Nada de esto me pertenece. Solo me adjudico la traduccion y adaptacion.

Capitulo 3: Una nueva historia


Bella fue consciente de que, en pocos minutos, estaría en un dormitorio con un hombre al que apenas conocía. Un hombre cuyo contacto hacía que se produjeran sensaciones imprevisibles en su interior.

Cruzaron el vestíbulo en un abrir y cerrar de ojos. Entonces, él apretó el botón del ascensor. No la había soltado. Bella era muy consciente de la mano que le rodeaba la muñeca. Era muy larga y fuerte. Sin embargo, la sujetaba con cuidado, como si tuviera miedo de que fuera a romperla.

—Vera —susurró él, suavemente.

—En realidad, prefiero que me llames Bella—confesó. Le agradaba más su nombre.

—Mucho mejor...

El ascensor llegó por fin. Edward la hizo pasar. Estaban solos. Podrían haber hablado, pero no lo hicieron. Lo único que ocurrió fue que Edward le frotaba constantemente la parte interior de la muñeca con el pulgar. No era nada muy excitante, pero las sensaciones que aquella ligera caricia evocaban eran en realidad muy grandes.

La tensión se rompió cuando las puertas se abrieron en el piso número quince. Entonces, fue ella la que tuvo que guiarlo. Cuando hubieron recorrido una buena parte del pasillo, Edward la soltó para que ella pudiera sacarse la tarjeta del bolso. Los dedos le temblaban cuando introdujo la tarjeta en la ranura, por lo que estuvo a punto de echarse a reír.

Edward empujó la puerta para que ella pudiera entrar en la hermosa suite. A continuación, la siguió y cerró la puerta. Al otro lado del salón, se veía el dormitorio, con una enorme cama, suficientemente grande para tres personas. Tal vez aquello había sido un error. Un error colosal. Todavía había tiempo para echarse atrás. Se volvió a Edward. La excitación de él era muy evidente. Efectivamente, aquel juego era excitante y peligroso. Bella decidió que si iba a dejar que alguien la encendiera, quería que fuera Edward. Era muy guapo, pero muy masculino.

Él le quitó el abrigo del brazo.

—¿Quieres que pida algo para beber?

—¿Champán? —sugirió Bella.

—Bien. ¿Algo más?

—No, a menos que tú tengas hambre —respondió ella. Los labios de Edward se curvaron en una sonrisa—. ¿Qué?

—Esta es una noche poco usual.

—En eso, tengo que estar de acuerdo contigo.

—¿En qué estabas pensando cuando sugeriste que viniéramos a la habitación?

—Hemos llegado hasta aquí —dijo ella—. Creo que igualmente podríamos ir hasta el fin —añadió ella—. Ve a llamar al servicio de habitaciones.

—Lo haré, dentro de un momento, pero primero, hay algo que necesito hacer.

Lanzó el abrigo de Bella sobre una de las butacas. Luego, hizo lo mismo con su propio abrigo y con la chaqueta del traje. Bella abrió los ojos al notar el contraste que había entre caderas y hombros. Además, tenía un trasero estupendo, tanto que deseaba tocarlo, recorrerlo con la mano...

En aquel momento, Edward se giró y se acercó a ella. Le hizo levantar la barbilla con un dedo hasta que Bella lo miró a los ojos. Entonces, muy lentamente, la besó. Ella cerró los ojos al sentir la ternura de sus labios. Fue un beso muy tierno, casi una breve caricia. Se apoyó sobre él, deseando más. Edward le concedió sus deseos, pero a su debido tiempo.

—Bella —susurró.

Después, volvió a besarla suavemente, profundizando el beso a medida que pasaban los segundos, a medida que la noche se transformaba de duda en promesa. Edward utilizó sus propios labios para hacer que ella abriera los suyos. Entonces, la acarició suavemente con la lengua, una, dos veces. Cuando ella entreabrió más la boca, él aprovechó la situación y la exploró más plenamente, sin apresurarse, lánguidamente, como si necesitara aprender cada sabor, cada matiz de sus labios. Bella le colocó la mano en el cuello y realizó su propia exploración. Aquellas sensaciones eran completamente nuevas. Le acarició el cabello con los dedos, sin poder creer lo suave que era. Gimió entre sus brazos cuando él la estrechó contra su cuerpo y cuando movió las caderas para que ella pudiera sentir cómo la larga columna de su masculinidad se le apretaba contra el vientre.

