Holis!

Hace rato que no actualizaba, pero aquí vamos con el tercer día de la semana que tiene más interacción.

Aclaro que es un Kyouya/OC y que el OC es para imaginarnos que estamos en su lugar.

Gracias a las bellas personas que me dejaron reviews la vez pasada :)

Ojala les guste. Besos y abrazos.


Miércoles

Aquel día miércoles, recostado contra los lujosos asientos de cuero de su limosina, Kyouya Ootori se permitió el lujo de esbozar una pequeña sonrisa, mientras su cabeza trabajando a una velocidad vertiginosa se burlaba de él ante un sorprendente descubrimiento. Después de todo, afirmó para sus adentros, los cuentos de hadas tal vez no son sólo historias que los adultos inventaron para que los niños no vieran tan directamente la crudeza del mundo, quizás esos relatos que él aseguraba eran patrañas, si podían llegar a cumplirse en la realidad, de una manera muy caprichosa, pero presente.

Quién podría haberse imaginado alguna vez que él desearía, ante todo pronostico, ser el príncipe del cuento, y que tendría un hada madrina, algo estrafalaria, pero mágica y adivinando sus deseos después de todo.

Se hubiera reído a carcajadas de él mismo ante tales pensamientos, si no tuviera una reputación que mantener.

Nunca olvidaría ese miércoles en lo que le restaba de vida.

Con comodidad exhalo un suspiro y cerró los ojos, dejando que la imagen de ella lo saturara todo.


Ese día el club bullía de movimiento, pero no por las razones adecuadas. Su afamado presidente, Tamaki Suou, había desaparecido misteriosamente, dejando momentáneamente abandonado al club. Todos lo habían llamado frenéticamente al móvil, pero este los enviaba enseguida al buzón de voz. Y ahora las preguntas de las clientas por él, no dejaban de acosarlos, volviendo la situación bastante desagradable en algunos momentos.

-¿Qué haremos sin Tamaki-Sempai?-le soltó de repente Haruhi acercándose a Kyouya con cautela y mirándolo con aprehensión-¿Dónde estará?

Él aludido la miró, y luego echo un vistazo a su alrededor, comprobando que Tamaki sin duda era el pegamento que mantenía unido a ese lugar. Su alegría y gracia principesca hacían falta, pero estaba seguro de que ya aparecería. Lo más probable era que anduviera deambulando por allí en busca de alguna extravagancia para el club o él mismo.

Aunque aún así pagaría caro su desaparición, ya idearía una manera en que el rubio compensara su falta ante las clientas.

-Ya llegara- le contesto escuetamente a la chica disfrazada de chico, dando por finalizada la conversación.

Ootori tenía cosas más importantes que hacer por el momento, que preocuparse tanto por el rubio. Sus dedos agiles siguieron escribiendo sobre su laptop datos vitales para las acciones de una prometedora empresa con la cual pensaba lucrar, y obtener nuevas ganancias. Se abstrajo del mundo a su alrededor dejándoles a los demás la tarea de encargarse de las chiquillas del colegio. Él sólo quería centrarse en sus números y cantidades.

Su concentración era tal que no pareció advertir el paso del tiempo, hasta que se dio cuenta que el club había cerrado y sus compañeros charlaban entre ellos, iba a volver a ignorarlos pero entonces la exclamación de uno de los hermanos Hitchan lo dejo fuera de base.

-¡Tamaki-Sempai tiene novia!-gritó a todo pulmón señalando lo que veía por la ventana.

Todos los miembros del club presentes se movieron como impulsados por un resorte para ver con sus propios ojos lo que el pelirrojo aseguraba. Kyouya se demoro un poco más en llegar hasta ellos, pues no daba crédito a esas palabras. Tamaki era su mejor amigo, él sería la primera persona a quien le contaría una noticia tan tremenda como esa, además estaba seguro que su objeto de afecto era cierta plebeya que compartía mucho tiempo con ellos.

