Si no son miembros del foro del cual se habló anteriormente saltéense esta parte:

Como siempre me veo obligada a aclarar algunas cosas antes de comenzar. Primero que nada, los que hayan considerado mis anteriores comentarios como "groseros" o de "falta de tolerancia" déjenme aclararles que no es así y que (aunque no me sorprende) fue malinterpretado. Primero que nada, estimados usuarios de ese foro, el problema no es la "crítica" o la "diferencia de opinión", el asunto es que así como ustedes critican yo también puedo criticar, ¿o no? Simplemente estoy haciendo una crítica a la forma de comportarse, o aún más claro: no estoy de acuerdo con la "ideología" o la "forma de proceder", pues considero que antes que nada se debe preguntar y aclarar, y en caso de que no haya una respuesta por parte del autor publicar y criticar. Es sólo mi humilde forma de pensar, es decir, yo amablemente hubiese aceptado sus correcciones si lo hubiesen hecho de una forma menos agresiva. Verán, que tu fic aparezca publicado sin previo aviso y sin que siquiera uno pueda entender por qué (cabe aclarar que mil veces hice la misma pregunta y hasta la cuarta página del thread no vi que nadie la respondiera). Mi pregunta para ustedes es la siguiente: ¿tan difícil es intentar hacer las cosas de forma civilizada? Tal vez quieran acusarme de incivilizada por responder de una forma "similar", pero sinceramente no tengo idea de a qué tipo de estímulo responden ustedes, yo sólo sé que respondo MUCHO mejor a los estímulos que son positivos en donde son claras las buenas intenciones, en lugar de realizar un "thread" para criticar el fic. Verdaderamente no conocía esas reglas, y es mi primer fic (mi primer fic en , pues tengo un crossover de Danny Phantom y los Padrinos Mágicos que nunca publiqué), creo que podría haber sido más sencillo explicarme qué estaba haciendo mal de buena forma. Yo sé que quizás para ustedes esa es una buena forma, pero sólo en caso de que no lo supieran: cada persona es diferente y tiene diferentes formas de tomarse las cosas, más allá del grado de paranoia que cada uno tenga. Es muy posible que hayan tenido y sigan teniendo quejas de autores, y les diré la razón: lo que ustedes hacen puede ser considerado agresivo según quién lo vea.

Ahora sí, al contenido de la historia:

Bueno, antes que nada me disculpo por la ausencia de Perry en los capítulos anteriores, ya va a haber más Perry para todos los… perrimaníacos. Espero que les esté gustando.

No quiero extenderme más así que los dejo con lo que sucedió en el capítulo anterior y el capítulo III.

PD: TODOS JUNTOS POR EL RECORD DE REVIEWS!

En el capítulo anterior:

-Deseo tener la ropa más increíble y perfecta para mi cita con Jeremy.

De nuevo el haz de luz. Esta vez chocó contra Candace y la rodeó completamente. Luego de unos segundos Candace volvió a aparecer, pero en lugar de su desastrosa ropa tenía un hermoso vestido corto color verde agua y unos fabulosos zapatos blancos que combinaban perfectamente. En su mano tenía una chaqueta blanca que hacía juego con los zapatos y un bolso que también armonizaba.

-Esto… es… es… ¡PERFECTO! –dijo la pelirroja casi llorando. –Gracias, Phineas.

-De nada. Ahora puedes concentrarte en otras cosas, Candace.-contestó su hermano.

Candace entró a la casa corriendo para contarle a Stacey lo que le había recién sucedido.

Capítulo III:

Candace marcó los números de su celular tan rápido como pudo.

-Stacey, no vas a creerlo.-dijo colgada del teléfono nuevamente.

-¿Qué pasó, Candace?-preguntó su amiga muy intrigada.

-Mis hermanos construyeron una máquina que vuelve a los deseos realidad.

-¿En serio? Increíble.

-Lo sé. Y adivina… me dejaron pedir dos deseos. ¡Tengo la ropa perfecta para ver a Jeremy esta noche!

- ¡Qué emoción! ¿Qué llevas puesto?

-Es un vestido verde marino con zapatos, chaqueta y hasta un bolso que combina.

-¡Fabuloso! ¿Cuál fue el otro deseo?

-Pedí que la máquina no desapareciera al final del día.

