Agradecimientos:

letii543 que alegría que sigas mi historia, me anima un montón ver a nuevas lectoras comentar mi fic.

Lady Indomitus muchísimas gracias por seguirme y por comentar cada capítulo, me da un subidón cada vez que veo una review nueva.

Una vez hechos los agradecimientos, comentar que este capítulo es un poco más largo, empecé a escribir y no podía parar, y no he querido cortarlo, espero que también os guste. Me he pasado muy bien escribiéndolo e imaginando a Sherlock en la situación. Quizá lo he exagerado un poco, pero ya comenté que también tenia un punto de humor, solo espero no haberme pasado.


Capítulo 3 : Dudas razonables

- ¿Ya se lo has pedido?, ¿que te ha contestado?, seguro que estará encantada.- John leía el periódico sentado en el sillón de Sherlock mientras éste trabajaba con unos tubos de ensayo en la cocina.

- No se lo he pedido aún- . Dijo quitándole importancia.- Iba a hacerlo esta tarde, tengo que ir a Barts.

John dobló el periódico sobre sus piernas, mirándolo detenidamente.

- ¿Como que no?, ya lo hablamos, Molly es la mejor opción... bueno, es la única opción.- argumentó John.

- YA LO SÉ.- gritó Sherlock exasperado mientras la Sra. Hudson entraba con una bandeja trayendo té.

- Pero bueno chicos, que son esos gritos.

- Sherlock, que no se atreve a pedirle a Molly que le acompañe a la cena en el Castillo de Windsor.

- ¡Que si me atrevo!,pero aún no he tenido ocasión de hacerlo.- contestó traspasándolo con la mirada.

- Ay Sherlock, seguro que dice que si, Molly te tiene mucho cariño y después de todo lo que ha hecho por ti... además, ninguna chica rechazaría ir a una cena en el castillo de Windsor. ¡Menudo honor!

- Y un baile.- puntualizó John con una gran sonrisa, el tema le divertía mucho y le gustaba chinchar un poco a Sherlock.

- Oooh, que romántico.- dijo la Sra. Hudson entrecerrando los ojos

- Sra. Hudson deje las drogas.- dijo Sherlock desde la cocina con tono cortante. .- Aquí no hay nada romántico, es solo trabajo. Necesito una acompañante y Molly es la mejor opción, es cuestión de pura lógica.

- Dirás que es la única opción.- continuó John sin dejar de sonreír.

- Joooohn.- le advirtió Sherlock.

- Desde luego Sherlock, como puedes hablar así. Pedir a una chica que te acompañe a un evento como éste NUNCA es un trabajo. Que poco sensible eres.

Sherlock la miró sin entender nada.

- ¿Ah no?.- dijo dejando lo que estaba haciendo y mirando la Sra. Hudson con el ceño fruncido.

- Pues claro que no muchacho.

- ¿Y entonces como debo tomármelo?.-dijo entrecerrando los ojos.

- Para una chica que le pidan ser la pareja en una cena como esta es tan... especial.- dijo la casera con un suspiro.- Es como el baile de fin de curso, es como un cita.

- ¡Ay Dios, lo que faltaba!.- soltó Sherlock mientras John se reía ya sin poder aguantar más.

- Sherlock es práctico .- dijo John llorando de la risa pues la cara que había puesto Sherlock no tenía precio.-¿Se lo imagina en una cita?.- John se lo estaba pasando en grande.

- Molly no es de esa clase de chicas, no tiene esas ideas bobas Sra. Hudson , sabrá apreciar mi invitación como lo que es, no habrá malos entendidos.- argumentó Sherlock con aires de superioridad.

- Claro.- intervino John pero calló al ver la mirada que Sherlock le dirigía.

- Tu sabrás, tu eres el listo.- dijo la Sra. Hudson dando media vuelta y saliendo del salón.

- Sea como sea, hazlo pronto Sherlock, Mary casi me mata por no haberla avisado con más tiempo.- dijo John con un suspiro.

Sherlock lo miró sin entender nada, y encogiéndose de hombros le pregunto

- ¿Por qué?

