Capitulo 3.-
"Siento que me bastó estar apenas 2 noches contigo para sentir que te quiero Rima Tohya, aun cuando eres la prometida de mi primo Kaname Kuran".
Rima repitió mentalmente esa frase un par de veces antes de volver a mirar a los ojos a Shiki, quien no cambiaba su fría expresión.
-déjame salir –dijo finalmente con brusquedad, tratando de olvidar esa frase. No estaba bien andar jugando con fuego, solo Akatsuki sabía hacer eso sin quemarse. –Shiki, ¿podrías abrir o prefieres que destruya la puerta? –comenzaba a impacientarse, por lo que sentía como las chispas brotaban de sus manos. Shiki le quito el seguro y la dejo salir sin pronunciar una palabra.
-no creas que lo que dije era mentira Rima
-Shiki, no vale la pena arriesgarse por una simple atracción, ahora si me disculpas creo que ya es hora de que me vaya adormir.
Fue la mejor excusa que encontró para no hacerlo sentir mal, pero aun así no era muy buena mintiendo. Corrió por los sombríos pasillos hasta llegar a su cuarto, donde cerró dando un fuerte portazo, sin percatarse de que Ruka estaba allí. Opto por evitarse una discusión y se encerró en el baño, ignorando la confusa mirada que la joven le dio apenas entró a la habitación. "debe pensar que me volví loca", pensó mientras se mojaba la cara con agua fría. Dio un largo suspiro y se decidió a salir, descubriendo que Ruka ya se había acostado.
-¡qué alivio! –exclamo la joven vampira creyendo que su compañera dormía.
-Rima, ¿qué te paso que entraste asi? –oyó que le preguntó Ruka, quien no se quitaba la tapa de la cara, pero podría adivinar la expresión de maldad que tenía en ese momento. Ella sabía muy bien lo mucho que le costaba mentir a su compañera, y se aprovechaba de ello para interrogarla
-¿ehh? Na… nada ¿Por qué tendría que pasarme algo para entrar así? –pero, ¿Qué estupideces estaba diciendo? Respiro hondo y se sentó en la orilla de su cama.
-de veras que no sabes mentir –murmuro la joven de cabello marrón levantándose un poco para mirarla a los ojos -¿no estarás planeando algo en contra de Kaname-Sama?
-¿ehh? –volvió a preguntar Rima algo confundida –no, claro que no, creo que deberías dormir
-mas te vale… -escuchó decir a Ruka en lo que se volvía a acomodar.
Rima suspiro aliviada, comenzando a desvestirse poco a poco. Se coloco su pijama de seda color turquesa y se cepillo el cabello, acostándose con algo de pereza. Ese día no logro dormir muy bien, por alguna razón no podía conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos aparecía la imagen de Shiki besándola. Al parecer logró dormir un par de hora, ya que cuando abrió los ojos la fuerte luz del sol se colaba por las cortinas que habían quedado entreabiertas.
Dudo unos minutos y se sentó en la orilla de su cama. Ruka dormía profundamente, tapándose hasta los ojos. Se coloco una bata algo corta que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, dejando al descubierto sus piernas. Si no podía dormir por lo menos podría pasear por la mansión, ya que por mucho tiempo que llevara ahí nunca la había conocido por completo. Salió en completo silencio, observando cómo niña cada detalle que la oscuridad de la noche le había impedido ver antes. Se acerco cautelosamente a una de las ventanas desde donde se podían ver claramente a las estudiantes de la clase diurna con sus característicos trajes color negro, quienes compartían alegre y calmadamente, lo cual era raro sabiendo lo psicópatas que se volvían cuando era hora de que se abriera el portón para dar ingreso a la clase nocturna. Al parecer ellas también notaron su presencia, ya que comenzaron a mirar hacia la ventana desde la que Rima observaba. Fue entonces cuando se decidió a salir, por lo que corrió hasta su cuarto y se colocó su uniforme. Tomo una sombrilla para protegerse de la luz del sol y camino hacia el temido portón, pidiendo que le abrieran las puertas. El guardia la miro desconfiado, pero finalmente accedió a la petición de la joven.
-gracias –murmuró Rima, notando que la mayoría de la clase diurna volteó a verla.
