Él más fácil.


Hay cosas en la vida que no se pueden superar, cosas que te marcan de tal manera que ni una vida es suficiente para poder olvidar, cosas que tienes presente hasta día de tu muerte y que se convierten en las pesadillas que te quitan tu tranquilidad, tu paz, cosas como…¡la increíblemente grandiosa estupidez de Aioros!

– Estúpido Aioros arruina planes para conquistar santuarios – gruño por la bajo haciendo un puchero, sus ojos se habían vuelto cristalinos y tuvo que ahogar un sollozo con una deliciosa galleta con chispas de chocolate.

Gimoteo un poco mientras seguía comiendo galletas dentro de aquel oscuro y lúgubre lugar, estaba sentado con las piernas cruzadas, recargado en la pared, sintiéndose patético por la forma tan literal en que fracaso su primer plan, (porque por más que lo intento ya no alcanzaba debajo de la cama así que tuvo que conformarse con el armario.)

Y justamente ese fue el último lugar a donde lo fue a buscar Saga. El comportamiento de Kanon ya era demasiado para el gemelo mayor, desde que regreso maldiciendo a sagitario se había encerrado en el armario a comer solamente galletas con chispas de chocolate y refresco, moriría de inanición si no hacía algo pronto, así que reviso su agenda y encontró un espacio libre para el próximo mes…y la cancelación de una cita esta mañana, por lo que decidió ir a ver a Aioros y esperar hasta el próximo mes para preguntar qué le sucedía a su hermano….ok no, iría a ver a Kanon para que nadie dijera que era mal hermano.

Abrió la puerta de forma violenta y casi suelta la carcajada al ver como Kanon pego un brinco y lo miro con sus enormes ojos verdes y una cara de inocencia que inspiraba ternura.

– ¿Qué demonios te pasa Kanon? ¡No has salido en días de este cuchitril! – pero vamos, era Saga, esas cosas no iban con su status qou de "soy el patriarca más malvadote de todos los tiempos, foreverone" (y claro aun no aceptaba el hecho de que ya no era patriarca, y mucho menos superaba el hecho de que ya no era "malvadote")

– Nada – respondió el menor con un hilo de voz que apenas y se escucho.

– Déjate de tonterías – lo sujeto del cuello de la camisa y lo arrastro fuera de su escondite, a lo que Kanon se quedó tirado en el piso hecho un ovillo y abrazando su bolsa de galletas.

– Es que….había planeado algo especial para deshacerme de Aioros…pero no funciono – dijo muy bajito con la voz entrecortada y haciendo un puchero, estaba a punto de soltarse a llorar. Cosa que a Saga…muy en el fondo no le gustaba, ¿qué tal si le daba por limpiarse con su camisa?

– Maldito Aioros arruina planes para conquistar el mundo, y ahora también arruina hermanos menores, ¿no le basto con arruinar a su hermano ahora se mete con el mío? – gruño mientras soltaba un largo suspiro – vamos Kanon, no te lo tomes tan personal, así es Aioros – trato de consolarlo, no con el fin de realmente levantarle el animo, solo quería sacarlo de la casa porque…tenia cosas que hacer.

– Pero…me esforcé tanto

-Anda, levántate, no porque el viejo Sagitario haya arruinado tus planes te vas a encerrar aquí, seguramente tienes mas cosas en mente así que sal a hacer algo.

El menor lo miro con sus ojos acuosos – Saga… – le llamo suavemente consiguiendo que el mayor enarcara una ceja instándolo a continuar – ¿quieres ver una película?.

Y las siguientes cuatro horas se las paso sentado en un sofá frente al televisor, comprobando que Kanon tenía un pésimo gusto para el cine. Primero le ponía una adaptación de el retrato de Doriay Grey…pasable pero nada comparable con la obra, y luego…luego le ponía una adaptación de la batalla del santuario, a lo que solo pudo enarcar una ceja y hacer un esfuerzo horrible para no soltar la carcajada cuando vio las versiones de la orden dorada…en especial la transformación de Seiya y Atena, eran literalmente el caballo y su jinete...que por cierto no sabia montar, ahora entendía porque Aioros había renunciado a sus sesiones de cine con Kanon, eran sencillamente horribles.

Luego de que las películas terminaron un largo e incrédulo silencio se instalo entre ambos – y… ¿qué te han parecido? – pregunto un indeciso Kanon, como esperando su aprobación.