- Pues porque tendrá que comprarse un vestido, no creo que pueda ir con uno de sus jerseys de flores y la bufanda de colores. ¿No crees?- dijo John cogiendo de nuevo el periódico y mirándolo por encima.

- Vaya, no había pensado en eso.- contestó Sherlock muy serio, y de repente todo el asunto le pareció muy complicado y embarazoso.


Sherlock tan seguro de si mismo hacia unas horas, ahora tenía dudas, no sabía como pedirle a Molly que fuese su acompañante en la cena de gala en la que él sería el principal protagonista, echo que le desagradaba bastante.

Entre la Sra. Hudson y John le habían hecho dudar, y un puro tramite sin importancia, se había convertido en... bueno, no sabia en que se había convertido, pero no le gustaba el giro que había dado todo el asunto, sentía que había perdido el control, y odiaba no controlar la situación, ahora no sabía como formular la pregunta, ya que por un lado no quería que hubiese malos entendidos, pero por otro tampoco quería ofenderle con su habitual falta de tacto.

Le era más fácil pedirle ayuda a Molly en preparar su propia muerte que pedirle que fuese a la cena con él.

Sentado ante una de las mesas del laboratorio de St. Barts, mientras examinaba unas muestras de tejido, Sherlock pensaba en como abordar el tema, se sentía estúpido pues no lograba entender el porque de tanta indecisión. Su mente racional le reprochaba su incertidumbre y miedo pues no eran lógicos. Lo lógico era que él necesitaba una pareja y a falta de alguien mejor lo más natural era pedírselo a Molly.

- ¿Alguien mejor? ¿A quien intentas engañar? ¡Pero si no conoces a nadie más, a ninguna mujer más!. - Se dijo.

Un trabajo. Así era como tenía que enfocarlo, como él lo veía, como un trabajo más. Ir al baile no era un placer, era un obligación y para nada agradable. Mycroft lo había dejado claro, tenía que ir. Así que su mente lo catalogaba de trabajo, y necesitaba una compañera como necesitaba a John en su día a día.

Por tanto, Molly era la mejor opción, la indicada y por tanto era perfecta para el trabajo y era moderadamente lista por lo que no le costaría entender la situación y lo que se esperaba de ella.

Necesitaba a Molly, y eso era todo. Pero entonces, ¿porque le costaba pedírselo? Se estaba comportando como un adolescente antes de su primer baile,o eso es lo que dedujo que sentía un adolescente en semejante situación porque pese a saber lo que tenía que hacer, no sabía como, pues jamás en su vida había pedido a una chica que fuese su pareja.

- Maldita Sra. Hudson.- dijo en voz alta

- Perdona, ¿decías algo?-. Le contestó Molly desde la otra punta del laboratorio.

- NO!.- contestó Sherlock de malos modos a la pobre Molly.

Molly lo miró y no añadió nada más, pues sabia que los repentinos cambios de humor de Sherlock eran bastante frecuentes y casi se había acostumbrado a ellos, sabiendo que cuando éste se enfurecía sin motivo aparente, era mejor dejarlo a su aire hasta que se le pasase, cosa que podía suceder en minutos, horas o incluso días. En esas ocasiones era mejor no andar muy cerca de él si no se quería ser centro de sus burlas y escarnios. Lo que no sabía Molly era que en esa ocasión el enfado iba dirigido contra si mismo.

De repente Sherlock se levantó y se acercó a Molly, que estaba de espaldas al detective. La joven llevaba las gafas de protección puestas mientras manipulaba unas muestras y no vio a Sherlock plantado tras ella. Cuando se giró, del susto casi se le caen las muestras al suelo.

- Sherlock, ¿pero que haces?.- dijo con voz nasal, pues las gafas le apretaban la nariz.

Sherlock permaneció en silencio delante de ella, intentaba hablar pero no podía. Su manos se abrían y cerraban con nerviosismo a ambos lados de su cuerpo, y sin poder evitarlo se mordía el labio; odiándose a si mismo por no ser capaz de controlar la situación. John y la Sra. Hudson habían sembrado la semilla de la duda en su mente y ahora se sentía como un idiota. Y para nada estaba acostumbrado a sentirse así.

