3º capítulo: Los modales de Cream.
Midió estratégicamente el pulso del Knuckles que yacía inconsciente en la cama de la habitación en donde recientemente había estado Anya. Los pequeños latidos de su muñeca se sentían perfectamente debajo de la piel dura del equidna. Tails decidió que no había que preocuparse de momento y decidió que aprovecharía ahora que sus amigos estaban dormidos para hacer más reformas en el Tornado. Eran las nueve de la noche. Demasiado pronto para dormir. Pero Sonic estaba muy cansado y Anya estaba realmente estresada por un motivo que todos desconocían.
El joven zorro salió con sumo cuidado de la zona hogar y entró en el laboratorio. El Tornado reposaba pacíficamente en su mini hangar como si estuviera durmiendo. Tails cogió de su caja de herramientas una llave inglesa y se dispuso a trabajar en el avión.
Enroscó al máximo aquella tuerca de las hélices y se sacudió las manos. Sólo quedaba echarle un buen chorro de agua. Pero justo cuando iba a coger la manguera, que estaba enrollada en la pared, alguien le agarró del hombro. Tails no se resistió porque conocía el tacto de aquella mano aterciopelada e infantil. Sí, la conocía demasiado bien. La mano se despegó de su piel y fue entonces cuando el zorro se volteó para ver a la persona que él creía que era. Estaba en lo cierto. Tails sonrió cuando Cream le agarró una de sus manos manchadas de aceite y la agitó en el aire. Sus ojos marrones mostraban una gran preocupación hacia él aunque en su cara mantenía una disimulada sonrisa. La pequeña conejita parpadeó y movió ligeramente sus enormes orejas. Tails contuvo su sorpresa cuando no vio a Cheese consigo, su fiel amigo.
-Hola, Tails- saludó Cream volviendo a atraer su atención justo cuando empezaba a mirar hacia los lados en busca del chao.
-Oh, hola, Cream ¿qué tal te encuentras?
Cream suspiró y se alejó un paso de él como si estuviera decepcionada por algo.
-Esa pregunta me corresponde a mí hacerla- le contestó con una exagerada cortesía.
Cream y sus innecesarios modales, pensaba Tails. La conejita siempre fue muy perfecta en sus maneras con todos sus amigos, como si ellos se trataran de la nobleza. Nunca se daba cuenta que, por lo menos con él, no era necesario que se comportara de una manera tan refinada. Sin embargo, Cream no veía eso y siempre le decía que comportarse de otra manera sería una falta de respeto grandísima hacia ellos. Eso eran tonterías, pensaba.
-No te entiendo. Yo estoy perfectamente- dijo intentando ocultar el hecho de la pelea con los nigs. Cuando Cream se preocupaba...no había quien se la sacara de encima.
-Sí, sí me entiendes- le discutió- Dime que fue lo qué paso y si están bien los otros, Knuckles y Sonic.
Tails suspiró y se pasó una mano por la cara.
-¿Cómo te has enterado?
Cream se cruzó de brazos y lanzó una pequeña risita. De esa forma demostraba lo obvio de la situación.
-Las noticias, prensa, internet, cotilleos...Habéis peleado en una ciudad no en una selva virgen.
-Ah, claro- Tails intentó ocultar su ridículo- Bueno, Sonic está bien y Knuckles sólo está exhausto. Por lo demás...
-¿Y la otra chica?- le interrumpió Cream inmediatamente.
-¿La otra chica? ¡Oh! Te refieres a Anya. Ella apareció de repente. Me parece que sabe mucho de la situación de hoy.
La conejita se puso pálida de repente al escuchar el nombre de la chica que ellos habían rescatado. Tails se quedó inmóvil cuando vio aquella reacción pero no se atrevía a preguntarle que era lo que le había asustado tanto ¿sería desconfianza? ¿Miedo, tal vez?
-Es sólo una amiga verdad ¿verdad?- preguntó bajando mucho la voz.
