Hola chicas, un agrado volver sabiendo que algunas disfrutan con esta nueva historia. Gracias por el apoyo que me han dado y los comentarios sinceros que me dejan, siempre los tomo en cuenta para ir mejorando cada capítulo. Espero lo sigan haciendo igual y cualquier situación que noten no este bien hecho, por favor, me lo dicen. Es la única forma de hacer un buen trabajo y mejorar.


2.-UN PRESENTE QUE AFRONTAR

Por qué sigues llamándome, para qué insistes…

No sé quien eres ni te necesito… aléjate, no molestes más…

Fuera de mí vista… No ves que eres un fastidio.

Yo no necesito a nadie y menos a ti.

-Bienvenida a mi casa – anunció Ann calurosamente cuando abrió la puerta.

El cambio de ambientes fue notorio, de un varonil departamento a un colorido y femenino lugar. La tendencia hindú en la ornamentación resaltaba fascinante y acogedora. Tonos lilas, morados y azules en combinación con dorados y plateados se repartían armónicamente en la sala. Grandes y mullidos cojines en conjunto con otros de menor tamaño funcionaban como la escena principal de bienvenida.

Desde las paredes flotaban algunos velos traslúcidos en colores rosa pálidos bordados con hilos brillantes en plata. Una única lámpara existente nacía desde el piso elevándose como una larga trenza para terminar en tres focos luminosos. Todo lo demás, se repartía en diferentes adornos tales como: pequeñas estatuillas, velas coloridas y aromáticas, entre otros artilugios. La distracción en aquel residuo espacio era fantasiosa, ideal para soñar con lo desconocido.

Ann disfrutó con el asombro de Sakuno. Las emociones eran tan claras que no le fue necesario preguntar que le parecía su hogar. Notó como abría sus labios y volvía a cerrarlos, al instante sus orbes carmesí brillaban expectantes a la espera de otro descubrimiento. Hasta había alzado levemente su pequeña nariz para percibir la suave fragancia de jazmín y cedro, tratando de captar su origen.

-Soy decoradora de interiores y cada vez que puedo viajo por todo el mundo en busca de nuevas tendencias. Pero, sobre todo, en busca de algo que me atraiga para mi propio uso – desplegó con entusiasmo.

-Es… es muy… no sé, diferente – aprobó maravillada ante lo novedoso – Lindo.

-Gracias – gesticuló con una gran reverencia digna de una actriz.

Caminó hacia un costado y deslizó entre sus dedos una tela rosa que colgaba por la pared, mostrando como disfrutaba de la suave textura entre sus dedos, para luego comentar.

-Aunque Ryoma insiste que colgar estos lienzos es peligroso con tantas velas… Ja… como si fuera tan descuidada como para olvidar apagarlas. Lo que pasa es que no tiene sentido de lo hermoso y divertido, el muy amargado. Solo por que es bombero se cree muy superior a nosotros los simples civiles – bufó irritada, pero sin demostrar una rabia real – Ahora te pondremos ropa decente – cambiando repentinamente de tema y tomándola de un brazo la arrastró hasta su cuarto.

La excitación de aquella chica era impresionante. Sakuno se encontraba muy cohibida ante tal muestra de alegría y honestidad. A penas y reparó en el cuarto, que como era de esperarse estaba tan vistosamente decorado como la sala anterior, aunque de tonos más suaves y con menos objetos para distraerse.

-Creo que con estas estarás bien, al menos, por hoy – dijo en tono meditativo –. Ya luego veremos como adquirir un guardarropa para ti.

-No creo… que sea… necesario – sintiéndose incómoda por la atención.

-Por supuesto que es necesario. Tienes que tener tu propia ropa e identidad.

-Pero… yo…

Obviamente, Ann no tomo en cuenta los reclamos y sin mucho protocolo dejo a Sakuno vestida con ropa moderna. Unos pantalones marrón oscuros más un sweater de cuello alto color crema, que se ajustaba justo para que sintiera cierto embarazo al acentuar más de lo habitual su formado busto. No siendo tan desarrollado, era lo suficientemente llamativo para destacar impudoroso en un sencillo tejido.

En realidad, todo el conjunto mostraba de manera perfecta las curvas femeninas tan elegantemente dispuestas. Aunque para Sakuno era una desgracia. Ser criticada por su delgadez en una época que el cuerpo robusto era apreciado para traer crías fuertes, mermaba con eficacia su seguridad. Que decir de su pelo rebelde y con un color poco distinguido.

-Ahora sí estás perfecta – halagó con entusiasmo.

-No… creo – reclamó tímidamente mientras tironeaba el sweater para despegarlo de su cuerpo.

-Ya mujer deja eso. Tenemos que hablar – cambiando su tono suave a uno de autoridad – Vayamos a la cocina para preparar algo de té y podamos hablar mejor.

