HOUSE MD : " LAS CUATRO ESTACIONES"
CAPíTULO 3: "OTOÑO BAJO SU PIEL" ( SPOILERS 5x21 Y SIGUIENTES)
Para Fauo. Espero que te guste.
Me iba librando a pesar de mis pasadas. Como tantas veces. A causa de la valentía de otros. Gracias al arrojo de unos cuantos. Alguien me lo dijo no hace mucho. " Usted sólo se arriesga cuando lo que está en juego son las vidas ajenas. No lo hace con la suya". Ni mi padre, con toda su dureza y severidad, se atrevió jamás a juzgar mi vida, de modo que no iba a permitir que lo hiciera un extraño al que, para más INRI, tenía que incentivar con no poca pecunia. Por eso sólo acudí a un par de sesiones. Además, no me estaba ayudando. Nada de nada.
Desde hacía días éramos dos. Yo y mi conciencia…Ésa gran desconocida. Como ni siquiera sabía que la tenía, cuando apareció me dio miedo. Llegó sin llamar y casi hizo que me tragara la armónica, porque, como digo, no la esperaba. Resultó que la parte más oscura de mí tenía cuerpo femenino…¡¡¡Y menudo cuerpo!!!.
- Has resuelto otro caso y has descubierto la jugada del cebollo de Wilson. No está mal – susurró de repente, cuando se manifestó su fantasmal figura para apoyarse sobre la caja del piano, insultante y provocativa - Nada mal…
- ¿Cómo has venido? ¿En la nave de E.T.? – tendría que haberle preguntado, si la sorpresa me hubiera permitido abrir la boca.
Después me puso a cien. No me van los números raros, fuera de alguna stripper divertida. La necrofilia nunca estuvo en mis planes, pero es que…¡¡¡Hasta muerta seguía estando buena!!!. Eso sí, no paraba de hablar. Bla, bla, bla. Parecía que le había hecho la boca un fraile. Bla, bla, bla. Era insufrible. Bla, bla, bla. No podía esquivarla. Bla, bla, bla. Todo el puñetero día cuchicheando en mi oído. Bla, bla, bla. Toda la santa noche dándome consejos. Acabé con la cabeza más abotargada que mi pene y sin esfuerzo se me ocurrieron varias maneras satisfactorias para hacerla callar y, de paso, matar dos pájaros, o mejor dicho un pájaro y una pájara, de un sólo tiro. Lástima que no fueran viables.
Y no creía que pudiera pasar, pero sí. Cuando pensaba que estaba en disposición de desmentir a Murphy como el mayor capullo embaucador de la Historia, su máxima me golpeó, dándome una patada en los genitales. "Toda mala situación es susceptible de empeorar". Y me pregunté por qué la tostada tenía que caer siempre del lado de la mantequilla cuando el problema empezaba a pasar de castaño oscuro. La muy zorra estuvo a punto de convertir una despedida de soltero en un funeral. Y no sólo eso. ¡¡¡Encima, me echó la culpa!!!.
Ya me lo advertía siempre mi madre, "no debes irte con desconocidos". No me podía fiar de ella. Y peor. No me podía fiar de mí. Recurrir a Wilson fue mi primera opción. No me diría que no. No sabe hacerlo.
- Échame un cable – dije irrumpiendo en su despacho.
- Estoy ocupado – replicó mirando a su paciente, que tenía cara de espanto.
- Veo que ya le dijo que está malito…¿Ha leído el cartel de la puerta? Es oncólogo, así que no se preocupe…Será un catarro. – le animé a mi más puro estilo.
- Cáncer de riñón – dijo el desconocido como si el verbalizarlo fuera la cura instantánea.
- Bueno…Pues respire hondo y tómese un cafetito, mientras pueda… - ¡¡¡otra burrada!!! ¡¡¡Maldita sea la cuna que me arrulló!!!
- House – comenzó Wilson, supongo que dispuesto a mandarme al carajo de muy buenas maneras.
- Estoy flipando…Alucinando – dije al fin.
[…]
No era la primera vez. De modo que no tendría por qué obsesionarme. Pero lo hice. Descarté todos y cada uno de los síntomas que podían provocar mis visiones.
