Disclaimer: Los personajes de THG no me pertenecen.
.
oOo
.::Capítulo Tres::.
Desconocida
.
oOo
Gale observó fijamente a las personas que bajaban del autobús, concentrándose en sus rostros hasta que todos terminaron de dispersarse, volviendo a dejarlo solo.
Al levantar la vista hacia el cielo, los nubarrones grises sobre la ciudad le transmitieron una inevitable sensación de nostalgia, y sus pensamientos lo llevaron de nuevo a ese mismo lugar, esa fría mañana de noviembre, con la lluvia helada mojando las calles, y la hermosa Madge frente a él. Si cerraba los ojos, Gale aún podía escuchar el dulce sonido de su voz, y escuchar el agitado latido de su corazón. Pero su mente regresó a la realidad al sentir la presencia de alguien más, sintiendo una leve pizca de esperanza cuando, al abrir los ojos, notó una larga cabellera rubia a su lado; sin embargo, esa esperanza se esfumó al encontrar el rostro de su portadora, que le sonrió con simpatía, estrechando sus ojos castaños.
No, no era ella.
Gale suspiró y se hundió un poco más en su asiento, apretando la pluma entre sus dedos.
Desde hacía meses se sentaba todos los días en ése mismo lugar, esperando pacientemente y buscando en cada persona que veía pasar aquellos ojos azules que veía cada noche al cerrar los ojos.
Los buscó por mucho tiempo, incluso en Nueva York, pero Madge jamás apareció. Incluso quería ir a Inglaterra, sabía que ella estudiaba en Cambridge, pero no tenía dinero suficiente, y solo faltaban algunas semanas para que se graduase.
Y entonces la primavera llegó entonces, y después el verano, y cuando menos se lo esperaba era invierno nuevamente, y aún no había logrado sobreponerse a ese instante, ese minuto, ése segundo que había compartido con ella, los cuales habían marcado su vida para siempre.
Entonces Gale empezó a escribir. Escribió noches enteras, días y semanas para no perder ningún detalle de aquel día, que cada vez parecía más un sueño lejano que la realidad. Y un día, cuando menos se lo esperaba, su obra maestra, su sueño más grande, estaba terminada, y estaba dedicada a ella. Fue su forma desesperada de volver a Madge real una vez más, de decirle lo mucho que aquel instante había significado en su vida, y que aún seguía pensando en ella.
Quería creer que ese libro les ayudaría a volver a coincidir, porque sabía que esa joven era su destino, su futuro.
Cinco años habían pasado, y aún no la había olvidado
oOo
— ¿Estás listo?
—Supongo.
—Esto no es juego, Gale. Debes ser agradable con esas personas para que sigan dándote su dinero, ¿entiendes, querido? —explicó la mujer, y Gale frunció el ceño, rodando los ojos.
—No necesito hacer eso. Mi libro ya es el más vendido del año, ¿no? ¿Qué más dá lo que toda esa gente piense?
Effie bufó con disimulo y le acomodó las solapas de la chaqueta y la corbata, procurando apretar bien el nudo contra su cuello, con una brillante pero forzada sonrisa.
—Sonreír a la gente que te exaspera es increíblemente fácil, querido, así como yo te estoy sonriendo a ti, aunque me estés volviendo loca.
—Eres buena —Gale rió de la nada, alejándose un paso y aflojando la corbata para poder respirar —Por un segundo hasta creí que te agradaba...
—Lo sé. Ahora vete —su representante ahogó una mueca y Gale fue a sentarse a su lugar, preparándose para soltar risa tras risa mientras firmaba descenas de ejemplares, recibiendo cumplidos, contestando algunas dudas o haciendo algunos comentarios personales y recibiendo también algún que otro halago, y alguna que otra invitación a una cita por parte de varias lectoras más atrevidas que el resto.
La pregunta más frecuente (además de que si estaba casado o tenía novia) era si la joven de cabellos color oro y ojos como el cielo, protagonista de su libro, realmente existía, y si la dedicatoria del libro había sido para ella, y Gale Hawthorne sabía que así era, sin embargo, cada vez que alguien le preguntaba al respecto solo contestaba con alguna evasiva y llamaba al siguiente en la fila.
Ya habían pasado cinco años desde aquella noche en que su corazón había dejado de pertenecerle al posar sus ojos en los de Madge Udersee, y cinco años desde que ella se había ido para siempre, llevándose todos aquellos sentimientos consigo.
