Siento haber tardado ^_^U

Me alegro de que les guste ^_^ no tenía mucha idea de como hacer este capitulo, pero bueno, lo consulté con la almohada y a salido algo xD

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Capitulo 3: Despreocupación

-De eso quería hablarte Bella, Jake, Ha vuelto.

Me quedé muda, no se si de alivio, alegría o preocupación. Todo el tiempo en el que Jacob había estado desaparecido, había estado muy preocupada y me sentía tremendamente culpable. No podía evitar pensar que se había marchado por mi culpa y había estado llamando a Seth todos los días para que me dijese como estaba y si pensaba volver. Pero ahora que estaba de vuelta, no sabía como sentirme ¿Debía estar aliviada porque se había decidido a volver y puede que a perdonarme? ¿O debía estar preocupada porque había vuelto para enfrentarse a Edward y al resto de los Cullen? Pero sobretodo tenía miedo de los sentimientos más profundos que Jake despertaba en mí. Cuanto habría deseado que Jake fuese mi hermano... todo habría sido mucho más fácil para todos...

-¿Bella, sigues ahí?

-Si, gracias por decírmelo Seth

-¿Te encuentras bien?

-No... No estoy segura ¿Como está él?

-Bueno, está cambiado. Tanto tiempo bajo su forma lobuna le ha vuelto bastante irascible... pero está bien. Billy está muy contento y Sam también, al fin estamos todos juntos.

-Me alegro mucho.

-¿Vas a pasarte por aquí? – me preguntó preocupado

-No... Mejor no Seth. Le voy a dar un tiempo para que se acostumbre de nuevo a su casa. – le respondí en un vano intento de bromear un poco con él.

-Está bien, ¿pero vendrás no?

-Por supuesto chaval.

-Entonces hasta pronto Bella

-Ya nos veremos.

Colgué el teléfono y alcé la vista, estábamos delante de la casa de los Cullen. Alice y Rosalie me miraban preocupadas desde los asientos delanteros, seguramente temiendo que me entrara una crisis nerviosa o algo así.

-¿Porqué esas caras tan largas? – les pregunté para calmar un poco el ambiente.

-¿Te encuentras bien Bella? – se preocupó Alice

-Por supuesto, ahora casi todo está bien, solo falta que mi padre vuelva a hablarme y que llegue mi madre.

Había decidido que lo mejor era no pensar en ello. Esta noche la iba a pasar en casa de los Cullen, Alice había conseguido que mi padre me liberara por una noche para prepararme para la boda. Alice le había dicho que faltaban tantas cosas que no podía venir a buscarme por la mañana... claro, todo era mentira, solo lo había hecho para librarme de él durante un tiempo, pero mi padre no era tan tonto, solo había consentido que me quedase un día y una noche y punto.

-¡No se hable más! – Se exclamó de pronto Alice, sobresaltándome – ¡El chucho no va a amargarme la noche!

Salimos del coche y me apresuré a entrar en la casa. Edward estaba sentado en el piano, tocando mi nana. Me senté a su lado y apoyé la cabeza en su hombro. Él se inclinó para besarme el pelo.

-¿Que tal ha ido?

-No quiero volver a ir de compras con Alice en una buena temporada, pero aparte de eso, bien...

-No exageres Bella, que estoy segura de que en la última tienda has disfrutado mucho – soltó Alice de pronto, consiguiendo que me pusiese roja como un tomate. Edward nos miraba confundido y yo me avergoncé aún más al imaginar lo que estaría escuchando de la mente de Alice y Rosalie que se reían a carcajada limpia mientras iban hacia el salón, dejándonos solos.

-¿Que ha querido decir con eso? – me preguntó Edward hecho un lío.

-¿No has oído nada?

-Me están bloqueando, ahora mismo Alice está pensando en como va a arreglarte el pelo mañana y Rosalie... – puso los ojos en blanco – No quieras saberlo.

Solté un suspiro aliviado y Edward me miró aún más insistentemente, intentando, como siempre sin éxito, sonsacar esa información de mi mente. Edward siguió tocando un rato y al cabo de un rato se levantó para acompañarme a la cocina para cenar algo. Mientras cenaba una manzana que había conseguido encontrar en la alacena se me ocurrió una idea.

