarlos entre sí. Lo único viable, lo único posible es sobrevivir. Que ellos vivan, que mi hermano no me encuentre, que mi viejo maestro descanse en paz y que ninguno de ellos cruce caminos entre sí jamás.
La Avaricia me sepulta
Avaricia