- Ni apnea. Ni lesión neuronal, ni E.M.…¡¡¡Ni nada!!! – confirmó Wilson en el laboratorio del sueño.
- Veo a tu mujer – confesé más que harto de hacer de cobaya.
- ¡¡¡Eso sí que puede ser un mal síntoma!!! ¿A cuál de las tres? – preguntó intentando estrechar el cerco de mi dolencia.
- A Amber – francamente, no sé de dónde saqué los redaños.
- Amber no era mi mujer, no llegamos a casarnos – dijo mi amigo, desatando el nudo que oprimía su garganta.
- Precisamente por eso lo fue más que ninguna – martilleé filosofando en una versión libre del pensamiento nietzscheano.
- ¿Y por qué me dijiste que era Kutner quien…?
- Las alucinaciones son como los ángeles. No tienen sexo.
- Ya, pero tú tienes un problema. Siempre ha sido un problema, y sabías que éste momento tendría que llegar.
- Vaya, habló mi conciencia, pero ahórrate la moralina. No olvides que ahora tienes todas las de perder. Tu sustituta es rubia y lleva minifalda. Puede ser esquizofrenia. – insistí.
- O la vicodina…Conozco una clínica en Philadelphia donde podrían ayudarte
- Qué bien…Desintoxicación o electroshocks…No me quedan muchos activos donde invertir antes de que la Bolsa se desplome – analicé metafórico.
- ¿ Y qué vas a hacer? – preguntó Wilson.
- Iba a pedirle opinión a la muerta – proclamé cubriéndome de gloria.
- ¿A la misma que murió en tus brazos? – replicó entre la amargura y el reproche, para luego dejarme solo y sin pantalones antes de que pudiera rebatirle con otra chorrada.
[…]
0 - 1. No había pasado ni medio tiempo y ya estaba perdiendo en casa. Penalti. No se debe jugar con las cosas de comer. Y expulsión. Después de aquél despropósito Wilson no estaría muy dispuesto a seguir mi desvarío.
Sólo me quedaba ella.
Llevaba semanas sugiriendo alternativas. Supongo que sabía lo que se cocía, porque Wilson la informaba y porque también sabía de qué pie cojeaba. Había cedido a recetarme pastillas para dormir cuando le dije que llevaba sin pegar ojo desde que Kutner dejó el mundo, de modo que cuando aquella tarde entré en su despacho no estaba para fiestas.
Me quedé allí, plantado como un tronco del Brasil. Confuso, callado, con cara de pasmado. Rozando el ridículo.
- Estoy cansada y quiero irme a casa. Di lo que tengas que decir o lárgate – ordenó.
- Dimito. – anuncié en un comportamiento más cercano a la jefa de urgencias, pero sin haberlo pensado antes. Porque en ese mismo instante comprendí que era la única opción honesta que me quedaba.
- ¿Y qué cosa absurda me toca pagar ésta vez? ¿Más vacaciones? ¿Nuevo mobiliario? ¿Sesiones de masaje con alguna fulana oxigenada, sifilítica y tatuada? - ¡¡¡Vaya!!! ¿Y ahora resulta que sabía lo de la actriz que contraté para acongojar a mi equipo?.¿Me espiaba?.¿Para qué, para que le magreara la derecha?. Por lo visto estuvimos convincentes a sus ojos…Me alegro de haber terminado el rodaje en mi casa y no en el curro.
- Puedes marcharte con el mico si es lo que te hace feliz…Los genes no traicionan. Por más que te empeñes, nunca serás su madre y, sin embargo, en cualquier caso, será digna de ti, porque siempre será una auténtica hija de puta - acusé aterrorizado, agarrándome a un clavo que ya me quemaba el alma, del único modo que podía. Del único modo que sabía.
- Que te jodan – replicó mientras se abrochaba la chaqueta y agarraba su maletín.
- Tengo alucinaciones – confesé antes de que ella abandonara la oficina.
Se frenó. Se quedó parada pero siguió dándome la espalda. Por un momento pensé que me dejaría tirado. Pero no. Fue directa al grano.
- ¿Es por la vicodina? – preguntó, porque no ignoraba que ya había barajado todas las posibilidades antes de aparecer por allí.
- Tenía muchos sospechosos, pero parece que sí. La vicodina es la autora del crimen. – concluí.
