Los personajes y el universo de los juegos del hambre no me pertenecen, todo lo pertenece a Suzanne Collins, yo soló tomo los personajes para hacer mis historias que sí son originales.


Mis pies pisaban firmemente la tierra de la pradera, el lugar era hermoso para sentarse y relajarse; pero lo que menos tenía que hacer yo, en estos momentos era relajarme. No podía creer como luego de un problema, que nunca existió, estaba envuelta en otro problema. Estaba segura de que no era ningún sueño normal, dejo de ser normal y desquiciado cuando Gale me contó que soñó lo mismo; esto tiene que tener algún significado, más allá de todas las razones posibles. Llegue a la veta rápidamente, ya que mi casa era una de las últimas en el distrito y no me tardaba nada en llegar rápidamente.

Observé como Prim y mi madre comían su desayuno en silencio. El desayuno era tan sencillo, una hogaza de pan con un té de hierbas, nada del otro mundo, aunque una familia de la veta no se podía permitir un gran desayuno, después de todo. Me senté en la mesa, para tomar mi desayuno, que pulcramente habían dejado para mí en la mesa. En cuanto me senté mi madre y Prim me miraron preocupadas.

— ¿Qué sucede? ¿Ocurre algo? Preguntó mi madre mirándome fijamente.

— No, nada de que preocuparse. Respondí mientras tomaba un sorbo de té.

— ¿Por qué saliste tan desesperada? Creímos que te había sucedido algo. Prim mencionó conmocionada.

— Lo que sucedió es que: Gale me esperaba para cazar temprano y se hizo demasiado tarde y no quería llegar impuntual. Me trababa yo misma con mis propias palabras, no sabía actuar ni mentir en lo absoluto. Mi madre se dio cuenta de mi incomodidad y me mandó una mira de ''luego hablaremos'', le asentí en respuesta y decidimos comer nuestro desayuno en silencio.

— Prim, ¿hoy no tienes colegio? Pregunté entrecerrando los ojos.

— Katniss, hoy es domingo ¿qué te sucede? Prim se mordió el labio, para luego mirarme detenidamente. Estaba segura que sospechaba algo, ella sabía que yo le ocultaba hechos para que no se preocupé. A pesar de todo, quería que tenga una vida lo más normal para una niña de su edad; tener una vida sin preocupaciones, donde no le falte un plato de comida cada día.

— Nada, soló que estoy algo desorientada. Respondí levantándome de la mesa para limpiar la taza que todavía seguía cálida, gracias al calor del té. Limpié las migas de pan que quedaban en la mesa y me dirigí a los sillones que había en la sala. Era lo único valioso que mi madre pudo sacar de la ciudad. Ella era una comerciante, o mejor dicho sus padres lo eran, pero sacrificó toda su vida de bienestar por él. Admiraba el amor que se tenían, nadie con dos dedos de frente, o que no este enamorado realmente cambiaría su bienestar por un simple minero. Mis cavilaciones se vieron detenidas cuando mi madre me miró entrecerrando los ojos.

— Katniss, ¿Qué sucede? Sé que no te gusta que Prim escuché, así que la mandé a vender leche y queso de su cabra, ahora por favor, dime que te sucede. Preguntó desesperada.

La miré detenidamente. ¿Mi madre era una fuente confiable para decirle lo qué había soñando? y el posible peligro en el que estábamos expuestas. Cualquier hijo o hija respondería que sí afirmativamente y sin vacilar, pero luego de que nos haya dejado muriéndonos de hambre, a dos niñas que no podían ni siquiera cuidarse las espaldas, no hablaba muy bien de ella. Recuerdo como nos había abandonado cuando murió mi padre, se sumó a una depresión donde no tenía ninguna salida y no le hacia nada bien a ella. También recuerdo los vagos intentos de mi patito, tratando de llamarla, sin ningún efecto en ella. El odio y el rencor crecieron en mí al recordar esos malos momentos y la peor época de nuestra vida. Mi madre me miraba con la pregunta en sus facciones, pero decidí decirle lo únicamente necesario.

