Oscuridad, cansancio, alcohol, esa era la vida de quien fue la sombra de la cuchilla al haber perdido a la mujer que ama, sin poder hacer nada para evitarlo, y allí estaba el, solo en su alcoba, desmayado luego de tanto tomar, con sus ojos enrojecidos de tanto llorar, fuera escucho el sonido de la puerta cerrarse, su hermanastra Katarina acababa de llegar de su cita a escondidas con su novio, un general de la ciudad rival, su relación era claramente un suicidio pero ambos eran felices con el otro, al entrar se acercó a él, vio su estado y se agacho hasta estar a su altura con una sonrisa burlona:

-Vaya no sabía que tenía una hermanita nueva, pareces una quinceañera que acaba de perder a su primer novio-riendo con sarcasmo-

El odio en la mirada de Talon erizo la piel de la asesina, quien se levantó y le extendió la mano, ofreciéndole su ayuda.

-No necesito tu lastima Katarina.

- Lo que necesitas es salir de aquí, conocer gente, haya en Demacia hay varias chicas hermosas ¿sabes?

- a diferencia de ti, no quiero una relación suicida.

-Al menos tengo una relación.

Un balde de agua fría, eso fue lo que sintió, su hermana no midió sus palabras ante ese comentario y por más que se disculpó, el asesino solo pudo tomar sus cosas como pudo y partir a la calle, perdiéndose entre las sombras.

-Hay Talon...como te encanta preocuparnos...verdad hermanita –volteando a ver a su hermana Cassiopeia-

-¿ya se fue el mocoso? al fin, es tan molesto.

-...creo que solo a mí me preocupa.

Y allí estaba, uno de los mejores asesinos de la ciudad, completamente derrotado y todo porque no pudo ayudar a su amor, a quien creía muerta. En ese momento solo deseaba ir al laboratorio de ese científico loco y destrozarlo, mas no podía, la para el estúpida alianza entre sus ciudades-estado no lo permitiría. Estaba realmente furioso y deprimido al mismo tiempo, mientras se maldecía en silencio, de haber ido con ella habría podido defenderle, pero ya eso no importaba. Sin notarlo había caminado hasta la salida de la ciudad, era tarde más saldría a dar un paseo, al menos así podría despejar su mente, suspiro recordando lo estricta que era la seguridad de aquella ciudad y se dirigió a la salida secreta de la misma, burlando a todos los guardias los cuales eran unos ineptos a sus ojos, camino a través del bosque hasta perderse sin notar que era seguido no muy de lejos por la persona menos esperada en ese momento.