– Pues…bueno…son…horribles – susurro por fin.

– ¿Tú crees? A mí me parece que ambas películas son similares – le dijo Kanon con total desfachatez mientras apoyaba la espalda en el reposabrazos del sillón y comenzaba a comer esas malditas galletas.

– No se parecen en absolutamente nada – gruño.

– Claro que si, fíjate, Dorian Grey estaba obsesionado con su belleza y tal era su obsesión que todo el mal y el daño que recibía su cuerpo lo plasmaba en la pintura y el Saga de la película estaba tan obsesionado con el poder que su obsesión lo llevo a ser devorado por una enorme estatua.

– ¿insinúas que soy obsesivo?

– Yo no he dicho eso, solo dije que el Saga de la película se obsesiono tanto con el poder que su obsesión lo llevo a apoderarse de una estatua o a la estatua apoderarse de él, nunca mencione que el Saga real este tan obsesionado con el poder que se dejaría tragar por una estatua solo para cumplir sus propósitos, lo cual es patético porque significa que no puede usar su propia fuerza para salir victorioso, sino que necesita de la fuerza de alguien mas.

– ¿O sea que si crees que soy obsesivo?

– Por supuesto que no Saga.

– Lo acabas de decir Kanon.

– ¿Sabes qué? Mejor me voy a dormir. Buenas noches.

–¡No soy obsesivo Kanon! – le grito a la nada luego de que el otro hubiese abandonado la sala. Por lo que opto por apagar todo e irse también a dormir.

Aunque la noche no fue precisamente como esperaba...en algún punto de su embellecedor sueño se vio así mismo en la cima del santuario, portando a Nike y al escudo de Atena, símbolos que lo reconocían como el gobernante absoluto del mundo. Los había conseguido, al fin todos sus sueños eran realidad…hasta que de pronto vio el piso mas lejos de lo normal, y su cuerpo se sintió más pesado, y más lento, y más grande, y más torpe y…y…y se miro las manos y…y…y…eran grises, y gruesas, y estaban duras y…y…¡Y era una maldita estatua andante! Y…y…y de pronto el suelo se acercaba, muy cerca, demasiado cerca…y…y…¡y ahora era una maldita estatua a punto de caer y romperse en mil pedazos!.

Un grito desgarrador salió de su garganta y sin saber cómo se despertó en el suelo sudando frio, muy muy frio (y eso que estaban en Grecia). Eso…eso que tuvo…fue una estúpida pesadilla.

– ¡Saga! De prisa, tenemos que ayudar a la chica.

– ¿chica? ¿Cuál chica? – pregunto totalmente perdido.

– A la que acaba de gritar ¿no la oíste?

– Kanon ¡largo de mi habitación! – se levanto furioso.

– Pero Saga, la chica...

– ¡No hay ninguna chica en peligro Kanon! Estabas soñando – y sin más empujo a su gemelo fuera de su habitación, tan frustrado se sentía que no se percato de la perversa sonrisa de su hermano menor.

Los noches que siguieron fueron una pesadilla, literalmente hablando, pues todas las noches se repetía el mismo sueño, una y otra vez, y a eso se le sumaba la responsabilidad de dirigir el santuario en ausencia de Shion, responsabilidad que compartía con Aioros, responsabilidad que el muy infeliz sagitariano parecía haber olvidado de la noche a la mañana, porque o llegaba tarde a las reuniones, ¡o ni siquiera llegaba!

– Señor Saga – hablo uno de los soldados interrumpiendo su ascenso a la sala patriarcal – disculpe, pero me han enviado para que supervise el entrenamiento de los aprendices.

– ¿Qué? ¡Pero esa tarea le corresponde a Aioros!

– Pero él acaba de salir y nos pidió que lo buscáramos.

– Iré a dejar unos papeles y los alcanzare – dijo con los hombros caídos mientras observaba como el soldado se iba. Soltó un largo suspiro y se dio la vuelta para soltar un lindo grito de colegiala al encontrarse frente a frente con las enormes estatuas que custodiaban la entrada de virgo, a quienes veía ahora con enormes ojos de suricato.

– Saga, ¿qué pasa con la chica? – pregunto vía cosmos el guardián del sexto templo.