-¿Para poder atraparlos? Al fin lo vas a conseguir.

La sonrisa del rostro de Candace se desdibujó y se dejó caer en la cama.

-No lo sé, Stacey. ¿No sería muy cruel de mi parte acusarlos después de que me dejaron pedir el deseo que necesitaba? –explicó la chica temiendo sentir culpa.

-Sí, creo que sí. Deberías dejar de preocuparte por atraparlos, Candy. Mejor piensa en Jeremy.

-Es que no puedo dejar de pensar en eso. Es decir, cuando tuve ese micrófono frente a mí, tenía la oportunidad perfecta para atraparlos, y no lo hice.

-Mejor olvídalo, Candace.-intentaba alegrarla Stacey- Además, este invento es por mucho el mejor que han hecho hasta ahora, sería mejor que no los atrapen.

-Qué gran punto Stacey, es decir, con esa máquina tendríamos deseos ilimitados de por vida. Stacey, no puedo creer lo que voy a decirte pero: hay que evitar que los atrapen.

En ese momento un pitido interrumpió la conversación que la pelirroja tenía con su amiga.

-Un segundo, Stacey, tengo otra llamada. –dijo la chica y luego tocó un botón.

-¿Candace? ¿Todo está bien? Ya sabes que me preocupo si no recibo tu llamada.- indicó la voz de su madre.

Oh, no te preocupes, mamá. Todo está muy bien aquí. –contestó la joven fingiendo tranquilidad.

-Oh, de todas formas estoy volviendo, ¿si, hija?

-Sí, bueno. Tengo que colgar, adiós.

La pelirroja cambió nuevamente a la llamada con Stacey.

-Por Dios, Stacey, mi mamá ya viene y los atrapará a causa de mi deseo. –dijo entrando de nuevo en el estado de histeria en el que se había encontrado hacia unos minutos.

-¿Y qué esperas?-le respondió su amiga- Ve ahora mismo al patio y desea que esa máquina sea invisible a los ojos de tus padres y que además nunca los atrapen con esa máquina.

-Tienes razón, Stacey, eres un genio. –contestó con una sonrisa en su rostro nuevamente.

-Bueno, no me gusta presumir pero…

Candace colgó el teléfono sin dejar que su amiga terminara de hablar y salió despedida al patio nuevamente.

-¡A un lado todos! Debo pedir un deseo. –gritaba haciéndose paso entre la gran cantidad de chucherías y te animales extravagantes que los chicos estaban pidiendo como deseo.

-Haz la fila…-contestó Buford que ya venía enojándose con la pelirroja desde hacía un rato.

-Es una emergencia. –respondió Candace enojada acercándose al micrófono–Deseo que esta máquina y todos los deseos materiales que pidieron o se hayan pedido, exceptuando los que específicamente deben verse por ellos, sean invisibles a los ojos de mis padres.

La máquina obedeció sus órdenes y nuevamente el haz de luz inundó el patio.

-Mi otro deseo es que esta máquina sea indestructible.-continuó Candace.

De nuevo el haz de luz rodeó la máquina.

-¿Por qué tan preocupada por este invento?-argumentó Phineas que comenzaba a sospechar de la obsesión de su hermana mayor por su último invento.

-Por nada en especial… -contestó la chica mientras se abría paso de nuevo hacia la casa.

-No es una conducta normal.-agregó Phineas- Sé que pregunté esto antes, pero ¿y Perry?

____________________________________________________________________________

-Oh, Perry el ornitorrinco, estás aquí. –dijo tristemente el Doctor Heinz Doofenshmirtz mientras miraba por la ventana.

Su mirada se perdía entre los edificios de la ciudad. El agente P se limitó a mirarlo con expresión de enfado.

-¿Sabes? No es sencillo ser padre. –suspiró mientras oprimía un botón que encerraba a Perry en el interior de una computadora. –Interesante trampa, ¿eh?

Perry sólo lo miró siéndole indiferente.

- Verás, Perry el ornitorrinco, desde hace un tiempo que creo que a mi hija Vanessa le sucede algo. No sé qué sea, pero la noto algo triste.

El Doctor parecía triste mientras hablaba. Se notaba claramente que realmente le preocupaba su hija.

