Los Sonidos del Silencio

Capítulo 3

La apuesta

— ¿Alguien sabe dónde se metió Errol?— preguntó la señora Weasley a la hora del almuerzo cuando estaban todos apiñados en torno a la mesa.

Con la boca llena de comida, Ron la miró y negó con la cabeza.

—Ni idea, mamá— contestó George, y su madre lo quedó viendo con recelo.

—Tal vez hizo algo bien por una vez en la vida y se murió— señaló Fred. Ginny se atragantó con el zumo de naranja, mientras que los demás tuvieron que aguantarse la risa.

—No es gracioso— los reprendió la señora Weasley—. Las condiciones no están como para comprar una lechuza, y necesito mandar una carta urgente.

— ¿Por qué no usas a Pig?— aventuró Ginny, jugando distraídamente con sus patatas asadas.

—No es bueno para los viajes largos.

— ¿A quién le vas a escribir?— inquirió Ron.

—A nadie que te importe.

— ¿Y por qué tanto misterio?

—No es de tu incumbencia— replicó la señora Weasley, con las mejillas cada vez más coloradas.

—Eso no quiere decir que no me importe.

—Ron, no le hables así a tu madre— terció el señor Weasley desde la cabecera de la mesa. Ron acató la orden, encogiéndose de hombros y continuando con su almuerzo.

—Puede usar a Hedwig, señora Weasley— dijo Harry solícitamente. La mujer le sonrió con dulzura.

Hermione agradecía que Harry se comportara de forma normal frente al resto de la familia Weasley, ya que con ellos –Ron y ella- estaba cada día más arisco y distante. La semana que había pasado desde que la chica llegara a La Madriguera no parecía haber sido de ninguna ayuda. Sin embargo, no abandonaba la esperanza de que el tiempo hiciera lo suyo y disipara el dolor de su amigo.

—Gracias, Harry querido, pero no quiero abusar de tu generosidad.

—No, no es ninguna molestia, en serio, úsela— insistió el muchacho—. De cualquier forma, hace tiempo que no le hago ningún encargo, así que está un poco molesta, le hará bien salir. — La señora Weasley articuló un «gracias» que no logró oírse y Harry le regaló una sonrisa para luego seguir comiendo.

—Bueno, mamá, cuando estés dispuesta a recibir algo de nosotros, te regalaremos una lechuza— dijo Fred.

—Y te aseguro que, al igual que el dinero, no es robada— terminó George.

—No aceptaré nada que venga de ustedes hasta que no me digan de dónde sacaron tanto dinero— replicó la mujer, enfurruñada.

—Si prefieres quedarte sin lechuza...

—Y hablando de lechuzas, ahí vienen tres— observó Ginny con la mirada fija en la ventana que daba al jardín delantero.

Todos voltearon a ver, y en efecto, tres lechuzas con sendos sobres atados en sus patas volaban hacia la casa. El corazón de Hermione se disparó, le dio la sensación de que su estómago se encogía, y dejó caer el tenedor en el plato. Harry también parecía sorprendido, pero Ron, en cambio, perdió todo el color de su rostro.

Las últimas semanas, los chicos habían estado tan ocupados pensando en otras cosas, como Dumbledore, Voldemort, Mortífagos y lechuzas perdidas, que olvidaron que iban a recibir los resultados de sus TIMOS.

—Santo cielo…— susurró Hermione al borde de un colapso nervioso.

—Ya se estaban retrasando— señaló el señor Weasley despreocupadamente, y estaba en lo cierto, ya que los resultados solían llegar poco después de iniciadas las vacaciones, no a esas alturas, Ginny era la única que había recibido la suya con la lista de útiles escolares. Sin embargo, dados los tiempos que corrían, era comprensible.

La señora Weasley abrió la ventana justo a tiempo para que las lechuzas entraran como bólidos en la cocina, deteniéndose y posándose elegantemente delante de sus destinatarios, quienes, con nerviosismo y manos temblorosas, desataron las amarras y cogieron las cartas. Luego, los animales desplegaron sus alas y salieron por donde habían llegado.

El silencio era total en la estancia, como si la expectación se hubiera tragado todos los ruidos. Los señores Weasley miraban a Ron con los ojos abiertos como platos y las bocas entreabiertas; Fred y George también lo miraban, pero a diferencia de sus padres, sus rostros eran alegres y un tanto burlones; Ginny observaba a los tres chicos alternadamente. Todos esperaban alguna reacción, pero era como si se hubieran quedado en pausa.