La guió hacia un mesón con cubierta caoba que dividía la cocina de la sala principal. Señalándole que se acomodara en un piso alto de madera a juego con el mesón. Pacientemente, Sakuno observaba como su anfitriona sacaba varios implementos de la alacena, calentaba agua y colocaba dos tazones sin asa frente a ella. Luego con diestros movimientos utilizó todos esos elementos familiares para preparar la infusión.

-Toma, espero te guste. Mi madre me enseñó a preparar el té. Esto de haber crecido en un templo me obligó a instruirme en el arte de la ceremonia del té – le sonrió con dulzura.

-Gracias – recibiendo el contenido, primero saboreando el aroma y luego degustándolo en sus labios, para al fin aprobarlo con la cabeza como toda una experta – esta muy bueno.

-Tus modales son impecables. Eso me dice que debes haber nacido en un buena familia – fue una afirmación que acentuó con una ceja en alto – Dime, ¿de dónde provienes?

-Nuestros terrenos están en Taitō, en el distrito de Ueno.

-¿Ueno? Mmm – expresó en tono pensativo, haciendo memoria de los lugares que conocía – Tu padre debe ser algún empresario o algo así – decía para sí misma intentando adivinar la realidad. Con voz meditativa agregó – Tus modales, tu procedencia, todo parece encajar… Nosotros estamos situados en Edogawa.

Sakuno abrió sus ojos emocionada al escuchar un nombre que ella conocía y tuvo la esperanza que su abuela estaba cerca. Aquella distracción no le hizo percatarse que su interlocutora parecía conocer más de lo que ella misma entendía. Ann la miraba estudiosa y pensativa en la próxima pregunta para descubrir el misterio que distinguía en Ryusaki.

-Entonces… puedo volver…

-¿Sabes que fecha es hoy? – la interrumpió a propósito. Tenía que verificar algunas de las innumerables teorías que llovían en su mente y su instinto le aullaba que ese podría ser el camino.

-¿Fecha? – dijo meneando la cabeza a un costado pensativa – creo que estamos en el año 3º de la Restauración Meiji ¿cierto?

Aquellos ojos grisáceos se abrieron con sorpresa y al segundo se cerraron en una larga línea de misterio y reflexión. Ann se comenzó a morder la uña del pulgar derecho para ordenar sus pensamientos, miraba con gran interés a la joven de cabellos carmesí que entrelazaba sus manos con nerviosismo.

De súbito se paró y jaló a Sakuno para que la siguiera. La llevó para que se acomodaran en los mullidos cojines de la sala principal. Ann volvió a servir un poco más de té y se preparó para comprender a la visitante desconocida. Por unos instantes la observó sin decir palabras, solo hizo unos gestos imprecisos como tratando de adivinar que vendría.

-Quiero saber como llegaste hasta aquí.

-N-no estoy… segura – emitió con temor y algo de confusión. Su mente permanecía un tanto desordenada siendo imposible definir su arribo. Además, que explicar lo que sucedió en aquella cueva era un tanto extraño y no sabría si sus palabras fueran bien recibidas.

-Sé que estas confusa y desconfías, pero hay algo que deseo que comprendas. No debes asustarte. Créeme puedo entender muchas cosas que nadie podría siquiera imaginar – la miró con ternura para tranquilizarla.

-¿Dónde estoy, exactamente? – se atrevió a pronunciar.

-Como te dije estas en Edogawa, Tokio – Sakuno volvió a suspirar aliviada – Aunque si lo que dices es cierto… para ti sería Tokio dentro de unos 130 y tantos años. Estamos en el año 2009, diciembre y si mal no recuerdo dijiste que venías del año 3º lo que equivaldría al 1871 del calendario gregoriano.

Sakuno parpadeó varias veces como si estuviese viendo a la joven frente a ella transformándose en algo fantástico. Aturdida no lograba asimilar correctamente esa posibilidad, era algo inadmisible para creer. Viajar a un lugar lejano sí, pero, ¿a través del tiempo? Eso no podía ser cierto, era demasiado…

-Sakuno – la interrumpió con suave voz para no perturbarla más – Hay algo que me gustaría saber ¿por qué viajaste?

-M-mi abuela… debo hallar… a mi alma gemela – contestó automáticamente, sin darse cuenta de la interesada sonrisa que afloraba en Ann.

-¿Ya la encontraste? – al verla confusa – a tu alma gemela ¿La has encontrado?

Respondió con una negativa de cabeza, aún distraída con el descubrimiento de la fecha y la real posibilidad de que fuera cierto. Si era así, realmente nunca más vería a su familia y se encontraba absolutamente desamparada. Leves palpitaciones comenzaban a acelerarle el pulso.

-Ya veo. No te preocupes, yo te ayudaré en tu misión.

-¡¿M-me crees?! – expulsó asombrada. Ni siquiera ella estaba segura que eso fuera verdad, aun cuando su abuela le afirmaba que existía.