Bufó por lo bajo mientras se asomaba por la ventana, preparando un argumento mordaz para fastidiar a los demás, cuando apretó sus labios, y sus ojos muy abiertos se llenaron de algo más que sorpresa.

Las voces de los miembros del club le sonaron abrumadoras y desquiciantes, mientras la escena de abajo lo hacía caer cada vez más fuerte en un negro abismo. Ambos rubios, se encontraban parados uno enfrente del otro, muy cerca para su gusto, parecían hablar de algo muy, muy divertido porque ambos reían y se sonreían. Y de pronto, Tamaki se acercó peligrosamente, cogiéndola de la mano para depositar un beso en ella.

Kyouya se apartó de la ventana perturbado.

-Así que eso era lo que estaba haciendo- comento Kaoru con picardía.

-Esa es la chica nueva que esta en su clase-señalo Honney a los gemelos y a Haruhi, muy a gusto con un enorme trozo de pastel- Hacen una bonita pareja-acotó con felicidad.

Pero dos de sus compañeros no lo escuchaban. Una estaba perdida en la poderosa puntada de dolor que la atravesó al ver a su Sempai con aquella chica, algo dentro de ella se rompía, sus ojos se aguaron; y el otro, estaba sintiendo unos deseos inhumanos de bajar hasta el patio y golpear el rostro del rubio hasta que se borrara para siempre esa sonrisa idiota con la que no dejaba de coquetearle a la chica. Intentaba cortejarla y engatusarla, podía apostar su dinero a que era así. Una ira desconocida le escoció la garganta ¿Cómo no fue capaz de verlo antes? Si ella atrajo su atención ¿Por qué no iba a atraer la de otros, incluido Tamaki?

Apretó los puños con fuerza hasta que los nudillos se le blanquearon. No podía concebirlo, si hasta hace unas semanas atrás, un martes, había bailado con ella, la había estrujado entre sus brazos, se había embriagado con su aroma y su calor. Bailaron sólo una vez, pero su sonrisa antes de que se alejara de él, parecía una promesa cargada de buenos presagios para ambos, y ¿Ahora eso? ¿Así se sentía ser traicionado?

Iba a desaparecer de allí, no pensaba tolerar más de aquella situación, por eso, con movimientos elegantes, siempre manteniendo su pomposa dignidad, se dirigió hacía sus cosas ordenándolas metódicamente, mientras se esforzaba imperiosamente en controlar su rabia e ignorar la serie de comentarios que se escuchaban por el salón.

Y entonces, la puerta del club se abrió estrepitosamente dejando entrar a un feliz Tamaki Suou, que parecía volar sobre el piso de tanta efusividad que cargaba. Todos se le quedaron mirando, incluso uno que parecía querer fundirlo con los ojos.

-¡Adivinen!-gritó a todo pulmón-¡Voy a hacer un maravilloso dueto musi…

Jamás termino la frase, al menos no en ese momento. Un puño cerrado se estrello con violencia contra su perfecto rostro, haciéndolo dar un par de traspiés por el impacto. Asombrado el rubio busco a su agresor, y los ojos ónix de su mejor amigo lo contemplaron brevemente con un chispazo que al rubio le costo identificar, antes de volver a la carga con otro golpe que esta vez derribo al presidente del club en el piso, con la nariz y la boca manchadas con sangre.

-¡Tamaki-Sempai!

-¡Kyouya-Sempai!

-¡¿Qué esta pasando?

Se escucharon los gritos, y pronto Honney y Mori se encontraron separando al joven Ootori que furiosamente se lanzaba contra el rubio. Haruhi y los gemelos apartaron a Tamaki, que parecía conmocionado, lejos de la furia del moreno, sin comprender que rayos había sucedido ahí. Hizo falta de mucha fuerza para calmar a Kyouya, o al menos contenerlo, ya que no paraba de removerse cegado por una rabia irracional.

De pronto, Haruhi estallo, enojada y dolida al ver al rubio herido y sangrante.