Hermione, sin embargo, fue la primera en moverse de su sitio, se puso de pie sin apartar sus ojos del sobre sellado. Tragó saliva duramente y murmuró:

—Vengo en un momento. — Apenas consciente de sí misma, subió las escaleras y se encerró en la habitación de Ginny. Concentrándose en inhalar y exhalar lenta y profundamente para no hiperventilar, desgarró el abultado sobre con cuidado, sacó la carta y la desdobló. Cerró los ojos un instante, volvió a abrirlos y enfocó la vista en las letras.

TÍTULO INDISPENSABLE DE MAGIA ORDINARIA

APROBADOS:

Extraordinario (E)

Supera las expectativas (S)

Aceptable (A)

SUSPENSOS:

Insatisfactorio (I)

Desastroso (D)

Trol (T)

RESULTADOS DE HERMIONE JEAN GRANGER

Astronomía: E

Cuidado de Criaturas Mágicas: E

Encantamientos: E

Defensa Contra las Artes Oscuras: S

Herbología: E

Historia de la Magia: E

Pociones: E (*)

Transformaciones: E

Runas Antiguas: E

Aritmancia: E

(*) Todos aquellos alumnos que obtengan Supera las expectativas y Excelente, pasarán a formar parte del curso de ÉXTASIS.

Hermione leyó y releyó el papel sin darse cuenta que lo tenía completamente arrugado en los bordes, y sólo cuando pudo digerir la información, soltó el aire que había estado reteniendo y relajó los hombros, al tiempo que sentía que la súbita opresión en su pecho se desvanecía, como si fuera un globo desinflándose. Con todos sus exámenes aprobados, tenía algo menos de lo que preocuparse.

Estaba abriendo la puerta para volver a la cocina cuando un grito de júbilo la sobresaltó. Era Ron y, al parecer, estaba más que contento. Bajó las escaleras sonriendo de oreja a oreja.

— ¿Y?— le preguntó Ginny—. ¿Cómo te fue? — Hermione hizo un gesto para quitarle importancia.

—Supongo que bien.

— ¿Supones?— cuestionó Ron, entregándole su carta a los gemelos, que todavía no podían creer que su hermano hubiera obtenido ocho TIMOS.

—Nueve Excelentes no está mal.

— ¡¿Qué dices?!— Exclamó él, abriendo mucho los ojos—. Hermione, tú de verdad tienes un problema. Déjame ver eso. — Con un rápido movimiento, le quitó la carta de las manos.

—Felicitaciones, Hermione— dijo Harry, y le palmeó la espalda suavemente. Ella sintió una calidez expandirse por su cuerpo: era la primera vez que Harry le hablaba con cariño desde la muerte de Sirius.

— ¿Y a ti cómo te fue?

—Igual que a Ron. Va a ser un alivio no tener Adivinación este año.

—Pero las clases con Firenze deben ser muy interesantes— intervino Ginny con aire soñador.

—Sí, claro, lo dices porque te gusta ese caballo— señaló Ron, ella lo miró ofendida.

—Primero que todo, no me gusta, y segundo, no es un caballo, es un centauro. — Ron puso los ojos en blanco.

— ¡Qué gran diferencia!

— ¡Ustedes dos, ya basta!— saltó la señora Weasley al ver que su hija iba a responder—. Pásenme sus cartas— pidió, extendiendo la mano a Harry, Ron y Hermione, quienes obedecieron—. Ya tengo la lista de útiles de Ginny, así que mañana podré ir al Callejón Diagon a comprar lo que haga falta.

— ¿Cómo? ¿No vamos a ir todos?— preguntó Ron.

—No.

—Pero-

—Nada de peros, jovencito. Iremos tu padre y yo, ustedes se quedan, es muy peligroso que anden por ahí.

—Pero, mamá…

—Ya la escuchaste, Ron, no discutas— lo atajó el señor Weasley. Ron buscó ayuda en sus dos amigos, pero ellos no se atrevían a rebatir una orden directa de Molly Weasley, era casi tan peligroso como darle de comer a un escreguto de cola explosiva.

— ¿No se supone que iban a ir a ver nuestro negocio?— cuestionó Fred.