-¿Puedo ver tu cuaderno, ese en el que dibujabas la otra noche? – Edward hizo una mueca - ¿Que pasa? ¿No quieres enseñármelo?

-Se suponía que iba a ser una sorpresa, pensaba que como estabas medio dormida lo habrías olvidado.

-Por favor ¿Puedo verlo? – intenté convencerlo con mi recién descubierta arma de convicción. Edward me miró fijamente durante un momento y se rindió. Desapareció de pronto para volver enseguida trayendo en sus manos el cuaderno que le había visto.

Era realmente precioso. Tenía la cubierta de piel, como si fuese un libro antiguo y en la portada ponía "Bella Swan". Lo abrí y en la primera página había un dibujo mío y de Alice, sentadas y riéndonos en una perfecta reproducción del salón de su casa. Como la primera vez que me vi dibujada por Edward, me sorprendió la belleza y suavidez del trazo, claro que yo no sabía mucho de dibujo, pero me quedé extasiada. Fui pasando las páginas, prácticamente todos los dibujos eran de mí. Se me veía durmiendo, sentada en su sofá leyendo, con todos los miembros de su familia, con mi padre, mientras preparaba la comida, incluso con Seth y me sorprendió incluso reconocer a Jacob en uno de los dibujos... pero en todo el cuaderno, no salía él.

-¿Porqué no sales tu? – le pregunté levantando la vista de los dibujos.

-¿Te gustaría?

-¡Pues claro! ¿Que estupidez es esa? – Me exclamé sorprendida – cambiaría todos estos preciosos dibujos por uno solo en el que salieses tu.

No me respondió, simplemente desvió la vista incomodo y se llevó el cuaderno. Cuando volvió se sentó delante mío.

-¿Para qué quieres un dibujo? Ya tienes fotos

-No es lo mismo... en un dibujo se pueden ver reflejados... – me interrumpí, consciente de porqué Edward no había hecho ningún dibujo suyo al lado mío. En un dibujo se pueden ver reflejados los sentimientos del artista, por eso yo salía tan bien y la imagen de Jacob era bastante extraña... muy ruda, bestial, tanto que me había costado reconocerle. Edward seguía pensando en si mismo como un monstruo que no debía estar a mi lado. Darme cuenta de eso, me hizo enfurecer.

-Ya entiendo – le espeté secamente. Edward se sorprendió por mi cambio brusco de ánimos, pero bajó la mirada avergonzado. – Sabes muy bien que eso que se que piensas es una estupidez como una casa de grande. – Edward abrió la boca para replicar - ¡No! ¡Déjame acabar! Puede que yo no pueda leer la mente de nadie pero te conozco muy bien ¡¿Como puedes seguir pensando que no eres digno de mí después de todo lo que has hecho por mí, después de todas las veces en las que te he dicho cuanto te amo?! – cogí aire y respiré hondo para calmarme y Edward aprovechó para hablar.

-Bella, sabes lo que pienso acerca de mi mismo, yo... no me gusta la idea de que t te transformes también en un monstruo...

-Ya hemos hablado de esto Edward – le dije, ya más calmada – No quiero perderte, pero no soportaría que vieses como yo envejezco con los años, para acabar muriendo... Yo quiero estar contigo para siempre... ¡Y no me vengas con que si Charlie o Renée o cualquier otra cosa! He decidido y no vas a hacerme cambiar de opinión.

Edward suspiró largamente y se levantó, dando por cerrada la conversación, aunque sabía que interiormente seguía dándole vueltas. Me adelanté hacia su habitación, y me sorprendió bastante el no cruzarme con nadie, fui a ver al cuarto de Alice, pero estaba vacío. Fue entonces cuando llegó Edward.

-¿Donde están todos?

-No lo se, pero se han ido, estamos solos... - Edward me miró fijamente y me sonrojé violentamente. Empezaba a comprender la estrategia de Alice y no me estaba gustando nada el rumbo que había tomado.

Cuando entré en la habitación de Edward me llevé un susto tremendo. ¿Que había hecho esta mujer? El cuarto entero estaba iluminado por velas situadas en todas las superficies, incluso por el suelo, además, podía oler incienso en el ambiente.