-Por que no debería hacerlo – dijo con naturalidad como si el tema en cuestión fuera de lo más normal – No importa, de todos modos, primero debemos adaptarte a este siglo y prepararte para lo que viene. Puedes contar conmigo y, por supuesto, con Ryoma – afirmó y sonrió con picardía al notar como Sakuno dio un respingo al oír ese nombre.

Su cabeza parecía una maraña de lana enrollada sin posibilidad de encontrar la hebra para ordenarla. Entre tratar de comprender en que situación se hallaba y a su vez distinguir si la mujer frente a ella era tan sincera como mostraba, su mente era un nudo ciego de esos que hacen los marinos tan eficazmente para proteger las velas.

Ann la miraba de una forma tan indescriptible y le hablaba de manera tan natural que la dejaba desarmada de su sensatez. Podía ser posible que un viaje en el tiempo fuera un tema tan insignificante como para siquiera cuestionarlo. Para ella eso era inaudito. Esa chica de ojos grisáceos que de repente parecían ser zafiros la desconcertaba, su actuar no podía ser normal y aceptar que ella no era una demente por decir que era del siglo XIX.

Si fuera al contrario, pensó Sakuno. En definitiva, ella dudaría antes de ser tan amble con una completa extraña y confiar sin problemas en lo que esta le decía. Además, no tenía forma de demostrar que era de donde decía ser. Pero que estupideces estaba pensado, si aquella mujer deseaba creer su historia debería estar feliz. Solo que ella misma aún no estaba convencida de eso, quizás… era un vil engaño y siendo tan ingenua… negó con la cabeza.

Suspiró para darse tiempo de enfrentar a la mujer y agradecerle su apoyo. Eso era mucho mejor que no le creyera nada y estuviera planeando la manera de meterla en algún lugar donde encierran a las personas que tienen alguna debilidad mental.

-¿Te encuentras bien? – oyó que la joven le preguntaba denotando cierta preocupación en su voz – Te ves un poco pálida.

-¡Eh!... sí, creo que si – balbuceó casi no reconociendo su propia voz ahogada.

Un golpe seco en la puerta interrumpió el momento y Ann se apresuró a ver quien era.

Sakuno sin darse cuenta se puso en pie para dirigirse a luz que la seducía. El ventanal que dejaba filtrar luminosidad entre sus visillos blancos la invitaba a comprobar el más allá. Con parsimonia obligó a sus trémulos pies a moverse en aquella dirección, ignorando a su anfitriona y al invitado que la observaron con interés.

A cada paso sentía que sus latidos se aceleraban peligrosamente. Sus pulmones se tornaron algo tensos casi incapaces de aceptar el oxígeno necesario, comenzó a inhalar con dificultad y un suave sudor afloraba por su frente. Sus piernas parecían gelatina mientras más se acercaba al vidrio que la separaba del exterior.

Obligándose a descorrer el visillo blanco cerró un tanto sus ojos para prepararse. Unos segundos en que su corazón tronó con excitación y miedo, abrió los párpados para dejar ver la panorámica que se desplegaba majestuosa ante ella. Grandes elevaciones de concreto que suplantaron a lo que ella pensaba eran bosques de cedros, torres que le aseguraban que esa no era su casa ni cerca estaba de serla.

Tembló con estupor al no reconocer aquello y se dio cuenta que también se encontraba sobre uno de esos gigantes de concreto. Se paralizó. En su mente bullía la información como en un caldero, gota a gota fue cayendo en su entendimiento la información desde el principio. Aferró sus párpados para negarse a ver lo que su cabeza comenzaba a asimilar y apretó con fuerza sus puños para darse valor.

Las últimas palabras de Ann fueron las gotas que rebosaron el caldero de sus pensamientos. Año 2009, un futuro demasiado inverosímil para creer o aceptar. Su corazón retumbó con ferocidad, al sentir que la verdad se colaba entre sus sentidos y la asemejaba como real. Fue un torbellino repentino que la sacudió con fuerza y su desestabilizada figura se remeció con violencia.

-Wow… no me lo puedo creer, ya estas aquí – se burló Ann al ver a Ryoma en su puerta.

-También tengo hambre – pronunció intentando mantener la postura indiferente, pero se maldijo a sí mismo por su urgencia de ver de nuevo a la chica de hermosos ojos carmín, lo intrigaba de una manera que no conseguía entender.

-Estábamos tomando algo de té y he logrado averiguar un par de cosas de lo más interesante – gesticuló con sus manos con gran emoción y esperando que Ryoma sintiera la misma curiosidad, aunque eso era esperar demasiado.

-¿Qué? – alzó una ceja desconfiado, la sospecha que Ann lo quisiera meter en uno de sus ardides no era nada nuevo.

-Mmmm… que tendrás que acostumbrarte a su presencia, porque ella se queda aquí – afirmó tajante.

-¿Aquí?

-Esta chica necesita nuestra ayuda – enfatizando el "nuestra ayuda" – así que nos encargaremos de cuidarla, mientras encuentre lo que vino a buscar.

-¿Y qué vino a buscar? – dijo antes de alcanzar detener su curiosidad por esa chica, casi no podía reconocerse el mismo.