Esos claros signos no pasaron desapercibidos a Molly que rápidamente dejó las muestras sobre la mesa y se quitó las gafas, clavando en Sherlock una preocupada mirada.

- Por Dios Sherlock, ¿que te pasa?.

- No es nada, creo que solo necesito un poco de aire.- dijo éste dándose la vuelta para irse, incapaz de decir lo que tenía que decir.

Molly lo detuvo cogiéndolo suavemente por el brazo, no era la primera vez que Molly le tocaba, de hecho había curado sus heridas cuando había estado en su casa, pero esta vez , ante su contacto, el detective se estremeció.

- Siéntate un momento.- le dijo ella acompañándolo a una silla.

- He dicho que estoy bien, solo necesito un poco de aire, llevo demasiado tiempo encerrado en este sitio.- casi le gritó.

Molly se apartó de él mirándolo sin entender su reacción, hacia tiempo que no lo veía así, pero bueno... era Sherlock.

Este cogió su largo abrigo y salio como una exhalación por la puerta del laboratorio y Molly ya no lo volvió a ver en toda la tarde.


Eran las diez de la noche, Molly se había puesto el pijama y estaba a punto de irse a dormir cuando alguien llamó a la puerta.

- ¿Quien es?

- Sherlock.- oyó la profunda voz del detective al otro lado de la puerta.

Molly enseguida se asustó, pues las veces que Sherlock había estado en su casa no habían sido visitas de cortesía. Así que la forense abrió la puerta y éste entró en el piso sin mediar palabra.

- ¿Que sucede?.- dijo ella.- ¿Estas bien?

- Si, si. No pasa nada.

- ¿Seguro?

- ¿Es que siempre que vengo tiene que suceder algo?.- le contestó con tono molesto.

Molly lo miró con una sonrisa divertida.

- Pues normalmente así es.

- Bueno vale, pues esta vez no pasa nada.

Los dos se quedaron de pie en medio del salón, Sherlock miraba a su alrededor sin decir nada. La situación empezaba a ser incómoda.

- Quieres..

- Quería...

Los dos hablaron al mismo tiempo. Se quedaron mirando y Molly empezó a reír, rompiendo el incomodo momento.

- Iba a decirte si querías un te.- dijo Molly acercándose a la cocina.

- Si, con leche y dos terrones de azúcar por favor.- dijo Sherlock.

Aunque Molly se moría de curiosidad no preguntó nada más, esperó a que fuese Sherlock el que se decidiera a decirle porque se había presentado en su casa a esas horas.

Después de servir la infusión, Molly se puso la bata y se sentó en su sillón delante del sofá donde Sherlock ya se había acomodado.

- ¿También te vas a quedar a dormir?.- le preguntó Molly con una sonrisa, recordando la última vez que Sherlock estuvo en su piso.

Sherlock sonrió y se relajó. La sonrisa de la forense siempre conseguía tranquilizarlo.

- Molly, quería preguntarte algo.- empezó por fin.-

Molly lo miraba expectante y esa mirada incomodaba al detective.

- ¿Tienes un vestido de fiesta?.- le espetó de repente.

- Eh, ¿como?.- dijo ella moviendo la cabeza sin entender nada.

- El próximo sábado hay una cena de gala en mi honor en el castillo de Windsor, bueno y de John,- se empezó a explicar Sherlock.- ya me dirás tu que tontería.- continuó.-pero necesito que alguien me acompañe, y como no conozco a nadie más que pueda venir conmigo creí que quizá tu no tendrías nada que hacer el sábado y querrías acompañarme.

- Oh.- dijo simplemente Molly

Sherlock la miró, no se había dado cuenta pero aguantaba la respiración, esperando una respuesta de la forense,la cual parecía haberse quedado muda. Durante unos segundos, que a Sherlock le parecieron minutos, Molly no dijo nada.

