Estaba en mi árbol favorito, recostada en el tronco disfrutando de la tarde y del libro que me había mandado mi madre, absorta de todo, del bullicio del castillo, de las miradas curiosas que nunca faltan, de las preguntas inútiles tipo "¿Qué haces?" Cuando tienes un libro en la mano.

Podría decirse que estaba fuera del mundo, y tal vez así era, porque no lo sentí llegar, creo que ese fue el inicio de todo, no haberlo notado cuando debía hacerlo.

Creo que fueron horas las que pasaron estando los dos sentados a lados opuestos del árbol, conservando el silencio porque en realidad era eso lo que buscábamos.

Ahí nos encontramos realmente por primera vez, cuando el destino quiso que la tarde nos cogiera juntos y nos recordara que debíamos volver al mundo, nos paramos al mismo tiempo o así lo recuerdo, cara a cara nos estudiamos, por primera vez veía sus ojos grises, por primera vez veía más allá del Malfoy idéntico a su padre, por primera vez me daba cuenta que él existía más que para perpetuar el odio de mi padre y los viejos prejuicios.

Un asentimiento de cabeza, eso fue todo lo que nos dedicamos y cada uno dio media vuelta para alejarse del lugar, sin importar que en ninguna de las dos direcciones quedaba el castillo.

Descubrimos que se puede mantener una conversación sin iniciarla, en los lados opuestos de un árbol, cuando en los días siguientes nos volvíamos a encontrar sin encontrarnos.

El silencio hizo gala de su fuerza, nos mantenía alejados, uniéndonos fuera del mundo, aportando la primera contradicción.