LOS PERSONAJES DE KUNG FU PANDA NO ME PERTENECEN. A EXCEPCIÓN DE LOS OCS
Agradecimientos
Byakko Yugure: gracias por tu review. Bueno, tu deducción es 50-50, sí, en parte se debe a que como es un poder Divino, no se puede manejar del todo a la perfección y también por lo de que es un gran poder; como verás para poder hacerle frente se necesita a más de uno. La árticularidad de los ojos, la explico aquí, e irá variando con respecto a que cada bestia descienda, y con lo de las personalidades... Bueno, sí y no, algunos son parecidos a sus bestias, otros no xD Y sí, habrá más de budismo xD Bueeeeno, con "usarla de dicho modo" ya veremos, ¿por qué no? No lo sé, ¿me animaré? :v. Gracias por leer.
joseph albert: gracias por tu review. Gracias, y sí, habrá más menciones sobre el budismo en el fic y con lo del tornado, no me había dado cuenta, pero bueno xD. Gracias por leer.
osita: Gracias por tu review. Me alegra que te haya gustado y espero que este capítulo también. Gracias por leer.
Guest: gracias por tu review. Gracias me alegra que te guste. Gracias por leer.
Guest 2: gracias por tu review. Sus cuerpos mortales son eso: cuerpos mortales, se explicará más de ello con el avanzar de la historia. Gracias por leer.
Jaqueline: gracias por tu review. Me alegra que te guste. Gracias por leer.
Sin nada más que agregar, disfruten del capítulo.
II
Descender de nuevo al mundo terrenal fue peor que la última vez.
Cuando las lenguas de fuego terminaron de materializar su cuerpo, su magatama y su Hanfu, abrió los ojos con lentitud. Sentía como su poder, suelto con libertad en el Mundo Divino y aún más en su propia dimensión, la abandonaba, dejándola con una mísera y minúscula parte, lo suficiente como para que el Mundo Mortal no se desequilibrase… aún más.
Oteó la zona, había aparecido en una especie de linde, una entrada a un bosque, montañas enormes se alzaban a lo lejos, y más cerca, un poblado de mortales, con un castillo dorado cuyo color se intensificaba aún más con los rayos del sol. Estiró el cuello, escuchando como le crujían los huesos. Era horrible tener un cuerpo mortal. Espiró aire caliente, que formó una pequeña ondulación en el aire y cerró los ojos, percibiendo la ubicación de los demás guerreros sagrados.
El guerrero de Byakko estaba casi llegando al poblado, y en el mismo, había dos más: el Dragón y el Dragón Imperial. Sin embargo, no percibía a su propio guerrero, detectaba pequeñas ondas de su propio Chi en el aire circundante, mas no lograba dar con su guerrero. Aún no había despertado, era obvio, pero ¿dónde estaría?, si no despertaba para cuando terminara de recolectar los demás Chis, todo habrá sido en vano.
Abrió y cerró las alas, acostumbrándose a la sensación de aprisionamiento de ese cuerpo y levantó vuelo.
En ese castillo había dos guerreros... sería mejor terminar con ellos.
Con otro suspiro y cubriendo su cuerpo de fuego, se precipitó hacia el dorado castillo.
Ese no era el emperador, era demasiado tosco para serlo. Tigresa había visto una vez al Emperador en una pintura que habían mandado a todos los lugares de China cuando este fue coronado, y ese león no era él; de eso estaba segura.
Tras la puerta corrediza había un león de pelaje amarillo oscuro, casi marrón y una expresión seria así como decidida. Fijó en ella sus ojos oscuros y duros cuando dio un paso al entrar, la analizó de arriba abajo y frunció el ceño, su melena, corta al frente y atada con una coleta atrás, se meció cuando fijó su mirada en Po.
—¿El maestro del Palacio de Jade y guerrero Dragón? —preguntó, su voz era igual de dura que su carácter; parecía estar a punto de atacar en cualquier momento.
—Soy yo —saludó Po, con una sonrisa; hizo el saludo para con los maestros y volvió a llevar sus patas tras la espaldas. El león no respondió el saludo, solo fijó de nuevo la mirada en Tigresa; eso la molestó un poco. ¿Qué tanto le miraba?—. El Emperador me convocó por la muerte del guerrero Tortuga Negra y traje a mi compañera y alumna, la maestra Tigresa, como acompañante. —Hizo una pausa—. ¿Tú eres?
¡Usted!, pensó Tigresa, estaban en el Palacio Imperial, no podía tutear a los demás. Movió la cola con un nervioso enojo y se mantuvo firme.