- Como soy la única opción que tienes y me he dado cuenta de que no puedes vivir sin mi, no tengo más remedio que ir, ¿no?.- contestó por fin.

- ¿Eso es un si?.- preguntó dubitativo Sherlock.

- No me perdería por nada del mundo ir al Castillo de Windsor con Sherlock Holmes.- contestó Molly con una tímida sonrisa.

- Vaya.- dijo Sherlock totalmente sorprendido por la reacción de Molly y por lo fácil que al final había resultado todo.

- Muchas gracias por pedírmelo.- dijo ella sonrojándose.-

Aunque Molly intentaba aparentar serenidad, su mente era un torbellino de pensamientos y emociones .Una vez más las piernas le temblaban, mientras un cosquilleo subía y bajaba por su estomago.

Sherlock fue consciente de la reacción de Molly y se alarmó.

- Bueno, es que no tenía a nadie más a quien pedírselo y mi hermano insistió en que tenía que llevar a alguien y pensé que... - de repente Sherlock se había puesto nervioso y su mente no reaccionaba como él quería.- No tengo ningún interés en ti, simplemente era lo lógico pedirte que...

El detective calló en seco al ver la cara de Molly. Y se maldijo por no saber hacer las cosas de otra manera cuando había sentimientos de por medio.

- No ha sido el modo más delicado de pedírmelo, pero bueno, viniendo de ti es lo que podía esperar-. Dijo la chica seria, toda muestra de alegría se había desvanecido.-Entiendo perfectamente lo que esperas de mí, tranquilo que no te defraudaré.

Sherlock torció la boca, maldiciéndose por tener tan poco tacto.

- Molly no quería ofenderte, es que no sabía como pedírtelo, no quería que hubiese malos entendidos, eso es todo, no quería hacerte daño.

- ¿En serio?.- dijo ella haciéndolo sentir más culpable, se lo tenía merecido.

- Soy un idiota, ¿verdad?.-le dijo él.

Molly asintió con una media sonrisa.

- Molly lo siento, de verdad.- su arrepentimiento era sincero.- Perdóname., pero es que entre la Sra. Hudson y John me...

La forense lo miró sin entender nada.

- Da igual , me he preocupado por nada.-dijo avergonzado.

- Parece que esto se esta convirtiendo en una costumbre.-dijo Molly sonriendo de nuevo

- ¿A que te refieres?.- dijo el sin entender.

- Salvarte de situaciones complicadas.-

Los dos se miraron durante unos momentos, Molly con su pijama floreado de franela y su bata a juego y el pelo recogido en una trenza mal hecha le sonreía de esa manera que solo sabía hacer ella, y pese a su aspecto descuidado y para nada atractivo, Sherlock no pudo evitar sentir un pequeño cosquilleo en el estomago que no supo entender.

- Bueno, tengo que irme.- dijo carraspeando

- Te acompaño a la puerta-. Le contestó Molly

- La cena es de etiqueta.- le dijo Sherlock mientras abría la puerta del piso.

- Ya me lo has dicho.- dijo ella sin entender porque se lo volvía decir.

Se despidieron y Molly cerró la puerta tras ella con una gran sonrisa en los labios. No era un cita, pero daba igual, su mente racional le decía que solo era un favor que le hacia a Sherlock, pero en su corazón no podía evitar sentir lo que sentía. Una fiesta como acompañante de Sherlock Holmes, y en el palacio de Windsor!.

Estaría con Sherlock y... De repente su mente se iluminó... elegante... etiqueta... un vestido de noche, por eso Sherlock le había insistido.

Corrió a su armario y lo abrió buscando algo adecuado para ponerse, pero en su armario no había nada digno para la ocasión.

Necesitaba algo elegante y ella sola no conseguiría encontrarlo, sus gustos eran demasiado estrafalarios, durante unos segundos la invadió el pánico, pero de pronto tubo una idea.

- Mary.- dijo en voz alta.- Seguro que ella me ayuda

Y con ese pensamiento se fue a su habitación sin poder quitarse la sonrisa de los labios.

CONTINUARÁ...