— Estaremos bien. Respondí afirmativamente. Mi madre entendió que no iba a sacar ninguna palabra más de mi boca, así que decidió retirarse. Sé lo agradecí, después de todo conocía un poco de mí.

Prim había regresado dando saltitos con tres trozos de pan y tres galletas. Sabía que había ido a la panadería a intercambiar su queso y leche por un poco de pan, pero a decir verdad, el señor Mellark siempre tenía cierta consideración con nosotras. A pesar de haberle insistido mil veces que no era necesario que le de galletas a Prim y que nos de el trato justo, siempre se negaba, alegando que no era una molestia. A diferencia de la bruja de su esposa, el señor Mellark era muy amable.

— Prim… ¿Cuántas veces te he dicho qué no aceptes las galletas? No quiero que el señor Mellark sienta que nos estamos aprovechando de él.

— No, Katniss, él no me dio las galletas, me las regalo su hijo. Mordisqueó una galleta y luego me entrego una. Observé que la galleta tenía un hermoso glaseado con un dibujo de un diente de león en el centro. Era precioso, a veces nos parábamos en la vidriera de la panadería para ver los hermosos glaseados que hacían, me preguntó quién haría esa hermosa obra de arte. Comparé esta situación con mi sueño; Peeta era panadero, Peeta era hijo del panadero y le gustaba pintar. ¿Podrá tener alguna relación con Peeta? todo esto.

— ¿Cuál de sus hijos? Pregunté asustada. Prim me dio una mueca de sorpresa, no esperaba esa pregunta en mí, pero lo dejo pasar por alto y respondió.

— El hijo menor de los Mellarks, Peeta Mellark— Di una mueca de sorpresa. ¿Podía ser real todo lo que soñé? En estos momentos me planteaba cada vez más lo que me dijo Gale. Aunque simplemente podía ser una casualidad, pero no podía seguir ignorando esto, tenía que hablar con Peeta y comentarle mi sueño, quizás esto fue una señal para comunicarme algo. — ¿Por qué preguntas?— Dijo mirándome con picardía.

— No, por nada, simple curiosidad. Respondí nerviosa, mientras enredaba mis manos. Prim notó mi nerviosismo y decidió molestarme por un tiempo más.

— ¿Segura? En la escuela sé sabe que a Peeta le gusta una chica de la veta, quizás eres tú. Ese comentario de Prim me estaba volviendo más paranoica. En mi sueño, Peeta estaba enamorado de mí, sería posible que los hechos se dieran iguales qué en mi sueño. No tenía las respuestas, pero en unos minutos lo iba a descubrir.

— ¿Qué? No, por supuesto que no. Me voy, patito, nos vemos luego. Respondí dándole un beso en la frente y dejando el tema de lado.

''Katniss está nerviosa, por eso quiere irse.'' —Canturreó riéndose — ''Porque algún día se van a casar''— siguió cantando. Rodé los ojos, me dirigí a la puerta hasta que la voz de mi madre me detuvo.

— ¿Quién se va a casar? Dijo sorprendida, por la canción de Prim.

— Katniss. Prim contuvo una carcajada, mientras yo le mandaba una mirada asesina. Mi madre me observó sorprendida, ya que yo siempre dije: que nunca me iba a casar y que nunca tendría hijos. Me tape el rostro con las manos, sintiendo la vergüenza del momento.

— Oh, mamá, no le hagas caso, este pato me esta molestando. La señalé con el dedo mientras ella se hacia la desentendida.

— Se va a casar con Peeta Mellark, el hijo menor del panadero. Dijo Prim como sí fuera el tema más normal del mundo.

— ¿Desde hace cuanto salen? ¿Cómo se conocieron? Invítalo a cenar. Dijo mi madre mientras me abrazaba. Mi rostro ya estaba más rojo que un tomate por la situación.