-¿no está prohibido abandonar las habitaciones durante el día? –Rima maldijo entre dientes, girando un poco para poder mirar a Shiki
-¿Qué tiene de malo? –pregunto con ternura, haciéndolo sonrojar. Las chicas de la clase diurna comenzaron a impacientarse al notar la presencia de aquel joven tan apuesto que conversaba con la joven siempre fría –escucha Shiki, quiero estar tranquila, y esas jóvenes que nos miran no me lo van a permitir si tú estás conmigo, asi que lo mejor será que entres.
-si tú entras, yo lo hago, si no lo haces, ni modo, caminaré contigo bajo la sombrilla que traes porque a mí también me molesta mucho el sol –las palabras de Shiki sonaron casi como una amenaza.
-haz lo que quieras –murmuró la joven vampira dándole nuevamente la espalda.
-¡espera! –exclamo Shiki sujetándole una mano. Rima lo miro con cierta indiferencia, lo cual sin saber porque le produjo una sonrisa al joven –sé muy bien en qué situación te encuentras Rima Tohya, pero déjame al menos ser tu amigo –le acarició tiernamente el rostro con la mano que tenía libre, haciéndola sonrojar aún más de lo que ya estaba.
-yo… yo –comenzó a decir Rima, con algo de timidez –yo creo que lo mejor sería que corrieras Shiki
El joven la miro confundido. De pronto las alumnas de la clase diurna comenzaron a perseguirlo, provocando una fuerte corriente de viento que desordeno el cabello de Rima. Dio un calmado suspiró y siguió con su paseo, haciendo girar insistentemente la sombrilla que llevaba como un juego de nunca acabar.
-ehh… disculpa, tu eres rima Tohya ¿cierto? –pregunto de pronto un joven de la clase diurna, haciéndola detenerse. Rima quiso responder con su frialdad característica, pero se le vino a la cabeza la imagen de Shiki corriendo y una sonrisa salió de sus labios
-sí, soy yo –respondió sin dejar de sonreír.
-eres más linda cuando sonríes, ¿lo sabías?
-gracias… -era la primera vez que alguien de la clase diurna se atrevía a hablarle, y más para decirle algo bonito. Se sentía raro.
-¡Rima! –grito de pronto un rubio de lindos ojos celestes que vestía el uniforme de la clase nocturna. Junto a él iban Akatsuki, como siempre, e Ichijo, quien le hacía gestos con las manos para que se acercara. En cosa de segundos Shiki se reunió con ellos, dejando atrás a las molestas alumnas de la clase diurna. –Sabes que no debes salir en este horario –le dijo Aidou dando un enorme bostezo.
-es cierto Rima, está prohibido –siguió diciendo Ichijo con una sonrisa.
-entonces… ¿cómo ustedes salieron también? ¬¬ -Shiki la ignoró, sacando de su bolsillo una caja de pockys y ofreciéndole uno, el cual ella acepto con gusto
-nos envío Kaname-Sama para llevarte de vuelta a los dormitorios –explico Akatsuki con voz de aburrido. Rima nuevamente comenzó a jugar con su sombrilla, caminando delante de ellos con una extraña sonrisa. A pesar de que convivió muy pocos minutos con la clase diurna, la imagen de Shiki perdiendo su clásica compostura y la frase que aquel chico de la clase diurna le había dicho le habían bastado para lograr hacerla sentir feliz, por lo menos hasta que estuviera recibiendo nuevamente un reto por parte de su prometido.
-oye Shiki… ¿y tu porque estabas también afuera? –la pregunta de Aidou se escuchó mas como una acusación, ante lo que Shiki solo se limitó a encogerse de hombros. -¿estaban juntos?
-si… -contestó Rima volteándose para poder mirar al curioso rubio a los ojos. –solo quería estar unos minutos con mi amigo, ¿o no puedo?
-cla… claro que puedes Rima –tartamudeo el joven al notar la mirada asesina que la vampira le dirigía –solo se me hace raro que en solo 2 días ya lo consideres un amigo
-¿cómo ustedes lo tratan como amigo?
-la diferencia es que ya los conocía –le explico Shiki con indiferencia –solíamos pasar horas juntos cuando éramos niños, solo tú eras una desconocida para mí… amiga Rima.
-ya veo… bueno, mejor me apuro, mientras más pronto reciba mi regaño, más pronto podre volver a dormir.