-Eso… es un… Se-cre-to – expresó sin más – pero tiene que ver con su alma gemela.

Ryoma la observó intrigado para distinguir si Ann no se estaba burlando de él. Al ver la seguridad en sus palabras frunció el ceño, sabía de antemano que ella era capaz de eso y que su vida no siempre era tan normal como la de cualquier mortal, pero él permanecía a distancia sin cuestionarla. El problema ahora era que lo quería incluir a él.

-No tengo tiempo para tonterías – alzó los hombros mostrando su desinterés dispuesto a marcharse y no escuchar ninguna explicación.

-Escucha, Echizen Ryoma – expresó colocando las manos en sus caderas para darle énfasis a su argumento.

Una suave brisa de fémina esencia atravesó como relámpago los sentidos de Ryoma, lo dejo desarmado para huir e imposibilitado de escuchar las palabras de Ann. Sus curiosos ojos se voltearon en busca del atacante, la esbelta silueta estaba tensa casi como una estatua griega. Sin darse cuenta y por una extraña advertencia de sus instintos llegó justo para sostenerla entre sus brazos.

Un peso muerto que quiso sostener con indiferencia, pero no pudo obviar la corriente que lo arrasó al tenerla aferrada a él. La desvaída chica se había desmayado y de no ser por su rapidez se habría terminado golpeando la cabeza en la mesilla del centro. Estuvo a punto de acusar a su vecina de inconsciente, pero se dio cuenta a tiempo de lo absurdo que sonaría aquello.

-Debe haberse desmayado por la conmoción – dijo afligida Ann – Enterarse que se halla en su futuro no debe ser fácil – fue apenas un murmullo que no tenía intenciones de revelar.

-¿Futuro? – luego negó – Será mejor acomodarla.

-Cierto. Ven pongámosla en mi cuarto – por que mejor en el mío, pensó Ryoma.

Mientras la cargaba sabía que algo malo estaba ocurriendo. Sus emociones estaban desbocadas y sus pensamientos aturdidos. Sin darse cuenta un sentimiento cruzó sus barreras dejándolo estupefacto. Por qué sentía que era su deber protegerla y velar por ella. Ignoró aquello para depositar con cuidado a la chica sobre el lecho, aunque renuente a cumplir esa simple acción. ¿Pero, por qué?

Con una suavidad y delicadeza que no sabía que poseía, Ryoma depositó el cuerpo desfallecido de Sakuno sobre la amplia cama de Ann, sin apartar la vista de ella. A pesar del estado de la chica el contraste caoba de la colcha hacía ver una imagen casi mágica, como si fuera una especie de ninfa durmiendo sobre fresca madera, al menos, esa era la impresión de un chico que deseaba permanecer incólume a los hechos.

Ann lo observaba con secreto interés y mucha malicia, no todos los días veía a su amigo mostrar una faceta que podría definirse como "preocupación por otro ser humano" –que no tuviera que ver con su trabajo –. Podría asegurar que Ryoma había quedado encantado con la intrusa, claro que eso no significara mucho viniendo de él. Antes muerto que reconocer aquello, sobre todo si creía que todo era obra de su padre.

-¿Ya haz terminado? – pronunció con un deje de risa al ver como de manera ausente despejaba el rostro de Sakuno de los molestos mechones castaños.

-Tsk – fue su respuesta y rápidamente metió ambas manos en los bolsillos como castigo por cometer semejante acto de ternura. ¿Pero qué le estaba pasando? Era como estar poseído por algo ajeno a él.

-Bueno, ¿Por qué no la dejamos descansar y vamos por un poco de te?

Tuvo que poner todas sus energías en seguir las órdenes de Ann, algo invisible le había casi atornillado los pies al suelo y le impedía moverse. Antes de sentirse más patético, miró de soslayo a la chica sobre el cobertor como verificando si su ausencia le fuese a causar algún problema. Hechizado por la desprotegida mujer y apunto de marcharse, un brillante hilo rojo capto toda su atención.

¿Qué era lo que veía? Distinguió como esa extraña hebra salía a través de una de esas apetecibles cumbres, tuvo que tragar para irrigar su seca garganta y forzarse a no babear por la sed. Cuando intentó seguir la trayectoria de ese hilo una luz desde el exterior desvaneció su presencia y entonces se convenció que el exceso de alcohol le estaba jugando una broma. Nuevamente revistiéndose de su armadura de frialdad e indiferencia salió del cuarto.

Volviendo a mostrar su destreza en preparar el te, la joven de ojos grisáceos, analizaba como revelar la historia de Sakuno. No era fácil decirlo, aunque para ella había sido tan sencillo creerlo. ¿Era demasiado ingenua? No. Solo que creció rodeada de la mística y sobrenatural vida dentro de un templo, que creía en vidas pasadas y fantasías imposibles. Pero sobre todo en sus propios sueños nocturnos, sabía que vendría un alma en apuros, sin mayores detalles, solo debía ser de guía. ¿Qué otra prueba necesitaba? Si era de su época o de una más lejana que importancia existía, ya estaba aquí y punto.