— Oh dios, no. No estamos saliendo, ni siquiera nos conocemos realmente, Prim soló me esta molestando con él. Mi madre hizo una mueca de decepción, yo rodé los ojos y antes de que Prim pueda decir algo más vergonzoso salí inmediatamente de mi casa, para ir rumbo a la panadería.

No me tomó mucho tiempo, hacia esta caminata de mi casa a la panadería varias veces, ya que que intercambiaba ardillas con el señor Mellark diariamente. Entré a la panadería y para mí suerte, Peeta estaba atendiendo, ya que no me tendría que tomar las molestias de preguntar por él. Había un solo cliente que estaba siendo atendido por Peeta. Parecía que él era el único que atendía en este momento, pero agradecí eso. Quería contarle todo de la manera más aparentemente normal posible. Sentí la mirada de Peeta en mí en todo momento, seguro le parecía raro que no haya estado hablando con su padre directamente. Luego de que el último cliente se fue, encaré la situación para comentarle todo.

— Katniss… ¿Quieres hablar con mi padre? O necesitas algo. Me preguntaba como sabía mi nombre, pero en este momento no tenía tiempo para replantearme eso.

— No, tengo que hablar contigo, lo sé suena raro y es posible que no me creas lo que te voy a decir, pero es muy importante.

— Sí ¿Qué sucede? Respondió limpiándose las manos con un trapo que había en el mostrador. Posó sus ojos en mí y en ese momento supe todas las emociones que tenía en esos ojos tan trasparentes, emoción, sorpresa, incertidumbre y algo más que no supe descifrar. Quizás yo estaba igual, aunque la curiosidad era mucho más grande que esas emociones.

— Es que, no te lo puedo decir aquí, tiene que ser a solas. Mencioné mirando para todos lados en busca de que alguien aparezca en medio de la conversación.

— Sí, lo sé. ¿Qué te parece sí te voy a buscar a tu casa? Lo miré extrañada, pero decidí preguntar.

— ¿Sabes dónde es mi casa? Él bajó la mirada y noté un pequeño sonrojo en sus mejillas.

— Sí, todo el mundo sabe que tu madre es sanadora y por eso sé donde queda. Tenía sentido así que decidí no preguntar más.

— De acuerdo, luego de que hablemos tenemos que pasar a ver a una persona ¿te parece bien? La idea era pasar a ver a Haymitch, aunque conociéndolo seguro estaba en una de sus grandes borracheras, durmiendo en un río de licor.

— Sí, esta bien… ¿entonces nos vemos? Subió la mirada para verme directamente a los ojos y yo asentí en respuesta. Este chico tenía algo raro, antes pensaba que no era de su agrado, aunque nunca pase por alto las miradas que me daba en la escuela. Pero luego de que gracias a él pude alimentar a mi familia, ese trágico día de lluvia donde no pude vender la ropa de bebé de Prim, él me dio esperanza, gracias a él supe como alimentar a mi familia y le estoy muy agradecida.

— Por supuesto, puedes venir a las cinco. Dije mirando a mis zapatos, pensando que quizás a esa hora él no podía.

— Claro, nos vemos luego Katniss. Saludó moviendo su mano.

Salí de la panadería rumbo a casa y esperar hasta las cinco, esperando tener las palabras adecuadas y dóciles para decirle el sueño a Peeta.


Holaaaa c: ¿Cómo están? traigo un nuevo capitulo recien sacado del horno de la panadería de Peeta :D c: primero que nada espero que hayan tenido una hermosa navidad y que les hayan regalado muchos libros :') y segundo este capitulo tardo, aunque si hay alguna falta o algo discúlpenme, lo corregí hoy, lo escribi hoy (muy desorganizada estoy) en fin :D nos leemos pronto :D que pasen unas lindas fiestas y ¡feliz año nuevo! c: