Capítulo II

28 de septiembre de 2028

Abre la puerta con nerviosismo. Sabe que algo ha pasado, pero aún no sabe qué pueda ser. Su hermana le ha enviado un mensaje en clave pidiéndole que vaya urgentemente a su casa. El corazón se le va a salir por la boca. La llama nerviosamente y se encuentra por el pasillo a su sobrino. Su rostro muestra calma, pero sus ojos, preocupación. Su hermana pequeña está junto a él, en silencio, y ambos se acurrucan en la escalera.

Al fin baja su hermana del piso de arriba, donde se encontraba. Teme lo peor. Mira a todos lados buscando otro rostro, el de su cuñado, pero no está. Le pregunta con la mirada y ella niega con la cabeza. La cosa va de mal en peor. Teme que también haya caído, como ya lo hizo su hermano pequeño y dos de sus primos.

—¿Qué ha ocurrido? —se atreve a decir, al fin.

—No estoy del todo segura —le contesta, con la voz ronca—, pero creo que Teddy ha usado el hechizo del tiempo.

—¿El del tío Harry?

La hermana mayor asiente con la cabeza.

—¡Será mameluco! —dice frustrada, frotándose la sien mientras pasea por la estancia—. Él no está preparado para ese hechizo. Ni mucho menos para esa misión.

—Lo sé, pero teniendo en cuenta que es el único que puede hacerlo…

—Sí, yo también lo sé. Pero no quita que tenga demasiados riesgos.

La joven saca de su túnica un trozo de pergamino y comienza a escribir en él.

—Coge a los niños y ve a casa de mis suegros. Dale esto. Son órdenes de lo que deben hacer. Ellos lo entenderán. —Hace una breve pausa al ver que su hermana no entiende sus palabras y respira hondo antes de continuar—. Lo más seguro es que el hechizo ya haya sido rastreado por los mortífagos y corréis un gran peligro. No vayáis por la red flu, ni mucho menos te desaparezcas en su casa.

—¿Y tú qué vas a hacer? —le pregunta su hermana, preocupada.

—Ir hasta donde está Teddy.

—¿Estás segura de lo que vas a hacer?

—Más que eso. Estoy más preparada que él para esto. Él solo se saltó el protocolo.

—Ve con cuidado, ¿vale?

Y, sin decir más, saca una botellita con líquido dorado y lo estampa contra el suelo, desapareciendo en el humo que éste acaba de formarse.