-Y bien – interrumpió Ryoma al recibir su taza con te humeante - ¿Qué quieres?

-Mmmm… ella no tiene nada que ver con tu padre – pronunció cauta, mientras cavilaba las ideas y optaba por la más creíble.

-¿Cómo los sabes? – su tono aseguraba suspicacia.

-Buena pregunta – dijo apuntándolo a la cara con un dedo acusador. Ryoma frunció el ceño al distinguir la duda en ella.

-¿Lo sabes o no? – espetó dejando la taza sobre el mesón y dispuesto a marcharse antes de verse más enredado en esta telaraña que Ann comenzaba a crear.

-Por supuesto que lo sé – se defendió con vigor – Ella es la hija de una tía de Hokkaido. Sería mi prima en segundo grado. Vez que lo sé.

-Tú no tienes parientes en Hokkaido – afirmó con seriedad.

-¿Tú qué sabes? Lo que pasa es que su madre se alejo de la familia, se escapó con su novio de secundaria – mintió deliberadamente, aquello sería más creíble que viajes en el tiempo, al menos para un escéptico Ryoma.

-¿Y por qué estaría en mi casa y no en la tuya? – refunfuñó desafiante.

-Eso… todo tiene una explicación – sintiéndose un tanto acorralada – Kippei.

-¿Qué tiene que ver tu hermano? – aunque no entendía para que seguirle la corriente con lo que presentía era una gran mentira.

-Él fue quien dejo a Sakuno en tu cuarto – al ver que Ryoma no volvía a gruñir y poner cara de poco amigos, siguió tejiendo su mentira – Verás. A mi hermano se le había extraviado mi llave y de casualidad tenía las tuyas, como yo no estaba y no podía abandonar a Sakuno, la dejó allá – Ann se sentía emocionada por la historia que hilaba, aunque fuera un tanto retorcida – Ya sabes, en el templo no se admiten mujeres y menos ahora que Kippei esta en pleno proceso de instrucción de los futuros monjes.

Ryoma se acomodó y continuó escuchando el parloteo de su vecina sin interrumpirla. Además, no tenía caso ya que cuando comenzaba a hablar de esa manera no habría quien la parase. Pasaron varios minutos más para que la historia estuviese hilvanada por entero. Lo único que logró captar fue que debía ser un pariente de los Tachibana.

Y un cuerno, esa historia era un enredo que no tenía ni atrás ni adelante. No sabía por qué, pero su amiga lo quería confundir y no estaba seguro si estaba dispuesto a querer saber toda la verdad.

-En resumen es eso. La pobre chica huyó de su pueblo sin un peso buscando algo mejor, se perdió y fue asaltada le robaron hasta lo que tenía puesto ¡Imagínate, pobre chica! Menos mal que Kippei la encontró a tiempo y la salvo. Cuando la vio mejor supo al instante quien era, porque es igual a la Tía Miyuki ¿Vez que sencillo? – expresó orgullosa de su inventiva.

- Me voy – dijo al pararse y darle a entender que no le creía absolutamente nada.

-Siempre tan agua fiesta – respondió irritada – Bueno, ¿quieres saber la verdad?

-Mmm... – alzó una ceja esperando respuesta.

-Aquí va – anunció algo molesta – Sakuno viajó en el tiempo para encontrar a su alma gemela. Ella viene de la era Meiji ¿satisfecho?

Su ceño fruncido denotaba frustración. Le dijo la verdad que sabía Ryoma jamás aceptaría creer, pero que más da.

La habitación cayó en un tenue silencio en donde ambos solo se miraron desafiantes. Ryoma hizo una mueca con sus labios mostrando su disgusto por la mentira y sin entender por que seguía insistiendo en descubrir la verdad. Por su parte, Ann alzo su rostro de manera petulante demostrándole que le valía un céntimo su enojo.

-Escucha, Ryoma – decidida a enfrentarlo – Sino me crees allá tú. Pero si te dijo que ella fue enviada por tu padre, me creerías ¿cierto?

-Es lo más lógico – afirmó, ganándose un gruñido de la chica.

-¡Hombres! Siempre prefieren creer lo vulgar o retorcido – expresó indignado – Sabes, cree lo que quieras. Pero de las tres propuestas, la última te prohíbo si quiera tomarla como opción.

La conversación concluyó sin que llegaran a entendimiento. Cada uno se quedó con sus propias ideas, sabían de antemano que ninguno daría su brazo a torcer y por tanto no valía la pena discutir.

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La suave brisa del viento ondeaba por los campos de un vasto jardín de flores silvestres, múltiples colores de pequeñas florecillas que danzaban alrededor de una joven doncella. Un rayo de sol parecía brillar sobre aquella chica de largos cabellos rubios y ondulantes, acariciando su silueta cubierta de un sencillo vestido blanco.

