1 DE MAYO DE 2000.

Antonio sonrió cuando abrió los ojos. Ver a Lovino durmiendo tan plácidamente siempre le había gustado. Era tan tierno cuando no gritaba...bueno, era tan tierno siempre.

Claro que cuando era un niño también era muy mono, pero por aquél entonces, nunca se hubiese imaginado que despertaría a su lado casi todas las mañanas.

El país de la pasión no sabía en que momento se había enamorado de su Lovi, pero estaba claro que era lo mejor que podía haberle pasado.

Lentamente, para no intentar despertar al italiano que podía llegar a tener MUY pero que MUY mal carácter, bajó a desayunar.

Hacía un día precioso, y Antonio salió a apoyarse en el balcón de su casa de Madrid mientras se tomaba el café.

Miró al horizonte, hacia la sierra. Le hubiese gustado ir de excursión con Lovino, o incluso con más amigos, pero era imposible.

Ese año le tocaba a él organizar la recepción. Todo tenía que estar listo para el 7 de mayo, día que conmemoraría la capitulación alemana y el fin de la 2º Guerra Mundial. Y su jefe lo había dejado bien clarito: "Todo tiene que estar perfecto, a pasado tiempo suficiente como para que no sea un recuerdo doloroso, sino una celebración por la paz. Quiero que sorprendas favorablemente a los otros países, a ver si sus jefes nos proponen algo interesante." Era un tono sin replica.

Antonio sonrío con nostalgia. ¿Suficiente tiempo? Como se notaba que aquel hombre era humano. Para él puede que aquello fuese algo lejano, que solo se lee en los libros de historia, pero para Antonio todo era muy reciente. Y seguía doliendo.

Porque todos ellos habían perdido muchas cosas en aquella guerra, y aunque él no había participado realmente, bastaba con cruzar la mirada azúl cielo de Alemania para entender como aquellos años de terror habían dejado huella en el rubio. Y no solo en él.

Los ojos esmeralda del español se aguaron.¡No!

No tenía que pensar en ello.

Sabía que si dejaba que una sola lágrima rodase por su mejilla ya no podría controlar el llanto. Tenía que ser fuerte.

Así que fue con una sonrisa que se dirigió hacia la puerta pincipal cuando oyó que alguién llamaba al timbre.

No le duró mucho.