Bella tembló al sentir aquel contacto. Edward le introdujo la lengua una vez más y ella la capturó, chupándola con fuerza. Aquella vez fue él quien gimió. Edward tenía los ojos medio cerrados, llenos de deseo. Bella podía imaginarse con él, en la cama, desnuda, haciendo y tocando todo lo que el placer le indicara. Sin embargo, aquel no era su plan. Si no hacía algo inmediatamente, se perdería. Aquella era su fiesta e iba a hacer que siguiera siendo así. Mientras él se disponía a tomarle la boca una vez más, Bella dio un paso atrás y negó con la cabeza.

—Champán —susurró.

Edward la miró a los ojos y le hizo así saber que no había terminado todavía con ella. La soltó y se acercó al teléfono que había al lado del sofá. La firme silueta del pene se destacaba contra la fina lana de los pantalones. Mientras hablaba con el servicio de habitaciones, se dio la vuelta. Bella se sonrojó al darse cuenta de que él la había sorprendido mirándola. Afortunadamente, su deseo no era tan evidente. Era lo único que hacía que su plan fuera factible. Si supiera las sensaciones que estaba provocando en ella...

Agarró el bolso y se dirigió al cuarto de baño. Tras cerrar la puerta con llave, se apoyó contra la fría madera y expiró el aliento que, sin darse cuenta, había estado conteniendo.

Aquello era increíble. Nunca había experimentado nada semejante. Había estado con otros hombres, hombres de los que no estaba enamorada. Tiempo atrás, había aceptado su sexualidad. Le gustaba el sexo duro, rápido y sin complicaciones, pero aquello... Era una experiencia seductora, erótica y emocionante.

Se apartó de la puerta y se dirigió al lavabo. Allí, se retocó el maquillaje y se cepilló los dientes, utilizando en realidad el tiempo para calmar su acelerado corazón. Aunque no lo consiguió, pudo al menos planear los siguientes pasos. Llegaría el champán, hablarían... No se tocarían. Necesitaba que él se mostrara humilde y obediente. Después de ver su erección, estaba segura de que aquello no le resultaría difícil. Entonces, ella comenzaría. Conseguiría que ninguno de ellos dos olvidara aquella noche.

Cuando regresó al salón, Edward estaba al lado de la ventana, mirando el tráfico de la calle. Se había aflojado la corbata, pero no se la había quitado.

Lentamente, se giró y la cuestionó con la mirada.

—¿A qué se debe esa mirada? —preguntó ella.

—Solo estaba pensando.

—¿Sobre qué?

—Sobre nosotros.

—Tú dirás.

—No tengo dudas con respecto a esto, lo que es muy raro. Es decir, somos unos completos desconocidos. Ni siquiera sabemos el apellido del otro. Tú podrías ser...

—Cualquiera. Lo sé.

—En realidad, no puede ser así. Solo podemos ser quienes somos.

Bella atravesó el salón hasta que estuvo muy cerca de él.

—Ah, pero eso deja de soslayo la pregunta de quién somos realmente. ¿Somos las mismas personas con las luces apagadas? ¿Con un desconocido en el piso número quince?

—No conozco la respuesta a esas preguntas.

—Yo tampoco, pero va a ser muy interesante descubrirlo.

Edward le estudió el rostro muy atentamente.

—Creo que todos tenemos muchas naturalezas en uno mismo. Algunas son más oscuras de lo que realmente nos gustaría admitir.

Bella extendió la mano y le trazó con suavidad la mandíbula. Él tenía la piel cálida y suave. Parecía que se había afeitado recientemente. Aquella exploración fue agradable, pero no suficiente. Encontró que deseaba saborearlo, lamerle la cara como un gato después de comer.

—¿Qué te ha hecho sonreír?

—Un pensamiento algo pícaro –respondió ella—. En realidad, creo que es cierto. Todos tenemos un lado oscuro. No quiero decir con ello que sea malo, aunque supongo que la maldad también forma parte de todos. Es más bien travieso. Son deseos que nunca admitiríamos a otra persona por miedo a que esta saliera corriendo, completamente horrorizada. O, al menos, nunca nos volvería a invitar a otra fiesta.