Descalza corría hacia el final del colorido paisaje, cantando emocionada una tonada llena de júbilo y esperanza. Al llegar a su destino la hermosa doncella se detuvo un tanto perturbada, un obstáculo invisible le impedía avanzar y un súbito dolor en su pecho la hizo caer al suelo. Con sus delicadas manos palpó el muro cristalino que no la dejaba cruzar, lágrimas de aguamarina se deslizaban por las blanquecinas mejillas.

El cántico alegre se trasformó en amargura y la doncella comenzó a correr a lo largo de la muralla para buscar una entrada. A lo lejos divisó una silueta que solo alzó un tanto la vista, unos ojos felinos oscurecidos como el humo o las nubes de tormenta la miraron con intensidad y luego omitió su presencia sin más, continuando su camino sin detenerse a escuchar los lamentos de la joven doncella.

Un estruendo en los cielos, que poco antes resplandecían en azul intenso, ahora amenazaban con cubrir con un oscuro manto la calidez del sol. A pasos agigantados avanzaba el peligro, profiriendo tronadores alardes de su presencia que sonaban como vivas burlas a la tristeza de la doncella y acentuaban su ataque a cada lágrima de ella.

El cielo se oscureció como boca de lobo rapaz. Las flores desaparecieron para dejar paso a cardos y ortigas, la vida del lugar fue arrancada de golpe. La joven grito con desesperación e intentó con todas sus fuerzas romper el cristal, hasta que un nuevo remezón del cielo la acalló de espanto. Volteó para divisar el peligro y la luz resplandeciente de un rayo cayó sobre ella.

-¡NOOOO! – fue el gritó angustiado de Sakuno al incorporarse.

Sus palpitaciones tamborileaban consternadas dentro de ella. Un sudor helado bañaba su frente y una debilidad dominaba sus músculos. Había sido una pesadilla, todo había sido un mal sueño desde que… abrió sus ojos para comprobar donde estaba y notar en el acto que no todo era irreal. La pronta aparición de Ann solo demostraba aún más que eso ya no era parte de un mal sueño.

-¿Estás bien? – se apresuró a llegar a un lado de ella – Al parecer has tenido una pesadilla.

-Fue… muy real – musitó temblorosa al recordar.

-Tranquila. Por ahora será mejor que olvides eso, luego puedes contármelo si quieres. Como has dormido toda la tarde, imagino que debes estar hambrienta ya que ni siquiera comiste el almuerzo.

-¡Oh! – emitió avergonzada al distinguir la oscuridad que se colaba entre las cortinas – ya es de noche.

-Así es. Vayamos a comer del estofado que preparé o si lo prefieres puedes darte un baño, eso siempre me permite relajarme – invitó interesada.

Sakuno accedió a las atenciones de su reciente amiga y dejó a un lado los malos recuerdos para recargarse con nuevas energías. Deleitándose de un reconfortante baño recordaba los consejos de su abuela, aunque no deseaba analizar la horrible pesadilla sabía que debía enfrentarla porque quizás tuviese algunas respuestas, pero eso lo haría cuando ya no la atemorizara tanto.

Minutos más tarde se encontraba envuelta, en una yukata gris, sentada frente al mesón caoba de la cocina. Una alegre Ann servía los platos con un apetecible estofado de carne y verduras, el aroma era lo suficientemente atrayente como para que su estomago rugiera con descaro, logrando que un sonrojo tiñera las níveas mejillas de Sakuno.

-No te preocupes. Come todo lo que gustes – la invitó Ann, mientras ella se sentaba frente a ella.

-Gracias.

Cenaron tranquilamente. Disfrutando de una grata conversación de mujeres sin incomodas palabras o temas. Sakuno le contaba de sus días en la casa de sus padres, la educación que recibió y todas cosas que había aprendido en aquel lugar, se sintió realmente liviana al hablar de su vida. Por otro lado, su interlocutora hacía lo mismo y la mantenía informada de los cambios que se fueron suscitando con el paso del tiempo, dejando cada vez más estupefacta a una chica que no comprendía ni la mitad de los sucesos.

-Ahora quiero que me cuentes lo que soñaste – expresó Ann.

-Esto… no sé… muy bien que era.

-No te preocupes. Quiero que me digas de lo que te acuerdes. No importa que, imágenes, palabras, colores o sensaciones, cualquier cosa. Verás, tengo la capacidad para interpretar los sueños, es una de las habilidades de los Tachibana.

-¿Eres una sacerdotisa?

-¡No, que va! Debería haberlo sido, pero me negué rotundamente a convertirme en sacerdotisa del templo. Mi sueño es viajar por el mundo y descubrir nuevos cosas. Permanecer encerrada en un templo no es lo mío. Gracias a Kamizama mis padres comprendieron y como mi hermano mayor se hizo cargo del lugar me dejaron tranquila.

-Tu hermano es monje.

