Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen.
6 AÑOS ANTES DEL REENCUENTRO.
Curso: Tercer Año.
10:30 AM.
─Anya… ─se escuchó la voz de Gilbert, mientras revisaba unas pruebas. El estómago de la rusa dolía demasiado, sabía que le había ido muy mal en esa prueba. Se puso de pie y recibió la hoja, ni siquiera la miró. Sus ojos lo decían todo, realmente le había ido mal.
La rusa se sentó en donde se encontraban sus compañeras, todas miraban a Anya ya que estaban preocupadas de que su nota fuera muy mala. Finalmente la rusa tomó la hoja y la vio. Realmente era una nota asquerosa. Sintió mucha rabia consigo misma ya que había sacrificado el estudio de Historia para estudiar para esa prueba, ¿y qué era peor? Historia lo había aprobado sin problemas.
Cuando Gilbert acabó de revisar las pruebas, levantó la vista y la clavó en la rusa, quien seguía bastante deprimida por su resultado.
─Anya, ven ─musitó el alemán, la rubia se puso de pie y se paró en frente de la mesa de Gilbert, él subió la vista para mirarla y poder decirle lo que debía, no fue demasiado lo que tuvo que subir sus ojos, ya que ella no era mucho más alta que él─. ¿Qué es lo que pasa?, ¿por qué te está yendo tan mal?
─No lo sé ─dijo ella, pasando su mano por sus largos cabellos─. No sé lo que pudo haber pasado, yo estudié mucho para esta prueba.
─No quiero nunca más una nota así de ti, ¿está bien? ─ella asintió─. Se nota que tú entiendes lo que digo, ¿no? Yo soy buen profesor ─rió un poco─. Pero en serio, yo creo que tú sabes lo suficiente para tener mejores resultados que esto. Me apena mucho que no puedas aprobar el semestre por esta nota, así que, voy a ayudarte, pero luego tendré que cobrarte esta ayuda.
La rusa asintió y se avergonzó muchísimo, realmente era una buena persona.
AÑO ACTUAL
11:30 AM.
Anya se encontraba en la sala de profesores junto a Francis, éste estaba tomando un café, mientras la rusa revisaba unos trabajos de los estudiantes. Anotaba las correcciones con rojo y dejaba pequeñas notas por el lado de las cosas que habían escrito los estudiantes. Mientras ella se encontraba en eso, el alemán albino entró por aquella puerta y se quedó mirando a la pequeña jovencita que estaba ahí, por alguna razón se sintió nervioso. Él no era ignorante con respecto a lo que ella podía haber sentido por él durante la época en que eran profesor y alumna, pero él en ese momento estaba ensimismado en otras cosas, y a su vez, no podría haber hecho algo así, sabía los riegos que traía involucrarse con las estudiantes, a muchos les había pasado en aquella escuela, a muchos los habían obligado a dimitir luego de aquellos "incidentes", y él, bueno, él no llevaba demasiados años ahí en esa época, así que claramente no se arriesgaría de una forma tan idiota.
─¿Alguien sabe en qué fecha comienzan las pruebas globales? ─preguntó Francis muy alto para que cualquiera de los que estaba ahí pudiese responderle.
─En dos semanas. Las primeras son de los ramos diferenciados, luego vienen Historia, Lenguaje, Biología, Inglés, Matemáticas y las otras ciencias. ─respondió Gilbert sentándose en la misma mesa donde estaba el francés con la rusa.
─Gracias por estar siempre tan informado, Gilbert ─dijo el francés con una sonrisa.─
─No es nada, Francis, no es nada.
Un rato pasó, luego entró por la puerta una mujer, española, de ojos verdes como las más finas esmeraldas, cabello castaño, morena y de amplias caderas, con una marcada retaguardia. Entró alegremente y se acercó rápidamente a la mesa donde estaban Francis, Gilbert y Anya. Esta última conocía muy bien a esa mujer, ella le había hecho Geografía cuando estaba en tercer y cuarto año. Sonrió alegre al verla, ella la reconoció y dio un gran abrazo.
─¡Anya! ─gritó─. ¡Estás realmente preciosa! No puedo creer lo bonita que te has puesto, realmente involucrarte en nuestro trabajo te hizo bien. Me encanta que vayamos a ser colegas de departamento prontamente… ¡De verdad! ─ella sonrió, Francis la miraba embobado, cuando la rusa era estudiante siempre pensó que entre ellos dos podía ocurrir alguna cosa, y por lo que observaba en ese momento no se había equivocado.
Mientras la rusa se envolvía en pensamientos propios, no se percató de que la mirada del alemán permanecía atenta a sus movimientos, mientras bebía una taza de té, mientras seguía corrigiendo trabajos, él no quitaba sus ojos de ella. Probablemente ella se daba cuenta, pero intentaba parecer como que lo estaba haciendo. Francis se puso de pie de repente.
─¿Me das un momento? Necesito conversar sobre unos cursos con Isabella en el departamento de Historia, vengo en un momento ─el francés guiñó el ojo, eso significaba que iba a demorarse un buen rato.