El zorro se sobresalto imperceptiblemente cuando escucho aquella pregunta ¿que quería decir con eso? ¿No pensaría que...? No. Anya era una periquita muy estilizada y muy femenina pero para él no significaba nada. No era posible que Cream, amiga casi de la infancia, pensara de Tails como un cazador furtivo. Él era un hombre honrado. No un mujeriego.
-¡Cream! ¡Si la conocí ayer!- le saltó para hacerle ver lo absurdo de su pregunta- ¡Ni siquiera es una amiga!
Sin embargo, al acabar de decir eso, se arrepintió desesperadamente. Un rostro acongojado cubrió la cara de Cream. Sus ojos color ámbar se aguaron peligrosamente y una mueca afligida se dibujaba en su cara. Tails se reprochó a si mismo severamente el hablarle de esa manera. No podía creerse que hubiese sido tan cruel con ella. Y menos cuando ella era tremendamente bondadosa con él.
-Cream- se acercó a la conejita oprimida y la agarró por los hombros en un gesto cariñoso- no era mi intención hablarte de ese modo. Perdóname.
-No, Tails, soy yo la que tiene que pedir perdón. No debí hacerte esa pregunta. Forma parte de tu vida personal y yo no me puedo entrometer.
-Tú formas parte de mi vida.
Y entonces, Cream levantó la cabeza y miró a Tails. El zorro se estremeció al captar la mirada de su amiga. Sus ojos, antes tristes, se clavaban en el joven zorro con un brillo de extraña esperanza. Una esperanza que no podía descifrar pero que le ardía la sangre en sus venas. Soltó suavemente los hombros de Cream y suspiró inaudiblemente. Aunque parecía que ella se había dado cuenta porque la esperanza de sus ojos aumentó su intensidad.
-Tails, tengo que irme a casa. Mi madre me está esperando...- susurró y rápidamente salió por la puerta del laboratorio.
Tails estaba inmóvil. Conmocionado. La fuerza que había acelerado su corazón le había agarrotado los músculos y agitado los nervios. Temblaba frenéticamente. Lo único que pudo hacer fue ver desaparecer a Cream en el horizonte, escondiéndose detrás de la colina que daba al camino que a su vez llevaba a la ciudad, donde se encontraba el piso de Amy.
Sonic agarró la mochila con los aperitivos que Tails había preparado y trotó hasta el pequeño hangar del Tornado, donde Tails estaba montado en su lugar correspondiente. Según el erizo, iban a supervisar las zonas más recónditas de Mobius. Decían que podría haber algo que fuera la causa de los ataques de los nigs. Quizá buscaban algo...
Sonic se subió ágilmente a las alas del avión y se colocó cómodamente y seguro para el despegue. Tails empezó a encender y a calentar el motor del vehículo.
-Anya, te encargarás de los cuidados de Knuckles- le encomendó el erizo.
-Vigila que no le baje la tensión, que se encuentra en buena postura y que no se le inflama la herida del brazo.
-Volveremos lo más pronto posible- acabó finalmente Sonic y después de cinco minutos, el Tornado ya estaba en el aire, menguando en el denso cielo que se extendía por el horizonte.
Anya juntó las manos y cerró los ojos. Estaba realmente asustada. La cría tenía que salir YA del huevo. Si no el poder del miedo cubriría todo el planeta. El huevo oscuro había eclosionado y ahora sólo la criatura de piel de oro podrá erradicar al tenebroso futuro. Esa era la leyenda de su pueblo. Su pueblo ahora destrozado...Pero si Sonic es el elegido para montar a la criatura ¿por qué no se había abierto ya el huevo dorado? ¿O es que Sonic no es el elegido? ¿Quién era entonces?
-Acércate...cógeme...- le susurró una débil presencia mental.