—Fai Wong —respondió él—; el guerrero Dragón Imperial.
Po abrió los ojos como platos y Tigresa se sorprendió, ambos se descruzaron de patas por la impresión. Po dio un paso al frente, incrédulo, mientras ella trataba de entender si había oído bien. Sí, oyó bien, su oído era algo de lo que no dudaba.
¿Existían dos guerreros dragones?
—¿Dragón Imperial? —dijo Po, señalándolo dudoso—. ¿Eso existe o te lo estás inventando?
El león, Fai, gruñó, apretó ambas patas con sus garras al aire y se alisó el traje de entrenamiento negro.
—Lo estás viendo, ¿no? —Su voz tenía ese peligroso tono de advertencia.
Po dio un paso más hacia él y lo vio como si fuera una rareza.
—No me lo creo —afirmó—. Yo he leído los rollos para maestros y solo aparecen cuatro bestias sagradas: Byakko, Suzaku, Seiryu y Genbu. No hay un quinto.
—No es algo que un simple maestro de palacio deba saber —siseó Fai, casi con un gruñido. Miró a Tigresa—. Y mucho menos uno que no le explica a sus estudiantes el código de etiqueta.
Tigresa alzó la guardia sin moverse un ápice, molesta.
—Oye, oye, no metas a Tigresa en esto. —Po pareció molesto, algo raro en él; él no era de molestarse con facilidad. ¿Fue por ella? Se volvió y la miró, sonrió con alegría, esas sonrisas tan de él y se giró hacia Fai—. Yo la veo normal, con algo más de barbarosidad, pero normal.
Por alguna razón desconocida para ella, a Tigresa le gustó que dijera eso.
—El amarillo no es para los plebeyos. —Fue lo único que dijo Fai.
—¿Qué? —se confundió Po.
—El amarillo solo lo usan los Emperadores y los de su casa —murmuró Tigresa, molesta. Fai sonrió con arrogancia.
—Exacto, maestra. —Hizo una pausa—. Y tú no tienes linaje de la casa del Emperador, y la casa de los Tigres desapareció hace decenios.
Eso tocó una fibra sensible en Tigresa. Su linaje. Su familia. Quién era. No sabía nada de su pasado, más allá de que la dejaron en un orfanato. ¿Pero por qué? Po notó esto e ignoró por completo a Fai para centrarse en ella, dio dos pasos y se colocó a su lado, colocándole una pata en el hombro.
—Ti, ¿estás bien? —susurró, preocupado.
Ella miró esos ojos jade y una de las comisuras de sus labios se tensó en una pequeña sonrisa. Tenía la secreta esperanza de que si Po pudo encontrar su casa que estuvo escondida todo este tiempo en los Alpes, tal vez la suya propia también lo estuviera.
Ellos podrían estar allí afuera, sin saber de su existencia.
Le asintió a Po sin dejar de verlo y volvió a mostrarse impertérrita, fijó sus ojos ámbares en Fai y dijo con toda la frialdad del mundo:
—¿Acaso tú sabes si la tengo o no, guerrero Dragón Imperial? —desafió.
Fai se sorprendió por su contestación y acto seguido sonrió desafiándola. Sin embargo, al abrir los labios para responder, un temblor azotó el castillo; Tigresa cayó de rodillas, Po a su lado y Fai se estabilizó como pudo.
—¿Qué sucede? —preguntó Po—. Ti…
—Estoy bien, Po —respondió ella a la pregunta no musitada. Miró a su alrededor, los pergaminos estaban arrugados en el suelo y la temperatura inexplicablemente empezó a subir.
—Es idea mía o… —comenzó.
—Sí —concordó ella—; hace calor.
—Maldita sea —gruñó Fai, abrió de golpe la puerta corrediza y gritó al aire—. ¡SALGAN DEL CASTILLO! ¡ES UNA ORDEN! —Cerró con fuerza y se aseguró que la puerta estuviera sellada en su totalidad—. Ni se les ocurra moverse —les ordenó a Po y Tigresa, casi lanzando cuchillas con los ojos.
Ambos asintieron aún aturdidos por el cambio tan drástico del león. Otro temblor hizo vibrar el castillo desde sus cimientos y la temperatura volvió a aumentar; parecía un horno. Tigresa comenzó a sentir el calor y comenzó a jadear un poco, Po a su lado le tomó la pata y la miró a los ojos.
—Todo estará bien, Ti —susurró, con cariño.