Aún faltaba mucho para volver a las clases, ya que se les había dado las primeras dos horas a los alumnos del instituto para que planificaran unas actividades de inicio de semestre. Gilbert quería comenzar a hablar con la rusa, pero no encontraba algún tema para iniciar la conversación.
─¿Cuánto tiempo estarás aquí? ─preguntó de repente.─
─Estaré todo este semestre, luego debo hacer una tesis de cómo fue la experiencia en el aula y con aquella nota aprobaré este ramo. Es una actividad bastante compleja, pero quiero hacerme la idea de que saldrá muy bien. El deber de Francis es ayudarme con eso, además ─sonrió ella, mirando al alemán, quien parecía muy embobado al mirarla.─
─Espero que sea un buen semestre ─dijo y un leve rubor atacó sus mejillas. ¿Qué estaba ocurriendo? Él, Gilbert Beilschmidt estaba sintiéndose atraído por una jovencita a la que prácticamente vio madurar en tres años de su vida. Se sentía completamente miserable, o quizás un poco avergonzado por lo que comenzaba a pasarle interiormente.
Probablemente ustedes, los que leen esto, no crean en la magia, pero hay muchas personas que sí, e incluso, personas que la practican. El profesor de música era aquella persona, bastante particular, experto en guitarras, bajos y todos los instrumentos de cuerda. Tenía una voz espectacular y las malas lenguas decían que practicaba magias oscuras. En el momento que Gilbert y Anya conversaban, él entró. Era uno de los profesores más jóvenes del instituto, y además, era hermano del actual director. Su nombre, Arthur Kirkland. Músico y mago. Cuando notó en cómo Gilbert miraba a Anya algo le extrañó y le llamó sumamente la atención. Luego de eso, vio como el francés volvía a entrar a la sala de reuniones y le pidió a Anya que lo acompañara, Gilbert quedó completamente solo y fue en ese momento que Arthur se le acercó.
─¿Ocurre algo con la aprendiz de Bonnefoy? ─dijo el inglés, con su acento tan perfecto y una sonrisa sarcástica en el rostro.
─¿Qué te hace pensar eso, Kirkland? ─musitó el alemán un poco molesto.
─Come on, Gilbert… I'm not stupid… Esas cosas logran saberse de un momento a otro, ¿no te das cuenta de aquello? ¡No seas torpe! ¿No te interesaría rejuvenecer para poder saber lo que sería estar con ella?
─Was? ¿Estás loco, acaso? Eso es completamente imposible…
Sin dejarlo terminar el inglés se marchó de la sala, el alemán vio la hora y se fijó que era de volver a la sala. ¿Dónde le tocaba? Ah sí, con un tercer año. Se apresuró y fue a dar sus clases. Aún así, no podía dejar de pensar en aquellas palabras que habían salido de la boca del inglés. ¿Cómo es eso de volverse más joven? No, definitivamente no. Era una locura. Absurdo. Imposible. Además… ¡No podía estar pensando esas cosas con Anya!
El día de Gilbert estuvo lleno de pensamientos extraños, por decirlo de alguna forma. Iba caminando preocupadísimo por el pasillo, cuando chocó con su amiga Elizabeth.
─Hey, ¿qué sucede? Te andaba buscando, es hora de salir a almorzar. ¿Estás bien? ─la húngara de ojos verdes, cabello castaño claro y amplia sonrisa se mostraba preocupada.
─No es nada, no es nada. Es solo que tuve un día muy extraño. Salgamos a almorzar, no importa.
Por su parte, Anya se encontraba caminando junto a Francis e Isabella, la española hablaba demasiado y de cosas muy interesantes, de verdad. Francis le explicaba a ella el trabajo que tenían que hacer con Anya a finales de aquel semestre para que ella pudiese aprobar. Decidieron salir a almorzar a la misma hora que Gilbert lo estaba haciendo e ir al mismo lugar, donde realmente iban todos los profesores del instituto. Al entrar, la rusa se percató de la presencia del alemán, intentó mantener la calma y entrar con el francés y la española, con quien estaba generando una gran relación de amistad. Se sentaron en una mesa y comenzaron a revisar el menú mientras conversaban alegremente. El alemán se sintió desesperado, ya que no podía mirar de forma normal a la rusa, las insinuaciones que le había hecho el inglés de volverlo más joven para poder hacer de las suyas con su querida ex alumna le dispararon la imaginación. Masticaba con dificultad, mientras miraba desde su puesto a la rusa, que esperaba la comida. Cuando Francis e Isabella comenzaron a hacer cierto jugueteo de pareja, Anya intentó mirar hacia otro lado, fue ahí donde su rostro se topó con el del alemán. Para fingir que no estaba tan nerviosa como realmente lo estaba le brindó una sonrisa, aquello no hizo más que seguir poniendo nervioso al albino.
─¿Te pasa algo? ─preguntó la húngara y se volteó, mirando a la rusa por un momento─. ¿Quién es ella?
─Fue mi alumna hace cinco años.
─¿Ella es Braginskaya? ─musitó Elizabeth, sonriendo un poco.
Él asintió, dirigió su mirada al plato a medio terminar y no pudo volver a levantar la cabeza durante todo el almuerzo.
¡Espero que te haya gustado!
Nos vemos cuando nos veamos.