La había buscado hasta el cansancio; con las primeras regalías de su libro había viajado a Cambridge para encontrarla, pero ni siquiera así había dado con ella.
Era casi como si nunca hubiera existido.
Con el éxito de su novela había esperado que Madge la leyera y supiera que hablaba de ella, que seguía amándola, pero al parecer no lo había hecho, y con el tiempo Gale incluso había comenzado a creer firmemente que ella jamás había existido.
Soltó un profundo suspiro y firmó el ejemplar número 200 con la mano a punto de caérsele. Llamó a Effie con una seña y le ordenó detener todo eso por tercera vez, pero ella se negó a escucharlo.
—Solo unos cuantos ejemplares más y podrás irte a casa. Está en tu contrato —dijo, poniendo más libros frente a él.
Gale gruñó por lo bajo y masajeó su mano casi con desesperación.
Las personas siguieron pasando, y su nivel de fastidio aumentaba con cada nuevo nombre que debía escribir.
Finalmente dejó de mirar a sus admiradores y se concentró en hacer las preguntas debidas de forma automática.
Cuando volvieron a ponerle un libro abierto en la mesa suspiró y sacó su pluma con resignación.
—Hola— le dijo la mujer, mas Gale ni siquiera la miró.
—Hola. Gracias por venir. ¿A nombre de quién...? —preguntó, indiferente, y ella rió.
—Madge —dijo, y Gale levantó la vista tan rápido que fue dolorosa.
Y su corazón se detuvo mientras la pluma rodaba de sus dedos y sus ojos subían automáticamente hacia el rostro de aquella hermosa mujer que tenía en frente. Y todo fue como el primer día, su pulso se elevó hasta el cielo y el aire lo abandonó por completo, mientras sus labios se abrían por la sorpresa, y su garganta se secaba.
—¿Madge? —logró balbucear, olvidándose de todos los lectores que tenía en frente. Y en ese instante no supo cómo reaccionar; quiso sonreír, gritar, abrazarla, besarla, poder moverse siquiera, pero al hacer el primer movimiento tiró un vaso de agua sobre libro, al querer solucionarlo arrojó los folletos de la presentación al suelo, y al querer recogerlos tiró las plumas que descansaban junto a su mano.
—¡Gale! —Effie dejó de observar su tableta y rompió el momento con su voz chillona. Gale la miró con reproche, y de inmediato regresó la vista hacia Madge, temiendo que ella ya hubiera desaparecido. Pero seguía allí, mirándolo con una sonrisa.
Era real. Ella en verdad estaba allí.
—¡Madge! —exclamó, sin poder sonreír debido a la paralizante sorpresa de tenerla frente a frente una vez más, y después solo pudo mirarla fijamente. Había cambiado un poco esos años. Su cabello estaba un poco más largo y ligeramente más oscuro de como lo recordaba, pero sus ojos seguían siendo los mismos, claros y brillantes, hermosos y atrayentes. Y quiso abrazarla, y besarla una vez más, con tantas ganas que dolía, pero de alguna forma logró quedarse en su lugar un solo mirarla, como si el resto del mundo hubiera desaparecido.
—¿No vas a firmar mi libro? —Madge rió, trayéndolo de regreso a la realidad.
Gale parpadeó y de pronto recordó cómo volver a respirar, esbozando una sonrisa que escondía el torbellino de emociones que se había apoderado de su mente.
—Claro, sí —esbozó una mueca y después se agachó para recuperar su pluma, firmando el libro sin prestarle demasiada atención. Y solo después cayó en cuenta de la realidad —¡¿Lo leíste?! —preguntó, sintiendo una extraña vergüenza de pronto, la cual se incrementó cuando Madge asintió.
—Me resultó muy familiar —declaró, risueña —Dos jóvenes que se conocen bajo una lluvia torrencial y se enamoran a primera vista, a pesar de las diferencias sociales; pero ella desaparece sin dejar rastro... Es muy romántico —le dijo, y Gale sintió su corazón a toda prisa al ver aquel mismo brillo en esos ojos que parecían espejos de su alma— Aunque no llegué al final —sonrió ella —¿Podrías decirme cómo sigue la historia, Gale?
Él tragó grueso. Había esperado ese momento por tantos años, imaginado miles de escenarios posibles y cientas de palabras que expresaban todo lo que la había extrañado a pesar de que prácticamente eran desconocidos, pero ahora no podía recordar ni siquiera cómo hablar.
—É-Él vuelve a encontrarla años después, de nuevo por casualidad... —musitó, ahogándose con sus propias palabras.
—¿Y qué pasa? ―quiso saber Madge, y Gale alzó la vista, devolviéndole la mirada con la misma intensidad.
—Ella le dice que besarla sería el fin de la vida como la conoce —murmuró. Madge parpadeó y sus ojos adquirieron ese mismo brillo una vez más mientras sus manos estrujaban el libro entre sus dedos, delante de su cuerpo. Parecía tener los mismos deseos reprimidos que él de lanzarse a sus brazos, pero, por alguna razón que Gale no lograba explicarse, intentaba ocultarlo.
—Suena...—comenzó, visiblemente nerviosa —Me suena conocido— dijo al fin, sonriendo con nerviosismo mientras volvía a dejar el ejemplar frente a él— Tu dedicatoria fue muy linda, así que cuando escuché que estabas aquí decidí pasar a verte... Fue una casualidad que éste en Nueva York, pero me alegra que así fuera —confesó, y Gale le sonrió, sintiendo una ridícula alegría invadirlo al oírle decir eso.
—Creo que el destino se empeña en juntarnos —aseguró, extendiendo una mano casi sin darse cuenta hasta estar más cerca de la de ella para acariciarla, y cuando lo hizo aquella electricidad volvió a recorrerle la espina, igual que aquella vez, cinco años atrás, pero esa vez ninguno se apartó —He pensado en ti. Mucho —admitió Gale, sintiendo su corazón tan acelerado como la primera vez, mientras Madge abría los ojos con sorpresa, atenta a cada palabra —Escribí este libro porque sabía que lo leerías...Y creerás que es una locura, pero desde aquel día yo creo que te...
—Gale — lo interrumpió de pronto, con la voz estremecida, mientras movía su mano y la apartaba de la suya, sorprendiéndolo.
Había esperado tanto para volver a verla, y se sentía tan feliz y completo solo con poder estar cerca de ella, que simplemente no podía entender su comportamiento.
Pero Gale no permitiría que volviera a escapar de su vida.
—¿Qué pasa? ―preguntó, intentando volver a tomar su brazo, pero Madge se apartó nuevamente, bajó la vista y separó los labios, pero otra voz contestó por ella:
—Cariño, ¿ya firmaron tu libro?
Madge volteó de inmediato, y Gale llevó su mirada hacia el mismo lado, notando por primera vez al hombre alto y de cabello cobrizo que estaba detrás de ella, cargando en sus brazos a un niño dormido, cuya cabeza rubia estaba recargada en su hombro. Luego miró a Madge y, estupefacto, la vio sonreírle al hombre.
—Ya voy, Finnick. Espérame en el auto ―pidió, y el hombre asintió, dándole un rápido beso en los labios antes de despedirse de Gale con un firme movimiento de cabeza, saliendo con el niño aún dormido en brazos.
—Te casaste —susurró Gale, demasiado turbado como para decir más.
Y Madge se sorbió la nariz con elegancia, sonriendo otra vez.
—Sí, hace cuatro años. Yo... Estaba comprometida cuando te conocí ―admitió. Gale la miró a los ojos, y luego clavó la vista distraídamente en los dedos pequeños y delicados de Madge, los cuales acariciaban la tela de su vestido blanco con suavidad, y abrió los ojos con sorpresa al posar la vista en su abdomen por primera vez y encontrarlo sobresaliendo de su cuerpo, y casi al mismo tiempo reparó en el diminuto pero elegante anillo de oro que brillaba en su mano izquierda.
Y sintió que su mundo se desmoronaba por segunda vez en ese instante.
—¿Dónde...? —balbuceó, sin saber qué decir o qué pensar; dolía pensar en que la había perdido sin que alguna vez pudiera ser suya, pero necesitaba saberlo todo sobre ella, por más ridículo que sonara —Te busqué en Nueva York, y en Inglaterra. Te busqué por cinco largos años cada noche en aquella esquina donde nos vimos por primera vez, y tú...ya te habías casado... ―pensó en voz alta, y Madge, todavía sin atreverse a volver a alzar la vista, jugó con su alianza, sonriendo con nostalgia.
—Éramos dos desconocidos, Gale ―murmuró, mirándolo brevemente ―Yo no...Estaba comprometida desde hacía un año, y luego Finnick fue designado embajador inglés en Rusia, y yo me fui con él... No creí que... No creí que ese momento que compartimos se volvería tan...real para ti.