—Será en otra ocasión. Además— prosiguió, antes de que George la interrumpiera—, hay muchas cosas que hacer aquí, podrían ayudarme con eso. ¿No es cierto, Harry, Hermione?

—Sí, claro.

—Por supuesto.

—Bien, entonces no hay más discusión. Cuando terminen de comer, vayan al jardín y traten de eliminar la mayor cantidad de gnomos posibles antes de que invadan la casa, ¿quieren?—manifestó de manera brusca, sin dejar lugar a réplicas.

El almuerzo continuó con relativa calma. Demasiado abstraída como para sumarse a la conversación, Hermione pinchaba las patatas con el tenedor, pero no se las metía a la boca. No podía creer que tuviera un Excelente en Pociones. No, lo que en realidad no podía creer era que hubiera sacado un Excelente en la clase de Snape. ¿Qué pensaría él cuando viera los resultados? ¿Creería que no lo merecía? ¿Confirmaría que era una sabelotodo insoportable? Aunque, si lo pensaba mejor, lo más probable era que no le importara lo más mínimo. Entonces, de ser así, ¿por qué le importaba tanto a ella? ¿Realmente apreciaba y ansiaba tanto su aprobación? La respuesta inmediata que le dio su subconsciente fue que sí. Una pequeña sonrisa adornó su rostro. Sin embargo, ésta desapareció ante el pensamiento de que cabía la posibilidad de que Snape no volviera a Hogwarts, de que podía haberlos traicionado y de que, tal vez, nunca más impartiera una clase.

La voz de ultratumba de la señora Weasley la sacó de su ensimismamiento. Hermione alzó la cabeza tan rápido que se mareó.

—Harry, aquí hay algo más— dijo la mujer, entregándole un objeto pequeño y reluciente al muchacho, que la miraba perplejo.

— ¿Qué es?— preguntó Ron, inclinándose en su asiento para ver mejor.

Harry estiró los dedos completamente: en la palma de su mano brillaba un broche, una letra «C» ornamentada con los colores de Gryffindor. Las mandíbulas de Ron y Ginny se desencajaron, y Hermione observaba fascinada.

—Te nombraron capitán del equipo de Quidditch, Harry— masculló Hermione.

—No puede ser… —Harry estaba totalmente atónito y encantado.

—Eres el más indicado— dijo Ginny—… para sacar a Ron del equipo.

— ¡Oye! ¡No lo hago del todo mal! ¿Recuerdas quién nos hizo ganar la última copa?

—Sí: yo— respondió ella.

—Es genial— continuó Hermione, ignorando la nueva discusión de los hermanos—. Te felicito, Harry… aunque sigo sin ver por qué se obsesionan tanto con el Quidditch.

— ¿Hablas en serio, Hermione?— cuestionó Fred, incrédulo—. ¿Cinco años en Hogwarts no te han enseñado nada?

— ¡Es el mejor deporte que puede existir!— exclamó George.

—Lo mismo piensa mi padre del fútbol— objetó ella.

— ¿Fútbol? ¿Qué es el fútbol? ¿Es un deporte muggle?— inquirió el señor Weasley con absoluta curiosidad—. ¿Cómo se juega? ¿Es muy popular?

—No creo que sea mejor que el Quidditch— dijo Ron.

—Bueno, la verdad es que se parecen un poco— explicó Hermione—. Aunque en el fútbol solamente hay una pelota y son once jugadores por lado.

— ¿Y qué hay de divertido en jugar con una mísera pelota?

—Eso es lo que me pregunto yo del Quidditch— escupió ella, harta de tener siempre la misma discusión respecto a ese tema.

—No lo entiendes, porque nunca lo has jugado— puntualizó Ron, recibiendo el apoyo de Harry, Fred, George y Ginny, quienes asintieron con la cabeza.

—Y no lo he jugado porque me he dedicado a cosas más importantes.

— ¿Ah, sí? ¿Como enviarle cartitas a los jugadores?— La expresión de Hermione pasó del estupor a la ira en menos de un segundo.

—Fred, George, ayuden a su madre con el postre— manifestó el señor Weasley. Los gemelos no le hicieron caso, estaban inmersos en la acalorada conversación.

—Eres un idiota, Ron— dijo Hermione entre dientes—. Apuesto lo que quieras a que puedo jugar cien veces mejor que tú. —Ron enarcó las cejas, mirándola a los ojos sin siquiera pestañear.