—¿Y si le pudieras decir a otra persona esos pensamientos? ¿Y si supieras, completamente y sin reserva alguna que no habría malas consecuencias? ¿Y si todo estuviera bien?

—Podría ser muy excitante —contestó ella. Edward asintió—. Y muy satisfactorio —añadió. Él volvió a asentir—, pero también daría miedo.

—De eso se trata, ¿no te parece?

Bella no pudo responder porque, en ese momento, el camarero llamó a la puerta. Ella se dirigió a abrir, tratando de no mostrar lo mucho que le temblaba el cuerpo. A los pocos minutos, volvía a estar a solas con Edward. Los dos tomaron una copa de cristal, llena de una buena cosecha de Dom Perignon.

—Por el deseo —dijo Edward, tocando suavemente con su copa la de ella

—Por el deseo...

Bella saboreó la bebida y el momento. Había llegado la hora de levantar el telón, como se decía en Broadway.

Edward se dio cuenta de que lo más extraordinario de aquel momento era que estaba más excitado de lo que lo había estado a lo largo de sus treinta y dos años y, a pesar de todo, era todavía capaz de tener una copa entre los dedos. Sin embargo, no creía que pudiera conseguir que aquella situación durara para siempre. Todo su ser deseaba tomar el control, hacerla suya, aunque también sabía que no era aquello lo que Bella deseaba. Al menos, no por el momento. Ella llevaba la voz cantante en aquella situación. Nunca había estado con una mujer como Bella. Más que nunca, estaba seguro de que la primera impresión que había tenido sobre ella había sido correcta. Provenía de una familia rica y poderosa. La seguridad que tenía sobre sí misma resultaba muy sensual y el modo en el que las posibilidades brillaban en sus ojos casi lo volvía loco. No podía esperar a ver lo que ella iba a hacer. ¿Desnudarlo? ¿Colocarse encima de él? Aquello era algo que no había hecho nunca antes. A muchos de sus clientes les gustaba verse dominados. Cuanto más éxito tenían, más les apetecía la idea de dejar que otra persona se hiciera con el control, al menos en el dormitorio. Había escuchado historias e incluso había tenido fantasías al respecto.

No le cabía la menor duda de que, si le gustaba la dominación, Bella lo haría muy bien. Se la imaginó vestida de cuero negro. Con aquel cabello marrón, la imagen era casi demasiado buena.

Entonces, la fantasía desapareció y la vio tal como era. Bellísima... Tenía el cabello recogido con un pasador, que él ansiaba por soltarle. El vestido mostraba sus curvas, sus piernas... Especialmente le encantaban los tacones altos.

Bella le quitó la copa de la mano y la dejó encima de la mesa. Entonces, lo llevó al dormitorio. Le gustaba. Aquello se estaba poniendo interesante... Oh, sí...

—Túmbate —susurró ella. Edward fue a quitarse la corbata, pero Bella se lo impidió—. Tal cual estás.

Edward no replicó. En aquellos momentos, si ella le pedía que se pusiera de pie encima de la cama y que cantara el himno nacional, lo haría. Mientras ella apagaba la luz del techo, se tumbó en la cama, de espaldas, con las manos debajo de la nuca. La única luz provenía de una lámpara al otro lado de la sala. Era suficiente. La podía ver claramente, leer la anticipación que había en sus ojos. La próxima vez, lo harían a su manera, con las luces encendidas. Aquella noche, las sombras parecían lo más apropiado. Bella se acercó a los pies de la cama y se quitó los zapatos. El pene de Edward palpitó, anhelando verse libre. La restricción de espacio estaba empezando a molestarlo.

Entonces, ella se acercó al otro lado de la cama, pero no se sentó. No hizo nada más que mirarlo durante lo que a Edward le parecieron minutos, aunque podrían haber sido segundos.

—Ponte en el centro de la cama —le ordenó.

—¿En el centro?

Bella asintió y esperó hasta que él obedeció. A pesar de que pareció satisfecha, siguió sin moverse ni para desnudarse ni para quitarle a él la ropa.

—¿Conoces la verdadera historia de Scherezade? —le preguntó, con la voz tan seductora como la de una sirena.

—Conozco lo de las mil y una noches.

—Ah. Esa es la otra versión, la autorizada para todos los públicos.