-Pensé que quizás si podía comprender cómo era ser un adolescente, podría entender qué sucedía…-dijo para luego comenzar a narrar su historia a Perry. -Intenté ver los programas actuales, pero no les encontré mucho sentido, ¿sabes? No eran malvados, los sujetos reparaban un viejo auto sucio y lo dejaban reluciente sin tener nada a cambio. ¿Dónde está la maldad?

Doofenshmirtz hablaba confundido, como si realmente no comprendiera nada sobre temas de actualidad.

- Cambié el canal y un extraño personaje de caricaturas que por alguna razón también habla en inglés le pedía al televidente que la ayudaran a escalar una montaña. Lo hice, pero no sentí que la ayudara en nada. Como sea, la TV y yo no congeniamos.

El agente P parecía aburrido por la historia.

- Así que intenté hacer algo más intrépido, y me sumergí en el mundo de la computación, como sea, no funcionó así que convertí la PC en una trampa para ornitorrincos. Ahora tiene sentido, ¿eh?

Perry sólo lo miraba esperando que se terminara la tortura de tener que escucharle.

-Hice un último esfuerzo por comprender por qué mi hija estaba tan triste y entonces vi la luz. Uno de esos discos compactos con adolescentes que cantan sobre los pesares de sus vidas y amargan a otros adolescentes.-dijo con una mirada muy ilusionada- Supuse que eso le ocurriría a mi pequeña Vanessa, entonces se me ocurrió una idea para acabar con esas bandas de rock que amargan a mi hija y para poder controlar el área limítrofe. Leí en algún sitio que algunas bandas usaban mensajes subliminales, bueno, compré todos los discos de las bandas de rock que escucha Vanessa, les insertaré mensajes subliminales y los revenderé a todas las tiendas que tendrán demanda de estos CDs, así cuando los chicos escuchen estos CDs se convertirán en mis zombies malvados.

El Doctor Doofenshmirtz miró a Perry con una mirada maliciosa.

-Y tú no puedes hacer nada para evitarlo. –concluyó al fin antes de dejar salir una maléfica risa.

____________________________________________________________________________

-Vamos a tener un problema con todo esto. –dijo Phineas mientras observaba la gran cantidad de cosas que habían deseado. –Vamos a tener que dejar de pedir tantas cosas, es más, sólo podremos conservar lo que de verdad nos agrade.

-Cierto, Phineas. Quiero conservar el unicornio. –dijo la chica de cabello oscuro.

-¿Dónde lo tendrás, Isabella?-preguntó Baljeet.

-Lo tendré en mi cuarto por esta noche, mañana veré dónde ponerlo. –respondió la chica inocentemente.

-Continuemos, -añadió Phineas - ¿qué conservarás tú, Buford?

-La pecera para Biff. –contestó el bravucón- Lo demás fue muy divertido, pero sólo para usarlo en el momento. Quiero quedarme con la pecera.

-¿Qué hay de ti, Baljeet?-continuó preguntando el chico pelirrojo.

-El libro que nunca se acaba, eso es lo único. –respondió con su voz temblorosa.

-¿Ferb? Deberías conservar las herramientas nuevas, las viejas están algo gastadas, creo que construimos más cosas de las qué creímos. –aconsejó el chico pelirrojo.

Ferb asintió tomando en sus manos la nueva llave inglesa que había pedido como deseo.

-¿Qué vas a conservar tú, Phineas?-preguntó Isabella.

-No creo que necesite nada de esto, es decir, todos los días construimos cosas y desaparecen, además si conservamos estas cosas no tendremos nada que hacer mañana.-contestó Phineas.

-Buscar la felicidad en bienes materiales la convierte en una vivencia fugaz. –agregó Ferb a pesar de no tener el hábito de conversar.

-Bien dicho, Ferb. –dijo Phineas- Vamos, pidamos el último deseo del día…

Cantado: "Doofenshmirtz malvados y asociados"

-Muy bien, Perry el ornitorrinco. En cuando oprima el botón "grabar" todos los CDs de rock del área limítrofe estarán bajo mi malvada influencia. –gritó Doofenshmirtz amenazante de oprimir el botón rojo.

La computadora en la que Perry estaba prisionero se abrió permitiéndole escapar.

-¿Qué? ¿Cómo saliste?

Miró el interior de la trampa.