— ¿Estás segura?

—Desde luego.

—Entonces, apostemos— sentenció Ron, mientras los platos, por arte de magia, se apilaban uno sobre otro y se iban volando hasta el fregadero—. Será algo muy sencillo para ti. —Hermione alzó la barbilla, aceptando el reto—. Apuesto… diez galeones a que no puedes entrar en el equipo este año— terminó, cruzándose de brazos y recargándose en el respaldo de la silla.

—Ron, estás siendo muy maleducado— espetó la señora Weasley desde un rincón, donde comenzaba a disponer el postre en platos pequeños—. No le hagas caso, Hermione.

—Acepto— dijo ella, echando chispas por los ojos—. Yo te apuesto lo mismo a que tú no puedes pasar todas las clases de este año sin mi ayuda. —El chico titubeó unos segundos, y Hermione supo que lo había dejado entre la espada y la pared. No obstante, él sonrió de lado y dijo:

—Hecho. —Ron le tendió la mano por encima de la mesa, y Hermione, sin dudarlo, se la estrechó con más fuerza de la requerida—. Esta misma noche haré la lista de lo que me compraré con el dinero.

—Lo mismo digo yo.

Sin embargo, esa noche ni uno de los dos pensó en apuestas ni en supuestos galeones ganados. Se hallaban en la habitación de Ron luego de un arduo día de desgnomización del jardín, cansados y aletargados por la cena.

—Es una suerte que acepten a los que tenemos un Supera las expectativas en Pociones, ¿no?— comentó Ron, que jugaba en solitario una partida de ajedrez mágico.

—Sí, pero ¿por qué Snape habrá tomado esa decisión? No es algo que él haría— observó Hermione, recostada en la cama del pelirrojo.

—No tengo idea, pero mejor para nosotros, por un momento pensé que se había ido a la mierda mi futura carrera, ¿tú no, Harry? — El susodicho se encontraba sentado sobre su improvisada cama en el piso, acariciando la cabeza de Hedwig.

—Ah… sí, yo también— respondió distraído.

Hermione se acomodó mejor en la cama y comenzó a repasar mentalmente el encargo que le había hecho a la señora Weasley para que comprara al otro día en el callejón Diagon, le hacía falta una túnica y un vestido de gala nuevos, además de unas cuantas plumas y tinta. Pero dejó de pensar en eso cuando se percató de que Harry le hablaba a su lechuza en voz muy baja. Le dio la impresión de que le estaba dando instrucciones.

— ¿Qué haces, Harry?— inquirió Hermione, incorporándose poco a poco.

—Nada— respondió el muchacho.

— ¿Qué le decías a Hedwig?— insistió, y Harry hizo una mueca de irritación.

—Nada, Hermione, es una lechuza, ¿qué le voy a estar diciendo? — Ron levantó la vista del tablero y lo miró.

—La señora Weasley todavía no envía la carta de la que habló esta tarde, ¿no es así?— indagó ella con los ojos entrecerrados—. ¿Qué planeas?— Harry dejó salir un ruidoso suspiro, y Hermione supo que lo había descubierto.

—Intento saber qué es lo que está pasando, es todo— confesó Harry, volviendo a acariciar las plumas blancas de su mascota—. Porque, no sé si te has dado cuenta, pero no nos han dicho absolutamente nada de lo que está ocurriendo en el mundo exterior. Cuando Dumbledore me sacó de Privet Drive, lo único que me dijo fue que había conseguido una información muy valiosa, pero que no hablaría de eso conmigo sino hasta que se reanudaran las clases, y que, mientras tanto, él se ocuparía de ello. ¿Por qué no me lo dijo? Después de todo, la profecía hablaba de mí, Voldemort me señaló a mí como su igual, no a Dumbledore, y él, junto con todos los demás, sigue tratándome como si fuera un niño estúpido que no entiende la magnitud del problema. ¿Es malo eso? ¿Tratar de saber si me voy a morir pronto o no?

Hermione se mordió el labio inferior. No sabía cómo responder a eso… o al menos no lo supo de inmediato. Pero ahí estaba una de las respuestas a la actitud de Harry: estaba asustado, enfadado y resentido.

—Pero lo sabrás cuando volvamos a Hogwarts, ¿no? Deberías esperar, a Dumbledore no le gustará que te estés entrometiendo antes de tiempo— dijo Ron, un poco dubitativo.