—De acuerdo —dijo Edward, preguntándose qué estaría tramando.

—Bueno —prosiguió Bella—, en realidad, Scherezade no contaba historias sobre lámparas maravillosas o astutos marinos, al menos no las historias que aparecen en todos los libros. Sus cuentos eran mucho más... eróticos.

Bella se inclinó sobre la cama y le tocó los labios con un delicado beso. Edward sacó la lengua, pero entonces ella se apartó.

—Eres muy travieso —susurró, negando con la cabeza.

Edward gruñó de frustración, pero a ella no pareció importarle. Volvió a besarlo con la misma delicadeza. Él aspiró su esencia, encontrándola completamente embriagadora y peligrosa. Cuando Bella le quitó la corbata, Edward no pudo contenerse más. Le tocó el cabello con una mano mientras con la otra le acariciaba la nuca. La quería cerca de sí, desnuda, viendo cómo aquella gloriosa melena castaña se extendía por la almohada.

Sin embargo, se dio cuenta de que no iba a conseguir lo que deseaba. Ella se apartó rápidamente y fue al vestidor, sin dejar la corbata. Cuando regresó a la cama, Edward no pudo distinguir qué era lo que llevaba en las manos.

—Veo que vas a necesitar un poco de ayuda— dijo ella. Al oír aquellas palabras, Edward se miró los pantalones. La presión era ya casi imposible de soportar. Le parecía que las costuras iban a ceder en cualquier momento. Cuando vio cómo él había interpretado sus palabras, Bella se echó a reír—. No con eso, al menos, todavía no.

Le agarró la mano entre las de ella. Entonces, le dio la vuelta y le besó suavemente la palma y las yemas de los dedos. Era agradable, pero...Entonces, se metió en la boca el dedo índice. Aquella sensación de cálido terciopelo lo hizo echarse a temblar. Era imposible quedarse quieto, soportando aquella increíble tortura. Al cabo de un segundo, la boca se apartó de la mano. En aquel momento, Edward cayó en la cuenta de que lo iba a atar a la cama. El cuerpo se le tensó. La idea de estar indefenso ante ella lo excitaba profundamente, aunque también le hizo disparar las señales de alarma.

Ella le anudó la corbata suavemente alrededor de la muñeca. Edward tiró para probar la consistencia del nudo y descubrió que podría soltarse en cualquier momento. Sus preocupaciones se disiparon, al menos un poco. Seguramente ella quería que él tomara la decisión de soltarse o de permanecer como estaba. Decidió dejarse llegar. Saber que podía escapar en cualquier momento lo tranquilizaba.

Bella utilizó otra cosa para atarle la otra muñeca. Cuando terminó, Edward suspiró profundamente. Había comprendido al fin parte del juego. No tenía que moverse hasta que ella se lo permitiera. Entonces, Bella se subió encima de la cama y se colocó a su lado, de rodillas. De repente, se puso encima de él, a horcajadas, dejando que la íntima unión de sus muslos encajara directamente con la erección de Edward.

—Ahora, podemos comenzar —susurró ella.

Edward cerró los ojos y respiró profundamente. No podía alcanzar el clímax. Todavía no. No de ese modo. Necesitó toda su fuerza de voluntad para no hacerlo cuando sintió cómo el calor que emanaba de ella le atravesaba los pantalones. Aquello solo era una brasa que se convertiría en fogata antes de que hubiera acabado la noche.


UHHHH esto se pone caliente :)

Que tal? Espero que la historia les este gustando, se ira poniendo mejor en los proximos capitulos :)

Se que dije que iba a subir un capi ayer, pero por cosas de falta de tiempo no pude, Lo siento... Tratare de subir capis al menos una vez por semana.

Hoy subire un capi de seduccion por conveniencia, pueden darse una paseito por ahi y tal vez le guste :)

Nos leemos

Besos, Moa

PD. Gracias a:

Mariees (seguire subiendo toda la historia, no te preocupes :)

Namy33 (tu coment me divirtio mucho, gracias por mandar un review desde el comienzo (fuiste la primera). Ojala continues con la historia)

BkPattz (gracias por comentar, ojala que este capi sea de tu agrado :)

Y muchas gracias a las que agregaron la historia a sus favoritos y alertas c: