Otra vez el repetitivo sonido del metal arañando la piedra.

Un cuchillo mal afilado era un fallo imperdonable en una clase de pociones. Y un fallo extremadamente frustante, que se lo digan a Sir Nicholas.

Llamaron a la puerta y susurró un desganado "adelante" sin dirigir apenas una mirada a su visitante nocturno.

Buenas noches profesor.
Granger...

Ella se sentó en el suelo con la cara entre las manos, observando los movimientos diestros de quien llevaba años practicando. Una mueca de concentración, el silencio de las mazmorras, el movimiento más que estudiado y los ojos refulgiendo a la luz de la antorchas, revisando un trabajo bien hecho. Entonces y sólo entonces se permitió mirarla.

Ha hecho frío.

Un comentario trivial mientras dejaba el cuchillo en el armario. Sintió a su alumna a la espalda. Ella le cogió las manos y se puso de puntillas para besarle la nuca. Severus se estremeció esbozando una media sonrisa. Se dio la vuelta despacio.

Hermione le sonreía y le apartó un mechón rizado de la frente.
Su pelo, su sonrisa, y esa mirada. Sus manos cogiéndolo de la túnica y atrayéndolo para besarlo. Sus labios, su lengua, su sabor. Y una palabra mal dicha y emborracharse en su olor.

La existencia sin sentir había resultado mucho más negra de lo que podría haberse imaginado. Y Hermione le devolvía el hambre, el placer, la vida...
¿Y que es existir sin sentir nada? Qué le pregunten a Sir Nicholas...

Sonrió para sí mientras se perdía en todo lo que valía la pena:

Otra vez sus gemidos llenando la habitación.