– Sigue meditando buda – gruño entrando al templo cuidando de alejarse lo suficiente de las estatuas. Solo para soltar un grito más fuerte que el anterior al encontrarse frente a frente con la gran, enorme, colosal estatua de buda.

– Saga – volvió a intentar Shaka.

– ¡Qué sigas meditando Shaka! – y como resultado, durante la noche se soñó con una enorme panza dorada, como si estuviera dentro de Buda, y luego se venía abajo rompiéndose en mil pedazos.

Tres días después se encontraba en el estudio revisando unos presupuestos mientras el imbécil de Aioros estaba perdido en alguna parte. Tomo los documentos para llevarlos a una caja de seguridad ubicada…a un lado de la estatua de Atena. Y al ver el enorme tallada de la figura esa…decidió que seguramente podría guardarlos después.

Luego de una semana, sus ojeras eran la clara señal de que estaban frente a Saga y no frente a Kanon, los ojos estaban irritados por la falta de sueño, y técnicamente se arrastraba de su casa hasta el templo patriarcal…con la ayuda de la otra dimensión, por ningún motivo cruzaría bajo la mirada de esas estatuas come geminianos guapos que custodiaban virgo. La oficina de Shion estaba atiborrada de papeles que tenía que ser guardados y los entrenamientos de los nuevos reclutas se habían suspendido hasta nuevo aviso porque…la enorme estatua de un soldado espartano custodiaba los campos de entrenamiento…¡y el malnacido hijo de "$%"$ de Aioros seguía sin aparecer! Miren que ni siquiera en sus tiempos de patriarca psicópata la pasaba tan mal, ¡pero esto ya no podía seguir así! hoy iba a terminar su tortura.

Su sombra se desplazaba cautelosamente por las doce casas del zodiaco, su cuerpo era cubierto por una enorme capa que no dejaba ver su rostro, el inexistente frio de la madrugada lo hacía sudar cual vil cerdo a punto de ser cocinado, y es que siendo honestos, solo a un desequilibrado mental por la falta de sueño como a él se le ocurría la grandiosa idea de envolverse en una gruesa capa de lana, ¡de lana! Sin contar que el sudor de su frente era la clara señal de que se estaba deshidratando sus manos se movían constantemente por sus brazos y cuello, y es que a algún otro idiota se le olvidó mencionar que la lana te podía causar urticaria, así que en vez de ser la sigilosa sombra que pretendía ser, era una masa sofocante que profería maldiciones y se retorcía cual vil lombriz de agua expuesta al sol, aunque este inconveniente no impidió que las estatuas de virgo comenzaran a distorsionarse desde su centro como si fueran tragadas por una centrifugadora.

La misma suerte corrió la estatua de Buda, y la estatua de la diosa que Shura conservaba en su templo, y de paso las estatuillas de hielo de Camus, o la réplica de la escultura de venus de Milo, o las muñecas de porcelana que Docko había comprado para Sunrei, o el ajedrez de marfil de Shion, todo aquella figura humanoide que fuese hecho con piedra o similares tenía que desaparecer del santuario por el bien de la humanidad, de su humanidad.

– Ahora si no podrás derrotarme – dijo al estar frente a frente a la enorme estatua de Atena – ¡Otra dimensión! – Y detrás de la representación de la diosa se abrió un espacio infinito lleno de luminosas estrellas que comenzó a engullir esa maldita mole hasta desaparecerla por completo – al fin ¡al fin! – y una risa maligna surgido desde lo más hondo de su alma, tiñendo sus azules cabellos de gris y enrojeciendo por completo sus ojos, sin darse cuenta de que la capa que ocultaba su identidad había caído revelando el brillo de la armadura de géminis.

– Saga… – fue el susurro preocupado que lo hice girar violentamente.

– Aioros – susurro de la misma forma al tener frente a sí la imponente figura del sagitariano, cuyas alas doradas de la armadura resplandecían en medio de la noche.

– Saga… – elevo la voz dando un paso adelante mientras flexionaba su rodilla, fijando sus ojos en su contrincante.

– Aioros… – llamo el mayor adquiriendo su pose de batalla.

– ¡Saga…! – gruño el menor encendiendo su cosmos dorado.

– ¡Aioros…! – grito al tiempo que en su puño se concentraba el universo.

– ¡Saga! – grito listo para lanzarse contra el gemelo.

– ¡Aioros! – grito este último a punto de lanzar su técnica….