-Sí. Lo hace bastante bien y a veces me pide consejos. Solo mi madre y yo podemos interpretar los sueños, ya que muchos de nuestros sueños suelen ser revelaciones futuras. Bueno en fin. Ahora cuéntame que sucedió para ver si puedo ayudarte.

-Había una chica en un campo de flores…

Sakuno le fue relatando el sueño a intervalos por interrupciones de Ann cuando le venía una pregunta a la cabeza, intentando recordar la mayor cantidad de hechos se esforzaba por armar el sueño. Cuando finalizó sintió la misma angustia que cuando hubo despertado, casi pudo notar como su cuerpo perdía calor corporal.

-Ya veo… mmmm…

-¿Q-qué significa?

-Es tu alma quien busca huir. Existe un gran peligro que te rodea y tu única salvación es lograr que tu alma gemela te reconozca. Lo que no sé es cuanto tiempo tienes para eso ¿creo que debería preguntarle a mi hermano, él se maneja mejor con estas cosas?

-Mi abuela… me dijo algo como eso. Aunque tampoco sabía cuanto tiempo.

-Ese colgante que tienes – musitó al tomarlo entre sus manos – es un escudo. Sakuno, tienes que conservarlo siempre, nunca permitas no llevarlo contigo.

-La sacerdotisa dijo algo así, que me protegería y me ayudaría a encontrar a mi alma gemela.

-Es más que eso. Escucha, creo que esa piedra podrá evitar que la desgracia caiga sobre tu alma, puedo sentir su energía y es como si algo invisible te cubriera. Si alguna vez no llevas eso contigo, será como si salieras desnudas en medio de la nieve ¿Comprendes?

-C-creo.

-No deseo asustarte, pero es mejor que lo sepas.

-¿Q-qué… cosa?

-¿Sabes que hay distintas clases de alma? – la joven asintió – Entonces sabrás que ciertas almas solo buscan la infelicidad de otras.

-La sacerdotisa me hablo algo de eso. ¿Pero que tiene que ver?

-Que las almas impuras siempre están al acecho de corromper a las inocentes. Sakuno, existen muchas almas Kurai, pero sobre todo almas Saigo que fueron maltratadas lo suficiente como para llegar a serlo. Por tanto son las que buscan venganza aun cuando sus victimas no sean las culpables, su única misión es que otras almas puras se conviertan en una de ellas.

-¿Y que puedo hacer?

-Lamentablemente, no conozco una forma de saber si una alma es Kurai o no. Por eso es indispensable que por ningún motivo dejes esa piedra, es tu escudo, aunque no sea infalible algo es algo. Sin esa piedra eres completamente vulnerable. Y sobre todo, nunca pierdas la esperanza.

-¿Por qué… tú no tienes una piedra?

-Sakuno, creo que esa piedra te fue dada por la sencilla razón de que tu venida aquí no fue normal, lo más seguro es que tu alma haya sido despertada por completo y el tiempo juegue en contra, por eso el sueño es una advertencia del peligro que corres y que debes apresurarte a cruzar esa barrera.

Ann no quiso asustar más Sakuno con esa posibilidad, que se hizo más real a medida que fue conociendo los detalles del ritual y el tipo de sueño. Intentó desviar la conversación a los planes que deberían hacer para adaptar a Sakuno a este mundo y, por supuesto, la manera de comenzar con la búsqueda de su alma gemela. Debían arreglas muchas cosas antes de si quiera pensar en el objetivo principal, lo primero transformar a Sakuno en una mujer del siglo XIX.

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Desde que había abandonado el departamento de Ann, se encontraba maldiciendo a los cuatro vientos por perturbarle un día que debía ser tranquilo. Y de paso escupía palabras insidiosas contra su amigo Momoshiro por colaborar con su estado decadente, la cabeza aún le zumbaba y la sed corría su garganta, nada parecía aliviar aquella molesta situación.

Una vez que logró aplacar un tanto la sequedad de su boca, optó por refugiarse en su cuarto y no volver a despertar hasta estar recuperado. Al cerrar la puerta un mareo repentino se apoderó de él, todo a su alrededor se tornó borroso y tuvo la sensación que flotaba inestablemente sobre agua. Consiguió apoyarse en la puerta cerrada antes de perder el equilibrio.

Se enfocó en su cama con la esperanza de caminar hasta ella y lograr desplomarse en un sitio más seguro. La parálisis vino a él al momento de distinguir a una mujer sobre su cama… esto seguro era una broma de su cerebro aún atontado por el alcohol… respiró con dificultad y la hermosa mujer seguía sentada sobre sus piernas en una posición de recatada bienvenida.

Sin poder pronunciar palabras indagó a la fémina que parecía sacada de un cuadro del período Edo. Llevaba puesto un Kimono azul cielo que estaba perfectamente afirmado con un obe amarillo, una especie de faja ancha que actuaba como cinturón. Lucía un intrincado peinado de doncella con pequeños adornos que sobresalían tímidos entre las hebras rojizas.