-¡¿Esta loco o que Sempai?-lo increpo con dureza la chica-¡Es su mejor amigo!

Y entonces ambos chicos se miraron. Kyouya pudo ver la realidad, y como si le hubiese caído un balde de agua fría, la furia del heredero Ootori fue mermando, dejando sólo una herida punzante y dolorosa ¿Qué había hecho? ¿Por qué Tamaki y no él? Era la misma situación que en su familia, su padre preferiría a sus hermanos antes que a él, era obvio que ella escogería a Suou. La misma historia de siempre, el príncipe que se queda con la princesa.

-¿Kyouya?- le habló Tamaki con la voz estrangulada. El moreno lo ignoro.

Con un gesto brusco, se apartó de Honney y Mori. Sabía que todos lo miraban perplejos esperando algo de él, pero él no daría ninguna explicación, no se rebajaría a aquello. Tomó sus cosas, y salió del club apresurado, escuchando como lo llamaban los demás.

-¡Kyouya!

-¡Kyouya!

-¡Kyouya!

Escuchaba como lo llamaban en una letanía que se repetía en su cabeza mientras cruzaba los últimos tramos del patio de la escuela, y él sólo quería que todo cesara y pudiera sentarse en su limosina a ser el mismo de antes. Todo era culpa de ella ¿Dónde había quedado el rey sombra, oscuro, frío e indiferente?

-¡KYOUYA!

-¡¿QUÉ?-se giro a responder cuando se encontró con su amigo lleno de algodones tapando su nariz, y con una hoja blanca arrugada en una de sus manos.

-Lo siento-murmuro el otro bajito, pero perfectamente audible-lo siento, lo siento, lo siento.

El heredero Ootori enarco una ceja, confundido. Se supone que él debería ser quien estuviera pidiendo disculpas, no el otro.

-¿Qué es lo que sientes?-le preguntó más calmado, pero con un extraño sabor amargo en la boca.

El rubio pareció dudar.

-Eh… bueno… yo… veras-se movió nervioso evitando mirar al moreno. Si antes no lo mato a golpes, ahora si que iba a hacerlo- Yo sé que te gusta, he visto como la miras. Nunca antes te había visto de esa manera…y me acerque a ella para pedirle que hiciéramos un dueto musical….-Los ojos ónix se agrandaron sorprendidos, y el otro se apresuro a terminar-… le pedí que me acompañara al piano con su voz en el club, así podrías estar con ella y conocerla más. No imagine que todos iban a malinterpretarlo.

Tamaki cerró los ojos, aprontándose para lo peor, no había nadie allí para defenderlo. Sin embargo, todo siguió en una perturbadora calma. Con miedo, abrió primero un ojo, y luego, el otro. El moreno estaba frente suyo, quieto como una estatua.

-¿Lo hiciste para ayudarme?-Kyouya no se podía creer las palabras del rubio. De pronto se sintió como un idiota por creer lo peor.

-Eres mi amigo-contestó el joven Suou encogiéndose de hombros, como si esa simple frase lo explicara todo.

-Lo siento-se disculpo con la voz llena de sinceridad

-No pasa nada. Te entiendo-el rubio movió la mano restándole importancia- Me quedo claro que celoso eres una bestia- le sonrió en una mueca bastante fea debido al labio y nariz inflamados-Pero tendrás que hacerme un favor.

El moreno resoplo. Aquí se venía el chantaje.

-Esta bien.

-Debo entregar esto-le extendió el papel que traía consigo para que el otro lo tomara- Es la partitura que vamos a tocar en el club-le explicó logrando una cara de perplejidad en el moreno que estuvo a punto de soltar una carcajada ¿Dónde se metían las cámaras fotográficas cuándo hacían falta?

-Pero…

-Nada de peros. Irás tú a dejar esa partitura, que yo debo arreglar algunos asuntos con mi linda Haruhi-le guiño un ojo, comenzando a caminar para irse- ¡Ah! La dirección esta escrita en el reverso. ¡Suerte!-le gritó.