Voy a matar a Alice... como había podido hacerme esto, primero me llevaba a comprar lencería fina a una tienda en la que casi me muero de la vergüenza y luego esto... Algo habrían apostado, estaba segura. Edward se detuvo detrás mío, tan sorprendido como yo. Me obligué a mi misma a no mirarle, porque entonces Alice saldría ganando. Me metí rápidamente en el baño y cerré la puerta. Mi bolsa estaba en una esquina y empecé a desvestirme para encontrar mi pijama. Me miré en el espejo en ropa interior... después de todo había elegido bien, no me quedaba nada mal. Abrí la bolsa y cual fue mi reacción al ver que lo único que había dentro era el camisón casi transparente que me habían comprado. Solté un gemido mientras cogía el camisón. ¿Como iba a dormir con Edward así? Me moriría de vergüenza. Solté una patada hacia la nada de lo enfadada que estaba con esas dos arpías, pero con tan mala suerte que me golpeé contra la pared.

-¡AY! – grité.

De pronto, se abrió la puerta

-¡Bella! ¿Estas bi...? – Edward se quedó de piedra al verme y yo enrojecí hasta la punta del pelo. Intenté taparme con el camisón pero era demasiado transparente y se me seguía viendo todo. Edward se recobró y se dio la vuelta quedándose de pie delante de la puerta.

-¿Estás bien? – me preguntó con la voz ahogada. Supuse que si hubiese sido humano, ahora mismo estaría rojo como un tomate.

-S...si pero voy a matar a Alice – dije para relajar un poco el ambiente. Creo que funcionó un poco, pero solo un poco porque Edward se rió nerviosamente antes de hablar.

-Estoy de acuerdo con esa idea.

Nos quedamos en silencio un rato, aunque el silencio no era total porque incluso yo podía oír el latido desbocado de mi corazón.

-Me... ¿Me puedes dejar algo que no sea tan transparente por favor? – le pedí. No estaba dispuesta a acostarme en esa cama tan cerca de Edward prácticamente desnuda. Aunque la verdad es que en el fondo, la idea me parecía realmente atractiva ¿como reaccionaría? Edward desapareció de pronto, en uno de esos fulgurantes movimientos suyos. Pero no tardé en oírle maldecir en su cuarto.

-¿Que ocurre?

-Ese monstruito lo ha preparado todo bien, se ha llevado toda mi ropa y estoy seguro de que también se ha llevado la de los demás. – en el fondo de mi ser algo saltó alegremente y se iba haciendo paso hacia la superficie.

-No pasa nada, ya me pongo el camisón. – Oí a Edward inhalar bruscamente. La escena era muy graciosa, nunca había visto a Edward tan nervioso en todo el tiempo que llevábamos juntos.

Me metí en la cama y me tapé con las mantas. El corazón todavía me latía desbocado en el pecho, pero ya no estaba nerviosa. En cuanto me tapé, Edward se giró hacia mi y me miró fijamente durante un tiempo.

-¿No vienes? – Le pregunté juguetonamente.

-No se si es una buena idea Bella. – Inmediatamente una ola de tristeza recorrió todo mi ser. No quería estar conmigo así, acaso no me encontraba hermosa, ¿no le gustaba? Edward se dio cuenta enseguida de que me había herido así que se acercó rápidamente y se tumbó a mi lado y me explicó.

-No se sí es una buena idea porque por mucho que creas que soy invencible, no soy de piedra mi amor. – me susurró al oído nerviosamente. Al oír eso, una ola de placer me recorrió la columna y me acurruqué contra Edward. Después de todo, ¿que más daba antes o después de la boda? Tendríamos todo el tiempo del mundo.

Edward me estrechó fuertemente entre sus brazos y me estiré para besarle. Ese beso fue muy distinto de todos los demás, intenso apasionado, pero al cabo de un rato, como siempre, me apartó.

-Bella, no se si voy a poder...

-Yo confío en ti, no va a pasar nada. – Edward me miró con una mezcla de pasión y preocupación que me estremeció hasta el tuétano de los huesos.

-No te preocupes – apreté mi mano contra su mejilla – Somos como una sola persona.

Edward me miró apasionadamente y giró el rostro para besar mi mano, después se inclinó hacia mí y nos fundimos en un beso apasionado, libres ya de cualquier preocupación.