Cuando quiso preguntar que hacía en su cama, su corazón dejó de latir al ver a la mismísima Sakuno en aquella chica. Poseía el mismo rostro de ninfa con esos impresionantes ojos carmín y esos labios pecaminosos que le habrían provocado un jadeo. Pero sus fantasías se vieron detenidas al ver que lágrimas amargas caían sobre las níveas mejillas, el intenso dolor que mostraba la joven era en extremo palpable.

Parpadeó al sentir un nuevo mareo que le obligó a restregarse los ojos. Todo había vuelto a la normalidad, nada se movía ante él ni nada estaba fuera de sitio. Su cama estaba exactamente como la había dejado y no existían señales de ninguna chica, solo un Karupin expectante mirando a su amo. Se restregó los ojos para verificar… alucinaciones… era la única respuesta posible, no había otra definición.

Tal cual lo haría una torre cuando se le quitan los cimientos, Ryoma cayó sobre su cama para enterrarse en ella y conseguir tomar el control de su vida. Desde que despertó nada tenía explicación lógica, primero despierta con una mujer capaz de –literalmente– zamarrear el suelo que pisa. Luego la culpable vuelve a estremecerlo al caer sobre sus brazos y lo deja más confundido que nunca, por las desconocidas emociones que lo inundaron.

Y para empeorar la situación, un ataque directo a su razón al divisar un extraño hilo rojo saliendo del cincelado pecho de la chica… ¿eso tenía sentido? Pues no. Como tampoco la reciente ilusión de la mujer del Kimono con el rostro de Sakuno, eso había sido el golpe bajo directo a su cordura que sobrepaso su barreras.

Conclusión, la ninfa de ojos carmín era un peligro monstruoso para su persona y su salud mental. Una alarma de alerta en su cabeza le anunciaba que correr era la mejor defensa, que el ataque recibido había causado severos daños y por el momento no estaban preparados para nuevas embestidas. Si quería seguir siendo el Ryoma actual no podía arriesgarse a una batalla que a luces parecía perdida.

¿Quién lo diría, Echizen Ryoma, especulando escapar de un reto contra una mujer? Como dicen por ahí "Soldado que arranca sirve para otra batalla". Se mofó de sí mismo ante semejante pensamiento cobarde, pero por el momento lo dejo pasar y se cubrió con las sábanas de azul petróleo para intentar dormir. Definitivamente, ahora no era el mejor momento para pensar ni idear soluciones, su agobiante resaca se lo imposibilitaba.

-Lo ha sentido – expresó una voz emocionada tal bufón - ¿Es lo que esperaba?

-Absolutamente. Es lo que he estado esperando durante tanto tiempo – confirmó con cierta satisfacción maligna – Una alma pura e inocente acaba de caer en nuestras vidas, para ser corrompida.

-Vamos por ella.

-¡Alto! – grito con autoridad para detener su avance – Sabes que se necesita tiempo para esto. No podemos permitir fallos, no todos los días nos encontramos con almas tan puras como ésta.

-Pero… no seria mejor…

-Recuerda que esto no es una simple cacería. Nuestro único interés es convertir esa tonta alma en una de las nuestras – su voz sonaba como si estuviese saboreando un dulce bocado.

-Perdón. Debemos lograr que se convierta en Shizumu y luego definitivamente en Saigo.

-Exacto. Y para eso se requiere tiempo, además de un leve empujoncito. Es ahí donde entramos nosotros ¿Comprendes? – el aludido asintió con reverencia – Entonces no hagas ninguna estupidez que pueda entorpecer nuestros planes.

-No somos los únicos que desean esa alma…

-Calla. Eso es solo un inconveniente menor, pero nada que no podamos solucionar. Además, muchos desean lo mismo que nosotros lo cual es un alivio, aunque deseo ser yo quien se lleve el crédito de todo esto. Lo primero es impedir que se halle con su contraparte eso podría ser un verdadero inconveniente.

-¿Y esa persona? – dudo al ver la cara de ira de su acompañante.

-No pienses en arruinarme este momento. De todos modos, siempre he sido más fuerte y astuto. Si vamos con cuidado no habrá ningún problema.

-Por supuesto. Entonces, ahora ya estamos listos para comenzar el plan de corromper esa alma Shiroi y que pase pronto a un estado Shizumu. Espero que sea tan débil como la última, que no nos costo nada que llegara a Saigo.

-Basta de tonterías. Comenzó el juego "Destrucción de almas"

-¡Viva!

Continuará...


Espero les haya gustado como quedo este capítulo y ya pronto iremos viendo como se las arregla Sakuno para ser una chica del siglo XXI, mientras Ryoma decide que hacer con esas reacciones tan fuera de él. ¿Qué hacer cuando cae algo inesperado sobre nosotros y no sabemos como reaccionar? bueno eso es algo que Ryoma deberá averiguar por sí solo, por que obviamente no le pedirá ayuda a nadie.

Saludos a todos, y nos vemos la próxima semana.