- Oh, apretaste "Esc". Sabía que no debía poner el teclado del lado de adentro…-dijo teniendo la certeza de que su plan se vería frustrado.

Perry saltó y giró en el aire golpeando a Doofenshmirtz con su cola. El ornitorrinco aprovechó que su némesis estaba golpeado para apretar "escape" en la computadora que estaba por utilizar para grabar los CDs.

-¡No! Salió muy caro llamar al servicio técnico para que me ayudaran a programarla para hacerlo. -exclamó el doctor- ¿Sabes? La computación no tiene sentido, cuesta demasiado trabajo realizar las tareas y sólo un botón tirar todo a la basura y nunca poder recuperarlo.

Perry salió con su mochila jet como lo hacía habitualmente.

-¡TE ODIO, PERRY EL ORNITORRINCO!-gritó mientras observaba a su enemigo alejarse.

Mientras tanto en la casa de Phineas y Ferb el auto de Linda Flynn entraba en el garaje. La mujer bajó del auto y se dirigió al jardín, los chicos ya se habían ido y todo parecía completamente normal.

-¿Se divirtieron?-preguntó la mujer.

-Sí, todos nuestros deseos se hicieron realidad, mamá.-contestó su hijo.

-Qué bueno, me alegro mucho por ustedes.-dijo Linda Flynn- ¿Cómo está su hermana?

-Algo estresada por su cita con Jeremy…-respondió el chico pelirrojo.

-Lo supuse. –dijo libre de sorpresa.

Mientras conversaban Perry aterrizó en patio, se quitó su sombrero de agente secreto e interrumpió la conversación con su particular sonido.

-Oh, ahí estás, Perry. –dijo el pelirrojo

-Entren, chicos. Ya está atardeciendo. Iré a ver a Candace.

Los tres entraron. Linda subió las escaleras y tocó la puerta del cuarto de su hija.

-¿Candace? –preguntó su madre abriendo la puerta lentamente. -¡Hija! ¿Qué sucede contigo? Jeremy debe estar por llegar. ¿Por qué aún no te has cambiado? No puedes ir a tu cita en ropa interior.

-¿De qué estás hablando?-argumentó Candace.

-Te ayudaré a elegir tu ropa si quieres, hija.

Candace no terminaba de comprender, pero una idea se cruzó por su cabeza: el vestido que llevaba puesto era un deseo concedido por la máquina, y por lo tanto era invisible a los ojos de su madre a menos que especificara que sus padres podían ver su vestido.

-No, no es necesario. Ya sé qué ponerme. –respondió la joven- Mientras me cambio ve y dile a Phineas o a Ferb que suba aquí ahora. Por favor, y si Jeremy toca la puerta mantenlo entretenido.

-De acuerdo.-aceptó Linda.

-Cualquiera. Phineas o Ferb es lo mismo, pero que suba de inmediato. –pidió Candace.

-Claro, hija.

La madre bajó las escaleras.

-Phineas, Ferb, su hermana necesita que uno de ustedes suba ahora.-comentó a los muchachos.

La puerta sonó.

-Debe ser Jeremy. Lo mantendré entretenido. Su hermana tenía prisa. –dijo Linda mientras se iba a abrir la puerta.

-¿Puedes ir tú, Ferb?-preguntó Phineas- Mientras tanto yo alimentaré a Perry.

Ferb no respondió, pero obedeció a su hermano y subió las escaleras de inmediato. Candace estaba asomada a la puerta de su habitación.

-Ferb, hazme un favor, ¿quieres?-comenzó su hermanastra- Necesito que vayas abajo con la máquina y desees que mamá pueda ver mi ropa, porque ella no puede verla.

Su hermanastro obedeció y unos momentos después pidió el deseo por ella, pero una vez que estuvo frente a la máquina tuvo las ansias de pedir otro deseo. Nadie lo vería o lo oiría, eso era algo bueno pues, al igual que Isabella, su corazón albergaba un deseo quería volver realidad. La chica de oscuro cabello y encantadores ojos de la tienda de planos, esa chica que lo tenía soñando despierto en cada instante de distracción. Tenía que volver a verla. No había otra cosa que su corazón deseara más. Sin dudarlo otra vez logró articular las siguientes palabras: "deseo volver a ver a esa chica esta misma noche". Un haz de luz salió proveniente de la máquina…

Continuará…