- Tal vez haya que dar parte a la policía para que la detengan antes de que pueda causar más víctimas - ¿Qué coño…? ¿Me estaba proponiendo un ingreso?
- No la atraparán. Es lista. Engaña, se esconde, se escabulle – le advertí asustado. No quería internarme. Y menos allí.
- La policía no es tonta, sabe lo que hace – me recordó.
- La policía no me conoce…Pero…tú…Tú sí – alcancé a articular, como si me estuvieran arrancando las palabras de cuajo, dando por terminadas las medias tintas, mientras el cruel zumbido de la revoltosa moscarda estallaba en mi cabeza y me empujaba a desistir, "no es tu niñera, no tiene por qué encargarse de ti".
- No soy tu guardiana, no tengo obligación de atenderte. Si lo hago es solamente porque quiero, no porque hayas hecho méritos para que alguien pierda el tiempo contigo - dijo la jefa buscando mis ojos.
-Te necesito – supliqué sin apenas poder mirarla a la cara. No sé si por asco o por vergüenza.
- Deja que hable con la canguro – pidió en tono resignado mientras caminaba de vuelta a su escritorio.
Eso quería. Que se lo pidiera sin ningún género de duda. Para asegurarse de que no volvía a jugar con ella y porque estaba dispuesta a llegar hasta el final.
La oí marcar pero no hice gesto alguno. Seguía sintiéndome fuera de lugar.
[…]
Vómitos. El primero de los muchos pasos que me quedaban por recorrer en el largo camino del dolor. Me doblo y mis tripas se encogen conmigo. El jugo ácido picotea mi estómago y corre hacia arriba. Sube por el esófago, me agría la garganta y llena mi boca. Me inclino en el barreño para echar toda la inmundicia que tengo en mi interior
§[FLASHBACK: "- Greg...¿Eres tú? - dije medio dormida, acercándome a la puerta.
- ¡¡¡Asturias, patria queridaaaaaaaa, Asturias de mis amoooooooorees!!! ¡¡¡Quién estuviera en Asturiaaaaaaaas!!! ¡¡¡En tooooooooooooodaas las ocasióneeeeeeeeees!!!!!!! – sí, era él, y me di cuenta, por los entusiastas cantos regionales, de que en la fiesta de la cerveza de aquella noche, había corrido de todo menos la cerveza – ¡¡¡Holaaa pichurrina!!! - saludó con ojos de beodo.
-¿Dónde está Abby? - pregunté al ver que llegaba solo – No eres tú precisamente el que debería estar aquí.
- Soy...hip...Soy todo un…hip… caballero...hip. Me ofrecí a…hip… acompañarla a casa...Los muchachos...hip... estaban demasiado...hip... borrachos...
- Y la has perdido por el camino...- concluí.
- No te equivoques, pichurrina. Digo que me ofrecí a acompañarla no que ella viniera...- matizó poniendo a cada uno en su lugar.
- Aja...¿Y puedes acordarte de dónde la dejaste? - pregunté con sorna.
- Con Helmut...Me echaron del apartamento cuando ya me estaba haciendo ilusiones. Tu amiga no se cortó y se quedó en bragas...Vine porque no iba a dormir en la calle
- Pues, desde luego, aquí no será. - decidí sin compasión.
- Anda, pecas, no seas así, no querrás que se me congelen las ideas – dijo mirándose la entrepierna.
- Sarna con gusto no pica...Podías haberte ido al sofá
- ¿Y crees que me habrían dejado descansar? Venga, no seas Hitler, si pillo la gripe estoy jodido. Los primeros parciales son en apenas un mes
- Anda, entra – cedí finalmente.
- Abby tiene un culo "abbysmal", ¿Lo sabías?
- Y ahora tú también lo sabes. Siéntate ahí y no des la lata – le pedí.
- Eres muy amable, pecas – dijo temblando.
- Estás tiritando – comprobé que no era una treta de las suyas
- Ya te dije, hace frío – insistió.
- Me he desvelado…- dije con fastidio.
- Conque…, ¿nadie va a dormir esta noche? – interrogó con todo el descaro.
- Te prepararé un té – decidí lanzándole la enésima evasiva"]§
- ¡¡¡Sí, un té es lo que necesito para no potar!!!