Un gesto muy bonito, pero ella no veía el cómo todo iba a estar bien, algo estaba haciendo temblar el castillo y aumentando la temperatura, y eso no era precisamente algo solucionable. Algo grande debía estar pasando.
Sintió el tacto de Po, suave y cariñoso, y algo esponjoso, en su pata, lo que la hizo sentirse rara, por lo general ella no tenía muchas sensaciones en sus patas porque tantos años entrenando con el bosque de hierro del palacio la había insensibilizado, ¿entonces por qué percibía el suyo?
Por el rabillo del ojo percibió que Fai realizaba los pasos de la maestría del Chi y luego de que emitiera un tenue brillo dorado, los realizó de nuevo. Tigresa, confundida por el por qué realizaba los pasos dos veces, se impresionó cuando vio que esta segunda vez, no era solo Chi lo que emanaba, sino que el color de su pelaje pasó de un amarillo casi marrón a un dorado intenso hasta el nivel de los codos, como la fachada del castillo. Él se tambaleó cuando el castillo fue azotado por otro temblor, sin embargo, la temperatura no subió, Fai parecía emanar una pequeña corriente de viento de sí mismo.
Se volvió para mirarlos y… ¡sus ojos! Sus ojos cambiaron de color, se habían vuelto de un gris tan intenso que parecía ceniza de incensarios, también notó que en sus patas y sus pies se arremolinaba una pequeña corriente de viento. «¿Qué demonios es él? —Miró a Po—. ¿También Po puede hacer eso?»
Cuando habló, su voz parecía oírse muy lejos, como en un túnel.
—¡Prepárense!
—¿Prepararnos? —reaccionó Po, sorprendido—. ¿Para qué?
Fai no respondió, estiró sus brazos en ambas direcciones, uno hacia arriba y otro hacia abajo, el oxígeno del aire bajó de golpe, causándole un ligero mareo a Tigresa, y él junto ambas patas en una palmada, acto seguido se movió quedando de frente a ellos, sosteniendo lo que era una línea semitransparente que flotaba en el aire.
¿Qué demonios?
Fai hizo un gesto de tirar de la línea y un vacío inundó la habitación, como succión. Se notaba que hacía mucho esfuerzo para estirar lo que sea que fuera esa línea, ensanchándola. Dos temblores del castillo después, Fai había abierto la línea, y a través de ella se veía la Ciudad Imperial, como una delicada pintura que amenazara con destruirse al mínimo roce; se veía etérea. Era… ¿eso era un portal?
—¡Crucen! —ordenó Fai.
—¿Cruzar? —La voz de Po titubeó—. ¿Cómo?
—¡Salten! —Le estaba costando de verdad.
—Po —reaccionó Tigresa, apretándole la pata—. Vamos.
Él pareció aturdido y ambos, sin soltarse y sin dudar, corrieron hacia la abertura y saltaron. Todo se puso oscuro de repente, Tigresa no pudo respirar, no podía ver, no podía oír; no podía nada. Instantes después sus pies tocaron tierra firme, tambaleándose y cayendo al suelo de rodillas, quedando mareada por el cruce. Oteó a su alrededor y vio a cientos de animales corriendo en todas direcciones y a Po agarrándose la garganta, respirando entre jadeos.
Momentos más tarde el portal por donde habían cruzado se había disipado, quedando una débil línea que parpadeaba extinguiéndose, acto seguido, durante los últimos momentos de vida de esa línea cada vez más delgada, Fai apareció y cayó al suelo, gateando y respirando con jadeos. Él tenía aún el pelaje de los antebrazos de un dorado intenso y cuando alzó la mirada, un fino hilillo de sangre le caía por la barbilla.
Tigresa no tuvo tiempo para preguntar, porque un nuevo temblor, esta vez acompañado del sonido de una fuerte explosión, le hizo alzar la vista y buscar el origen del sonido, quedándose de piedra: una pavorreal tan rojo y brillante como el sol, impactaba grandes bolas de fuego contra el Castillo Imperial que creaba con el batir de sus alas. ¿Qué… qué estaba pasando allí?
Inclusive a la enorme altura que el animal se encontraba, ella pudo sentir, como si una parte de su alma se lo gritara a toda voz, cuando la pavorreal movió la cabeza lentamente y los enfocó. Su voz, suave y aterciopelada, sonó dentro de su mente.