《Para ti》
Aquella palabras resonaron en la mente de Gale una y otra vez, rompiendo lo que quedaba de su deshecho corazón. Solo dos palabras con un significado que destruía todo lo que por años había creído, aferrándose a una historia con una desconocida que ni siquiera había tenido un comienzo, y que a ella ni siquiera le había importado, lo estaba demostrando ahora, con sus propias palabras.
Gale entonces la miró, y, con todo el valor que fue capaz de reunir, intentó esbozar una mueca de desinterés.
—No importa. Ya ha pasado mucho tiempo... ―se encogió de hombros, empujando el libro otra vez hacia ella mientras llamaba al siguiente de la fila, intentando escapar lo antes posible de esa situación y sus sentimientos rechazados ―Por cierto, tienes una hermosa familia ―dijo, sonriendo de la misma forma en que Effie le sonreía antes de girarse hacia otra de sus lectoras y fingir que centraba toda su atención en ella, pero aun así viendo de reojo cómo Madge salía de la librería, reuniéndose con su esposo e hijo. La perfecta postal de una familia feliz.
Y así, en ese preciso instante, como todos esos sentimientos despertaron al volver a verla, volvieron a ser sepultados en lo más profundo de su corazón.
Para ya jamás volver a salir. O al menos Gale quería asegurarse de eso.
oOo
Las pisadas y las risas inundaron el ambiente, llamando la atención de Gale, que levantó la vista de su libreta, viendo a todas las personas desaparecer lentamente de su rango de visión.
Era increíble lo mucho que ese lugar había cambiado con los años; las fábricas cerradas, los flamantes apartamentos sin estrenar, los árboles en la acera, todo era nuevo y brillante. Incluso el parador era nuevo, pero para Gale todo seguía siendo como aquella mañana en que Madge y él habían coincidido por accidente. Y odiaba eso.
Suspirando, dejó de escribir y se llevó una mano al rostro. Ni siquiera sabía porqué seguía yendo a aquel lugar, sentandose a esperar por algo que nunca iba a pasar.
Sus amigos insistían en que debía seguir con su vida y mirar hacia adelante, pero no podía hacerlo. El sentimiento que Madge y él habían compartido en solo un momento, el haber estado junto a ella aunque solo hubiese sido por un instante, había bastado para que lo persiguiera toda la vida, aún cuando para ella no hubiese significado lo mismo.
No importaba qué o cómo, jamás podría quitarla de su mente.
Rendido, Gale suspiró por enésima vez y se hizo hacia atrás sobre su asiento, cerrando los ojos con cansancio. Era irónico, pero por una revista había terminado de enterarse de que Madge estaba casada con un joven e importante político inglés, al parecer muy popular en su país. Habían vivido los últimos cuatro años en el exterior y solo habían pasado por Norteamérica por asuntos oficiales o algo así. En realidad no había terminado de leer la nota, no pudo hacerlo.
Ella era feliz; tenía un buen esposo, una hermosa casa y, según había leído, acababa de dar a luz a su segundo hijo. Madge había seguido con su vida a pesar de aquel momento, ¿por qué no podía hacer lo mismo? ¿Por qué era tan difícil para él superarlo?
《Porque te enamoraste de ella. De una desconocida》
Su voz interna lo traicionó repitiendo lo que tantas veces se había negado a aceptar; Gale entonces bufó, llevándose ambas manos a la cabeza, desesperado.
—¿Gale? —sobresaltado, Gale se enderezó de inmediato, abrió los ojos y su corazón se detuvo al distinguir una larga melena rubia frente a él, acompañada de unos grandes y brillantes ojos azules; sin embargo, al mirar el rostro de la chica que le había hablado con detenimiento notó que no eran sus mismas facciones, sino otras, muy hermosas pero también muy diferentes.
Ella no era Madge.
—¿Nos conocemos? —preguntó, curioso. La chica le sonrió y se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. Su sonrisa era suave y cálida, y a Gale le recordó a la sonrisa de Madge.
—¿No me recuerdas? —rió un poco más alto, y él negó con la cabeza —Claro, si la última vez que me viste aún usaba frenillos y todavía tenía acné. Rory solía llamarme cara de fresa...
—¿Primrose? —exclamó, como si solo entonces pudiera darse cuenta de la hermosura de esa chica que tenía al lado —¡¿Eres la pequeña Prim, la hermana de Katniss?!