Sudo, tiemblo. El segundo estadio de la agonía se acerca y me horroriza. Porque ya he pasado por eso. Pagaría por ser ignorante, por borrar de mi mente todos los momentos iguales a éste. Obscenamente similares. La ansiedad crece al tiempo que mi voluntad disminuye. Acudo a mi escondite más próximo, aunque sé que ella ha revisado la casa de cabo a rabo.
§[FLASHBACK: "No sé por qué me presté a acompañarlo aquel verano, justo cuando terminé de presentar mi tesis. Me lo pidió porque no pudo escaquearse y se veía obligado a pasar diez días con sus padres. Acepté como una idiota porque ni siquiera éramos pareja. Salíamos de juerga de pascuas a ramos. Mantener una relación seria con él ni siquiera se me pasaba por la cabeza porque aún no sabía que me gustaba. Llegamos a Illinois y su madre me recibió como si fuera de la familia. John House no se mostró tan afectuoso, si bien se comportó con cordialidad.
- ¿Ha tenido un buen viaje, Srta. Cuddy? – preguntó el Sr. House cuando ya estábamos degustando un pantagruélico menú.
- Sí, gracias – contesté educada – Ha sido muy emocionante.
- He pisado a fondo el acelerador – apostilló House.
- Siempre has sido un loco – dijo el padre- Espero que ahora sientes la cabeza.
¡¡¡De eso se trataba!!!. Quería aparentar una vida aburrida. Médico normal con novia formal. Pero ni una cosa ni la otra. Cuando, antes de irnos a la cama, nos quedamos solos en la salita de estar, me explicó
- De haberlo sabido antes, no te habría invitado – aseguró.
- ¿Quieres que me marche? – pregunté
- No. No quiero que te vayas – dijo como un deseo más parecido a una súplica.
Días después fue su padre quien me abordó, aprovechando que Greg había salido a comprar tabaco y que Blythe andaba trasteando en el piso de arriba.
- Si usted puede fingir yo puedo hacer como que me lo creo – propuso levantando la vista del diario.
- No somos novios – expuse claramente.
- Lo sé. Mi mujer ha querido montar esta ilusión de realidad para aparentar por un momento que somos una familia normal – reflexionó con amargura.
- Ninguna familia lo es – afirmé demasiado categórica.
- Acaban de aprobar mi paso a la reserva. No sé qué diablos le habrá contado su madre a Gregory para que la secunde.
- A lo mejor no ha tenido que decir nada... - aventuré, quizá metiéndome en camisas de once varas.
- ¿Usted cree? - preguntó incrédulo.
- Igual lo ha hecho porque le quiere - afirmé queriendo que esa fuera la explicación. Queriendo creer lo imposible.
Al tiempo de irnos el hombre paseaba nervioso, yendo y viniendo desde el dormitorio al salón y vuelta a empezar. Llegó con un cofrecito, recubierto como si fuera un tablero de damas, y me lo entregó
- Es un recuerdo de mi madre – dijo emocionado. – Siempre pensé en entregárselo a la mujer que compartiera la vida con Gregory porque significa mucho para mí. Es tuyo.
- Gracias – dije tragando saliva porque nunca supe por qué quiso mantener el engaño hasta ese límite.
Ya en Baltimore
- Puedes quedártelo – dijo Greg sin pestañear cuando intenté devolverle el regalo que recibí.
- No. No es justo
- ¿No te gusta?
- Me encanta. Pero debes dárselo a la mujer que te merezca.
- Entonces lo tiraré a la basura"]§
- Ya he mirado todo, el dormitorio, el baño... – señala ella, cuando me sorprende rebuscando en un viejo joyero arlequinado que no recuerdo cómo fue a parar allí, aunque en su tono no había señal de victoria - ¿Queda algún sitio más?
- Los zapatos del armario y las tazas en el estante de la cocina – confieso entre resuellos. No quiero gritar y ahogo sin éxito un alarido desesperado
- Agarra mi mano, House – ordena al tiempo que se sienta a mi lado.
- Luego será peor. Puede que siga vomitando, que me orine encima. Lo sabes y aun así te quedas. ¿Por qué? – pregunto intentando evitar la tiritona.
- ¿Es que no lo sabes?
§[FLASHBACK: "Me había besado más veces. Jugando, tonteando, o porque estábamos borrachos. Pero ése día no. Porque fui yo quien le besé. Me lancé y le obligué a que sus labios derraparan en los míos. Abrió su boca y me acaparó. Sus manos me ataron a su cuerpo de forma inusual. No queríamos desprendernos. ¿Qué hago en su apartamento? ¡¡Debería estar de camino a Boston para ver a los míos!!!. En lugar de eso, he inventado una solemne mentira. Todo por él. Esperando que valga la pena.
- Pecas, esto es mejor que ir a jugar a los bolos – dijo sin que pareciera importarle que sus amigotes le gritaran desde abajo protestando porque llegaban tarde y ya tenían pista reservada.
- Te llaman. ¿De verdad que no quieres ir? – no quería ponerle en un compromiso.
- Me gusta más jugar con mis bolas – aseguró mientras casi me arrancaba los botones de la blusa y una estruendosa carcajada.
- A mí también – argumenté descarada porque siempre había pensando que si llegaba ese momento más me valía dejar mis modales de señorita aparcados en el garaje.
Me arrastró hasta su dormitorio en tiempo de vals. Giros de abrazos. Vueltas de caricias. Un, dos, tres. Más besos. Un, dos, tres. Completa desnudez.
Me miró desde lejos, complaciéndose en mi figura. Mis pechos son bonitos. Lo sé tan bien como él. Los toca mientras yo suspiro. Me gusta que lo haga de esa forma tan particular. Tan delicadamente ansiosa. Mi espalda se curva cuando él me obliga a pegarme a su sombra y me doy cuenta que somos una sola.
- Me gusta la geometría, pecas – susurró jadeante tan impaciente como yo.
- ¿Qué dices? – pregunté mientras mi transpiración aumentaba tanto que sus manos resbalaban por mi piel.
No me respondió de viva voz. Fueron sus dedos los que hablaron registrándose en la posada del deseo. Equilátero invertido perfecto que se entrega por entero a él, mientras me siento a caballito en sus rodillas con las puertas abiertas de par en par. Se levanta y me eleva por los muslos. Casi duele pero quiero más. Lloro de alegría. Ni se da cuenta, tan ocupado como está en su orgía interna. Podría parar pero tampoco quiere interrumpirse de forma que me lleva a trompicones y nos tumbamos en la cama. Mi intimidad es un laberinto, acordeón flexible que se acomoda a su gusto y lo engulle sin previo aviso. De nuevo. Otra vez. Mil veces. Pierdo la cuenta…
¡¡¡Te quiero!!! – dije sin saber si me escuchaba"]§.
Me levanté aliviado. Y feliz. ¿Feliz? …Era imposible. Miré a mi alrededor. Ya no estaba. Fue la noche más increíble en mucho tiempo. Ni comparación con las de la "Doble P" - póquer y putas- . ¿Y me deja así? ¿Sin despedirse? ¿Después de lo le hice? ¿Después de lo que me …?. ¡¡¡Oh Dios, prefiero no pensarlo!!!. Lo primero que haré será llevarle el desayuno al despacho para darle las gracias.
[…]
Todo mi gozo metido en el pozo. No solo no comenta nada de lo que ocurrió sino que me dice, tan flamenca, que soy un empleado y ella mi jefa. ¡¡¡Como si no lo supiera!!!. ¿Ahora me da esquinazo? ¡¡¡Después de trincarme!!!. Eso no lo hace ni el más vil de los zopencos. No lo hace ni Wilson.
Me asomé a la galería y golpeé el pasamanos con el bastón para atraer la atención de la concurrencia. Era el momento. El vestíbulo estaba lleno.
- ¡¡¡Señoras, señores!!!. No hagan caso a la rumorología y escuchen. Definitivamente, las dudas han sido disipadas anoche. Les congratulará tanto como a mí saber a ciencia cierta, que nuestra jefa y administradora no es un Manolo…Ni rastro de protuberancias sospechosas. Doy fe y firmo donde haya que firmar porque…¡¡¡Me he tirado a Lisa Cuddy!!!
1-1. Empate en el minuto de descuento...