—Los tengo…
La pavorreal desapareció de improvisto; se consumió en fuego y donde antes había estado, una pequeña columna de humo negro, como de un volcán, ascendía en espirales hacia el cielo. Tigresa había peleado antes contra enemigos extraños, como Kai, y sabía que no se iban así como así; iba a atacar. Se puso de pie de inmediato, como si le hubieran inyectado adrenalina directo en la sangre, y se volvió hacia Po para advertirle.
—Po… —No pudo terminar; no supo cómo, no supo por qué, pero percibió de alguna forma que esa pavorreal aparecería allí, frente a él, sintió el calor empezando a elevarse en un punto exacto a tres pasos de Po—. ¡Aparta! —Se abalanzó contra él y lo empujó lejos.
Un instante después, como si un sol se materializara en el punto exacto que había percibido, una llama muy pequeña, muy caliente y muy brillante apareció, sus lenguas formaron el contorno de la pavorreal y un ala se enrolló alrededor de su cuello. Tigresa tragó grueso como pudo, sintiendo la saliva como agua hirviendo que le quemaba por dentro, mirando los ojos del ave; dos ojos que en lugar de pupila tenían un pequeño fuego crepitando, y el iris era tan rojo como la sangre.
Cuando esos dos fuegos crepitantes buscaron sus ámbares, todas las fuerzas la abandonaron, se sintió tan débil como una cachorra que separaban del seno de su madre. ¿Qué le había hecho?
—¿Quién lo diría? —dijo la pavorreal torciendo su pico en una sonrisa. Acercó su ala libre a su pecho y una luz entre ambas de un rojo intenso comenzó a brillar; Tigresa comenzó a sentirse con sueño…
La visión comenzó a oscurecérsele por los lados a la vez que se sentía más y más débil, oyó a Po gritar su nombre, pero sonaba como si ella estuviera bajo del agua, lejano, muy lejano, y cuando creyó que ese sería su final, una corriente eléctrica le recorrió la espina, erizándole el pelaje. El agarre en su cuello cesó y la hizo caer como un peso muerto, antes de desmayarse unas patas la tomaron por la cintura y la depositaron con suavidad en el suelo.
Lo último que vio antes de que la oscuridad lo engullera fue un tigre.
Un tigre blanco.
Po luego de gritar el nombre de Tigresa, devorado por la angustia que tenía y el temor de que esa ave le hiciera algo, había realizado los pasos de la maestría del Chi seguidos de los de la Paz Interior. Percibía todo más lento, las respiraciones de Fai y los aguditos gemidos de dolor que daba, los movimientos de los animales que huían a la redonda, y la forma en que Tigresa perdía las fuerzas. Sin embargo, cuando iba a atacar a la pavorreal, una luz iluminó su campo visual, fue demasiado intensa que ni con su Paz Interior pudo preverla; entrecerró los ojos dispuesto a atacar, pero cuando parpadeó, la pavorreal ya no la sostenía.
Estaba dos metros a lo lejos; había impactado contra una pared.
Volvió su mirada hacia donde Tigresa estaba y vio que un tigre blanco con hábito de viajero la depositaba con cuidado sobre el suelo, él se miró la pata, abriéndola y cerrándola varias veces; si no hubiera sido por la Paz Interior y el Chi que estaban activados a la vez, no habría sido capaz de notar que alrededor del tigre parecía haber una especie de tensión, como el lugar donde va a caer un rayo.
—¡Maldito mortal! —gritó la pavorreal, la pared donde había impactado comenzó a derretirse y a su alrededor, el suelo empezó a burbujear. «¿Lava?»
Ella se puso de pie y de su hanfu empezaron a emanar lenguas de fuego de todas las gamas de colores de una llama: rojo, naranja, azul, amarillo, cubriéndola por completo dándole un aspecto aterrador. Solo sus ojos, que tenían una llama crepitante donde debiera estar la pupila, era lo único que se veía. Sin embargo, Po estaba muy impresionado, y más que todo enojado, como para sorprenderse; el tigre blanco ni se inmutó.
—¿Eres la Bestia Sagrada del Fénix, cierto? —preguntó con tono calmado y bueno, era como Shifu, pero amable.
¿Suzaku?, pensó, ¿esa pavorreal era Suzaku? Suzaku hizo un sonido que pareció un chirrido, un gruñido, un grito y un bramido, todo a la vez, y expulsó de sus alas dos enormes bolas de fuego hacia el tigre blanco, éste se volvió hacia Po y le sonrió. En ese momento supo por qué no se alteraba por Suzaku: era ciego, sus ojos tenían ese color blanco lechoso de los invidentes.