—Ron, Dumbledore me está ocultando algo muy importante… nos lo está ocultando a todos nosotros… como si no importáramos, como si no estuviéramos involucrados en esto tanto como él. La verdad es que me da igual si le gusta o no.

— ¿Y qué pretendes?— inquirió Hermione— ¿Hacer que Hedwig robe algo de su despacho, o que te traiga la carta a ti directamente? ¡Ni siquiera estamos seguros de que la madre de Ron le vaya a escribir a él! Harry, tienes que calmarte, no quiero verme obligada a…

— ¿A qué? ¿A delatarnos con McGonagall de nuevo? Hermione, esto es serio y puede ser grave.

— ¡Por eso mismo no debemos meternos! No todavía— replicó la chica, consciente de que sus mejillas estaban rojas—. ¡Tienes que confiar en Dumbledore!

— ¡Estoy harto de confiar en él!— explotó Harry, poniéndose de pie de un salto y haciendo que Hedwig ululara enojada y saliera volando por la ventana abierta—. Estoy cansado… ¡cansado de que me digan que confíe ciegamente en las personas! Ya ves lo que pasó por confiar en Snape: el único familiar vivo que me quedaba murió. ¿No te parece suficiente? ¡Ponte en mi lugar, Hermione! Estoy cansado de sufrir, de perder a las personas que quiero. ¡Quiero hacer algo al respecto, no quedarme sentado esperando que un milagro solucione las cosas!

— ¡Tu actitud es la que no va a solucionar nada!— objetó Hermione—. No hay que actuar impulsivamente, eso es lo que Dumbledore quiere que aprendas… y también tienes que aprender a confiar en las personas, tal y como lo hace él. A mí me cuesta, no pienses que no, pero trato de creer que quienes dicen estar de nuestro lado, lo están, porque si no lo hago… perdería las esperanzas…— Bajó la voz, mientras que Harry la miraba con la mandíbula y los puños apretados—. No quiero pensar que todos pueden ser malos… es la única forma de sacar algo bueno de esto… Todavía queda bondad en el mundo…— Hermione se levantó también, e insegura, agregó—. Y sí, estoy incluyendo a Snape. — Caminó resueltamente hacia la puerta, y antes de salir del dormitorio, dio media vuelta: —. Hablaré con la señora Weasley para que no mande a Hedwig. Es por tu salud mental, Harry. —Sin esperar respuesta, salió.

Ignoró los susurros alterados provenientes de la habitación de Fred y George y siguió bajando hasta el cuarto de Ginny, a quien encontró sentada tras un pequeño escritorio, leyendo algo. Hermione cerró la puerta con toda la delicadeza que le fue posible, caminó hasta la cama de su compañera y se dejó caer de espaldas, lanzando un largo suspiro.

— ¿Otra pelea con Harry?— inquirió Ginny, con la cabeza ligeramente ladeada. Hermione asintió y la miró.

— ¿Nos escuchaste?

—Sí, pero no te preocupes— añadió ante la mueca que hizo Hermione—, mis padres también estaban muy ocupados discutiendo como para oírlos.

—Me da miedo que Harry haga algo arriesgado… y estúpido. Está muy frustrado, ¿sabes?— expresó Hermione, con la vista fija en el techo de madera.

—Me lo imaginaba— dijo la pelirroja—. Creo que por eso Dumbledore quiso traerlo tan pronto.

—Sí, puede ser…— Se produjo una larga pausa. Ginny dobló por la mitad el trozo de pergamino que había estado leyendo y lo guardó en una gaveta del escritorio, luego giró el cuerpo para quedar frente a frente con Hermione.

— ¿De verdad piensas que deberíamos confiar en Snape?— preguntó en un susurro casi inaudible.

—Sí— contestó Hermione después de pensarlo un momento—. Si Dumbledore lo hace, para mí es más que suficiente. — Se sentó en la cama, observando atentamente los ojos castaños de Ginny—. Prefiero creer que es nuestro aliado, porque me da pánico imaginar que sea nuestro enemigo.

—Buen punto…— murmuró la bruja más joven—. Oye, cambiando de tema— comenzó, captando el interés de Hermione—, esa apuesta que hiciste con Ron… ¿estás segura que puedas cumplirla?