—Esa soy yo.
—Vaya... Estás... Diferente. Creciste —vaciló, embobado. Había conocido a Primrose Everdeen desde que era una escuálida chiquilla de seis años con frenillos, y no había cambiado mucho la última vez que la había visto, cuando tenía unos trece. Sin embargo, ahora se presentaba ante él como toda una hermosa mujer; alta, con un cuerpo perfecto y un rostro que parecía ser el de una estrella de cine.
Prim volvió a reír y desvió la vista.
—Sí; creo que eso pasa con los años, Gale Hawthorne. Acabo de cumplir 19 —rió un poco más alto; Gale se maravilló con su risa —¿Esperas el autobús?
—¿Yo? No. Estoy...—de pronto pensar en Madge se le hizo vergonzoso —Sólo estoy descansando —movió la cabeza, tratando de pensar en otra cosa —¿Y qué hay de ti? —preguntó, sonriendo también —Supe que Katniss te envió a estudiar a Europa con el dinero que les había dejado tu abuelo...
Prim parpadeó y esbozó otra sonrisa.
—Oh, sí. Estuve en Francia por cinco años; terminé la preparatoria y me inscribí en la Escuela de Medicina de París...
—Vaya. Tu hermana siempre dijo que tenías talento para eso. Debe estar orgullosa, igual que tu madre.
—Lo están, aunque querían que me quedara en París. Pero decidí pedir mi pase para estar más cerca de ellas.
—Ah... ¿Y cómo va tu trabajo? —preguntó lo primero que se le ocurrió. Por Katniss, una de las pocas veces que habían hablado después que se mudara, había sabido que trabajaba como modelo en sus ratos libres para ganar su propio dinero, y, aunque nunca había visto alguno de sus trabajos, ahora que la tenía enfrente no le resultaba difícil imaginársela frente a una cámara.
—Muy bien, a decir verdad. Quieren que desfile en la Semana de la Moda en Milán, pero tengo exámenes, y Katniss me matará si repruebo— Prim le sonrió, y con esa sonrisa Gale volvió a sentir aquel pequeño y extraño cosquilleo en el estómago. No con la intensidad con la que había sentido con Madge, pero le hizo sentir, aunque solo fuera un momento, que podría seguir mirando solo hacia el futuro.
Los dos guardaron silencio por un buen rato, solo mirándose sin emitir sonido, como si no pudieran hacer otra cosa o el tiempo se hubiera congelado en torno a ellos.
—Sí que es extraño —murmuró la chica, sin dejar de mirarlo a los ojos.
—¿Qué cosa? —preguntó él, también sin moverse un ápice.
Prim rió una vez más y sus mejillas adquirieron un suave y encantador todo carmín.
—Solo salí a comprar unas galletas —dijo ella, señalando sus pantalones de yoga y camiseta holgada —Nunca pensé que me encontraría contigo así, en este lugar... Mucho menos que me mirarías como a una completa desconocida.
—Lo siento...
—Está bien. Yo también quiero olvidarme de la vieja Prim —ella rió una vez más, y Gale la acompañó. Nunca había sido su intención olvidarse de ella; verla incluso lo llenaba de buenos recuerdos de su infancia. Recuerdos agradables que, por un momento, hicieron que olvidara todo lo demás —Bueno... Fue bueno volver a verte —Prim levantó una mano y empezó a despedirse —A mi hermana le gustará saber que...
—¿Quieres...? —la interrumpió él, sin dejar de mirar aquellos profundos zafiros de su mirada, carraspeando —¿Quieres ir a tomar algo? Digo, como eres la hermana pequeña de mi mejor amiga, y...
—Me encantaría —Gale no supo si era su propio nerviosismo el que le estaba jugando una mala pasada, o si en en verdad Prim estaba tan nerviosa como él.
De cualquier forma, Gale solo sonrió y se levantó, extendiéndole una mano.
Y después de ese día ya no volvió a sentarse en aquella parada.
oOo
.
Continuará...
oOo
.
N del A:
No puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde que actualicé éste fic, lo cual es extraño, porque son solo cinco capítulos, de los cuales ya estaba bastante avanzado, sin contar que me gusta mucho esta historia xD
En fin, intentaré terminarlo tan pronto como pueda y así poder completarlo de una vez.
Lamento la demora. Gracias a quienes siguen leyéndome del otro lado.
Hasta la próxima!
H.S.