—La tigresa —musitó con los labios sin formar palabra, su cuerpo empezaba a iluminarse por las bolas de fuego que iban hacia él, dándole un perfil tenebroso. Po lo entendió, le quiso decir que tomara a Tigresa y la pusiera a salvo.
Puesto que tenía la Paz Interior como el Chi activados, de varios pasos llegó con ella, la cargó al estilo princesa, sabiendo que si se llegaba enterar de que lo hizo lo mataría lenta y dolorosamente, y de varias zancadas la puso en un lugar seguro, recostándola contra la pared. Se veía linda así dormida, en calma, si se ponía a pensar nunca la había visto dormir.
Cuando se giró hacia el tigre para ayudarlo, vio cómo las dos esferas de fuego explotaron donde antes estaban Tigresa y él.
—¡No! —se alarmó, no obstante, un rayo que cayó del cielo disipó de golpe las llamas, creando un círculo de llamas agonizantes alrededor del tigre, y más cerca de él, un círculo de electricidad creaba pequeños arcos.
Él se encontraba con un brazo estirado y un dedo apuntado hacia el cielo, el pelaje por completo de sus brazos pasó del color blanco al purpura y por los mismos pequeñas corrientes eléctricas oscilaban.
—Verás, Bestia Sagrada Suzaku —dijo el tigre—, es interesante que una de las cuatro descendiera a este simple mundo mortal. —Suspiró—. Sin embargo, no dejaré que me mates tan fácil…
—Eres un asqueroso mortal, ¡no tienes derecho a decir mi nombre, mucho menos a tocarme! —Cada paso que daba hacia el tigre dejaba una huella negra como el carbón en el suelo que no llegaba a derretirse—. ¡Muere y dame tu Chi! —Espiró, y más que un suspiro fue una exhalación de fuego.
—Este mortal tiene nombre: Shu Huang… —Hizo los pasos de la maestría del Chi y un rayo, seguido del trueno cayó sobre él, por un momento Po se asustó, sin embargo, la enorme cantidad de energía se moldeó alrededor de sus brazos; era como si de su torso salieran los rayos.
En un instante estaba allí, al siguiente no. Desapareció en un parpadeo. Po lo buscó al igual que Fai y Suzaku, sin encontrarlo. Y de pronto… dos flechas de energía surcaron el aire calentándolo tanto que crearon truenos y se clavaron en ambas alas de la pavorreal, para momentos después desaparecer, dejando ver las heridas en ella. El fuego la envolvió de nuevo, sanándola, y soltó un grito enojado, seguido de una llamarada.
En el cielo, Po logró advertir que en varios puntos casi a la vez, aparecía y desaparecía una luz, destellando. Prestando más atención y gracias a su Paz, se dio cuenta que no era al mismo tiempo, eran en intervalos muy pequeños, y no era una simple luz, era el tigre.
Se movía en el cielo destellando, y creando el contorno de un círculo. Cuando pareció formar el círculo en sí, una fina línea brillante, varias flechas fueron disparadas, generando truenos. Era demasiado rápido para que cualquiera lo viera, pero Po apenas lograba captarlo, él flotaba en un punto, disparaba, se movía en un destello hacia otro punto y volvía a disparar, y así sucesivamente hasta que disparó no menos de veinte veces.
El círculo en el cielo parpadeó y murió, y Shu derrapó hacia atrás en el suelo, usando una pata para frenar el impulso, dejando en el suelo profundas marcas. Su pata parecía tener un delicado guante purpura de pura electricidad, y en su otra pata un arco completamente de energía, que asemejaba a un arco voltaico, brillaba con fuerza; alzó la vista y sonrió, denotando que de sus ojos, manaba un pequeñísimo hilo de luz.
—… y es el guerrero sagrado del Tigre.
Hola gente, aquí les traigo el nuevo capítulo. Espero les guste.
LO SIENTO, PERDON, GOMMEN, SORRY, Y TODAS LAS FORMAS DE DISCULPAS EXISTENTES POR HABERME TARDADO TANTO EN SUBIR CAPÍTULO. HABÍA ESTADO MUY OCUPADO: TÉSIS, PASANTIA, TRABAJO, ESCUELA Y DEMÁS. Prometo que de ahora en adelante subiré capítulo a más tardar cada quince días para que no se me venga encima todo lo que tengo.
Espero entiendan.
Dejen su review para motivarme a seguir la historia.
En fin, si les gustó ya saben qué hacer.
Nos leemos luego.