Anya parpadeó confundida y miró a su alrededor en busca de la persona que le había lanzado ese mensaje telepático. Pero la estancia estaba fría y solitaria. Sólo se escuchaba el murmuro del viento y a un alegre gorrión que cantaba posado en una rama de un árbol que había en el exterior. Estaba ella sola en el laboratorio. Pero Anya seguía buscando la presencia mental así que se quedó inmóvil y rígida mientras registraba la habitación con sus ojos verdes.
-Ven, Anya, acércate a mí...cógeme...- le volvió a susurrar aquella voz.
La periquita se volteó hacia la puerta del laboratorio. La puerta que daba a la zona hogar. La presencia venía de allí. Anya suspiró profundamente y empezó a caminar. No tenía miedo, no estaba asustada. Al contrario, estaba tranquila e intensamente serena. Hasta ella misma se extrañaba de no alarmarse pero había algo en esa presencia mental que la calmaba, que le decía que no era malvada. También sentía algo de impaciencia pero esa impaciencia no pertenecía a su cuerpo, a su conciencia. Era una emoción que no estaba adherida a ella...sino a la presencia mental. La esperaba. La esperaba en alguna parte y a nadie más que a ella pero ¿por qué la esperaba?
Llegó a la habitación de Knuckles sin haberse dado cuenta de que había estado andando. La estancia estaba oscura pero un pequeño rayo de luz entraba por la cortina semicerrada. No parecía que hubiera algo anormal en ella. Giró su cabeza hacia el equidna dormido. Su respiración se escuchaba claramente en la tranquila pero amenazadora calma de la habitación. Fue ahora cuando Anya se amedrentó ligeramente. Se volteó con la intención de salir de allí pero...su cuerpo no respondía. Estaba totalmente paralizada. Removió los brazos rebeldemente intentando escapar de la fuerza misteriosa que la tenía atrapada pero sus pies estaban completamente encajados en el suelo. Una repentina oleada de temor invadió a Anya. Empezó a temblar frenéticamente y comenzó a pelear encarnecidamente con el poder que la tenía prisionera. Intentó gritar pero ni un solo sonido salió por su pico curvado, solamente exhaló aire.
-No, no te vayas...cógeme...- le dijo la voz mental.
Entonces Anya se relajó por completo cuando comprendió que era aquella presencia mental la que la agarraba con tanta fuerza. Buscó con su conciencia el hilo telepático y en el momento en que la encontró la aferró a ella como si fuera un tesoro preciado. Deseaba que no se marchara. Que se quedara con ella. Había algo en esa presencia que le mantenía la confianza. Sabía que si estaba en su mente estaría segura de cualquier peligro pero, ahora bien ¿sería la conciencia ajena quien la manipulaba para que sintiera eso? Agitó la cabeza y caminó hasta la bolsa de cuero, que estaba colgada en la silla que había al lado de la cama. La bolsa que guardaba el huevo dorado.
La agarró con sumo cuidado, como si se tratara de un objeto frágil y débil, y vertió su contenido en su regazo. El huevo del color del oro cayó pesadamente sobre sus muslos. El duro embrión rodó por sus piernas y la periquita se apresuró a echarle las manos. No podía dejarlo caer. No podía dejar que le pasara algo malo porque...de ahí procedía la presencia mental.
¡Hola de nuevo! ¡He aquí me tercer capítulo de esta nueva historia! Y he aquí una nueva tanda de agradecimientos. Muchas gracias, Kamiase. Personalmente, yo pienso que mi imaginación está un poco atrofiada pero te agradezco realmente ese halago. Este capítulo es como un regalo para ti. No se si me entiendes... Kira-writer, también te agradezco tu review. Te digo lo mismo que a Kamiase: no creo que tenga tanta imaginación, jejeje. Y tranquilos que Knuckles sigue vivo. Bueno, supongo que nos leeremos en el siguiente capítulo. Que tengáis unas grandes vacaciones, amigos. Muchos besos y abrazos.
Wings-Dragon
PD: Feliz semana a los dos.