—No tengo idea— declaró, masajeándose los ojos con una mano—. Ni siquiera sé por qué la acepté.

—A mí me encantaría ver que le cerraras la boca al tonto de mi hermano— dijo Ginny, se rascó la barbilla un instante, pensativa, y prosiguió: —. Déjame ayudarte. —Hermione abrió mucho los ojos.

— ¿Hablas en serio?

—Más en serio que nunca— aseveró la joven Weasley, mientras arrastraba la silla y se sentaba a sólo un palmo de Hermione—. Yo te entrenaré.

— ¿Ahora?— inquirió Hermione con espanto.

—No, ahora no— rió Ginny—, pero sí mañana y lo que queda de vacaciones. —Los labios de Hermione fueron curvándose gradualmente hasta convertirse en una enorme sonrisa.

— ¿Crees que servirá de algo? Soy un asco jugando al Quidditch. —Ginny hizo un ademán con la mano.

—He jugado desde que tengo memoria, y puedo asegurarte que, por más mala que seas, con un entrenamiento adecuado serás una muy buena Cazadora.

— ¿Por qué Cazadora?

—Bueno, porque ni modo que le quites el puesto a Harry, que ahora es el capitán; tampoco te recomendaría ser Golpeadora, porque se necesita bastante fuerza y es algo complicado; y el puesto de Guardián… simplemente no eres apta para eso.

"¿Que no soy apta?", se preguntó Hermione, sintiendo su orgullo herido. Sin embargo, prefirió no decir nada; después de todo, Ginny era la que sabía.

—Me parece bien— manifestó Hermione. De sólo imaginarse a sí misma en el campo de Quidditch de Hogwarts, con todos los estudiantes mirándola, se le ponía la carne de gallina y su corazón comenzaba a bombear muy rápido—. Tú dime lo que tengo que hacer y yo lo haré. —Ginny esbozó una malévola sonrisa—. Pero… no tengo escoba… ¿cómo vamos a practicar?

—Hermione, esta casa está llena de escobas voladoras. Mañana, cuando todos se hayan ido a la cama, sacaremos un par e iremos a una colina cercana donde jugamos a veces. Eso sí, no pienso ser suave sólo porque se trata de ti. — Hermione inspiró hondo y movió la cabeza afirmativamente.

Esa noche, pasó horas dando vueltas en la cama, tratando de verse vestida con el uniforme del equipo de Quidditch, volando a toda velocidad sobre el estadio, marcando muchos puntos para Gryffindor, las gradas vitoreando su nombre, ganando la copa. Era demasiado surrealista. ¿Ella, Cazadora de Gryffindor? No lo creería hasta que lo viviera.

Lo único que la pudo hacer dormir fue la imagen del rostro descompuesto de Ron cuando le tuviera que entregar los galones que ella sabía que no tenía. Y, por fin, después de semanas teniendo pesadillas, sus sueños fueron felices y tranquilos.


— ¿Tiene idea del daño que podría haberse causado?— preguntó enfadado Snape. Dumbledore, desde el otro lado de la mesa, le sonrió levemente.

Era de noche y los dos magos se hallaban en el despacho circular del director. Fawkes, el fénix, emitió un chillido de disconformidad por el tono agresivo con que se habían dirigido a su dueño.

—Si no fuera por ti, Severus, no lo hubiera sabido— replicó el anciano—. No sabes cuánto aprecio que estés conmigo. —El profesor de Pociones hizo una mueca despectiva con sus labios, mientras desviaba la mirada al tosco anillo de oro que descansaba sobre el escritorio, deteniéndose en la piedra negra incrustada en éste. No se podía creer que ese objeto, aparentemente inofensivo e insignificante, guardara una parte del alma del Señor Tenebroso. Aunque a pesar de toda la información que Dumbledore -¡al fin!- compartió con él, no tenía idea de cómo sabía que lo era. Tuvo que haberse quedado absorto pensando en ello, ya que el anciano se aclaró la garganta para llamar su atención y dijo: —. La única forma de saber que esto es un auténtico Horrocrux es destruyéndolo.

— ¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?— cuestionó Snape, alzando una irónica ceja—. Tengo la impresión de que usted no sabe cómo tratar con esta cosa, dado que… no sé, estuvo a punto de ser víctima de una poderosa maldición al tratar de ponérselo, ¿o estoy en un error? —Dumbledore volvió a sonreír, esta vez más ampliamente y un poco divertido.