Era la noche de un miércoles, y él subía por un ascensor del lujoso edificio de departamentos en dónde vivía ella. Sabía que sus abuelos tenían una mansión a las afueras de la ciudad, y supuso que esa era su residencia. Ahora había aprendido que debía dejar de suponer, al menos con sus amigos del club, se lo acababa de enseñar Tamaki; y también con ella.

Las puertas del ascensor se abrieron dando hacía un lujoso recibidor con algunos asientos estilo Luis XIV, y al final del lugar, una puerta que indicaba el departamento que buscaba. Tocó el timbre, y mientras esperaba reparo por primera vez en el absoluto silencio del lugar, inquieto miró su reloj de pulsera, y se sorprendió por lo tarde que ya era. Se arrepintió enseguida de estar allí. Esas no eran horas para visitar a una señorita ¿Qué iba a decirle? ¿Qué podría haber ido más temprano, pero se entretuvo golpeando a su amigo por ella?

Se maldijo internamente. Definitivamente él no era bueno a la hora de lidiar con sentimientos y emociones. Tanto tiempo suprimiéndolas, y ahora salían a borbotones adquiriendo cada forma. Se desconocía, pero su mente ágil le dio una solución para salir airoso de allí, no era una opción muy elegante, pero algo es algo.

Huir.

Se dio la vuelta, antes de que esa puerta tuviera la oportunidad de abrirse. Vio los números del ascensor subir desquiciantemente lentos.

La puerta del ascensor se abrió, pero nadie entro a él.

-¿Kyouya?

Y el aludido estaba allí, en medio del recibidor, mirándola intensamente.

Detallaba con sumo deleite la figura femenina envuelta en una suave bata de seda blanca, algo holgada, que le otorgaba un aire de fragilidad exquisita. Sus cabellos largos, estaban sueltos y desordenados; y sus labios, rojos e inflamados por el sueño.

La muchacha se sonrojo ante el escrutinio, nerviosa y cautivada por la figura intensamente masculina. Atraía. Había algo en él, en su porte, en sus perfectos rasgos, en su aura de omnipresencia que la hizo pensar que estaba ante un hombre con el que no se debía jugar. Sintió su intensa carnalidad irradiando en el salón. Estaban a unos metros de distancia, pero lo sentía casi pegado a ella.

-Tamaki me pidió que te trajera la partitura que interpretarán juntos-le dijo él sin más con voz ronca, mostrándole la hoja.

A ella el corazón le dio un peligroso vuelco, que se incremento cuando se acercó, tomó el papel y los ojos de él la traspasaron como dos dagas, atrapándola.

Y Kyouya sonrió para sus adentros.

Después de todo, los cuentos de hadas si existían.

Él era el sapo que envidio al príncipe rubio, y que entendió que también era un príncipe, pero uno oscuro.

No iba heredar un reino de un padre bondadoso que era un rey que todos amaban. No, él iba a construir su reino, su castillo.

No tendría lacayos, ni ejércitos, ni sirvientes. Él tenía amigos, conexiones y una mente prodigiosa.

No era necesaria la magia, para eso estaba el dinero.

Su estilo no era escalar castillos, ni subir a alfombras mágicas, ni llegar con blanco corcel. Iba a subirse a un ascensor en plena noche para llegar hasta ella.

Si tenía un hada madrina, pero no era regordeta, ni tenía fijación por el color azul o rosado. No, su hada madrina, era un chico rubio, alto y estilizado, medio extravagante, pero que leía a través de él, y lo ayudaba a hacer sus sueños realidad.

A falta de zapatilla de cristal para encontrar a la princesa, tenía una partitura.

Y como todo los cuentos de hadas, debía terminar en un beso, pero eso tendría que esperar hasta que conquistara a la princesa. Debía ganarse su amor para conseguir el…."Y fueron felices por siempre"