Y el soundtrack de starwars episodio cuatro, la guerra de las galaxias rompió toda la tensión del ambiente. El gran Aioros de sagitario rompió su concentración y comenzó a rebuscar entre su armadura como un poseso hasta que encontró su celular y revisó el mensaje.

– ¡Genial! El nuevo juego de star wars saldrá a la venta…tengo que ir a comprarlo. Adiós Saga – y se despidió sacudiendo su manita.

Saga parpadeo varias veces un tanto incrédulo pero suspiro al fin cuando se encontró totalmente solo. Giro su rostro al espacio vacío detrás de él y a punto estuvo de volver a reír con toda la malignidad que su alma albergaba.

– Se me olvidaba... – susurraron a su espalda haciéndolo girar como el mejor contorsionista solo para encontrar a Aioros liberando la maldita flecha de sagitario justo al vacío detrás de él. El espacio se contrajo sobre el punto donde la flecha había desaparecido, una enorme luz surgió desde ese centro y segundos después la estatua de la diosa Atena estaba de nuevo en su lugar, como si nada hubiese pasado – ahora si me voy, cuídate Saga – dijo con su cantarina voz mientras se iba como si nada.

La ceja de Saga comenzó a brincar en un tic nervioso al ver la espalda de su compañero, iba a matarlo de una vez, bueno, otra vez cuando una enorme sombra lo hizo voltear hacia arriba para encontrarse con la cabeza de la estatua cayendo sobre de él.

– ¡Mamá! – dijo antes de soltar el grito más colegial que haya soltado en su vida, y es que en su afán de irse rápido, el malnacido de Aioros corto la cabeza de la diosa de piedra – ¡mmsdiktp Akkkos} afruina plnnes!.

Tres días después Kanon tarareaba una canción mientras sacaba de una caja varias estatuillas de la diosa similares a la que se encontraba detrás del templo patriarcal solo que en pequeño, con el pretexto, según él, de venderlas a los turistas que visitaran las ruinas del Partenón abiertas al público, cosa que provoco que Saga se encerrara en su habitación y se negara a salir de ahí hasta que la última de esas figurillas abandonara su casa, o hasta que le quitaran el yeso de los brazos y piernas, y el collarin, lo que ocurriera primero.

No muy lejos de ahí, un peliceleste Dios miraba fijamente un libro y recitaba unas palabras mientras una de sus manos estaba dentro de una fuente de agua cristalina.

– ¿Qué hace? – pregunto Baian.

– Una pantalla – le contesto Sorrento.

– ¿Una qué? – le pregunto Io.

– ¡Listo! – grito de pronto el dios, sentándose en el trono que Kayza había traído y sacando una bolsa de palomitas – ahora podré ver todo lo que hace Kanon.

Los marinas se vieron entre ellos por unos segundos antes de desaparecer y volver a aparecer con sillas, palomitas y cervezas, cada uno tomo asiento alrededor de la fuente y comenzaron a pasar las cervezas y la comida, al fin podría saber que se traía Kanon entre manos.


Muajajajajaja termine…. Y no quedo como esperaba, lo siento muy flojo en la comedia je, en mi mente sonó más divertido, imagino que dejar pasar la redacción del capítulo provoco este resultado, realmente lo siento, tenía expectativas altas para Saga, ni hablar. Siento que está un poco lejos y que los eventos narrados con la película no tiene mucho sentido, pero bueno, es que para mí lo tiene, y lo ira teniendo, o tal vez solo el fic me esté superando, no lo sé…voy a entrar en crisis! Gracias a todos los que leen esta historia.

Aphrodite Pisces Poison Roses.- Amore de mis amores, muchas gracias por leer y no había dado cuenta de que la historia se volvía tan gráfica, de verdad ni siquiera me puse a pensar en eso, aunque viniendo de ti es un verdadero alago que te guste el fic. Lo de las galletas, se me hizo divertido por la chica de las canelitas que va para todos lados con sus galletas y me dije, "si ella puede, porque Kanon no?" Aioros, hay Aioros, es tan inocente y creído que el solito se va a poner al soga al cuello esta vez, o eso creo jejejeje, no se que pase con él más adelante, por ah ora su papel principal es arruinar los planes de los gemelos como dice el dicho, sin querer queriendo jejeje. Un abrazo y espero este fic te guste.