—Tienes toda la razón, pero gracias a tu ayuda, descubrimos una gran pista. —Snape lo quedó mirando en silencio, no quería darle en el gusto de preguntar qué "gran" pista era esa—. Un anillo común y corriente no tendría puesta tamaña maldición. Eso quiere decir que el propietario quería protegerlo, dañar a quien cometiera la desfachatez de ponérselo.

—Bien. ¿Cómo piensa destruirlo?— Dumbledore empuñó la mano y estiró el pulgar, señalando hacia su propia espalda. Snape subió la cabeza y vio que detrás del director, colgada en la pared, estaba la espada de Gryffindor—. Es broma, ¿verdad?— preguntó incrédulo.

—Lamentablemente, no— expresó el anciano mago—. ¿Estás listo?— Snape frunció el ceño.

—El honor es todo suyo, Dumbledore— dijo, antes de ponerse de pie—. Es un acto muy noble para alguien como yo.

—Todo lo contrario, muchacho— murmuró Dumbledore, mientras Snape se daba vuelta y empezaba a andar hacia la salida—. ¿Cómo van los planes para traer de vuelta a Voldemort?— Severus se quedó quieto, dejó pasar unos segundos y habló:

—Colagusano les ha aclarado todo lo que necesitan saber. — Giró la cabeza para mirar Dumbledore por el rabillo del ojo—. Ya sabe, fue él quien lo trajo de vuelta la última vez.

— ¿Algún voluntario para ofrecer la «carne del vasallo»? —A Snape, esa pregunta le sonó extremadamente morbosa. Aun así, no dio muestra alguna de incomodidad.

—Yo— replicó con voz firme—. Pero no lo aceptaron. —Dumbledore alzó las cejas y asintió lentamente.

— ¿Quién, entonces?

—Bellatrix— dijo Snape, y aunque no podía verlo, pudo notar que el director se tensaba en su asiento—. Supongo que se da cuenta de que esa no es una buena noticia.

—No es para nada una buena noticia— masculló Dumbledore. Se quedaron callados un minuto, hasta que agregó: —. ¿Y la sangre del enemigo?

—Eso todavía no lo resuelven.

— ¿Posible candidato?

—Para su tranquilidad, no es Potter. Buenas noches— dijo Snape, abandonando la oficina.

No iba a admitirlo delante de Dumbledore, pero, a veces, su cerebro tenía que hacer pausas para recolectar toda la información, analizarla y así saber qué mostrar y qué no cuando practicaba la Oclumancia con los Mortífagos, quienes desconfiaban de él más que nunca. Por lo mismo, no quisieron que fuera él quien ofreciera su carne para "revivir" al Señor Tenebroso.

Estaba agotado. Y estaba harto de que no hubiera una sola persona en el mundo que confiara en él plenamente. Era como caminar en la nada, con dos bandos antagónicos atándole las manos, tirando de ellas para que se les uniera, pero sin el verdadero deseo de que realmente lo hiciera, lo hacían sólo para no perderlo de vista.

Era un trabajo agobiante, que exigía cada día el mayor esfuerzo de su parte. Una enorme cantidad de fuerza mental y física. Ni siquiera se permitía pensar en la parte psicológica, que ya estaba destrozada. Solamente una rabia perseverante era lo que lo mantenía cuerdo. Gracias al odio no perdía la razón… y esa era una conclusión penosa… quizá demasiado.


¡Hola! Aquí va el tercer capítulo. Por ahora es simplemente darle una base a la historia, para que después no aparezcan cosas de la nada y también para ordenar mis ideas. Una cosa... pretendo hacer que esté contado mayoritariamente desde la perspectiva de Hermione, y sólo en algunas ocasiones incluiré el punto de vista de Severus.

Quería actualizar antes, pero estuve enferma, ocupada y el estrés me tenía loca. Así que ahora que estoy bien, viene el capítulo :)

¡Muchas gracias por leer y ojalá les guste! Recuerden que sus comentarios me hacen feliz y me dan ánimos para seguir.

Ah, y yetsave: gracias por tu review. Tienes razón, las emociones de Harry a veces no le dejan ver más allá de sí mismo, pero quizá más adelante pueda madurar y cambiar eso ;)

¡Besos!

Vrunetti.